De La Indignación A La Esperanza: Construir La España Del Bienestar Es Posible — José Carlos Díez / From Outrage to Hope: Building Spain’s Wellfare State Is Possible by José Carlos Díez (spanish book edition)

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Este es el tercer libro de este economista socialdemócrata, es decir economía mixta y que me gusta leer, coincidiendo en puntos con el, yo no comparto tanto los logros del Rey Emérito y nuestra Constitución pero son temas de divergencia. Como el expone, seamos claros. La crisis ha dejado grandes cicatrices: ha elevado el paro de larga duración hasta el punto de que, en muchos casos, se ha convertido en pobreza; ofrece trabajos precarios y escasos a nuestros jóvenes, que sobreviven con salarios similares a los de los años noventa del siglo pasado; la cesta de la compra y las facturas de bienes básicos como la electricidad han subido… En una situación como ésta no resulta sencillo sostener que hay vida después de la crisis, pero estoy seguro de que la habrá.

La Gran Recesión vino provocada por una crisis de deuda y por excesos financieros. Excesos principalmente privados, provenientes de muchas empresas y familias que pensaron que el crecimiento del PIB, la creación de empleo, el aumento de la renta disponible y el incremento de sus beneficios serían eternos. El sistema bancario y financiero, por su parte, alimentó esa falsa euforia con una extrema accesibilidad al crédito.
Lo acontecido con Lehman Brothers hizo colapsar el sistema financiero de Estados Unidos, que se hundió en pocos días. Tras décadas de globalización financiera, el contagio al resto del mundo fue casi inmediato. En pocos días, la economía real caía a plomo. El canal de transmisión a la economía real y el empleo fue el comercio mundial.
Al principio nadie quería abandonar la fiesta. Jóvenes que tenían diez o doce años cuando quebró Lehman ahora sufren la precariedad laboral o, directamente, un elevado desempleo, y se quejan, con razón, de su situación. Estos jóvenes, que sólo han conocido la incertidumbre y la desilusión, son los que han impulsado fenómenos como el Brexit y Jeremy Corbyn en el Reino Unido, Le Pen en Francia, Beppe Grillo en Italia y Bernie Sanders o Donald Trump en Estados Unidos.
Las crisis activan nuestros miedos más primarios. Por este motivo, siempre defiendo que la mejor vacuna para luchar contra el miedo es la de estar bien informado y leer sobre la historia económica, porque las crisis de deuda son consustanciales al ser humano desde que se crearon instrumentos que permitían diferir o anticipar el gasto y el consumo de bienes en el tiempo. No son malos por sí mismos, sino más bien al contrario: un crédito permite a un empresario construir una fábrica o abrir un restaurante y crear empleo; una hipoteca permite a los trabajadores usar una casa sin tener todo el dinero para comprarla y anticipar su consumo, y un plan de pensiones permite ahorrar y diferir el consumo durante nuestra jubilación cuando dejamos de ingresar un salario por nuestro trabajo, complementando la pensión pública. Estos tres instrumentos suponen grandes ventajas, e incluso en los países comunistas también hay bancos, crédito y productos de ahorro.

Toda inversión requiere ahorro para financiarla. Si un país invierte por encima de su tasa de ahorro, incurre en déficit exterior y necesita ahorro de otro país. Los países que tienen déficit exterior incurren en deuda externa para financiarlo. Si el déficit exterior se prolonga en el tiempo, la deuda externa crece y aumenta el riesgo de impago.
Los ahorradores mundiales compran activos financieros para proteger sus ahorros de la inflación y así no perder poder adquisitivo. Cuando invierten en otro país buscan el mismo objetivo, y las expectativas sobre la evolución de los tipos de cambios son determinantes en sus decisiones de compra de activos. Una devaluación de la divisa extranjera en la que invierten supone una pérdida de ahorros y es equivalente a una quita de deuda o un impago. Por esta razón, los ahorradores buscan países con estabilidad macroeconómica e inflaciones bajas y estables.
En 2008, la Reserva Federal bajó los tipos al 0 % e inundó el mundo de dólares depreciando su moneda. Esta medida obligó a los inversores a buscar refugio en países emergentes con monedas sobrevaloradas y tipos de interés altos.
Las economías dependientes de la financiación externa, como es el caso de España, son más vulnerables que nunca a cambios en los flujos financieros, por naturaleza inestables. Cuando los flujos llegan, bajan los tipos de interés, se incrementa el valor de los activos y la riqueza de los ciudadanos, aumentan el consumo, la inversión y el empleo, y se reduce la pobreza. Esto genera unas endorfinas de felicidad que permiten convivir con los inversores y nadie se cuestiona el sistema financiero internacional, la ausencia de reglas y la gobernanza mundial que permita suavizar estos efectos. En ese escenario es muy complicado ser prudente y advertir a gobiernos, empresas y bancos de los riesgos que conlleva el endeudamiento: nadie quiere apagar la música para que la fiesta acabe, pero tampoco nadie quiere ser el responsable de las funestas consecuencias que acarrea conducir bajo los efectos del alcohol o, en este caso, la droga del crédito.

La vivienda es un mercado local. Pero la burbuja inmobiliaria fue global, ya que tras el Consenso de Washington y el profundo proceso de liberalización financiera, el contagio de la euforia se expandió por todo el planeta. Dinamarca registró una burbuja inmobiliaria y un sobreendeudamiento de las familias, Nueva Zelanda, Canadá, el Reino Unido, Irlanda, España, etcétera.
En la primavera de 2006, la morosidad hipotecaria en Estados Unidos comenzó a crecer por primera vez desde 1995. En julio de 2007, las agencias de rating cambiaron sus criterios para evaluar emisiones de bonos con titulizaciones hipotecarias.
Los bancos mundiales habían creado un sistema bancario en la sombra, legal y al margen de la regulación. Se usaban paraísos fiscales para crear fondos que invertían en activos con bonos, la mayoría con el respaldo de hipotecas.
Hay que acometer una reforma en profundidad de las instituciones globales para adaptarlas al nuevo mundo que nos toca vivir en el siglo XXI. Un mundo multicultural y multipolar. Un mundo que, gracias a buenas políticas y liderazgo, conseguiremos que sea mejor que el que vivimos en el siglo XX, cuando fuimos en dos ocasiones a la guerra (mundial), algo que parece que se nos ha olvidado.
La economía mundial no tiene un problema de potencial de crecimiento, aunque el aumento de la población mundial sigue siendo menor y eso reducirá el crecimiento del PIB en el futuro. El principal problema sigue siendo el injusto reparto de ese crecimiento. En 1980, los países desarrollados, que representaban menos del 25 % de la población mundial, se quedaban con el 75 % del reparto.

España, desde la muerte de Franco y la llegada de la democracia, es uno de los pocos países en el mundo donde el peso del 10 % de la población más rica ha disminuido su participación en la distribución de la renta. El resto de los españoles han aumentado su peso, incluso el 30 % de la población más pobre después de esta maldita crisis. Los más beneficiados por la llegada de la democracia y la entrada en Europa han sido las clases medias. Esto se explica por una serie de decisiones políticas y leyes que han revertido la tendencia internacional, como la reforma fiscal de 1977 que fija un impuesto progresivo sobre la renta, la universalización del sistema público de pensiones y de salud desarrollado en los años ochenta, el aumento significativo del gasto en educación, la subida de las pensiones mínimas del 50 y del 90 % en el caso de las de viudedad con hijos a cargo durante los gobiernos de Zapatero, el aumento del salario mínimo, etcétera.
La extrema desigualdad que padecemos no es, por lo tanto, una maldición divina y, como todos los problemas, tiene solución.
Durante el período 1985-1992, la economía española volvió a demostrar su elevado potencial de crecimiento. El problema es la calidad de este último y los desequilibrios generados para conseguirlo.

Suele decirse que los países ricos tienen muchas materias primas, pero la evidencia empírica rechaza esa hipótesis con contundencia: Suiza y Bélgica, por ejemplo, no tienen cacao y son líderes mundiales en la producción de chocolate, mientras que los países de América Latina que producen cacao, y se lo venden a suizos y belgas, tienen una renta por habitante un 70 % inferior a estos últimos.
La mejora también ha sido espectacular en el ámbito científico. El 3,5 % de los artículos publicados en revistas científicas internacionales son de investigadores españoles; eso es el doble del peso del PIB español en el PIB mundial. Sin embargo, seguimos muy lejos de nuestros socios europeos en gasto en investigación e innovación y en número de patentes registradas. El último dato (de 2010) en registro de patentes por habitante era un 60 % inferior al promedio europeo; asimismo, desde 2011 los recortes en gasto público en I+D+i han sido brutales, retrocediendo a los niveles de 2003 que dejó Aznar. En el año 2000, según el Banco de España, estábamos un 90 % por debajo del promedio europeo.
Además de un bajo nivel de gasto público en I+D+i, el gasto privado es aún más bajo que el de nuestros socios. España tiene pocas empresas innovadoras, aunque, por fortuna, muchas más que en los años noventa, especialmente en la «i» pequeña.
Muchas empresas se han visto obligadas a cerrar durante la crisis, y en 2015 seguían haciéndolo, aunque ya con menor intensidad. Éste es el gran reto de la economía española si quiere bajar su tasa de paro: crear empleos dignos y reducir la elevada desigualdad que padecemos.

Frente al America First («América primero») de Donald Trump y otros modelos no democráticos que ponen en riesgo el orden mundial desde 1945, Europa debe aprovechar su peso político y su influencia para defender con convicción nuestra política en las instituciones mundiales. España es tan sólo el 0,5 % de la población mundial y Cataluña, el 0,1 %. Fuera de Europa seríamos un país insignificante en el tablero mundial, como ocurría antes de aprobar nuestra Constitución. Dentro de Europa tenemos peso político y económico. Cuando España tuvo problemas Europa nos ayudó. Ahora Europa tiene problemas y España debe ir a Bruselas con un plan de país en Europa para defender nuestros intereses, pero también debe ser coherente con un plan de Europa en el mundo y con un plan para el mundo.
La lección que debemos aprender de la Gran Recesión es la misma que la de la Gran Depresión: la clave es prevenir crisis financieras tan violentas que generan tal infelicidad y deuda que acaben pagándolas varias generaciones. La actividad de buena parte de los agentes financieros es global y de nuevo la política debe ser global.
Avanzar en transparencia en el sistema financiero internacional ayudaría a tener un mercado más eficiente y a democratizar la globalización financiera. También es importante regular los grandes fondos financieros para reducir la vulnerabilidad y prevenir otra crisis tan grave como la de Lehman Brothers. Igual que las leyes de competencia limitan la participación de las empresas en otras compañías para evitar oligopolios que fijen precios por encima de los que se reproducirían con más competencia, se debería informar del capital que invierten esos fondos en determinados países o acciones de empresas. Y si el porcentaje fuera muy elevado, debería tener un plan restringido en caso de venta.
Otra prioridad es hacer Europa más competitiva. Como hemos comentado, los europeos somos los líderes mundiales en conocimiento científico, pero las empresas estadounidenses y chinas están liderando la innovación en los nuevos sectores. A las europeas les está costando más adaptarse a la revolución tecnológica en la que estamos inmersos. Uno de los problemas es el sistema financiero.

España es el país de Europa donde más ha crecido la de­sigualdad desde que comenzó la crisis en 2008. Pero a diferencia de lo sucedido en otros países, como Estados Unidos, el 10 % de los españoles más ricos han perdido peso en la distribución de la renta. La mayoría de los nuevos ricos se dedicaban a la construcción y la promoción de viviendas; cuando pinchó la burbuja, muchos de ellos —altamente endeudados— quebraron y se empobrecieron.
La causa de que el aumento de la desigualdad en España haya sido superior a la de otros países viene determinada porque el 30 % de los españoles con menor renta son más pobres. Según la encuesta de condiciones de vida, el 80 % de los españoles que se encuentran en riesgo de pobreza lo están como consecuencia de la pérdida del empleo. Muchos de ellos son parados de larga duración que, pasados dos años, han perdido también la prestación.
En España existe una costumbre centenaria de inversión en el ladrillo y la compra de vivienda. Las causas objetivas eran variadas, pero no es la primera vez que nos sucede. Antes de entrar en el euro, los plazos de las hipotecas tenían un máximo de quince años que creció hasta los treinta, lo que reducía significativamente la cuota mensual y hacía la compra mucho más accesible para rentas medias y bajas. Además, los tipos de interés de nuestras hipotecas eran referenciados al euríbor y, al entrar en el euro, bajaron más que en Italia. La creación de empleo es uno de los factores que determina la demanda de viviendas, y España es un país que crece y crea más empleo que Italia. A esto hay que añadir que, además de la burbuja y la subida de los precios, a causa del boom de la construcción, llegaron cinco millones de inmigrantes al país que también demandaban una vivienda.
Para frenarla era necesario subir los tipos de interés o poner limitaciones al crecimiento del crédito, y ninguna de estas dos decisiones estaba en manos del gobierno de España.
Las nuevas tecnologías y las nuevas empresas se están creando en ciudades caras y congestionadas como Londres, Estocolmo o París, y nuestros salarios y alquileres de oficinas siguen siendo muy competitivos en comparación. El coste de la vida en España es significativamente menor. Por lo tanto, los trabajadores que cobran un salario más bajo que en Londres tienen en cambio un mejor nivel de vida en una de nuestras ciudades. España posee la mejor red de aeropuertos internacionales del mundo, sin la cual no sería posible ser el líder en pernoctaciones turísticas, con una excelente conectividad con las principales ciudades europeas y latinoamericanas. Por todo ello, la clave es creernos que somos muy competitivos para ser la sede de empresas de nuevas tecnologías y facilitar en todo lo posible su llegada.
El plan debe conseguir atraer el talento del exterior y conseguir que empresas españolas entren en dinámicas innovadoras para crear empleos de calidad con mejores salarios y, así, poder pagar mejores pensiones y tener unas mejores sanidad y educación. España está entre los países con mayores publicaciones científicas del mundo. Lo que nos falta es convertir esa investigación y ese conocimiento primero en patentes y luego en inversión y empleo.
Tecnalia es un ejemplo de éxito en España de transferencia tecnológica. Es una fundación sin ánimo de lucro que se creó tras la fusión de ocho centros tecnológicos de Euskadi. Tiene sucursales en otras comunidades autónomas como Andalucía y Comunidad Valenciana y en varios países de América Latina. Cuenta con una red de 1.500 investigadores asociados y está especializada por sectores: agroalimentario, aeroespacial, industrial, big data; miles de empresas son clientes y algunas forman parte del consejo.
La mitad de sus ingresos proviene del sector privado y la otra mitad del sector público. Desde 2016, tras los fuertes recortes de I+D+i, la mayoría de los ingresos provienen de la Comisión Europea. Tecnalia es la institución que más proyectos recibe de la agenda 2020 de innovación europea (ocupa el puesto 23 del ranking) y es la que más patentes registra en España. La clave del éxito es que ha profesionalizado la gestión y su investigación es muy práctica y está orientada a las necesidades de sus clientes y de las empresas que les solicitan soluciones tecnológicas. Por lo tanto, no hace falta buscar modelos en otros países.
La mayoría de estas empresas mueren por falta de dinero en la caja. Los innovadores concentran todas sus energías en el desarrollo del proyecto y se olvidan de que la liquidez para las empresas es como el oxígeno para las personas. Javier ha desarrollado un modelo financiero que avisa a las empresas de cuándo se les acabará el dinero en la caja y de cómo afectan sus decisiones a su esperanza de vida (algo similar, en los coches, al piloto que te avisa de que has entrado en la reserva y te quedas sin gasolina).

En la nueva revolución tecnológica es necesario que los niños también se formen en el idioma de las máquinas. Los lenguajes de programación son binarios y es necesario reforzar el estudio de lógica y filosofía para enseñar a los niños a pensar, algo que, según Raúl Rojas, las máquinas y los robots no podrán hacer hasta dentro de muchas décadas. Lamentablemente, la última reforma educativa del PP redujo el número de horas de filosofía en los programas de estudio.
Incluso teniendo éxito en estos planes, la crisis ha dejado duras cicatrices, especialmente en los mayores de cincuenta años. Ya era complicado encontrar empleo con esa edad antes de la crisis. Son personas que se sienten fracasadas, muchas han tenido problemas con la bebida, en el núcleo familiar, y un buen número han acabado en la calle. Su deseo es tener un trabajo, y la prioridad debe ser ejecutar políticas activas de empleo para que lo consigan. Pero si fallan, deben tener una red de último recurso con una renta mínima que les garantice la alimentación, la vivienda y los servicios básicos necesarios para vivir. Los socialdemócratas, cuando alguien se cae —ya sea por la crisis, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, la globalización o la revolución tecnológica—, le ayudamos a levantarse. Y si no puede, nos tumbamos a su lado.
España ha superado todas sus encrucijadas de los últimos cuarenta años y estoy convencido de que resolveremos la elevada tasa de paro actual y los bajos salarios. «No hay viento favorable para el marino que no sabe adónde se dirige», dijo Séneca, y nuestro modelo actual de abaratar costes no conduce a ningún destino interesante. Nuestro reto es hacerlo mejor, diferente y a buen precio.

Hay 7 millones de pensionistas; de éstos, 5 millones cobran menos de 1.000 euros al mes, y de estos últimos, 3 millones cobran 600 euros o menos. Esos 3 millones de personas principalmente consumen energía y alimentos, y desde 2011 el precio de su cesta de la compra ha subido más del 10 %. Por lo tanto, tras la reforma del PP, los pensionistas españoles sufren lo que los economistas llamamos «ilusión monetaria». Tendrán el mismo dinero en el banco, pero cuando vayan a las tiendas, si la inflación está próxima al 2 % que es el objetivo de estabilidad de precios, comprarán un 2 % menos de alimentos, de ropa, etcétera. En el caso de las pensiones mínimas, la mayor parte de su cesta de la compra consiste en luz, gas y alimentos, que han subido un 11 % desde 2012 hasta 2017, mientras que su pensión ha subido tan sólo un 1,5 % durante el mismo período.
Con cambios tan profundos es necesario generar ilusión y, al mismo tiempo, calmar esos miedos. La globalización y la revolución tecnológica han cambiado el mundo; existen riesgos y hay ciudadanos perjudicados por ellos. Sin embargo, la mayoría de la sociedad española se ha beneficiado de esos cambios desde 1980: hemos creado 6 millones de empleos, hemos cuadruplicado la renta por habitante y triplicado el gasto social por habitante.
La clave es que cada vez España tenga más empresarios innovadores capaces de generar empleos de calidad en la era de la tecnología global. Al igual que hicimos en los años ochenta en la reconversión industrial de sectores maduros, ahora la sociedad española debe ser solidaria con los trabajadores y sus familias que están siendo perjudicados por los efectos de la globalización y la revolución tecnológica. Negar esta realidad y este descontento y no hacer nada crea el caldo de cultivo para los ismos: populismo, comunismo, fascismo, etcétera.
Como dice el proverbio: si quieres ir rápido, ve solo; si quieres ir lejos, vayamos juntos.
Ánimo, volveremos a cumplir nuestros sueños imposibles.

Otros libros del autor comentadas:

https://weedjee.wordpress.com/2015/07/27/la-economia-no-da-la-felicidad-pero-ayuda-a-conseguirla-jose-carlos-diez/

https://weedjee.wordpress.com/2013/05/29/hay-vida-despues-de-la-crisis-juan-carlos-diez/

The third book of this social democratic economist, ie mixed economy and I like to read, coinciding in points with him, I do not share both the achievements of King Emeritus and our Constitution but are issues of divergence. As he explains, let’s be clear. The crisis has left great scars: it has raised long-term unemployment to the point that, in many cases, it has become poverty; it offers precarious and scarce jobs to our young people, who survive with salaries similar to those of the nineties of the last century; the shopping cart and the bills for basic goods such as electricity have gone up … In a situation like this, it is not easy to maintain that there is life after the crisis, but I am sure there will be.

The Great Recession was caused by a debt crisis and financial excesses. Excesses mainly private, coming from many companies and families that thought that the growth of the GDP, the creation of employment, the increase of disposable income and the increase of its benefits would be eternal. The banking and financial system, on the other hand, fed this false euphoria with extreme accessibility to credit.
What happened with Lehman Brothers collapsed the financial system of the United States, which sank in a few days. After decades of financial globalization, contagion to the rest of the world was almost immediate. In a few days, the real economy plummeted. The channel of transmission to the real economy and employment was world trade.
At first nobody wanted to leave the party. Young people who were ten or twelve years old when Lehman went bankrupt now suffer precarious work or, directly, a high unemployment, and complain, rightly, of their situation. These young people, who have only known the uncertainty and disillusion, are those that have driven phenomena such as Brexit and Jeremy Corbyn in the United Kingdom, Le Pen in France, Beppe Grillo in Italy and Bernie Sanders or Donald Trump in the United States.
Crises activate our most primal fears. For this reason, I always defend that the best vaccine to fight against fear is to be well informed and read about economic history, because debt crises are inherent to the human being since they created instruments that allowed to defer or anticipate the expense and the consumption of goods over time. They are not bad by themselves, but rather on the contrary: a loan allows an entrepreneur to build a factory or open a restaurant and create employment; a mortgage allows workers to use a house without having all the money to buy it and anticipate its consumption, and a pension plan allows to save and defer consumption during our retirement when we stop paying a salary for our work, complementing the public pension. These three instruments have great advantages, and even in communist countries there are also banks, credit and savings products.

Every investment requires savings to finance it. If a country invests above its savings rate, it incurs an external deficit and needs savings from another country. Countries that have an external deficit incur external debt to finance it. If the external deficit continues over time, the external debt grows and the risk of default increases.
Global savers buy financial assets to protect their savings from inflation and thus not lose purchasing power. When they invest in another country, they look for the same objective, and expectations about the evolution of exchange rates are decisive in their decisions to purchase assets. A devaluation of the foreign currency in which they invest supposes a loss of savings and is equivalent to a debt reduction or a default. For this reason, savers seek countries with macroeconomic stability and low and stable inflation.
In 2008, the Federal Reserve lowered rates to 0% and flooded the world with dollars depreciating its currency. This measure forced investors to seek refuge in emerging countries with overvalued currencies and high interest rates.
Economies that depend on external financing, such as Spain, are more vulnerable than ever to changes in financial flows, which are unstable by nature. When flows arrive, interest rates fall, the value of assets and wealth of citizens increases, consumption, investment and employment increase, and poverty is reduced. This generates endorphins of happiness that allow coexisting with investors and nobody questions the international financial system, the absence of rules and global governance to soften these effects. In this scenario it is very complicated to be prudent and warn governments, companies and banks of the risks involved in debt: no one wants to turn off the music for the party to end, but nobody wants to be responsible for the dire consequences that lead to low driving the effects of alcohol or, in this case, the credit drug.

Housing is a local market. But the real estate bubble was global, since after the Washington Consensus and the deep process of financial liberalization, the contagion of euphoria spread throughout the planet. Denmark registered a housing bubble and over-indebted families, New Zealand, Canada, the United Kingdom, Ireland, Spain, and so on.
In the spring of 2006, mortgage delinquencies in the United States began to grow for the first time since 1995. In July 2007, the rating agencies changed their criteria for evaluating mortgage securitized bond issues.
The world banks had created a shadow banking system, legal and outside regulation. Tax havens were used to create funds that invested in assets with bonds, the majority backed by mortgages.
We must undertake an in-depth reform of global institutions to adapt them to the new world that we have to live in the 21st century. A multicultural and multipolar world. A world that, thanks to good policies and leadership, we will achieve better than the one we lived in the twentieth century, when we went twice to war (world), something that seems to have been forgotten.
The world economy does not have a problem of growth potential, although the increase in world population is still lower and that will reduce GDP growth in the future. The main problem remains the unfair distribution of that growth. In 1980, the developed countries, which represented less than 25% of the world’s population, were left with 75% of the distribution.

Spain, since the death of Franco and the arrival of democracy, is one of the few countries in the world where the weight of the richest 10% of the population has decreased its participation in the distribution of income. The rest of the Spaniards have increased their weight, even 30% of the poorest population after this damn crisis. The most benefited by the arrival of democracy and entry into Europe have been the middle classes. This is explained by a series of political decisions and laws that have reversed the international trend, such as the tax reform of 1977 that establishes a progressive tax on income, the universalization of the public pension and health system developed in the 1980s, the significant increase in spending on education, the increase in minimum pensions of 50% and 90% in the case of widows with dependent children during the Zapatero governments, the increase in the minimum wage, and so on.
The extreme inequality that we suffer is not, therefore, a divine curse and, like all problems, has a solution.
During the period 1985-1992, the Spanish economy once again demonstrated its high growth potential. The problem is the quality of the latter and the imbalances generated to achieve it.

It is often said that rich countries have many raw materials, but the empirical evidence rejects that hypothesis with force: Switzerland and Belgium, for example, do not have cocoa and are world leaders in the production of chocolate, while the Latin American countries that produce cocoa, and sell it to Swiss and Belgians, have a per capita income 70% lower than the latter.
The improvement has also been spectacular in the scientific field. 3.5% of articles published in international scientific journals are by Spanish researchers; that is twice the weight of Spanish GDP in world GDP. However, we are still far away from our European partners in research and innovation spending and the number of registered patents. The last data (of 2010) on patent registration per inhabitant was 60% lower than the European average; Likewise, since 2011, the cuts in public spending on R & D & I have been brutal, going back to the levels of 2003 left by Aznar. In the year 2000, according to the Bank of Spain, we were 90% below the European average.
In addition to a low level of public spending on R & D, private spending is even lower than that of our partners. Spain has few innovative companies, although, fortunately, many more than in the nineties, especially in the small «i».
Many companies have been forced to close during the crisis, and in 2015 they continued to do so, although with less intensity. This is the great challenge of the Spanish economy if it wants to lower its unemployment rate: create decent jobs and reduce the high inequality that we suffer.

Against America First («America first») of Donald Trump and other undemocratic models that put the world order at risk since 1945, Europe must take advantage of its political weight and influence to defend our policy with conviction in world institutions. Spain is only 0.5% of the world population and Catalonia, 0.1%. Outside of Europe we would be an insignificant country on the world board, as it was before approving our Constitution. Within Europe we have political and economic weight. When Spain had problems, Europe helped us. Now Europe has problems and Spain must go to Brussels with a country plan in Europe to defend our interests, but it must also be coherent with a European plan in the world and with a plan for the world.
The lesson we must learn from the Great Recession is the same as that of the Great Depression: the key is to prevent financial crises so violent that they generate such unhappiness and debt that they end up being paid by several generations. The activity of a large part of the financial agents is global and once again the policy must be global.
Advancing transparency in the international financial system would help to have a more efficient market and to democratize financial globalization. It is also important to regulate the large financial funds to reduce vulnerability and prevent another crisis as serious as that of Lehman Brothers. Just as competition laws limit the participation of companies in other companies to avoid oligopolies that fix prices above those that would be reproduced with more competition, the capital that these funds invest in certain countries or shares of companies should be informed. And if the percentage is very high, you should have a restricted plan in case of sale.
Another priority is to make Europe more competitive. As we have said, we Europeans are the world leaders in scientific knowledge, but American and Chinese companies are leading innovation in the new sectors. Europeans are finding it harder to adapt to the technological revolution in which we are immersed. One of the problems is the financial system.

Spain is the country in Europe where inequality has grown most since the crisis began in 2008. But unlike what happened in other countries, like the United States, 10% of the richest Spaniards have lost weight in the distribution of rent. Most of the new rich were engaged in the construction and promotion of housing; When he punctured the bubble, many of them – highly indebted – broke and became impoverished.
The reason why the increase in inequality in Spain has been higher than in other countries is determined because 30% of Spaniards with lower income are poorer. According to the survey of living conditions, 80% of Spaniards who are at risk of poverty are as a result of the loss of employment. Many of them are long-term unemployed who, after two years, have also lost the benefit.
In Spain there is a centuries-old custom of investing in brick and buying houses. The objective causes were varied, but it is not the first time that happens to us. Before entering the euro, the terms of mortgages had a maximum of fifteen years that grew to thirty, which significantly reduced the monthly fee and made the purchase much more accessible for medium and low incomes. In addition, the interest rates of our mortgages were referenced to the Euribor and, when entering the euro, fell more than in Italy. The creation of employment is one of the factors that determines the demand for housing, and Spain is a country that grows and creates more employment than Italy. To this we must add that, in addition to the bubble and the rise in prices, because of the boom in construction, five million immigrants arrived in the country who also demanded housing.
To stop it, it was necessary to raise interest rates or place limitations on credit growth, and neither of these two decisions was in the hands of the government of Spain.
New technologies and new businesses are being created in expensive and congested cities like London, Stockholm or Paris, and our salaries and office rents are still very competitive in comparison. The cost of living in Spain is significantly lower. Therefore, workers who earn a lower salary than in London have a better standard of living in one of our cities instead. Spain has the best network of international airports in the world, without which it would not be possible to be the leader in tourist overnight stays, with excellent connectivity with the main European and Latin American cities. For all this, the key is to believe that we are very competitive to be the headquarters of new technology companies and facilitate their arrival as much as possible.
The plan must attract foreign talent and get Spanish companies to enter into innovative dynamics to create quality jobs with better wages and, thus, be able to pay better pensions and have better health and education. Spain is among the countries with the largest scientific publications in the world. What we need is to turn that research and knowledge first into patents and then into investment and employment.
Tecnalia is an example of successful technology transfer in Spain. It is a non-profit foundation that was created after the merger of eight technology centers in Euskadi. It has branches in other autonomous communities such as Andalusia and the Valencian Community and in several countries in Latin America. It has a network of 1,500 associated researchers and is specialized by sectors: agri-food, aerospace, industrial, big data; Thousands of companies are clients and some are part of the board.
Half of their income comes from the private sector and the other half from the public sector. Since 2016, after the sharp cuts in R + D + i, most of the revenue comes from the European Commission. Tecnalia is the institution that receives the most projects from the 2020 agenda for European innovation (ranked 23rd in the ranking) and is the one with the most patents registered in Spain. The key to success is that he has professionalized the management and his research is very practical and is oriented to the needs of his clients and of the companies that request technological solutions. Therefore, it is not necessary to look for models in other countries.
Most of these companies die because of lack of money in the box. The innovators concentrate all their energies in the development of the project and forget that the liquidity for companies is like oxygen for people. Javier has developed a financial model that tells companies when they will run out of money in the box and how their decisions affect their life expectancy (something similar, in cars, to the driver who warns you that you have entered the reservation and you run out of gas).

In the new technological revolution it is necessary that children are also trained in the language of machines. The programming languages ​​are binary and it is necessary to reinforce the study of logic and philosophy to teach children to think, something that, according to Raúl Rojas, machines and robots will not be able to do for many decades. Unfortunately, the last educational reform of the PP reduced the number of philosophy hours in the study programs.
Even having success in these plans, the crisis has left hard scars, especially in those over fifty. It was already difficult to find employment at that age before the crisis. They are people who feel unsuccessful, many have had problems with drinking, in the family, and a good number have ended up on the street. His desire is to have a job, and the priority must be to implement active employment policies so that they can achieve it. But if they fail, they must have a network of last resort with a minimum income that guarantees food, housing and basic services necessary to live. The Social Democrats, when someone falls down – be it because of the crisis, the prick of the housing bubble, globalization or the technological revolution -, we help you get up. And if he can not, we lie down next to him.
Spain has overcome all its crossroads of the last forty years and I am convinced that we will solve the current high unemployment rate and low wages. «There is no favorable wind for the sailor who does not know where he is going,» Seneca said, and our current model of lowering costs does not lead to any interesting destination. Our challenge is to make it better, different and at a good price.

There are 7 million pensioners; of these, 5 million charge less than 1,000 euros per month, and of these, 3 million charge 600 euros or less. Those 3 million people mainly consume energy and food, and since 2011 the price of their shopping cart has gone up more than 10%. Therefore, after the reform of the PP, Spanish pensioners suffer what economists call «monetary illusion.» They will have the same money in the bank, but when they go to the stores, if inflation is close to 2%, which is the objective of price stability, they will buy 2% less food, clothing, etc. In the case of minimum pensions, most of your shopping basket consists of electricity, gas and food, which have risen by 11% from 2012 to 2017, while your pension has risen by only 1.5% during the same period.
With such profound changes it is necessary to generate illusion and, at the same time, to calm those fears. Globalization and the technological revolution have changed the world; There are risks and there are citizens harmed by them. However, the majority of Spanish society has benefited from these changes since 1980: we have created 6 million jobs, we have quadrupled income per capita and tripled social spending per capita.
The key is that every time Spain has more innovative entrepreneurs able to generate quality jobs in the era of global technology. As we did in the eighties in the industrial reconversion of mature sectors, now Spanish society must be supportive of workers and their families who are being harmed by the effects of globalization and the technological revolution. Denying this reality and this discontent and not doing anything creates the breeding ground for the isms: populism, communism, fascism, and so on.
As the proverb says: if you want to go fast, go alone; If you want to go far, let’s go together.
Courage, we will return to fulfill our impossible dreams.

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