Goles Y Banderas. Fútbol E Identidades Nacionales En España — Alejandro Quiroga Fernández De Soto / Football and National Identities in Spain: The Strange Death of Don Quixote by Alejandro Fernández Quiroga De Soto

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Interesante obra. Este libro investiga el uso del fútbol para crear, configurar y reforzar identidades nacionales en España desde la restauración de la democracia en 1977. Para ello, nos centramos en la construcción, difusión y cuestionamiento de las narrativas nacionales en los medios de comunicación deportivos y, más en concreto, en la forma en la que la información futbolística se utiliza para fomentar los mitos, clichés y estereotipos nacionales españoles, vascos y catalanes en diferentes circunstancias históricas. La capacidad del deporte para facilitar la identificación colectiva está fuera de duda. El fútbol, en particular, es utilizado muy a menudo no sólo para reproducir las narrativas dominantes sobre identidades nacionales, sino también para rebatirlas.
Aborda tres ideas principales. La primera es que las narrativas nacionales están determinadas por el contexto histórico en el que se generan. Aquí son de particular importancia las interrelaciones entre los factores políticos, las transformaciones sociales y los cambios en los grandes medios de comunicación. La segunda idea es la noción de que las narrativas asociadas con el fútbol español fueron creadas y transformadas a lo largo de las décadas mediante un diálogo continuo entre los medios de comunicación españoles y los extranjeros. En tercer lugar, la construcción de narrativas nacionales a través del fútbol y las identidades en conflicto dentro de España tienen paralelismos en muchas otras partes del mundo, ya que son síntomas de unos procesos de globalización mucho más amplios. Estos procesos de globalización han influido en la forma en que se producen, difunden y asimilan las identidades nacionales en la llamada era del fútbol postmoderno.

La narrativa de “la furia y el fracaso” surgió vinculada al fútbol a principios del siglo XX y ha perdurado, de distintas formas y maneras, hasta bien entrado el siglo XXI. Su transcendencia radica en que ha tenido como objetivo explicar no sólo las victorias y derrotas deportivas, sino también la “verdadera” naturaleza de las identidades nacionales españolas.
En los últimos años ha cobrado fuerza en la historiografía la idea de la nación como narración. Esta interpretación considera la nación como un conjunto de metáforas, estereotipos, mitos e imágenes que se producen y reproducen en el ámbito discursivo. Este conjunto se habría ido configurando desde finales del siglo XVIII en distintas narrativas maestras que elaboraron un pasado nacional para distintos territorios y comunidades políticas en todo el mundo.
Ningún otro deporte ha contribuido a la consolidación de identidades nacionales y a la propagación de narrativas nacionales tanto como el fútbol. En primer lugar, el fútbol parece captar completamente el concepto de Benedict Anderson de una «comunidad imaginada», ya que es relativamente fácil imaginar el país y fortalecer su identidad cuando la patria está representada por once jugadores en un partido contra otro país. En palabras de Eric HOBSBAWM, la «comunidad imaginada de millones de seres parece más real bajo la forma de un equipo de once personas cuyo nombre conocemos». El concepto abstracto de comunidad nacional se vuelve más tangible cuando se “visualiza” a través de un equipo uniformado. En segundo lugar, el fútbol se entiende como una manifestación de las sociedades en las que se juega. Desde principios del siglo XX, los equipos de cada país han sido vistos como repositorios de identidades nacionales. El público se ha identificado y se ha enorgullecido de un estilo particular, “nacional”, que ha visto reflejado en su selección. Esta afinidad por un estilo específico muestra una conciencia propia y supone la afirmación de una identidad nacional específica.
En las dos primeras décadas de la dictadura franquista, el régimen transformó la narrativa de la furia y el fracaso como parte de su intento de imponer a la población su idea “fascistizada” de España. El régimen militar utilizó el fútbol como herramienta para el adoctrinamiento de masas y no dejó espacio en los medios para expresar identidades nacionales alternativas a la oficial. Finalmente, las transformaciones socioeconómicas durante la segunda etapa del franquismo (1960-1975) dotaron de una nueva importancia a la narrativa de la furia y el fracaso. Por una parte, el régimen utilizó todos los medios posibles para asociar las victorias españolas a la dictadura, a la vez que acusaba a las potencias extranjeras (o a la mala suerte) de conspirar contra España. Por otro lado, el Athletic de Bilbao y el FC Barcelona volvieron a adoptar en este periodo su papel de promotores del nacionalismo vasco y catalán respectivamente. Sin embargo, el Athletic de Bilbao y el FC Barcelona también sirvieron como integradores sociales de los inmigrantes en el País Vasco y Cataluña, aunque fuera de un modo un tanto sui generis.

Al igual que la Alemania nazi y la Italia fascista, el franquismo usó el fútbol como herramienta de adoctrinamiento nacionalista. En el caso español, los instrumentos propagandísticos e institucionales se fueron creando ya durante la Guerra Civil. En diciembre de 1938 se publicó en San Sebastián el primer número del periódico deportivo Marca. En éste se incluía una entrevista con el general José Moscardó Ituarte.
El franquismo utilizó el fútbol como medio de nacionalización de masas en una sociedad eminentemente rural y con profundos déficits educativos. Se trataba, además, de una sociedad a la que la dictadura mantuvo aterrorizada con medidas represivas brutales y con un control asfixiante de los medios de comunicación. En este marco, los partidos de la selección se utilizaron para remarcar el vínculo entre la dictadura y la nación española, convirtiéndose, además, en un vehículo de exaltación fascista internacional. El franquismo organizó encuentros amistosos con Portugal, Suiza, la Francia de Vichy, Alemania e Italia durante la Segunda Guerra Mundial. El partido entre Alemania y España jugado en el estadio olímpico de Berlín en 1942 fue un buen ejemplo de camaradería fascista.
Los clubes de fútbol demostraron ser un excelente medio para transmitir identidades nacionales contra-hegemónicas. La revista Barça había empezado a introducir de modo paulatino el catalán desde finales de los cincuenta, pero la llegada del ex falangista Enric Llaudet a la presidencia en 1961 supuso un impulso determinante para el uso de la lengua vernácula en la publicación oficial del club. Desde principios de la década de 1970 algunos de los directivos del FC Barcelona estuvieron ligados al catalanismo político y “re-politizaron” el club siguiendo esos postulados. Así, en la temporada 1971-1972 el FC Barcelona se sumó a la campaña por el uso del catalán en las escuelas. La temporada siguiente el club comenzó a hacer los anuncios por megafonía en catalán e hizo ondear la señera en el Camp Nou. En 1974, los eventos organizados para conmemorar el septuagésimo quinto aniversario del FC Barcelona incluyeron bailes de sardanas en el Camp Nou, un festival de música catalana en el Palau Blaugrana, un peregrinaje masivo a Montserrat y un tributo floral a Hans Gamper. En 1975, unos meses antes de la muerte de Franco, el Barça volvió a declarar el catalán como idioma oficial del club.

Durante la transición, la prensa española presentó a España como un país en medio de un importante proceso de modernización. Este discurso funcionó en diferentes ámbitos. En la esfera política, tanto los reformistas franquistas como la oposición democrática estuvieron de acuerdo en la necesidad de modernizar el país, a pesar de que diferían en la forma de conseguir dicho objetivo. La derecha destacó el crecimiento económico de los últimos años del régimen de Franco y rechazó la necesidad de mirar atrás, ya que muchos miembros de alto y medio rango de los partidos conservadores habían desempeñado papeles importantes en la dictadura o venían de conocidas familias franquistas. Los socialistas, por su parte, insistieron en la creación de un programa de regeneración nacional prometiendo cambio y modernización sin retrospección histórica. La naturaleza elitista del modelo transicional en España tuvo mucho que ver con este llamamiento a modernizar el país desde arriba. Tanto los líderes conservadores como los socialistas buscaron contener cualquier forma de movilización política desde abajo, con la intención de consolidar su papel predominante en la nueva monarquía constitucional que estaban creando. Frente a la idea de una ruptura radical con el régimen barajada por comunistas y socialistas.
La imagen que los españoles tenían de sí mismos se fue vinculando a la modernidad. Sin embargo, la prensa extranjera prefirió reafirmar sus viejos estereotipos sobre el “otro” español y representarlo como subdesarrollado, irracional y apasionado. Este tipo de retrato estereotipado no buscaba tanto comprender al “otro” como que el público francés, alemán, inglés e italiano se sintiera mejor al compararse con los españoles. La ideología política franquista sobre la nación española resultó profundamente desacreditada tras la muerte del dictador, pero la reconstrucción de España fue relativamente sencilla en el campo de la cultura, lo que indica un cierto grado de continuidad en la identidad nacional española. El fútbol, una de las actividades culturales más populares, fue fundamental en este proceso de reconstrucción nacional en el que los mecanismos de nacionalización informal aceleraron su impacto en una sociedad cada vez más mercantilizada.
El fútbol fue crucial en la redefinición de las identidades españolas. Los clubes de mayor éxito promocionaron la modernización y las dobles identidades, mientras la selección perpetuaba la narrativa del fracaso. Con todo, la asociación mental entre el equipo nacional y la decepción constante no significaba que la selección careciera de seguidores. El sempiterno fracaso más bien llevó a muchos aficionados al fútbol a desarrollar una especie de relación amor-odio con la selección que, en último término, indicaba que los españoles tenían un vínculo emocional bastante fuerte con el equipo. Como es comprensible, cuantos más torneos internacionales fueron ganando los clubes españoles de fútbol (y otros deportistas españoles fuera del balompié), más frustración fueron generando los fracasos de la selección. Sólo en el siglo XXI se rompería este círculo vicioso.
La adquisición de identidades nacionales por medio del fútbol también ha estado relacionada con el consumo. Los estudios sociológicos nos muestran claramente que el deporte se desarrolló todavía más como producto de consumo de masas en los primeros años del siglo XXI. Este desarrollo fue doble. En primer lugar, el deporte se expandió en forma de espectáculo público, tanto en los medios de comunicación como en la vida cotidiana de pueblos y ciudades. En segundo lugar, la ropa deportiva, las equipaciones y los objetos de promoción (el merchandising) se convirtieron en productos de consumo para uso personal y familiar. Una encuesta llevada a cabo por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en 2007 mostró que el 55 por 100 de los españoles había comprado una entrada para un partido de fútbol en los últimos doce meses y que el 42 por 100 de los seguidores de este deporte tenía algún producto de su equipo en casa. Como era de esperar, en el siglo XXI el fútbol ha seguido siendo el “producto” deportivo de consumo de masas más importante de España.
Los títulos de 2008, 2010 y 2012 tuvieron como resultado una especie de “obesidad patriótica”, que incluyó la reivindicación de símbolos españoles, la consolidación de una “narrativa del éxito” y una eclosión de manifestaciones populares de orgullo nacional sin precedentes. Paradójicamente, la transformación de la Roja en el mejor equipo de fútbol del mundo vino a coincidir con una brutal crisis económica y social que actuó como una especie de “dieta” patriótica para orgullo español.

El doble patriotismo, las luchas por la hegemonía cultural y política, y el uso del fútbol como instrumento para transmitir identidades nacionales han sido fundamentales en la sociedad catalana desde la muerte de Francisco Franco. En las páginas siguientes analizo el papel del FC Barcelona como equipo “nacional” de Cataluña y la dialéctica entre las narrativas catalanistas y españolistas a través de las crónicas y los reportajes futbolísticos.
Es difícil medir hasta qué punto está arraigada esta narrativa en la sociedad catalana. Las investigaciones han mostrado que hay un fuerte contraste entre el discurso de la clase dirigente catalana y la forma en la que se sienten los ciudadanos catalanes en la esfera de las identidades. En general, los catalanes se encuentran más cómodos en sus identidades múltiples, son más generosos cuando se les pide solidaridad hacia otras comunidades autónomas y están más dispuestos a mantener el sistema constitucional actual de lo que indica el discurso de la mayoría de los partidos políticos y los medios del principado. Sin embargo, también es innegable que, en los últimos años, el apoyo a un Estado independiente ha crecido con rapidez a partir de movimientos de base que han incorporado a su discurso la narrativa de las élites políticas y de los medios de comunicación catalanes. Tras la masiva manifestación independentista del 11 de septiembre de 2012, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, decidió convocar unas elecciones autonómicas que sirvieran de plebiscito sobre el futuro de Cataluña en España. El plan de Mas era obtener una mayoría absoluta en el Parlament y liderar la formación de un Estado catalán independiente.
Una hipotética secesión plantea una serie de preguntas de difícil respuesta: ¿formaría la Cataluña independiente parte de la Unión Europea?, ¿podría vetar España la entrada de Cataluña en la UE?, y, en términos futbolísticos, ¿jugaría el FC Barcelona en la Liga española?, ¿tendría que competir el Barça en una liga catalana?, y, si fuera así, ¿haría lo mismo el Espanyol?, ¿perdería el Barça sus connotaciones catalanistas si la selecció catalana de fútbol compitiera oficialmente en torneos internacionales?, ¿podrían los futbolistas catalanes jugar con la selección española, si así lo quisieran? Actualmente sólo nos cabe especular sobre un futuro Estado catalán independiente y sus repercusiones deportivas, pero lo que parece más que probable es que el fútbol va a seguir siendo un instrumento fundamental para elaborar, transmitir y recrear identidades españolas y catalanas en Cataluña.

No todas las muestras de identidad española que se dieron en Euskadi fueron fruto de las medidas tomadas “desde arriba” por el Gobierno de Patxi López. En 2008, 2010 y 2012, las celebraciones populares de los títulos de la Roja en las ciudades y pueblos vascos fueron manifestaciones “desde abajo” de identidad española.
En las tres últimas décadas, el fútbol ha sido un importante mecanismo en la transmisión de identidades nacionales en Euskadi. El Athletic de Bilbao y la Real Sociedad sirvieron como vehículos para recrear identidades vascas y contribuyeron a consolidar la hegemonía del simbolismo abertzale. Asimismo, la Euskal Selekzioa fue un importante medio de afirmación nacionalista vasca, aunque las disputas sobre el nombre del equipo mostraron las serias divisiones que existían entre los peneuvistas y el mundo de Batasuna. En este contexto de hegemonía abertzale, las identidades españolas se fueron relegando a la esfera privada. Las celebraciones de los jóvenes vascos de las victorias de la selección española en 2008, 2010 y 2012 fueron excepcionales, precisamente porque tuvieron lugar en una sociedad dominada por las narrativas y las simbologías de los abertzales. El fin de la violencia de ETA podría acabar ayudando a “normalizar” estas expresiones públicas de patriotismo español en Euskadi. Después de todo, aproximadamente el 65 por 100 de los vascos declara sentirse identificado con España. Con unos medios cada vez más “deportizados” y una sociedad altamente politizada, los clubes de fútbol vascos y la selección española seguirán seguramente siendo instrumentos clave en la larga batalla de las identidades nacionales en Euskadi.

La información futbolística ha desempeñado un papel crucial en la formación y propagación de narrativas nacionales sobre España, tanto dentro como fuera del país. La “narrativa del éxito”, que comprensiblemente se está poniendo en duda en la actualidad, fue en sí misma una creación de la década de 1990 que, en su momento, reemplazó a la “narrativa de la furia y el fracaso”. Esta “narrativa de la furia y el fracaso” surgió a principios del siglo XX a partir del “diálogo” establecido entre extranjeros y españoles con respecto a sus distintas representaciones de España. El resultado fue un retrato en la prensa hispana de los futbolistas, y por extensión de todos los españoles, como figuras quijotescas apasionadas, valientes y nobles que, sin embargo, rara vez podían desarrollar todo su potencial a causa de la mala suerte y de las conspiraciones extranjeras. Muy utilizada por la dictadura de Franco, la presencia de la “narrativa de la furia y el fracaso” decayó en las décadas de 1980 y 1990. A medida que el país se modernizaba y se consolidaba un nuevo régimen democrático, la vinculación de los españoles con la pasión, la furia y el coraje fue quedando obsoleta, a pesar de que las malas actuaciones de la selección española mantuvieron viva la parte del fracaso de esta narrativa. No sería hasta la primera década del siglo XXI cuando la “narrativa del éxito”, que representaba a España como un país europeo moderno y “normal”, se convirtió en hegemónica en la sociedad española. En este contexto de normalización, la victoria de la selección española en la Eurocopa 2008 supuso la muerte de Don Quijote, individualista, apasionado e irracional, y certificó el nacimiento de un español moderno, racional y generoso en el esfuerzo colectivo por el bien de la nación. El éxito de la Roja continuó con los triunfos del Mundial 2010 y la Eurocopa 2012, dando como resultado la consolidación de la “narrativa del éxito” y un crecimiento de las exhibiciones de orgullo nacional español asociadas al deporte sin precedentes. Paradójicamente, este fenómeno se produjo a la vez que se agravaba la crisis económica y social en España, lo que propició el surgimiento de unas narrativas nacionales alternativas, que cuestionaban la modernidad de la nación y denunciaban el efecto placebo que tenían las victorias futbolísticas y las celebraciones patrióticas en unos españoles cada vez más empobrecidos.
La naturaleza de las narrativas futbolísticas nacionales y su impacto social están determinados por su contexto histórico. En concreto, las narrativas nacionales dependen de tres componentes interrelacionados: el régimen político, los grandes medios de comunicación y la sociedad en la que se elaboran y reproducen los discursos. En el caso de España, hemos visto cómo el sistema político pasó de una dictadura que controlaba férreamente los medios y utilizaba la censura de forma indiscriminada a una monarquía parlamentaria que eliminó gradualmente la censura y permitió la prensa libre. No obstante, tanto los Gobiernos centrales como los autonómicos han mostrado una gran tendencia a manipular los medios de comunicación públicos y a influir en los privados. Políticamente, el régimen democrático también supuso una mayor inversión estatal, autonómica y municipal en deporte. Además, los cambios en las actitudes sociales y el crecimiento económico llevaron a un continuo aumento del número de ciudadanos que practicaban fútbol, especialmente en el periodo 1975-2000. Las inversiones y el interés popular en el deporte hicieron que la acogida del público a las narrativas futbolísticas nacionales fuera más fácil, a medida que el balompié se convertía en parte fundamental de las vidas de muchísimos españoles.
Sin embargo, fue la transformación de los grandes medios de comunicación lo que aumentó la presencia social del fútbol y facilitó el asentamiento de las identidades nacionales.
En primer lugar, en las cinco últimas décadas, los principales medios españoles se “deportizaron” cada vez más; es decir, fueron aumentando el peso de los deportes, principalmente fútbol, en sus páginas, ondas radiofónicas, programas de televisión y páginas web. Asimismo, los medios, en particular la televisión, sufrieron un proceso de “basurización” que también ha afectado al fútbol, especialmente en la última década. El resultado fue no sólo un aumento cuantitativo de la presencia del fútbol en los medios, sino que cada vez se dan más informaciones sobre el deporte rey presentadas en formatos propios de la denominada prensa del corazón.
En segundo lugar, los grandes medios de comunicación han tenido un “efecto acumulativo” al transmitir las narrativas futbolísticas y, por lo tanto, al crear identidades nacionales. A principios del siglo XX, las narrativas sobre fútbol eran “experimentadas” por el público español únicamente a través de periódicos y revistas.
En la primera década del siglo XXI, el fútbol siguió facilitando el proceso de recuperación popular del Estado-nación español y la normalización de las expresiones patrióticas. Al igual que en otros países con pasado fascista, como Alemania y Portugal, el fútbol se convirtió en España en el vehículo para revindicar una identidad nacional contaminada previamente con un legado dictatorial. Las nuevas expresiones de patriotismo futbolístico hispano, con miles de personas con banderas constitucionales y camisetas rojas cantando en plazas de toda España, se presentaron como desprendidas de connotaciones políticas, como manifestaciones puramente culturales de amor a la patria. Sin embargo, parece indudable que dichas exhibiciones de símbolos nacionales y cánticos patrióticos entrañaban, por lo menos, la aceptación pasiva de la monarquía constitucional y un cierto grado de consentimiento del statu quo político.
El crecimiento sin precedentes tanto de las narrativas patrióticas como de las manifestaciones populares de orgullo nacionalista asociadas al fútbol en las dos últimas décadas parece indicar que la globalización no conlleva la disipación del Estado-nación. Al contrario, el renovado impacto de las competiciones internacionales, el “efecto acumulativo de los medios” y el intento de las élites políticas y de los medios por construir una fuerte identidad asociada al Estado-nación a través de las narrativas futbolísticas para reforzar su legitimidad sugieren que las identidades nacionales se han fortalecido en la era del fútbol posmoderno.
En el caso de los nacionalistas vascos y catalanes, España se ha tipificado con frecuencia en las crónicas futbolísticas como subdesarrollada, poco sofisticada, centralista y militarista. Estas representaciones fortalecieron una narrativa que retrataba una España con una naturaleza intrínsecamente autoritaria que la llevaba a oprimir a diversos pueblos, con independencia del régimen político en vigor. Desde esta perspectiva, algunos nacionalistas catalanes y vascos concluyeron que el carácter del “otro” nacional, es decir, de España, era inamovible, inalterable y, por lo tanto, que la única opción sensata era la secesión. La representación de España por parte de los medios extranjeros también se basó, en gran medida, en estereotipos negativos. Los españoles fueron descritos con mayor frecuencia como subdesarrollados, corruptos, autoritarios, holgazanes y caóticos que como amables, apasionados, trabajadores…
La representación de España en el extranjero no buscaba la comprensión del “otro” nacional, sino que, más bien, lo utilizaba como contrapunto para reafirmar los estereotipos positivos del país local. Así, la representación francesa de los aficionados españoles como criaturas coléricas, incivilizadas y salvajes recalcaba la autopercepción positiva de la civilización gala. El énfasis de la prensa británica en el bajo rendimiento de España desempeñaba un papel auto-curativo, ya que tapaba, en parte, el bajo rendimiento de la propia Inglaterra en los torneos internacionales.
No obstante, las representaciones de España en el extranjero han cambiado con el paso del tiempo. A medida que el país se fue modernizando y la selección española se convirtió en uno de los mejores equipos de la historia del fútbol, se revisaron algunos de los viejos estereotipos. Los españoles fueron descritos entonces como sofisticados, avanzados, ganadores, tenaces y seguros de sí mismos. La debilidad mental y la holgazanería desaparecieron por un tiempo y los españoles fueron apodados los «alemanes del sur».
En un momento de crisis económica, política y social, en una época con un exceso de información manipulada, el uso de estereotipos y mitos es un intento de aferrarse a lo familiar, a lo conocido, en un entorno cada vez más caótico. Ahora bien, el precio por entrar en estas zonas de confort de certezas predefinidas es la limitación de nuestra capacidad para pensar de forma crítica sobre fútbol, identidades nacionales o cualquier otro tema.

Interesting work. This book investigates the use of soccer to create, configure and reinforce national identities in Spain since the restoration of democracy in 1977. For this, we focus on the construction, dissemination and questioning of national narratives in sports media and, more specifically, in the way in which football information is used to promote Spanish, Basque and Catalan national myths, cliches and stereotypes in different historical circumstances. The ability of sport to facilitate collective identification is beyond doubt. Football, in particular, is very often used not only to reproduce dominant narratives about national identities, but also to refute them.
It addresses three main ideas. The first is that national narratives are determined by the historical context in which they are generated. Here, interrelations between political factors, social transformations and changes in the mainstream media are of particular importance. The second idea is the notion that the narratives associated with Spanish football were created and transformed over the decades through a continuous dialogue between the Spanish and foreign media. Thirdly, the construction of national narratives through football and conflicting identities within Spain have parallels in many other parts of the world, since they are symptoms of much broader globalization processes. These processes of globalization have influenced the way in which national identities are produced, disseminated and assimilated in the so-called era of postmodern football.

The narrative of “fury and failure» emerged linked to football in the early twentieth century and has endured, in different ways and ways, well into the twenty-first century. Its transcendence lies in the fact that it has aimed to explain not only the victories and sports defeats, but also the «true» nature of Spanish national identities.
In recent years the idea of ​​the nation as narration has gained strength in historiography. This interpretation considers the nation as a set of metaphors, stereotypes, myths and images that are produced and reproduced in the discursive sphere. This group would have been configured since the end of the eighteenth century in different master narratives that elaborated a national past for different territories and political communities around the world.
No other sport has contributed to the consolidation of national identities and the propagation of national narratives as much as football. First, football seems to fully capture Benedict Anderson’s concept of an «imagined community,» since it is relatively easy to imagine the country and strengthen its identity when the homeland is represented by eleven players in a match against another country. In the words of Eric HOBSBAWM, the «imagined community of millions of beings seems more real in the form of a team of eleven people whose name we know». The abstract concept of national community becomes more tangible when it is «visualized» through a uniformed team. Secondly, football is understood as a manifestation of the societies in which it is played. Since the beginning of the 20th century, teams from each country have been seen as repositories of national identities. The public has identified and prided itself on a particular style, «national», which has been reflected in their selection. This affinity for a specific style shows an awareness of its own and assumes the affirmation of a specific national identity.
In the first two decades of the Franco dictatorship, the regime transformed the narrative of fury and failure as part of its attempt to impose its «fascistized» idea of ​​Spain on the population. The military regime used football as a tool for mass indoctrination and left no space in the media to express national identities other than the official one. Finally, the socio-economic transformations during the second stage of the Franco regime (1960-1975) gave a new importance to the narrative of fury and failure. On the one hand, the regime used all possible means to associate Spanish victories with the dictatorship, while at the same time accusing foreign powers (or bad luck) of conspiring against Spain. On the other hand, Athletic Bilbao and FC Barcelona again adopted in this period their role as promoters of Basque and Catalan nationalism respectively. However, Athletic Bilbao and FC Barcelona also served as social integrators for immigrants in the Basque Country and Catalonia, albeit in a somewhat sui generis way.

During the transition, the Spanish press presented Spain as a country in the midst of an important modernization process. This speech worked in different areas. In the political sphere, both the Francoist reformers and the democratic opposition agreed on the need to modernize the country, although they differed in the way of achieving that goal. The right highlighted the economic growth of the last years of the Franco regime and rejected the need to look back, as many high and middle-ranking members of the conservative parties had played important roles in the dictatorship or came from well-known Francoist families. The Socialists, for their part, insisted on the creation of a national regeneration program promising change and modernization without historical retrospection. The elitist nature of the transitional model in Spain had a lot to do with this call to modernize the country from above. Both conservative and socialist leaders sought to contain any form of political mobilization from below, with the intention of consolidating their predominant role in the new constitutional monarchy they were creating. Faced with the idea of ​​a radical break with the regime shuffled by communists and socialists.
The image that the Spaniards had of themselves was linked to modernity. However, the foreign press preferred to reaffirm its old stereotypes about the «other» Spanish and to represent it as underdeveloped, irrational and passionate. This type of stereotyped portrait did not seek to understand the «other» as much as the French, German, English and Italian public felt better when compared to the Spaniards. The Francoist political ideology about the Spanish nation was deeply discredited after the death of the dictator, but the reconstruction of Spain was relatively simple in the field of culture, which indicates a certain degree of continuity in the Spanish national identity. Football, one of the most popular cultural activities, was fundamental in this process of national reconstruction in which informal nationalization mechanisms accelerated their impact on an increasingly commercialized society.
Football was crucial in the redefinition of Spanish identities. The most successful clubs promoted modernization and double identities, while the selection perpetuated the narrative of failure. However, the mental association between the national team and the constant disappointment did not mean that the selection lacked followers. The everlasting failure rather led many football fans to develop a kind of love-hate relationship with the team that, in the end, indicated that the Spaniards had a strong emotional bond with the team. As is understandable, the more international tournaments were won by the Spanish football clubs (and other Spanish athletes outside football), the more frustrating were the failures of the national team. Only in the 21st century would this vicious circle be broken.
The acquisition of national identities through football has also been related to consumption. Sociological studies clearly show that sport developed even more as a product of mass consumption in the first years of the 21st century. This development was double. In the first place, sport expanded in the form of a public spectacle, both in the media and in the daily life of towns and cities. Second, sportswear, equipment and promotional items (merchandising) became consumer products for personal and family use. A survey carried out by the Center for Sociological Research (CIS) in 2007 showed that 55 per cent of Spaniards had bought a ticket for a football match in the last twelve months and that 42 per cent of the fans of this match sport had some product of its equipment at home. As expected, in the 21st century, football has remained the most important sport «product» of mass consumption in Spain.
The titles of 2008, 2010 and 2012 resulted in a kind of «patriotic obesity», which included the vindication of Spanish symbols, the consolidation of a «success narrative» and an explosion of popular demonstrations of unprecedented national pride. Paradoxically, the transformation of La Roja into the best soccer team in the world came to coincide with a brutal economic and social crisis that acted as a kind of patriotic «diet» for Spanish pride.

Double patriotism, struggles for cultural and political hegemony, and the use of football as an instrument to transmit national identities have been fundamental in Catalan society since the death of Francisco Franco. In the following pages I analyze the role of FC Barcelona as a «national» team in Catalonia and the dialectic between Catalan and Spanish narratives through the chronicles and football reports.
It is difficult to measure to what extent this narrative is rooted in Catalan society. Research has shown that there is a strong contrast between the discourse of the Catalan ruling class and the way in which Catalan citizens feel in the sphere of identities. In general, Catalans are more comfortable in their multiple identities, they are more generous when they are asked for solidarity towards other autonomous communities and are more willing to maintain the current constitutional system than the discourse of most of the political parties indicates. the means of the principality. However, it is also undeniable that, in recent years, support for an independent State has grown rapidly from grassroots movements that have incorporated into their discourse the narrative of the political elites and the Catalan media. After the massive independence demonstration on September 11, 2012, the president of the Generalitat, Artur Mas, decided to hold regional elections to serve as a plebiscite on the future of Catalonia in Spain. Mas’s plan was to obtain an absolute majority in the Parliament and lead the formation of an independent Catalan state.
A hypothetical secession raises a series of questions difficult to answer: would the independent Catalonia form part of the European Union ?, Could Spain veto the entry of Catalonia into the EU ?, and, in football terms, would FC Barcelona play in the Spanish League ?, Would Barça have to compete in a Catalan league ?, and if so, would Espanyol do the same? Would Barça lose their Catalanist connotations if the Catalan national football team officially competed in international tournaments? Could Catalan footballers play with the Spanish national team, if they wanted to? Currently we can only speculate about a future independent Catalan state and its sporting repercussions, but what seems more than likely is that football will continue to be a fundamental instrument to develop, transmit and recreate Spanish and Catalan identities in Catalonia.

Not all the samples of Spanish identity that occurred in Euskadi were the result of the measures taken «from above» by the Government of Patxi López. In 2008, 2010 and 2012, the popular celebrations of the titles of the Red in Basque cities and towns were manifestations «from below» of Spanish identity.
In the last three decades, football has been an important mechanism in the transmission of national identities in Euskadi. Athletic Bilbao and Real Sociedad served as vehicles to recreate Basque identities and helped to consolidate the hegemony of nationalist symbolism. Also, the Euskal Selekzioa was an important means of Basque nationalist affirmation, although disputes over the name of the team showed the serious divisions that existed between the Peneuvists and the world of Batasuna. In this context of abertzale hegemony, Spanish identities were relegated to the private sphere. The celebrations of the Basque youngsters of the victories of the Spanish national team in 2008, 2010 and 2012 were exceptional, precisely because they took place in a society dominated by the narratives and the symbologies of the abertzales. The end of ETA’s violence could end up helping to «normalize» these public expressions of Spanish patriotism in Euskadi. After all, approximately 65 percent of the Basques declare that they feel identified with Spain. With more and more «deported» media and a highly politicized society, the Basque football clubs and the Spanish national team will surely continue to be key instruments in the long battle of national identities in Euskadi.

Football information has played a crucial role in the formation and propagation of national narratives about Spain, both inside and outside the country. The «success narrative,» which is understandably being questioned today, was in itself a 1990s creation that, in its time, replaced the «narrative of fury and failure.» This «narrative of fury and failure» emerged in the early twentieth century from the «dialogue» established between foreigners and Spaniards with respect to their different representations of Spain. The result was a portrait in the Spanish press of footballers, and by extension of all Spaniards, as passionate, brave and noble quixotic figures who, however, could seldom develop their full potential because of bad luck and bad luck. foreign conspiracies. Very much used by the Franco dictatorship, the presence of the «narrative of fury and failure» declined in the 1980s and 1990s. As the country modernized and consolidated a new democratic regime, the Spanish were linked With passion, anger and anger was becoming obsolete, despite the bad performances of the Spanish team kept alive the failure part of this narrative. It would not be until the first decade of the 21st century when the «success narrative», which represented Spain as a modern and «normal» European country, became hegemonic in Spanish society. In this context of normalization, the victory of the Spanish team at Euro 2008 meant the death of Don Quixote, individualist, passionate and irrational, and certified the birth of a modern, rational and generous Spanish in the collective effort for the good of the nation. The success of the Red continued with the triumphs of the 2010 World Cup and Euro 2012, resulting in the consolidation of the «narrative of success» and the growth of exhibitions of Spanish national pride associated with the unprecedented sport. Paradoxically, this phenomenon occurred while aggravating the economic and social crisis in Spain, which led to the emergence of alternative national narratives, which questioned the modernity of the nation and denounced the placebo effect of soccer victories and patriotic celebrations in Spanish increasingly impoverished.
The nature of national football narratives and their social impact are determined by their historical context. In particular, national narratives depend on three interrelated components: the political regime, the mainstream media and the society in which discourses are produced and reproduced. In the case of Spain, we have seen how the political system went from a dictatorship that tightly controlled the media and used censorship indiscriminately to a parliamentary monarchy that gradually eliminated censorship and allowed the free press. However, both central and regional governments have shown a great tendency to manipulate public media and influence private media. Politically, the democratic regime also meant greater state, autonomous and municipal investment in sport. In addition, changes in social attitudes and economic growth led to a continuous increase in the number of citizens who played soccer, especially in the period 1975-2000. Investments and popular interest in sports made the reception of the public to national football narratives easier, as football became a fundamental part of the lives of many Spaniards.
However, it was the transformation of the mass media that increased the social presence of football and facilitated the establishment of national identities.
In the first place, in the last five decades, the main Spanish media were «deported» more and more; that is to say, the weight of sports, mainly soccer, in their pages, radio waves, television programs and web pages increased. Also, the media, particularly television, suffered a process of «waste» that has also affected football, especially in the last decade. The result was not only a quantitative increase in the presence of football in the media, but more and more information about the sport is presented in the format of the so-called heart press.
Secondly, the mass media have had a «cumulative effect» in transmitting football narratives and, therefore, in creating national identities. At the beginning of the 20th century, football narratives were «experienced» by the Spanish public only through newspapers and magazines.
In the first decade of the 21st century, football continued to facilitate the process of popular recovery of the Spanish nation-state and the normalization of patriotic expressions. As in other countries with a fascist past, such as Germany and Portugal, football became the vehicle in Spain to claim a previously contaminated national identity with a dictatorial legacy. The new expressions of Hispanic football patriotism, with thousands of people with constitutional flags and red shirts singing in squares throughout Spain, were presented as detached from political connotations, as purely cultural manifestations of love for the homeland. However, it seems undeniable that such exhibitions of national symbols and patriotic chants involved, at least, the passive acceptance of constitutional monarchy and a certain degree of consent of the political status quo.
The unprecedented growth of both patriotic narratives and popular expressions of nationalist pride associated with soccer in the last two decades seems to indicate that globalization does not entail the dissipation of the nation-state. On the contrary, the renewed impact of international competitions, the «cumulative effect of the media» and the attempt of political elites and media to build a strong identity associated with the nation-state through football narratives to reinforce their legitimacy They suggest that national identities have been strengthened in the postmodern football era.
In the case of the Basque and Catalan nationalists, Spain has often been typified in football chronicles as underdeveloped, unsophisticated, centralist and militaristic. These representations strengthened a narrative that portrayed a Spain with an intrinsically authoritarian nature that led it to oppress various peoples, regardless of the political regime in force. From this perspective, some Catalan and Basque nationalists concluded that the character of the national «other», that is, of Spain, was immovable, unalterable and, therefore, that the only sensible option was secession. The representation of Spain by the foreign media was also based, to a large extent, on negative stereotypes. Spaniards were described more often as underdeveloped, corrupt, authoritarian, lazy and chaotic than as kind, passionate, hardworking …
The representation of Spain abroad did not seek to understand the national «other», but rather used it as a counterpoint to reaffirm the positive stereotypes of the local country. Thus, the French representation of the Spanish fans as angry, uncivilized and savage creatures stressed the positive self-perception of the Gallic civilization. The emphasis of the British press on the low performance of Spain played a self-healing role, since it covered, in part, the low performance of England itself in international tournaments.
However, representations of Spain abroad have changed with the passage of time. As the country was modernized and the Spanish team became one of the best teams in the history of football, some of the old stereotypes were revised. The Spaniards were then described as sophisticated, advanced, winners, tenacious and confident. The mental weakness and laziness disappeared for a time and the Spaniards were nicknamed the «southern Germans.»
In a time of economic, political and social crisis, in an age with an excess of manipulated information, the use of stereotypes and myths is an attempt to cling to the familiar, to the known, in an increasingly chaotic environment. Now, the price for entering these comfort zones of predefined certainties is the limitation of our ability to think critically about football, national identities or any other topic.

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