Historia Mínima De Galicia — Justo Beramendi / Minimum History Of Galicia by Justo Beramendi (spanish book edition)

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Libro breve y didáctico que debe ser leído. Muy útil para conocer la realidad histórica de Galicia y comprender la situación contemporánea y sus bases, aunque sin profundizar en demasía al ser una obra de divulgación aunque en ocasiones con sensación de minimización de eventos de los que discrepo en importancia, como por ejemplo la de tener representación a través de Zamora en cortes. Pese a sensaciones no siempre de un enfoque regular, es un libro que despierta interés aunque le falta algo para llegar a ser la pasión esperada, aunqe ésta puede no ser posible por la propia limitación de la serie de historia mínima.

La primera obra parecida a una historia del país data de principios del siglo XVI y su protagonista exclusivo es la nobleza. Se trata de la Relación de las casas antiguas de Galicia de Vasco da Ponte, escrita significativamente en un momento en que los grandes señores gallegos eran domeñados por el poder de la nueva monarquía unificada. Hay que esperar casi dos siglos para que aparezca Galicia como sujeto histórico de orígenes mítico-bíblicos que se remontan a los descendientes directos de Noé, como exigía la ideología católica dominante. Así ocurre en la Historia General del Reino de Galicia del jesuita Juan Álvarez de Sotelo y en los Anales del Reyno de Galicia del también eclesiástico Francisco Manuel de la Huerta y Vega, fechados en 1733. Después, los ilustrados gallegos hacen algunas incursiones puntuales en el pasado pero no producen ninguna historia general propiamente dicha.

El himno gallego, poesía de Eduardo Pondal que rezuma celtismo decimonónico. ¿Quién es ese Breogán, supuesto caudillo celta y héroe epónimo nada menos que de la nación gallega? Es puro mito, tomado sin mayor empacho de una leyenda irlandesa del Lebor Gabála Érenn del siglo XI. No es esta la única mitificación de asiento prehistórico que se ha utilizado en Galicia para cimentar un pasado cuanto más antiguo y glorioso, mejor. Como en cualquier país que se precie. Pero además de mitos hubo realidades.
En los siglos VIII-VI a. de C. el Bronce final va dejando paso a la llamada cultura castrexa, que conoce su plenitud en los siglos V-II a. de C., coincidiendo con la penetración y generalización de la metalurgia del hierro, y que después se hibrida con la romana a partir de los siglos II-I a. de C. Esta cultura se extendía por la actual Galicia, el norte de Portugal al menos hasta el Duero y el occidente de Asturias.
Parece imprescindible matizar la idea de que la Gallaecia fue una provincia muy poco romanizada. Es evidente que su asimilación no es comparable con las de la Bética o la Tarraconense, casi indistinguibles en esto de la propia Italia. Pero a la altura de finales del siglo IV lo romano no era ya algo epidérmico en Gallaecia, sino ingrediente fundamental aunque no único de una cultura y una sociedad mestizas.

Por mucho que las mayores novedades se produzcan en el ámbito urbano, Galicia, como casi toda Europa, seguía siendo un país abrumadoramente rural. Pero también aquí hubo cambios, y no solo cuantitativos. Población y producción agraria tienen un ciclo expansivo en los siglos XII y XIII al que sigue la gran crisis de los dos siguientes. La presión demográfica, además de expulsar gente del campo hacia ciudades y villas, provoca la fragmentación de las explotaciones, la roturación de nuevas tierras, la introducción de ciertas mejoras técnicas, la intensificación del trabajo campesino y el aumento y diversificación de la producción, aspecto este en el que cabe resaltar la gran expansión del viñedo y la creciente importancia del ganado en la economía campesina. Buena parte de estos progresos se deben a la implantación de los nuevos monasterios de la orden de San Benito, primero en su versión de Cluny, después en la del Císter. Los monjes cluniacenses empiezan a llegar a Galicia durante el reinado de Alfonso VI al hilo de las estrechas relaciones de este monarca con la casa de Borgoña. Les seguirán después los cistercienses…
Pero el régimen señorial gallego tenía además una característica de gran relevancia: el predominio de los señoríos eclesiásticos sobre los seglares era abrumador, y muy superior al de los demás reinos hispánicos. Cuando se produce la desamortización en el siglo XIX, el 80% de los dominios directos correspondía a monasterios y cabildos, frente a solo el 20% de la nobleza seglar.

A pesar de la castellanización, la conciencia de la identidad gallega no desapareció por completo en las élites. Quizá ayudó a ello la existencia de la Junta del Reino que, pese a sus limitaciones, canalizaba la defensa de intereses y simbolizaba la idea de un país muy antiguo, con historia propia y grandes linajes nobles, que podía presumir de encarnar los valores supremos del momento, pues la sangre de sus hijos jamás se había mezclado con la impura de moros y judíos y era expresión máxima del catolicismo con su apóstol Santiago, que por algo había elegido esta tierra, y no ninguna otra de España, para su descanso eterno. En una precoz manifestación de ese síndrome del agravio que tanta importancia tendrá en el galleguismo político de los siglos XIX y XX, a principios del siglo XVII dos aristócratas gallegos afincados en la corte, el conde de Lemos y el conde de Gondomar salieron al paso de la imagen negativa que pintaban de los gallegos los grandes autores del Siglo de Oro. De Cervantes a Góngora, de Lope de Vega a Tirso de Molina, Galicia era «de España muladar», «sitio inmundo», y los gallegos paradigma de gentes bárbaras, infieles, rudas, estúpidas, que encima hablaban una jerga incomprensible.
El Búho Gallego con las más aves de España, de la muy probable autoría del conde de Lemos, canta las bondades del búho gallego, que contrapone a los defectos de las aves que personifican a los naturales de otras tierras. Pero la eficacia de estos desahogos fue nula de momento. Ni siquiera sirvieron para debilitar el estereotipo que combatían.

(Borbones) La castellanización de los grupos dirigentes, ya muy consolidada, explica su indiferencia ante el hecho de que la especificidad étnica y lingüística de casi toda la sociedad no tuviese el menor reconocimiento público. Al contrario, la mayoría opinaba que la lengua y la cultura del pueblo eran un factor más de atraso, por lo que estaban condenadas a desaparecer con el progreso. Como ya hemos visto, una de las pocas excepciones era el padre Sarmiento, quien además pensaba, anticipándose al nacionalismo contemporáneo, que en el gobierno del país «no deben meter mano […] los que jamás han estado en Galicia, ni tienen comprensión del carácter, genio y complexión patria de sus lexitimos y verdaderos Nacionales». Pero esta era una actitud muy aislada que, por tanto, no tuvo consecuencia alguna durante mucho tiempo.

La política gallega viene girando alrededor de dos ejes cruzados de diferenciación política: izquierda-derecha y galleguismo-españolismo. A esto hay que añadir la fuerte incidencia de la política española en la gallega y el vigor de la vieja cultura política clientelar que, si bien hasta ahora ha beneficiado sobre todo a la derecha por ser la que más poder ha ejercido, no es políticamente unívoca, como lo demuestran ciertas experiencias municipales y provinciales.
También hemos de tener en cuenta la rápida expansión y diversificación del sindicalismo. En el tramo final de la dictadura el único sindicato clandestino de peso que existía en Galicia, como en toda España, era CC OO. Esto cambió y muy rápido en la transición. Impulsada por el avance del PSOE, la UGT resucitó con fuerza. Pero en Galicia surgió además un sindicalismo nacionalista que creció a gran velocidad. Nació dividido y durante años reprodujo en su seno los enfrentamientos entre los partidos nacionalistas. Pero en 1994, en paralelo con la progresiva agrupación de estos en el Bloque Nacionalista Galego, sus dos ramas mayores convergieron en la creación de la Confederación Intersindical Galega (CIG).
Pese a la decadencia demográfica, Galicia ha experimentado un notable desarrollo y se ha acercado bastante a las medias española y europea. Esto se ha reflejado, en primer lugar, en cambios espectaculares en la distribución de su población activa. El sector primario ha pasado de un decimonónico 50% en 1970 a un hipermoderno 6,3% en 2015. El avance de la terciarización, otro supuesto indicador de la modernidad, tampoco ha sido pequeño: del 26,4% en 1970 al 71,2% en 2015. En cambio la industria ha retrocedido algo (del 30 al 22,5%) debido a las reconversión naval de los 80 y a varias deslocalizaciones posteriores. En todo caso, es obvio que la economía gallega y el bienestar medio de sus habitantes crecieron, al menos hasta el comienzo de la crisis.
En conjunto, Galicia es hoy una de las comunidades autónomas de España con un mayor saldo exportador neto, pero esto se debe a la aportación de dos gigantes, Inditex y Citröen, mientras que más de la mitad de las empresas gallegas todavía no saben moverse fuera de su tierra, aunque la otra mitad empieza a espabilarse. También es uno de los territorios de España con los salarios medios más bajos.

Desde el siglo XII la sociedad gallega ha venido mostrando, en su totalidad o en su mayor parte, una singularidad etnocultural indiscutible. Y que desde el siglo XVI hasta el final de la dictadura de Franco esa singularidad ha estado socialmente discriminada y políticamente excluida por una identidad y unos poderes castellanos/españoles que la convirtieron en signo de inferioridad social, lo cual ayudó a inhibir hasta el siglo XX el desarrollo de un nacionalismo autóctono suficientemente fuerte para generar una nación gallega. ¿Ha contribuido la autonomía a cambiar esto significativamente?
En lo que se refiere a la consideración social de la lengua y la cultura propias, sí lo ha cambiado, y mucho. La función socialmente discriminadora de la lengua gallega ha desaparecido a causa de su introducción (incompleta) en la enseñanza y de su uso casi exclusivo en la vida política, en los escritos de las instituciones, salvo las judiciales, y en la radiotelevisión pública. Al mismo tiempo la creación cultural, preferentemente en gallego, se ha desarrollado y modernizado en todas sus manifestaciones, desde la literatura a la música…

Brief and didactic book that must be read. Very useful to know the historical reality of Galicia and understand the contemporary situation and its bases, although without deepening too much to be a work of disclosure but sometimes with a sense of minimization of events of which I disagree in importance, such as the have representation through Zamora in courts. Despite sensations not always of a regular approach, it is a book that arouses interest although it lacks something to become the expected passion, although this may not be possible due to the very limitation of the minimum history series.

The first work similar to a history of the country dates from the early sixteenth century and its exclusive protagonist is the nobility. This is the relation of the old houses of Galicia of Vasco da Ponte, written significantly at a time when the great Galician lords were dominated by the power of the new unified monarchy. It is necessary to wait almost two centuries for Galicia to appear as a historical subject of mythical-biblical origins that go back to the direct descendants of Noah, as demanded by the dominant Catholic ideology. This is the case in the General History of the Kingdom of Galicia of the Jesuit Juan Álvarez de Sotelo and in the Anales del Reyno de Galicia of the ecclesiastical Francisco Manuel de la Huerta y Vega, dated 1733. Afterwards, the Galician enlightenment made some specific incursions into the past but they do not produce any general history proper.

The Galician hymn, Eduardo Pondal’s poetry that oozes nineteenth-century Celtism. Who is that Breogán, supposed Celtic caudillo and hero eponymous nothing less than the Galician nation? It is pure myth, taken without much ado of an Irish legend of Lebor Gabála Érenn of the eleventh century. This is not the only prehistoric mystification of seat that has been used in Galicia to cement a past the older and more glorious, the better. As in any country that boasts. But in addition to myths there were realities.
In the VIII-VI centuries a. of C. the final Bronze is giving step to the call Castrexa culture, that knows its fullness in the centuries V-II a. of C., coinciding with the penetration and generalization of iron metallurgy, and then hybridized with the Roman from the II-I centuries a. of C. This culture extended by the present Galicia, the north of Portugal at least until the Duero and the west of Asturias.
It seems essential to clarify the idea that Gallaecia was a very un Romanized province. It is evident that its assimilation is not comparable with those of the Bética or the Tarraconense, almost indistinguishable in this of the own Italy. But by the end of the fourth century the Roman was no longer something epidermic in Gallaecia, but a fundamental but not unique ingredient of a mestizo culture and society.

As much as the biggest developments occur in the urban area, Galicia, like almost all of Europe, remained an overwhelmingly rural country. But here, too, there were changes, and not just quantitative ones. Population and agricultural production have an expansive cycle in the 12th and 13th centuries, followed by the great crisis of the following two. Demographic pressure, in addition to expelling people from the countryside to cities and towns, causes the fragmentation of farms, the clearing of new lands, the introduction of certain technical improvements, the intensification of peasant work and the increase and diversification of production, this in which it is possible to emphasize the great expansion of the vineyard and the increasing importance of the cattle in the rural economy. Good part of these progresses are due to the implantation of the new monasteries of the order of San Benito, first in its version of Cluny, later in that of Císter. The Cluniac monks begin to arrive in Galicia during the reign of Alfonso VI in the thread of the close relations of this monarch with the house of Burgundy. They will be followed by the Cistercians …
But the Galician seigneurial regime also had a characteristic of great relevance: the predominance of the ecclesiastical dominions over the secular ones was overwhelming, and much superior to that of the other Hispanic kingdoms. When the confiscation occurred in the nineteenth century, 80% of the direct domains corresponded to monasteries and councils, compared to only 20% of the secular nobility.

Despite the Castilianization, the awareness of the Galician identity did not disappear completely in the elites. Perhaps it helped the existence of the Kingdom Board that, despite its limitations, channeled the defense of interests and symbolized the idea of ​​a very old country, with its own history and great noble lineages, which could boast of embodying the supreme values ​​of the At that time, the blood of his sons had never been mixed with the impure of Moors and Jews and was the maximum expression of Catholicism with his apostle James, who had chosen this land for something, and not any other in Spain, for his eternal rest. In a precocious manifestation of that grievance syndrome that will be so important in the political galleguismo of the nineteenth and twentieth centuries, at the beginning of the seventeenth century two Galician aristocrats living in the court, the Count of Lemos and the Count of Gondomar came to the step of the negative image painted by the Galicians of the great authors of the Golden Age. From Cervantes to Góngora, from Lope de Vega to Tirso de Molina, Galicia was «from Spain muladar», «unclean place», and the Galician paradigm of barbarian people , infidels, rudas, stupid, that above spoke an incomprehensible jargon.
The Galician Owl with the most birds of Spain, of the very probable authorship of the Count of Lemos, sings the goodness of the Galician owl, which contrasts with the defects of the birds that personify the natives of other lands. But the effectiveness of these reliefs was null for the moment. They did not even serve to weaken the stereotype they fought.

(Bourbons) The Castilianization of the leading groups, already well established, explains their indifference to the fact that the ethnic and linguistic specificity of almost all of society did not have the least public recognition. On the contrary, the majority believed that the language and culture of the people were a further factor of backwardness, so they were doomed to disappear with progress. As we have already seen, one of the few exceptions was Father Sarmiento, who also thought, in anticipation of contemporary nationalism, that in the government of the country «those who [have] never been to Galicia, nor have an understanding of character, genius and national complexion of his lexitimos and true Nationals ». But this was a very isolated attitude that, therefore, had no consequence for a long time.

Galician politics has been revolving around two crossed axes of political differentiation: left-right and Galician-Spanishism. To this we must add the strong incidence of Spanish politics in Galicia and the vigor of the old clientelistic political culture which, although up to now has mainly benefited the right to be the one that has exercised most power, is not politically univocal , as shown by certain municipal and provincial experiences.
We must also take into account the rapid expansion and diversification of trade unionism. In the final section of the dictatorship the only clandestine union of weight that existed in Galicia, as in all of Spain, was CC OO. This changed and very fast in the transition. Driven by the advance of the PSOE, the UGT resurrected with force. But in Galicia also emerged a nationalist unionism that grew at great speed. He was born divided and for years reproduced in his breast the confrontations between the nationalist parties. But in 1994, in parallel with the progressive grouping of these in the Galego Nationalist Bloc, its two major branches converged in the creation of the Galician Inter-Union Confederation (CIG).
Despite the demographic decline, Galicia has experienced a remarkable development and has come close to the Spanish and European averages. This has been reflected, first of all, in spectacular changes in the distribution of its active population. The primary sector has gone from a nineteenth century 50% in 1970 to a hypermodern 6.3% in 2015. The progress of tertiarization, another supposed indicator of modernity, has not been small either: from 26.4% in 1970 to 71, 2% in 2015. On the other hand, the industry has regressed somewhat (from 30 to 22.5%) due to the naval reconversion of the 1980s and several subsequent relocations. In any case, it is obvious that the Galician economy and the average welfare of its inhabitants grew, at least until the beginning of the crisis.
Overall, Galicia is today one of the autonomous regions of Spain with a greater net export balance, but this is due to the contribution of two giants, Inditex and Citröen, while more than half of the Galician companies still do not know how to move outside of his land, although the other half begins to wake up. It is also one of the territories of Spain with the lowest average salaries.

Since the 12th century, the Galician society has been showing, in its totality or in its greater part, an indisputable ethnocultural singularity. And that from the sixteenth century until the end of Franco’s dictatorship that uniqueness has been socially discriminated and politically excluded by a Castilian / Spanish identity and powers that made it a sign of social inferiority, which helped to inhibit until the twentieth century the development of an autochthonous nationalism strong enough to generate a Galician nation. Has autonomy contributed to changing this significantly?
Regarding the social consideration of the language and culture itself, it has changed, and much. The socially discriminatory function of the Galician language has disappeared due to its (incomplete) introduction in education and its almost exclusive use in political life, in the writings of institutions, except judicial ones, and in public broadcasting. At the same time cultural creation, preferably in Galician, has been developed and modernized in all its manifestations, from literature to music …

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