Instrucciones Para Los Soldados Británicos En Francia 1944 — Varios Autores / Instructions for British Servicemen in France, 1944 by Various Authors

Los soldados británicos que se dirigían a Francia para el Día D recibieron este pequeño volumen para ayudarlos a prepararse para lo que, para la mayoría, sería una cultura diferente. La gran mayoría no tendría conocimiento de Francia, el idioma o las costumbres francesas. La idea era evitar que los soldados británicos cometieran errores que abrirían una brecha entre Gran Bretaña y Francia, ayudando así a la causa del Eje. Como tal, este pequeño libro ofrece una instantánea de cómo Gran Bretaña consideraba a Francia, y por esa sola razón todavía tiene una lectura valiosa.
Sospecho que si sustituyes a Estados Unidos y Estados Unidos por Gran Bretaña y Gran Bretaña en lo que antecede, tendrías un paralelo útil para hoy. Mi única crítica es la omisión de la mayoría de las frases francesas útiles que se le dieron al soldado en el libro original; solo queda un vestage.
Disfruté mucho el libro, y encontré las ideas útiles para el período y relevantes para hoy.
Muy recomendable.

Los franceses poseen, cómo no, un fuerte sentimiento nacional: el orgullo de ser, como una Francia unida, una fuerza dominante en Europa durante mucho tiempo. Pero quizá percibas en ellos también una lealtad regional hacia la zona de Francia de la que proceden. Este «regionalismo» se deriva en parte de los antiguos principados y ducados feudales independientes, y en parte de diferencias raciales. Y es que la nación francesa alberga a grupos tan distintos entre sí como los bretones y los normandos, o por ejemplo los vascos del suroeste, que poseen una lengua propia, los catalanes del otro lado de los Pirineos, y el pueblo de la Provenza, Marsella adentro. Incluso en aquellas zonas de Francia donde no tienen una lengua distinta propia, existe por lo general un dialecto regional llamado patois que los campesinos prefieren hablar antes que el francés de los libros de gramática.
Este sentimiento regional no implica debilitamiento alguno del espíritu nacional. Alsacia y Lorena (cuyos habitantes hablan en su mayor parte un tipo de dialecto del alemán) se unieron a Francia hace menos de tres siglos, y fueron desgajados del país por los alemanes desde 1870 hasta 1918.
Se pueden hacer ciertas generalizaciones sobre los franceses, y la primera es su apego al campo. Antes del estallido de la guerra, cerca de la mitad de la población vivía «en el campo» o en pequeños poblados rurales. Casi todos los campesinos, así como muchos habitantes de la ciudad, poseían y cultivaban un pequeño pedazo de tierra, aunque también trabajasen para un patrono. Esta costumbre generalizada de tener tierras en propiedad ha propiciado entre los franceses una clara inclinación hacia el individualismo. A ello contribuye la elevada presencia de pequeñas empresas y artesanos independientes, a pesar de que existan también, cómo no, grandes industrias.

Es justo decir que ingleses y franceses nos separamos en 1940 cargados de resentimiento. Ellos sentían que no les habíamos enviado una cantidad de Fuerzas Expedicionarias Británicas suficientemente grande o poderosa, y que les habíamos dejado en la estacada en Dunquerque. Pocos de ellos creían que seguiríamos tomando parte en la guerra mucho después de la evacuación. Nosotros, por nuestra parte, pensábamos que los franceses habían luchado mal y que nos traicionaron al pedir un armisticio por separado dejándonos a nosotros en la estacada. Desde 1940 los franceses han aprendido a valorarnos con mayor justicia y generosidad. Ha llegado el momento de que nosotros, por nuestra parte, no pensemos tanto en la caída de Francia y lo hagamos más en la posterior resistencia en Francia, y en cómo los franceses han luchado de nuestro lado fuera de Francia.
La situación prácticamente de hambruna que sufre Francia debido a los alemanes hace que nos sea imposible «vivir del país» durante los primeros meses. Más adelante las condiciones tal vez cambien. Si eso ocurre, descubrirás en todos los rincones de Francia cómo puede hacerse una buena comida con los ingredientes más sencillos.
No des tu comida, tu ropa u otras provisiones a la población civil ni a nadie. El personal de Asuntos Civiles distribuirá provisiones en cuanto estén disponibles. Al regalar tus provisiones no solo fomentas futuras peticiones de la población civil que no pueden ser satisfechas, sino que añades una carga adicional al ya de por sí sobrecargado sistema de abastecimiento.
Los franceses son más educados que la mayoría de nosotros. Recuerda dirigirte a ellos con los tratamientos «Monsieur, Madame, Mademoiselle», y no con un mero «¡Oye!».
Sé paciente si te topas con un francés al que te cueste entender; a él también le cuesta.
Recuerda saludar a los civiles o a los policías franceses cuando te dirijas a ellos. Es una forma habitual de cortesía practicada por los franceses. Saluda cuando entres y abandones una casa privada, un café, o una tienda.
Sé natural pero no te sientas como en casa hasta que no estés seguro de que a tus amigos franceses les parece bien. Recuerda el enorme sufrimiento de los franceses desde 1940.

British soldiers heading to France for D-Day were given this slim volume to help prepare them for what would, for most, be a different culture. The great majority would have no knowledge of France, the French language or customs. The idea was to keep British soldiers from blunders that would drive a wedge between Britain and France, hence aiding the cause of the Axis. As such, this little book offers a snapshot of how Britain regarded France, and for that reason alone still makes valuable reading.
I suspect if you substitute America and American for Britain and British in the above, you’d have a useful parallel for today. My only criticism regards the omission of most of the useful French phrases given to the soldier in the original book; only a vestage remains.
I thoroughly enjoyed the book, and found the insights both useful for the period and relevant for today.
Highly recommended.

The French possess, of course, a strong national feeling: the pride of being, as a united France, a dominant force in Europe for a long time. But you may also perceive in them a regional loyalty towards the area of ​​France from which they come. This “regionalism” derives in part from the old independent feudal principalities and duchies, and partly from racial differences. And the French nation is home to groups as different from each other as the Bretons and the Normans, or for example the Basques of the Southwest, who have their own language, the Catalans on the other side of the Pyrenees, and the people of Provence, Marseille inside. Even in those areas of France where they do not have a distinct language of their own, there is usually a regional dialect called patois that peasants prefer to speak before the French of grammar books.
This regional feeling does not imply any weakening of the national spirit. Alsace and Lorraine (whose inhabitants speak for the most part a kind of dialect of German) joined France less than three centuries ago, and were cut off from the country by the Germans from 1870 to 1918.
Certain generalizations can be made about the French, and the first is their attachment to the countryside. Before the outbreak of war, about half of the population lived “in the countryside” or in small rural towns. Almost all the peasants, as well as many inhabitants of the city, owned and cultivated a small piece of land, although they also worked for an employer. This widespread custom of owning land has led to a clear inclination towards individualism among the French. The high presence of small independent companies and artisans contributes to this, although there are also, of course, large industries.

It is fair to say that English and French separated in 1940 full of resentment. They felt that we had not sent them a quantity of British Expeditionary Forces large enough or powerful, and that we had left them in the lurch in Dunkirk. Few of them believed that we would continue to take part in the war long after the evacuation. We, on our part, thought that the French had fought badly and that they betrayed us by requesting a separate armistice leaving us in the lurch. Since 1940 the French have learned to value us with greater justice and generosity. The time has come for us, for our part, not to think so much about the fall of France and to do more about the subsequent resistance in France, and about how the French have fought on our side outside of France.
The situation of practically famine suffered by France due to the Germans makes it impossible for us to “live in the country” during the first months. Later the conditions may change. If that happens, you will discover in every corner of France how you can make a good meal with the simplest ingredients.
Do not give your food, your clothes or other supplies to the civilian population or anyone. The Civil Affairs staff will distribute provisions as they become available. By giving away your supplies you not only encourage future requests from the civilian population that can not be satisfied, but you add an additional burden to the already overloaded supply system.
The French are more educated than most of us. Remember to address them with the treatments «Monsieur, Madame, Mademoiselle», and not with a mere «Hey!».
Be patient if you run into a Frenchman who is difficult to understand; It also costs him.
Remember to greet civilians or French policemen when you address them. It is a usual form of courtesy practiced by the French. Say hello when you enter and leave a private home, a cafe, or a store.
Be natural but do not feel at home until you are sure that your French friends are fine. Remember the enormous suffering of the French since 1940.

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