El Discurso Inagural De La Papisa Americana — Esther Vilar / Die Antrittsrede Der Amerikanischen Päpstin (The Inagural Speech of the American Papisa “Woman Pope”) by Esther Vilar (spanish book edition)

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Muy interesante breve obra. El libro «El discurso inaugural de la Papisa americana» es una de las obras literarias más importantes del siglo XX. Promueve, junto con el epílogo de Esther Vilar, la mayor persuasión posible para la tolerancia y la reconciliación entre creyentes e incrédulos, entre gobernantes y gobernados, entre fuertes y débiles, entre ricos y pobres, entre mujeres y hombres, entre modelos y seguidores o generalmente entre personas que pertenecen a los campos opuestos.

¿Qué sucederá cuando los papas sean elegidos democráticamente mediante el voto de los feligreses y cuando la Iglesia Católica reparta sus bienes entre los pobres?
¿Aceptará la sociedad del futuro un Vaticano sin boato, una religión sin dogmas ni misterios, unos dignatarios de la Iglesia sin más deberes ni obligaciones que los del hombre de la calle?.

Sí, la primera papisa católica se llamará «la Segunda».
JOANNA SECUNDA.
Juana Segunda.
Joan the Second.
Johanna die Zweite.
Giovanna Seconda.
Jeanne Deux.
en la historia de nuestra Iglesia ya hubo una vez una papisa. Se llamaba Juana y llegó subrepticiamente a este solio en el año 855, disfrazada de hombre. Cuando se descubrió el fraude, cuando resultó que el papa recién elegido, que había tomado el nombre de JuanVIII, era una mujer, ¡solo una mujer!, esta fue puesta de patitas en la calle por los señores cardenales, naturalmente. ¡Porque eso sí que no correspondía a la Divina Providencia!

Si los hombres son realmente lo que pretenden indomables y amantes de la libertad, ¿por qué, entonces, acuden precisamente allí donde se les arrebata toda, absolutamente toda posibilidad de una libre decisión?
Si toda limitación de vuestra sagrada independencia representa una pretensión exagerada, en vuestra opinión, ¿por qué son justamente los más independientes y progresistas entre vosotros —es decir, los más libres— los que, de día en día, sienten menos deseos de vivir? ¿Por qué os destruís a vosotros mismos?
Reflexionad sobre lo que acabo de decir, os lo ruego, ya que afecta a la raíz de nuestro problema.
La respuesta es: ¡vosotros mentís!
Sí, porque vosotros habláis de libertad.
Soñáis con la libertad.
Lucháis por la libertad.
Engañáis, torturáis y asesináis por la libertad.
Os dejáis torturar por ella y, en caso necesario, también morís por ella.
Pero… vivir con la libertad y decidir libremente año tras año, día tras día y hora tras hora lo que ha de ser de vosotros… ¡ah, no, eso no lo queréis!
Lo que vosotros buscáis realmente no es libertad, sino sumisión.
Pese a vuestros discursos grandilocuentes, vuestro sueño no es la independencia, sino la dependencia total —aunque libremente elegida de unas disposiciones establecidas por otros: vuestra pareja, vuestra empresa, vuestro astrólogo, vuestro grupo, vuestra secta o vuestro partido. Y solo si tales reglas ya no satisfacen vuestro afán de dependencia —si os resultan demasiado laxas=—, os «liberaréis» de ellas.

Nuestra Iglesia no está para presentaros un Todopoderoso agradable. Lo único que debe hacer es satisfacer vuestro afán de seguridad.
Nadie tiene obligación de demostraros que, pese a todas las desgracias que esparce por el mundo, este Dios es bondadoso, merecedor de nuestra confianza y de nuestro amor.
Un Todopoderoso no necesita nada. Por consiguiente, tampoco vuestro respeto ni vuestra confianza.
Ni mucho menos vuestro amor.
En otras palabras:
Aunque no existiera Dios —y todo parece indicarlo—, seguiríais dependiendo de él.
Y si él no se os manifestara, tendríais que ir en su busca inventándole.
Y ese Dios inventado sería exactamente igual al que nosotros, vuestra Iglesia, eliminamos de vuestro camino con tanta diligencia en los últimos cincuenta años: un Dios severo, exigente, vengativo, ansioso de amor, vanidoso y pedante, pero digno de confianza y justo.
Porque, sin un Dios semejante, estaríais condenados a una libertad perpetua. Y como de sobra sabemos, la libertad es lo único con lo que no podéis vivir.

Yo, Juana II, vuestra papisa, que no cree en Dios ni en el diablo, ni tampoco en la vida eterna ni en la eterna damnación, y que ama a Jesucristo por su gran humanidad y no por su carácter divino, y que no ama la vida por ningún fin remoto, sino por el momento…, yo seré la única perdedora en este asunto.
Porque, al intentar elevarme por encima de vosotros para gobernaros y juzgaros, estaré más sola que cualquier otra persona de este mundo.

En los países industrializados de Occidente, la Iglesia cristiana cuenta con los mejores requisitos indispensables para realizar tal función. No solo por disponer de la organización de una multinacional y, por consiguiente, poder entrar en acción sin pérdida de tiempo como sistema protector (realmente contamos con poco tiempo), sino principalmente porque aunque las religiones colectivas trabajan todas según una misma dinámica, en cuanto a contenido son muy distintas entre sí. De otra forma, siempre se produciría solo un retroceso social, y nunca un progreso. El mérito de un creyente puede expresarse en su actividad o pasividad, tortura o automortificación, paciencia o espíritu combativo, tolerancia o intolerancia…

Very interesting brief work. The book «The inaugural speech of the American Papisa» is one of the most important literary works of the 20th century. Promotes, along with the epilogue of Esther Vilar, the greatest possible persuasion for tolerance and reconciliation between believers and unbelievers, between rulers and the governed, between strong and weak, between rich and poor, between women and men, between models and followers or usually between people who belong to the opposing camps.

What will happen when the popes are democratically elected by the vote of the parishioners and when the Catholic Church distributes its goods among the poor?
Will the society of the future accept a Vatican without pageantry, a religion without dogmas or mysteries, dignitaries of the Church without more duties or obligations than those of the man in the street?

Yes, the first Catholic papisa will be called «the Second.»
JOANNA SECUNDA.
Second Joan.
Joan the Second.
Johanna die Zweite.
Giovanna Seconda
Jeanne Deux.
in the history of our Church there was once a pope. Her name was Juana and she surreptitiously arrived at this house in 855, disguised as a man. When the fraud was discovered, when it turned out that the newly elected pope, who had taken the name of Juan VIII, was a woman, only a woman! This was put on the street by the cardinals, of course. Because that did not correspond to Divine Providence!

If men are really what they claim to be indomitable and lovers of freedom, why, then, do they go precisely where they are snatched away, absolutely all possibility of a free decision?
If any limitation of your sacred independence represents an exaggerated claim, in your opinion, why are they precisely the most independent and progressive among you – that is, the most free – those who, day by day, feel less desire to live? Why do you destroy yourselves?
Reflect on what I just said, I beg you, as it affects the root of our problem.
The answer is: you are lying!
Yes, because you speak of freedom.
You dream of freedom.
You fight for freedom.
You deceive, torture and murder for freedom.
You allow yourself to be tortured by her and, if necessary, you also die for her.
But … live with freedom and decide freely year after year, day after day and hour after hour what will become of you … ah, no, you do not want that!
What you are really looking for is not freedom, but submission.
In spite of your grandiloquent speeches, your dream is not independence, but total dependence – although freely chosen by some dispositions established by others: your partner, your company, your astrologer, your group, your sect or your party. And only if such rules no longer satisfy your desire for dependence – if you are too lax = -, you will «free yourself» of them.

Our Church is not here to present you with a nice Almighty. All you have to do is satisfy your desire for security.
Nobody has an obligation to show you that, despite all the misfortunes that it spreads throughout the world, this God is kind, deserving of our trust and our love.
An Almighty does not need anything. Therefore, neither your respect nor your confidence.
Not much less your love.
In other words:
Even if God did not exist – and everything seems to indicate it – you would still depend on him.
And if he did not manifest himself to you, you would have to go in his search inventing him.
And that God invented would be exactly the same as we, your Church, we removed from your path so diligently in the last fifty years: a severe God, demanding, vengeful, eager for love, vain and pedantic, but trustworthy and just.
Because, without such a God, you would be condemned to perpetual freedom. And as we all know, freedom is the only thing you can not live with.

I, Juana II, your pope, who does not believe in God or the devil, nor in eternal life nor in eternal damnation, and who loves Jesus Christ for his great humanity and not for his divine character, and who does not love life for no remote purpose, but for the moment … I will be the only loser in this matter.
Because, in trying to rise above you to govern and judge you, I will be more alone than any other person in this world.

In the industrialized countries of the West, the Christian Church has the best indispensable requisites to perform such a function. Not only because we have the organization of a multinational and, therefore, can enter into action without loss of time as a protective system (we really have little time), but mainly because although collective religions all work according to the same dynamics, The contents are very different from each other. Otherwise, there would always be only a social setback, and never a progress. The merit of a believer can be expressed in his activity or passivity, torture or self-mortification, patience or combative spirit, tolerance or intolerance …

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