Adiós Princesa — David Rocasolano / Bye Princess by David Rocasolano (spanish book edition)

Es un libro muy entretenido, se lee muy rápido y es muy ameno. Sin embargo, una vez conoces el nivel de amistad que Letizia tenía con su primo, el autor del libro, te das cuenta que aunque todo lo que diga sea verdad, aunque no mienta en lo más mínimo, lo que hace con este libro es uno de los actos de traición más viles y bajos que a uno le puedan hacer, desvelando secretos que la princesa le reveló por la gran confianza que le tenía y el gran afecto que les unía, ya que más que primos parecían hermanos. Estoy segura que este gesto le ha tenido que doler en el alma a Letizia, porque a cualquiera nos dolería semejante puñalada trapera.
He de añadir que hay momentos en que el autor critica actitudes de Letizia que en el fondo son totalmente comprensibles, por ejemplo cuando dice que ella le pidió que se llevara a su abuelo el taxista de su boda porque estaba pasado de copas y bailando con princesas y aristócratas como si estuviera en las fiestas de su pueblo y que Letizia se avergonzó de él. Bueno, pues lo siento pero eso lo entiendo perfectamente. Quizás a mí también me ocurriría si alguien de mi familia se pasa con el alcohol y no supiese comportarse en un entorno tan formal, y eso no significa que yo no vaya a quererlo por eso pero es normal que te abochornes y le pidas a alguien de tu confianza que se lo lleve de allí. ¿Es eso criticable?, yo creo que es totalmente comprensible. Ella no quería que su familia fuesen la mofa de todos los presentes, así de simple.
Con esto quiero decir que a veces el autor se pasa de crítico, porque censura comportamientos que en el fondo son totalmente lógicos en alguien que ha entrado en una esfera social que no era la suya y que por tanto anda con pies de plomo. Parece que el autor se empeña en ponerla mal en todo. Huele un poco a venganza y a resentimiento.

A destacar:
1-Radiografía de la Monarquía, desde dentro, en crudo, sin el filtro de esos periodistas tan afectados, que se hacen los interesantes por lo que dicen que ocultan.
2- Excelente para los que no seguimos los programas basura sobre estos temas. El enfoque funciona con público distinto al habitual por que hay ironía, humor (negro por supuesto), crueldad, venganza, mordacidad, ajuste de cuentas, insinuaciones, cinismo, homenaje, reivindicación, violencia, humillación, tristeza, heridas, resentimiento, orgullo, desesperanza,…
3 – Aporta información novedosa y trascendente: el tema del aborto, sobretodo, es grave a esos niveles por el engaño que supuso a la opinión pública y a la Iglesia (al margen de nuestras opiniones). Jurídicamente además tiene sus consecuencias. No digo más. Al tiempo.
4- Letizia queda muy mal parada al describir una personalidad egoísta, ambiciosa, dominante y sin principios.
5- Si bien el libro es un bofetón a la Monarquía en general y a Letizia en especial, es también un puñetazo en la boca del estómago a las clases medias, medias bajas y humildes. La descripción de la familia Ortiz Rocasolano es un asombroso retrato costumbrista en el que nos podemos ver reflejado cualquier lector o nuestras familias. El abuelo sandungero que baila con princesas, orgullo de unos y vergüenza de otros, las fiestas y los funerales en las que siempre estallan los resentimientos, allegados que no se hablan, heridas inmemoriales, invitaciones selectivas de familiares que las aceptan a sabiendas de la discriminación y menosprecio de otros, etc. Un abanico de miserias que nos son muy cercanas. Este aspecto del libro es una pura genialidad.
6- y si, finalmente el autor. El tío ha escrito algo muy, muy bueno. Contiene todos los ingredientes para una buena historia. Y la cuenta con un tono propio. Ya se ha escrito que es irónico, coloquial, etc, pero el regusto es amargo y de fracaso. Sangra por la herida Desde luego mucho más interesante que la lectura de cualquier Best Seller, de redacción académica, o thriller nórdico o de cualquier novela premiada de estos certámenes que se dan en Madrid o Bcn (en catalán o castellano), auténticos ladrillos infumables, que o pecan de comerciales o de pretenciosos pesados.

Si se llegara a saber que Rouco había absuelto a la princesa abortista, hubieran temblado los cimientos de los templos españoles. En resumen, que yo estoy convencido de que el 22 de mayo de 2004, en la catedral de la Almudena, Rouco casó a una princesa excomulgada. Aunque, sinceramente, a mí todo aquello me daba igual. Yo me debía a mi prima, uno de los míos. Eso era lo único que me importaba.
Aquella campaña para echar mierda sobre ella alcanzó su paroxismo cuando salió a la luz que había posado desnuda para el pintor Waldo Saavedra durante su estancia en México. De momento, todo era digerible. Pero si seguían investigando y llegaban hasta Dator, se podía romper el zapatito de cristal del cuento de mi prima.
Las relaciones entre monarquía e Iglesia, y lo que es peor, entre monarquía y los ciudadanos católicos, difícilmente podrían salir indemnes del conocimiento de que la futura reina de España fue abortista.

La versión oficial asegura que Letizia y Felipe se conocieron en casa del periodista Pedro Erquicia, director entonces de Documentos TV, en octubre de 2002. Desde entonces, la carrera de Letizia en TVE se disparó como una bengala. Algunos maldicientes han querido ver manos negras detrás de esta coincidencia. Pero Letizia había demostrado ya en CNN y en TVE que no necesitaba apoyos para promocionarse.
En septiembre de 2003, mi prima ya dio el gran salto: empezó a presentar el telediario de la noche junto al director de informativos, Alfredo Urdaci. Letizia llevaba ya meses trabajando con Urdaci, y estaba bastante asqueada de que se vincularan tanto sus dos nombres. Ella había dado la cara como enviada especial en Galicia durante la vergonzosa cobertura informativa que dio la TVE de Aznar de la tragedia del Prestige. A pesar de que Urdaci presumió siempre de su amistad con Letizia, yo nunca le escuché a ella decir una sola palabra amable sobre él.

Letizia ya había empezado a volverse muy recelosa y reservada. Confiaba tan poco en la discreción de su familia que ni siquiera le había confesado a su madre que el anuncio del compromiso iba a producirse aquella mañana. Por mucho que Paloma haya después presumido de confidente de su hija. Tampoco lo sabían Telma o Érika. Ni, por supuesto, Chus.
Pilar de Borbón, la otra hermana de Juan Carlos. Su comportamiento es siempre desagradable, prepotente, borde. Destila clasismo por los poros y por esos peinados ahuecados de pavo real en constante exhibición. Su desprecio hacia todo y hacia todos es tan patente que parece incluso ensayado. Se la notó incómoda y algo asqueada cuando saludó a mi familia plebeya.

Esto no son unas capitulaciones matrimoniales, Letizia. Este documento no es ni siquiera legal, al menos en algunos aspectos.
—¿A qué te refieres? —controlaba bien su voz, como siempre, pero su expresión se crispó inmediatamente. Y sus hermosos ojos, con ese punto añadido de ferocidad que yo ya conocía, me pegaron un mordisco húmedo.
—No te hagas la tonta, prima. Tú has entendido esto tan bien como yo. Aquí se dice, por ejemplo, que en caso de separación renuncias por completo a la custodia de tus hijos.
—¿Qué quieres decir?
—Pues que puedes firmar lo que creas oportuno, pero que respecto de la custodia de menores, lo que aquí se expresa no tiene validez. Eso tiene que dictaminarlo un juez, Letizia. Yo que tú, no lo firmaba.
—Escucha, aquí el problema no es este —dijo Jaime de Burgo—. Yo creo que es un problema de enfoque. A ti tienen que tratarte mejor que a Lady Di.
Se me acabaron todos los argumentos. ¿A cuenta de qué salía ahora este hombre con semejante tontería? Nunca llegué a entender la comparación de Letizia con Lady Di. Creo que, en definitiva, Jaime afirmaba que Letizia debía ser tratada mejor de lo que se trató a Lady Di. Y que debía asegurarse de que su cobertura económica fuera suficiente como para que no acabara como la malograda dama inglesa.

Aquella boda fue un circo desde el principio. En primer lugar, porque mi hermana Abigail se negaba a invitar a Letizia. Nunca se han soportado. Letizia siempre la trató con unos aires de superioridad cuyo motivo nunca alcancé a comprender. Ni siquiera la invitó a la fiesta de pedida de mano. Así que el desdén de mi hermana estaba perfectamente justificado.
En principio, no había ningún problema. Letizia tampoco quería asistir a la boda de Abigail. Sus enfrentamientos a veces habían llegado a alcanzar tintes cómicos. En una no muy lejana cena navideña, Abigail llegó a justificar la exclusión de Letizia en la mesa alegando la extravagante y absurda excusa de que no tenía suficientes sillas.
Sin embargo, Letizia cambió de parecer el día antes de la boda de Abigail. La familia recibió una llamada de Palacio anunciando que Su Alteza el Príncipe Felipe y su prometida acudirían al enlace.
El cambio de planes de Letizia molestó profundamente. Y más en la víspera. No solo imponía aparatosos cambios organizativos en una boda modesta, de pueblo. Palacio exigía, además, un lugar distinguido junto al altar y muy cerca de los contrayentes. ¿Lo hizo Letizia para humillar a mi hermana? No lo sé. Pero le salió el tiro por la culata. Su presencia atrajo a docenas de periodistas que después, en sus crónicas, hicieron escarnio descarnado de los familiares de la futura princesa.

Uno de los mitos más divertidos que ha aireado la prensa lacaya sobre mi prima es el de la voraz lectora. Mi prima no ha leído jamás otra cosa que periódicos, algún best-seller tipo Grisham o los libros que le obligaron a leer en el colegio y en la facultad. Durante el tiempo que yo trabajé en una conocida firma editorial, era frecuente que le regalara algún clásico ruso, recuerdo Guerra y Paz, o alguna reedición lujosa de literatura americana. Digo lujosa porque yo era consciente de que el libro iba a ir directamente como adorno a una estantería, ya que a Letizia jamás la iba a arrebatar el impulso de leerlo.
Me parece especialmente significativo de la desafección del monarca y su entorno a la literatura el hecho de que recomendaran a Letizia regalar a Felipe, el día de la petición de mano, un ejemplar de El doncel de don Enrique el Doliente. Si Letizia, periodista, hubiera regalado a su prometido una selección de los exquisitos artículos de Mariano José de Larra, se hubiera comportado de manera digna y coherente. Pero regalar una obra menor, lloriqueante, literariamente prescindible y olvidable del cronista más influyente de la historia de España, me parece un insulto para Larra y para toda la casta periodística. Se deberían de haber asesorado mejor.
Otro de los mitos es el de los Ortiz-Rocasolano multiculturales y conocedores de infinidad de lenguas. Cuando Letizia se fue a México a hacer aquel doctorado que nunca terminó, eligió el país por el idioma, ya que no tenía ni pajolera de inglés.

El caso es que nuestra vida política está íntimamente ligada a la corrupción, a los cohechos, a las prevaricaciones… Del lado de la izquierda y del lado de la derecha. En este país uno no se hace rico trabajando, se hace rico de otra manera.
No quiero acusar de nada a Urdangarin. Yo respeto la presunción de inocencia. Pero, si las cosas sucedieron más o menos como se están contando, sospecho que todo empezó con cantidades pequeñas.
Todo es lícito, siempre que se traduzca justificando que se hacen las cosas «al servicio de los españoles», o se adquieren bienes que pasan a ser propiedad del «patrimonio nacional». A Urdangarin, yo creo, le mató el hecho de haber querido también utilizar ese lenguaje, sin tener derecho a hacerlo.

Los amigos del príncipe son unos seres imaginarios y risueños que viven en los Mundos de Yupi. Se les reconoce porque siempre están riéndose de alguien o de algo, jamás se les ve con un libro o un disco en la mano, peinan una melenita estilo Agag, y lucen unas novias que quedan bellísimas en las fotos y en la realidad son demasiado flacas. Durante todos los años en que frecuenté sus ambientes, no recuerdo jamás haber mantenido una conversación medianamente inteligente con ninguno de ellos.
Pero quien se lleva la palma, de todos, es el famoso Coco Gómez Acebo, sobrino del rey. Es un tío esmirriado y enfermizo a causa de un tabaquismo que ya le ha obligado a varias operaciones de pulmón, y absolutamente vacuo.
A Coco se le conoce por sus hazañas. Son múltiples y enormemente heroicas…

Noviembre 2003, pedida de los príncipes de Asturias. Ni las poses forzadas ni los vestidos caros hacían pensar que esta bonita estampa podría estar salpicada de corrupción…
Y es que este pijín que ven, además de ser el primo hermano y amigo íntimo de doña Letizia, es uno de los implicados en el caso Ciempozuelos, según La Gaceta Política.
“Según esta web, David Rocasolano sacó 385.000 euros de una cuenta propiedad de una sociedad del testaferro del alcalde de Ciempozuelos […]. La moda de la corrupción en los ayuntamientos llega hasta la Zarzuela, para que luego digan que son una institución poco actual. Pero ¿cómo le habrá sentado a doña Letizia este desliz de su pariente? ¿Le retirará la real palabra a su primo o le echará un capote por eso de que cuanto más prima más se arrima? Pronto saldremos de dudas en los Juzgados de Valdemoro.
Así se resumieron mis sesenta segundos de gloria.
Vio a Carlos Dávila.
—¿A qué has venido aquí? —intervino Carlos.
Yo he venido aquí a llegar a un acuerdo. Y el acuerdo es que me dejes en paz. Que me dejes de sacar en tu periódico. Que no me cites. Y, si me tienes que citar, que lo hagas con conocimiento de lo que estás haciendo —dejé entrever que, en caso contrario, les pensaba demandar.
—Bueno, como quieras…

En mi caso, he sobrevivido gracias a mi condición de abogado. El hecho de ser primo de Letizia me ha puesto en el ojo del huracán mediático, con diferentes acusaciones de corrupción infundadas, y llevo varios años dedicando buena parte de mi tiempo a demandar a medios de comunicación. Gano ante los tribunales, pero he perdido cosas que nunca voy a recuperar.
Hasta Telma, tan amante de las cámaras, del glamour, de las entrevistas, tan casada con el millonario Jaime del Burgo, ha llegado a cansarse y a elevar esa ridícula demanda millonaria contra todos los medios de comunicación del orbe, o casi, harta de persecuciones, de carecer de intimidad, agotada de estupidez y de mentiras.
A Chus, Paloma y Henar también parecen haberlos pillado en un tema de alzamiento de bienes.
Hipocresía, hipocresía, hipocresía.
Ellos habían expuesto a Érika a la voracidad mediática, a una vida vacía y sin intimidad, y no habían hecho el mínimo esfuerzo para protegerla.
En el exterior, llovía suave pero pertinazmente. Como corresponde a un funeral. Cuando salió Juan Carlos, Letizia, ante los cientos de fotógrafos, se arrodilló ante el rey, quizá pidiendo disculpas por la escena protagonizada minutos antes por Antonio Vigo. Fue un gesto claro que de mostraba a quién pertenecía ya mi prima. No se arrodilló ni ante Paloma ni ante Chus, los padres de Érika, sus padres. Se arrodilló ante Su Majestad el Rey de España. Sentí asco.
Letizia, finalmente, se derrumbó cuando se acercó a la prensa para darle las gracias por su presencia. No había llorado hasta entonces. Había conseguido mantenerse entera hasta ese momento. He visto pocas veces llorar a Letizia. Y esas lágrimas no eran suyas. Eran lágrimas de princesa.
Mis padres y mis hermanos se habían ido distanciando de nosotros progresivamente, se habían ido apartando del núcleo duro de Letizia cansados de los constantes desprecios de mi prima, que los sometía al más absoluto ostracismo y ni siquiera los invitaba a los acontecimientos familiares más íntimos. Yo, servil vasallo y miembro honorífico de aquel núcleo duro, había sido cómplice de mi prima, y quizá pensaban que ya no era tanto uno de los suyos. Que me había pasado al otro bando.

—Te llamó porque no sé a quién recurrir, David. Es que… Bueno. No te lo vas a creer. Letizia y Paloma me han pedido que suscriba un régimen de visitas regulado de mi hija Carla.
—¿Pero qué me estás diciendo? —yo no me lo podía creer.
—Que me quieren quitar a la niña.
—Amenázalas, coño. Sin cortarte un pelo. Nadie, repito, nadie puede interponerse en tu función tutelar como padre. Ni siquiera un juez puede decidir con quién debe estar o no la niña, a no ser que seas un delincuente, un drogadicto, un maltratador o un pederasta. Ni siquiera un juez. La custodia y la patria potestad te corresponden a ti al cien por cien.
—¿Estás seguro de eso?
—No jodas, Antonio. Soy abogado. Tu hija es tu hija. Otra cosa es que tú decidas no alejarla de su abuela y de su tía. Yo te aconsejo que no separes mucho a Carla de la familia de su madre. Por su educación y por su estabilidad emocional. Tú estás solo en esto. No te va a venir nada mal que te echen una mano. Pero de régimen de visitas regulado, diles que ni soñarlo. Ni siquiera te sientes a negociar.
Fue la última vez que hablé con Antonio Vigo. Aunque creo que las cosas se hicieron como yo le recomendé. Y calculo que Letizia se agarró un buen cabreo.

Una familia que se dejó arrollar y destruir en silencio, sin rechistar, por un ridículo sentido de Estado o algo así. Una familia que ya no existe.

It is a very entertaining book, it reads very fast and is very enjoyable. However, once you know the level of friendship that Letizia had with her cousin, the author of the book, you realize that although everything she says is true, even if she does not lie in the least, what she does with this book is one of the most vile and low acts of treason that one can do, revealing secrets that the princess revealed to her because of the great trust she had for him and the great affection that united them, since more than cousins ​​they seemed brothers. I’m sure that this gesture has had to hurt Letizia’s soul, because anybody would hurt such a scathing stab.
I must add that there are times when the author criticizes Letizia attitudes that are completely understandable at the bottom, for example when he says that she asked him to take his taxi driver to his grandfather because he was having drinks and dancing with princesses and aristocrats as if he were at his town’s parties and Letizia was ashamed of him. Well, I’m sorry but I understand that perfectly. Maybe it would also happen to me if someone in my family goes through alcohol and does not know how to behave in such a formal environment, and that does not mean I’m not going to love him for that, but it’s normal for you to be embarrassed and ask someone your confidence to take it from there. Is that criticizable? I think it is totally understandable. She did not want her family to be mocked by everyone present, that simple.
By this I mean that sometimes the author is criticized, because censorship behaviors that are fundamentally logical in someone who has entered a social sphere that was not his and therefore walks with feet of lead. It seems that the author insists on putting it wrong in everything. Smell a bit of revenge and resentment.

Highlight:
1-Radiography of the Monarchy, from within, in crude, without the filter of those journalists so affected, that they become interesting because of what they say they hide.
2- Excellent for those who do not follow the junk programs on these issues. The approach works with a public different from the usual because there is irony, humor (black of course), cruelty, revenge, sharpness, settling of accounts, insinuations, cynicism, homage, vindication, violence, humiliation, sadness, wounds, resentment, pride, despair, …
3 – Provides new and important information: the issue of abortion, above all, is serious at these levels because of the deception that it caused to public opinion and the Church (regardless of our opinions). Legally, it also has its consequences. I do not say more. At the time.
4- Letizia is very badly stopped describing a selfish, ambitious, dominant and unprincipled personality.
5 – Although the book is a slap to the Monarchy in general and to Letizia in particular, it is also a punch in the mouth of the stomach to the middle classes, low and humble middle classes. The description of the Ortiz Rocasolano family is an amazing portrait of manners in which we can see any reader or our families. The grandfather who dances with princesses, the pride of some and the shame of others, the festivities and funerals in which resentments always break out, relatives who do not speak, immemorial wounds, selective invitations from relatives who accept them knowingly of discrimination and disparagement of others, etc. A range of miseries that are very close to us. This aspect of the book is pure genius.
6- and yes, finally the author. Uncle has written something very, very good. It contains all the ingredients for a good story. And the account with its own tone. It has already been written that it is ironic, colloquial, etc., but the aftertaste is bitter and of failure. Bleeding from the wound Of course much more interesting than the reading of any Best Seller, academic writing, or Nordic thriller or any award-winning novel of these events that occur in Madrid or Bcn (in Catalan or Spanish), authentic infumables bricks, that or pecan of commercials or heavy pretentious.

If it were known that Rouco had absolved the abortionist princess, the foundations of Spanish temples would have shaken. In summary, I am convinced that on May 22, 2004, in the cathedral of Almudena, Rouco married an excommunicated princess. Although, honestly, I did not care about everything. I owed my cousin, one of my own. That was the only thing that mattered to me.
That campaign to throw shit on her reached its climax when it came to light that she had posed nude for the painter Waldo Saavedra during his stay in Mexico. At the moment, everything was digestible. But if they kept investigating and came to Dator, they could break the glass slipper of my cousin’s story.
The relations between monarchy and Church, and what is worse, between monarchy and Catholic citizens, could hardly escape the knowledge that the future Queen of Spain was an abortionist.

The official version says that Letizia and Felipe met at the home of journalist Pedro Erquicia, then director of Documentos TV, in October 2002. Since then, Letizia’s career at TVE skyrocketed like a flare. Some of the abusers have wanted to see black hands behind this coincidence. But Letizia had already shown on CNN and TVE that she did not need support to promote herself.
In September 2003, my cousin made the big jump: she began to present the evening news along with the news director, Alfredo Urdaci. Letizia had been working with Urdaci for months, and she was pretty disgusted that their two names were so linked. She had given her face as a special envoy in Galicia during the shameful news coverage given by Aznar’s TVE of the Prestige tragedy. Although Urdaci always boasted of his friendship with Letizia, I never heard her say a single kind word about him.

Letizia had already begun to become very suspicious and reserved. He trusted so little in the discretion of his family that he had not even confessed to his mother that the announcement of the engagement was going to take place that morning. As much as Paloma has afterwards presumed her daughter’s confidant. Neither did Telma or Erika know. Nor, of course, Chus.
Pilar de Borbón, the other sister of Juan Carlos. His behavior is always unpleasant, overbearing, bordering. It distills classism by the pores and by those hollow hairstyles of peacock in constant exhibition. His contempt for everything and everyone is so clear that it seems even rehearsed. She felt uncomfortable and somewhat disgusted when she greeted my plebeian family.

This is not a marriage contract, Letizia. This document is not even legal, at least in some aspects.
-What do you mean? He controlled his voice well, as always, but his expression immediately twitched. And his beautiful eyes, with that added point of ferocity that I already knew, hit me with a wet bite.
-Don’t play the fool, cousin. You have understood this as well as I have. Here it is said, for example, that in case of separation you completely renounce the custody of your children.
-What do you mean?
-Because you can sign what you think is appropriate, but regarding the custody of minors, what is expressed here is not valid. That has to be decided by a judge, Letizia. I did not sign it.
– Listen, here the problem is not this – Jaime de Burgo said -. I think it’s a problem of focus. They have to treat you better than Lady Di.
I ran out of all the arguments. What did this man come from with such nonsense now? I never got to understand Letizia’s comparison with Lady Di. I think that, in short, Jaime said that Letizia should be treated better than Lady Di was treated. And that he had to make sure that his financial coverage was enough so that he would not end up like the ill-fated English lady.

That wedding was a circus from the beginning. First of all, because my sister Abigail refused to invite Letizia. They have never been supported. Letizia always treated her with an air of superiority whose motive I never understood. He did not even invite her to the hand-crafting party. So my sister’s disdain was perfectly justified.
In principle, there was no problem. Letizia did not want to attend Abigail’s wedding either. Their confrontations had sometimes reached comic overtones. In a not very distant Christmas dinner, Abigail came to justify the exclusion of Letizia at the table by claiming the extravagant and absurd excuse that she did not have enough chairs.
However, Letizia changed her mind the day before Abigail’s wedding. The family received a call from the Palace announcing that His Highness Prince Philip and his fiancée would go to the link.
Letizia’s change of plans bothered her deeply. And more on the eve. Not only did it impose spectacular organizational changes in a modest, village wedding. Palace demanded, in addition, a distinguished place next to the altar and very close to the contracting parties. Did Letizia humiliate my sister? I do not know. But it backfired. His presence attracted dozens of journalists who later, in their chronicles, made a naked derision of the relatives of the future princess.

One of the funniest myths that the press has aired about my cousin is that of the voracious reader. My cousin has never read anything other than newspapers, a Grisham-type best-seller or the books that forced him to read at school and in college. During the time I worked at a well-known publishing house, I often gave him a Russian classic, I remember War and Peace, or some luxurious reissue of American literature. I say lavish because I was aware that the book was going to go directly as an ornament to a bookshelf, since Letizia was never going to take away the impulse to read it.
It seems especially significant to me of the disaffection of the monarch and his surroundings with literature that they recommended to Letizia to give Felipe, on the day of the request, a copy of El doncel by Don Enrique el Doliente. If Letizia, a journalist, had given her fiancé a selection of the exquisite articles by Mariano José de Larra, she would have behaved in a dignified and coherent manner. But to give away a minor, whining, literarily dispensable and forgettable work of the most influential chronicler in the history of Spain, seems an insult to Larra and the entire journalistic caste. They should have advised better.
Another myth is the Ortiz-Rocasolano multicultural and knowledgeable of countless languages. When Letizia went to Mexico to do that doctorate that never ended, she chose the country because of the language, since she did not have a pajolera of English.

The fact is that our political life is intimately linked to corruption, to bribery, to prevarications … On the left and on the right. In this country you do not get rich by working, you get rich in another way.
I do not want to accuse Urdangarin of anything. I respect the presumption of innocence. But, if things happened more or less as they are being told, I suspect that everything started with small amounts.
Everything is lawful, provided that it is translated justifying that things are done “at the service of the Spaniards”, or that goods are acquired that become the property of the “national patrimony.” Urdangarin, I believe, was killed by the fact that he also wanted to use that language, without having the right to do so.

The prince’s friends are imaginary and laughing beings who live in the Yupi Worlds. They are recognized because they are always laughing at someone or something, they are never seen with a book or a disc in their hands, they comb a Megan Agag hairstyle, and some brides look beautiful on the photos and in reality they are too skinny . During all the years in which I frequented their environments, I never remember having a moderately intelligent conversation with any of them.
But whoever takes the cake, of all, is the famous Coco Gómez Acebo, nephew of the king. He is a sickly and sickly uncle because of a smoking that has already forced him to several lung operations, and absolutely empty.
Coco is known for his exploits. They are multiple and enormously heroic …

November 2003, requested by the princes of Asturias. Neither the forced poses nor the expensive dresses made us think that this pretty picture could be sprinkled with corruption …
And is that this pijn that they see, besides being the first cousin and close friend of Mrs. Letizia, is one of those involved in the Ciempozuelos case, according to La Gaceta Política.
“According to this website, David Rocasolano got 385,000 euros from an account owned by a society of the mayor of Ciempozuelos’ frontman […]. The fashion of corruption in the city councils goes as far as the Zarzuela, so that they can later say that they are a very unusual institution. But how will Mrs. Letizia have sat this slip of her relative? Will he withdraw the real word to his cousin or will he throw a cloak for him because the more premium he gets closer? Soon we will leave doubts in the Courts of Valdemoro.
This summed up my sixty seconds of glory.
He saw Carlos Dávila.
– What did you come here for? Carlos interjected.
I came here to reach an agreement. And the agreement is that you leave me alone. Let me stop in your newspaper. Do not tell me. And, if you have to quote me, that you do it with knowledge of what you are doing – I let glimpse that, otherwise, I thought to sue.
-Well, as you want …

In my case, I have survived thanks to my status as a lawyer. The fact of being a cousin of Letizia has put me in the eye of the media hurricane, with different accusations of unfounded corruption, and I have spent several years devoting much of my time to sue the media. I win before the courts, but I have lost things that I will never recover.
Even Telma, so fond of cameras, glamor, interviews, so married to the millionaire Jaime del Burgo, has become tired and raise that ridiculous millionaire demand against all the media in the world, or almost, fed up with persecution , of lacking intimacy, exhausted by stupidity and lies.
Chus, Paloma and Henar also seem to have caught them in a matter of raising property.
Hypocrisy, hypocrisy, hypocrisy.
They had exposed Erika to media voracity, to an empty life and without privacy, and had not made the least effort to protect her.
Outside, it rained softly but persistently. As befits a funeral. When Juan Carlos left, Letizia, before the hundreds of photographers, knelt before the king, perhaps apologizing for the scene starring minutes before by Antonio Vigo. It was a clear gesture that showed who I belonged to and my cousin. He did not kneel before Paloma or before Chus, Erika’s parents, her parents. He knelt before His Majesty the King of Spain. I felt disgust.
Letizia finally collapsed when she approached the press to thank her for her presence. I had not cried until then. He had managed to stay whole until then. I have rarely seen Letizia cry. And those tears were not his. They were tears of a princess.
My parents and my brothers had gradually distanced themselves from us, they had moved away from the hard core of Letizia tired of the constant scorn of my cousin, who subjected them to absolute ostracism and not even invited them to the most intimate family events. I, servile vassal and honorary member of that hard core, had been an accomplice of my cousin, and perhaps they thought that he was not so much one of their own. What had happened to the other side.

He called you because I do not know who to turn to, David. It’s that … Good. You will not believe it. Letizia and Paloma have asked me to subscribe to a regulated visit regime of my daughter Carla.
– But what are you telling me? -I could not believe it.
-They want to take the girl away from me.
-Amenázalas, pussy. Without cutting a hair. Nobody, I repeat, no one can interpose in your tutelary function as a father. Not even a judge can decide who the girl should be with or not, unless you are a criminal, a drug addict, a batterer or a pedophile. Not even a judge. Custody and parental authority correspond to you one hundred percent.
-Are you sure about that?
– Do not fuck, Antonio. I am a lawyer. Your daughter is your daughter. Another thing is that you decide not to take her away from her grandmother and her aunt. I advise you not to separate Carla far from her mother’s family. For their education and for their emotional stability. You are alone in this. It will not come to you badly that they give you a hand. But of regime of visits regulated, tell them that neither to dream it. Do not even sit down to negotiate.
It was the last time I spoke with Antonio Vigo. Although I think things were done as I recommended. And I calculate that Letizia grabbed a good piss.

A family that allowed itself to be overwhelmed and destroyed in silence, without complaint, by a ridiculous sense of state or something like that. A family that no longer exists.

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