La Vuelta Al Mundo En 80 Cementerios — Fernando Gómez Hernández / The Return to the World in 80 Cemeteries by Fernando Gómez Hernández (spanish book edition)

Un libro entretenido y ameno. Se lee sin dificultad y muy didáctico. Es un tipo de turismo que tiene más auge entre los paises anglosajones y como las visitas a los mercados yo suelo frecuentar.
La vuelta al mundo en 80 cementerios es un paseo por los más importantes cementerios del mundo. A través de sus páginas se recorren los cementerios más importantes del mundo contando las anécdotas e historias más curiosas que en ellos han ocurrido. Relatado de manera amena, sencilla y ágil, recorreremos los cementerios de La Madeleine de Francia, de Hólavallagarður de Reykjavík, el Cementerio Judío de Praga o Las grutas del Vaticano…

El cementerio de Amiens está enclavado sobre un terreno ocupado en el siglo XVII por un antiguo hospital de leprosos, aunque este dato tiene poca relevancia en lo que voy a contarle. Cuando se está en el interior da más la sensación de estar paseando por un bosque que por un cementerio. El terreno es en cierta medida agreste, la maleza, aunque no desbocada, rodea las tumbas sin llegar a dañarlas.
Caminaba entre panteones que hablaban de prohombres de Amiens ya desaparecidos. La mayoría de esas personas un día habían sido importantes, pero ahora eran bien pocos los que se acordaban de ellos, y solo les quedaba el abrazo de la naturaleza como único consuelo.
Julio Verne encargó a su amigo el escultor Albert-Dominique Roze esculpir la figura que debía colocarse en su tumba cuando le llegara la hora del tránsito a la otra vida. Fue minucioso en los detalles, excesivamente quisquilloso. Le señaló lo que debía incluir en el conjunto. Le recomendó la posición exacta de la figura y le indicó la orientación precisa. Nada quiso dejar en manos de la improvisación. A esa obra, el escritor o el escultor —no puedo asegurar cuál de ellos— la dio en llamar Hacia la inmortalidad y la eterna juventud.
Seguidores del misterio han estudiado la escultura durante años y después de muchas cábalas han llegado a afirmar que a cierta hora de uno de los equinoccios, no recuerdo si en marzo o en septiembre, la sombra de la mano de Julio Verne se posa sobre las fechas de nacimiento y muerte, como si estuviera intentando desvelarnos un secreto.

Caminar por el Cementerio de los Perros es como estar en un cementerio en miniatura, todo son tumbas de tamaño reducido, un pequeño espacio que debe ser ocupado por un cuerpo de tamaño inferior al de un hombre. Todos los epitafios muestran frases de cariño hacia el compañero que repartiendo afecto ha llenado las vidas de sus dueños.
Absorto en esas lecturas, acabé delante de la más famosa estrella de las enterradas en el cementerio, Rin Tin Tin.
Rin Tin Tin era un pastor alemán que fue rescatado por un soldado americano de una perrera bombardeada en la región francesa de Lorena, poco antes de acabar la primera guerra mundial.
Cuando abandoné el Cementerio de los Perros, un epitafio me vino a la mente. Una frase que lord Byron hizo grabar en la tumba de su perro, Boatswain, en su propiedad de Newstead Abbey: «Aquí reposan los restos de una criatura bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad y que tuvo todas las virtudes del hombre y ninguno de sus defectos».

¿Recuerda la primera escena de la película Salvar al soldado Ryan? Pues esa conocida escena en que un excombatiente de la segunda guerra mundial busca, entre un océano de cruces, la tumba del capitán John Miller tiene lugar en el Cementerio Americano de Normandía. Ese cementerio fue el elegido como mi siguiente destino.
El cementerio está situado en Colleville-sur-Mer y se alza sobre la playa de Omaha, lugar en el que más bajas sufrió el ejército de Estados Unidos en la jornada del desembarco. Tiene una extensión de setenta hectáreas, que fueron cedidas a perpetuidad por Francia a Estados Unidos.
En el cuidado césped resaltan las cruces de mármol blanco, un total de 9.387 perfectamente alineadas. De 307 de esos casi diez millares se desconoce quiénes las ocupan, al no haber podido ser identificados los cadáveres. En algunas de ellas se ve la estrella de David. Desafortunadamente, no se pudieron encontrar todos los cuerpos de los muertos en el combate.

El cementerio de Highgate es inaugurado el 20 de mayo de 1839, con la idea de proporcionar a Londres una serie de siete necrópolis privadas, a las que denominaron los Siete Magníficos. Esos cementerios, por si los quiere conocer pero no memorizar, eran, aparte del mencionado Highgate, los de Kensal Green, West Norwood, Abney Park, Nunhead, Brompton y Tower Hamlets. Una guerra comercial se desató entre ellos para captar el mayor número posible de muertos. En esa época los cementerios eran negocios privados y competían los unos contra los otros para dar un mejor servicio. Highgate añadía algo que el resto no podía ofrecer, unas vistas magníficas de Londres, al estar situado en uno de los puntos más altos de la ciudad.
La tumba de Karl Marx, sin duda la más visitada por los turistas; no perdí mucho tiempo en contemplarla. En ese repaso rápido pude cerciorarme de que la cabeza del filósofo colocada sobre la peana es de una enormidad desmedida.
El panteón de la familia Dickens, a sabiendas de que el renombrado escritor Charles Dickens no se encuentra enterrado en Highgate, sino en la abadía de Westminster, por orden expresa de la reina Victoria.
No podía perderme la tumba de Elizabeth Siddal. Elizabeth era una mujer bella, pero de una belleza lánguida que le sirvió para ser considerada una de las modelos más guapas del siglo XIX. Su hermosura gótica enamoró a un grupo de pintores que se hacían llamar prerrafaelitas.

Cementerio Cross Bones. Déjese atraer por el lugar. Lo primero que descubrirá es una placa redonda de un brillante color negro que reza THE OUTCAST DEAD, RIP, lo que viene a significar «Los muertos marginados, descansen en paz».
Cross Bones fue clausurado en 1853, dada la imposibilidad de enterrar más cuerpos en su reducido espacio, y de esa forma quedó en el olvido hasta pasados más de cien años de su cierre, en que a raíz de las obras de ampliación de la línea de metro de Jubilee Line, unas excavaciones lo descubrieron. Apareció una enorme fosa común que albergaba unos quince mil cadáveres. La mayoría eran bebés recién nacidos o con una edad que no sobrepasaba el año, así como personas adultas, entre ellas un gran número de mujeres mayores de treinta y seis años fallecidas a causa de la viruela y la tuberculosis. También se encontraron 148 tumbas individuales que debían corresponder a personas de más alto nivel social.

El cementerio de Whitby cuenta con varios senderos por los que caminar y no faltan bancos donde pararse a reposar. En cualquiera de ellos pudo haberse sentado Mina Murray, añorando la compañía de su prometido mientras escribía cartas íntimas a su preciada amiga Lucy Westenra. Con seguridad en uno de esos bancos la bella y coqueta Lucy tuvo su primer encuentro con Drácula.
Es una pena que el cuerpo de Bram Stoker no esté enterrado en ese cementerio. El escritor fue incinerado y sus cenizas guardadas en el crematorio de Golders Green, en Londres.

El cementerio más importante de la capital de Escocia se llama Greyfriars y tiene fama de estar embrujado.
Se rumorea que por el recinto del cementerio de Greyfriars vaga el espíritu de George Mackenzie de Rosehaugh, un siniestro abogado que fue enterrado en un mausoleo de Greyfriars allá por el año 1691. El lugar donde se halla prisionero recibe el nombre de Mausoleo Negro.
Me sorprendió primero y levantó curiosidad después que una serie de sepulturas estuvieran protegidas por una especie de jaulas. Un enrejado rectangular que rodeaba algunas tumbas, alcanzando una altura que a simple vista diría que debe rondar el metro. Pude enterarme de que esas jaulas eran una medida de prevención para que no fueran profanadas y robados los cadáveres de su interior, para ser vendidos y servir de estudio en la universidad. Esa imagen me trajo al recuerdo el relato El ladrón de cadáveres, de Robert Louis Stevenson, quien por cierto era natural de Edimburgo y vivió de alquiler en una casa a pocos metros de Greyfriars. Bien pudo servirle el cementerio de fuente de inspiración.
Bobby está enterrado en el cementerio de Greyfriars. En la lápida de la sepultura que señala su fecha de fallecimiento, 14 de enero de 1872, puede leerse la siguiente inscripción: «Que su lealtad y devoción sean un ejemplo para todos nosotros».
Antes de irme de su lado y abandonar el cementerio, recordé de nuevo a Robert Louis Stevenson: «¿Crees que los perros no irán al cielo? Te digo que ellos estarán ahí mucho antes que cualquiera de nosotros».

El pequeño cementerio de Longyearbyen no acepta nuevos ingresos desde hace setenta años por haberse descubierto que los cuerpos no se descomponían y los cadáveres eran preservados de la corrupción por la capa subterránea de hielo, que los mantenía con el mismo aspecto que en el día de la muerte. En ese punto perdido del planeta la incorruptibilidad de la carne es una realidad.
Cuando alguno de los habitantes de ese pequeño pueblo noruego enferma de gravedad solo hay una opción, esperar que una avioneta o un barco lo traslade a otra zona más cálida del país, para que sea allí donde pase sus últimos días de vida a la espera de su triste final. Si tiene la mala suerte de encontrarse en estado terminal en Longyearbyen, nadie se ofrecerá a enterrarlo y esperará a que vengan a buscarlo para darle tierra en otro cementerio lejano al del lugar en donde ha nacido. El oficio de sepulturero, como bien puede suponer, no existe en Longyearbyen.

El antiguo Cementerio Judío de Praga es diferente a todos cuantos hasta la fecha había visitado. Ni más bello ni más feo que los anteriores. Tiene en su contra, o puede que a su favor, que no es majestuoso. No muestra lujosos panteones ni monumentos de costosos mármoles. No decoran flores sus sepulcros. Ante mí solo se presentaban lápidas amontonadas sin orden ni concierto aparente.
No está claro cuándo fue fundado. Unos aseguran que data del siglo V, otros en cambio lo sitúan en la primera mitad del siglo XV, basándose en la hipótesis que señala que la tumba más antigua localizada pertenece al rabino y poeta Avigdor Kara, que fue enterrado en 1439. La más reciente es la tumba de Moses Beck, del año 1787. Da lo mismo, las fechas en realidad no importan.
El número de sepulturas es incierto, se calcula que el de las visibles debe ascender a doce mil y que en el cementerio se pueden hallar enterradas más de cien mil personas, judías la totalidad. Las lápidas están pegadas las unas a las otras como si fueran dientes que emergen de la tierra.
En el paseo por el Cementerio Judío de Praga me sorprendió que sobre el borde superior de muchas de las lápidas se hallaran colocadas piedras de pequeño tamaño. Por mucho que se busque, esa costumbre no está en la normativa religiosa hebrea, o lo que es lo mismo, no figura dentro de las leyes del duelo, que marcan lo que hay que hacer desde el instante en que una persona fallece hasta que se cumple un año de su muerte y luego, en adelante, una vez al año, en que se le recordará encendiendo una luz y rezando un kadish, que no es más que una solicitud a Dios, al que se le pide acelere la redención y la venida del Mesías.
Hay distintas explicaciones a esa antigua costumbre. La más conocida dice que al enterrar antiguamente a los difuntos en el desierto, los miembros de la comunidad judía cubrían los cuerpos con piedras, que además de servir como marcador de que allí había sido realizado un enterramiento, también protegían los restos de la acción de los depredadores. Además, colocando estas piedrecitas se recordaba a todo el mundo que la tumba no estaba abandonada y así se trataba de impedir su profanación. Hay otra teoría que si me lo permite desvelaré cuando le hable de Jerusalén.

El cementerio de Novodévichi es el más famoso de Moscú. Ese fue el motivo principal que me hizo colocarlo en la lista de los cementerios que debía visitar. Forma parte del conjunto conventual del monasterio del mismo nombre, que data del siglo XVI. El cementerio está en uno de los enclaves más encantadores de Moscú, el lago Bolshoi Novodévichi, en el que se inspiró Chaikovski para componer El lago de los cisnes.
El cementerio de Novodévichi fue inaugurado en 1898, cuando ya existían muchos enterramientos en los muros del monasterio. Uno de los primeros personajes importantes en ser enterrado fue Antón Chéjov.
Muy cerca de la tumba de Mólotov, una nueva escultura me sorprendió sobre las demás. Era el busto de una mujer y tenía la particularidad de estar dentro de un cubo de cristal, como si fuera una transparente prisión en la que cumpliera condena.
Esa figura la realizó Iván Shadr, uno de los mejores escultores de la Rusia posterior a la Revolución. Esculpió el busto de una mujer con una rosa negra de granito en la mano. La rosa en cuestión ya no existe, fue arrancada por los seguidores del marido de la difunta.
La escultura representa a Nadiezhda Alelúyeva, la segunda esposa de Iósif Stalin. Su relación con Stalin fue un auténtico torbellino de amor y odio a partes iguales. Nadia siempre admiró al dirigente soviético, pero en la vida privada de la pareja hubo episodios de violencia tanto verbal como, posiblemente, según se cree, también física. Murió el 9 de noviembre de 1932, en circunstancias a fecha de hoy aún sin aclarar. La hallaron muerta en su habitación junto a un revólver.

El principal cementerio de San Petersburgo recibe el complicado nombre de Piskaryovskoye. Cuando me introduje en él recordé una siniestra orden pronunciada por Adolf Hitler: «Leningrado debe ser borrado de la faz de la tierra. No nos interesa en absoluto salvar civiles».
El cementerio de Piskaryovskoye se levantó como un recuerdo a la gran tragedia vivida por la ciudad en el transcurso de la segunda guerra mundial. Nada más entrar al recinto mi mirada se detuvo en el monumento de la llama eterna. Una masa rectangular de granito donde el fuego se mantiene vivo durante todo el día, avisando que cuando se extinga los desastres volverán a producirse. Esa llama nunca debe apagarse. Es un homenaje a las víctimas del asedio que sufrió Leningrado por las tropas alemanas.

Pocas vistas del océano cuentan con la belleza que se puede contemplar desde el cementerio de Waverley, Sidney, Australia. Su situación privilegiada sobre la cima de un acantilado hace que la mirada se pierda en el horizonte.
El cementerio de Waverley está al este de la ciudad australiana de Sídney. Aunque sus esculturas y arquitectura son fascinantes, le advierto que la magnífica imagen del océano que desde allí se presenta hace que se les preste menor atención de la que en verdad se merecen.
No sé si habrá visto la secuencia del funeral en la película El gran Gatsby, no la de Redford, sino la que interpreta DiCaprio. Esa secuencia que nos hace creer que estamos en Estados Unidos fue filmada en Australia, concretamente en el cementerio en que me encontraba, Waverley.
Inaugurado en 1877, en primer lugar lo que destaca son sus monumentos de arquitectura victoriana y eduardiana, en su mayoría perfectamente conservados. Ese motivo lo hace aparecer entre los diez cementerios más bellos del mundo en la mayoría de las listas que de vez en cuando asoman en la prensa.

El cementerio de San Luis es uno de los tres cementerios católicos con que cuenta la ciudad de Nueva Orleans. Se construyó en 1789, por eso la mayoría de las tumbas que iba encontrándome databan de los siglos XVIII y XIX.
La ubicación del cementerio es privilegiada, pues está situado a pocas calles del río Misisipí, y todavía más cerca del famoso barrio francés. Una de sus principales curiosidades es que todas las tumbas están por encima del nivel del suelo. Esto es debido a que está situado en un terreno pantanoso y a que la ciudad se encuentra bajo el nivel del mar, así que cuando llueve en exceso, varias veces al año, el cementerio se inunda y los féretros corren peligro de salir a flote. Imagínese el espectáculo, cientos de ataúdes desplazándose sobre el agua de un lado a otro, para acabar desembocando en el Misisipí.
La tumba más importante es la de Marie Laveau, quien ostenta el mérito de ser la última reina del vudú de Nueva Orleans.
Otra de las figuras importantes del cementerio de San Luis también tiene nombre de mujer, Marie Delphine LaLaurie, más conocida como «madame LaLaurie». Su vida abarca sesenta y siete años, los comprendidos entre 1775 y 1842. Madame LaLaurie fue una de las vampiras más aterradoras del continente americano.
Delphine LaLaurie nació en el seno de una familia acaudalada. Durante toda su vida, incluso luego de ser acusada de vampirismo, mantuvo una posición de privilegio en los círculos más influyentes de Nueva Orleans.
La visita al cementerio de San Luis es un paseo por lo extraño. Las tumbas no son solo para uso de particulares: también las hay que pertenecen a sociedades civiles de Nueva Orleans. Grupos de músicos, seguidores de un club deportivo, organizaciones de diferentes signos tienen en propiedad mausoleos destinados a ser ocupados a medida que van falleciendo los socios. Dos de las criptas mejor conservadas son propiedad de la archidiócesis de la ciudad y en ellas descansan los cuerpos de los sacerdotes cuyas familias no los reclaman.

Xochimilco (México), embarcaciones recorren los canales. En esas barcas se come, se escucha cantar a los mariachis y desde ellas se pueden divisar las islas que se encuentran a los lados de los canales. En una de esas islas se encuentra una singular necrópolis; no es un cementerio al uso, es un cementerio de muñecas.
El pasear por la isla de las Muñecas me proporcionó una sensación que me cuesta describir. Esas muñecas colgadas de los árboles, atadas a una piedra, apoyadas en una empalizada o sujetas en un alambre, me produjeron algo que definiría como inquietud, pero no repulsión. Una muñeca abandonada de las manos de una niña produce una impresión extraña, como si esa orfandad fuera fruto de una tragedia.
Hay cientos de muñecas en la isla, algunas están completas, pero a la mayoría les faltan brazos, piernas y ojos. Las largas horas al sol las deterioran, y de algunas solo queda el tronco.

(Panteón San Fernando, Ciudad de México). Moverse por el cementerio es como pasear por el claustro de un convento; se respira el mismo silencio y la misma paz. Entre todas las sepulturas, una en particular me llamó la atención más que el resto, al leer en una placa el nombre de la bailarina y coreógrafa Isadora Duncan.
Rebusqué en mis recuerdos la trágica muerte de la actriz y la manera tan literaria y en cierto modo morbosa en que la explicó el diario The New York Times en su edición del 15 de septiembre de 1927: «El automóvil iba a toda velocidad cuando la estola de fuerte seda que ceñía su cuello empezó a enrollarse alrededor de la rueda, arrastrando a la señora Duncan con una fuerza terrible, lo que provocó que saliese despedida por un costado del vehículo y se precipitase sobre la calzada de adoquines. Así fue arrastrada varias decenas de metros antes de que el conductor, alertado por los gritos, consiguiese detener el automóvil. Se obtuvo auxilio médico, pero se constató que Isadora Duncan ya había fallecido por estrangulamiento, y que sucedió de forma casi instantánea».
Sabía que la renombrada bailarina había fallecido en un trágico accidente de tráfico en Niza.
Isadora Duncan realmente no está enterrada en el Panteón de San Fernando, esa tumba no la ocupa nadie, está vacía. Es lo que se dice un cenotafio, un monumento funerario que no contiene el cadáver del personaje a quien se dedica. La causa de esa anécdota es sencilla, y es la devoción que por ella profesaba uno de sus admiradores mexicanos, quien, si no podía tener su cuerpo, al menos se contentaba con tener su recuerdo.

La Recoleta, Buenos Aires (Bs As) Argentina. La entrada principal es un pórtico formado por cuatro columnas que fue concluido durante una de las reformas, la ordenada en 1881 por el entonces intendente de la Municipalidad, Torcuato de Alvear, de quien recibe el nombre la avenida que me condujo hasta la puerta del cementerio.
Tanto el frontispicio exterior como el interior poseen inscripciones en latín. El mensaje de fuera está dirigido de los vivos a los muertos: Requiescant in pace, que como bien sabe significa: «Descansen en paz».
La tumba más famosa de todo el recinto, el lugar donde reposa el cuerpo de María Eva Duarte de Perón.
Cuando uno la ve por primera vez, no da la sensación de un mausoleo, más bien recuerda el portal de un inmueble al que solo le falta un interfono para estar completo. Remarcada en una fachada de mármol negro hay una puerta de metal delante de la que pueden verse ramos de flores frescas, como si de dentro fuera a salir una novia el día de su boda. Y no puede ser de otra manera, Eva Duarte enamoró a la mayoría de los argentinos. Su vida tiene claroscuros, pero quizá no muchos más que los de cualquier otro mortal.

La Chacarita, Bs As, el sepulcro de Juan Domingo Perón, ya no descansa en La Chacarita. En 2004 su cuerpo fue trasladado a un mausoleo privado situado en un retiro de diecinueve hectáreas, en San Vicente, a poco más de cincuenta kilómetros de Buenos Aires, que el general y su segunda esposa, Evita, adquirieron en 1946.
Sin demorarme por más tiempo en el recuerdo de Perón, me acerqué a la tumba de la poetisa Alfonsina Storni, que inspiró la letra de esa bella canción que es «Alfonsina y el mar». El mausoleo representa a una mujer desnuda que parece estar saliendo de una piedra rosa. Una escultura elegante como elegantes eran los poemas de Storni.
Por nada del mundo la ocasión de visitar la tumba de Carlos Gardel, porque siempre he sido un admirador de los tangos, sé bastantes de memoria. Incluso los canto con relativa corrección. Cumplí la costumbre de reponerle el cigarrillo que la estatua del cantor lleva perpetuamente entre los dedos, y lo sustituí por otro en mejores condiciones.

An entertaining and lovely book. It reads without difficulty and very didactic. It is a type of tourism that has more boom among the Anglo-Saxon countries and as the visits to the markets I tend to frequent.
Around the world in 80 cemeteries is a walk through the most important cemeteries in the world. Through its pages, the most important cemeteries in the world are covered, telling the most curious anecdotes and stories that have occurred in them. Related in a pleasant, simple and agile way, we will visit the cemeteries of La Madeleine de Francia, Hólavallagarður de Reykjavík, the Jewish Cemetery of Prague or the grottos of the Vatican …

The cemetery of Amiens is located on a site occupied in the seventeenth century by an old leper hospital, although this information has little relevance in what I am going to tell you. When inside, it gives more the sensation of walking through a forest than through a cemetery. The terrain is somewhat rough, the brush, although not runaway, surrounds the tombs without damaging them.
He walked among pantheons that spoke of already disappeared men of Amiens. Most of those people had been important one day, but now there were very few who remembered them, and they only had the embrace of nature as their only consolation.
Jules Verne commissioned his friend the sculptor Albert-Dominique Roze to sculpt the figure that was to be placed on his grave when the time of transit to the next life arrived. He was meticulous in the details, overly fussy. He pointed out what he should include in the set. He recommended the exact position of the figure and indicated the precise orientation. Nothing he wanted to leave in the hands of improvisation. To that work, the writer or the sculptor-I can not say which of them-gave it to call Towards immortality and eternal youth.
Followers of the mystery have studied the sculpture for years and after many cabals have come to say that at a certain time of one of the equinoxes, I do not remember if in March or September, the shadow of Julio Verne’s hand rests on the dates of birth and death, as if he were trying to reveal a secret to us.

Walking through the Cemetery of Dogs is like being in a miniature cemetery, all are small tombs, a small space that must be occupied by a body smaller than a man. All the epitaphs show phrases of affection towards the companion that distributing affection has filled the lives of their owners.
Absorbed in these readings, I ended up in front of the most famous star buried in the cemetery, Rin Tin Tin.
Rin Tin Tin was a German shepherd who was rescued by an American soldier from a kennel bombed in the French region of Lorraine, shortly before the end of the first world war.
When I left the Cemetery of Dogs, an epitaph came to mind. A phrase that Lord Byron had engraved on the tomb of his dog, Boatswain, on his property in Newstead Abbey: “Here lie the remains of a beautiful creature without vanity, strong without insolence, brave without ferocity and who had all the virtues of man and none of its defects ».

Remember the first scene in the movie Save Private Ryan? Well, that well-known scene in which an ex-combatant of the Second World War looks for, among an ocean of crosses, the tomb of Captain John Miller, takes place in the American Cemetery of Normandy. That cemetery was chosen as my next destination.
The cemetery is located in Colleville-sur-Mer and stands on the beach of Omaha, where the US Army suffered the lowest casualties on the day of the landing. It has an extension of seventy hectares, which were ceded in perpetuity by France to the United States.
On the lawn, white marble crosses stand out, a total of 9,387 perfectly aligned. Of 307 of those almost ten thousand, it is not known who occupies them, since the bodies could not be identified. In some of them you can see the Star of David. Unfortunately, they could not find all the bodies of the dead in combat.

The Highgate Cemetery was inaugurated on May 20, 1839, with the idea of ​​providing London with a series of seven private necropolises, which they called the Magnificent Seven. Those cemeteries, in case you want to know them but not memorize, were, apart from the mentioned Highgate, those of Kensal Green, West Norwood, Abney Park, Nunhead, Brompton and Tower Hamlets. A commercial war broke out between them to capture as many dead as possible. At that time cemeteries were private businesses and they competed against each other to give a better service. Highgate added something that the rest could not offer, magnificent views of London, being located in one of the highest points of the city.
The tomb of Karl Marx, undoubtedly the most visited by tourists; I did not waste much time contemplating it. In that quick review I was able to make sure that the head of the philosopher placed on the pedestal is of immeasurable enormity.
The pantheon of the Dickens family, knowing that the renowned writer Charles Dickens is not buried in Highgate, but in the Abbey of Westminster, by express order of Queen Victoria.
I could not miss the tomb of Elizabeth Siddal. Elizabeth was a beautiful woman, but of a languid beauty that served to be considered one of the most beautiful models of the nineteenth century. His Gothic beauty fell in love with a group of painters who called themselves pre-Raphaelites.

Cross Bones Cemetery. Let yourself be attracted by the place. The first thing you will discover is a round plate of a brilliant black color that reads THE OUTCAST DEAD, RIP, which means “The marginalized dead, rest in peace.”
Cross Bones was closed in 1853, given the impossibility of burying more bodies in its small space, and thus was forgotten until more than one hundred years after its closure, in which, following the expansion works of the Jubilee Line metro, some excavations discovered it. There appeared a huge mass grave that housed some fifteen thousand corpses. The majority were newborn babies or with an age that did not exceed one year, as well as adults, including a large number of women over thirty-six years of age who died of smallpox and tuberculosis. There were also 148 individual tombs that should correspond to people of a higher social level.

The Whitby Cemetery has several trails to walk through and there are plenty of benches to stand on. In any of them Mina Murray could have sat, longing for the company of her fiance while writing intimate letters to her precious friend Lucy Westenra. Surely in one of those banks the beautiful and flirtatious Lucy had her first encounter with Dracula.
It’s a pity that Bram Stoker’s body is not buried in that cemetery. The writer was cremated and his ashes kept in the crematorium of Golders Green, in London.

The most important cemetery in the capital of Scotland is called Greyfriars and is reputed to be haunted.
It is rumored that the spirit of George Mackenzie de Rosehaugh, a sinister lawyer who was buried in a mausoleum of Greyfriars back in 1691, is rumored to be in the cemetery of Greyfriars. The place where he is being held prisoner is called the Black Mausoleum.
It surprised me first and raised curiosity after a series of graves were protected by a kind of cages. A rectangular lattice that surrounded some tombs, reaching a height that at first glance would say that it should be around the meter. I was able to learn that these cages were a preventive measure so that the corpses inside were not desecrated and stolen, to be sold and to serve as a study in the university. That image brought to mind the story The Robber of Corpses, Robert Louis Stevenson, who by the way was a native of Edinburgh and lived in a house rental a few meters from Greyfriars. The source of inspiration cemetery could have served him well.
Bobby is buried in the cemetery of Greyfriars. On the tombstone of the tomb that marks his date of death, January 14, 1872, the following inscription can be read: “Let your loyalty and devotion be an example to all of us.”
Before I left his side and left the cemetery, I remembered Robert Louis Stevenson again: “Do you think dogs will not go to heaven? I tell you that they will be there much sooner than any of us. ”

The small cemetery of Longyearbyen has not accepted new income for seventy years because it was discovered that the bodies did not decompose and the corpses were preserved from corruption by the underground layer of ice, which kept them looking the same as on the day of the death. In that lost point of the planet the incorruptibility of the flesh is a reality.
When one of the inhabitants of that small Norwegian town becomes seriously ill, there is only one option, to wait for a small plane or a ship to move it to another warmer area of ​​the country, so that it is there where he spends his last days of life waiting for its sad end. If you are unlucky enough to find yourself in a terminal state in Longyearbyen, no one will offer to bury you and wait for them to come and look for you to give you land in another cemetery far from where you were born. The job of gravedigger, as you may well suppose, does not exist in Longyearbyen.

The old Jewish Cemetery in Prague is different from all the ones I have visited so far. Neither more beautiful nor uglier than the previous ones. It has against him, or maybe in his favor, which is not majestic. It does not show luxurious cemeteries or monuments of expensive marbles. Their graves do not decorate flowers. Before me, only tombstones were presented piled up without apparent order or conceit.
It is not clear when it was founded. Some assure that it dates from the 5th century, others place it in the first half of the 15th century, based on the hypothesis that the oldest located tomb belongs to the rabbi and poet Avigdor Kara, who was buried in 1439. The most recent It is the tomb of Moses Beck, from the year 1787. It does not matter, the dates do not really matter.
The number of graves is uncertain, it is estimated that the number of visible ones must amount to twelve thousand and that in the cemetery more than one hundred thousand people can be buried, all Jewish. The tombstones are stuck together as if they were teeth that emerge from the earth.
On the walk through the Jewish Cemetery in Prague I was surprised that small stones were placed on the top edge of many of the tombstones. However much one searches for it, that custom is not in the Hebrew religious regulations, or what is the same, it does not figure in the laws of mourning, which mark what needs to be done from the moment a person dies until it is it is one year after his death and then, once a year, when he will be remembered lighting a light and praying a kaddish, which is nothing more than a request to God, who is asked to accelerate the redemption and the coming of the Messiah.
There are different explanations to that old custom. The best known is that when the deceased were buried in the desert, the members of the Jewish community covered the bodies with stones, which in addition to serving as a marker of burial, also protected the remains of the action of the deceased. the Predators. In addition, placing these pebbles reminded everyone that the tomb was not abandoned and thus tried to prevent its desecration. There is another theory that if I may, I will reveal it when I talk about Jerusalem.

The Novodevichy cemetery is the most famous in Moscow. That was the main reason that made me put it on the list of cemeteries I had to visit. It is part of the convent group of the monastery of the same name, dating from the sixteenth century. The cemetery is in one of the most charming enclaves of Moscow, the Bolshoi Lake Novodevichy, where Tchaikovsky was inspired to compose The Swan Lake.
The Novodevichi cemetery was opened in 1898, when there were already many burials on the walls of the monastery. Antón Chéjov was one of the first important characters to be buried.
Very close to the tomb of Molotov, a new sculpture surprised me about the others. It was the bust of a woman and had the peculiarity of being inside a glass cube, as if it were a transparent prison in which it fulfilled sentence.
That figure was made by Ivan Shadr, one of the best sculptors of Russia after the Revolution. Sculpted the bust of a woman with a black granite rose in her hand. The rose in question no longer exists, was torn by the followers of the husband of the deceased.
The sculpture represents Nadiezhda Alelúyeva, the second wife of Iósif Stalin. His relationship with Stalin was a veritable whirlwind of love and hate in equal parts. Nadia always admired the Soviet leader, but in the private life of the couple there were episodes of violence both verbally and, possibly, it is believed, also physical. He died on November 9, 1932, in circumstances to date still unclear. They found her dead in her room next to a revolver.

The main cemetery in St. Petersburg receives the complicated name of Piskaryovskoye. When I entered it I remembered a sinister order pronounced by Adolf Hitler: “Leningrad must be erased from the face of the earth. We are not interested in saving civilians at all. ”
The Piskaryovskoye cemetery was erected as a reminder of the great tragedy experienced by the city during the Second World War. As soon as I entered the room my gaze stopped at the monument of the eternal flame. A rectangular mass of granite where the fire is kept alive throughout the day, warning that when the disasters are extinguished they will be produced again. That flame should never go out. It is a tribute to the victims of the siege suffered by Leningrad by the German troops.

Few views of the ocean boast the beauty that can be seen from Waverley Cemetery, Sydney, Australia. Its privileged location on the top of a cliff causes the view to be lost on the horizon.
Waverley Cemetery is east of the Australian city of Sydney. Although its sculptures and architecture are fascinating, I warn you that the magnificent image of the ocean that comes from there makes them pay less attention than they really deserve.
I do not know if he will have seen the funeral sequence in the movie The Great Gatsby, not Redford’s, but the one played by DiCaprio. That sequence that makes us believe that we are in the United States was filmed in Australia, specifically in the cemetery where I was, Waverley.
Inaugurated in 1877, what stands out in the first place are its monuments of Victorian and Edwardian architecture, mostly perfectly preserved. That reason makes it appear among the ten most beautiful cemeteries in the world in most of the lists that occasionally appear in the press.

The San Luis cemetery is one of three Catholic cemeteries in the city of New Orleans. It was built in 1789, which is why most of the tombs I was encountering dated from the 18th and 19th centuries.
The location of the cemetery is privileged, as it is located a few streets from the Mississippi River, and still closer to the famous French Quarter. One of its main curiosities is that all the tombs are above ground level. This is because it is located in a swampy land and because the city is below sea level, so when it rains in excess, several times a year, the cemetery is flooded and the coffins are in danger of leaving afloat. Imagine the spectacle, hundreds of coffins moving over the water from one side to another, to end up emptying into the Mississippi.
The most important tomb is that of Marie Laveau, who has the merit of being the last queen of voodoo in New Orleans.
Another of the important figures of the San Luis cemetery also has the name of a woman, Marie Delphine LaLaurie, better known as “Madame LaLaurie”. His life spans sixty-seven years, those between 1775 and 1842. Madame LaLaurie was one of the most terrifying vampires of the American continent.
Delphine LaLaurie was born into a wealthy family. Throughout her life, even after being accused of vampirism, she held a privileged position in the most influential circles in New Orleans.
The visit to the cemetery of San Luis is a walk through the strange. Tombs are not just for private use: there are also tombs that belong to civil societies in New Orleans. Groups of musicians, followers of a sports club, organizations of different signs have mausoleums owned to be occupied as the members die. Two of the best-preserved crypts are owned by the archdiocese of the city and on them rest the bodies of priests whose families do not claim them.

Xochimilco (Mexico), boats travel the channels. In those boats you eat, you hear sing the mariachis and from them you can see the islands that are on the sides of the channels. On one of these islands there is a singular necropolis; It is not a cemetery to use, it is a doll’s cemetery.
Walking around the Island of the Dolls gave me a feeling that I find hard to describe. Those dolls hanging from the trees, tied to a stone, supported by a palisade or fastened on a wire, produced something that I would define as restlessness, but not repulsion. An abandoned doll from the hands of a girl produces a strange impression, as if that orphanage was the result of a tragedy.
There are hundreds of dolls on the island, some are complete, but most are missing arms, legs and eyes. The long hours in the sun deteriorate them, and of some only the trunk remains.

(San Fernando Pantheon, Mexico City). Moving around the cemetery is like walking through the cloister of a convent; we breathe the same silence and the same peace. Among all the graves, one in particular caught my attention more than the rest, when I read on a plaque the name of the dancer and choreographer Isadora Duncan.
I searched in my memory the tragic death of the actress and the so literary and somewhat morbid way in which The New York Times explained it in its edition of September 15, 1927: “The car was going at full speed when the stole The strong silk that encircled her neck began to coil around the wheel, dragging Mrs. Duncan with terrible force, which caused her to leave the side of the vehicle and rush on the cobblestone road. So it was dragged several tens of meters before the driver, alerted by the screams, managed to stop the car. Medical help was obtained, but it was found that Isadora Duncan had already died from strangulation, and that it happened almost instantaneously. ”
He knew that the renowned dancer had died in a tragic traffic accident in Nice.
Isadora Duncan is not really buried in the Pantheon of San Fernando, that grave is not occupied by anyone, it is empty. It is what is called a cenotaph, a funerary monument that does not contain the corpse of the person to whom it is dedicated. The cause of that anecdote is simple, and it is the devotion that one of her Mexican admirers professed for her, who, if she could not have her body, at least was content to have her memory.

La Recoleta, Buenos Aires (Bs As) Argentina. The main entrance is a portico formed by four columns that was completed during one of the reforms, ordered in 1881 by the then Mayor of the Municipality, Torcuato de Alvear, who receives the name of the avenue that led me to the cemetery door .
Both the exterior frontispiece and the interior have inscriptions in Latin. The message from outside is directed from the living to the dead: Requiescant in pace, which as you well know means: «Rest in peace».
The most famous tomb in the whole area, the place where the body of María Eva Duarte de Perón rests.
When you see it for the first time, it does not give the impression of a mausoleum, rather it recalls the portal of a building that only needs an intercom to be complete. Framed in a facade of black marble there is a metal door in front of which you can see bouquets of fresh flowers, as if from inside a girlfriend was going out on the day of her wedding. And it can not be otherwise, Eva Duarte fell in love with most Argentines. His life has chiaroscuro, but perhaps not many more than those of any other mortal.

La Chacarita, Bs As, the sepulcher of Juan Domingo Perón, no longer rests in La Chacarita. In 2004 his body was moved to a private mausoleum located in a nineteen-hectare retreat in San Vicente, just over fifty kilometers from Buenos Aires, which the general and his second wife, Evita, acquired in 1946.
Without lingering any longer in the memory of Perón, I went to the tomb of the poet Alfonsina Storni, who inspired the lyrics of that beautiful song that is “Alfonsina y el mar”. The mausoleum represents a naked woman who seems to be coming out of a pink stone. An elegant and elegant sculpture were Storni’s poems.
For nothing of the world the occasion to visit the tomb of Carlos Gardel, because I have always been an admirer of the tangos, I know enough of memory. I even sing them with relative correction. I complied with the habit of replacing the cigarette that the statue of the singer carries perpetually between the fingers, and replaced it with another one in better conditions.

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