Por qué España: Bases Simbólicas De La Nación Española — Ignacio Merino Bobillo / Why Spain: Symbolic Bases Of The Spanish Nation by Ignacio Merino Bobillo (spanish book edition)

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El libro es interesante y un trabajo de curiosidades que te hace pasar una buena lectura. Por otro lado omite completamente la época andalusí de España. Describe minuciosamente la personalidad española retrotrayéndose a los íberos, a los romanos, a los celtas, y al parecer 800 años de dominación musulmana no han tenido ni un solo efecto en nuestra cultura, nuestra lengua y nuestras costumbre. Hasta tal punto llega su parcialidad, que describe al detalle el arte romanico, el gótico y el barroco, sus influencias europeas y el grado de impacto en nuestra sociedad, parándose en las catedrales de León, Salamanca, o Burgos. Y omite completamente el arte mudéjar, que sí que es netamente español. Para el autor, La Alhambra, el Generalife, la mezquita Catedral de Cordoba, la Giralda, el Alcazar, no merecen la más mínima consoderación como arte español. Para el autor, el arte mudejar no es español, ni ha tenido ninguna influencia en nuestro arte ni nuestra cultura.
Destaca la parcialidad del autor, que deja fuera partes importantes de la historia de España y su influencia en nuestra cultura, y destaca justificaciones nacionalistas (de Cataluña) de última hora que no tienen el menor peso en la larga historia de España ni han influido en nuestra personalidad.
En resumen, para aquellos que no conocen mucho la historia de España, es un relato que revisa la historia completa, con la opinión del autor. Una opinión que comparto en muchos momentos.

Como una piel de toro tendida al mediodía de Europa, batida por los vientos de uno y otro mar, se abre la Península Ibérica desde los húmedos peñascales del norte hasta la erosión de levante. Así la imaginó el geógrafo Estrabón aplicando el símbolo de «tierra de toros» que había recogido la Teogonía de Hesíodo cuando, en su relato mitológico, situó a Hércules en estas tierras para realizar su duodécimo trabajo: el robo de los toros de Gerión. Estrabón estableció su metáfora a partir de la cartografía fenicia, perfeccionada por Heródoto, en donde el perfil peninsular aparece ya reconocible. El símbolo se basa en la disposición de los cuatro grandes cabos peninsulares y la franja pirenaica a modo de cuello.

Las denominaciones de España y la etimología del nombre son una cuestión más rica de lo que habitualmente se cree o cita, a menudo de manera confusa. Lo cierto es que la Península posee un frondoso árbol genealógico con aportes de origen ligur, celta, fenicio, griego, romano, godo/germánico, hebreo, árabe/bereber, vasco y catalán. Cada pueblo lo ha nombrado de una manera o ha adaptado uno anterior con escritura propia.
Tarteso —o Tarsis— es el apelativo pionero. “ÇHubo, además, una interpretación errónea del término púnico. Catulo, que califica a Hispania de cuniculosa («conejera»), dice que los romanos atribuyeron al nombre Yspanya la raíz span, un sustantivo del fenicio clásico que significa «conejo», por lo que tradujeron el apelativo literalmente como «tierra de conejos». Esta versión la recogió el estudioso francés Samuel Bochart en 1674 y así quedó en la recopilación enciclopedista de la Ilustración. Sin embargo otro estudioso español, el historiador y hebraísta Cándido María Trigueros, propuso una teoría diferente en 1767 durante una sesión de la Real Academia de las Buenas Letras de Barcelona, basada en que el alfabeto fenicio carecía de vocales. Así, el lexema /spn/ designaría «norte» y el morfema / ispania/ «tierra del norte», designación que los navegantes de Tiro habían dado a la Península porque llegaban bojando la costa africana.
“ÇHoy día contamos con una explicación más sólida, de mayor rigor lingüístico y antropológico, que ha sido ampliamente aceptada. Sostiene que [I-span-ya] se traduce literalmente como «isla o costa donde se baten o forjan metales», ya que /spy/, raíz verbal del sustantivo o participio activo /span/significa «batir» o «forjar metales». El hallazgo etimológico, que data del año 2000, se debe a los profesores del CSIC Jesús Luis Cunchillos y José Ángel Zamora, expertos en filología semita, que, tras realizar un estudio comparativo entre el fenicio y el arameo, determinaron que el nombre tiene el origen en la fama metalúrgica de la Península en la Antigüedad.

La Sala de los Polícromos de Altamira constituye un modelo del arte que el hombre del Paleolítico fue capaz de plasmar gracias a su desarrollada destreza manual. En este santuario rupestre, calificado como «Capilla Sixtina» por el abate Breuil, arqueólogo francés, confluyen inteligencia y habilidad, inspiración y técnica, con la belleza como resultado. Su plasmación sugiere, además, la tendencia humana a dejar huella y refleja su inclinación por representar símbolos de trazo armónico y significado intelectual.
Las pinturas de Altamira representan el triunfo del cromañón y la gradual desaparición de su pariente evolutivo neandertal, especie de la que se conservan también dibujos en otras zonas de la cueva, de época auriñacense. Más de ochenta cuevas con pinturas rupestres hay registradas en la actualidad en la Península, la mayoría en la cornisa cantábrica, y existe una importante huella del Paleolítico Medio en el Levante, con representaciones más estilizadas y en general antropomorfas.
No se sabe cuándo apareció el comportamiento humano moderno, aunque se sitúa hace unos cincuenta mil años, precisamente cuando aparece la pintura rupestre. Los bisontes de Altamira, su símbolo por antonomasia, poseen la emoción de lo auténtico por la precisión de la técnica y el encanto del arte.

El octógono simbólico es una figura compuesta por dos cuadrados superpuestos que representan la Tierra y el Cielo, la Vida y la Muerte, la Existencia y el Ser. El valor hermético de su geometría implica la dualidad multiplicada tres veces por sí misma. El octógono, sin embargo, no entraña sólo dos ámbitos relacionados que dan como resultado una tercera realidad. Su perímetro traza una estrella de ocho puntas, conocida como Estrella de Salomón, que en su interior contiene el pentáculo o Estrella de David. Una de sus aplicaciones más conocidas es la de señalar los puntos cardinales y las derrotas de los vientos.
En la cultura de Tartessos no parece que el signo octogonal aluda a una diosa sino a un concepto abstracto, aunque relacionado también con el ciclo de la «estrella matutina y vespertina». Como hemos dicho, el cuadrado inferior representa a la Tierra —lo inmediato y, real y por tanto, la existencia— mientras que el superior sería el Cielo, mediante una abstracción del Sol —la energía, la luz, el calor, lo que da vida—. Como resultado de ambos se produce la estrella, el astro que señala el día y la noche y rige una nueva realidad, sutil, de tipo espiritual.
La interpretación final del símbolo es que el octógono/estrella representa al ser humano hecho de energía (Sol), tiempo (Tierra) y pensamiento (Venus). Los ángulos de la estrella o rayos añadirían una última característica no menos importante: su dinamismo, pues el eterno movimiento marcado por las fracciones orbitales en torno al Sol significa el constante fluir, la vida en su continuo regenerarse. De esta manera, el octógono constituye un símbolo estático, esencial e inmutable, mientras que la estrella describe lo existencial y dinámico.
El octógono sagrado con la estrella de ocho puntas, lo heredaron sus descendientes turdetanos. Más tarde, en las acuñaciones de moneda béticas de época cartaginesa (siglo III ane), la imagen de la estrella evolucionó: el centro ya no es un cuadrado sino una esfera, es decir la representación del astro. Este rasgo añadido cierra el ciclo de la alegoría, haciendo de la abstracción figura. Conviene añadir, por otra parte, que la estrella no estuvo sola en el panteón simbólico de la génesis andaluza. Otros símbolos fueron apareciendo en el anverso de las monedas: en primer lugar el toro sagrado, rasgo minoico y tótem mediterráneo que compartían los tartessos antiguos; y junto a él, la media luna creciente, símbolo que, como el octógono, se adelantó mil años a la llegada del Islam. En el caso del toro y la luna, la representación entraña la conjunción de lo masculino (el toro) con lo femenino (la luna), en un mensaje similar: la potencia generadora como emblema de vida.

En la fijación del caballo como criatura totémica los celtíberos acusan su origen indoeuropeo, pues fue la gran migración aria la que llevó a Europa una ingente cantidad de caballos domados para la monta. Los celtas, descendientes suyos, elevaron el significado ritual del caballo aún más. A la diosa Epona se sacrificaban yeguas blancas como símbolos de fertilidad. Los celtíberos heredaron esta costumbre y mejoraron la raza. El ágil caballo celtíbero, destinado a la monta y no al tiro, fue el elemento esencial que les permitió crear ejércitos mercenarios y galopar libremente por los amplios espacios de la Yspanya central.
Los celtíberos hicieron de la caballería su mejor arma estratégica. En otras regiones peninsulares se utilizaban menos, ya sea por la orografía, por el tipo de labores agrícolas o porque no necesitaban cubrir grandes distancias. En toda la cornisa cantábrica, incluida Galicia, apenas se usaban para otra cosa que no fuera el tiro de carros o la agricultura, lo mismo que los bueyes.
La parábola del caballo como elemento de cultura tiene su conclusión adecuada en los descendientes españoles de los celtíberos que los llevaron al Nuevo Mundo. Allí siguió adquiriendo simbolismo: para los indios de las praderas fue decisivo; para los mejicanos, un importante rasgo distintivo; y para la cultura del Medio y Lejano Oeste, fundamental. En América del Sur, especialmente en Argentina, los caballos conocieron una expansión formidable y una mística nueva en la Pampa, de la mano del gaucho.
A medida que avanzó la romanización, las antiguas costumbres celtas fueron desapareciendo. Así sucedió con Viriato, el caudillo lusitano que arrastraba tras de sí a miles de seguidores y cuyo nombre significa «portador de vir», el torque distintivo de los jefes que se llevaba a modo de brazalete entre hombro y codo y que en su caso, humilde pastor de ovejas, no era de oro como el de los régulos aristocráticos sino de hierro. Con él termina la secuencia heroica de la devotio e incluso aparece la traición por dinero, la peor afrenta que puede cometer un soldurio.

Con Leovigildo, instalado en Toledo como Rex Hispaniarum, se crea la noción de Patria Hispana, una inspirada simbiosis que funde lo masculino de la Vaterland germánica, o territorio padre, con el concepto femenino latino de Matria nutricia, en una nueva entidad de orden emotivo (simbólico) e histórico (como unidad política y territorial). Conviven en esta nueva construcción cultural la tradición del ius soli germánico, como derecho a la tierra donde se nace, con la norma del ius sanguinis latino, basada en los lazos de sangre. Y de esta manera surge un primitivo aunque sofisticado estado en el comienzo de la Alta Edad Media, como resultado de la unión psicológica entre el país —la geografía— y la nación —las gentes que lo habitan—, hasta la creación de una precisa identidad que se caracteriza por el solar común regido por las mismas leyes y gobernado por el mismo trono, la tierra madre a la que amar y engrandecer, según la voluntariosa visión de san Isidoro de Sevilla en su obra Laus Hispaniae.

Los musulmanes estuvieron en España durante casi ocho siglos, aunque su ámbito de dominación comenzó a decrecer en el mismo siglo VIII hasta quedar reducido al reino de Granada a finales del siglo XIV. Tras las campañas de Alfonso XI de Castilla, el Justiciero, y la decisiva batalla del Salado (1340) frente a los benimerines, éstos regresaron a Marruecos derrotados y maltrechos para no volver jamás. Conquistado el reino taifa de Algeciras, Castilla extendió su frontera hasta el estrecho de Gibraltar y de esta manera pudo controlar y frenar en adelante cualquier tentativa de invasión.
En 929 Abderramán III, octavo emir omeya, se proclamó califa y construyó un estado comparable al bizantino.
El lábaro, o enseña de la Reconquista, fue izado por don Pelayo como estandarte de la resistencia que comenzó en el desfiladero astur de la cueva de Covadonga. Al principio consistió en una cruz patada con los lados iguales, de tipo visigodo, y más tarde evolucionó a la cruz latina adoptada por Alfonso el Casto como símbolo de la empresa de reconquista que insufló la formación de los primeros reinos cristianos en el norte peninsular.

El área donde surgió Castilla a finales del siglo VIII la formaba la Bardulia, una franja que se extendía desde la desembocadura del Nerva en el Cantábrico hasta la margen izquierda del Alto Ebro. Era el territorio de los várdulos, pueblo celta vecino de cántabros y caristios, apenas romanizado y con escasa influencia visigoda, que ocupaba el este de Cantabria y el norte de Palencia y Burgos, además de parte de Vizcaya, Álava e incluso Navarra. Su agreste núcleo estaba contenido en la conocida como Área Paterniani, zona comarcal equiparable a las Merindades. El nombre de Castella lo adquiere por las pequeñas fortalezas cerradas, o castillos, que constituyeron sus bastiones de avance durante la Reconquista. El cambio aparece documentado en el año 800 en un diploma de donación del abad Vítulo que dice: Bardulies qui nunc uocitatur Castella («Bardulia, a la que ahora llamaremos Castilla»).
Villacastín, la villa serrana de la provincia de Segovia que linda con las de Ávila y Madrid y es puerto de paso de la Meseta Superior a la Inferior a través de la Sierra Carpetana, tuvo valor estratégico en los siglos XI y XII por ser punto de reunión de las huestes cristianas durante la Reconquista, pero fue en 1327 cuando adquirió un valor simbólico singular al constituirse en sede del Honrado Concejo de la Mesta hasta 1466. Es la consignación de este hecho histórico, grabado en roca a la manera vetona, lo que relatan estos petroglifos de los puentes de la sierra madrileña.

En territorio español surgen los primeros centros de enseñanza metódica, organizados en studium —a la manera de las madrasas persas traídas por los Omeya— que se agrupan en la sede episcopal. Son las escuelas catedralicias. Un proceso similar ocurría en Europa en torno al eje de 1150, con la aparición de centros de estudios en Bolonia, Lovaina, París, Oxford, etc. Pero el antecedente español es singular y tan remoto que bien puede considerarse pionero en Europa. Fue en Huesca, la Bolskan ibérica a los pies del Pirineo central que fue romanizada como Osca. Sertorio la hizo su capital durante la rebelión contra Pompeyo en alianza con los íberos. Allí fundó en 77 ane la Escuela Latina de Osca, un centro aristocrático para educar a los hijos de los jefes ilergetes y ausetanos en régimen de comunidad para que aprendieran latín, ya que los nativos hablaban una lengua no indoeuropea (ibérico o euskérico) que efectivamente se extinguió. Como homenaje a este pasado, Pedro IV de Aragón creó en 1354 la Universidad Sertoriana —clausurada en 1845—.

Con la Orden del Toisón, Felipe el Bueno reunía en torno a su persona y rango a los magnates de sus estados en una alianza propagandística y estratégica. Para ello creó un ceremonial que superaba a las cortes regias, mientras que el voto caballeresco le aseguraba la defensa del territorio. Esta es la idea fundacional que permaneció viva en la mentalidad de Carlos V. Tras la muerte del heredero Carlos el Temerario en 1477, su hija María de Borgoña contrajo matrimonio con Maximiliano de Habsburgo, quien en 1478 se convirtió en el tercer soberano de la Orden en nombre de su esposa y de modo provisional. Le sucedió en 1484 su hijo Felipe el Hermoso (1478-1506), quien a los deiciséis años fue proclamado gran maestre. Aunque entre los dos sólo reunieron cinco capítulos en veintiocho años, a ellos debe el Toisón de Oro su máximo esplendor.
Felipe el Bueno eligió la ocasión de sus terceras nupcias, con la infanta Isabel de Portugal, en 1429, para instituir la Orden. Adoptó como emblema el Vellocino de Oro, la mítica piel de carnero rescatada por Jasón y los argonautas según la mitología griega. El carnero era ya un símbolo heráldico de la ciudad de Brujas por su pujante industria lanar, ciudad que se convirtió en sede de la Orden, de modo que la elección expresaba en primer lugar la preeminencia de Flandes en la nueva Borgoña —con su industria, flota y salida al mar— por encima de Dijon, la histórica capital del ducado; en segundo lugar representaba un homenaje a Portugal por su aventura oceánica, pues el símbolo del Crisomallo griego o Vellocino de Oro, que se colocó como pendentif del collar, encarnaba la épica del viaje marítimo de los argonautas, siendo Jasón un trasunto del propio duque en su homenaje a las exploraciones del infante portugués don Enrique el Navegante. Los eslabones de la cadena del collar, por su parte, son dos B formando un aspa, símbolo de Borgoña y del martirio de su patrón, san Andrés.
En resumen, la semiótica de la Orden contenía un elaborado homenaje heráldico y simbólico que el duque, como descendiente colateral de la Casa de Valois y futuro marido de la infanta portuguesa, hacía a la Casa de Avis portuguesa para ponerse a su altura y disposición.

La efigie de una joven idealizada con los atributos de libertad, progreso, justicia e igualdad, rodeada de símbolos, la hizo pública un audaz semanario de Barcelona llamado La Flaca como saludo a la triunfante República. La revista era de tendencia liberal e ideario republicano-federal y desplegaba con personalidad un aparato crítico de artículos mordaces e ilustraciones satíricas que conservaba el humor hasta en el nombre, pues se propuso hacer la competencia a La Gorda madrileña. Nacida en marzo de 1869 como fruto de la libertad de prensa, fue muy celebrada por sus atrevidas caricaturas, que no dejaban títere con cabeza. El propio logo simbólico del semanario expresaba, además de la guasa hacia la competencia, el estado de postración, pobreza y abatimiento de la nación con un dibujo de la matrona en los huesos, sentada con gesto agotado en su diván y mirando con desengaño al horizonte, mientras un león escuálido como ella yacía a sus pies con aire abatido.

Efectivamente hubo numerosos políticos y militares masones que actuaron en la Segunda República, como ocurrió durante la Primera. Ambas repúblicas abren y cierran, de hecho, el periodo de esplendor de esta asociación entregada a sus ritos fraternales de sabiduría y a los valores de libertad de conciencia y democracia cívica.
Pero la Masonería no actúa en el debate político con voz propia; exige a sus miembros libertad de pensamiento y es en el mundo, en su vida profana, donde el buen masón debe llevar a cabo su misión, que es la Fraternidad Universal. Por eso hay masones monárquicos o republicanos, de izquierda y de derecha, pobres, ricos, profesionales, obreros y empleados. Esto no quiere decir que en las logias no se hablase de política; se hacía durante los frecuentes banquetes y en las conversaciones privadas, siempre fuera del Templo. Ya desde las revoluciones americanas, destacados masones habían dirigido y encauzado procesos de cambio. Lo hicieron Washington, Bolívar o San Martín en América, Garibaldi en Italia y Prim o Sagasta en España. Pero era a título personal, como líderes, no en nombre de la Francmasonería. Durante la Segunda República hubo masones destacados como Fernández de los Ríos (socialista), Martínez Barrio, Portela Valladares y Casares Quiroga (liberales), Lerroux (populista de derechas), Andreu Nin (anarquista y luego trotskista) o Núñez del Prado (militar).
Con relación al papel de la masonería durante la República, Martínez Barrio es tajante en sus memorias: «La Masonería española no tuvo como tal, en ningún momento y desde que se implantó la República, fuerza o autoridad y mucho menos capacidad de intervención en los negocios del Estado. Los aciertos de la República a la República le corresponden, no a la Masonería. Los errores de la República a los partidos republicanos.
»La Institución jamás influyó en la dirección de los negocios públicos». Martínez Barrio fue ministro varias veces. Tras la ruptura con Lerroux, dimitió como gran maestre del Gran Oriente Español para dedicarse en exclusiva a la política. En esta ocasión dijo: «Voy a hacer política activa y de combate; si fracaso, no quiero arrastrar conmigo a la masonería; si triunfo, la masonería triunfará conmigo». Fundó el partido político Izquierda Republicana, se alió con Azaña y alcanzó la presidencia del Consejo.

El triunfo socialista había desatado una ola de entusiasmo en España y el extranjero. La opinión mayoritaria era que una vez superada la fase de rodaje democrático, la «normalización» imprimiría una velocidad de crucero cuyo horizonte era Europa. Hasta el rey Juan Carlos expresó su satisfacción, haciendo honor a sus declaraciones sobre la alternancia en el Gobierno.
En 1986 se firmaba la adhesión de España a la Comunidad Económica Europea y a la OTAN. La primera consigna del PSOE hacia la alianza militar —«de entrada, no»— se transformó en integración total. A fin de cuentas, España era ya un peón en la estrategia militar de Estados Unidos, líder de la organización. Javier Solana, antiguo opositor a la Alianza, pasó a presidir la organización.
La Movida no era sino una manifestación colorista, desenfadada, castiza y vagamente intelectual del posmodernismo que había invadido la mentalidad rebelde y libertaria desde finales de los setenta, tras la debacle del marxismo, el estructuralismo, el psicoanálisis y demás credos doctrinarios. Para la vanguardia crítica, los credos, doctrinas o sistemas totalizadores ya no tenían sentido puesto que la realidad está construida a retazos, como la existencia, y no obedece a planteamientos sino a experiencias.
En Barcelona el movimiento posmoderno supuso un revulsivo para la sociedad biempensante instalada en su comodidad burguesa y encandilada ante la recuperación de la lengua, las instituciones y la identidad catalana. La canción protesta se hizo sarcástica y los anarquistas superaron a los marxistas dogmáticos, retomando la tradición libertaria de la ciudad.
En el panorama madrileño surgió un antiguo miembro del grupo teatral Los Goliardos empeñado en hacer un cine underground, tributario de la deconstrucción del Nuevo Cine Alemán y el intimismo existencial de la Nouvelle Vague. Con notable tesón y una incontestable seguridad en sí mismo, Pedro Almodóvar fue creando un cine marginal de historias delirantes y denuncia antiburguesa que se convirtió en la nueva picaresca española y estandarte de la Movida hasta deslumbrar primero a Europa y luego a la meca del cine. Su sello es el símbolo de aquel cambio de mentalidad que comenzó en los ochenta.
España estaba de moda, definitivamente. Todo el mundo parecía encantado de progresar. Pero tras la cúspide del año 92 comenzó el descenso. En 1993 se desató una crisis económica que se complicó con la creciente falta de credibilidad de un Gobierno enfangado por los primeros casos de corrupción conocidos durante la Democracia. El formidable impulso de la Transición decayó y con él el optimismo histórico frente al nuevo siglo…

The book is interesting and a work of curiosities that makes you have a good reading. On the other hand it completely omits the Andalusian period of Spain. He describes the Spanish personality meticulously, recalling the Iberians, the Romans, the Celts, and apparently 800 years of Muslim domination have not had a single effect on our culture, our language and our customs. To such an extent comes his partiality, which describes in detail the Romanesque, Gothic and Baroque art, its European influences and the degree of impact on our society, stopping at the cathedrals of León, Salamanca, or Burgos. And it completely omits Mudejar art, which is clearly Spanish. For the author, the Alhambra, the Generalife, the Cathedral Mosque of Cordoba, the Giralda, the Alcazar, do not deserve the slightest consolation as Spanish art. For the author, mudejar art is not Spanish, nor has it had any influence on our art or our culture.
Stresses the author’s bias, which leaves out important parts of the history of Spain and its influence on our culture, and highlights nationalist justifications (of Catalonia) of last minute that do not have the least weight in the long history of Spain nor have they influenced our personality
In short, for those who do not know much about the history of Spain, it is a story that reviews the whole story, with the author’s opinion. An opinion that I share in many moments.

Like a bull’s skin lying at noon in Europe, beaten by the winds of one and the other sea, the Iberian Peninsula opens from the humid peñascales of the north to the erosion of the east. This is how the geographer Strabo imagined it by applying the symbol of «land of bulls» that Hesiod’s Theogony had collected when, in his mythological story, he placed Hercules in these lands to perform his twelfth work: the theft of Gerion’s bulls. Estrabón established his metaphor from the Phoenician cartography, perfected by Heródoto, where the peninsular profile already appears recognizable. The symbol is based on the arrangement of the four main peninsular headlands and the Pyrenean fringe as a neck.

The denominations of Spain and the etymology of the name are a richer issue than what is usually believed or cited, often confusingly. The truth is that the Peninsula has a leafy genealogical tree with contributions of Ligurian, Celtic, Phoenician, Greek, Roman, Goth / Germanic, Hebrew, Arabic / Berber, Basque and Catalan origins. Each town has named it in a way or has adapted an earlier one with its own writing.
Tarteso -or Tarsis- is the pioneer name. «There was also a misinterpretation of the Punic term. Catullus, who calls Hispania de cuniculosa («rabbit hutch»), says that the Romans attributed to the name Yspanya the root span, a noun of the classic Phoenician meaning «rabbit», so they translated the appellation literally as «land of rabbits» . This version was picked up by the French scholar Samuel Bochart in 1674 and thus remained in the Encyclopedist collection of the Enlightenment. However, another Spanish scholar, the historian and Hebraist Cándido María Trigueros, proposed a different theory in 1767 during a session of the Royal Academy of Good Letters in Barcelona, ​​based on the fact that the Phoenician alphabet lacked vowels. Thus, the lexeme / spn / would designate «north» and the morpheme / ispania / «land of the north», designation that the navigators of Tire had given to the Peninsula because they arrived bojen the African coast.
«Today we have a more solid explanation, of greater linguistic and anthropological rigor, which has been widely accepted. He argues that [I-span-ya] is literally translated as «island or coast where metals are beaten or forged», since / spy /, verbal root of the noun or active participle / span / means «beat» or «forge metals» . The etymological finding, dating from the year 2000, is due to the CSIC professors Jesús Luis Cunchillos and José Ángel Zamora, experts in Semitic philology, who, after conducting a comparative study between the Phoenician and the Aramaic, determined that the name has the origin in the metallurgical fame of the Peninsula in Antiquity.

The Hall of the Polychromes of Altamira is a model of art that Paleolithic man was able to capture thanks to his developed manual dexterity. In this rock shrine, qualified as «Sistine Chapel» by Abbe Breuil, French archaeologist, intelligence and skill, inspiration and technique converge, with beauty as a result. Its embodiment suggests, in addition, the human tendency to leave an imprint and reflects its inclination to represent symbols of harmonious outline and intellectual meaning.
The paintings of Altamira represent the triumph of the Cro-Magnon and the gradual disappearance of his Neanderthal evolutionary relative, a species from which drawings are also preserved in other areas of the cave, from the Aurignacian period. More than eighty caves with cave paintings are currently registered in the Peninsula, the majority in the Cantabrian cornice, and there is an important footprint of the Middle Paleolithic in the Levant, with more stylized and generally anthropomorphic representations.
It is not known when the modern human behavior appeared, although it is located about fifty thousand years ago, precisely when the cave painting appears. The bison of Altamira, its symbol par excellence, possess the emotion of the authentic due to the precision of the technique and the charm of the art.

The symbolic octagon is a figure composed of two superimposed squares representing Earth and Sky, Life and Death, Existence and Being. The hermetic value of its geometry implies the duality multiplied three times by itself. The octagon, however, does not involve only two related areas that result in a third reality. Its perimeter traces an eight-pointed star, known as the Star of Solomon, which inside contains the pentacle or Star of David. One of its best known applications is to point out the cardinal points and the defeats of the winds.
In the culture of Tartessos it does not seem that the octagonal sign refers to a goddess but to an abstract concept, although it is also related to the cycle of the «morning and evening star». As we have said, the lower square represents the Earth – the immediate and, therefore, the existence – while the superior would be the Sky, through an abstraction of the Sun – energy, light, heat, which gives lifetime-. As a result of both the star is produced, the star that marks the day and night and governs a new reality, subtle, spiritual.
The final interpretation of the symbol is that the octagon / star represents the human being made of energy (Sun), time (Earth) and thought (Venus). The angles of the star or rays would add a last feature no less important: its dynamism, since the eternal movement marked by the orbital fractions around the Sun means the constant flow, the life in its continuous regeneration. In this way, the octagon constitutes a static symbol, essential and immutable, while the star describes the existential and dynamic.
The sacred octagon with the eight-pointed star was inherited by his Turdetan descendants. Later, in the coins of the Betic coin of the Carthaginian era (3rd century BC), the image of the star evolved: the center is no longer a square but a sphere, that is, the representation of the star. This added feature closes the cycle of allegory, making abstraction figure. It should be added, on the other hand, that the star was not alone in the symbolic pantheon of the Andalusian genesis. Other symbols were appearing on the obverse of the coins: in the first place the sacred bull, Minoan trait and Mediterranean totem shared by the ancient tartessos; and next to it, the crescent moon, a symbol that, like the octagon, was a thousand years ahead of the arrival of Islam. In the case of the bull and the moon, representation implies the conjunction of the masculine (the bull) with the feminine (the moon), in a similar message: the generating power as an emblem of life.

In the fixation of the horse as a totemic creature the Celtiberians accuse their Indo-European origin, since it was the great Aryan migration that brought to Europe a huge amount of horses tamed for the ride. The Celts, his descendants, raised the ritual significance of the horse even more. The goddess Epona sacrificed white mares as symbols of fertility. The Celtiberians inherited this custom and improved the race. The agile Celtiberian horse, destined to the mount and not to the shot, was the essential element that allowed them to create mercenary armies and gallop freely through the wide spaces of the central Yspanya.
The Celtiberians made the cavalry their best strategic weapon. In other peninsular regions less were used, either by the orography, by the type of agricultural work or because they did not need to cover great distances. In all the Cantabrian coast, including Galicia, they were hardly used for anything other than carts or agriculture, as well as oxen.
The parable of the horse as an element of culture has its proper conclusion in the Spanish descendants of the Celtiberians who took them to the New World. There it continued acquiring symbolism: for the Indians of the prairies it was decisive; for Mexicans, an important distinctive feature; and for the culture of the Middle and Far West, fundamental. In South America, especially in Argentina, horses met a formidable expansion and a new mystique in the Pampa, by the hand of the gaucho.
As Romanization progressed, the ancient Celtic customs were disappearing. So it happened with Viriato, the Lusitanian leader who dragged behind him thousands of followers and whose name means «vir carrier», the distinctive torque of the bosses that was worn as a bracelet between shoulder and elbow and that in his case, humble shepherd of sheep, it was not of gold like that of the aristocratic rulers but of iron. With it ends the heroic sequence of devotio and even treason appears for money, the worst affront that a soldier can commit.

With Leovigildo, installed in Toledo as Rex Hispaniarum, the notion of Patria Hispana is created, an inspired symbiosis that merges the masculine of the Germanic Vaterland, or father territory, with the Latin feminine concept of the nurturing Matria, in a new entity of emotive order (symbolic) and historical (as a political and territorial unit). The tradition of the Germanic ius soli, as a right to the land where one is born, coexists in this new cultural construction, with the norm of the Latin ius sanguinis, based on blood ties. And in this way a primitive but sophisticated state emerges at the beginning of the High Middle Ages, as a result of the psychological union between the country-geography-and the nation-the people who inhabit it-until the creation of a precise identity which is characterized by the common solar governed by the same laws and governed by the same throne, the motherland to love and enhance, according to the willful vision of Saint Isidore of Seville in his work Laus Hispaniae.

The Muslims were in Spain for almost eight centuries, although their scope of domination began to decrease in the same century VIII until being reduced to the kingdom of Granada at the end of the 14th century. After the campaigns of Alfonso XI of Castile, the Justiciero, and the decisive battle of Salado (1340) against the benimerines, they returned to Morocco defeated and battered never to return. Having conquered the Taifa kingdom of Algeciras, Castile extended its border to the Strait of Gibraltar and in this way was able to control and rein in any invasion attempt.
In 929 Abderramán III, eighth emir omeya, proclaimed caliph and built a state comparable to the Byzantine.
The labaro, or teach of the Reconquista, was hoisted by Don Pelayo as a standard of resistance that began in the Astur gorge of the cave of Covadonga. At the beginning it consisted of a cross with equal sides kicked, Visigothic type, and later evolved to the Latin cross adopted by Alfonso the Chaste as a symbol of the reconquest company that breathed the formation of the first Christian kingdoms in the north of the peninsula.

The area where Castilla arose at the end of the 8th century was formed by the Bardulia, a strip that extended from the mouth of the Nerva in the Bay of Biscay to the left bank of the Upper Ebro. It was the territory of the várdulos, a neighboring Celtic town of Cantabrians and Caristians. , scarcely Romanized and with little Visigothic influence, which occupied eastern Cantabria and northern Palencia and Burgos, as well as part of Vizcaya, Álava and even Navarra. Its wild core was contained in what is known as the Paterniani Area, a regional area comparable to the Merindades. The name of Castella acquires it by the small closed fortresses, or castles, that constituted its bastions of advance during the Reconquista. The change is documented in the year 800 in a diploma of donation of the abbot Vítor that says: Bardulies qui nunc uocitatur Castella («Bardulia, which we will now call Castilla»).
Villacastín, the mountain village of the province of Segovia that adjoins those of Avila and Madrid and is the port of passage from the Upper Plateau to the Lower Plateau through the Sierra Carpetana, had strategic value in the 11th and 12th centuries as a point of meeting of the Christian hosts during the Reconquest, but it was in 1327 when it acquired a singular symbolic value to become the seat of the Honorable Council of the Mesta until 1466. It is the consignment of this historical fact, engraved in rock in the vetona way, which They relate these petroglyphs of the bridges of the mountains of Madrid.

In Spain, the first methodical teaching centers are organized, organized in studium – in the manner of the Persian madrasas brought by the Umayyads – which are grouped in the episcopal see. They are the cathedral schools. A similar process occurred in Europe around the 1150 axis, with the appearance of study centers in Bologna, Louvain, Paris, Oxford, etc. But the Spanish antecedent is singular and so remote that it can be considered a pioneer in Europe. It was in Huesca, the Iberian Bolskan at the foot of the central Pyrenees that it was Romanized as Osca. Sertorio made it his capital during the rebellion against Pompey in alliance with the Iberians. There he founded the Latin School of Osca in 77 BC, an aristocratic center to educate the children of the ilergetes and Ausetanos heads of community to learn Latin, since the natives spoke a non-Indo-European language (Iberian or Basque) that effectively it became extinct. As a tribute to this past, Pedro IV de Aragón created in 1354 the Sertorian University -clausured in 1845-.

With the Order of the Fleece, Philip the Good gathered around his person and rank the magnates of their states in a propagandistic and strategic alliance. For this he created a ceremonial that surpassed the royal courts, while the chivalric vote assured him the defense of the territory. This is the foundational idea that remained alive in the mentality of Carlos V. After the death of the heir Carlos el Temerario in 1477, his daughter María de Borgoña married Maximiliano de Habsburgo, who in 1478 became the third sovereign of the Order on behalf of his wife and provisionally. He was succeeded in 1484 by his son Felipe el Hermoso (1478-1506), who at the age of sixteen was proclaimed Grand Master. Although between the two they only reunited five chapters in twenty-eight years, to them the Golden Fleece owes its maximum splendor.
Felipe el Bueno chose the occasion of his third nuptials, with the Infanta Isabel of Portugal, in 1429, to institute the Order. Adopted as emblem the Golden Fleece, the mythical sheep skin rescued by Jason and the Argonauts according to Greek mythology. The ram was already a heraldic symbol of the city of Bruges for its booming wool industry, a city that became the seat of the Order, so that the election expressed first of all the preeminence of Flanders in the new Burgundy – with its industry, fleet and exit to the sea- above Dijon, the historic capital of the dukedom; in the second place it represented a tribute to Portugal for its oceanic adventure, because the symbol of the Greek Chrysomallo or Golden Fleece, which was placed as the pendentif of the necklace, embodied the epic of the Argonaut’s maritime voyage, with Jason being a transcript of the Duke himself in his tribute to the explorations of the Portuguese Infante Don Enrique the Navigator. The links of the chain of the necklace, on the other hand, are two B forming a cross, symbol of Burgundy and of the martyrdom of its patron, Saint Andrew.
In short, the Semiotics of the Order contained an elaborate heraldic and symbolic homage that the Duke, as a collateral descendant of the House of Valois and future husband of the Portuguese Infanta, was making the Portuguese House of Avis to be at his height and disposition.

The effigy of an idealized young woman with the attributes of freedom, progress, justice and equality, surrounded by symbols, was published by an audacious Barcelona weekly called La Flaca as a greeting to the triumphant Republic. The magazine was of liberal tendency and republican-federal ideology and unfolded with personality a critical apparatus of mordacious articles and satirical illustrations that retained the humor even in the name, because it was proposed to make the competition to La Gorda from Madrid. Born in March 1869 as a result of press freedom, it was very celebrated for his daring caricatures, which left no puppet with a head. The symbolic logo of the weekly expressed, in addition to the guasa to the competition, the state of prostration, poverty and dejection of the nation with a drawing of the midwife in the bones, sitting exhausted gesture on his couch and looking disappointed at the horizon , while a skinny lion like her lay at his feet with a dejected air.

Indeed there were many politicians and military Freemasons who acted in the Second Republic, as happened during the First. Both republics open and close, in fact, the period of splendor of this association devoted to its fraternal rites of wisdom and to the values ​​of freedom of conscience and civic democracy.
But Freemasonry does not act in the political debate with its own voice; it demands from its members freedom of thought and it is in the world, in its profane life, that the good Mason must carry out his mission, which is the Universal Fraternity. That is why there are monarchical or republican Masons, left and right, poor, rich, professionals, workers and employees. This does not mean that the lodges did not talk about politics; it was done during frequent banquets and in private conversations, always outside the Temple. Already since the American revolutions, prominent Freemasons had directed and channeled processes of change. They did Washington, Bolivar or San Martin in America, Garibaldi in Italy and Prim or Sagasta in Spain. But it was in a personal capacity, as leaders, not in the name of Freemasonry. During the Second Republic there were prominent masons such as Fernández de los Ríos (socialist), Martínez Barrio, Portela Valladares and Casares Quiroga (liberals), Lerroux (populist right), Andreu Nin (anarchist and then Trotskyist) or Núñez del Prado (military) .
With regard to the role of Freemasonry during the Republic, Martinez Barrio is sharp in his memoirs: «Spanish Masonry did not have as such, at any time and since the establishment of the Republic, strength or authority and much less capacity for intervention in the State business. The successes of the Republic to the Republic correspond, not to Freemasonry. The errors of the Republic to the republican parties.
»The Institution never influenced the direction of public business». Martínez Barrio was minister several times. After the break with Lerroux, he resigned as Grand Master of the Spanish Grand Orient to devote himself exclusively to politics. On this occasion he said: «I am going to do active and combat politics; if I fail, I do not want to drag myself into Freemasonry; If I succeed, Freemasonry will triumph with me ». He founded the political party Izquierda Republicana, allied with Azaña and reached the presidency of the Council.

The socialist triumph had unleashed a wave of enthusiasm in Spain and abroad. The majority opinion was that once the phase of democratic shooting was over, the «normalization» would print a cruising speed whose horizon was Europe. Even King Juan Carlos expressed his satisfaction, honoring his statements about the alternation in the Government.
In 1986 the adhesion of Spain to the European Economic Community and to NATO was signed. The first slogan of the PSOE towards the military alliance – «from the beginning, not» – was transformed into total integration. After all, Spain was already a pawn in the US military strategy, leader of the organization. Javier Solana, a former opponent of the Alliance, came to preside over the organization.
The Movida was nothing but a colorful, lighthearted, chaste and vaguely intellectual manifestation of postmodernism that had invaded the rebellious and libertarian mentality since the late seventies, after the debacle of Marxism, structuralism, psychoanalysis and other doctrinal creeds. For the critical avant-garde, the creeds, doctrines or totalizing systems no longer made sense, since reality is constructed in bits and pieces, like existence, and does not obey proposals but experiences.
In Barcelona the postmodern movement was a revulsive for the biempensante society installed in its bourgeois comfort and dazzled by the recovery of language, institutions and Catalan identity. The protest song became sarcastic and the anarchists surpassed the dogmatic Marxists, resuming the libertarian tradition of the city.
In the Madrid scene emerged a former member of the theater group Los Goliardos committed to making an underground cinema, tributary of the deconstruction of the New German Cinema and the existential intimacy of the Nouvelle Vague. With remarkable tenacity and an undeniable self-assurance, Pedro Almodóvar was creating a marginal cinema of delirious stories and anti-bourgeois denunciation that became the new Spanish picaresque and standard of the Movida until dazzling Europe first and then the movie mecca. His stamp is the symbol of that change of mentality that began in the eighties.
Spain was fashionable, definitely. Everyone seemed happy to progress. But after the peak of the year 92 began the descent. In 1993 an economic crisis broke out that was complicated by the growing lack of credibility of a government muddied by the first cases of corruption known during the Democracy. The formidable impulse of the Transition decayed and with it the historical optimism against the new century …

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