Consume Y Calla. Alimentos Y Cosméticos Que Enriquecen A La Industria Y No Mejoran Nuestra Salud — Ana Isabel Gutiérrez Salegui / Consume And Shut Up. Foods And Cosmetics That Enrich The Industry And Do Not Improve Our Healthby Ana Isabel Gutiérrez Salegui (spanish book edition)

Muy bueno y recomendable. Pone de manifiesto aquello que algunos saben, otros intuyen y otros más deberían saber: que no es oro todo lo que reluce en el mundo de la publicidad aplicada al consumo. Un libro muy bien documentado, denso, y con referencias normativas para justificar lo que se explica. te abre los ojos sobre muchos productos , que se han instaurado en nuestra vida y en realidad son un engaño y una estafa.
Lo comencé con cierto escepticismo, esperando un nuevo libro sobre nutrición sobre si este alimento es bueno, aquel malo, si éste engorda, el otro no, etc, pero, para mi sorpresa, el enfoque del libro es mucho más amplio y ofrece una perspectiva nueva y sorprendente sobre nuestros hábitos de consumo y sobre cómo somos manipulados por la mercadotecnia de las grandes compañías.
Quizá lo que más me ha gustado del libro es cómo esta documentado: en todos los capítulos encuentras una gran cantidad de información concreta y documentada; de esa que hace que te preguntes: ¿cómo es posible que esto no lo conozca la gente?
En fin, se lo recomiendo a todo aquel que le guste estar informado y, sobre todo, a todos aquellos a los que les preocupa lo que consumen sus hijos.

A pesar de que todo el mundo está convencido de que vivimos en la «Sociedad de la Información», en materia de nutrición, alimentación y salud, los tiempos actuales se podrían describir mejor como la «sociedad de la confusión».
Sin embargo, «hecha la Ley, hecha la trampa». Los resquicios para bordear la legalidad en materia de publicidad desarrollados por las empresas hacen que, aunque el mensaje emitido se ajuste perfectamente a la normativa, el mensaje percibido sea diferente. No en vano, la publicidad se nutre de la psicología.
El culto al cuerpo, que como todo culto funciona como una religión, nos tiene ocupados de la mañana a la noche.
Nos levantamos tomando en ayunas un vaso de pócima «detox» –la última moda para decir desintoxicante, sea lo que sea de lo que estemos intoxicados– con limón, perejil, bayas de goyi y lo que se les ocurra que es rico en «antioxidantes» –porque, además de intoxicados, estamos oxidados.
Nada más lejos de mi intención que hablar mal de hacer deporte, lo que estoy criticando es sufrir haciéndolo. Mucha gente, en lugar de elegir actividades deportivas que les diviertan, optan por aquellas que les han asegurado que provocan una mayor pérdida de peso o el cambio de alguna zona concreta del cuerpo. Supeditan la elección de qué hacer en su tiempo libre a ese objetivo, dejando a un lado la parte social y lúdica del deporte. Y sufren.
Ahora el mundo se divide en gordos y delgados. Se ha pasado de la perfección moral a la perfección física. Y aunque la primera era esclavista en sus pautas, la segunda, además de esclavista, supone un riesgo para la salud física y mental. Y las autoridades sanitarias sin advertírnoslo.
Mientras tanto, ¿qué estaba ocurriendo con los hombres? Los hombres, que en un principio observaban desde un papel meramente espectador estos cambios, en lugar de cuestionar este modelo de vida y plantear críticas a lo que hacían con su salud la mayoría de las mujeres que les rodeaban, sus madres, hermanas, esposas e hijas, entre otras, han sido abducidos poco a poco por la misma locura social, adquiriendo con el tiempo iguales obsesiones y parecidas conductas.

Nadie pensaba en carencias nutricionales, prevenir el colesterol, aportar nutrientes esenciales y mucho menos en si estaban cubiertas las necesidades diarias recomendadas.
Curiosamente, la obesidad, el colesterol, la hipertensión arterial, la diabetes o los trastornos alimentarios como la anorexia y la bulimia, esas enfermedades que hoy nos azotan a modo de pandemia, eran muchísimo menos frecuentes que ahora.
La incorporación de la mujer al trabajo y el crecimiento horizontal de las grandes urbes hacia «ciudades dormitorio» hicieron de la gestión del tiempo una cuestión primordial.
Empezaron a mudar las costumbres hogareñas. Ya no se podía ir al mercado todos los días, había que optimizar ese tiempo tan escaso. Avanzó el terreno de los conservantes y se comenzó a hacer la compra para toda la semana. Las fresqueras quedaron obsoletas y los frigoríficos empezaron a tener cada vez más espacio para los congeladores. En muchas casas, las familias instalaron, adicionalmente, arcones frigoríficos. Muchas de ellas pasaron a hacer la compra una vez al mes. Eso suponía añadir más conservantes para que los productos duraran más tiempo.
Pero el tiempo era oro. Así que surgió un nuevo mercado –«Si no tienes tiempo para hacerlo tú mismo, te lo vendemos ya hecho»–: bollería, derivados de lácteos, comidas precocinadas, preparados deshidratados. La comodidad se instaló en las cocinas.

Aunque parezca la prehistoria de la publicidad, ya en 1968 la campaña de «Chocolate con leche. Nestlé extrafino. Un gran va­so de leche en cada tableta» inundaba las pantallas utilizando estos mismos trucos.
[…] se basaba en una idea tan sencilla como eficaz: la leche es sana y el chocolate también y las tabletas de chocolate Nestlé Extrafino están hechas con un vaso de leche cada una.
El argumento era tan racional y convincente que no había madre que se resistiese a comprar tan dulce y sano alimento para sus hijos, teniendo en cuenta que todas ellas habían aprendido en las décadas anteriores los serios problemas de la desnutrición.
Como señala José Ramón Alonso en su libro La nariz de Charles Darwin y otras historias de la neurociencia:
En 1961, el equipamiento de la «Barbie canguro» venía con un libro titulado Cómo perder peso que incluía el siguiente consejo: no comas. En 1965, otro paquete de accesorios llamado «Fiesta de pijamas» incluía el mismo libro y una báscula rosa que marcaba 50 kilos, lo que sería 16 kilogramos menos de lo que debería pesar una persona de su altura (1,75 m).
Si se fijan, hasta las muñecas infantiles pasaron por una evolución similar a las imágenes publicitarias de las mujeres «reales». De la bastante saludable Nancy a Betty Spaghetty o a las hipersexualizadas Bratz con sus cinturas imposibles y sus labios como salchichas de Frankfurt, sin olvidar a la ya nombrada estrella mundial de los juguetes para niñas, Barbie.
No hay que demonizar, pero sí hay que ser conscientes de que todo, absolutamente todo, influye.

La manipulación de los microbióticos del intestino –mediante la administración de probióticos y antibióticos– lleva cincuenta años practicándose para el engorde de animales de granja y está regulada en Estados Unidos por la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA) y en Europa por la Comisión Europea.
Entre los probióticos empleados con dicho propósito en la ganadería se encuentran los productos que contienen Firmicutes, en particular el Lactobacilo spp, la Bifidobacteria spp y el Enterococo spp.
Estos productos han sido comercializados y utilizados en la mayor parte de la industria ganadera, incluida la producción de pollos, terneras y cerdos, y muchos estudios han demostrado incrementos de tamaño y de peso de los animales jóvenes a los que se ha administrado dichos aditivos bacterianos […]
[…] En Estados Unidos, la FDA clasifica estos productos con la etiqueta de «en general considerados seguros» […]
Los análisis llevados a cabo en estos productos demostraron que contienen elevadas concentraciones de Lactobacilos ssp y Bifidobacterias ssp vivos (hasta un 108 de organismos por gramo o mililitro). Estas concentraciones son similares a las que se emplean con animales para potenciar el crecimiento.
En Estados Unidos, los productos que contienen probióticos, como las bebidas lácteas o los yogures suelen contener[…]
Existe el peligro de que provoquemos un verdadero problema de salud humana al promover para el consumo humano unos productos que contienen bacterias que se han asociado con el aumento de peso en la industria ganadera.
Todo compuesto químico que tuviera ese efecto secundario en los animales experimentales debería ser sometido a pruebas rigurosas antes de recibir el visto bueno para que se incorporase a los alimentos.
Considero que, antes de que podamos declarar seguros los productos probióticos y prebióticos, es imperativo probarlos en modelos experimentales que evalúen en qué grado son propensos a causar obesidad en seres humanos.
El Advertising Standars Authority (ASA) es un organismo británico de autorregulación creado por la industria de la publicidad. Tras reiteradas quejas por parte de asociaciones de consumidores, este organismo decidió solicitar a Actimel que aportara la documentación científica que avalaba el eslogan «Actimel ayuda a mantener las defensas de tus hijos, hecho científicamente probado».
El ASA concluyó, tras revisar los estudios, que ninguno probaba la afirmación hecha por Danone.

Dieta es simple y llanamente aquello que comemos de forma habitual. Y puede ser más o menos adecuada y saludable. Así, cuando se dice «la dieta de un orangután se compone de…», lo que vamos a escuchar seguidamente es el tipo de alimentos y las cantidades que ingiere dicho animal en un día, en una semana, en un mes, etcétera.
La confusión entre «dieta» y seguir un «régimen alimenticio diseñado para adelgazar» proviene en gran medida de los médicos de familia, que, cuando aparecía alguien con problemas de sobrepeso, obesidad, colesterol o similares, le decían: «Vamos a tener que hacer una dieta», seguido muchas veces por «Tienes que empezar a comer sano».
El resultado general de todo este batiburrillo fue que la gente en­­tendió que «la comida de enfermo era comer sano». También en­ten­dió que «todas las grasas eran malas», mientras que los alimentos «bajos en grasas» eran sanos. Pero, como vamos a ver, bajo en grasas no tiene por qué ser «bajo en calorías», ya que pueden llevarlas en forma de azúcares.
La malnutrición aparece cuando el cuerpo no recibe la cantidad de nutrientes que necesita para mantener el equilibrio y el buen funcionamiento del organismo.
Los alimentos contienen «elementos». Alimentarse es elegir lo que vamos a comer. Nutrirse es que esos alimentos sean los adecuados para nuestro organismo y para garantizar nuestra salud.
Dado que alimentarse y nutrirse no es lo mismo, una persona puede estar alimentada pero no bien nutrida.

Independientemente de la veracidad de las afirmaciones, hay que ser licenciado en Bioquímica o Medicina para poder comprender el significado de muchos de los reclamos publicitarios que vemos, oímos o leemos. Y mientras el Tribunal habla de la capacidad para poder tomar decisiones en base a la información emitida, yo me estoy refiriendo a algo mucho más básico: entender lo que nos están diciendo.
Esa misma Ley prohíbe expresamente la publicidad engañosa y, tal como ya hemos visto, la describe de la siguiente manera:
Se considera desleal por engañosa cualquier conducta que contenga información falsa o información que, aun siendo veraz, por su contenido o presentación induzca o pueda inducir a error a los destinatarios, siendo susceptible de alterar su comportamiento económico.

La prohibición se extiende, por tanto, a toda forma de comunicación que pueda calificarse como publicidad económica o comercial, con independencia de la modalidad de difusión del mensaje publicitario y de los medios o soportes que se utilicen.
El elemento decisivo para que una publicidad se considere engañosa es que induzca o pueda inducir a error a sus destinatarios. También es engañosa la publicidad que, aunque considerada en abstracto pueda ser exacta, los consumidores interpreten erróneamente. Como ven, no abarca solamente lo que literalmente diga el anuncio, sino también las interpretaciones erróneas que los consumidores puedan hacer. Y aquí se abre un mundo, ya que muchas veces el mensaje no está en la palabra dicha o escrita, sino en la imagen o en otros recursos aún más subliminales.
La publicidad engañosa, por omisión o silencio del anunciante, debe incluirse entre las omisiones engañosas en general (art. 7 LCD). De este modo, sería publicidad de este tipo

la omisión u ocultación de la información necesaria para que el destinatario adopte o pueda adoptar una decisión relativa a su comportamiento económico con el debido conocimiento de causa, así como la información poco clara, inintelegible, ambigua o que no se ofrece en el momento adecuado (art. 7.1 LCD).
Algunos anuncios son poco claros, otros son ambiguos, pero de lo que sí pecan muchos de ellos es de ser ininteligibles. Y algunos impronunciables.
Igualmente, cuando ponen algo como «Cuide su corazón» o «Proteja su sistema inmunitario», le están diciendo literalmente eso. Que lo cuide. No que el producto que tiene delante ayude a cuidarlo.
O la estrategia del despiste. Grandes letras que pregonan « 0% de materia grasa», en cuyo caso les sugiero que se vayan a mirar las cantidades de azúcar. Y viceversa.
En los anuncios, envases o eslóganes, ninguna palabra está escogida al azar; y, si no entienden alguna, preocúpense de buscarla. A lo mejor se sorprenden y se indignan a partes iguales.
Y no. No es que seamos tontos, es que se esfuerzan por confundirnos.

¿A qué se debe esta revolución alimentaria? Por un lado, gracias a la globalización y a la tecnología, ahora disponemos de alimentos de todo el mundo y en cualquier época del año. Y también a unos transportes rápidos y eficaces que pueden atravesar el planeta si usted puede pagarlo. ¿Quiere carne de foca fresca? ¿Aleta de tiburón? ¿Ostras de Bretaña? Seguro que hay alguien que puede traérselo en un tiempo récord.
Y una última cuestión: ¿por qué les estoy hablando de esto? Porque lo común es que tendamos a comer siempre los alimentos a los que nos hayan habituado en la infancia, siendo la gastronomía y la alimentación unas cuestiones bastante poco variables, en ausencia de invasión de otra cultura.
Los hábitos infantiles nos condicionan la educación a los sabores; es bastante difícil para un español hacerse a comer constantemente platos de otras latitudes.
En resumen, cualquier comida que no es «la nuestra» nos cansa si nos vemos obligados a comerla muy frecuentemente. El hábito en el sentido del gusto se desarrolla durante la primera infancia. Y éste es un punto sobre el que volveremos más adelante. Cuando somos adultos, pocas motivaciones nos llevan a aceptar nue­vos sabores y menos a introducir en nuestra dieta habitual nue­vos alimentos, solamente la necesidad, la curiosidad, el esnobismo y la salud.
Las prescripciones sobre salud influyen en algo fundamental, la predisposición de la gente a introducir esos alimentos nuevos en su dieta. Algo bastante infrecuente, ya que somos animales de costumbres, pero el nutricionismo del siglo xx ha conseguido que consumamos bayas de Goyi, té rojo, verde y blanco en un país fundamentalmente cafetero, leche de soja, seitán, tofu y algas. Y el día que a estas empresas se les antoje, nos veremos comiendo raíces de banano o rabo de pingüino si nos venden que, consumiéndolos, vamos a vivir más y más sanos.
Consumimos menos omega 3 de lo que deberíamos. El omega 3 está fundamentalmente en el pescado azul. Por lo tanto… beban leche. Groucho Marx no lo habría hecho mejor.
Sigamos: «el nivel ideal de ácidos grasos omega 3 es el 1% de la energía total (lo que equivale a unos 100 g de pescado diario)». A mí, tomar 200 gramos de pescado cada dos días no me parece una idea tan descabellada; de hecho, me resulta una dieta de lo más apetecible. ¿Saben cuántos litros de leche enriquecida con omega 3 debo tomar para alcanzar esa misma cantidad? Se lo digo yo: entre dos y seis litros diarios.
Por otro lado, la medicina es un mundo cambiante, sujeto a nuevos descubrimientos, revisiones de estudios y avances tecnológicos.
Las autoridades sanitarias y sociedades científicas vienen recomendando la inclusión de ácidos grasos omega 3 –los que se encuentran en los pescados azules, como el salmón o la sardina– en la dieta para prevenir las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, una exhaustiva revisión que acaba de publicar el British Medical Journal (BMJ) no ha conseguido demostrar que el consumo de estos micronutrientes consiga reducir la mortalidad ni los problemas cardiovasculares. Se trata de una evaluación minuciosa de todos los trabajos científicos publicados hasta la fecha sobre ácidos grasos omega 3.

Anuncio.
El Revidox es un complemento nutricional que contiene resveratrol.
Hasta ahora se sabía que esta sustancia principal del vino era un buen antioxidante y que podría disminuir los niveles de LDL (colesterol malo) y aumentar el HDL (colesterol bueno), siendo el vino una de las bases de la dieta mediterránea.
El resveratrol es una fitoalexina presente en las uvas y en productos derivados como vino, mosto, etc., y en otros alimentos como las ostras, el cacahuete y las nueces. Posee propiedades antioxidantes y anticancerígenas que prolongan la longevidad de las células. Por tanto, los alimentos y bebidas que contienen esta sustancia se consideran como saludables o recomendables para la salud.
Estudios recientes han revelado que esta sustancia es también beneficiosa en el tratamiento de la obesidad.

La realidad: observaciones e incumplimientos según CEACCU
Se incumple la legislación sobre complementos alimenticios (RD 1487/2009 de complementos alimenticios, Art. 5.4; Reglamento [CE] 1924/2006 relativo a las declaraciones nutricionales y propiedades saludables en los alimentos), ya que en la publicidad se incorporan declaraciones terapéuticas al referirse a la eficacia del producto en el tratamiento de enfermedades como el cáncer.
Se incorporan, además, declaraciones saludables engañosas, ya que EFSA descarta la capacidad antioxidante y de prevención del envejecimiento del ingrediente «resveratrol» a dosis nutricionales.
La caja de 30 cápsulas de Revidox cuesta unos 20 euros. A cápsula diaria estaríamos hablando de unos 240 euros al año, nada menos.

Recuerda:
1. Los suplementos de vitaminas (y minerales) no deberían utilizarse nunca para compensar una mala elección de alimentos. Revisa tu alimentación y déjate de «tecnicismos».
2. No es buena idea que si no estás especializado en el tema hagas un autodiagnóstico de tus necesidades vitamínicas o posibles deficiencias basándote en lo que puedas leer en internet. Confía en los profesionales especializados.
3. No vas a obtener ni a producir más energía o a sentirte «más vital» por tomar un suplemento.
4. El establecer vínculos entre cansancio, estrés, falta de rendimiento, etc., y la «necesidad» de suplementos suele ser propio de una estrategia de venta interesada y poco o nada realista. Establece una pauta dietética adecuada, haz ejercicio, descansa y tómate tu tiempo para relajarte.
5. Entra dentro de lo posible que puedas comer algún vegetal con menos vitamina C (por decir algo) que antaño. Pero afortunadamente será un caso aislado y, como ya sabemos que comes de una adecuada y variada oferta de alimentos, esto carece de la menor importancia en términos generales.
6. Los suplementos, por muchos que tomes, nunca compensan las agresiones que realices sobre tu salud con el alcohol o el tabaco, por poco que los uses.
7. Si eres una persona con riesgo aumentado en relación con la posibilidad de sufrir un déficit nutricional (edad avanzada, mujer embarazada, síndromes malabsortivos.
8. Y si no es así, más valdría revisar tu cesta de la compra antes que tu botiquín.

El estudio de CEACCU sobre el impacto en el precio de los «alimentos funcionales» (117) concluía así:
El derecho a la protección de los intereses económicos del consumidor se encuentra vulnerado al comprobar el enorme incremento de precio que experimentan los alimentos funcionales, en algunos casos cercano al 200%, en relación a sus alimentos tradicionales de referencia.
No parece justificado tal aumento de precio cuando la mayoría de los ingredientes añadidos se encuentran de forma natural en alimentos tradicionales y más aún cuando lo que se vende en muchos casos es la idea de salud.

Cercano al 200%, o sea, que si ustedes compraran alimentos normales que contienen, incluso en mayor cantidad, los nutrientes que publicitan las multinacionales, podrían dedicar el doble del dinero que dedican a estos alimentos, a otros conceptos que les aportarían mucha más satisfacción que tener determinadas marcas en la nevera, como el ocio, por ejemplo.
Esa descomunal diferencia de precio es una de las razones por la cual el mercado de los alimentos funcionales cerró el ejercicio del 2011, ya en plena crisis económica, con unos ingresos de 2.900 millones de euros, y todo por hacernos creer que son «buenos para algo»…
Así que, si los alimentos normales –y llamamos normales a la fru­ta, a la verdura, a la leche normal, a los huevos sin cosas, a la carne y al pescado– tienen esos componentes en mucha más cantidad, es probable que aportemos mucha más salud a nuestro organismo por mucho menos dinero.

Comer de todo les asegura no tener que recurrir a esos complementos que encarecerían aún más su gasto mensual. Y, de rebote, a lo mejor conseguimos un objetivo utópico: si las empresas ya no nos pueden tomar el pelo con engañifas, es posible que se planteen que la forma de atraer al consumidor es dándole, de una vez, calidad.

¿Cómo nos afecta esta sobredosis de publicidad? El bombardeo sobre cosmética nos enseña desde niños la importancia de la perfección física, y esto es un mensaje nocivo para cualquiera, independientemente de que su genética le haya premiado con un ajuste más o menos cercano a los cánones. Todo el mundo tiene imperfecciones, y eso es lo bello de los seres vivos, ninguno es igual a otro. De hecho, esta diversidad protege frente a problemas genéticos. Pero ése es otro tema.
La cuestión está en cómo la publicidad nos imprime desde pequeños un estereotipo insano, sobre todo si las maneras de conseguirlo son la mala alimentación, la cirugía y el consumo indiscriminado de todo tipo de pociones, por fuera o por dentro, y me refiero a cualquier clase de cremas y a la recientemente inventada nutricosmética.
La empresa Dove, que en su momento fue muy aplaudida por denunciar los excesos del photoshop y apelar a «la belleza real», ha realizado un nuevo, y muy recomendable vídeo, titulado On­slaught (Avalancha). El mensaje esta vez es: «Habla con tu hija antes de que la industria cosmética lo haga». Y, sinceramente, yo seguiría su consejo.

1. Las cremas con efecto láser, lifting o botox no funcionan. Ante los enormes avances científicos que ha tenido la dermatología estética en los últimos 10 años, las casas de cosméticos utilizan palabras como «láser», «peeling» o «botoxlike» para definir sus productos, aunque evidentemente es más una estrategia de marketing que una realidad científica.
No existe una crema cosmética que contenga toxina botulínica, no hay cremas que tengan efectos láser, una crema no puede tener un efecto lifting ni puede conseguir efectos similares a una dermabrasión.
2. Las cremas con el nombre de un médico/dermatólogo no tienen por qué ser mejores. Hoy se tiende a «personalizar» los tratamientos, incluidos los cosméticos. Si, además, un dermatólogo pone su nombre detrás de una línea de cosméticos, parece que el producto es más eficaz. Pero la realidad es que no. De hecho, la mayor parte de las grandes compañías cosméticas tienen dermatólogos como asesores.
3. Para usar buenos cosméticos, no hace falta gastarse mucho. Todos sabemos que los efectos de los cosméticos son limitados. Ninguna crema es capaz de reafirmar, ni de eliminar una arruga. Por ello los cosméticos nos deben proteger del sol, hidratar y nutrir la piel, ser agradables en la aplicación y no producir efectos secundarios. Para conseguir esto, no es necesario gastarse mucho. Nosotros recomendamos con frecuencia incluso la vaselina pura como hidratante para zonas específicas de la piel.
4. Las cremas «naturales» o «de herbolario» no producen menos alergias. Por lo general suele ser al revés. Estos productos suelen pasar menos controles sanitarios. Los cosméticos de casas conocidas que compramos en farmacias o grandes almacenes, suelen invertir más en estudios para conseguir productos más hipoalergénicos. La cicuta también es natural y deriva de una planta.
5. El ácido retinoico es 100 veces más efectivo que el reti­nol. Ambos son derivados de la vitamina A, pero el ácido retinoico es mucho más efectivo que el retinol, aunque irrita más. Hay numerosos estudios que demuestran que el ácido retinoico mejora la textura de la piel atenuando arrugas superficiales y manchas. El retinol, que irrita mucho menos que el retinoico y es más agradable al aplicarlo, es mucho menos eficaz. En muchas publicaciones aparecen ambas moléculas como sinónimas, pero tienen una eficacia muy diferente. De hecho, hay pocos estudios que demuestren el papel del retinol en el envejecimiento cutáneo y miles que demuestran la eficacia del ácido retinoico.
6. Los nutricosméticos (la toma de vitaminas por boca para mejorar la piel) tienen mucho de marketing y poco de evidencia científica. A pesar de que vivimos un bombardeo de publicidad para que tomemos productos orales para mejorar la piel, no está demostrado que en personas sanas ejerza ningún efecto positivo. Incluso está demostrado que la toma de excesivos antioxidantes orales puede ser perjudicial para la salud. Está claro que envejecemos porque nos oxidamos, pero no está claro que por tomar antioxidantes envejezcamos menos.
7. Los fotoprotectores orales no son esenciales para una buena protección solar. También está de moda decir que debemos tomar pastillas para protegernos del sol. Aunque es cierto que este tipo de compuestos ha demostrado tener una cierta capacidad de «protegernos» frente a los efectos dañinos de la radiación ultravioleta, este efecto es mínimo.
8. Las cremas antiestrías no funcionan. El único producto que ha demostrado su eficacia contra las estrías es el ácido retinoico, ya que es capaz de generar nuevo colágeno, que es lo que necesita una estría para mejorar. Las cremas antiestrías que se venden actualmente no han demostrado aportar mayor beneficio que una crema hidratante normal.
9. Las cremas anticelulíticas o reductoras de grasa no funcionan. El 99% de las mujeres tienen celulitis. Desgraciadamente, no hay ningún producto cosmético que la mejore. De hecho, los dermatólogos, con toda nuestra tecnología moderna, no contamos con ninguna técnica que realmente la mejore. Tampoco se ha demostrado que una crema sea capaz de reducir la grasa.
10. Las cremas con veneno de serpiente, baba de caracol, aceite de rosa mosqueta o caviar están sobrevaloradas. Estas cremas, que tan de moda se han puesto, no eliminan las arrugas ni cicatrices, puesto que no son capaces de atravesar la capa superficial de la piel. Por lo tanto, no suponen ningún avance en el tratamiento tópico del envejecimiento.

El exceso de vitaminas:
La sobredosis de multivitamínicos se presenta cuando alguien accidental o intencionalmente toma más de la cantidad normal o recomendada de suplementos vitamínicos.
Cualquier ingrediente en un suplemento multivitamínico puede ser tóxico en grandes cantidades, pero el riesgo más serio proviene del hierro o el calcio
Una gran variedad de suplementos multivitamínicos son de venta libre.

Very good and recommendable It shows what some know, others intuit and others should know: that everything that shines in the world of advertising applied to consumption is not gold. A book very well documented, dense, and with normative references to justify what is explained. It opens your eyes on many products, which have been established in our lives and are actually a hoax and a scam.
I started with some skepticism, waiting for a new book on nutrition on whether this food is good, that bad, if it is fattening, the other is not, etc, but, to my surprise, the focus of the book is much broader and offers a perspective new and surprising about our consumption habits and how we are manipulated by the marketing of large companies.
Perhaps what I liked most about the book is how it is documented: in all the chapters you find a large amount of concrete and documented information; of that which makes you wonder: how is it possible that this is not known to the people?
Anyway, I recommend it to anyone who likes to be informed and, above all, all those who care about what their children consume.

Although everyone is convinced that we live in the “Information Society”, in terms of nutrition, food and health, the current times could best be described as the “society of confusion”.
However, “made the Law, made the trap”. The loopholes to border the legality in the matter of publicity developed by the companies do that, although the emitted message fits perfectly to the normative, the message perceived is different. Not in vain, advertising is nourished by psychology.
The cult to the body, that like all cult works like a religion, has occupied to us of the morning to the night.
We get up on an empty stomach a glass of detox potion -the latest fad to say detoxifying, whatever we are intoxicated- with lemon, parsley, goji berries and whatever comes to mind that is rich in «antioxidants »-because, in addition to intoxicated, we are oxidized.
Nothing is further from my intention than to speak ill of sports, what I am criticizing is suffering doing it. Many people, instead of choosing sporting activities that amuse them, opt for those that have assured them that they cause a greater weight loss or the change of a specific area of ​​the body. They subordinate the choice of what to do in their free time to that goal, leaving aside the social and playful part of sport. And they suffer.
Now the world is divided into fat and thin. It has gone from moral perfection to physical perfection. And although the former was enslaved in its guidelines, the latter, in addition to being a slave, poses a risk to physical and mental health. And the health authorities without warning us.
Meanwhile, what was happening with the men? The men, who initially observed these changes from a merely spectator role, instead of questioning this model of life and raising criticisms of what most of the women around them did with their health, their mothers, sisters, wives and daughters, among others, have been abducted little by little by the same social madness, acquiring over time equal obsessions and similar behaviors.

Nobody thought about nutritional deficiencies, preventing cholesterol, providing essential nutrients, much less if the recommended daily needs were met.
Interestingly, obesity, cholesterol, high blood pressure, diabetes or eating disorders such as anorexia and bulimia, those diseases that hit us today as a pandemic, were much less frequent than now.
The incorporation of women into work and the horizontal growth of large cities towards “dormitory cities” made time management a prime issue.
They began to change the home customs. You could not go to the market every day, you had to optimize that little time. The field of preservatives advanced and the purchase began for the whole week. The slicers were obsolete and the refrigerators began to have more and more space for freezers. In many houses, families also installed refrigerated cabinets. Many of them went on to make the purchase once a month. That meant adding more preservatives so that the products would last longer.
But time was gold. So a new market emerged – “If you do not have time to do it yourself, we sell it to you already made” -: pastries, dairy products, precooked meals, dehydrated preparations. The comfort was installed in the kitchens.

Although it seems the prehistory of advertising, already in 1968 the campaign of «Chocolate con leche. Nestle extrafine. A large glass of milk in each tablet »flooded the screens using these same tricks.
[…] it was based on an idea as simple as it is effective: milk is healthy and chocolate also and Nestlé Extrafino chocolate bars are made with a glass of milk each.
The argument was so rational and convincing that there was no mother who refused to buy such sweet and healthy food for their children, considering that all of them had learned in the previous decades the serious problems of malnutrition.
As José Ramón Alonso points out in his book The nose of Charles Darwin and other histories of neuroscience:
In 1961, the equipment of the “Barbie Kangaroo” came with a book entitled How to lose weight that included the following advice: do not eat. In 1965, another set of accessories called “Pajamas Party” included the same book and a pink scale that marked 50 kilos, which would be 16 kilograms less than a person should weigh its height (1.75 m).
If you look, even the children’s dolls went through an evolution similar to the advertising images of “real” women. From the healthy enough Nancy to Betty Spaghetty or the hypersexualized Bratz with their impossible waistlines and their lips like Frankfurters, without forgetting the already mentioned world star of the toys for girls, Barbie.
You do not have to demonize, but you have to be aware that everything, absolutely everything, influences.

The manipulation of intestinal microbiotics – through the administration of probiotics and antibiotics – has been practiced for the fattening of farm animals for fifty years and is regulated in the United States by the Food and Drug Administration (FDA) and in Europe by the European Commission. .
Among the probiotics used for this purpose in livestock are products containing Firmicutes, in particular Lactobacillus spp, Bifidobacteria spp and Enterococcus spp.
These products have been marketed and used in most of the livestock industry, including the production of chickens, calves and pigs, and many studies have shown increases in size and weight of the young animals to which said bacterial additives have been administered. […]
[…] In the United States, the FDA classifies these products with the label “generally considered safe” […]
The analyzes carried out on these products showed that they contain high concentrations of Lactobacillus ssp and Bifidobacteria ssp alive (up to 108 organisms per gram or milliliter). These concentrations are similar to those used with animals to enhance growth.
In the United States, products that contain probiotics, such as milk drinks or yoghurts, usually contain […]
There is a danger that we will cause a real human health problem by promoting products that contain bacteria that have been associated with weight gain in the livestock industry for human consumption.
Any chemical compound that had that side effect in experimental animals should be subjected to rigorous testing before being approved for incorporation into food.
I believe that, before we can declare probiotic and prebiotic products safe, it is imperative to test them in experimental models that assess the degree to which they are prone to cause obesity in humans.
The Advertising Standars Authority (ASA) is a British self-regulatory body created by the advertising industry. After repeated complaints from consumer associations, this body decided to ask Actimel to provide the scientific documentation that endorsed the slogan “Actimel helps maintain the defenses of your children, scientifically proven fact.”
The ASA concluded, after reviewing the studies, that none proved the claim made by Danone.

Diet is simply and simply what we eat on a regular basis. And it can be more or less adequate and healthy. Thus, when it says “the diet of an orangutan consists of …”, what we are going to listen to next is the type of food and the amounts that the animal ingests in a day, in a week, in a month, etc. .
The confusion between “diet” and following a “diet designed to lose weight” comes largely from family doctors, who, when someone appeared with problems of overweight, obesity, cholesterol or the like, said: “We are going to have to make a diet », often followed by« You have to start eating healthy ».
The overall result of all this hodgepodge was that people understood that “sick food was healthy eating.” He also understood that “all fats were bad”, while “low fat” foods were healthy. But, as we are going to see, low fat does not have to be “low in calories”, because they can take them in the form of sugars.
Malnutrition occurs when the body does not receive the amount of nutrients it needs to maintain balance and proper functioning of the body.
Foods contain “elements.” Eating is choosing what we are going to eat. To be nourished is that those foods are the adequate ones for our organism and to guarantee our health.
Since feeding and nourishing is not the same, a person may be fed but not well nourished.

Regardless of the truth of the statements, you must be licensed in Biochemistry or Medicine to understand the meaning of many of the advertising claims we see, hear or read. And while the Tribunal talks about the ability to make decisions based on the information issued, I am referring to something much more basic: understand what they are telling us.
That same Law expressly prohibits deceptive advertising and, as we have seen, describes it as follows:
Any conduct that contains false information or information that, although being truthful, due to its content or presentation, induces or could mislead the recipients, is considered disloyal because it is misleading, being susceptible to alter its economic behavior.

The prohibition extends, therefore, to any form of communication that can be described as economic or commercial advertising, regardless of the mode of dissemination of the advertising message and the media or media used.
The decisive element for an advertising to be considered deceptive is that it induces or may mislead its addressees. It is also misleading advertising that, although considered in the abstract can be accurate, consumers misinterpret. As you can see, it does not only cover what the advertisement literally says, but also the misconceptions that consumers can make. And here a world opens up, since many times the message is not in the spoken or written word, but in the image or in other even more subliminal resources.
Misleading advertising, by omission or silence of the advertiser, must be included among the deceptive omissions in general (Article 7 LCD). In this way, it would be advertising of this type

the omission or concealment of the information necessary for the recipient to adopt or be able to adopt a decision regarding their economic behavior with due knowledge of the cause, as well as information that is unclear, unintelligible, ambiguous or that is not offered at the appropriate time ( Article 7.1 LCD).
Some ads are unclear, others are ambiguous, but what many of them do are unintelligible. And some unpronounceable.
Likewise, when they put something like “Take care of your heart” or “Protect your immune system,” they’re literally saying that. Take care of him Not that the product in front helps to take care of it.
Or the strategy of dismissal. Large letters that proclaim “0% fat”, in which case I suggest you look at the amounts of sugar. And vice versa.
In advertisements, packaging or slogans, no words are chosen at random; and, if they do not understand some, worry about looking for it. Maybe they are surprised and outraged in equal parts.
And not. It is not that we are fools, it is that they strive to confuse us.

Why this food revolution? On the one hand, thanks to globalization and technology, we now have food from all over the world and at any time of the year. And also to fast and efficient transports that can cross the planet if you can afford it. Do you want fresh seal meat? Shark fin? Oysters of Brittany? Surely there is someone who can bring it to you in record time.
And one last question: why am I talking about this? Because the common thing is that we tend to always eat the foods that we have become accustomed to in childhood, being gastronomy and food a few issues quite variable, in the absence of invasion of another culture.
Infantile habits condition education to flavors; It is quite difficult for a Spaniard to eat dishes from other latitudes constantly.
In short, any food that is not “ours” tires us if we are forced to eat it very frequently. The habit in the sense of taste develops during early childhood. And this is a point on which we will return later. When we are adults, few motivations lead us to accept new flavors and less to introduce new foods in our habitual diet, only the need, curiosity, snobbery and health.
The prescriptions on health influence something fundamental, the predisposition of the people to introduce those new foods in their diet. Something quite infrequent, since we are animals of customs, but the nutritionism of the twentieth century has managed to consume Goyi berries, red, green and white tea in a country mainly coffee, soy milk, seitan, tofu and seaweed. And the day that these companies wish, we will see ourselves eating banana roots or penguin’s tail if they sell us that, consuming them, we will live more and more healthy.
We consume less omega 3 than we should. The omega 3 is fundamentally in the blue fish. Therefore … drink milk. Groucho Marx would not have done better.
Let’s continue: «the ideal level of omega 3 fatty acids is 1% of the total energy (equivalent to about 100 g of fish per day)». To me, taking 200 grams of fish every two days does not seem like such an outlandish idea; In fact, I find it a most appetizing diet. Do you know how many liters of milk enriched with omega 3 I must take to reach that same amount? I’m telling you: between two and six liters a day.
On the other hand, medicine is a changing world, subject to new discoveries, reviews of studies and technological advances.
Health authorities and scientific societies have recommended the inclusion of omega 3 fatty acids – those found in blue fish, such as salmon or sardines – in the diet to prevent cardiovascular diseases. However, a comprehensive review just published by the British Medical Journal (BMJ) has failed to show that the consumption of these micronutrients can reduce mortality or cardiovascular problems. It is a thorough evaluation of all the scientific papers published to date on omega 3 fatty acids.

Ad.
Revidox is a nutritional supplement that contains resveratrol.
Until now it was known that this main substance of the wine was a good antioxidant and that it could lower the levels of LDL (bad cholesterol) and increase the HDL (good cholesterol), being the wine one of the bases of the Mediterranean diet.
Resveratrol is a phytoalexin present in grapes and derived products such as wine, must, etc., and in other foods such as oysters, peanuts and nuts. It has antioxidant and anticancer properties that prolong the longevity of cells. Therefore, foods and beverages containing this substance are considered healthy or recommended for health.
Recent studies have revealed that this substance is also beneficial in the treatment of obesity.

The reality: observations and non-compliance according to CEACCU
The legislation on food supplements is not complied with (RD 1487/2009 on food supplements, Art. 5.4, Regulation [CE] 1924/2006 relating to nutritional declarations and health properties in food), since in advertising, therapeutic statements are incorporated into refer to the efficacy of the product in the treatment of diseases such as cancer.
Furthermore, deceptive health claims are incorporated, since EFSA discards the antioxidant capacity and prevents the aging of the ingredient “resveratrol” at nutritional doses.
The box of 30 capsules of Revidox costs about 20 euros. A daily capsule we would be talking about 240 euros a year, nothing less.

Remember:
1. Vitamin (and mineral) supplements should never be used to compensate for poor food choices. Check your diet and stop “technicalities.”
2. It is not a good idea that if you are not specialized in the subject do a self-diagnosis of your vitamin needs or possible deficiencies based on what you can read on the internet. Trust the specialized professionals.
3. You will not get or produce more energy or feel “more vital” for taking a supplement.
4. Establishing links between tiredness, stress, lack of performance, etc., and the “need” for supplements is usually typical of an interested sales strategy and little or nothing realistic. Establish an adequate dietary pattern, exercise, rest and take your time to relax.
5. Go inside as much as possible that you can eat some vegetable with less vitamin C (to say something) than in the past. But fortunately it will be an isolated case and, as we already know that you eat from an adequate and varied supply of food, this is not of minor importance in general terms.
6. Supplements, however many you take, never compensate for the aggressions you make on your health with alcohol or tobacco, however little you use them.
7. If you are a person with increased risk in relation to the possibility of suffering a nutritional deficit (old age, pregnant woman, malabsorptive syndromes.
8. And if not, it would be better to check your shopping cart before your first-aid kit.

The CEACCU study on the impact on the price of “functional foods” (117) concluded as follows:
The right to the protection of the economic interests of the consumer is violated when verifying the enormous price increase experienced by functional foods, in some cases close to 200%, in relation to their traditional reference foods.
This increase in price does not seem justified when most of the added ingredients are found naturally in traditional foods and even more so when what is sold in many cases is the idea of ​​health.

Close to 200%, that is, if you buy normal foods that contain, even in greater quantity, the nutrients advertised by multinationals, could spend twice the money they spend on these foods, to other concepts that would bring much more satisfaction have certain brands in the fridge, such as leisure, for example.
This huge difference in price is one of the reasons why the functional food market closed the year of 2011, already in the middle of the economic crisis, with revenues of 2,900 million euros, and all for making us believe that they are “good for something”…
So, if normal foods – and we call normal fruit, vegetables, normal milk, eggs without things, meat and fish – have these components in much more, it is likely that we contribute much more health to our body for much less money.

Eating everything ensures that you do not have to resort to those supplements that would increase your monthly expenditure even more. And, rebounding, maybe we achieve a utopian goal: if companies can no longer make fun of us, it is possible that they think that the way to attract consumers is by giving them, once and for all, quality.

How does this overdose of advertising affect us? The bombardment on cosmetics teaches us from children the importance of physical perfection, and this is a message harmful to anyone, regardless of whether their genetics have awarded an adjustment more or less close to the canons. Everyone has imperfections, and that is the beauty of living beings, none is equal to another. In fact, this diversity protects against genetic problems. But that is another subject.
The question is how advertising from an unhealthy stereotype prints us, especially if the ways to get it are poor diet, surgery and indiscriminate consumption of all kinds of potions, outside or inside, and I mean any class of creams and the recently invented nutricosmetics.
The company Dove, which at the time was very applauded for denouncing the excesses of photoshop and appeal to “the real beauty”, has made a new, and highly recommended video, entitled Onslaught (Avalanche). The message this time is: “Talk to your daughter before the cosmetics industry does.” And, honestly, I would follow his advice.

1. The creams with laser effect, lifting or botox do not work. Given the enormous scientific advances that aesthetic dermatology has had in the last 10 years, cosmetics houses use words like “laser”, “peeling” or “botoxlike” to define their products, although it is clearly more a marketing strategy than a scientific reality.
There is no cosmetic cream that contains botulinum toxin, there are no creams that have laser effects, a cream can not have a lifting effect and can not achieve effects similar to a dermabrasion.
2. Creams with the name of a doctor / dermatologist do not have to be better. Today there is a tendency to “personalize” treatments, including cosmetics. If, in addition, a dermatologist puts his name behind a line of cosmetics, it seems that the product is more effective. But the reality is that no. In fact, most of the big cosmetic companies have dermatologists as consultants.
3. To use good cosmetics, you do not have to spend a lot. We all know that the effects of cosmetics are limited. No cream is able to reaffirm, nor to eliminate a wrinkle. Therefore cosmetics should protect us from the sun, moisturize and nourish the skin, be pleasant in the application and not produce side effects. To achieve this, it is not necessary to spend a lot. We often recommend even pure Vaseline as a moisturizer for specific areas of the skin.
4. “Natural” or “herbalist” creams produce no less allergies. It usually is the other way around. These products tend to undergo less sanitary controls. The cosmetics of well-known houses that we buy in pharmacies or department stores, usually invest more in studies to obtain more hypoallergenic products. Hemlock is also natural and derived from a plant.
5. Retinoic acid is 100 times more effective than retinol. Both are derivatives of vitamin A, but retinoic acid is much more effective than retinol, although it irritates more. There are numerous studies that show that retinoic acid improves the texture of the skin by attenuating superficial wrinkles and blemishes. Retinol, which irritates much less than retinoic acid and is more pleasant to apply, is much less effective. In many publications both molecules appear synonymous, but have a very different effectiveness. In fact, there are few studies that demonstrate the role of retinol in skin aging and thousands that demonstrate the efficacy of retinoic acid.
6. Nutricosmetics (taking vitamins by mouth to improve the skin) have a lot of marketing and little scientific evidence. Although we live in an advertising bombardment so that we take oral products to improve the skin, it has not been shown that in healthy people it exerts any positive effect. It has even been shown that taking too many oral antioxidants can be harmful to health. It is clear that we age because we oxidize, but it is not clear that by taking antioxidants we age less.
7. Oral sunscreens are not essential for good sun protection. It is also fashionable to say that we should take pills to protect ourselves from the sun. Although it is true that this type of compounds has been shown to have a certain ability to “protect” us from the harmful effects of ultraviolet radiation, this effect is minimal.
8. Anti-stretch creams do not work. The only product that has proven effective against stretch marks is retinoic acid, as it is capable of generating new collagen, which is what a stretch mark needs to improve. The antiestrías creams that are sold at the moment have not demonstrated to contribute major benefit that a normal hydrating cream.
9. Anti-cellulite or fat-reducing creams do not work. 99% of women have cellulite. Unfortunately, there is no cosmetic product that improves it. In fact, dermatologists, with all our modern technology, we do not have any technique that really improves it. Nor has it been shown that a cream is capable of reducing fat.
10. Creams with snake venom, snail slime, rosehip oil or caviar are overrated. These creams, which are so fashionable, do not eliminate wrinkles or scars, since they are not able to cross the superficial layer of the skin. Therefore, they do not imply any progress in the topical treatment of aging.
Excess vitamins:
Overdose of multivitamins occurs when someone accidentally or intentionally takes more than the normal or recommended amount of vitamin supplements.
Any ingredient in a multivitamin supplement can be toxic in large quantities, but the most serious risk comes from iron or calcium
A large variety of multivitamin supplements are available over the counter.

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