Veni Vidi Vinci: Hechos, Personajes Y Curiosidades De La Antigua Roma — Peter Jones / Veni, Vidi, Vici: Everything You Ever Wanted To Know About The Romans But Were Afraid To Ask by Peter Jones

90046B5B-2025-46CE-AA3C-60EFBA492B2D
Dejaron el escenario mundial hace casi dos mil años, pero los antiguos romanos dejaron sus huellas en todo el mundo y continúan haciéndolo. Nuestro calendario, por ejemplo, es de ellos, y luego están los sistemas legales, el vocabulario, la arquitectura y, lo que es más, todas esas películas de gladiadores. Si no obtuviste suficiente historia romana cuando estuviste en la escuela, o incluso si lo hicieras y quieres entretenerse con el vasto tema, consigue _Veni, Vidi, Vici: Todo lo que siempre quisiste saber sobre los romanos pero que tenías miedo Ask_ (Atlantic Books) por Peter Jones. Es un profesor emérito de las obras clásicas en la Universidad de Cambridge, pero este volumen repleto de hechos es informal y divertido, el tipo de historia que incluso las personas que no les gusta leer en la historia pueden encontrar esclarecedora. Los capítulos de Jones son básicamente cronológicos, desde los mitos de la fundación de Roma hasta los hunos que la derribaron. Dentro de cada capítulo hay nuggets de una página o menos sobre un hecho histórico importante, trivial, pero siempre interesante, contado con entusiasmo y que pone en juego el buen humor.
El sistema de religión romano era extremadamente extraño. Había el panteón habitual de dioses y diosas gobernados por Júpiter, por supuesto, pero luego había un número desconcertantemente grande de dioses para encargarse de toda clase de minucias. Justo en el ámbito agrícola, había un dios específico llamado arar, escardar, protegerse del moho y el óxido, y un dios de esparcir excrementos en los campos. Cloacina era la diosa de las alcantarillas. Terminus era el dios de las piedras fronterizas. Roma fue construida sobre la esclavitud. Alrededor del 25% de la población al final de la República eran esclavos, y nunca hubo escasez de ellos. Nunca hubo ningún movimiento de abolición. Nadie cuestionó que algunas personas deberían ser esclavas; fue aceptado como un estado natural. Cuando hubo rebeliones de esclavos, los esclavos se rebelaron por un mal trato específico; nunca presumieron actuar en contra de la institución de la esclavitud. Una cosa que todo el mundo sabe sobre el combate de gladiadores es que una multitud, o un solo juez, podría ser convocado al final del combate, si los combatientes finalmente no se hubieran destruido mutuamente, que se les pregunte, «Pulgares arriba» o «Pulgares abajo» «En el juicio de si deberían vivir o morir». Sí, los signos del pulgar sucedieron, pero el significado es equívoco. «Hay un ligero equilibrio», escribe Jones, «a favor de la creencia de que» pulgares arriba «en realidad significaba» matar «(es decir, clavar la espada en él) y» pulgares abajo «significaba» dejar pasar «(es decir, girar la espada de distancia). «En la página final, Jones reflexiona que de todas las cosas que los romanos nos transmitieron,» el enriquecimiento del idioma anglosajón es su legado más ineludible «. Hay idiomas que descienden del latín, pero El inglés viene del anglosajón, con muchas palabras latinas traídas a Inglaterra por los franceses normandos y otras fuentes. Así que Jones a menudo explica los orígenes de las palabras interesantes. Él te dice cómo puedes predecir el futuro tal como lo hicieron los romanos, de pie para observar aves y ver si las aves ocupaban un lado bueno o malo del campo de visión. En otras palabras, podrías ser un aficionado _auspex_, una palabra latina que proviene de _auis_ «pájaro» y _specio_ «inspecciono». Y de esto obtenemos la palabra «auspicioso».
Los académicos y aquellos familiarizados con la historia de la Antigua Roma pueden objetar que el libro de Jones está entrecortado y en segmentos tan cortos que no puede presentar una historia coherente. Este no es el libro para ellos. Para aquellos de nosotros que solo queremos estar informados y entretenidos, hay al menos un hecho brillante que se encuentra en cada página de esta historia bien informada pero poco interesante.

El clasicista británico Jones, autor de «Vote for Caesar», «Leyendo a Ovidio», y muchos otros libros, nos da una descripción divertida, pero sorprendentemente precisa de la historia romana. En una docena de capítulos aproximadamente cronológicos, Jones integra mito, historia, vida social, personalidades, política, literatura, religión, arqueología y más, mientras cuenta la historia de Roma desde el pasado mítico hasta el colapso del Imperio en Occidente. En el camino, lanza explicaciones y comentarios críticos o análisis de eventos o instituciones particulares (por ejemplo, «Elephant Traps», «Why Latin»? «,» Slave Theory «,» Election Posters «) para ayudar a ampliar nuestra imagen de la vida romana e historia Posiblemente el tratamiento más irreverente del tema desde «A Comic History of Rome» de Gilbert Abbott à Beckett (Londres. 1851), esta no es solo una buena lectura para cualquier persona interesada en la historia romana, sino que podría ser una buena introducción al tema para el lector más joven.

Los romanos elaboraron dos historias sobre su fundación. Una, por sorprendente que nos parezca, era puramente griega. Estaba inspirada en el episodio quizá más famoso de lo que los griegos consideraban su primitiva historia heroica: la guerra de Troya, que supuestamente aconteció (de acuerdo con nuestro sistema de datación) en torno a 1200 a. C., la historia del sitio de Troya (en el oeste de Turquía) por parte de los griegos para recuperar a Helena.
Este acontecimiento constituyó el tema de la primera literatura de Occidente: el poema épico de la Ilíada, compuesto por el bardo griego Homero en c. 700 a. C., época en que muchos griegos emigraban a Sicilia y al sur de Italia.
Sin duda los romanos querían hacer suya la historia de Eneas. ¿Por qué? Porque para los romanos, los griegos eran una «leyenda viva», y querían estar vinculados a ellos. Así pues, los romanos relataron cómo, tras la caída de Troya y después de numerosas aventuras a través del Mediterráneo, Eneas y sus partidarios llegaron a las costas italianas y, con la bendición de Júpiter (rey de los dioses), fundaron la raza romana. Ahora podían alardear de que su lugar en la historia estaba al mismo nivel que el de los famosos griegos.

Estamos acostumbrados a asociar Roma con el dominio del mundo: imperio romano, Iglesia Católica Romana, etc. Por consiguiente, es fácil olvidar que en c. 1000 a. C. Roma no era más que unas cuantas aldeas compuestas por chozas de paja, dispersas en torno a una colina. Con el tiempo este emplazamiento constituiría las famosas Siete Colinas de Roma. Las ventajas de Roma eran su capacidad defensiva debido a la altura; su posición en medio de una llanura muy fértil de suelo volcánico; y su ubicación junto al río Tíber, que le proporcionaba un fácil acceso al mar, al valle del Tíber tierra adentro y al otro lado del río en dirección norte, porque por este lugar podía ser vadeado.
Dicho de otro modo, Roma era una ciudad fronteriza. En aquella época nadie hubiera podido imaginar que aquel pueblo de la colina llegaría un día a dominar y unificar toda la península itálica, y no digamos el mundo conocido.
-Italia al principio se refería solamente al cuarto inferior de Italia colonizado por los griegos. Por consiguiente, los romanos pensaron que el nombre lo habían inventado los griegos. De hecho, había una palabra de un dialecto primitivo, vitelia («becerro», del latín vitulus); los romanos creyeron que los griegos habían convertido este nombre en Italia, probablemente para reflejar la riqueza y fertilidad del sur. Poco a poco el nombre fue arraigando. En siglo III a. C., Italia abarcaba toda la Italia actual excepto el norte; bajo el emperador romano Augusto (siglo I a. C.) acabó incluyendo todo el territorio hasta los Alpes.
-“Latín” viene de latini, «latinos». Este era el nombre del pueblo que ocupaba la zona conocida como Lacio, donde estaba situada Roma: los romanos eran un pueblo latino. Pero ¿por qué Lacio? Los romanos tenían una historia en la que el antiguo dios romano Saturno fue derrocado por su hijo menor Júpiter. Huyó al Lacio y se escondió allí: latebat en latín. Esta derivación es una auténtica estupidez, como casi todas las derivaciones que los romanos fabularon, pero es histórica en el sentido de que los romanos se lo creían.
-No tenemos ni idea de cuál es la verdadera derivación de la palabra Roma. Los antiguos griegos llamaban a Roma Rhômê, que en griego significaba «fuerza, poder». ¡Es fácil ver por qué los romanos se entusiasmaron con esta derivación! Romulus significa «pequeño romano», y puesto que las es y las os a menudo se asocian lingüísticamente (compárese en inglés «foot» y «feet»), Remo podría ser otra forma de la raíz Rom-. Evidentemente, ambos son nombres inventados para personajes míticos, destinados a establecer un fuerte vínculo con Roma.

“Vesta” no tiene nada que ver con vestimenta: Vesta era la diosa del hogar, donde ardía el fuego, el centro de la casa. Como objeto de culto estatal, Vesta estaba ubicada en el hogar del rey. Allí era donde ardía el fuego eterno que garantizaba la permanencia de Roma. Más tarde se construyó para Vesta un santuario en forma de choza, para que pareciera una morada particular. En él solo había un fuego y otros «objetos sagrados», entre ellos un falo erecto.
-En latín la representación de un falo erecto era fascinum. Su significado básico era «hechizo maligno, encantamiento» (el término latino fascino: «embrujo, lanzo un hechizo»). Es la raíz de nuestro «fascinante». El falo se consideraba «apotropaico» (del griego «alejar, apartar»), es decir, evitaba el mal. Esta era su función más habitual en el mundo romano. Los generales romanos en su desfile triunfal llevaban la representación de un falo en la mano para repeler la envidia. No tiene nada que ver con «fascistas», en todo caso no lingüísticamente hablando.
-La procedencia de estos símbolos se desconoce. Una posibilidad es que fueran de origen etrusco y consistieran en muescas incisas en un palo. Por consiguiente, I era una sola muesca, a la quinta muesca se hacía un doble corte, «V», y a la décima se hacía un corte en cruz, «X». Esto explicaría cómo IV se convirtió en 4: era la muesca anterior a la V en la secuencia IIIIV. Y así sucesivamente. Aunque parezca increíble, este sistema se utilizó en Europa hasta el siglo XII, cuando fue sustituido por el sistema arábigo, basado en el sistema hindú y completado con el cero: el sistema moderno. Esta importante revolución se debió en gran medida a la obra pionera de Leonardo Fibonacci, Liber Abaci, «Libro del ábaco» (a comienzos del siglo XIII). Dicho sea de paso, el término inglés para Tesoro Público, «Exchequer», deriva del tablero de ajedrez, cuadrados dibujando una pauta alternante sobre la que se colocan las fichas (en inglés «checkers») para indicar los diferentes valores de los números romanos. Era una forma de simplificar el cálculo de cuentas en el insufrible sistema romano.
-Dado que la necesidad de agua era tan fundamental, en el mundo antiguo no se construía ninguna ciudad donde no hubiera agua fácilmente accesible, con fuentes, lagos, ríos, pozos (privados) y cisternas para cubrir sus necesidades de agua potable. Así pues, en el mundo antiguo, una ciudad no sufría escasez de agua a menos que algo ocurriese con el suministro o que su expansión sobrepasase la capacidad de abastecimiento a toda la población. Londres, por ejemplo, nunca tuvo ningún acueducto.
-El arma sorpresa de Pirro fue el elefante indio, lo bastante grande como para cargar una torre, llamada howdah, y algunos soldados provistos de proyectiles, así como al mahout (conductor). Los romanos no los habían visto nunca antes y los llamaron «vacas lucanias» tras su primer encontronazo en Heraclea, en Lucania.
Estas «vacas» provocaron el caos en las filas romanas, y cuando Pirro más tarde trataba de negociar (en vano) un acuerdo con los romanos, intentó asustar al negociador Fabricio escondiendo un elefante detrás de unas cortinas y haciéndolo salir después repentinamente.
Fabricio, a quien Pirro había intentado sobornar anteriormente, dijo: «Tu oro no me impresionó ayer, ni tampoco hoy tu bestia».
-(victoria pírrica) Pirro salió victorioso en su primera batalla contra los romanos en Heraclea (280 a. C.), pero no consiguió convencerlos para que firmasen la paz. En la segunda, en Asculo (279 a. C.), volvió a ganar, pero perdió a 15.000 hombres, a muchos amigos y generales, y no pudo persuadir a las tribus itálicas hostiles a Roma para que los reemplazasen. Estaba muy impresionado con el ejército romano y decía que con semejantes soldados podría haber conquistado el mundo, aunque también comentó, muy a su pesar, «Si ganamos una batalla más contra los romanos, estaremos totalmente acabados».

Las Doce Tablas no tratan de la constitución: aquel era un tema demasiado polémico y era mejor dejarlo en manos de las asambleas. El derecho privado parece haber sido el principal objetivo, aludiendo ocasionalmente a la relación entre el individuo y la comunidad: familia, matrimonio y divorcio; herencia, bienes y propiedad; asalto y lesiones con relación a las personas y a la propiedad; deuda, esclavitud y servidumbre por endeudamiento (caso en el que el deudor seguía siendo un ciudadano romano y no podía ser vendido al extranjero). Unos cuantos ejemplos más:

Si alguien está loco y no tiene custodio, que la potestad sobre él y sus bienes sea de sus agnados y gentiles.
Un niño manifiestamente deforme, ha de ser ejecutado al instante.
(Exponer a los bebés era corriente: tenemos las instrucciones de un padre en una carta en la que dice: «Si el bebé es un varón, déjalo vivir, si es hembra, exponla». Los cuerpos de los bebés solían enterrarse en los jardines o bajo el suelo.)
-Las mujeres no contaban, lo que no significa que se las infravalorara individualmente, sino que los grandes logros públicos estaban restringidos a los hombres, y eran ellos quienes ostentaban cargos políticos y conducían a los ejércitos a la batalla. A cualquier mujer que aspirara a este tipo de cosas se la consideraba una peligrosa pervertida. Así, resulta que la vida de una mujer romana sigue siendo un misterio, incluso la de una tan longeva, famosa e influyente como Livia, esposa de Augusto.
– Era necesario obtener un permiso imperial para armar gladiadores con armas afiladas o para organizar combates a muerte. Marco Aurelio abolió el impuesto sobre la venta de gladiadores y fijó un precio máximo. Tenemos las cifras: los gladiadores de segunda división se cotizaban entre mil y dos mil sestercios a precio de compra, mientras que los de primera división podían comprarse a un precio que iba de los tres mil a los quince mil sestercios. La cantidad máxima que un promotor se podía gastar en organizar un espectáculo también estaba controlada: entre treinta mil y doscientos mil sestercios, aunque estos límites no se aplicaban a los espectáculos imperiales (se nos dice que Adriano se gastó en una ocasión dos millones de sestercios en un espectáculo).
-Gladiator significa «espadachín» (del latín gladius, «espada»), pero, en realidad, los gladiadores luchaban utilizando un amplio abanico de armas y armaduras, en general un estilo de combate contra otro estilo. Las fuentes mencionan veinte tipos en total, aunque desconocemos los detalles exactos, ni siquiera los más habituales. Espadas, lanzas, escudos, dagas y cascos de forma, tamaño y decoración diferentes, con armaduras que protegían diferentes partes del cuerpo, eran los principales componentes de la armería de un gladiador, salvo los retiarius («hombres de la red»), armados con una red y un tridente y sin casco; también estaban los eques, que luchaban a caballo. Muchos de los nombres de los tipos de gladiadores, «samnita», «galo», «tracio», se derivaban de los nombres de los enemigos de Roma, e indican los orígenes marciales de la institución. El exótico equipamiento que utilizaban era tan diferente al de un soldado romano que debía de exacerbar sin duda la pura teatralidad del espectáculo.
-Las mujeres gladiador, gladiatrices (en singular, gladiatrix), eran escasas, aunque al estado le llegó a preocupar tanto la gran cantidad de mujeres de la clase alta que parecían querer convertirse en gladiatrices que promulgó una ley para impedirlo. Si debemos fiarnos de las imágenes, las mujeres luchaban con un pecho descubierto, igual que las amazonas, y los poetas varones se burlaban de sus músculos y de sus formas masculinas. Los romanos, en general, creían que las mujeres tenían fantasías sexuales sobre gladiadores varones, nada sorprendente en una sociedad que tanto respetaba la fuerza bruta, en especial habida cuenta de que, de todos modos, la cultura popular tenía a las mujeres por unas obsesas sexuales.
-Los árbitros cuidaban de la aplicación del reglamento en las competiciones, intervenían si, por ejemplo, un gladiador perdía por accidente un trozo de su armadura, y utilizaban látigos o hierros al rojo vivo para alentar a los luchadores poco entusiastas. No había límite de tiempo, aunque, al parecer, si el combate se prolongaba, el árbitro podía pedir tiempo muerto para que los luchadores bebieran o para que les dieran un masaje. El combate no se terminaba hasta que uno de los contendientes se rendía, pero si el público estaba de acuerdo, se permitía un empate. El árbitro detenía entonces el combate y le pedía su veredicto al organizador de los juegos, quien probablemente seguía la tendencia de la multitud. La balanza se inclina ligeramente a favor de los que creen que levantar el dedo pulgar significaba «mata» (es decir, clávale la espada a tu contrincante) y que el pulgar hacia abajo significaba «déjalo estar» (es decir, aparta la espada). El gladiador muerto era sacado de la arena y degollado (para asegurarse) antes de disponer su entierro.

En el siglo III se iniciaron las primeras oleadas de incursiones de los pueblos germánicos en el imperio romano a través del Rin y del Danubio, al mismo tiempo que, en el este, los persas empezaban a internarse en los territorios romanos. Los emperadores eran cada vez más incapaces de mantener la paz y la estabilidad, y las desilusionadas élites locales en algunas regiones del imperio, por ejemplo Galia en el oeste y Palmira en el este, se independizaron y se autogobernaron. No estaban intentando destruir el imperio; de hecho, esperaban que su autonomía fuera reconocida oficialmente, como por ejemplo Carausio en Britania en el 287, pero era inevitable que estas acciones generaran conflictos civiles.
Fueron tiempos de confusión militar, y se intensificaron las guerras, tanto las civiles como las extranjeras, y al aparecer también los conflictos económicos, se hizo cada vez más difícil encontrar el dinero para financiarlas. Una de las consecuencias fue que el tamaño de las ciudades empezó a reducirse, y después del año 250 dejaron de construirse nuevos teatros y anfiteatros.
Si había una gran ciudad que necesitaba, y mucho, toda el agua que pudiera conseguir viniera de donde viniera, esa era Constantinopla. En su momento de mayor auge, tenía más de cien gigantescas cisternas públicas de almacenamiento (una de las cuales sirvió de escenario a una película de James Bond) y tres inmensos embalses. En el año 373 d. C., el emperador Valente hizo llegar el agua a la ciudad desde Tracia. A vuelo de pájaro, la distancia que tenía que recorrer el agua era de 250 kilómetros, pero a causa del abrupto terreno, la distancia total del recorrido, parte acueducto, parte canal, se acercaba a los 400 kilómetros. No olvidemos que los romanos no tenían bombas ni un sistema de canales y que todo se basaba en la inclinación y en las pendientes, por lo que los acueductos tenían que construirse de tal modo que condujeran el agua a la inclinación adecuada desde la fuente hasta el consumidor en la ciudad, donde entraba en un depósito de distribución desde el que se alimentaba a la comunidad. En comparación, en Gran Bretaña, el acueducto más antiguo alimentado por la gravedad circula unos escasos 155 kilómetros entre Thirlmere y Manchester.
-¿En qué consiste una buena muerte cristiana? No en morir cuando uno elija, sino en estar seguro de alcanzar el reino de los cielos, sostenían los cristianos. Constantino enfermó en el 336. Intentó curas de baños calientes en Constantinopla y en las fuentes termales de diversos lugares, pero todo fue en vano. Se trasladó entonces al palacio de Diocleciano en Nicomedia, donde aceptó la fe cristiana ante los obispos locales y recibió el bautismo, antes de morir, pocos días más tarde, el 22 de mayo del 337. Constantino no hacía más que seguir la práctica generalizada de recibir el bautismo en el lecho de muerte. Esta práctica tenía su razón de ser: uno debía llegar al cielo limpio de todo pecado, y el bautismo era el único modo de conseguirlo. A propósito, Constantino fue el primer emperador en ser enterrado.
-El derecho romano y el sistema que creó han dejado una huella duradera y ejercido una enorme influencia. Nuestro concepto de «derechos» se fundamenta en el derecho romano, en especial en el ámbito de la propiedad privada y de los derechos cívicos. También se fundamenta en el derecho romano el concepto de iûs gentium, «ley de las naciones», es decir, el concepto de derecho internacional, que dictamina que los estados-nación tienen capacidad legal independiente, pero también que todos los estados son iguales ante la ley. Este principio abrió el camino a la percepción de que las relaciones entre estados podían estar asimismo sometidas a normas y tratados. A partir del siglo XI, el derecho romano aceptado como la base de las leyes nacionales y de toda la formación legal y de la práctica de gobierno, se convirtió en la norma europea, sustituyendo a las costumbres locales, excepto en Inglaterra, donde lo que se generalizó fue la ley local, el derecho consuetudinario (en inglés Common Law, «ley común»), que se uniformizó y se extendió por todo el territorio (de ahí el nombre Common Law, ley común) según los procedimientos de la corte normanda (los reyes normandos gobernaron Inglaterra durante 300 años desde el año 1066 d. C.). Con el tiempo, el derecho consuetudinario se fusionaría con el sistema legal vigente fundamentado en la jurisprudencia establecida por los jueces de los tribunales, caso por caso.

Igual que todo buen pagano, los romanos reconocían a numerosos dioses y toleraban todo tipo de prácticas cultuales. Ningún emperador dictó nunca ninguna disposición general para eliminar sectas; simplemente, se esperaba que todos, cualesquiera que fueran sus creencias en privado, observaran los rituales religiosos del estado y, en especial, que veneraran al emperador. Los romanos, no obstante, hicieron una excepción con el judaísmo, y a cambio, los judíos aceptaban vivir, no sin alguna tensión en ocasiones, bajo el dominio de una potencia extranjera que, muy a menudo, hacía gala de una gran falta de sensibilidad (por ejemplo, cerca del año 48 d. C., durante la celebración de la Pascua judía, un soldado romano se desnudó el trasero en el templo de Jerusalén, se lo enseñó a la multitud y se tiró un pedo. Fue necesario llamar al ejército para aplacar los disturbios subsiguientes en los que murieron entre veinte mil y treinta mil judíos, muchos de ellos aplastados en las estrechas calles mientras intentaban huir). El judaísmo era, por lo tanto, una secta legal y los romanos dejaron que los judíos se ocuparan del cristianismo, una de sus muchas ramificaciones.
Sin embargo, a medida que crecía la popularidad del cristianismo, las autoridades romanas se interesaron más por esta secta.
Ahora bien, apenas existía un consenso único con relación a qué significaba el cristianismo. Los debates filosóficos basados en las Escrituras empezaron a arreciar y las sectas cristianas no dejaban de escindirse. Pero llegó Constantino, y con él la ortodoxia. La palabra griega que designaba «escuela filosófica de pensamiento», hairesis («elección»), tomó ahora un nuevo significado, el de «herejía», error, y los obispos de Constantino emprendieron la tarea de imponer su versión de la historia de la Iglesia hasta aquel momento. El primer concilio ecuménico de Nicea
(325) constituye un buen ejemplo de cómo se desarrolló la principal corriente de la ortodoxia cristiana, y de él salió el Credo de Nicea, que sigue siendo la base fundamental de la liturgia de la principal corriente del cristianismo.
-Mártir» deriva de martus, en griego, «testigo». Los primeros cristianos tendían a menospreciar este mundo porque esperaban que Jesucristo regresara muy pronto, y estaban convencidos de que sacrificarse en el nombre de Cristo era la más alta misión a la que podían estar llamados un hombre o una mujer. La persecución les brindaba por lo tanto a los cristianos la oportunidad de morir por la fe y así hacer avanzar la causa cristiana, y cuanto más sangrienta y más serena la muerte, mejor.
Aunque muchos de los altos funcionarios romanos consideraran que los mártires eran unos chiflados, intentaban razonar con ellos, pero era evidente que los cristianos creían que su valor y su integridad, al dar fe de sus convicciones de este modo, incitarían a los paganos a reflexionar. Así pues, el martirio se erigiría en el punto de encuentro de la Iglesia, que inspiraba sensación de confianza y rebeldía.
-El signo está formado por las letras griegas chi y ro entrecruzadas, las dos primeras letras de la palabra griega Christos, «el ungido», la traducción al griego del judío «mesías». Más tarde, se añadieron a ambos lados del crismón las letras A, alfa (a) y Ω, omega (o larga), otro signo que representaba a Cristo y que a partir de aquel momento en griego podía leerse como APXΩ (archo), «yo gobierno». En otra adaptación, el griego «por esto, vencerás» se tradujo al latín como «por este signo vencerás» (in hoc signo vinces). Por cierto, Christos sonaba en griego muy parecido a Chrestos («útil»), un nombre muy común entre los esclavos y sirvientes, y a veces Christianoi aparece escrito Chrestianoi en nuestros textos. Así que, cuando se describe a Cristo como un «esclavo o sirviente» tal vez se estuviera haciendo un juego de palabras con esta ortografía. (el crismón).

Cuando Europa, a partir del siglo XIV, vivió un renacimiento clásico intelectual y estético (el Renacimiento) y buscó un nuevo idioma de educación particularmente conceptual, se incorporarían al inglés muchas antiguas palabras griegas. Esta es la razón de la maravillosa riqueza del idioma inglés: su inmenso vocabulario tiene palabras de origen germánico y grecolatino, lo que nos da opciones con diversas tonalidades de significado en cada giro: ¿el latino regal o el germánico kingly (real)? ¿el germánico faithfulness o el latino fidelity (fidelidad)?
De entre todos los modos en los que los antiguos romanos han influido en nuestro mundo, la transmisión de la cultura griega, los grandes autores como Catulo, Juvenal, Ovidio, Tácito y Virgilio, los conceptos de republicanismo y de imperio, las formas arquitectónicas, el sistema legal, la difusión y expansión del cristianismo, el concepto de estoicismo, por citar solo unos pocos, el legado más innegable que han dejado a los británicos es sin duda alguna el del idioma anglosajón, que aumenta considerablemente los medios para comunicarnos de forma eficaz todos y cada uno de los días de nuestra vida.

545D1A2C-B311-45C6-B9F8-2E674B6E6BB7

They left the world stage almost two thousand years ago, but the ancient Romans left their marks all over the world and continue to do so. Our calendar, for instance, is theirs, and then there are the legal systems, vocabulary, architecture, and what is more, all those gladiator movies. If you didn’t get enough Roman history when you were in school, or even if you did and you want to be entertained by the vast subject, get _Veni, Vidi, Vici: Everything You Ever Wanted to Know about the Romans but Were Afraid to Ask_ (Atlantic Books) by Peter Jones. He is an emeritus professor of the Classics at Cambridge University, but this fact-packed volume is informal and fun, the sort of history that even people who don’t like reading history can find enlightening. Jones’s chapters are basically chronological, from the myths of the foundation of Rome to those Huns who brought it down. Within each chapter are nuggets of a page or less on an important, trivial, but always interesting historical fact, told with enthusiasm and punning good humor.
The Roman system of religion was exceedingly strange. There was the usual pantheon of gods and goddesses ruled over by Jupiter, of course, but then there was a bafflingly huge number of gods to take care of all sorts of minutiae. Just in the agricultural realm, there was a specific named god of ploughing, of weeding, of protection from mildew and rust, and a god of spreading excrement on the fields. Cloacina was the goddess of the sewers. Terminus was the god of boundary stones. Rome was built upon slavery. About 25% of the population at the end of the Republic were slaves, and there was never a shortage of them. There was never any abolition movement. No one questioned that some people ought to be slaves; it was accepted as a natural state. When there were slave rebellions, the slaves were in revolt over specific bad treatment; they never presumed to act against the institution of slavery. One thing that everyone knows about gladiatorial combat is that a crowd, or a single judge, might be called upon at the end of combat, if the combatants had not finally destroyed one another, to be asked, “Thumbs up” or “Thumbs down” in judgement of whether they should live or die. Yes, the thumb signs happened, but the meaning is equivocal. “There is a slight balance,” writes Jones, “in favor of the belief that ‘thumbs up’ actually meant ‘kill’ (i.e., drive the sword into him) and ‘thumbs down’ meant ‘let be’ (i.e, turn the sword away).” On the final page, Jones reflects that the of all the things the Romans handed down to us, “the enrichment of the Anglo-Saxon language is their most inescapable legacy.” There are languages descended from Latin, but English comes from Anglo-Saxon, with a lot of Latinate words brought into England by the Norman French and other sources. So Jones often explains interesting word origins. He tells you how you can foretell the future just like the Romans did, standing to observe birds and seeing if the birds occupied a good side or bad side of the field of view. In other words, you could be an amateur _auspex_, a Latin word that comes from _auis_ “bird” and _specio_ “I inspect.” And from this we get the word “auspicious.”
Academics and those familiar with the history of Ancient Rome may object that Jones’s book is choppy and in such short segments that it cannot present a coherent history. This is not the book for them. For those of us who just want to be informed and entertained, there is at least one bright fact to be found on every page of this well-informed but unstuffy history.

British classicist Jones, author of «Vote for Caesar», «Reading Ovid», and many other books, gives us an amusing, but surprisingly accurate overview of Roman history. In a dozen roughly chronological chapters, Jones integrates myth, history, social life, personalities, politics, literature, religion, archaeology and more, as he tells the story of Rome from the mythic past through the collapse of the Empire in the West. Along the way he tosses in explanations and critical commentary or analysis of particular events or institutions (e.g. “Elephant Traps,” “Why ‘Latin’?”, “Slave Theory,” “Election Posters”) to help broaden our picture of Roman life and history. Possibly the most irreverent treatment of the subject since Gilbert Abbott à Beckett’s «A Comic History of Rome» (London: 1851), this is not only a good read for anyone interested in Roman history, but arguably a good introduction to the subject for the younger reader.’

The Romans produced two stories about its foundation. One, surprising as it may seem, was purely Greek. It was inspired by the episode perhaps more famous than what the Greeks considered their primitive heroic history: the Trojan War, which supposedly happened (according to our dating system) around 1200 BC. C., the history of the site of Troy (in the west of Turkey) on the part of the Greeks to recover to Helena.
This event was the subject of the first Western literature: the epic poem of the Iliad, composed by the Greek bard Homer in c. 700 a. C., time in which many Greeks emigrated to Sicily and the south of Italy.
No doubt the Romans wanted to make the story of Aeneas his own. Why? Because for the Romans, the Greeks were a «living legend», and wanted to be linked to them. Thus, the Romans related how, after the fall of Troy and after numerous adventures across the Mediterranean, Aeneas and his supporters reached the Italian coasts and, with the blessing of Jupiter (king of the gods), founded the Roman race . Now they could boast that their place in history was on the same level as that of the famous Greeks.

We are used to associating Rome with the domain of the world: Roman Empire, Roman Catholic Church, etc. Therefore, it is easy to forget that in c. 1000 a. Rome was no more than a few villages made up of thatched huts, scattered about a hill. Over time this site would constitute the famous Seven Hills of Rome. The advantages of Rome were its defensive capacity due to height; its position in the middle of a very fertile plain of volcanic soil; and its location next to the Tiber river, which provided easy access to the sea, to the Tiber valley inland and to the other side of the river in a northerly direction, because it could be waded through this place.
In other words, Rome was a border city. At that time no one could have imagined that the people of the hill would one day come to dominate and unify the entire Italic peninsula, let alone the known world.
-Italy at the beginning referred only to the lower quarter of Italy colonized by the Greeks. Therefore, the Romans thought that the name had been invented by the Greeks. In fact, there was a word from a primitive dialect, vitelia («calf», from the Latin vitulus); the Romans believed that the Greeks had converted this name into Italy, probably to reflect the wealth and fertility of the south. Little by little the name was rooting. In the 3rd century BC C., Italy included all the current Italy except the north; under the Roman emperor Augustus (1st century BC) he ended up including the entire territory up to the Alps.
– «Latin» comes from latini, «latinos». This was the name of the town that occupied the area known as Lazio, where Rome was located: the Romans were a Latin people. But why Latium? The Romans had a story in which the ancient Roman god Saturn was overthrown by his youngest son Jupiter. He fled to Lazio and hid there: latebat in Latin. This derivation is an authentic stupidity, like almost all the derivations that the Romans fabulated, but it is historical in the sense that the Romans believed it.
-We have no idea what the true derivation of the word Rome is. The ancient Greeks called Rome Rhômê, which in Greek meant «strength, power.» It is easy to see why the Romans were enthusiastic about this derivation! Romulus means «little Roman,» and since they are and they are often associated linguistically (compare «foot» and «feet»), Remo could be another form of the root Rom. Evidently, both are invented names for mythical characters, destined to establish a strong bond with Rome.

“Vesta» has nothing to do with clothing: Vesta was the goddess of the hearth, where the fire burned, the center of the house. As an object of state worship, Vesta was located in the king’s home. That was where the eternal fire that guaranteed the permanence of Rome burned. Later a shrine in the shape of a hut was built for Vesta, to make it look like a private dwelling. In it there was only one fire and other «sacred objects,» including an erect phallus.
-In Latin the representation of an erect phallus was fascinum. Its basic meaning was «evil spell, enchantment» (the Latin term fascino: «spell, cast a spell»). It is the root of our «fascinating». The phallus was considered «apotropaic» (from the Greek «to move away, to separate»), that is, it avoided evil. This was his most usual function in the Roman world. The Roman generals in their triumphal procession carried the representation of a phallus in their hands to repel envy. It has nothing to do with «fascists», in any case not linguistically speaking.
-The provenance of these symbols is unknown. One possibility is that they were of Etruscan origin and consisted of incised notches on a stick. Therefore, I was a single notch, the fifth notch was a double cut, «V», and the tenth was a cross cut, «X». This would explain how IV became 4: it was the notch before V in sequence IIIIV. And so on. Although it seems incredible, this system was used in Europe until the twelfth century, when it was replaced by the Arabic system, based on the Hindu system and completed with the zero: the modern system. This important revolution was largely due to the pioneering work of Leonardo Fibonacci, Liber Abaci, «Book of the abacus» (at the beginning of the thirteenth century). Incidentally, the English term for Public Treasure, «Exchequer», derives from the chessboard, squares drawing an alternating pattern on which the cards are placed (in English «checkers») to indicate the different values ​​of Roman numerals . It was a way to simplify the calculation of accounts in the insufferable Roman system.
-Because the need for water was so fundamental, in the ancient world no city was built where there was no easily accessible water, with fountains, lakes, rivers, wells (private) and cisterns to cover their needs for drinking water. Thus, in the ancient world, a city did not suffer water shortages unless something happened to the supply or that its expansion exceeded the supply capacity of the entire population. London, for example, never had an aqueduct.
-The surprise weapon of Pirro was the Indian elephant, big enough to carry a tower, called howdah, and some soldiers equipped with projectiles, as well as the mahout (driver). The Romans had never seen them before and they called them «Lucanian cows» after their first encounter in Heraclea, in Lucania.
These «cows» caused chaos in the Roman ranks, and when Pirro later tried to negotiate (in vain) an agreement with the Romans, he tried to scare the negotiator Fabricio by hiding an elephant behind some curtains and making him leave afterwards suddenly.
Fabricio, whom Pirro had tried to bribe before, said: «Your gold did not impress me yesterday, nor today your beast».
– (Pyrrhic victory) Pyrrhus was victorious in his first battle against the Romans in Heracleia (280 BC), but failed to convince them to sign peace. In the second, in Ascle (279 BC), he again won, but lost 15,000 men, many friends and generals, and could not persuade the Italic tribes hostile to Rome to replace them. He was very impressed with the Roman army and said that with such soldiers he could have conquered the world, although he also commented, in spite of himself, «If we win one more battle against the Romans, we will be completely finished”.

The Twelve Tables do not deal with the constitution: that was too controversial a topic and it was better to leave it in the hands of the assemblies. Private law seems to have been the main objective, occasionally referring to the relationship between the individual and the community: family, marriage and divorce; inheritance, property and property; assault and injuries in relation to people and property; debt, slavery and debt bondage (case in which the debtor was still a Roman citizen and could not be sold abroad). A few more examples:

If someone is crazy and has no custodian, let the power over him and his property be his agnados and gentiles.
A child manifestly deformed, must be executed instantly.
(Exposing babies was common: we have the instructions of a father in a letter in which he says: «If the baby is a boy, let him live, if he is female, expose her.» The bodies of the babies used to be buried in the gardens or under the ground.)
– The women did not count, which does not mean that they were underestimated individually, but that the great public achievements were restricted to men, and it was they who held political positions and led the armies to battle. Any woman who aspired to this kind of thing was considered a dangerous pervert. Thus, it turns out that the life of a Roman woman remains a mystery, even that of a long-lived, famous and influential as Livia, wife of Augustus.
– It was necessary to obtain an imperial permit to arm gladiators with sharp weapons or to organize battles to the death. Marco Aurelio abolished the tax on the sale of gladiators and set a maximum price. We have the figures: the gladiators of second division were quoted between one thousand and two thousand sesterces at the purchase price, while the first division could be purchased at a price ranging from three thousand to fifteen thousand sesterces. The maximum amount that a promoter could spend to organize a show was also controlled: between thirty thousand and two hundred thousand sesterces, although these limits did not apply to imperial shows (we are told that Adriano was once spent two million sesterces in a show).
-Gladiator means «swordsman» (from the Latin gladius, «sword»), but, in reality, the gladiators fought using a wide range of weapons and armor, in general a combat style against another style. The sources mention twenty types in total, although we do not know the exact details, not even the most usual ones. Swords, spears, shields, daggers and helmets of different shape, size and decoration, with armor that protected different parts of the body, were the main components of a gladiator’s armory, except for the retiarius («men of the network»), armed with a net and a trident and without a helmet; there were also the eques, who fought on horseback. Many of the names of the gladiator types, «Samnite», «Gallic», «Thracian», were derived from the names of the enemies of Rome, and indicate the martial origins of the institution. The exotic equipment they used was so different from that of a Roman soldier that must undoubtedly exacerbate the pure theatricality of the show.
-The gladiator women, gladiatrices (singular, gladiatrix), were rare, although the state was so concerned about the large number of women of the upper class who seemed to want to become gladiators that promulgated a law to prevent it. If we were to trust the images, the women fought with a bare chest, just like the Amazons, and the male poets made fun of their muscles and their masculine forms. The Romans, in general, believed that women had sexual fantasies about male gladiators, not surprising in a society that so respected brute force, especially given that, in any case, popular culture had women as obsessed sexual.
-The referees took care of the application of the regulation in the competitions, intervened if, for example, a gladiator accidentally lost a piece of his armor, and used whips or red-hot irons to encourage the half-hearted fighters. There was no time limit, although, apparently, if the combat was prolonged, the referee could ask for time-out for the wrestlers to drink or for a massage. The fight was not over until one of the contestants gave up, but if the audience agreed, a draw was allowed. The referee then stopped the fight and asked his verdict to the organizer of the games, who probably followed the trend of the crowd. The scale is tilted slightly in favor of those who believe that raising the thumb meant «kill» (ie, snap the sword to your opponent) and that the thumb down meant «let it be» (ie, set aside the sword) . The dead gladiator was taken from the arena and his throat cut (to be sure) before disposing of his burial.

In the third century the first waves of incursions of the Germanic peoples into the Roman Empire through the Rhine and the Danube began, at the same time as, in the east, the Persians began to penetrate the Roman territories. The emperors were increasingly unable to maintain peace and stability, and the disillusioned local elites in some regions of the empire, for example Gaul in the west and Palmyra in the east, became independent and self-governing. They were not trying to destroy the empire; in fact, they expected their autonomy to be officially recognized, such as Carausio in Britain in 287, but it was inevitable that these actions would generate civil conflicts.
These were times of military confusion, and wars intensified, both civilian and foreign, and as economic conflicts also appeared, it became increasingly difficult to find the money to finance them. One of the consequences was that the size of the cities began to be reduced, and after the year 250 new theaters and amphitheatres ceased to be built.
If there was a big city that needed, and a lot, all the water that could get came from where it came, that was Constantinople. At its peak, it had more than a hundred gigantic public storage tanks (one of which served as the stage for a James Bond movie) and three immense reservoirs. In the year 373 d. C., Emperor Valente brought water to the city from Thrace. As the crow flies, the distance that the water had to travel was 250 kilometers, but because of the abrupt terrain, the total distance of the route, part aqueduct, part channel, was close to 400 kilometers. Do not forget that the Romans did not have pumps or a system of channels and that everything was based on the inclination and the slopes, so the aqueducts had to be constructed in such a way that they drove the water to the proper inclination from the source to the consumer in the city, where it entered a distribution depot from which the community was fed. In comparison, in Britain, the oldest aqueduct fed by gravity circulates a scarce 155 kilometers between Thirlmere and Manchester.
– What is a good Christian death? Not in dying when one chooses, but in being sure to reach the kingdom of heaven, the Christians maintained. Constantine fell ill in 336. He tried cures of hot baths in Constantinople and in the hot springs of various places, but all in vain. He then moved to Diocletian’s palace in Nicomedia, where he accepted the Christian faith before the local bishops and received the baptism, before dying, a few days later, on May 22, 337. Constantino did nothing but follow the generalized practice of receive baptism on the deathbed. This practice had its reason for being: one had to reach heaven clear of all sin, and baptism was the only way to achieve it. By the way, Constantine was the first emperor to be buried.
-The Roman law and the system it created have left a lasting imprint and exerted an enormous influence. Our concept of «rights» is based on Roman law, especially in the field of private property and civic rights. Also based on Roman law is the concept of ius gentium, «law of nations», that is, the concept of international law, which dictates that nation-states have independent legal capacity, but also that all states are equal before the law. the law. This principle opened the way to the perception that relations between states could also be subject to norms and treaties. From the eleventh century, Roman law accepted as the basis of national laws and of all legal training and the practice of government, became the European norm, replacing local customs, except in England, where it was generalized was the local law, the common law (in English Common Law, «common law»), which was standardized and extended throughout the territory (hence the name Common Law, common law) according to the procedures of the Norman court (The Norman kings ruled England for 300 years from AD 1066). Over time, customary law would merge with the current legal system based on the case law established by the judges of the courts, case by case.

Like every good pagan, the Romans recognized many gods and tolerated all kinds of cultic practices. No emperor ever dictated any general disposition to eliminate sects; simply, everyone, whatever their beliefs in private, was expected to observe the religious rituals of the state and, in particular, to worship the emperor. The Romans, however, made an exception with Judaism, and in return, Jews accepted to live, not without some tension at times, under the domination of a foreign power that, very often, showed a great lack of sensitivity ( For example, around AD 48, during the celebration of the Jewish Passover, a Roman soldier undressed his butt in the temple of Jerusalem, showed it to the crowd and farted, it was necessary to call the army to appease the subsequent riots in which between twenty thousand and thirty thousand Jews died, many of them crushed in the narrow streets while trying to flee). Judaism was, therefore, a legal sect and the Romans let the Jews take care of Christianity, one of its many ramifications.
However, as the popularity of Christianity grew, the Roman authorities became more interested in this sect.
However, there was hardly a single consensus regarding what Christianity meant. The philosophical debates based on the Scriptures began to intensify and the Christian sects did not stop splitting. But Constantine arrived, and with him the orthodoxy. The Greek word for «philosophical school of thought,» hairesis («election»), now took on a new meaning, that of «heresy,» error, and the bishops of Constantine undertook the task of imposing their version of the history of the Church until that moment. The first ecumenical council of Nicea
(325) is a good example of how the main stream of Christian orthodoxy developed, and from it came the Nicene Creed, which remains the fundamental basis of the liturgy of the main stream of Christianity.
-Martir »derives from martus, in Greek,« witness ». The early Christians tended to despise this world because they expected Jesus Christ to return very soon, and they were convinced that sacrificing in the name of Christ was the highest mission to which a man or a woman could be called. Persecution therefore gave Christians the opportunity to die for the faith and thus advance the Christian cause, and the more bloody and serene the death, the better.
Although many of the top Roman officials considered the martyrs to be cranks, they tried to reason with them, but it was clear that Christians believed that their courage and integrity, by attesting to their convictions in this way, would prompt pagans to reflect . Thus, martyrdom would be erected at the meeting point of the Church, which inspired a sense of confidence and rebellion.
-The sign is formed by the Greek letters chi and ro criss-crossed, the first two letters of the Greek word Christos, «the anointed one», the Greek translation of the Jewish «messiah». Later, the letters A, alpha (a) and Ω, omega (or long), another sign that represented Christ and that from that moment in Greek could be read as APXΩ (archo), were added to both sides of the chrisón. «I rule». In another adaptation, the Greek «for this, you will win» was translated into Latin as «by this sign you will win» (in hoc signo vinces). By the way, Christos sounded in Greek very similar to Chrestos («useful»), a very common name among slaves and servants, and sometimes Christianoi is written Chrestianoi in our texts. So, when Christ is described as a «slave or servant» maybe a pun is being made with this spelling. (the chrismon).

When Europe, from the fourteenth century, lived a classical intellectual and aesthetic renaissance (the Renaissance) and sought a new language of particularly conceptual education, many ancient Greek words would be incorporated into English. This is the reason for the wonderful richness of the English language: its immense vocabulary has words of Germanic and Greco-Latin origin, which gives us options with different shades of meaning in each turn: the Latin regal or the Germanic kingly (real)? The Germanic faithfulness or the Latin fidelity (fidelity)?
Of all the ways in which the ancient Romans have influenced our world, the transmission of Greek culture, the great authors such as Catullus, Juvenal, Ovid, Tacitus and Virgil, the concepts of republicanism and empire, the architectural forms, the legal system, the diffusion and expansion of Christianity, the concept of stoicism, to name but a few, the most undeniable legacy left to the British is undoubtedly that of the Anglo-Saxon language, which considerably increases the means of communicating effective each and every day of our life.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.