El Teosofismo: Historia De Una Pseudo-Religión — René Guénon / Theosophy: History of a Pseudo-Religion by René Guénon

El presente trabajo representa, en cierto sentido, que Guenon se ocupa de la ropa sucia que adquirió desde el tiempo que pasó en el medio ocultista parisino a principios del siglo XX. Algunos de sus críticos nunca han dejado de señalar este período de la vida de Guenon para tratar de desacreditar sus puntos de vista, algunos llegando incluso a considerarlo como un simple ocultista. Una lectura juiciosa de sus obras, sin embargo, solo puede conducir a una conclusión diferente, especialmente cuando se lo considera en comparación con ocultistas franceses reales como Papus o Eliphas Levi. Lo que uno piense de Guenon, merece ser tomado más en serio que este último. Aún así, los motivos de Guenon para entrar en esta extraña escena son difíciles de analizar y hay ciertos episodios (su participación en la Iglesia Gnóstica o el intento de constituir una “Orden Renovada del Templo”) que son definitivamente cuestionables. ¿Qué tan serio se tomó a estos grupos al principio? ¿Se sumergió en esta escena simplemente para tener una mejor comprensión de su funcionamiento interno, a fin de poder exponerlo para la farsa que era? ¿Estaba tratando de convencerse de primera mano de la falta de organizaciones iniciáticas “auténticas” en Occidente? ¿O estaba tratando de atraer a otros buscadores serios que no estaban completamente bajo el dominio de las ideas de Papus (la página de Wikipedia francesa sobre Guenon deja en claro que hizo contactos importantes para su desarrollo intelectual en este momento, particularmente Paul Vulliaud [cuyo trabajo en la Cábala que cita con frecuencia] y Matgioi [cuyos escritos sobre la metafísica china Guenon elogiaron altamente])? Lo que está más allá de toda duda es que Guenon repudia completa y completamente todas estas corrientes subterráneas en el presente trabajo. Y su exposición no sería tan efectiva sin el extenso conocimiento de primera mano que aporta en este libro. Por lo tanto, es injusto utilizar estas asociaciones para tratar de ensombrecer todo el trabajo de Guenon, tan injusto como sería utilizar la apropiación de Evola de sus ideas con fines políticos dudosos (fascismo, nazismo, etc.) para desacreditarlas también.
Siendo una obra de una naturaleza más histórica y menos doctrinal que muchas otras de las obras de Guenon, uno podría sentirse tentado al principio a pensar que la importancia general de la “Teosofía: …” dentro del corpus de Guenon es insignificante o al menos secundaria. En cierto sentido, esto es cierto: los principios metafísicos con los que trata más ampliamente en otros lugares tienen un interés más intrínseco. Sin embargo, todavía hay mucho aquí para un lector dedicado de Guenon. En particular, al ver los errores que siempre intentó refutar detallados con detalle, es más fácil entender por qué enfatiza ciertos puntos en sus otros trabajos en gran medida. Sin embargo, la verdadera razón de que este trabajo sea inestimable es la percepción que da de lo que Guenon llama la historia “subterránea” de nuestros tiempos. En otras obras, como “Reign of Quantity y Signs of the Times”, Guenon puede parecer casi paranoico cuando habla de la pseudo-initación y la contra-iniciación. Este trabajo hace que su tono en esas obras, y el temor personal que tenía de los grupos dudosos (ver “Against the Modern World” de Sedgwick), sea más comprensible. De hecho, el alcance de la influencia que las falsas “ideas” de origen teosófico han tenido fuera del dominio de la Teosofía es notable (mencionaré la comprensión teosófica del “karma” como un concepto moralista, que sin duda se ha convertido en un lugar común en la cultura popular occidental, aunque los mismos teósofos no están de acuerdo, la “reencarnación” es otra idea defendida por algunos de sus escritos). Aquí Guenon relaciona la Teosofía con las mismas tendencias mentales modernas que se han manifestado en formas que pueden parecer inocuas, por ejemplo, al estadounidense promedio (la lista es bastante larga, pero incluye [William] teorías de James de “experiencia religiosa”, filosofía de Bergson, Scouting [es decir, los Boy / Girl Scouts], el protestantismo evangélico, el YMCA, la [ahora] práctica común del “momento de silencio”, Ciencia Cristiana, vegetarianismo / veganismo, etc.). La teosofía también es históricamente importante porque es un precursor de fenómenos pseudoreligiosos contemporáneos como el movimiento de la Nueva Era (de hecho, fue la ex teósofa Alice Bailey quien le dio al mundo la noción de la “Era de Acuario”), la reciente locura sobre “The Secret” de Rhonda Byrne, el uso cada vez más extendido del yoga para fines “terapéuticos”, o la Iglesia de Scientology (para otro fascinante informe histórico sobre otro importante precursor de estas pseudoreligiones contemporáneas, véase “Los orígenes del mormonismo” de Guenon). en el libro “Miscellanea”). Lo que estas últimas oraciones deberían recordar es que cualquier persona que busque comprender las fuentes relativamente ocultas de la mentalidad occidental contemporánea debería comprar este libro para que no se extravíen con las falsas enseñanzas que proliferan interminablemente, oscureciendo la verdad. Este libro (junto con “La Falacia Espiritista”) es ciertamente útil para exponer gran parte de la falsa espiritualidad que se está volviendo cada vez más corriente en nuestros tiempos.

Anteriormente a la creación de la Sociedad Teosófica, el vocablo teosofía servía de denominación común a doctrinas bastante diversas, pero que, no obstante, pertenecían todas a un mismo tipo, o al menos, procedían todas de un mismo conjunto de tendencias; así pues, conviene conservarle la significación que tiene históricamente. Sin buscar profundizar aquí la naturaleza de esas doctrinas, podemos decir que tienen como rasgos comunes y fundamentales ser concepciones más o menos estrictamente esotéricas, de inspiración religiosa o incluso mística, aunque de un misticismo un poco especial sin duda, y que se proclaman de una tradición completamente occidental, cuya base es siempre, bajo una forma u otra, el cristianismo.
La organización que se intitula actualmente «Sociedad Teosófica», de la que entendemos ocuparnos aquí exclusivamente, no depende de ninguna escuela que se vincule, ni siquiera indirectamente, a alguna doctrina de este género; su fundadora, Mme. Blavatsky, pudo tener un conocimiento más o menos completo de los escritos de algunos teósofos, especialmente de Jacob Boehme, y pudo sacar de ellos ideas que incorporó a sus propias obras, junto con una multitud de otros elementos de las procedencias más diversas, pero eso es todo lo que es posible admitir a este respecto. De una manera general, las teorías más o menos coherentes que han sido emitidas o sostenidas por los jefes de la Sociedad Teosófica, no tienen ninguno de los caracteres que acabamos de indicar, excepto la pretensión al esoterismo; se presentan, falsamente, por lo demás, como teniendo un origen oriental.
La Sociedad Teosófica, como se verá, no debe su nombre más que a circunstancias completamente accidentales, sin las cuales habría recibido una denominación completamente distinta: sus miembros igualmente, no son en modo alguno teósofos, sino que son, si se quiere, «teosofistas». Por lo demás, la distinción entre estos dos términos, «theosophers» (teósofos) y «theosophists» (teosofistas), se hace casi siempre en inglés, idioma en el que la palabra «theosophism» (teosofismo), para designar la doctrina de esta Sociedad, es de uso corriente; ella nos parece suficientemente importante como para que sea necesario mantenerla igualmente en francés.

Los términos en que fue anunciada entonces esta fundación por un órgano espiritista: «Una sociedad de espiritualistas ha sido formada en El Cairo (Egipto), bajo la dirección de Mme. Blavatsky, una rusa, asistida por varios médiums. Las sesiones tienen lugar dos veces por semana, el martes y el viernes por la noche y sólo se admite en ella a los miembros. Se tiene el propósito de establecer, conjuntamente con la sociedad, un gabinete de lectura y una biblioteca de obras espiritualistas y otras, así como un periódico que tendrá como título La Revue Spiritualiste du Caire (Revista Espiritista del Cairo), y que aparecerá los días 1º y 15º de cada mes». No obstante, esta empresa no prosperó.
Mme. Blavatsky llegó a Norteamérica, preguntaba a todas las personas con las que entraba en contacto si conocían a alguien con el nombre Olcott; en efecto, acabó por encontrar a este Olcott, el 14 de octubre de 1874, en la hacienda de Chittenden (Vermont), en casa de los esposos Eddy, donde se producían entonces «materializaciones de espíritus» y otros fenómenos del mismo género. Henry Steele Olcott había nacido en Orange (Nueva Jersey) en el año 1832; hijo de honorables cultivadores, había sido primero ingeniero agrónomo, después, durante la guerra de secesión, había servido en la policía militar, y es en ella donde había ganado el título de coronel, bastante fácil de obtener en los Estados Unidos. Terminada la guerra, se puso a hacer periodismo, distribuyendo sus tiempos de ocio entre las Logias masónicas y las sociedades de espiritismo. Señalar muchas otras relaciones entre la Sociedad Teosófica y diversas ramas de la Masonería; pero lo que es menester retener aquí, es que parece que el nombre de John King bien podría disimular simplemente a un hombre vivo, cuya verdadera identidad debía permanecer desconocida; ¿era él quien había enviado en misión a Mme. Blavatsky y quien había preparado su asociación con Olcott? Es al menos muy verosímil, y, en este caso, sería menester admitir que esta individualidad misteriosa actuaba por cuenta de alguna agrupación no menos misteriosa; es lo que la continuación confirmará también mostrándonos otros casos similares. No obstante, no pretendemos resolver la cuestión de quién era John King; constataremos simplemente que, en un pasaje de sus Old Diary Leaves (Hojas de un Viejo Diario) donde cuenta un «fenómeno» producido por Mme. Blavatsky en abril de 1875 (se trata de un dibujo supuestamente trazado por vía oculta en una página de una libreta, y en el que figuraba una joya de Rosa-Cruz Masónica), Olcott relaciona el nombre de John King al de un tal Henry de Morgan.

La declaración de principios de la primera Sociedad Teosófica comenzaba así: «El título de la Sociedad Teosófica explica los objetivos y deseos de sus fundadores: buscan obtener el conocimiento de la naturaleza y de los atributos del Poder supremo y de los espíritus más elevados, por medio de procedimientos físicos (sic). En otros términos, esperan que yendo más profundamente de lo que ha ido la ciencia moderna a las filosofías de los tiempos antiguos, podrán llegar a ser capaces de adquirir, para sí mismos y para los demás investigadores, la prueba de la existencia de un universo invisible, de la naturaleza de sus habitantes si los hay, de las leyes que los gobiernan y de sus relaciones con el género humano». Esto prueba que los fundadores no conocían apenas, en lo referente a la teosofía, más que la definición fantasiosa que da de ella el diccionario norteamericano de Webster, y que se concibe así: «Supuesta relación con Dios y los espíritus superiores, y adquisición consecuente de una ciencia suprahumana por procedimientos físicos, por las operaciones teúrgicas de los antiguos platónicos, o los procedimientos químicos de los filósofos del fuego alemanes».

La cuestión de los «Mahâtmâs», que tiene un lugar considerable en la historia de la Sociedad Teosófica e incluso en sus enseñanzas. En efecto, esta cuestión es más compleja de lo que se piensa ordinariamente, y no basta decir que esos «Mahâtmâs» no existieron nunca más que en la imaginación de Mme. Blavatsky y de sus asociados; sin duda, el nombre de Koot Hoomi, para dar un ejemplo, es una invención pura y simple, pero, lo mismo que los de los «guías espirituales» a los que sucedía, pudo muy bien servir de máscara a una influencia real. Únicamente, es cierto que los verdaderos inspiradores de Mme. Blavatsky, quienesquiera que hayan sido, no respondían a la descripción que ella da de ellos, y, por otro lado, el nombre mismo de «Mahâtmâ» no ha tenido nunca en sánscrito la significación que ella le atribuye, ya que esta palabra designa en realidad un principio metafísico y no puede aplicarse a seres humanos; quizás se deba incluso a que acabó por percatarse de este error por lo que se renunció casi completamente al empleo de este término. En lo que concierne a los fenómenos supuestamente producidos por la intervención de los «Maestros», eran exactamente de la misma naturaleza que los de los «clubes de milagros» de El Cairo, de Filadelfia y de Nueva York; esto fue ampliamente comprobado. Mme. Blavatsky ha atribuido simplemente a los «Mahâtmâs» lo que sabía o creía saber sobre el tema de los «Maestros»; en esto cometió algunos errores, y llegó a tomar al pie de la letra relatos que eran sobre todo simbólicos; pero no tuvo que hacer grandes esfuerzos de imaginación para componer el retrato de esos personajes, a los que relegó finalmente a una región inaccesible del Tíbet a fin de hacer imposible toda verificación.

El teosofismo debía ser clasificado en lo que llamamos, de una manera general, el «neo-espiritualismo», tanto para mostrar su carácter esencialmente moderno como para distinguirlo del «espiritualismo» entendido en su sentido ordinario y propiamente filosófico, clásico, si se quiere. Ahora debemos precisar que todas las cosas que reunimos bajo este nombre, porque poseen en efecto bastantes caracteres comunes como para ser consideradas especies de un mismo género, y sobre todo porque proceden en el fondo de una mentalidad común, por ello no son menos distintas a pesar de todo. Lo que nos obliga a insistir en ello es que, para quien no está habituado a tratarlos, estos extraños fondos del mundo contemporáneo, de los que no presentamos aquí más que una pequeña parte, causan el efecto de una verdadera fantasmagoría; es un caos en el que es ciertamente muy difícil reconocerse a primera vista, de donde resultan frecuentemente confusiones, sin duda excusables, pero que es bueno evitar tanto como sea posible. Ocultismo de diversas escuelas, teosofismo y espiritismo, todo esto se parece, ciertamente, bajo ciertos aspectos y hasta un cierto punto, pero difiere también bajo otros y debe ser cuidadosamente distinguido, cuando uno se preocupa de establecer sus relaciones.
En lo que concierne especialmente a las relaciones entre el teosofismo y el espiritismo, ya hemos mostrado en Mme. Blavatsky, al menos desde la fundación de su Sociedad (pues es difícil saber cuál era precedentemente el fondo de su pensamiento), una oposición manifiesta contra las teorías espiritistas, «espiritualistas», como se dice en los países anglosajones.

La Sociedad Antroposófica, la amplia autonomía que se promete a los diversos grupos externos no compromete la unidad de dirección: bastará que haya, en cada uno de estos grupos, y sin que estén necesariamente a su cabeza, «iniciados» de la organización interior, que se encargarán de transmitir, no precisamente órdenes, sino más bien sugestiones; de un modo general, es así como suceden las cosas en las asociaciones de este género. Por lo demás, la Sociedad Teosófica comprende también secciones o sociedades nacionales que poseen la autonomía administrativa, y eso no impide que la dirección central ejerza de hecho un poder casi absoluto; ahí también, es la «sección esotérica», con el juramento de obediencia que se hace prestar a sus miembros, la que proporciona la posibilidad de ello. La independencia aparente está hecha para seducir a aquellos que no saben que sólo es ilusoria, y es sin duda lo que permite a la Sociedad Antroposófica, desde su comienzo, lograr adhesiones más o menos numerosas en casi todos los países; tuvo incluso algunas en Inglaterra, y las ha tenido también en Francia.

Las relaciones de la Orden de la Sociedad Teosófica, he aquí lo que decía el Sr. Leadbeater, en presencia de Alcyon, en una reunión de la sección italiana celebrada en Génova: «Mientras que la Sociedad Teosófica pide reconocer la fraternidad humana, la Orden de la Estrella de Oriente ordena la creencia en la venida de un Gran Maestro y la sumisión a sus seis principios. Por otra parte, se pueden admitir los principios y preceptos de la Orden sin aceptar todas las enseñanzas de la Sociedad Teosófica. El nacimiento de la Orden nos ha revelado que, en todas las partes del mundo, hay personas que esperan la venida del Maestro, y gracias a él se ha podido agruparlas… El trabajo de la Orden y de la Sociedad Teosófica son idénticos: ampliar las ideas de los cristianos y de aquellos que creen que fuera de su pequeña Iglesia no hay salvación.

En la Masonería mixta donde entró la Sra. Besant, y, allí como en la Sociedad Teosófica, obtuvo rápidamente los grados más altos y las funciones más elevadas: venerable de honor de la Logia de Londres, fundó otra en Adyar con el título Rising Sun (El Sol Naciente); después devino vicepresidenta del Supremo Consejo Universal Mixto, y «delegada nacional» del mismo Supremo Consejo de Gran Bretaña y sus dependencias. En esta última cualidad, organizó la rama inglesa, con el nombre de «Co-Masonería», y llegó a darle un gran desarrollo, con una cierta autonomía; las concesiones que obtuvo del Supremo Consejo para realizar esta organización como ella la entendía son quizás la prueba más evidente de la influencia considerable que supo adquirir en ese medio. Ella dio estatutos a su rama que, bajo pretexto de adaptación a la mentalidad anglosajona, fueron sensiblemente diferentes de la masonería francesa.
En su origen, la Masonería mixta no tenía nada de ocultista ni de «espiritualista»: en cuanto a su espíritu y a su meta, he aquí la concepción del Dr. Georges Martin (cuyo estilo respetamos escrupulosamente): «La Orden Masónica Mixta Internacional es la primera potencia masónica mixta filosófica, progresista y filantrópica, organizada y constituida en el mundo, que se coloca por encima de todas las preocupaciones de ideas filosóficas o religiosas que puedan profesar aquellos que piden devenir sus miembros… La Orden quiere interesarse principalmente en los intereses vitales del ser humano sobre la tierra; quiere estudiar sobre todo en sus Templos los medios para realizar la Paz entre todos los pueblos y la Justicia social, que permitirá a todos los humanos gozar, durante su vida, de la mayor suma posible de felicidad moral así como de bienestar material.

Los adversarios de los teosofistas deberían tomar buena nota de esto a fin de evitar cometer ciertas faltas en el porvenir; en lugar de tomar como pretexto su crítica del teosofismo para insultar a los hindúes, como lo hemos visto hacer, caricaturizando odiosamente sus doctrinas que no conocen, deberían considerarlos al contrario como sus aliados naturales en esta lucha, ya que lo son efectivamente y no pueden no serlo: además de las razones más especiales que tienen los hindúes para detestar profundamente al teosofismo, éste no es más aceptable para ellos que para los cristianos (más bien deberíamos decir para los católicos, puesto que el protestantismo se acomoda a todo), y, de una manera general, para todos aquellos que se adhieren a una doctrina que tenga un carácter verdaderamente tradicional.
No reconocemos a la ciencia, ni tampoco a la filosofía, ningún derecho más que al teosofismo, y estamos dispuestos a denunciar también, si se presenta el caso, las falsas opiniones de los sabios «oficiales», a quienes, en general, sólo debemos reconocer el mérito de una cierta franqueza que con demasiada frecuencia falta en los teosofistas.

H.B.of L. (Hermetic Brotherhood of Luxor). Cuando Barlet se afilió a la H. B. of L., la sede de ésta todavía no se había trasladado a América; esta afiliación debió de ser un poco anterior a la publicación del Occult Magazine, que apareció en Glasgow entre los años 1885 y 1886, y del cual tenemos a la vista la colección completa. Esta revista era el órgano oficial de la H. B. of L., y portaba en su epígrafe la divisa “Omnia vincit Veritas”.
¿No habría sido todo una simple confusión, a causa de la similitud parcial entre los dos nombres, Chintamon y Metamon? Este último nombre es el del primer maestro de Mme. Blavatsky, el mago Paulos Metamon, de origen copto o caldeo (jamás esto ha podido ser fijado exactamente), a quien ella había conocido en Asia Menor en 1848, y reencontrado después en El Cairo en 1870; pero, se dirá, ¿qué relación hubo entre este personaje y la H. B. of L.? Para responder a esta pregunta, debemos hacer conocer a nuestro colega de la Occult Review, que parece ignorarlo, la identidad del verdadero jefe, o, por hablar más exactamente, del Gran Maestro del “círculo exterior” de la H. B. of L.: este Gran Maestro era el Dr. Max Théon, que debía posteriormente crear y dirigir el movimiento llamado “cósmico”; y ello es por lo demás lo que explica la parte que Barlet, antiguo representante de la H. B. of L. en Francia, tomó en este movimiento desde sus comienzos (es decir, si no nos equivocamos, a partir de 1899 o 1900). El origen del Dr. Max Théon ha permanecido siempre muy misterioso.

The present work represents in some sense Guenon taking care of the dirty laundry he acquired from the time he spent in the Parisian occultist milieu in the early 20th century. Some of his critics have never failed to point to this period of Guenon’s life to try and discredit his views, some even going so far as to see him as an nothing more than a mere occultist. A judicious reading of his works, however, can only lead to a different conclusion, especially when one considers him in comparison to actual French occultists like Papus or Eliphas Levi. Whatever one thinks of Guenon, he deserves to be taken more seriously than do these latter. Still, Guenon’s motives for entering into this bizarre scene are difficult to parse through and there are certain episodes (his involvement with the Gnostic Church or the attempt to constitute a “Renovated Order of the Temple”) which are definitely questionable. How seriously did he take these groups at first? Did he plunge into this scene merely to have a better understanding of its inner workings, in order to be able to expose it for the sham that it was? Was he trying to convince himself firsthand the lack of “authentic” initiatic organizations in the West? Or was he trying to attract other serious seekers who were not fully under the sway of Papus’ ideas (the French Wikipedia page about Guenon makes clear that he did make contacts important to his intellectual development at this time, particularly Paul Vulliaud [whose work on the Kabbalah he cites frequently] and Matgioi [whose writings on Chinese metaphysics Guenon praised highly])? What is beyond doubt is that Guenon fully and completely repudiates all of these twisted undercurrents in the present work. And his exposé would not be nearly as effective without the extensive firsthand knowledge that he brings to bear in this book. So it is unfair to use these associations to try and cast a shadow on all of Guenon’s work, just as unfair as it would be use Evola’s appropriation of his ideas for dubious political ends (Fascism, Nazism, etc.) to discredit them as well.
Being a work of a more historical and less of a doctrinal nature than many other of Guenon’s works, one might at first be tempted to think that the overall importance of “Theosophy: …” within Guenon’s corpus is negligible or at least secondary. In a certain sense, this is true–the metaphysical principles with which he deals more extensively elsewhere have more intrinsic interest. There is still plenty here for a dedicated reader of Guenon, however. In particular, seeing the errors that he always attempted to refute spelled out in complete detail makes it easier to understand why he emphasizes certain points in his other works to such a great extent. The real reason this work is invaluable, though, is the insight it gives into what Guenon calls the “underground” history of our times. In other works, like “Reign of Quantity and the Signs of the Times,” Guenon can seem almost paranoid when he speaks of the pseudo-initation and the counter-initiation. This work makes his tone in those works, and the personal fear he had of those dubious groups (see Sedgwick’s “Against the Modern World”), more understandable. Indeed, the extent of the influence that the false “ideas” of Theosophic origin have had outside the domain of Theosophy proper is remarkable (I’ll mention the Theosophic understanding of “karma” as a moralistic concept, which has no doubt become a commonplace in Western popular culture; though Theosophists themselves disagree about it, “reincarnation” is another idea advocated by some of their writings). Guenon here relates Theosophy to the same modern mental tendencies which have manifested themselves in forms that can seem innocuous to, say, the average American (the list is quite long, but includes [William] Jamesian theories of “religious experience,” Bergsonian philosophy, Scouting [i.e. the Boy/Girl Scouts], evangelical Protestantism, the YMCA, the [now] common practice of the “moment of silence,” Christian Science, vegetariansim/veganism, etc.). Theosophy is also historically important because it is a precursor to contemporary pseudo-religious phenomena like the New Age movement (it was in fact the former Theosophist Alice Bailey who gave the world the notion of the “Age of Aquarius”), the recent craze about Rhonda Byrne’s “The Secret,” the increasingly widespread use of yoga for “therapeutic” purposes, or the Church of Scientology (for another fascinating historical report about yet another important precursor to these contemporary pseudo-religions, see Guenon’s “The Origins of Mormonism” in the book “Miscellanea”). What these last few sentences should hopefully drive home is the fact that anyone seeking to understand the relatively hidden sources of the contemporary Western mindset should absolutely buy this book so that they are not led astray by the endlessly proliferating false teachings that float around everywhere, obscuring the truth. This book (along with “The Spiritist Fallacy”) is certainly helpful in exposing much of the false spirituality that is becoming more and more mainstream in our times.

Before the creation of the Theosophical Society, the word theosophy served as a common denomination to quite diverse doctrines, but which, nevertheless, all belonged to the same type, or at least, they all came from the same set of tendencies; thus, it is convenient to preserve the significance that it has historically. Without seeking to deepen here the nature of these doctrines, we can say that they have as common and fundamental features being more or less strictly esoteric conceptions, of religious or even mystical inspiration, although of a little special mysticism without a doubt, and that they are proclaimed of a a completely Western tradition, whose basis is always, under one form or another, Christianity.
The organization that is now called “Theosophical Society”, of which we understand to occupy ourselves here exclusively, does not depend on any school that is linked, not even indirectly, to any doctrine of this kind; its founder, Mme. Blavatsky, could have a more or less complete knowledge of the writings of some theosophists, especially Jacob Boehme, and could draw from them ideas that he incorporated into his own works, along with a multitude of other elements from the most diverse backgrounds, but that it is all that is possible to admit in this respect. In a general way, the more or less coherent theories that have been issued or sustained by the heads of the Theosophical Society, do not have any of the characters that we have just indicated, except the pretension to esotericism; they are presented, falsely, for the rest, as having an oriental origin.
The Theosophical Society, as will be seen, owes its name only to completely accidental circumstances, without which it would have received a completely different denomination: its members likewise, are not in any way Theosophists, but are, if you will, «theosophists » For the rest, the distinction between these two terms, “theosophers” (theosophists) and “theosophists” (theosophists), is almost always done in English, a language in which the word “theosophism” (theosophism), to designate the doctrine of this Society, is in common use; she seems important enough to us so that it is necessary to keep it equally in French.

The terms in which this foundation was then announced by a spiritualist body: “A society of spiritualists was formed in Cairo (Egypt), under the direction of Mme. Blavatsky, a Russian, assisted by several mediums. The sessions take place twice a week, on Tuesday and Friday night and only members are admitted to it. The purpose is to establish, jointly with society, a reading cabinet and a library of spiritualist and other works, as well as a newspaper whose title will be La Revue Spiritualiste du Caire (Cairo Spiritualist Magazine), and which will appear on the days 1st and 15th of each month ». However, this company did not prosper.
Mme. Blavatsky arrived in North America, asked all the people he came in contact with if they knew someone with the name Olcott; In fact, he finally found Olcott on October 14, 1874, at the Chittenden estate (Vermont), in the house of the Eddy couple, where “spirit materializations” and other phenomena of the same kind were produced. Henry Steele Olcott was born in Orange (New Jersey) in the year 1832; son of honorable cultivators, had been first agricultural engineer, then, during the Civil War, had served in the military police, and it is there where he had earned the title of colonel, quite easy to obtain in the United States. After the war, he began to do journalism, distributing his leisure time between Masonic Lodges and spirit societies. Point out many other relationships between the Theosophical Society and various branches of Freemasonry; but what is necessary to retain here, is that it seems that the name of John King could well simply disguise a living man, whose true identity should remain unknown; Was he the one who had sent Mme on a mission? Blavatsky and who had prepared his association with Olcott? It is at least very plausible, and, in this case, it would be necessary to admit that this mysterious individuality acted on behalf of some no less mysterious group; is what the continuation will confirm also showing us other similar cases. However, we do not intend to resolve the question of who John King was; we will simply note that, in a passage from his Old Diary Leaves (pages of an Old Diary) where a “phenomenon” produced by Mme. Blavatsky in April of 1875 (it is a drawing supposedly traced by hidden way in a page of a notebook, and in which it was a jewel of Rose-Masonic Cross), Olcott relates the name of John King to that of a certain Henry of Morgan

The declaration of principles of the first Theosophical Society began: “The title of the Theosophical Society explains the aims and desires of its founders: they seek to obtain knowledge of the nature and attributes of the supreme Power and of the highest spirits, means of physical procedures (sic). In other words, they hope that by going more deeply than modern science has gone to the philosophies of ancient times, they will be able to acquire, for themselves and for other researchers, the proof of the existence of a universe invisible, of the nature of its inhabitants, if any, of the laws that govern them and of their relations with the human race. ” This proves that the founders hardly knew, as far as Theosophy was concerned, more than the fanciful definition that Webster’s dictionary gives of it, and that it is conceived as follows: «Alleged relationship with God and the superior spirits, and consequent acquisition of a superhuman science by physical procedures, by the theurgical operations of the ancient Platonists, or the chemical procedures of the German fire philosophers».

The question of the “Mahâtmâs”, which has a considerable place in the history of the Theosophical Society and even in its teachings. In effect, this question is more complex than is ordinarily thought, and it is not enough to say that those “Mahâtmâs” never existed except in the imagination of Mme. Blavatsky and his associates; Without a doubt, the name of Koot Hoomi, to give an example, is a pure and simple invention, but, like those of the “spiritual guides” to which it happened, it could very well serve as a mask to a real influence. Only, it is true that the true inspirers of Mme. Blavatsky, whoever they were, did not respond to the description she gives of them, and, on the other hand, the very name of “Mahâtmâ” has never had in Sanskrit the meaning that she attributes to it, since this word designates in reality a metaphysical principle and can not be applied to human beings; perhaps it is even due to the fact that he ended up noticing this error, so that the use of this term was almost completely abandoned. As far as the phenomena supposedly produced by the intervention of the “Masters” were concerned, they were of exactly the same nature as those of the “miracle clubs” of Cairo, Philadelphia, and New York; This was widely proven. Mme. Blavatsky has simply attributed to the “Mahâtmâs” what he knew or thought he knew about the subject of the “Masters”; in this he made some mistakes, and came to take at face value the stories that were above all symbolic; but he did not have to make great efforts of imagination to compose the portrait of those characters, whom he finally relegated to an inaccessible region of Tibet in order to make impossible any verification.

Theosophism should be classified in what we call, in a general way, “neo-spiritualism,” both to show its essentially modern character and to distinguish it from “spiritualism” understood in its ordinary and properly philosophical, classical sense, if you will. . Now we must specify that all the things we collect under this name, because they have enough common characters to be considered as species of the same genus, and above all because they come from the bottom of a common mentality, for that reason they are no less different than despite everything. What compels us to insist on this is that, for those who are not accustomed to dealing with them, these strange backgrounds of the contemporary world, of which we present here only a small part, cause the effect of a true phantasmagoria; it is a chaos in which it is certainly very difficult to recognize oneself at first sight, whence there are frequently confusions, no doubt excusable, but which it is good to avoid as much as possible. Occultism of various schools, theosophism and spiritualism, all this seems, certainly, under certain aspects and up to a certain point, but it also differs under others and must be carefully distinguished, when one is concerned with establishing their relations.
As regards especially the relations between theosophism and spiritualism, we have already shown in Mme. Blavatsky, at least since the founding of his Society (for it is difficult to know what was previously the background of his thought), a manifest opposition against the spiritualist theories, “spiritualists,” as they say in the Anglo-Saxon countries.

The Anthroposophical Society, the wide autonomy that is promised to the various external groups does not compromise the unity of direction: it will suffice that, in each of these groups, and without necessarily being at their head, “initiates” of the internal organization, that they will be in charge of transmitting, not precisely orders, but rather suggestions; In a general way, this is how things happen in associations of this kind. For the rest, the Theosophical Society also includes sections or national societies that have administrative autonomy, and that does not prevent the central leadership from exercising an almost absolute power; there, too, is the “esoteric section”, with the oath of obedience that is made to lend to its members, which provides the possibility of it. Apparent independence is made to seduce those who do not know that it is only illusory, and it is undoubtedly what allows the Anthroposophical Society, since its inception, to achieve more or less numerous accessions in almost all countries; he even had some in England, and he has had them also in France.

The relations of the Order of the Theosophical Society, here is what Mr. Leadbeater said, in the presence of Alcyon, in a meeting of the Italian section held in Genoa: “While the Theosophical Society asks to recognize human fraternity, the Order of the Star of the East commands the belief in the coming of a Grand Master and submission to its six principles. On the other hand, the principles and precepts of the Order can be accepted without accepting all the teachings of the Theosophical Society. The birth of the Order has revealed to us that, in all parts of the world, there are people who await the coming of the Master, and thanks to him it has been possible to group them … The work of the Order and the Theosophical Society are identical: to extend the ideas of Christians and those who believe that outside their little Church there is no salvation.

In the mixed Masonry where Mrs. Besant entered, and, there as in the Theosophical Society, she quickly obtained the highest grades and the highest functions: venerable of honor of the Lodge of London, she founded another in Adyar with the title Rising Sun (The Rising Sun); later became vice president of the Supreme Mixed Universal Council, and “national delegate” of the same Supreme Council of Great Britain and its dependencies. In this last quality, he organized the English branch, with the name of «Co-Freemasonry», and came to give it a great development, with a certain autonomy; The concessions that she obtained from the Supreme Council to carry out this organization as she understood it are perhaps the most evident proof of the considerable influence she acquired in that environment. She gave statutes to her branch that, under the pretext of adaptation to the Anglo-Saxon mentality, were noticeably different from French Freemasonry.
In its origin, mixed Masonry had nothing of occult or “spiritualist”: as for its spirit and its goal, here is the conception of Dr. Georges Martin (whose style we respect scrupulously): “The International Mixed Masonic Order is the first mixed philosophical, progressive and philanthropic masonic power, organized and constituted in the world, which stands above all the concerns of philosophical or religious ideas that can be professed by those who ask to become its members … The Order wants to be interested mainly in the interests vitals of the human being on earth; he wants to study above all in his Temples the means to realize Peace among all peoples and social Justice, which will allow all humans to enjoy, during their lives, the greatest possible sum of moral happiness as well as material well-being.

The adversaries of the theosophists should take good note of this in order to avoid committing certain faults in the future; instead of taking as a pretext their criticism of theosophism to insult the Hindus, as we have seen doing, odiously caricaturing their doctrines that they do not know, they should consider them the opposite as their natural allies in this struggle, since they are effectively and can not not to be: besides the more special reasons that Hindus have for deeply detesting Theosophism, this is no more acceptable to them than to Christians (rather we should say for Catholics, since Protestantism accommodates everything), and , in a general way, for all those who adhere to a doctrine that has a truly traditional character.
We do not recognize science, nor philosophy, any right other than theosophism, and we are willing to denounce also, if the case arises, the false opinions of the “official” sages, to whom, in general, we should only recognize the merit of a certain frankness that is too often lacking in the theosophists.

H.B.of L. (Hermetic Brotherhood of Luxor). When Barlet joined H. B. of L., its headquarters had not yet moved to America; this affiliation must have been a little before the publication of the Occult Magazine, which appeared in Glasgow between 1885 and 1886, and of which we have the complete collection in view. This magazine was the official organ of H. B. of L., and carried in its epigraph the currency “Omnia vincit Veritas”.
Would not it have all been a simple confusion, because of the partial similarity between the two names, Chintamon and Metamon? This last name is that of the first teacher of Mme. Blavatsky, the magician Paulos Metamon, of Coptic or Chaldean origin (this never could have been exactly set), whom she had met in Asia Minor in 1848, and was later reunited in Cairo in 1870; but, it will be said, what relation was there between this character and H. B. of L.? To answer this question, we must make known to our colleague of the Occult Review, who seems to ignore it, the identity of the real boss, or, to speak more accurately, the Grand Master of the “outer circle” of the HB of L .: Grand Master was Dr. Max Théon, who was subsequently to create and direct the movement called “cosmic”; and this is also what explains the part that Barlet, former representative of H. B. of L. in France, took in this movement from its beginnings (that is, if we are not mistaken, from 1899 or 1900). The origin of Dr. Max Theon has always remained very mysterious.

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