El Viento En La Cara — Saphie Azzeddine / Bilqiss by Saphie Azzedine

AF2BA7B4-3ADE-4267-AEC2-1256EDD9BB93
Una de las mejores breves novelas que he leído sobre el tema. El viento en la cara ha sido una novela que he disfrutado mucho. Por un lado, nos presenta un tema muy delicado y complicado como es el fanatismo musulmán (que es algo inherente a todas las demás religiones, aunque sea en diferentes épocas y manifestaciones) y lo hace con mucha inteligencia. Crea un lado emocional y por otro evalúa el tema desde varios puntos de vista realizando una crítica más global que no solo se ciñe al tema de la violencia y la situación de las mujeres en países con esta doctrina.
Es una historia dura, la de una mujer a la que quieren ver muerta. Desde nuestro punto de vista, el del pensamiento occidental, su delito no es grave. Pero desde el otro lado es castigado con la muerte. Bilqiss además es una mujer con pensamiento propio, que se atreve a cuestionar las reglas del mundo en el que vive, que condena las practicas violentas que se aplican a la religión en la que cree. Bilqiss es una mujer inteligente que supone un peligro y que hace que muchos hombres se sientan amenazados. Una mujer a quien con trece años casaron por obligación con un hombre mayor como sucede a miles de niñas en el mundo.
Otro personaje es el juez del caso. Sabe que su obligación es dictarla culpable porque la comunidad lo pide. Sin embargo, él se acerca a la mujer, entabla conversación con ella y se siente cautivado por sus ideas. Este personaje representa la duda, el dilema moral. Porque en el fondo siente que ella tiene razón. De hecho, muchos de los personajes en privado relajan las normas del Corán o las interpretan a su manera. La historia de su matrimonio refleja claramente cómo se siente la mujer es ese entorno en el que el hombre es quien manda.
El otro punto de vista es representado por Leandra, un periodista Norteamérica que llega dispuesta a cambiarlo todo, cree que podrá salvar a Bilqiss. Llega con ideas preconcebidas pero su relación con una familia musulmana le hará comprender que no todos ellos son terroristas y comienza a comprender como se vive allí. Ella es una mujer moderna, que vive con todos los derechos y libertades y además procede de una familia bien acomodada.
A través de estos y los diferentes secundarios toca el tema por ejemplo del burka o velo, el hecho de que una mujer no pueda tener en casa ciertos objetos, el que no pueda hacer ciertas cosas porque el pecado está en ella, porque ella provoca al hombre. Pero ¿no será el hombre quien asimila todo esto a cuestiones indecorosas? ¿No será él quien interprete el Corán de una forma demasiado radical? La autora también critica como vemos el islamismo desde fuera y nuestra posición contra él. Tendemos a rechazarlo por lo negativo cuando quizás tengamos ideas preconcebidas que tengamos que cambiar.
La novela tiene poca extensión y es muy directa. Narrada con fluidez en pocos capítulos la autora es capaz de desplegar varios temas y desarrollarlos de forma que el lector llegue a ese mensaje que la autora quiere manifestar. Y es que ser musulmana no implica cometer aberraciones, no implica que todos ellos piensen igual y que expresen su fe de la misma manera.
Me ha parecido todo un acierto ese cambio de voces y ese cruce de historias que van más allá de contar una historia. Es un libro para reflexionar con un final bastante duro… ahora querido lector te toca a ti dar voz a la obra.

En el momento de mi juicio final, los impostores de lo divino se habían reunido en aquel viejo edificio que solo tenía de oficial el nombre. Los archivadores abarrotados de penas bárbaras iban a explotar sin remedio. Ya no quedaba sitio para un expediente más. Yo era ese expediente y me alegraba de que fuese a desmoronar toda la estantería. Intentaba convencerme de eso al imaginar lo que me esperaba muy pronto, enterrada hasta el cuello, sin poder esquivar con las manos las piedras angulosas que me atravesarían las sienes. Y cuando regresaba al presente y paseaba la mirada por la concurrencia, el castigo me parecía clemente si era el precio que debía pagar para escapar de esa abominable fauna. Me habían metido en una jaula para evitar que me linchasen antes de que acabara el juicio.

—Señor juez, permítame que le recuerde la sura 88, versículo 21. Dios dijo: «Tú no eres sino un mensajero. Y no tienes autoridad sobre ellos. Es a Nosotros a quienes corresponde juzgarlos y recompensarlos sin omitir nada de sus actos». Por eso le pregunto: ¿se cree Dios? Se arroga usted una tarea divina. ¿O acaso le ha dado Dios un poder para juzgarme? Si es así, ¿puedo verlo?
Aquello era demasiado. Exigían desde todas partes mi condena inmediata. Pero, ante la sorpresa general, el juez ordenó que me condujeran a mi celda una vez desalojada la sala.
Podía oír los mugidos que se prolongaban en el exterior del edificio. En mi situación, compensaban un poco mi angustia. Me gustaba sacarlos de quicio. Y, la verdad, no costaba mucho.
La única solución para que un hombre y una mujer, desconocidos el uno para el otro, pudieran estar juntos en la misma habitación era la siguiente: el hombre debía mamar del pecho de la mujer para que así ella se convirtiera en su ama de cría y los uniese un parentesco apropiado. La perversidad de esos hombres no tenía límites. Nuestra capacidad para aguantar, tampoco. Sin embargo, y para no tentar al diablo, me guardé muy mucho de recordárselo al juez.

La periodista norteamericana (Leandra Hersham) pregunta, antes de nada, señor juez, ¿puede explicarme por qué se condena a esa mujer a la lapidación, cuando en ninguna parte del Corán se menciona esa práctica? ¡He leído el Corán y lo sé!
Pese a todo, cuando se adentró en mi terreno, la puse en su sitio.
—Señorita, aplaudo su loable esfuerzo, pero manténgase al margen de eso. La religión es lo único que nuestros gobiernos sucesivos, ampliamente apoyados por los suyos, no nos han confiscado. La explotamos a nuestra manera y, hasta ahora, en su país nadie ha encontrado motivo de queja.
—De acuerdo. Tengo otra pregunta, señor juez. ¿Por qué es usted tan clemente con Bilqiss?.
Lo que le gustaba de Bilqiss más que cualquier otra cosa era su fe. En sí misma y en Dios. Una fe inquebrantable acerca de la cual le había hecho algunas preguntas, a las que ella había contestado con otra: «¿A un calvo se le ocurriría quejarse en una peluquería?». Bilqiss nunca le había pedido nada a Dios, le parecía oportunista y grosero. «Como si no nos hubiera dado bastante —decía—. ¿Podemos amar de verdad a Dios por lo que es, sin esperar obtener un poco de salud, un poco de amor y mucho dinero? Mendigos, eso es lo que somos todos, no creyentes».
—¿Me tirará la primera piedra, Leandra?
—No, Bilqiss, no puede pedirme eso. Cualquier cosa menos eso.
—Entonces, adiós, Leandra.
—Bilqiss, se lo suplico, no haga eso, no me pida que la mate, es injusto, supera mis fuerzas y lo que soy capaz de soportar, le imploro que no me pida eso, Bilqiss. Cualquier otra cosa…
—Querer ayudarme era una idea noble, Leandra. Sin embargo, aquí las ideas nobles son bellas zorras que provocan pero no abrazan.

Mi Corán no ordena nada, ninguna ley puede derivarse de él porque hay tantas lecturas como musulmanes, y desde luego no será una panda de bribones vestidos de blanco, recién afeitados y con la frente manchada la que reducirá mi sagrado Corán a un vulgar manual de instrucciones para descerebrados. Mi adorado Profeta, la paz sea con él, nos dice en un hadiz que debemos leer el Corán como si nos fuera revelado personalmente. Así que no tienen legitimidad, no tienen ningún derecho sobre nosotros, se convierten a sí mismos en el centro de atención adoptando posturas horribles, pero no son más que ladrones de vida.

A504FB8C-9F2C-45C8-9536-6423E666736A

One of the best brief novels I’ve read on the subject. It has been a novel that I enjoyed very much. On the one hand, it presents us with a very delicate and complicated issue such as Muslim fanaticism (which is inherent to all other religions, even in different periods and manifestations) and it does so with great intelligence. Creates an emotional side and on the other evaluates the issue from various points of view making a more global critique that not only confines itself to the issue of violence and the situation of women in countries with this doctrine.
It’s a hard story, that of a woman they want to see dead. From our point of view, that of Western thought, its crime is not serious. But from the other side he is punished with death. Bilqiss is also a woman with her own thoughts, who dares to question the rules of the world in which she lives, which condemns the violent practices that are applied to the religion in which she believes. Bilqiss is an intelligent woman who poses a danger and makes many men feel threatened. A woman whom thirteen years old married by obligation to an older man as happens to thousands of girls in the world.
Another character is the judge of the case. He knows that his obligation is to make her guilty because the community asks for it. However, he approaches the woman, engages in conversation with her and is captivated by her ideas. This character represents doubt, the moral dilemma. Because deep down she feels that she is right. In fact, many of the characters in private relax the rules of the Qur’an or interpret them in their own way. The history of their marriage clearly reflects how the woman feels is that environment in which man is the boss.
The other point of view is represented by Leandra, a North American journalist who arrives willing to change everything, believes that he will be able to save Bilqiss. He arrives with preconceived ideas but his relationship with a Muslim family will make him understand that not all of them are terrorists and he begins to understand how people live there. She is a modern woman, who lives with all the rights and freedoms and also comes from a well-off family.
Through these and the different secondary touches the theme for example of the burka or veil, the fact that a woman can not have certain objects at home, the one that can not do certain things because the sin is in her, because she provokes the man. But is not it man who assimilates all this to unseemly questions? Is it not he who interprets the Qur’an too radically? The author also criticizes how we see Islamism from the outside and our position against him. We tend to reject it for the negative when we may have preconceived ideas that we have to change.
The novel has little extension and is very direct. Narrated with fluency in a few chapters, the author is able to unfold several themes and develop them in such a way that the reader reaches that message that the author wants to express. And being Muslim does not mean committing aberrations, it does not imply that all of them think alike and express their faith in the same way.
I think that change of voices and that cross of stories that go beyond telling a story has seemed a success. It is a book to reflect with a very hard ending … now, dear reader, it is your turn to give voice to the book.

At the time of my final judgment, the impostors of the divine had gathered in that old building that had only the official name. The filing cabinets full of barbarous punishments were going to explode beyond repair. There was no room left for another file. I was that file and I was glad that it was going to crumble the entire shelf. I tried to convince myself of that by imagining what was waiting for me very soon, buried up to my neck, unable to avoid the angular stones that would cross my temples with my hands. And when I returned to the present and looked around the crowd, the punishment seemed merciful to me if it was the price I had to pay to escape this abominable fauna. They had put me in a cage to keep me from being lynched before the trial was over.

-Mr judge, allow me to remind you of surah 88, verse 21. God said: «You are nothing but a messenger. And you have no authority over them. It is up to Us to judge and reward them without omitting anything of their actions ». That’s why I ask him: do you believe God? You arrogate to yourself a divine task. Or has God given me a power to judge me? If so, can I see it?
That was too much. They demanded my immediate condemnation from all sides. But, to the general surprise, the judge ordered me to be taken to my cell once the room was vacated.
I could hear the mooing that went on outside the building. In my situation, they compensated a little my anguish. I liked to drive them crazy. And, truthfully, it did not cost much.
The only solution for a man and a woman, unknown to each other, could be together in the same room was the following: the man had to suck from the woman’s breast so that she would become his nurse and they were united by an appropriate kinship. The perversity of these men had no limits. Our ability to endure, either. However, and not to tempt the devil, I kept very much from reminding the judge.

The american journalist (Leandra Hersham) asks, first of all, Mr. Justice, can you explain to me why this woman is condemned to stoning, when nowhere in the Qur’an is this practice mentioned? I have read the Koran and I know it!
In spite of everything, when he entered my land, I put it in its place.
«Miss, I applaud your commendable effort, but stay out of that. Religion is the only thing that our successive governments, widely supported by their own, have not confiscated from us. We exploit it our way and, until now, no one in your country has found a reason to complain.
-Agree. I have another question, sir. Why are you so lenient with Bilqiss?
What he liked about Bilqiss more than anything else was his faith. In itself and in God. An unwavering faith about which he had asked her some questions, to which she had answered with another: «Would a bald man think of complaining in a hairdressing salon?» Bilqiss had never asked God for anything, he seemed opportunistic and rude. «As if he had not given us enough,» he said. Can we really love God for what he is, without expecting to get a little health, a little love and a lot of money? Beggars, that’s what we are all, non-believers ».
– Will you throw the first stone, Leandra?
«No, Bilqiss, you can not ask me that. Anything but that.
-Then, goodbye, Leandra.
-Bilqiss, I beg you, do not do that, do not ask me to kill you, it’s unfair, it surpasses my strength and what I’m capable of, I implore you not to ask me for that, Bilqiss. Anything else…
«Wanting to help me was a noble idea, Leandra. However, here the noble ideas are beautiful foxes that provoke but do not embrace.

My Koran does not order anything, no law can be derived from it because there are as many readings as Muslims, and certainly not a bunch of rascals dressed in white, freshly shaved and with smudged forehead that will reduce my Holy Qur’an to a vulgar manual of instructions for brainless. My beloved Prophet, peace be upon him, tells us in a hadith that we should read the Qur’an as if it were revealed to us personally. So they have no legitimacy, they have no right to us, they turn themselves into the center of attention by adopting horrible positions, but they are no more than life thieves.

7 pensamientos en “El Viento En La Cara — Saphie Azzeddine / Bilqiss by Saphie Azzedine

  1. Yo no la he leído  pero por tu magnífico resumen entiendo que es la historia de una mujer musulmana una vez más enfrentada a las leyes de los hombres. Parece muy interesante. 😀

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.