La Chispa Creativa. Cómo La Imaginación Nos Hizo Humanos — Agustín Fuentes / The Creative Spark: How Imagination Made Humans Exceptional by Agustín Fuentes

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Comenzando con nuestros antepasados ​​prehumanos, este libro rastrea las raíces y el desarrollo de características que son esencialmente humanas. Sorprendentemente, el autor alcanza el punto óptimo de hacer que sea accesible para los lectores en general (me incluyo allí) mientras se basa en la evidencia y señala que la evidencia no es clara y las posibilidades se están discutiendo. Me gustó mucho que no añadiera una valencia moral a lo que describió: que las mismas conductas (o la creatividad) relacionadas pueden y han llevado a una innovación increíble y, especialmente porque hay más de nosotros viviendo a corta distancia, algunas bonitas resultados horribles. Hace la discusión de lo que significa ser humano, cuando se mira comenzar temprano y mirar hacia adelante en lugar de comenzar ahora y mirar hacia atrás, mucho más matizado e inclusivo. Aprecio especialmente la discusión de la ciencia como una manifestación de la creatividad humana. El concepto fundamental de sacar conclusiones del mundo observable que podría ser confirmado parece ser tan crítico para todos nosotros, especialmente ahora. Mientras navegamos por el estado actual del mundo, la perspectiva de este libro da esperanza de que podamos sobrevivir.
Magnífico, uno de los mejores libros de divulgación sobre evolución humana que he leído, porque es terriblemente ameno y entretenido. Ello es debido a que no se centra en proporcionar un catálogo o repertorio de «Homos» con sus respectivas características, como suele suceder en este tipo de obras y que las hace un tanto áridas. Los tiros van por otro lado.
Es un libro que se puede dividir en dos mitades. La primera trata propiamente la evolución humana, pero centrándose en los mecanismos que han provocado esa sorprendente evolución. Es la parte que más me ha gustado porque es la que me interesaba de partida. En ella estudia diversos aspectos: las maneras cada vez más creativas en que el hombre empezó a obtener comida cada vez más diversificada, y a procesarla. A ello sumado la capacidad de alterar o transformar piedras o palos para usarlos como herramientas, (a diferencia de chimpancés que los usan sin transformación previa) lo que provoca un aumento de la capacidad craneal. La caza, como actividad organizada que potencia la colaboración creativa y la comunicación es otro hito que estudia el autor. El fuego, para cocinar, ahuyentar depredadores o dar luz y calor proporcionó aumentos colosales de la creatividad. La importancia social del grupo, para criar a los niños, y también para la enseñanza es otro aspecto importante, así como la compasión.
En la segunda mitad del libro se aleja un tanto de esta perspectiva evolutiva y se centra en aspectos de tipo antropológico, como la violencia humana, el sexo, la religión, el arte y la ciencia. Esta parte a mí particularmente no me ha llamado la atención (salvo los capítulos del arte y la ciencia).

La escritora Maria Popova nos dice que la creatividad es nuestra «capacidad de aprovechar nuestra reserva mental de recursos: conocimiento, intuición, información, inspiración y todos los fragmentos que pueblan nuestra mente… y combinarlos de maneras nuevas y extraordinarias». El arqueólogo Ian Hodder está de acuerdo, y nos dice que la creatividad es el espacio que existe entre la realidad material y nuestra imaginación, donde la inteligencia, adaptabilidad, voluntad, interpretación y solución de problemas se juntan, pero también destaca que es un proceso totalmente social.
Hay cuatro sistemas de herencia que pueden proporcionar pautas de variación que influyen sobre los procesos evolutivos:
1. La herencia genética es la transmisión de genes, codificados en ADN, de una generación a la siguiente.
2. La herencia epigenética afecta a aspectos de sistemas corporales asociados con el desarrollo que pueden transferirse de una generación a la siguiente sin tener una raíz específica en el ADN. Por ejemplo, determinados factores estresantes que actúen sobre una embarazada pueden afectar al desarrollo del feto, que a su vez puede transmitir estas características alteradas a su descendencia.
3. La herencia de comportamiento es la transmisión de acciones de comportamiento y de conocimiento del mismo de una generación a la siguiente, y es común en muchos animales, como cuando las madres chimpancés ayudan a sus hijos a aprender a cascar nueces con piedras o a pescar termes con palitos.
4. Finalmente, la herencia simbólica es exclusiva de los humanos y es la transmisión de ideas, símbolos y percepciones que influyen sobre la manera en que vivimos y usamos nuestro cuerpo, que potencialmente puede afectar a la transmisión de información biológica de una generación a la siguiente.

Los principales hallazgos de homininos que tenemos de África oriental son:
• Australopithecus anamensis (unos pocos hallazgos).
• Australopithecus afarensis (el más común),
• Australopithecus deyiremeda (un hallazgo), y
• Kenyanthropus platyops (unos pocos hallazgos).
La mayoría de los investigadores están de acuerdo en que Australopithecus afarensis surge de Australopithecus anamensis, pero no hay muchos que se pongan de acuerdo sobre qué hacer con Kenyanthropus o Australopithecus deyiremeda. Kenyanthropus posee una cara realmente plana, a diferencia de afarensis, y deyiremeda posee dientes que son muy diferentes de la mayoría de los hallazgos de afarensis. Es posible que estos dos últimos sean variaciones sobre el tema de Australopithecus afarensis, pero también es posible que se trate de especies de homininos separadas.
Nosotros, los humanos actuales, formamos parte de la radiación adaptativa de los homininos. Hoy en día somos miembros del género Homo, de la especie sapiens y de la subespecie sapiens: somos el último hominino que queda, el único de todo el experimento de 7 millones de años que lo hizo. Nuestro género posee algunas características físicas que nos separan del grupo de los demás homininos; nuestro cerebro y nuestro cuerpo se hicieron más grandes y nuestros dientes, más pequeños, pero la diferencia, la única que realmente importa, es que nuestra vida se hizo muchísimo más aventurera, colaborativa y creativa.
El fósil más antiguo que pertenece posiblemente al género Homo es una mandíbula de 2,8 millones de años de antigüedad encontrada en Etiopía en el yacimiento de Ledi-Geraru. Esta mandíbula y algunos dientes se parecen mucho tanto a los de las formas primitivas (como Australopithecus afarensis) como a los de miembros posteriores del género Homo. Parece una mandíbula de transición. No todos aceptan esta mandíbula como miembro de Homo, pero al menos se halla muy cerca.

Raza, tal como utilizamos actualmente el término, es una categoría creada y mantenida desde el punto de vista social, histórico y político, no un grupo específico e identificable de variación genética o morfológica, y no refleja nuestra historia evolutiva. En tanto que realidad social, tiene repercusiones que precisarán de una atención meditada todavía durante mucho tiempo.
El relato evolutivo humano demuestra por qué el racismo está fundamentalmente equivocado y es asombroso lo próximos que desde el punto de vista biológico están entre sí todos los humanos, a pesar del amplio rango de diferencias que existe entre las sociedades del mundo entero en la actualidad. Pero las diferencias entre sociedades y grupos de humanos, en vestido, lenguajes, comida, religión, deportes, maneras de vivir y creencias políticas, todas provienen de la característica clave que nos permitió a nosotros, la raza de Homo sapiens sapiens, ser el último linaje hominino que queda.

Hace entre unos 7.000 y 12.000 años, muchas comunidades humanas experimentaron la transición desde cazadores-recolectores sedentarios que influyen en las plantas y animales de su entorno hasta agricultores y ganaderos completos que dependen en gran medida de sus cultivos y de los animales domésticos. Puesto que esto fue tan general y ocurrió con tantas poblaciones humanas, suponemos que esta transición fue a la vez atractiva y beneficiosa para las comunidades implicadas. Pero cuando observamos los registros arqueológicos de estas comunidades agrícolas iniciales, se nos plantea un dilema fastidioso: inicialmente, el paso a la agricultura empeoró la salud humana.
Entonces ¿por qué siguieron con ella estos primeros agricultores? Inmediatamente antes de la transición, los grupos de cazadores-recolectores eran personas muy saludables y al parecer prosperaban y les iba muy bien; figuraban entre los mejores en la historia de nuestra especie. Pero, con la transición a la agricultura, su salud se deterioró; en el registro arqueológico aparecen desigualdades sociales y de género y, por primera vez en la historia, hay pruebas de que surgió violencia grave, coordinada y a gran escala entre comunidades: la guerra.
Hay tres razones clave que explican por qué los humanos siguieron con la agricultura, por dura que fuera:
• estabilidad de los recursos alimentarios,
• incremento de las poblaciones, y
• estar inmovilizados en la tierra.
El advenimiento de la agricultura se corresponde con una multiplicación de caries en los dientes humanos. Las caries son una enfermedad que afecta a las partes duras de los dientes mediante su desmineralización y las desgasta mediante fermentación bacteriana. ¿Ha pensado alguna vez el lector en cómo nos las apañábamos sin pasta dentífrica? La fermentación bacteriana la causan básicamente los carbohidratos, que son mucho más abundantes en las plantas domesticadas que en las versiones silvestres. En estudios de salud oral, los investigadores han descubierto que los agricultores tienen hasta cuatro veces más caries que los cazadores recolectores, especialmente cuando dichos agricultores hervían sus plantas comestibles, creando así gachas blandas que pueden esconderse en los espacios entre los dientes y fermentar rápidamente (de ahí la aparición de la limpieza mediante hilo dental y cepillos de dientes). La pérdida de dientes a lo largo de la vida también es más elevada en las poblaciones agrícolas que en las de cazadores-recolectores, lo que sugiere que el aumento de carbohidratos y la reducción en la diversidad de la dieta puede conducir asimismo a la enfermedad periodontal, que debilita las raíces dentales y las encías que las rodean.
Los dientes también nos cuentan acerca de la aparición de las diferencias de género significativas que surgieron con la agricultura. Los cazadores-recolectores no presentan diferencias de género en las enfermedades dentales, pero los estudios de agricultores de Norteamérica, sur de Asia y África revelan que las hembras tenían una mayor frecuencia de caries que los machos, y los investigadores sugieren que ello podría deberse a que las mujeres tenían una dieta más alta en carbohidratos y más baja en proteínas que los hombres en estas sociedades.

Muchas personas no son conscientes de lo recientemente que se ha formado el paisaje religioso actual. La mayoría de las religiones que se practican en la actualidad no son más antiguas que unos pocos miles de años, y ninguna tiene raíces claramente identificables anteriores a unos 6.000 a 8.000 años antes del presente (el hinduismo es la más antigua que conocemos actualmente). Esto significa que durante la mayor parte de nuestra historia como género (Homo) y como especie (Homo sapiens), el mundo de la religión organizada, esta cosa que es tan fundamental para la existencia cotidiana de la humanidad hoy en día, o bien era muy diferente, o bien no existía en absoluto.
La parte delicada de este proceso es definir específicamente lo que es en realidad «religión» y determinar qué aspecto tendría la prueba de ella en el registro fósil y arqueológico. En los últimos milenios encontramos iglesias, templos, registros escritos, iconos y un enorme despliegue de arte y símbolos que señalan tradiciones, prácticas y creencias religiosas específicas. Pero si nos remontamos en el pasado más allá de estos hasta llegar a los primeros asentamientos, a los inicios de la agricultura y la domesticación, a la vida de los pueblos recolectores de hace 20.000, 80.000, 300.000 e incluso 800.000 años, queremos plantear y dar respuesta a estas preguntas: ¿dónde y cuándo aparece la religión, y de dónde procede?.
La mayoría de las personas se refieren a sí mismas como religiosas, pero no todas están de acuerdo en lo que esto significa. Llamar «religioso» a alguien quiere decir por lo general que tiene un conjunto particular de creencias en relación con una realidad última específica y/o una deidad o deidades, y que dichas creencias se presentan con una serie de prácticas. Hoy en día podría significar pertenecer a una religión establecida, o no estar alineado con una religión específica pero creer en un dios o dioses, o incluso ser alguien que acepta un componente espiritual o trascendental de la vida pero no suscribe un conjunto de creencias específico. En cambio, hay un amplio sector de personas que no creen en la existencia de un dios o de dioses pero que sí participan en tradiciones, festividades y rituales religiosos específicos (como los «judíos seculares» o los que a menudo son llamados «católicos no practicantes»). También hay un conjunto de personas que se oponen de manera acérrima a la posibilidad de un dios o dioses y que mantienen una relación antagonista con la religión organizada de cualquier tipo (a los que por lo general se denomina «ateos confirmados»).
Hoy en día, los humanos están profundamente inmersos en un sistema simbólico en el que la imaginación y la esperanza, y los símbolos asociados con ellas, pueden mantener la estabilidad y el significado y proporcionar la infraestructura para la fe. Los ideales de moralidad y ecuanimidad, la expectativa de cómo debe comportarse la gente, cómo queremos que sea el mundo, etc., son buenos ejemplos. La capacidad de pensar de esta manera se ve facilitada por nuestras capacidades simbólicas y no está necesariamente ligada a ninguno de los detalles actuales del mundo físico que nos rodea en cualquier momento dado. Pero está influido por las experiencias simbólicas y cargadas de significado que nos aculturan desde la infancia. Esto es una clave para comprender el pensamiento religioso. La manera en que interpretamos el mundo surge de las interacciones de muchos elementos (cuerpos, cerebros, sentidos, percepciones, experiencias, otros humanos y animales, etc.). Los humanos, a la vez como individuos y como comunidades, estamos incrustados en un mundo de densos paisajes simbólicos, y gran parte de ello es religioso.
No formar parte de ninguna religión concreta o identificarse como no ser religioso es algo absolutamente adecuado para los humanos… así es como existimos durante la mayor parte de nuestra historia. Numerosas investigaciones demuestran que los que aducen que ser religioso o pertenecer a una religión hacen que uno sea una persona mejor desde el punto de vista moral o altruista están equivocados. Quienquiera que crea que todos los humanos han de formar parte de su particular visión del mundo tiene un visión miope de la historia humana. Hay muchísimas maneras de ser satisfactoriamente humano, y aunque todos tenemos mucho en común como especie, la diversidad cultural humana ha estado aquí desde hace cientos de miles de años, es una de las características distintivas de la humanidad y no desaparecerá en cualquier momento inmediato. Todos los humanos estamos inmersos en un mundo profundamente simbólico y cargado de significado, y la mayoría de nosotros nos comportamos, al menos algunas veces, como si existiera lo sobrenatural. Esta es una realidad humana universal y trascendente que ningún otro ser comparte.

Los humanos forman un mundo cargado de significado, y son formados por él. La capacidad creativa de nuestros antepasados para modelar piedra, madera, hueso y tantos otros objetos, y de infundirles significado, ha generado la oportunidad para la explosión del arte como un aspecto fundamental de lo que los humanos hacemos y ha remodelado la manera como vemos el mundo. La chispa creativa está en cada uno de nosotros. Florece en esfuerzos individuales y se desarrolla y expande mediante nuestras capacidades profundas para la colaboración y nuestra propensión a ella. Crear objetos de arte remodeló la experiencia humana y se convirtió en algo central a la hora de contar relatos y de expandir los aspectos trascendentales e imaginativos del ser humano. Esto abrió la puerta al uso del arte para impulsar ideologías, especialmente las relacionadas con inferencias sobre lo sobrenatural. Las ideas religiosas suelen ser simbólicas, representadas y reveladas mediante arte. Algunos incluso afirman que arte y religión son la misma cosa. Pero la evidencia de creatividad artística precede, con mucho, a los orígenes de cualesquiera prácticas y rituales religiosos estructurados. Se puede argumentar, efectivamente, que las capacidades creativas que facilitan el arte fueron también cruciales en la capacidad humana para desarrollar sistemas significativos de creencia que estaban arraigados en algo más que el aquí y ahora material de la vida cotidiana (lo que actualmente denominamos religión). A lo largo de la historia humana, y en la actualidad, la mayor parte del arte no está asociado con una religión o con una práctica religiosa concretas. La religión emplea el arte, pero el arte no es necesariamente religioso.
Aunque estas dos áreas de la creatividad humana (arte y creencia religiosa) pueden superponerse, no son lo mismo. Ni tampoco son las únicas que han surgido de nuestra chispa creativa. La creatividad humana dio origen también a otro proceso fundamental, que a veces se coloca en oposición a la religión, y que ciertamente se ha convertido en una fuerza impulsora a la hora de explicar por qué los humanos han llegado a manipular el planeta como ninguna otra especie. Nuestra chispa creativa se halla también en el origen de la ciencia.

Las mejores respuestas a adónde vamos (o podemos ir) se generarán en conversación con las ciencias evolutivas, pero no pueden proceder únicamente de la ciencia. Conocer los últimos millones de años de nuestra evolución es fundamental, pero no suficiente, para clarificar lo que el resto del presente siglo nos aportará. Si este relato de nuestro pasado nos dice algo, es que necesitamos ser totalmente imaginativos y creativos para avanzar mejor como individuos, como comunidades y como especie. No es que no vayamos a encontrar, e incluso a generar, conflicto y crueldad y a cometer muchos errores, pero nuestro pasado demuestra que es precisamente en estas situaciones en que las cosas plantean más retos cuando trabajar y pensar juntos crea las mejores soluciones.
Ser humano es un proceso creativo. Pero en la actualidad, con todas nuestras obligaciones, con toda la complejidad del mundo moderno que tira de nosotros en un millón de direcciones, encontrar el tiempo y el esfuerzo para adoptar esta creatividad parece muy alejado de nuestra rutina diaria. Tenemos el tiempo, la energía y el esfuerzo limitados. Pero aunque pueda ser más difícil de lo que era en el pasado, nosotros, y nuestras familias, amigos, comunidades, incluso nuestra especie, necesitamos más que nunca la creatividad.
Nuestros antepasados prepararon el terreno para nosotros al vivir una vida creativa y cooperativa, como individuos y en grupos. No podemos dejar que esto se vaya al garete. Hace 2 millones de años, nuestros ancestros, pequeños, desnudos, sin colmillos, sin cuernos y sin garras, solo con unos pocos palos y piedras, superaron circunstancias desfavorables extremas. Todo porque se tenían unos a otros y poseían una chispa de creatividad. Al igual que nosotros.
Esta chispa ha crecido y arde de forma brillante en todo el planeta. Hemos desarrollado mejores herramientas, vestidos, una vida más prolongada y más saludable, aviones, ideas de belleza trascendental, naves espaciales para viajar al espacio interestelar, y muchos más niños. Pero los retos han crecido también en escala, y no dan señales de desacelerar.
Afrontemos sin ambages estos retos y lancémonos a otros 2 millones de años de creatividad.

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Starting with our pre-human ancestors, this book traces the roots and development of characteristics that are quintessentially human. Remarkably, the author hits the sweet spot of making it accessible to general readers (I include myself there) while being evidence based and noting where evidence is not clear and possibilities are being discussed. I very much liked that he did not add a moral valence to what he described: that the same or related behaviors (or creativity) can and have led to incredible innovation and, especially as there are more of us living at close quarters, some pretty awful outcomes. It makes the discussion of what it means to be human, when looked at starting early and looking forward rather than starting now and looking backward, much more nuanced and inclusive. I especially appreciated the discussion of science as a manifestation of human creativity. The fundamental concept of drawing conclusions from the observable world that might be confirmable seems so critical to all of us, especially now. As we navigate the current state of the world, the perspective of this book gives hope that we can survive it.
Magnificent, one of the best books about human evolution that I have read, because it is terribly entertaining and entertaining. This is because it does not focus on providing a catalog or repertoire of «Homos» with their respective characteristics, as is often the case in this type of work and which makes them somewhat arid. The shots go on the other side.
It is a book that can be divided into two halves. The first one deals properly with human evolution, but focusing on the mechanisms that have caused this surprising evolution. It is the part that I liked the most because it is what I was interested in starting. In it he studies various aspects: the increasingly creative ways in which man began to obtain increasingly diversified food, and to process it. Added to this is the ability to alter or transform stones or sticks to use them as tools, (unlike chimpanzees that use them without prior transformation) which causes an increase in cranial capacity. Hunting, as an organized activity that promotes creative collaboration and communication is another milestone that the author studies. Fire, to cook, scare off predators or give light and heat provided colossal increases in creativity. The social importance of the group, to raise children, and also for teaching is another important aspect, as well as compassion.
In the second half of the book it departs somewhat from this evolutionary perspective and focuses on anthropological aspects, such as human violence, sex, religion, art and science. This part to me in particular has not caught my attention (except the chapters of art and science).

The writer Maria Popova tells us that creativity is our «ability to take advantage of our mental reserve of resources: knowledge, intuition, information, inspiration and all the fragments that populate our minds … and combine them in new and extraordinary ways». The archaeologist Ian Hodder agrees, and tells us that creativity is the space that exists between material reality and our imagination, where intelligence, adaptability, will, interpretation and problem solving come together, but also highlights that it is a process totally social.
There are four inheritance systems that can provide patterns of variation that influence evolutionary processes:
1. Genetic inheritance is the transmission of genes, encoded in DNA, from one generation to the next.
2. Epigenetic inheritance affects aspects of bodily systems associated with development that can be transferred from one generation to the next without having a specific root in the DNA. For example, certain stressors that act on a pregnant woman can affect the development of the fetus, which in turn can transmit these altered characteristics to their offspring.
3. Behavioral inheritance is the transmission of behavioral actions and knowledge of it from one generation to the next, and is common in many animals, such as when chimpanzee mothers help their children learn to crack nuts with stones or fish termes with sticks.
4. Finally, the symbolic inheritance is unique to humans and is the transmission of ideas, symbols and perceptions that influence the way we live and use our bodies, which can potentially affect the transmission of biological information from one generation to the next.

The main findings of hominins we have from East Africa are:
• Australopithecus anamensis (a few findings).
• Australopithecus afarensis (the most common),
• Australopithecus deyiremeda (a finding), and
• Kenyanthropus platyops (a few findings).
Most researchers agree that Australopithecus afarensis emerges from Australopithecus anamensis, but there are not many who agree on what to do with Kenyanthropus or Australopithecus deyiremeda. Kenyanthropus has a really flat face, unlike afarensis, and deyiremeda has teeth that are very different from most afarensis findings. It is possible that these last two are variations on the subject of Australopithecus afarensis, but it is also possible that they are separate hominin species.
We, the current humans, are part of the adaptive radiation of hominins. Today we are members of the genus Homo, of the sapiens species and of the subspecies sapiens: we are the last remaining hominin, the only one of the 7-million-year-old experiment that did it. Our gender has some physical characteristics that separate us from the group of other hominins; our brain and our body got bigger and our teeth, smaller, but the difference, the only one that really matters, is that our life became much more adventurous, collaborative and creative.
The oldest fossil that possibly belongs to the genus Homo is a 2.8-million-year-old mandible found in Ethiopia at the Ledi-Geraru site. This jaw and some teeth closely resemble those of the primitive forms (such as Australopithecus afarensis) as well as those of later members of the genus Homo. It looks like a transitional jaw. Not everyone accepts this jaw as a member of Homo, but at least it is very close.

Race, as we currently use the term, is a category created and maintained from the social, historical and political point of view, not a specific and identifiable group of genetic or morphological variation, and does not reflect our evolutionary history. As a social reality, it has repercussions that will require attention that has been meditated for a long time.
The human evolutionary story demonstrates why racism is fundamentally wrong and it is amazing how close all humans are from the biological point of view, despite the wide range of differences that exist between societies around the world today. But the differences between societies and groups of humans, in dress, language, food, religion, sports, ways of living and political beliefs, all stem from the key characteristic that allowed us, the race of Homo sapiens sapiens, to be the last hominino lineage that remains.

Between 7,000 and 12,000 years ago, many human communities experienced the transition from sedentary hunter-gatherers who influence the plants and animals of their environment to complete farmers and ranchers who depend heavily on their crops and domestic animals. Since this was so general and occurred with so many human populations, we assume that this transition was both attractive and beneficial to the communities involved. But when we look at the archaeological records of these initial agricultural communities, we face an annoying dilemma: initially, the move to agriculture worsened human health.
So why did these first farmers continue with her? Immediately before the transition, the hunter-gatherer groups were very healthy people and apparently thrived and were doing very well; They were among the best in the history of our species. But, with the transition to agriculture, his health deteriorated; social and gender inequalities appear in the archaeological record and, for the first time in history, there is evidence of serious, coordinated and large-scale violence among communities: war.
There are three key reasons that explain why humans continued with agriculture, however hard it was:
• stability of food resources,
• increase in populations, and
• be immobilized on the earth.
The advent of agriculture corresponds to a multiplication of caries in human teeth. Caries is a disease that affects the hard parts of the teeth through demineralization and wears them through bacterial fermentation. Has the reader ever thought about how we managed without toothpaste? Bacterial fermentation is basically caused by carbohydrates, which are much more abundant in domesticated plants than in wild versions. In oral health studies, researchers have found that farmers have up to four times more cavities than hunter-gatherers, especially when such farmers boil their edible plants, creating soft porridge that can hide in the spaces between the teeth and ferment quickly ( hence the appearance of flossing and toothbrushes). The loss of teeth throughout life is also higher in the agricultural populations than in those of hunter-gatherers, which suggests that the increase of carbohydrates and the reduction in the diversity of the diet can also lead to periodontal disease , which weakens the dental roots and the gums that surround them.
Teeth also tell us about the emergence of significant gender differences that emerged with agriculture. Hunter-gatherers show no gender differences in dental disease, but studies of farmers in North America, South Asia and Africa reveal that females had a higher caries frequency than males, and researchers suggest that this could be due to that women had a diet higher in carbohydrates and lower in protein than men in these societies.

Many people are not aware of how recently the current religious landscape has been formed. Most of the religions practiced today are no older than a few thousand years, and none have clearly identifiable roots before about 6,000 to 8,000 years before the present (Hinduism is the oldest we know today). This means that for most of our history as a genre (Homo) and as a species (Homo sapiens), the world of organized religion, this thing that is so fundamental to the daily existence of humanity today, or was it very different, or it did not exist at all.
The delicate part of this process is to define specifically what «religion» really is and to determine what the proof of it would look like in the fossil and archaeological record. In the last millennia we find churches, temples, written records, icons and a huge display of art and symbols that indicate specific religious traditions, practices and beliefs. But if we go back in the past beyond these until we reach the first settlements, at the beginning of agriculture and domestication, to the life of the collecting peoples of 20,000, 80,000, 300,000 and even 800,000 years ago, we want to raise and answer these questions: where and when does religion appear, and where does it come from?
Most people refer to themselves as religious, but not all agree on what this means. Calling someone «religious» means generally that they have a particular set of beliefs in relation to a specific ultimate reality and / or a deity or deities, and that such beliefs are presented with a series of practices. Today it could mean belonging to an established religion, or not being aligned with a specific religion but believing in a god or gods, or even being someone who accepts a spiritual or transcendental component of life but does not subscribe to a specific set of beliefs. On the other hand, there is a large sector of people who do not believe in the existence of a god or gods but who do participate in specific religious traditions, festivities and rituals (such as «secular Jews» or those who are often called «non-Catholic»). practitioners »). There is also a group of people who are strongly opposed to the possibility of a god or gods and who maintain an antagonistic relationship with organized religion of any kind (which is usually called «confirmed atheists»).
Today, humans are deeply immersed in a symbolic system in which imagination and hope, and the symbols associated with them, can maintain stability and meaning and provide the infrastructure for faith. The ideals of morality and equanimity, the expectation of how people should behave, how we want the world to be, etc., are good examples. The ability to think in this way is facilitated by our symbolic capabilities and is not necessarily linked to any of the current details of the physical world that surrounds us at any given time. But it is influenced by the symbolic and meaning-filled experiences that acculturated us since childhood. This is a key to understanding religious thinking. The way we interpret the world arises from the interactions of many elements (bodies, brains, senses, perceptions, experiences, other humans and animals, etc.). Humans, both as individuals and as communities, are imbedded in a world of dense symbolic landscapes, and much of it is religious.
Not being part of any specific religion or identifying as not being religious is absolutely appropriate for humans … that’s how we exist for most of our history. Numerous investigations show that those who argue that being religious or belonging to a religion make one a better person from a moral or altruistic point of view are wrong. Whoever believes that all humans have to be part of their particular vision of the world has a myopic vision of human history. There are many ways to be a human being, and although we all have a lot in common as a species, human cultural diversity has been here for hundreds of thousands of years, it is one of the distinctive characteristics of humanity and will not disappear at any moment. All humans are immersed in a deeply symbolic and meaning-filled world, and most of us behave, at least sometimes, as if the supernatural existed. This is a universal and transcendent human reality that no other being shares.

Humans form a world full of meaning, and are formed by it. The creative capacity of our ancestors to model stone, wood, bone and many other objects, and to infuse meaning, has generated the opportunity for the explosion of art as a fundamental aspect of what humans do and has remodeled the way we see the world. The creative spark is in each one of us. It flourishes in individual efforts and develops and expands through our deep capacities for collaboration and our propensity to it. Creating objects of art remodeled the human experience and became central at the time of telling stories and expanding the transcendental and imaginative aspects of the human being. This opened the door to the use of art to promote ideologies, especially those related to inferences about the supernatural. Religious ideas are usually symbolic, represented and revealed through art. Some even claim that art and religion are the same thing. But the evidence of artistic creativity precedes, by far, the origins of any structured religious practices and rituals. It can be argued, indeed, that the creative capacities that facilitate art were also crucial in the human capacity to develop meaningful systems of belief that were rooted in something more than the here and now material of everyday life (what we now call religion). . Throughout human history, and today, most art is not associated with a specific religion or religious practice. Religion employs art, but art is not necessarily religious.
Although these two areas of human creativity (art and religious belief) can overlap, they are not the same. Nor are they the only ones that have emerged from our creative spark. Human creativity also gave rise to another fundamental process, which is sometimes placed in opposition to religion, and which has certainly become a driving force in explaining why humans have come to manipulate the planet like no other species. Our creative spark is also at the origin of science.

The best answers to where we are going (or can go) will be generated in conversation with the evolutionary sciences, but they can not come only from science. Knowing the last few million years of our evolution is fundamental, but not enough, to clarify what the rest of this century will bring us. If this account of our past tells us something, it is that we need to be totally imaginative and creative in order to advance better as individuals, as communities and as a species. It is not that we will not find, and even generate, conflict and cruelty and make many mistakes, but our past shows that it is precisely in these situations where things pose more challenges when working and thinking together creates the best solutions.
Being a human is a creative process. But today, with all our obligations, with all the complexity of the modern world that pulls us in a million directions, find the time and effort to adopt this creativity seems far from our daily routine. We have limited time, energy and effort. But although it may be more difficult than it was in the past, we, and our families, friends, communities, even our species, need creativity more than ever.
Our ancestors prepared the ground for us by living a creative and cooperative life, as individuals and in groups. We can not let this go to hell. 2 million years ago, our ancestors, small, naked, without fangs, without horns and without claws, only with a few sticks and stones, overcame extreme unfavorable circumstances. All because they had each other and possessed a spark of creativity. The same as us.
This spark has grown and burns brightly across the planet. We have developed better tools, dresses, a longer and healthier life, airplanes, ideas of transcendental beauty, spaceships to travel to interstellar space, and many more children. But the challenges have also grown in scale, and show no sign of slowing down.
Let’s face these challenges without hesitation and let’s launch another 2 million years of creativity.

2 pensamientos en “La Chispa Creativa. Cómo La Imaginación Nos Hizo Humanos — Agustín Fuentes / The Creative Spark: How Imagination Made Humans Exceptional by Agustín Fuentes

  1. Lo que he leído me ha gustado mucho, es muy interesante. No va sobre autoayuda, son análisis que ayudan a entender más la vida, introducirte en los misterios del arte, la ciencia y las ciencias sociales. Es un blog muy bueno. Tiene conclusiones y teorías, como el mensaje muy sabias. De esas conclusiones y análisis sacó yo algunas también. Es ideal para pensar y no comerte la cabeza.

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