Violencia E Islam: Conversación Con Houria Abdelouahed — Adonis / Violence & Islam: Conversation With Houria Abdelouahed by Adonis

Un texto que propone, desde la perspectiva de un poeta e intelectual del ámbito musulmán, una lectura crítica de la situación que vive actualmente el mundo árabe-musulmán. Su mirada profunda y crítica nos ofrece las claves para comprender tanto el auge del islamismo político radical y violento, como el atraso político, cultural, científico y económico de las sociedades musulmanas. Una lectura provechosa en estos tiempos de turbulencia y regresión oscurantista. Hablando de un Islam realista.

(Primavera Árabe)
Al principio, el levantamiento árabe hizo pensar en un despertar. Un despertar muy bello. Pero los acontecimientos que siguieron a la llamada primavera árabe han demostrado que no se trataba de una revolución, sino de una guerra, y que esta, en vez de sublevarse contra la tiranía, se ha convertido en otra tiranía. Por supuesto, hubo oposiciones que no recurrieron a la violencia. Pero estas fueron aplastadas por el peso de los acontecimientos que se desarrollaron tras el inicio del levantamiento. Por otra parte, esta revolución ha demostrado que era una revolución confesional, tribal y no cívica, musulmana y no árabe. Ahora bien, la situación de la sociedad árabe debería cambiar radicalmente.
El problema es que este cambio se enfrenta a las eternas cuestiones de la religión y del poder. Los pueblos, prácticamente carentes de derechos, solo han pensado en derrocar el poder existente sin prestar suficiente atención a la cuestión de las instituciones, de la educación, de la familia, de la libertad de la mujer y del individuo. De hecho, faltó una reflexión sobre la manera de fundar una sociedad civil, es decir, la sociedad del ciudadano.
Se trata de un error de perspectiva: no se puede, en el seno de una sociedad como la árabe, hacer una revolución si esta no se basa en la laicidad. Por otra parte, la alianza orgánica entre los rebeldes que abanderaban esta presunta revolución con las fuerzas extranjeras fue un segundo error. Pues en vez de considerarse independientes, los rebeldes estaban estrechamente vinculados a las fuerzas extranjeras.
La alianza con el extranjero ha perjudicado al movimiento. A ello cabe añadir que la violencia armada ha desempeñado un gran papel en la destrucción de la revolución. Las armas sofisticadas llegaban principalmente del exterior. Sabemos que los revolucionarios no podían tener estas armas sin las fuerzas extranjeras. Resultado: en vez de desestabilizar a los regímenes dictatoriales, ellos destruyeron sus países.

Cuando se habla del islam, es preciso distinguir dos niveles: el nivel teórico, estrechamente vinculado al poder, y el nivel constitucional y práctico. El primer nivel permanece inmutable, y podemos resumirlo de la siguiente manera: el islam se fundamenta en tres principios esenciales. Primero: el profeta Mahoma es el sello de los profetas. Segundo: las verdades transmitidas son, en consecuencia, las verdades últimas. Tercero: el individuo o el creyente no tiene nada que añadir ni que modificar, sino que deben contentarse con obedecer los preceptos. El poder ha demostrado, a lo largo de la historia, que este siempre ha velado por esta inmutabilidad y esta perpetuación de la concepción religiosa que acabo de mencionar.
Mesopotamia es la cuna de la civilización. Se ha destruido lo humano pero también todos los vestigios anteriores al islam. Se borran todas las huellas y esta supresión responde a la llamada de la más pulsional de las pulsiones, es decir, a la pulsión de destrucción.

El pensamiento árabe, incluso el calificado como moderno, sigue siendo dogmático y prisionero del espíritu de la tribu. No hay nada que cambiar, nada que cuestionar. Todo debe seguir como antes, fijo, inmutable. Lo que hemos denominado ‘asr an-nahda (el renacimiento) se revela un falso renacimiento. Por tanto, no se puede reinterpretar la historia, ni analizarla, ni avanzar, si no se logra romper con el espíritu religioso y la mentalidad tribal.
El islam, como nació perfecto, combate todo lo que le precedió y todo lo que ha venido después. Y «todo» comprende la filosofía, el arte, el pensamiento, la creatividad, la visión del mundo, etc. Una vez abolido el pensamiento y el arte condenado, la única luz de la que disponemos es la que fomenta el poder reinante. El drama de Saqîfa sigue representándose hoy. ¿Por qué Arabia Saudí libra una guerra contra el Yemen? Esta guerra hunde sus raíces en el espíritu tribal de nuestra historia. Pero en vez de analizar las razones de tal devastación, debemos contentarnos repitiendo las guerras sin cuestionar los fundamentos. Según el espíritu tradicional, hay que ser «seguidor» (tabi’) y no crítico. No se puede plantear ninguna pregunta sobre nuestra historia. Debemos simplemente repetir y reproducir.
La cultura musulmana es una decadencia, si consideramos lo que le precedió. El islam creció en el seno de una cultura tribal basada en el comercio y el poder. Todos sabemos que los primeros fundadores eran comerciantes: Jadiya, la primera esposa de Mahoma, era una comerciante; Abu Bakr, Umar y Utmán también lo eran. Y, de hecho, es un retroceso no solo con relación a los romanos, sino con los propios árabes de la época. En Arabia existió la figura de Sajah que era la jefa de su tribu. Antes del advenimiento del islam, las mujeres eran libres y podían ejercer las más altas funciones en el seno de su tribu. En cuanto a La Meca, esta fue el escenario del nacimiento de los Mu’allaqat, a los que yo considero personalmente como una poesía verdaderamente universal. El hecho de que la Revelación eligiera la lengua de los Mu’allaqat demuestra la grandeza de estos poemas. Los árabes tienen el deber de repensar su historia.
No hay ni el pensamiento de la muerte ni ninguna otra problemática. En cuanto a la lengua del Corán, es bella, pero retórica e impersonal. En cambio, la lengua de los poetas está intrínsecamente vinculada a la experiencia humana. Es más viva, imaginativa y personal. Los poetas árabes consideraban la lengua coránica desde un punto de vista estético, como si formase parte de un mundo lingüístico que existía incluso antes del advenimiento del islam. El lenguaje de Imru’u l-Qays, aun traducido, sigue siendo bello y poderoso.

El monoteísmo es el resultado de dos cosas. Primera, el desarrollo del sentido de la economía. Segunda, el desarrollo del sentido del poder. Estos dos elementos trastornaron el mundo antiguo, origen de grandes civilizaciones politeístas, y mataron la idea de pluralidad.
Un solo poder en el cielo y un solo representante en la tierra. Esta tesis, que es la del monoteísmo, es testigo del triunfo de la economía y del poder sobre la tierra. El islam es el último ejemplo de ello.
El pensamiento islámico tradicional ha mostrado siempre su hostilidad y su odio contra la filosofía. Nosotros volvemos a la violencia en tanto que historia, en tanto que pensamiento, en tanto que visión del mundo. La reflexión filosófica no tiene su lugar porque la Revelación, como ya he dicho y repetido muchas veces, estipula que el profeta de los musulmanes es el sello de los profetas, que ha dicho las verdades últimas, que el humano no tiene nada que decir o añadir. Y si uno fuerza el razonamiento, puede llegar a decir que ni el propio Dios tiene nada más que decir ni añadir a lo que ya ha formulado puesto que Él ha dicho Su última palabra a Su último profeta. Desde el punto de vista de la cultura: 1) Solo hay un Dios. Es el Dios del islam. 2) Él es quien crea y quien da forma. Por tanto, él es el único Creador. 3) Solo hay un Libro. Es el Corán. 4) Solo hay un universo: el de los musulmanes. Ningún lugar para las demás creencias o los demás creyentes en el seno de la sociedad musulmana. 5) El mundo debe islamizarse porque solo existe una religión que es el islam. Además, cuando dices: «solo hay un dios», no se trata de cualquier dios. Es el dios de los musulmanes. Hay un solo dios de la misma manera que solo existe un único universo cultural. El individuo que vive en él debe ser musulmán o se le condenará por renegado. Ahora bien, el rechazo del otro, el no creyente, significa que no hay igualdad. No obstante, es preciso defender la igualdad y no la tolerancia. La pluralidad es preciosa. Al principio era la pluralidad y no el Uno. El Uno sale de la ideología.

La mujer siempre ha sido desacreditada o maldecida, cuando no literalmente aplastada. La mujer no figuraba entre los dirigentes. Siempre ha ocupado una segunda categoría. No formaba parte de lo que, en el fondo, constituía una sociedad. Se la consideraba como un objeto decorativo. Ello suscitó en la mujer una consciencia de la injusticia y un sentimiento de rebelión. Pero privada de trabajo y de autonomía, no ha podido expresar a menudo su oposición a un sistema que la envilecía. Sin embargo, encontramos figuras revolucionarias como las mujeres que has mencionado: Aisha, Fátima, Rábiá y, sobre todo, Sajah. Esta era la más fuerte porque era la líder de una tribu, y ejerció el poder.
El islam ha deformado la sexualidad, ha negado el amor y ha deformado la relación entre el yo femenino y el otro masculino. Ha deformado todas las relaciones. La única relación que queda es la del amo y el esclavo, la del que posee y el objeto poseído. De hecho, los musulmanes no han prestado atención al hecho de que esta mentalidad ha matado incluso a la religión, pues la ha transformado en un medio que justifica la posesión y anula la espiritualidad. Hay que prestar atención a los místicos para hablar de la espiritualidad.
Hoy en día, en el siglo XXI, el destino de las mujeres cautivas en las jaulas es ser vendidas. El Estado Islámico fija los precios. Las más jóvenes, las niñas, son las más caras. ¡Es horrible!
Es horrible, en efecto. Pero es esencialmente religioso. La más joven es la más cara porque es virgen. Lo digo siempre desde hace mucho tiempo, los musulmanes siempre han estado obsesionados por el amor al dinero. Del dinero como poder. Dijiste en el siglo XXI. Sí, pero para el Estado Islámico, las nociones de hombre y de dignidad humana no existen.

Occidente siempre ha ayudado a mantener las dictaduras en el mundo árabe. Occidente ya no busca la cultura, la luz, el futuro, el progreso. Busca el dinero.
Occidente prefiere tratar con los árabes en ámbitos muy concretos: la política, la economía y el poder… En cambio, los fundamentos del islam, su visión, la mirada que proyecta sobre lo humano y el mundo no interesan a la institución política occidental. Esta última se aprovecha actualmente del clima de guerras y conflictos que afectan al mundo árabe a fin de enriquecerse, intentando así escapar a la crisis económica y social. En cuanto a los orientalistas, fueron excelentes en su ámbito, pero no comprendían al islam.

Esperanza es que el Estado Islámico sea el último grito de este islam. Como una vela que, en sus últimos instantes, hace un último esfuerzo antes de extinguirse. Esto es lo que pasa actualmente en el mundo árabe. Los árabes se devoran unos a otros. Se degüella al otro, se lo extermina, se lo humilla… El Estado Islámico extermina chiíes, yazidíes, suníes… Es una historia de barro. Ya no me apetece hablar de la denominada historia árabe. Ni siquiera de los árabes excepto en el ámbito de la poesía. Los árabes no han logrado crear un Estado o instaurar la ciudadanía. Gracias a las circunstancias incomprensibles que hemos intentado esclarecer, los árabes lograron fabricar esta historia árabe. Pero creo que el contexto en el cual el árabe ha vivido durante quince siglos ha llegado a su fin. Hay que comprender que los pueblos mueren y las civilizaciones mueren también. Esta Umma ya no tiene una presencia creadora en ningún ámbito de la civilización humana. Los árabes están ausentes del mundo. Es la muerte.
Está la violencia de los textos que son sacralizados y la violencia de Occidente en tanto que institución política que ha desempeñado un papel importante en la ruptura de la izquierda árabe.
Esta es una prueba más de que los árabes actuales son los aliados absolutos de quienes los han aplastado durante siglos: Francia, Inglaterra y Turquía. Han acabado en una luna de miel con los mismos que los han inmolado. Y hoy, estas guerras entre chiíes y suníes ponen de manifiesto la magnitud de la catástrofe. Los unos son los enemigos de los otros. Es una insensatez. El Yemen está siendo atacado de la manera más atroz.
La sociedad árabe hoy en día es un conjunto de instituciones de violencia y de suplicio, de instituciones «podridas», según la expresión de Michel de Certeau. Y hoy el árabo-musulmán no vive como un hombre libre y cultivado, sino como una máquina o una cifra dentro de una masa que se llama «grupo», «comunidad», «confesión» o «tribu». El intelectual árabe tiene como tarea ya no salvar la memoria, sino salvarnos del pasado y de la memoria.
La memoria guarda como bloques lo que nunca ha sido pensado sino sacralizado por los preceptos y una lengua que canta, en el intervalo, el suplicio y los preceptos. La dimensión psicológica siempre ha sido ocultada. Sin embargo, esta resulta decisiva para acabar con la sacralización. Dicha sacralización constituye en sí misma una violencia porque nos quita la posibilidad de desidealizar un corpus transmitido pero no pensado.

La concepción que impera actualmente precisa una nueva interpretación del islam y de las culturas de los pueblos que han vivido bajo la égida del poder islámico; también necesita una nueva lectura de la cultura árabe en su conjunto, la escritura de una nueva historia; necesita, en definitiva, fundar nuevas relaciones entre las palabras y las cosas, el hombre y el mundo, el hombre y el progreso.

A text that proposes, from the perspective of a poet and intellectual of the Muslim field, a critical reading of the current situation of the Arab-Muslim world. His deep and critical look offers us the keys to understand both the rise of radical and violent political Islamism, and the political, cultural, scientific and economic backwardness of Muslim societies. A useful reading in these times of turbulence and obscurantist regression. Speaking of a realistic Islam.

(Arab Spring)
At first, the Arab uprising made us think of an awakening. A very beautiful awakening. But the events that followed the so-called Arab Spring have shown that it was not a revolution, but a war, and that this, instead of revolting against tyranny, has become another tyranny. Of course, there were oppositions that did not resort to violence. But these were crushed by the weight of events that developed after the start of the uprising. On the other hand, this revolution has shown that it was a confessional, tribal and non-civic, Muslim and non-Arab revolution. Now, the situation of the Arab society should change radically.
The problem is that this change faces the eternal questions of religion and power. The peoples, virtually devoid of rights, have only thought of overthrowing the existing power without paying enough attention to the question of institutions, education, family, the freedom of women and of the individual. In fact, there was a lack of reflection on how to found a civil society, that is, the society of the citizen.
It is an error of perspective: it is not possible, in a society like the Arab one, to make a revolution if it is not based on secularism. On the other hand, the organic alliance between the rebels who led this alleged revolution with foreign forces was a second mistake. For instead of being considered independent, the rebels were closely linked to foreign forces.
The alliance with the foreigner has harmed the movement. To this we must add that armed violence has played a great role in the destruction of the revolution. The sophisticated weapons came mainly from abroad. We know that revolutionaries could not have these weapons without foreign forces. Result: instead of destabilizing the dictatorial regimes, they destroyed their countries.

When speaking of Islam, it is necessary to distinguish two levels: the theoretical level, closely linked to power, and the constitutional and practical level. The first level remains unchanged, and we can summarize it in the following way: Islam is based on three essential principles. First: the prophet Muhammad is the seal of the prophets. Second: the transmitted truths are, consequently, the ultimate truths. Third: the individual or the believer has nothing to add or modify, but must be content to obey the precepts. The power has demonstrated, throughout history, that this has always veiled by this immutability and this perpetuation of the religious conception that I have just mentioned.
Mesopotamia is the cradle of civilization. It has destroyed the human but also all the vestiges before Islam. All traces are erased and this suppression responds to the call of the most instinctual drive, that is, to the destruction drive.

Arab thought, even the modern one, remains dogmatic and a prisoner of the spirit of the tribe. There is nothing to change, nothing to question. Everything must continue as before, fixed, immutable. What we have called ‘asr an-nahda (rebirth) reveals a false rebirth. Therefore, one can not reinterpret history, analyze it, or advance, if it is not possible to break with the religious spirit and the tribal mentality.
Islam, as it was born perfect, fights everything that preceded it and everything that has come after. And “everything” includes philosophy, art, thought, creativity, worldview, etc. Once thought and condemned art have been abolished, the only light we have is the one that fosters the reigning power. The drama of Saq? Fa is still performed today. Why is Saudi Arabia fighting a war against Yemen? This war has its roots in the tribal spirit of our history. But instead of analyzing the reasons for such devastation, we must content ourselves by repeating the wars without questioning the fundamentals. According to the traditional spirit, one must be “follower” (tabi ‘) and not critical. You can not ask any questions about our history. We must simply repeat and reproduce.
The Muslim culture is a decline, if we consider what preceded it. Islam grew within a tribal culture based on trade and power. We all know that the first founders were merchants: Khadijah, Muhammad’s first wife, was a merchant; Abu Bakr, Umar and Utman were also. And, in fact, it is a setback not only in relation to the Romans, but also to the Arabs of the time. In Arabia there was the figure of Sajah who was the leader of her tribe. Before the advent of Islam, women were free and could exercise the highest functions within their tribe. As for Mecca, this was the setting for the birth of the Mu’allaqat, whom I personally consider a truly universal poetry. The fact that Revelation chose the language of the Mu’allaqat demonstrates the greatness of these poems. Arabs have a duty to rethink their history.
There is neither the thought of death nor any other problem. As for the language of the Koran, it is beautiful, but rhetorical and impersonal. On the other hand, the language of poets is intrinsically linked to human experience. It is more alive, imaginative and personal. The Arab poets considered the Koranic language from an aesthetic point of view, as if it were part of a linguistic world that existed even before the advent of Islam. The language of Imru’u l-Qays, still translated, remains beautiful and powerful.

Monotheism is the result of two things. First, the development of the sense of the economy. Second, the development of the sense of power. These two elements disrupted the ancient world, the origin of great polytheistic civilizations, and killed the idea of ​​plurality.
A single power in heaven and a single representative on earth. This thesis, which is that of monotheism, is a witness to the triumph of the economy and power over the earth. Islam is the last example of this.
Traditional Islamic thought has always shown its hostility and hatred against philosophy. We return to violence as history, as a thought, as a vision of the world. Philosophical reflection does not have its place because the Revelation, as I have said and repeated many times, stipulates that the prophet of the Muslims is the seal of the prophets, who has said the ultimate truths, that the human has nothing to say or Add. And if one forces reasoning, one can say that neither God Himself has anything more to say or add to what He has already formulated since He has said His last word to His last prophet. From the point of view of culture: 1) There is only one God. He is the God of Islam. 2) He is the one who creates and who gives form. Therefore, he is the only Creator. 3) There is only one Book. It is the Koran. 4) There is only one universe: that of the Muslims. No place for other beliefs or other believers in the Muslim society. 5) The world must be Islamized because there is only one religion that is Islam. Also, when you say, “there’s only one god,” it’s not about any god. He is the god of the Muslims. There is only one god in the same way that there is only a single cultural universe. The individual who lives in him must be a Muslim or he will be condemned as a renegade. Now, the rejection of the other, the unbeliever, means that there is no equality. However, it is necessary to defend equality and not tolerance. Plurality is precious. At the beginning it was plurality and not the One. The One comes out of ideology.

The woman has always been discredited or cursed, when not literally crushed. The woman was not among the leaders. It has always occupied a second category. It was not part of what, in the end, constituted a society. It was considered as a decorative object. This caused in the woman a conscience of the injustice and a feeling of rebellion. But deprived of work and autonomy, she has not been able to express her opposition to a system that degraded her. However, we find revolutionary figures like the women you mentioned: Aisha, Fatima, Rabiá and, above all, Sajah. This was the strongest because she was the leader of a tribe, and exercised power.
Islam has distorted sexuality, denied love and distorted the relationship between the feminine and the masculine other. It has deformed all relationships. The only relationship that remains is that of the master and the slave, that of the owner and the possessed object. In fact, Muslims have not paid attention to the fact that this mentality has killed even religion, since it has transformed it into a means that justifies possession and annuls spirituality. You have to pay attention to the mystics to talk about spirituality.
Today, in the 21st century, the destiny of the captive women in the cages is to be sold. The Islamic State sets the prices. The youngest, the girls, are the most expensive. It is awful!
It is horrible, indeed. But it is essentially religious. The youngest is the most expensive because she is a virgin. I have always said this for a long time, Muslims have always been obsessed with the love of money. Of money as power. You said in the 21st century. Yes, but for the Islamic State, the notions of man and human dignity do not exist.

The West has always helped maintain dictatorships in the Arab world. The West no longer seeks culture, light, the future, progress. Find the money.
The West prefers to deal with the Arabs in very specific areas: politics, economy and power … On the other hand, the foundations of Islam, its vision, the view it projects on the human and the world do not interest the Western political institution . The latter is currently taking advantage of the climate of wars and conflicts that affect the Arab world in order to enrich itself, thus trying to escape the economic and social crisis. As for the Orientalists, they were excellent in their field, but they did not understand Islam.

Hope is that the Islamic State is the last cry of this Islam. Like a candle that, in its last moments, makes a last effort before extinguishing itself. This is what currently happens in the Arab world. The Arabs devour each other. The other is slaughtered, exterminated, humiliated … The Islamic State exterminates Shiites, Yazidis, Sunnis … It is a story of mud. I no longer want to talk about the so-called Arab history. Not even from the Arabs except in the field of poetry. The Arabs have not managed to create a State or establish citizenship. Thanks to the incomprehensible circumstances that we have tried to clarify, the Arabs managed to manufacture this Arab history. But I think the context in which the Arab has lived for fifteen centuries has come to an end. It must be understood that peoples die and civilizations die too. This Umma no longer has a creative presence in any area of ​​human civilization. The Arabs are absent from the world. It is death.
There is the violence of texts that are sacralized and the violence of the West as a political institution that has played an important role in breaking the Arab left.
This is further proof that the current Arabs are the absolute allies of those who have crushed them for centuries: France, England and Turkey. They have finished on a honeymoon with the same ones who have immolated them. And today, these wars between Shiites and Sunnis reveal the magnitude of the catastrophe. The ones are the enemies of the others. It is foolishness. Yemen is being attacked in the most atrocious way.
The Arab society today is a set of institutions of violence and torture, of “rotten” institutions, according to the expression of Michel de Certeau. And today the Arab-Muslim does not live as a free and cultivated man, but as a machine or a figure within a mass called “group”, “community”, “confession” or “tribe”. The Arab intellectual has as his task not to save the memory, but to save us from the past and from memory.
The memory keeps as blocks what has never been thought but sanctified by the precepts and a language that sings, in the interval, the ordeal and the precepts. The psychological dimension has always been hidden. However, this is decisive to end sacralization. This sacralization constitutes in itself a violence because it takes away the possibility of desidealizing a corpus transmitted but not thought.

The prevailing conception requires a new interpretation of Islam and the cultures of peoples who have lived under the aegis of Islamic power; it also needs a new reading of the Arab culture as a whole, the writing of a new history; it needs, in short, to found new relationships between words and things, man and the world, man and progress.

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