La Gran Manzana. Las 10 Claves Del Éxito De Apple — Leandro Zanoni / The Big Apple. The 10 Keys to Apple Success by Leandro Zanoni (spanish book edition)

Este es un interesante libro sobre la empresa de la manzana y lo que conlleva, se lee muy fácil y aunque gran parte de las cosas conocidas, es un recordatorio de la política de esta empresa.

Desde 1997, las acciones de Apple se revalorizaron casi un 9.500%, llegando a valer cada una casi 600 dólares al cierre de este libro. Actualmente Apple es un fenómeno mundial cuyo tamaño distorsiona los índices de medición bursátil de los Estados Unidos. No es una exageración. A principios de 2012, los analistas financieros excluían a Apple de sus cálculos ya que su dimensión distorsionaba la evaluación real de la industria tecnológica.
Sus fanáticos son otro motivo para analizar a Apple. Ninguna otra empresa de tecnología tiene seguidores tan fieles, capaces de tatuarse el logotipo o estar cinco días al aire libre para ser los primeros en comprar un teléfono. Sus seguidores tienen una devoción casi religiosa y asombra la fuerza con que resistieron durante los peores años, cuando Apple estuvo a punto, literalmente, de desaparecer.
El tridente imbatible de iPod, iPhone y iPad…
Apple es una religión. Para muchos, una filosofía de vida. Una postura frente al mundo. Es mucho más que una empresa multimillonaria que vende computadoras y productos electrónicos de diseño. Entender esto es fundamental para poder analizar con profundidad y amplitud el fenómeno que representa la empresa en la actualidad.
Apple no tiene solo clientes. También tiene partidarios, personas que no solo compran lo que la marca les ofrece sino que además la apoyan, están de acuerdo con lo que hace y las ideas que defiende. El partidario de la marca, a diferencia del cliente, es un público emocionalmente más activo: habla bien de la marca, la difunde, se muestra con ella porque está orgulloso de ser parte de ese mundo.
Pero la comunidad de fanáticos de Apple no es solo decorativa. Sus opiniones tienen peso propio.

Plagada de mitos y leyendas, Apple vivió impregnada por el sello de Steve Jobs, uno de sus dos fundadores y el alma de la compañía. Incluso cuando Jobs se alejó de Apple a fines de 1985, su sombra nunca desapareció del todo. Pero Apple también fue y es lo que es gracias a la gran cantidad de talentos que trabajaron allí durante su historia.
Al igual que otras empresas que marcaron un antes y un después en la historia de la tecnología moderna como Intel, HP, Yahoo! y Google, Apple se formó en un garaje al sur de California, en una zona apodada Silicon Valley, conformada por pequeñas ciudades: Palo Alto, San José, Cupertino, Mountain View y Santa Clara, entre otras.
En 1996 Apple perdía 250 millones de dólares por trimestre. Su acción en la Bolsa valía 17 dólares, despedía a empleados y no tenía una estrategia de negocios clara hacia el futuro. Su participación en el mercado mundial de computadoras arañaba el 3%. La empresa estaba a punto de entrar en cesación de pagos por no poder cumplir con sus créditos bancarios. La revista Wired publicó en su tapa el logo de Apple rodeado con una corona de espinas y la palabra «Pray» (Recemos).
Las cosas iban tan mal en la compañía que incluso varios analistas especularon con la venta o directamente, con su cierre definitivo. «Así, Apple no llega al nuevo milenio», escribió un periodista en la revista Fortune.
Pero reapareció Steve Jobs.
En los últimos años todo lo que lanzó Apple se convirtió en un fenómeno comercial sin precedentes. El producto más importante después del exitoso celular iPhone (y sus sucesivas versiones 3G, 3Gs, 4 y 4S) fue el iPad, la tableta táctil que revolucionó la industria. Fue presentada por Jobs en 2010 y las ventas tanto del primer modelo, como del iPad 2 y el último, llamado simplemente iPad, fueron impresionantes.
En el medio, en enero de 2008, Jobs presentó la MacBook Air, la portátil más delgada del mundo, de apenas un kilo y mucha potencia. Otra vez, la marca se adelantaba varios años al futuro y obligaba al resto a correr detrás. Apple inventó una nueva categoría en el mercado, que hoy Intel se esfuerza por bautizar «ultrabook» y que cuatro años después, más de veinte fabricantes intentan dominar.

Cuando Jobs regresó a Apple en 1997 ya tenía en mente ampliar los productos de Apple hacia el mercado de la música. Desde fines de los ‘90, la digitalización de la música en nuevos formatos como el MP3 estaba revolucionando a toda la industria. Las discográficas vendían cada vez menos discos compactos porque millones de usuarios preferían descargar gratis los archivos con sus canciones preferidas en sistemas como Napster, Kazaa, AudioGalaxy y otros. El formato MP3 podía reducir entre diez y veinte veces los datos de almacenamiento de un archivo musical sin perder mucha calidad de reproducción. Gracias al MP3, el tamaño de un archivo de una canción de cinco minutos de duración pasó de 100 MB a 5 MB. Las computadoras de todo el mundo se llenaron de música.
Sin embargo, en los primeros años del auge del MP3, las principales discográficas ignoraron por completo las drásticas consecuencias que tendría en su propia industria y eligieron una estrategia equivocada: perseguir judicialmente a las personas que descargaban música.
Fue en aquel momento cuando Jobs vio antes y mejor que nadie la revolución musical que venía. Decidió tomar el rumbo opuesto al de la industria: ofrecerle a las personas lo que querían, pero de una manera simple y legal. Vio la oportunidad para lanzarse de lleno al negocio de la música.
La primera movida estratégica de Apple en ese sentido fue adquirir el software SoundJam MP a la empresa Casady & Greene. El programa gestionaba de una manera simple y prolija los archivos de música.
23 de octubre de 2001 Steve Jobs presentó el iPod. La invitación al evento que recibieron los periodistas era sugestiva: «Una pista: No es una Mac». Durante la presentación, Jobs hizo un recorrido por la historia de la música, las descargas en MP3 y anunció que Apple entraba al rubro con un reproductor de música. Este pequeño dispositivo almacena mil canciones y entra en mi bolsillo», dijo y lentamente sacó de su bolsillo de su típico jean azul el iPod blanco. «Mil canciones», repitió ante los aplausos.
Una de las características más criticadas del nuevo dispositivo de Apple era que para administrar sus canciones (agregarlas, eliminarlas, crear listas, editar nombres, etc.) era necesario conectarlo a la computadora y usar el iTunes. No se podía usar ningún otro software. Jobs se defendió alegando que este sistema cerrado le permitía tener un producto final mucho menos complejo que los de la competencia.
Para desalentar la piratería, Jobs decidió que el iPod tampoco permitiera extraer las canciones que se le agregaban desde una computadora. El usuario solo podía eliminarlas, pero no trasladarlas a otra computadora, iPod u otro dispositivo de almacenamiento.
Una de las particularidades del iPod fue el color blanco de sus auriculares. Hasta ese momento, nunca antes una empresa de electrónica le había prestado atención al color de los auriculares de sus dispositivos. El blanco llamó la atención y se convirtió en el nuevo símbolo de la nueva generación post-walkman. Fue una genial estrategia de marketing porque publicitaba un producto que comúnmente no se ve porque va dentro de bolsillos o en carteras. Sin saberlo, cientos de miles de personas se convirtieron en promotores gratuitos del producto en los principales centros urbanos del mundo. En poco tiempo, tener un iPod en el bolsillo e ir por la calle con los cables blancos pasó a ser cool y sinónimo de moda, vanguardia, música, deportes y cultura juvenil. La marca Apple se alejaba del pasado y de la mano de los jóvenes, entraba renovada y con fuerza al nuevo milenio.
La tienda online fue presentada el 28 de abril de 2003. Las predicciones más optimistas pensaban que vendería un millón de canciones en seis meses. Pero las vendieron en seis… días. A partir de allí, las cifras fueron impactantes. El éxito radicaba en que la solución para los usuarios ofrecida por Apple en la tienda iTunes era completa: miles de canciones de calidad, un software simple (iTunes) para administrarlas y el reproductor de moda (iPod) para escucharlas.
La visión de oportunidad de Jobs fue clave desde el minuto cero de las negociaciones con los cinco sellos más importantes: Warner, Sony, Universal, BMG y EMI. No fue una tarea fácil, ya que tras el auge de las descargas ilegales de MP3 y el cierre de Napster, los directivos de los sellos no tenían real conciencia de la situación por la que atravesaban, ni mucho menos sabían qué rumbo tomar.
Jobs quería vender canciones por separado de los álbumes al precio de 0,99 centavos de dólar, pero se encontró con la negativa inicial de los sellos y de algunos músicos, que no querían que la gente desmenuzara sus obras. Una de los principales argumentos que usó para convencerlos fue que solo los usuarios Mac podían comprar canciones, ya que el software iTunes en aquel entonces no funcionaba bajo el sistema operativo Windows. Como eso significaba apenas el 5% del mercado de computadoras, las discográficas no corrían mucho riesgo si el sistema fracasaba. Finalmente aceptaron. Aquella promesa sirvió como el anzuelo perfecto. Fue una de las mejores jugadas estratégicas de Jobs desde su retorno a Apple.
En secreto, Apple ya estaba pensando en ampliar su negocio a las personas que usaban computadoras con Windows, aproximadamente el 90% del mercado mundial. Pero en principio, Jobs se resistía.

Mientras el iPod cautivaba al mundo, Apple no se dormía en los laureles del éxito y trabajaba para su próximo gran golpe: un teléfono inteligente capaz de navegar por internet. Lo bautizó iPhone. De esa manera, la empresa desembarcaba en telefonía, otra industria que le era ajena, dominada por gigantes como Nokia y Motorola.
El 29 de junio de 2007, la tienda de Apple ubicada en el corazón de Manhattan cerró sus puertas a las dos de la tarde. Cinco días antes, una docena de personas ya formaba fila afuera del famoso cubo de vidrio ubicado en la Quinta Avenida, frente a la entrada del Central Park en Nueva York. Con el correr de las horas, la fila se haría más larga y ya había cámaras de televisión para cubrir la noticia. Las puertas abrirían nuevamente a las 18 hs. Apple empezaba a vender el iPhone.
Se trataba de un dispositivo móvil con una pantalla táctil que servía para hablar por teléfono pero también para navegar por Internet, escuchar música y usar aplicaciones. En 2007, todo eso en la palma de la mano y con una impecable estética diseñada por Apple, era una excelente noticia para el sector.
El primer modelo de iPhone salió a la venta a 500 y 600 dólares (de 4 y 8 GB respectivamente), un precio exorbitantemente caro para un celular. Tampoco permitía grabar video, la cámara de fotos era de apenas 2 megapíxeles y no tenía conectividad 3G (solo Wi-Fi). Para colmo, solo podía ser comprado bajo un contrato exclusivo de dos años con la operadora AT&T (en aquel momento, Cingular Wireless) en un acuerdo sin precedentes en la telefonía celular. La operadora le pagaría a Apple diez dólares mensuales por cada abonado a cambio de cinco años de exclusividad en los Estados Unidos (hasta 2011). Lo usual era al revés: que los fabricantes financien sus equipos a las operadoras para venderlos a mejores precios a través de los planes de ellos.
A finales de 2010, Apple llevaba vendidos 90 millones de iPhone en todas sus versiones. Pero para cuando en octubre de 2011 Apple presentó el nuevo modelo de iPhone 4S, en apenas doce horas, la operadora AT&T recibió 200 mil pedidos de reserva en su sitio web.

La última gran jugada de Jobs y de Apple fue el iPad, la tableta electrónica táctil que a partir de 2010 modificó las reglas de la industria informática y obligó a sus principales competidores a desembarcar en esa nueva categoría. En apenas dos años, más de cien fabricantes lanzaron al mercado sus propios modelos de tabletas y los analistas ya hablan del fin de la era de la PC.
Jobs y los miembros principales de su equipo ya venían trabajando en la idea del iPad desde que habían descubierto la pantalla táctil, antes de empezar a desarrollar el iPhone. De hecho, a principios de 2004, Jobs y el diseñador Johnatan Ive habían patentado una tableta electrónica rectangular que se controlaba con los dedos.
Cuando en 2007 retomaron el proyecto, lo primero que decidieron fue qué tipo de chip tendría. Apple venía trabajando con Intel para los procesadores de las Mac pero ahora necesitaban otro tipo de prestaciones para que la batería durase más.
Cuando finalmente en abril la gente pudo comprar y usar el iPad, rápidamente las voces críticas iniciales se apaciguaron. Con el iPad el usuario podía navegar por internet, gestionar el correo electrónico, escuchar música, ver videos, disfrutar de juegos, leer eBooks. Y todo mediante una experiencia nueva: sus dedos.
Aún con sus carencias, resultó un producto espectacular y estéticamente impecable, con un atractivo sin precedentes. Todo el mundo quiso tener uno. Las ventas así lo reflejaron: en menos de un mes, Apple vendió un millón de dispositivos. A los nueve meses, ya habían despachado 15 millones de unidades.
Pero la competencia rápidamente se tornó dura, de la mano de varios fabricantes de peso como Samsung, Motorola, Lenovo, Amazon y Sony, entre otros. Por eso Apple no quiso perder ni un centímetro del terreno conquistado y presentó la segunda versión del iPad en apenas un año. El mismísimo Jobs sorprendió a muchos cuando apareció en marzo de 2011 sobre el escenario con el nuevo iPad en la mano.
El iPad cierra un círculo formado por otros dos productos imbatibles de Apple: el iPod y el iPhone. Los tres dispositivos pusieron a Apple en lo más alto en apenas diez años y modificaron sus respectivos mercados obligando a la competencia a cambiar sus estrategias y modelos de negocios.
Todavía es muy temprano para saber cuál será el próximo gran paso de la industria tecnológica ni qué empresa lo dará. Pero lo que sí es seguro es que Apple seguirá cerca de la innovación y la vanguardia tecnológica durante varios años.

Suele citarse el «Efecto halo» cuando se menciona a los productos de Apple. ¿Qué significa? Se trata de un fenómeno cognitivo por el cual la percepción de un rasgo particular (positivo, neutro o negativo) es influenciada por la percepción de rasgos previos a una secuencia de interpretaciones.
En marketing y el mundo de las empresas de productos de consumo también se puede aplicar el efecto halo cuando las características positivas que genera un producto se extienden hacia el resto del portfolio e, incluso, hacia la marca misma y la competencia.
Los productos de Apple se aplican perfectamente a los principios del efecto halo. Desde la aparición de la Apple II en 1977, y luego a lo largo de la historia, Apple generó en sus consumidores la expectativa y la necesidad para el siguiente o cualquier otro producto de la marca.
La filosofía de Apple siempre fue la de desarrollar productos integrados, es decir, controlar el hardware, el software y el contenido de sus productos. De esa manera, Jobs se aseguraba de gestionar toda la experiencia del usuario, de principio a fin. Pero la desventaja era que las Apple, sus programas y sus impresoras eran incompatibles con el resto de las computadoras, como las IBM y los clones, que a partir de 1983 dominaron ampliamente la industria. La incompatibilidad le impedía a Apple crecer en el mercado.

Steve Jobs creía que los productos de Apple no debían estar en manos de cualquier vendedor, en cualquier shopping o tienda de electrodomésticos, donde los exhibieran al lado de productos de otras marcas. Para Jobs, un producto Apple era único y debía ser vendido como tal. «Estaban en puntos de venta donde no tenían ningún interés en posicionar nuestros productos como objetos únicos. El vendedor solo quiere vender para ganar una comisión e irse a su casa. Debíamos innovar, pensar diferente», explicó en la revista Fortune años después de inaugurar la primera tienda.
Uno de los proyectos que más contribuyeron al éxito actual de Apple fue la de tener su propia cadena de tiendas de venta directa al público. Desde su regreso a la compañía en 1997, Jobs estaba convencido de que los productos Apple debían llegar a la gente de la mejor manera posible y que la marca debía estar presente en toda la experiencia de compra del consumidor, desde el principio hasta el final.
Uno de los requisitos clave para las tiendas de Apple era que debían estar ubicadas en las ciudades más importantes del mundo, en la zona donde más gente transitara.
La otra premisa que puso Jobs fue que cualquier usuario debía poder usar los productos el tiempo que quisiera, jugar con ellos, tocarlos, compararlos, navegar por internet, revisar su correo, probar aplicaciones específicas, escuchar canciones, etc. Que la gente probara los productos era muy importante porque a fines de los ‘90 la mayoría de las personas que no eran los típicos fanáticos de la marca, nunca habían interactuado con una computadora Apple. Debían sacarse todas las dudas ellos mismos en el local. Esto produjo una ruptura respecto a cómo se vendía productos de computación hasta ese momento.

This is an interesting book about the company of the apple and what it entails, it is very easy to read and although much of the known things, it is a reminder of the policy of this company.

Since 1997, Apple shares have been revalued almost 9,500%, each worth almost 600 dollars at the close of this book. Currently Apple is a global phenomenon whose size distorts stock market measurement indices in the United States. It is not an exaggeration. At the beginning of 2012, financial analysts excluded Apple from its calculations since its dimension distorted the real assessment of the technology industry.
Its fans are another reason to analyze Apple. No other technology company has such loyal followers, able to tattoo the logo or spend five days outdoors to be the first to buy a phone. His followers have an almost religious devotion and it amazes the strength with which they resisted during the worst years, when Apple was literally about to disappear.
The unbeatable trident of iPod, iPhone and iPad …
Apple is a religion. For many, a philosophy of life. A position in front of the world. It is much more than a multi-million dollar company that sells computers and electronic design products. Understanding this is essential to be able to analyze in depth and breadth the phenomenon that the company represents today.
Apple does not have only customers. It also has supporters, people who not only buy what the brand offers but also support it, they agree with what it does and the ideas it defends. The brand’s supporter, unlike the customer, is an emotionally more active public: he speaks well of the brand, he disseminates it, he shows it to her because he is proud to be part of that world.
But Apple’s fan community is not just decorative. Your opinions have their own weight.

Plagued by myths and legends, Apple lived impregnated by the seal of Steve Jobs, one of its two founders and the soul of the company. Even when Jobs moved away from Apple in late 1985, his shadow never completely disappeared. But Apple was also and is what it is thanks to the large number of talents that worked there during its history.
Like other companies that marked a before and after in the history of modern technology such as Intel, HP, Yahoo! and Google, Apple was formed in a garage in southern California, in an area nicknamed Silicon Valley, consisting of small cities: Palo Alto, San Jose, Cupertino, Mountain View and Santa Clara, among others.
In 1996 Apple lost 250 million dollars per quarter. Its action in the stock market was worth 17 dollars, dismissed employees and did not have a clear business strategy towards the future. Its participation in the world computer market scratched 3%. The company was about to go into default because it could not meet its bank loans. Wired magazine published on its cover the Apple logo surrounded with a crown of thorns and the word «Pray» (Pray).
Things went so badly in the company that even several analysts speculated on the sale or directly, with its final closure. «Thus, Apple does not reach the new millennium,» wrote a journalist in Fortune magazine.
But Steve Jobs reappeared.
In recent years everything that Apple launched became an unprecedented commercial phenomenon. The most important product after the successful cell phone iPhone (and its successive versions 3G, 3Gs, 4 and 4S) was the iPad, the touch tablet that revolutionized the industry. It was presented by Jobs in 2010 and the sales of both the first model, and the iPad 2 and the last one, called simply iPad, were impressive.
In the middle, in January 2008, Jobs introduced the MacBook Air, the thinnest notebook in the world, barely a kilo and a lot of power. Again, the brand was ahead of the future for several years and forced the rest to run behind. Apple invented a new category in the market, which today Intel strives to baptize «ultrabook» and four years later, more than twenty manufacturers try to dominate.

When Jobs returned to Apple in 1997, he already had in mind to expand Apple’s products to the music market. Since the end of the ’90s, the digitalization of music in new formats such as MP3 was revolutionizing the entire industry. The record companies sold less and less CDs because millions of users preferred to download the files for free with their favorite songs on systems like Napster, Kazaa, AudioGalaxy and others. The MP3 format could reduce the storage data of a music file ten to twenty times without losing much playback quality. Thanks to the MP3, the size of a file of a song of five minutes of duration went from 100 MB to 5 MB. Computers around the world were filled with music.
However, in the early years of the MP3 boom, the major record labels completely ignored the drastic consequences it would have in their own industry and chose the wrong strategy: to prosecute people who downloaded music.
It was at that moment when Jobs saw before and better than anyone the musical revolution that was coming. He decided to take the opposite direction to that of the industry: to offer people what they wanted, but in a simple and legal way. He saw the opportunity to launch fully into the music business.
The first strategic move of Apple in that sense was to acquire the software SoundJam MP to the company Casady & amp; Greene. The program managed music files in a simple and neat way.
October 23, 2001 Steve Jobs introduced the iPod. The invitation to the event that the journalists received was suggestive: «A clue: It’s not a Mac». During the presentation, Jobs toured the history of music, MP3 downloads and announced that Apple was entering the field with a music player. This little device stores a thousand songs and goes into my pocket, «he said and slowly pulled the white iPod out of his pocket of his typical blue jeans.» A thousand songs, «he repeated to the applause.
One of the most criticized features of Apple’s new device was that to manage their songs (add them, delete them, create lists, edit names, etc.) it was necessary to connect it to the computer and use iTunes. No other software could be used. Jobs defended himself claiming that this closed system allowed him to have a final product much less complex than those of the competition.
To discourage piracy, Jobs decided that the iPod would not allow to extract the songs that were added from a computer. The user could only delete them, but not move them to another computer, iPod or other storage device.
One of the peculiarities of the iPod was the white color of his headphones. Until then, never before an electronics company had paid attention to the color of the headphones of their devices. The target attracted attention and became the new symbol of the new post-Walkman generation. It was a great marketing strategy because it advertised a product that is not commonly seen because it goes inside pockets or in purses. Without knowing it, hundreds of thousands of people became free promoters of the product in the main urban centers of the world. In a short time, having an iPod in your pocket and going down the street with white cables became cool and synonymous with fashion, avant-garde, music, sports and youth culture. The Apple brand was moving away from the past and from the hand of young people, it entered renewed and with force to the new millennium.
The online store was presented on April 28, 2003. The most optimistic predictions thought it would sell a million songs in six months. But they sold them in six … days. From there, the figures were impressive. The success was that the solution for the users offered by Apple in the iTunes store was complete: thousands of quality songs, a simple software (iTunes) to manage them and the fashion player (iPod) to listen to them.
The vision of opportunity of Jobs was key from minute zero of the negotiations with the five most important stamps: Warner, Sony, Universal, BMG and EMI. It was not an easy task, since after the boom of illegal MP3 downloads and the closure of Napster, the directors of the stamps were not really aware of the situation they were going through, much less knew what direction to take.
Jobs wanted to sell songs separately from the albums at the price of 0.99 cents, but he found the initial refusal of the labels and some musicians, who did not want people to shred their works. One of the main arguments he used to convince them was that only Mac users could buy songs, since iTunes software at that time did not work under the Windows operating system. As that meant only 5% of the computer market, the record companies did not run much risk if the system failed. Finally they accepted. That promise served as the perfect hook. It was one of Jobs’ best strategic moves since his return to Apple.
In secret, Apple was already thinking of expanding its business to people who used Windows computers, approximately 90% of the world market. But in principle, Jobs resisted.

While the iPod captivated the world, Apple did not rest on the laurels of success and worked for its next big hit: a smart phone capable of surfing the Internet. He named it iPhone. In this way, the company disembarked in telephony, another industry that was foreign to it, dominated by giants such as Nokia and Motorola.
On June 29, 2007, the Apple store located in the heart of Manhattan closed its doors at two in the afternoon. Five days earlier, a dozen people were already lined up outside the famous glass cube located on Fifth Avenue, opposite the entrance to Central Park in New York. With the passing of the hours, the line would be longer and there were already television cameras to cover the news. The doors would open again at 6:00 p.m. Apple started selling the iPhone.
It was a mobile device with a touch screen that was used to talk on the phone but also to surf the Internet, listen to music and use applications. In 2007, all that in the palm of the hand and with an impeccable aesthetic designed by Apple, was excellent news for the sector.
The first iPhone model went on sale at $ 500 and $ 600 (4 and 8 GB respectively), an exorbitantly expensive price for a cell phone. Neither allowed to record video, the camera was just 2 megapixels and had no 3G connectivity (Wi-Fi only). To top it off, it could only be purchased under an exclusive two-year contract with the operator AT & amp; T (at that time, Cingular Wireless) in an unprecedented deal in cell phone. The operator would pay Apple ten dollars a month for each subscriber in exchange for five years of exclusivity in the United States (until 2011). The usual was the other way around: that the manufacturers finance their equipment to the operators to sell them at better prices through their plans.
At the end of 2010, Apple had sold 90 million iPhones in all versions. But by October 2011 Apple introduced the new iPhone 4S model, in just twelve hours, the AT & T operator received 200 thousand reservation requests on its website.

The last big move by Jobs and Apple was the iPad, the tactile electronic tablet that from 2010 modified the rules of the computer industry and forced its main competitors to disembark in this new category. In just two years, more than a hundred manufacturers launched their own tablet models on the market and analysts are already talking about the end of the PC era.
Jobs and the main members of his team had already been working on the idea of ​​the iPad since they had discovered the touch screen, before starting to develop the iPhone. In fact, at the beginning of 2004, Jobs and the designer Johnatan Ive had patented a rectangular electronic tablet that was controlled with the fingers.
When they resumed the project in 2007, the first thing they decided was what type of chip would it have. Apple had been working with Intel for the processors of the Mac but now they needed another kind of performance so that the battery lasted longer.
When finally in April people were able to buy and use the iPad, quickly the initial critical voices subsided. With the iPad the user could surf the internet, manage email, listen to music, watch videos, enjoy games, read eBooks. And all through a new experience: your fingers.
Even with its shortcomings, it turned out to be a spectacular and aesthetically impeccable product, with an unprecedented appeal. Everyone wanted to have one. Sales reflected this: in less than a month, Apple sold a million devices. By nine months, they had shipped 15 million units.
But the competition quickly became harsh, hand in hand with several weight manufacturers such as Samsung, Motorola, Lenovo, Amazon and Sony, among others. That’s why Apple did not want to lose an inch of the conquered terrain and presented the second version of the iPad in just one year. Jobs himself surprised many when he appeared in March 2011 on stage with the new iPad in hand.
The iPad closes a circle formed by two other unbeatable products from Apple: the iPod and the iPhone. The three devices put Apple at the top in just ten years and modified their respective markets forcing the competition to change their strategies and business models.
It is still too early to know what will be the next big step of the technology industry or what company will give it. But what is certain is that Apple will remain close to innovation and cutting edge technology for several years.

The «halo effect» is often cited when mentioning Apple products. What does it mean? It is a cognitive phenomenon by which the perception of a particular trait (positive, neutral or negative) is influenced by the perception of traits prior to a sequence of interpretations.
In marketing and the world of consumer products companies, the halo effect can also be applied when the positive characteristics generated by a product extend towards the rest of the portfolio and, even, towards the brand itself and the competition.
Apple products are perfectly applied to the principles of the halo effect. Since the appearance of the Apple II in 1977, and then throughout history, Apple generated in its consumers the expectation and need for the next or any other product of the brand.
Apple’s philosophy has always been to develop integrated products, that is, to control the hardware, software and content of its products. In that way, Jobs made sure to manage the entire user experience, from start to finish. But the disadvantage was that the Apple, its programs and its printers were incompatible with the rest of the computers, like the IBM and the clones, that from 1983 dominated the industry widely. The incompatibility prevented Apple from growing in the market.

Steve Jobs believed that Apple products should not be in the hands of any vendor, in any shopping or appliance store, where they exhibited next to products of other brands. For Jobs, an Apple product was unique and should be sold as such. «They were in points of sale where they had no interest in positioning our products as unique objects, the seller just wants to sell to earn a commission and go home, we had to innovate, think differently,» he explained in Fortune magazine years after opening. the first store.
One of the projects that contributed most to the current success of Apple was to have its own chain of stores selling directly to the public. Since his return to the company in 1997, Jobs was convinced that Apple products should reach people in the best possible way and that the brand should be present throughout the consumer shopping experience, from start to finish.
One of the key requirements for Apple stores was that they should be located in the most important cities in the world, in the area where most people would transit.
The other premise that Jobs put was that any user should be able to use the products for as long as he wanted, play with them, touch them, compare them, surf the Internet, check his mail, test specific applications, listen to songs, etc. That people tried the products was very important because at the end of the ’90s most people who were not the typical fans of the brand, had never interacted with an Apple computer. They had to take out all the doubts themselves in the premises.
This produced a break with regard to how computer products were sold up to that point.

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