El Príncipe De La Mafia — Vito Bruschini / The Prince: A Novel by Vito Bruschini

Esta es una muy buena novela. Es una novela de la mafia, tanto en Sicilia como en América. La descripción del libro resume bastante bien la trama. Sería difícil decir más al respecto sin proporcionar spoilers. La novela, por supuesto, tiene una gran cantidad de intriga y violencia, algunas de ellas horribles. Es más lento que libros como el Padrino, pero la historia está bien desarrollada y nunca se alarga. La única queja que tengo es que en los primeros cientos de páginas, los capítulos cambian de un evento a otro en 1920, 1939 y 1921, con todo lo que ocurre en Sicilia. Hasta que pudiera entender todos los nombres italianos de personas y lugares y recordar quiénes eran todos los personajes, tuve que volver a las páginas anteriores varias veces para aclarar las cosas. Pero valió la pena. Si le interesan las novelas de la mafia sobre las obras de delincuentes y las mujeres que ama, esta es una buena opción.
El Príncipe es una novela basada en hechos reales que representan el surgimiento de la mafia en Sicilia y luego en América. La historia comienza con una masacre en el valle siciliano de Salemi. Hay un colorido elenco de personajes, cada uno con sus propias ambiciones, agendas y problemas. Lenta e intrincadamente, se unen, creando enemigos y aliados. La historia va y viene entre algunas décadas, lo que al principio me causó cierta confusión al principio, pero pronto me adapté a la historia, quedándome total y completamente absorto. Ninguna historia de la mafia es sin la participación de la violencia, y esta novela no es una excepción, pero no estaba en primer plano y nunca fue gratuita. La historia tiene muchos personajes y muchos giros y vueltas. Fue absorbente y me mantuvo leyendo hasta bien entrada la noche. ¡Lectura fácil, personajes cautivadores y un tema fascinante que hace que sea fácil entender por qué esta novela acabará siendo la base de la película muy pronto! ¡Me encantó!.

Para entrar en América no se podía estar enfermo ni ser deforme, no había que tener taras psíquicas, no se tenía que tener un pasado criminal o, peor aún, anarquista. Estos «defectos», si se verificaban en el momento del desembarco, llevaban automáticamente a la expulsión. Los inspectores de inmigración dejaban entrar al que era hábil para el trabajo, a quien tenía suficiente dinero o el billete prepagado para llegar a la destinación final. Pero también servía la palabra de honor de un pariente o de un amigo que declarasen que habían ayudado al emigrante, incluso hasta en el empleo. En definitiva, el gobierno quería asegurarse de que el recién llegado no fuera a engrosar las listas de los mendigos o de la gente del hampa.
Para los inmigrantes subvencionados por un «garante», la visita a Ellis Island podía durar menos de ocho horas. En ese caso no se le entregaba permiso o atestado; todo lo que le quedaba de su paso por la isla era una cola en el registro de inmigrantes con las generalidades y misiones de trabajo.
Pero para quien no conseguía pasar la visita en las oficinas de inmigración la permanencia en la isla podía durar incluso meses. La «condena» estaba marcada con una letra del alfabeto que se dibujaba en el cuello del abrigo o en los hombros del pobre desgraciado. La «S» significaba «sarna»; la «C», «conjuntivitis»; la «E» era «embarazada»: las mujeres encinta no podían entrar en América, o volvían a su país o tenían que esperar en la isla hasta haber dado a luz.
Pero la letra más temida era la «X», que significaba «deficiencia mental» y que podía decretarse incluso para los sordos o los mudos. En esos casos se entraba en el circuito de las pruebas de inteligencia.
Aquellos pobres abandonados tenían que hacer frente a largas jornadas de cuarentena para responder a preguntas mortificantes, como: «¿Qué día es?», «¿Qué color es éste?», «¿Es la derecha o la izquierda?»; y sufrían visitas médicas viles, de absoluta falta de respeto por la persona humana. Todo agravado por la incomprensión cultural y lingüística.

En 1939, la familia de Vito Genovese se encontraba sin jefe. Don Vitone había tenido que embarcar a toda prisa rumbo a Italia por una chapuza que había orquestado un par de años antes y que el fiscal del distrito de Nueva York, Thomas Dewey, había exhumado de los archivos, dispuesto a pillarlo esta vez.
Vito Genovese, Peter de Feo, Gus Frasca y Mike Mirandi habían decidido desplumar al poker a un ingenuo contratista de obras que había cometido la torpeza de mostrar los bolsillos rebosantes de dinero. Le birlaron 116.000 dólares en la sala de Willie Gallo, haciendo trampas como pocas veces se había visto en Brooklyn. Habrían tenido que repartirse el botín a partes iguales: 23.200 dólares por cabeza. Pero Gallo decidió que a él, en calidad de propietario del local, le correspondían al menos 33.000, o sea, 10.000 más por el uso de la sala. Naturalmente, los otros no quisieron ni oír hablar del asunto y decidieron eliminar a ese socio tan exigente.
Y bien: después de dos años, la fiscalía de Nueva York había vuelto a investigar aquel crimen, ya que, entretanto, Mike Mirandi, detenido por tráfico de droga, había obtenido el arresto domiciliario a cambio de una confesión sobre el asesinato de Willie Gallo.
Genovese, De Feo y Frasca, sabiendo que la fiscalía estaba a punto de acusarlos a causa del chivatazo de Mike el Infame, como a partir de entonces lo llamaron, desaparecieron. Genovese se fue a Italia y los otros se perdieron por Estados Unidos.
De un día para otro, pues, la familia Genovese se encontró decapitada por el vértice. Tomó el mando un sobrino de don Vitone: Sante Genovese.

Estados Unidos se había implicado en la guerra. Hitler estaba arrasando Europa. Sólo resistía Gran Bretaña. Los americanos no consentirían la derrota de sus primos ingleses. Estados Unidos entraría de modo total en la guerra, y, con tal de aniquilar las fuerzas nazis, aceptaría cualquier compromiso.
Era una ocasión única. Y la cúpula no podía permitirse perder aquel tren. Tenían que intentar que el fiscal de Nueva York se aviniese a alcanzar un pacto con Lucky Luciano. Pero ¿cómo?
Sante Genovese no sabía responder a esa pregunta.
—¿Quieres secuestrar al fiscal para un intercambio equitativo? Ya lo habíamos pensado, pero es demasiado arriesgado —concluyó Genovese.
—No, nada de secuestros. Ya sabes cómo piensa Luciano —le respondió Saro.
Pero entonces, ¿cuál es la idea genial? —preguntó Sante con curiosidad.
—Es simple. Efectuaremos acciones de sabotaje en el puerto de Nueva York y en los barcos que salen hacia Europa. Debilitaremos el esfuerzo bélico. Fiaremos correr la voz de que los sabotajes son obra de los servicios secretos nazis y fascistas que operan en territorio americano. Y haremos llegar de alguna manera a los mandos militares que nuestra organización, a través de Lucky Luciano, podría neutralizar a esos grupos subversivos. Todos saben que los muelles están en manos de los hermanos Anastasia, notorios devotos de Luciano.
¿Qué podía opinar Genovese, sino que valía la pena intentarlo? Sin embargo, para no equivocarse, puso en conocimiento de Luciano el plan de Saro, y aquél aceptó de inmediato. La idea de que la Cosa Nostra ejerciera influencia incluso en la guerra no le desagradaba. Finalmente empezaba a entrever un halo de esperanza en su libertad.

En los mapas geográficos de Sicilia, Villalba es un municipio que aparece sobre una colina de poco más de 600 metros de altura, en un áspero paraje que los habitantes llaman el Vallone, en el corazón de la Madonie. En ese puñado de casitas y tugurios malolientes, sin calles, ni agua ni alcantarillas, donde los animales vivían en las mismas viviendas que los campesinos, había nacido Calogero Vizzini.
Don Caló, como todos lo trataban, hijo de gente pobre, no tenía ascendencia de abolengo, tíos monseñores o arrendatarios, y sólo gracias a su inteligencia criminal y a una extraordinaria intuición práctica para aprovechar las oportunidades de la historia logró llegar en pocos años a la cumbre del poder mafioso.
Don Caló, cuando era todavía un joven veinteañero, supo conquistar credibilidad y prestigio ofreciéndose como intermediario entre los bandoleros que infestaban la isla y los terratenientes.
Los primeros éxitos llegaron cuando resultó elegido por el famoso bandolero Varsallona como único referente frente a los nobles del condado. Don Caló era una especie de agente de colocación criminal que suministraba a los terratenientes y a los arrendatarios los campieri necesarios para proteger sus tierras. Naturalmente, los clientes de esa particular «agencia» firmaban una suerte de seguro que los preservaba de robos y extorsiones.
Calogero se hizo rápidamente famoso en todo el Vallone, pero también en las provincias vecinas, como nomo di contatto, o sea, hombre de confianza. Las personas que él presentaba eran absolutamente de fiar. Esta actividad le permitió extender una vasta red de relaciones interpersonales constituida no sólo por muchachos con antecedentes penales más o menos limpios, sino asimismo por nobles, grandes terratenientes, políticos y monseñores.
Con el paso del tiempo estructuró un extenso ejército de colaboradores, secuaces y matones, conformando así el núcleo de una verdadera cosca propia. Conquistó el respeto y la estima de los más importantes latifundistas.

Resumiendo, me gustó esta novela porque cuenta una historia que va de Sicilia a América y que, a través de un entrelazamiento de personajes, nos lleva a los dos protagonistas reales, unidos por un hilo algo incomprensible teóricamente pero convincente.
Libro bien escrito, narración dura y en algunos casos genuina obra sobre mafia y una posible explicación alternativa a su éxito en el tiempo, un poco diferente de las explicaciones “políticamente correctas”, pero muy probable.

It’s a very good novel. It is a novel of the mafia, both in Sicily and America. The description of the book pretty much sums up the plot. It would be difficult to say more about it without providing spoilers. The novel, of course, has a great deal of intrigue and violence, some of it horrific. It is slower paced than books such as the Godfather, but the story is well developed, and it never drags. The only complaint I have is that in the first couple hundred of pages, the chapters switch back and forth between events occurring inn 1920, 1939, and 1921 with everything occurring in Sicily. Until I could get the hang of all the Italian names for people and places and remember who all the characters were, I had to go back to earlier pages a few times to get things straight in my mind. But it was worth it. If you are interested in mafia novels concerning the deeds of criminals as well as the women they love, this is a good choice.
The Prince is a novel based upon true events depicting the rise of the Mafia in Sicily and then America. The story opens with a massacre in the Sicilian valley of Salemi. There is a colorful cast of characters, each with their own ambitions, agendas, and problems. Slowly and intricately, they link together, creating enemies and allies. The story switches back and forth betweeen some decades, which at first caused me some confusion at first, but I soon settled into the story, becoming completely and utterly engrossed. No Mafia story is without its share of violence, and this novel is no exception, but it was not in the forefront and was never gratuitous. The story has a lot of characters and plenty of twists and turns. It was engrossing and kept me reading long into the night. Easy reading, compelling characters, and a fascinating topic makes it easy to understand why this novel will end up as the basis for film very soon! Loved it!.

To enter America you could not be sick or deformed, you did not have to have psychic defects, you did not have to have a criminal past or, worse, an anarchist. These “defects”, if verified at the time of disembarkation, automatically led to expulsion. Immigration inspectors let in those who were good at work, who had enough money or a prepaid ticket to get to the final destination. But it was also the word of honor of a relative or friend who declared that they had helped the emigrant, even in employment. In short, the government wanted to make sure that the newcomer was not going to swell the lists of beggars or gangsters.
For immigrants subsidized by a “guarantor”, the visit to Ellis Island could last less than eight hours. In that case he was not given permission or attestation; all that remained of his passage through the island was a queue in the immigrant registry with generalities and job assignments.
But for those who did not get to spend the visit in the immigration offices the stay on the island could last even months. The “condemnation” was marked with a letter of the alphabet that was drawn on the neck of the coat or on the shoulders of the poor bastard. The “S” meant “scabies”; the «C», «conjunctivitis»; the “E” was “pregnant”: pregnant women could not enter America, or return to their country or had to wait on the island until they had given birth.
But the most feared letter was “X”, which meant “mental deficiency” and could be decreed even for the deaf or the dumb. In those cases, the intelligence tests circuit was entered.
Those abandoned poor had to face long days of quarantine to answer mortifying questions, such as: “What day is it?”, “What color is this?”, “Is it the right or the left?”; and they suffered vile medical visits, of absolute lack of respect for the human person. All aggravated by cultural and linguistic incomprehension.

In 1939, the family of Vito Genovese was without a leader. Don Vitone had had to hurry on his way to Italy for a fudge he had orchestrated a couple of years before and that New York District Attorney Thomas Dewey had exhumed from the archives, ready to catch him this time.
Vito Genovese, Peter de Feo, Gus Frasca and Mike Mirandi had decided to flush poker from a naive construction contractor who had made the mistake of showing his pockets overflowing with money. They scrounged him $ 116,000 in Willie Gallo’s room, cheating as he had rarely seen in Brooklyn. They would have had to share the booty in equal parts: $ 23,200 per head. But Gallo decided that he, as owner of the place, had at least 33,000, or 10,000 more, for the use of the room. Naturally, the others did not want to hear about the matter and decided to eliminate that demanding partner.
Well: after two years, the New York prosecutor’s office had returned to investigate that crime, since, meanwhile, Mike Mirandi, arrested for drug trafficking, had obtained house arrest in exchange for a confession about the murder of Willie Gallo .
Genovese, De Feo and Frasca, knowing that the prosecution was about to accuse them because of the tip-off of Mike the Infamous, as they called him from then on, disappeared. Genovese went to Italy and the others were lost to the United States.
From one day to the next, then, the Genovese family found itself decapitated by the vertex. A nephew of Don Vitone took control: Sante Genovese.

The United States had been involved in the war. Hitler was devastating Europe. Only Britain resisted. The Americans would not consent to the defeat of their English cousins. The United States would enter fully into the war, and, in order to annihilate the Nazi forces, it would accept any compromise.
It was a unique occasion. And the dome could not afford to miss that train. They had to try to get the New York prosecutor to agree to a deal with Lucky Luciano. But how?
Sante Genovese did not know how to answer that question.
-Do you want to kidnap the prosecutor for an equitable exchange? We had already thought about it, but it is too risky, “concluded Genovese.
-No, nothing of kidnappings. You know how Luciano thinks, “Saro replied.
But then, what is the great idea? Sante asked curiously.
-It is simple. We will carry out acts of sabotage in the port of New York and in the ships that leave for Europe. We will weaken the war effort. We will spread the word that sabotage is the work of the Nazi and fascist secret services that operate in American territory. And we will send in some way to the military commanders that our organization, through Lucky Luciano, could neutralize those subversive groups. Everyone knows that the docks are in the hands of the Anastasia brothers, notorious devotees of Luciano.
What could Genovese say, but was it worth trying? However, in order not to be mistaken, he informed Luciano of Saro’s plan, and he accepted it immediately. The idea that the Cosa Nostra exerted influence even in the war did not displease him. Finally he began to glimpse a halo of hope in his freedom.

In the geographical maps of Sicily, Villalba is a municipality that appears on a hill of little more than 600 meters of height, in a rough place that the inhabitants call the Vallone, in the heart of the Madonie. In that handful of houses and smelly slums, without streets, water or sewers, where the animals lived in the same houses as the peasants, Calogero Vizzini was born.
Don Caló, as everyone treated him, the son of poor people, did not have ancestry of ancestry, uncles monseñores or tenants, and only thanks to his criminal intelligence and an extraordinary practical intuition to take advantage of the opportunities of history, he managed to reach the Mafia power summit.
Don Caló, when he was still a young man in his twenties, knew how to gain credibility and prestige by acting as an intermediary between the bandits who infested the island and the landlords.
The first successes came when he was chosen by the famous bandit Varsallona as the only reference against the nobles of the county. Don Caló was a kind of criminal placement agent who supplied landlords and tenants with the necessary campieri to protect their lands. Naturally, the clients of that particular “agency” signed a kind of insurance that preserved them from theft and extortion.
Calogero quickly became famous throughout the Vallone, but also in the neighboring provinces, as nomo di contatto, that is, a man of trust. The people he presented were absolutely legit. This activity allowed him to extend a vast network of interpersonal relationships made up not only of boys with more or less clean criminal records, but also by nobles, large landowners, politicians and monsignors.
With the passage of time he structured an extensive army of collaborators, henchmen and thugs, thus forming the nucleus of a true cosca own. He won the respect and esteem of the most important landowners.

Foregone, I liked this novel because it tells a story that goes from Sicily to America and that, through an interweaving of characters, brings us to the two real protagonists, united by a thread something incomprehensible theoretically but convincing.
Well written book, hard narrative and in some cases genuine work on mafia and a possible alternative explanation to its success in time, a little different from the “politically correct” explanations, but very likely.

2 pensamientos en “El Príncipe De La Mafia — Vito Bruschini / The Prince: A Novel by Vito Bruschini

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