Cervantes Y Lope. Vidas Paralelas — Mary Shelley / Cervantes & Lope. Literary Lives by Mary Shelley (spanish book edition)

Me parece un libro interesante de la autora, que tiene especial admiración por Cervantes, estas biografías las escribía para ganar dinero. Durante muchos años, la crítica ha ignorado estas vidas literarias por considerarlas un trabajo mecánico que Mary escribía simplemente para ganar dinero y al que no dedicó la atención que le merecieron sus novelas. Sin embargo, desde finales del siglo XX la tendencia está cambiando y la crítica moderna ha refutado esos prejuicios y ha revalorizado las biografías basándose para ello en el placer que Mary experimentó siempre en este tipo de tareas.
Mary se identifica con el Cervantes que sufrió la agudeza de las lenguas ociosas (la sociedad la excluyó primero por haberse fugado con Shelley, luego por el ateísmo que se le atribuía), con el Lope exiliado (también Mary vivió fuera de su país natal), con el poeta que usa la literatura para mantener el juicio en medio de la adversidad.
Mary compuso la biografía de Lope en contraste explícito con la de Cervantes. La oposición plutarquiana comienza desde las primeras líneas, en las que nuestra autora relata el multitudinario entierro e inaudita popularidad de Lope, que contrapone con la imagen de un Cervantes solo y olvidado, por más que hoy consideremos Don Quijote el mejor libro de todos los tiempos y que no pensemos que la producción lopesca alcanza esa altura. En lugar de usarla para denigrar a Lope, la novelista se toma esta contraposición como un reto intelectual que le impulsa a estudiar al Fénix precisamente para tratar de comprender por qué gustó tanto en su época.
Pese a esta loable intención y a un indudable y fructífero esfuerzo crítico, Mary no puede evitar sentir hacia Lope una desconcertante ambivalencia, que contrasta con la admiración sin reservas que le tributa a Cervantes.

Todos aquellos capaces de sentir un interés generoso por el destino de un genio se lanzarán con viva curiosidad a las páginas que lleven el nombre de Cervantes: ni siquiera Shakespeare goza de una reputación tan universal. Mientras el sublime carácter de Don Quijote anima el corazón del entusiasta, la verdad de la triste imagen que componen sus desventuras despierta la imaginación del hombre de mundo. Los niños disfrutan con la comedia de Sancho Panza, los viejos admiran su astucia. Además, el hecho de que este libro esté escrito en prosa aumenta su popularidad. Aunque toda traducción es por naturaleza imperfecta, ninguna fracasa con tanto estrépito como la que intenta trasladar el etéreo y delicado espíritu del verso a otra lengua. Pero aunque leer Don Quijote en español, su lengua original, aumenta enormemente el placer que provoca su lectura, ya el sentido del libro es bastante para conectar de tal modo con cualquier ser humano que incluso una traducción satisface a los que se tienen que contentar con ella.
Parece que fue en Sevilla, y ejerciendo allí estos poco agradables oficios, donde adquirió la amarga idea de la condición humana que muestra en Don Quijote. Y sin embargo no es totalmente justo tacharla de amarga. Incluso cuando sus esperanzas habían sido aplastadas y aniquiladas, un noble entusiasmo se sobreponía por encima del desencanto y las injusticias sufridas, y aunque mira con tristeza y cierta causticidad la vida humana, no podemos dejar de percibir por toda su obra las aspiraciones generosas y elevadas de su alma herida.
Don Quijote es perfecto en todas sus partes. La idea original es admirable: la imagen de un viejo hidalgo que se alimenta manejando sus novelas hasta que quiere convertirse en protagonista de una de ellas es fiel a la más pura verdad de la naturaleza. Y ¿cómo ha desarrollado la historia? Don Quijote es tan valeroso, noble, principesco y virtuoso como los mejores de los caballeros a los que imita. Si hubiera emprendido el desafío de la caballería andante y después se hubiera hundido con las penurias subsiguientes, habría sido simplemente un loco y nada más. Pero enfrentándose a todo y soportándolo todo con valor y ecuanimidad se convierte realmente en el héroe que deseaba ser. Todos los desgraciados se dirigían a él para obtener ayuda, seguros de su resolución e interés, y así Cervantes muestra la excelencia y perfección de su genio. La segunda parte se concibe con un espíritu diferente de la primera y para disfrutarla como merece debemos comprender las circunstancias que la rodean. Cervantes no quería repetirse. Hay menos extravagancia, menos locuras del protagonista.

El Viaje del Parnaso tiene el típico defecto español de la excesiva longitud; en lo demás, es una obra de gran mérito: las partes jocosas son juguetonas, la maquinaria, poética, la trama, muy adecuada al género burlesco. Había un poema escrito sobre el tema del viaje al Parnaso obra de Cesare Caporali, un italiano de Perugia. Cervantes comienza su poema mencionando la vuelta del italiano y explicando cómo él, que siempre había deseado merecer el título de poeta, se resolvió a seguir su ejemplo.

Cervantes vivió en la miseria, murió en el olvido y su tumba solo fue honrada por sus amigos; en contraste, todo Madrid acudió a honrar el funeral de Lope y dos volúmenes de elogios y epitafios forman una mera selección de lo que se escribió para conmemorar su muerte. Es verdad que la posteridad ha sido más justa en otras ocasiones: se han hecho grandes esfuerzos para publicar ediciones corregidas de las obras de Cervantes y para dilucidar detalles sobre su vida; en contraste, los veintiún volúmenes de las Obras sueltas de Lope están llenos de errores y sus comedias solo se encuentran en panfletos mal impresos, tanto en lo relativo a la tipografía como al sentido.
Fénix de los siglos, príncipe de los versos, Orfeo de las ciencias, Apolo de las Musas, Horacio de los poetas, Virgilio de los épicos, Homero de los heroicos, Píndaro de los líricos, Sófocles de los trágicos y Terencio de los cómicos, único entre los mayores, mayor entre los grandes, y grande a todas luces y en todas materias»[2]. Esta era la manera habitual para referirse a Lope, cuyo común apelativo era Fénix de España. Y hoy en día, que las ediciones de Don Quijote se multiplican y que cada hora que pasa aumenta la fama de Cervantes.
La Dorotea es, ciertamente, una obra singular y la hemos leído con cuidado para descubrir qué hay en ella que nos dé la idea de que el libro se refiere a su vida. Y vamos a resumir brevemente la obra, dispersa y tediosa, que no atraerá a ningún lector, pero que al menos presenta una imagen vivida de las costumbres españolas y que, en lo relativo a Lope, debe leerse con creciente interés. Debemos partir del hecho de que esta obra fue una de las últimas que publicó y que la menciona como una de sus preferidas en su vejez, pero fue escrita en Valencia, durante su juventud.
La Dorotea no es una obra de teatro. Es una historia narrada en diálogo, un tipo de composición que se ha dado en llamar últimamente «escenas dramáticas». Está en prosa, con algunos poemas intercalados. Es, como es habitual, muy dispersa, e incluso incoherente y oscura en partes, y cuenta las aventuras de un joven que, se conjetura, representa al propio Lope.

Su guerra contra Góngora fue mucho más grave, por lo que posponemos su descripción hasta que, en la vida de Góngora, expliquemos en cierto detalle su estilo poético.
Mientras, la estima que el público sentía por Lope iba creciendo cada vez más. No hay apenas ejemplos en la historia de una popularidad semejante. Grandes, nobles, ministros, prelados, eruditos, todos buscaban tratarle. Los hombres venían de países lejanos para verle; las mujeres se asomaban a los balcones cuando pasaba, para contemplarle y aplaudirle. Recibía regalos de todas partes y se nos dice incluso que cuando compraba algo y el vendedor le reconocía se negaba a aceptar dinero de él. Su nombre se convirtió en proverbio, convirtiéndose en sinónimo de grado superlativo: un diamante «de Lope», una cena «de Lope», una mujer «de Lope», un vestido «de Lope», era la expresión que se usaba para expresar la perfección de algo. Todo esto podría compensar por los ataques recibidos, pero como estos se basaban en la verdad y como a veces debió de temer que hubiera una reacción contra su popularidad, a veces Lope se sintió hostigado e inseguro. Sin embargo, muchos se adhirieron con pasión a su bando.
Sus obras son más numerosas de lo que pueda imaginarse. Cada año daba a la imprenta un nuevo poema; cada mes, y a veces cada semana, producía una nueva comedia; y al menos estas eran de factura reciente, aunque los primeros eran comúnmente obras de sus años de juventud, luego corregidas y acabadas. Probó todo género de escritura y se hizo célebre en todos ellos. Sus himnos y poemas sacros le ganaron el respeto de los clérigos y mostraron su celo en el estado que había adoptado. Cuando Felipe IV ascendió al trono, inmediatamente colmó a Lope de honores.

Entre estos se afirma que imprimió mil ochocientas comedias y cuatrocientos autos sacramentales, opinión que durante mucho tiempo se consideró verdadera. Lord Holland detectó su falacia y el autor del artículo en la Quarterly Review adopta sus cálculos y demuestra lo absurdo de ese número. El propio Lope afirma en el prefacio al Arte nuevo de hacer comedias que hasta ese momento había producido cuatrocientas ochenta y tres. De ellas se conservan cuatrocientas noventa y siete. Algunas, ciertamente, se han perdido, pero no tantas como supone el número arriba citado. Muchas de sus obras teatrales, de hecho, son loas y entremeses, pequeñas obras de un acto que podrían haberse usado para llegar a esa cifra, pero que no merecen contarse entre las comedias.
En cuanto al número de versos que escribió, también aquí hay cierta exageración. Dice que escribió cinco pliegos al día y se han hecho con esto los cálculos más extravagantes, como si hubiera podido escribir a este ritmo desde el día de su nacimiento hasta un mes o dos antes de su muerte. Sin embargo, es obvio que la época en la que escribía cinco pliegos al día y una comedia en veinticuatro horas está limitada unos pocos años. Con todo esto, Lope es, sin duda, e incluso en la prolífica España, el escritor más prolífico y el más fértil.

Es fácil descubrir las causas de este éxito. Los españoles carecían hasta entonces de literatura nacional. Su poesía y sus églogas no expresaban el heroísmo, el fanatismo, el honor tenaz y los prejuicios violentos que formaban su carácter. Los romances sí que lo hacían, así como las novelas de caballerías, pero estas habían degenerado en meras imitaciones y aunque se hacían eco de algunos de los sentimientos que profesaban, no imitaban sus costumbres. Fue como una nueva creación cuando el genio poético de España se encarnó en el teatro, y bajo apariencia de tragedia y comedia, ambas románticas, le hacían ver al público el ideal de sus prejuicios y pasiones, sus virtudes y vicios, y estos hilados en una trama que despertaba su interés y encendía sus corazones con empatía.
Las comedias de Lope eran, ya tragedias románticas, ya comedias de capa y espada, a veces trágicas, a veces cómicas, pero siempre basadas en las costumbres del momento. Por supuesto hay escenas de muertes y esclavitud, pero ninguno de los horrores que asustan a los lectores.
Lope, por supuesto, ignora totalmente las unidades de tiempo y lugar. Las incongruencias de sus comedias son múltiples. El éxito, o más bien el éxito popular, era lo que pretendía, y lo consiguió. Pero era consciente de la barbarie de muchas de sus obras y censuró vivamente sus comedias.

It seems to me an interesting book by the author, who has a special admiration for Cervantes, who wrote these biographies to earn money. For many years, critics have ignored these literary lives as a mechanical work that Mary wrote simply to earn money and to which she did not devote attention to her novels. However, since the late twentieth century the trend is changing and modern criticism has refuted these prejudices and has revalued biographies based on the pleasure that Mary always experienced in this type of task.
Mary identifies with the Cervantes who suffered the acuteness of idle languages ​​(society excluded her first because she ran away with Shelley, then because of the atheism attributed to her), with the exiled Lope (also Mary lived outside of her native country) , with the poet who uses literature to maintain judgment in the midst of adversity.
Mary composed the biography of Lope in explicit contrast with that of Cervantes. The plutarchian opposition begins from the first lines, in which our author recounts the multitudinous burial and unprecedented popularity of Lope, which contrasts with the image of a single and forgotten Cervantes, however much we consider Don Quixote the best book of all time and that we do not think that the lopesca production reaches that height. Instead of using it to denigrate Lope, the novelist takes this opposition as an intellectual challenge that drives her to study the Phoenix precisely to try to understand why she liked it so much in her time.
Despite this laudable intention and an undeniable and fruitful critical effort, Mary can not help but feel towards Lope a disconcerting ambivalence, which contrasts with the unreserved admiration that Cervantes pays her.

All those capable of feeling a generous interest in the fate of a genius will be launched with lively curiosity into the pages bearing the name of Cervantes: not even Shakespeare enjoys such a universal reputation. While the sublime character of Don Quixote animates the heart of the enthusiast, the truth of the sad image that compose his misadventures awakens the imagination of the man of the world. Children enjoy the comedy of Sancho Panza, the old admire his cunning. In addition, the fact that this book is written in prose increases its popularity. Although every translation is imperfect in nature, none fails with as much noise as that which attempts to transfer the ethereal and delicate spirit of the verse to another language. But although reading Don Quixote in Spanish, its original language, greatly increases the pleasure it causes reading, and the meaning of the book is enough to connect so with any human being that even a translation satisfies those who have to be content with she.
It seems that it was in Seville, and exercising these unpleasant trades there, where he acquired the bitter idea of ​​the human condition shown in Don Quixote. And yet it is not entirely fair to dismiss it as bitter. Even when their hopes had been crushed and annihilated, a noble enthusiasm overcame the disenchantment and injustice suffered, and although it looks with sadness and a certain causticity on human life, we can not fail to perceive the generous and elevated aspirations for all its work. of his wounded soul.
Don Quixote is perfect in all its parts. The original idea is admirable: the image of an old gentleman who feeds himself handling his novels until he wants to become the protagonist of one of them is faithful to the purest truth of nature. And how has the story developed? Don Quixote is as brave, noble, princely and virtuous as the best of the gentlemen he imitates. If he had undertaken the challenge of the knight-errant and then had sunk with the subsequent hardships, he would have been simply a madman and nothing more. But facing everything and enduring everything with courage and equanimity, he really becomes the hero he wanted to be. All the miserable people went to him to get help, sure of his resolution and interest, and so Cervantes shows the excellence and perfection of his genius. The second part is conceived with a different spirit from the first and to enjoy it as it deserves we must understand the circumstances that surround it. Cervantes did not want to repeat himself. There is less extravagance, less follies of the protagonist.

The Journey of Parnassus has the typical Spanish defect of excessive length; in the rest, it is a work of great merit: the jocular parts are playful, the machinery, poetic, the plot, very appropriate to the burlesque genre. There was a poem written on the subject of the trip to Parnassus, the work of Cesare Caporali, an Italian from Perugia. Cervantes begins his poem mentioning the return of the Italian and explaining how he, who had always wanted to deserve the title of poet, resolved to follow his example.

Cervantes lived in misery, died in oblivion and his tomb was only honored by his friends; In contrast, all of Madrid came to honor Lope’s funeral and two volumes of praise and epitaphs form a mere selection of what was written to commemorate his death. It is true that posterity has been fairer on other occasions: great efforts have been made to publish corrected editions of Cervantes’ works and to elucidate details about his life; in contrast, the twenty-one volumes of Lope’s Loose Works are full of errors and their comedies are only found in badly printed pamphlets, both in terms of typography and sense.
Phoenix of the centuries, prince of the verses, Orpheus of the sciences, Apollo of the Muses, Horace of the poets, Virgil of the epics, Homer of the heroics, Pindar of the lyricists, Sophocles of the tragic and Terence of the comedians, unique among the elderly, greater among the great, and great by all accounts and in all matters “[2]. This was the usual way to refer to Lope, whose common name was Phoenix of Spain. And nowadays, the editions of Don Quixote multiply and that every hour that passes increases the fame of Cervantes.
The Dorotea is certainly a unique work and we have read it carefully to discover what is in it that gives us the idea that the book refers to his life. And we will briefly summarize the work, scattered and tedious, that will not attract any reader, but at least presents a vivid picture of Spanish customs and that, with regard to Lope, should be read with increasing interest. We must start from the fact that this work was one of the last ones that he published and that he mentions it as one of his favorites in his old age, but it was written in Valencia, during his youth.
Dorotea is not a play. It is a story narrated in dialogue, a type of composition that has been called lately “dramatic scenes.” It is in prose, with some poems interspersed. It is, as usual, very scattered, and even incoherent and dark in parts, and tells the adventures of a young man who, it is surmised, represents Lope himself.

His war against Gongora was much more serious, so we postponed his description until, in the life of Góngora, we explain in some detail his poetic style.
Meanwhile, the esteem that the public felt for Lope was growing more and more. There are hardly any examples in the history of such popularity. Great, noble, ministers, prelates, scholars, all sought to treat him. Men came from distant countries to see him; women looked out at the balconies as he passed, to contemplate and applaud him. He received gifts from everywhere and we are even told that when he bought something and the seller recognized him, he refused to accept money from him. His name became a proverb, becoming synonymous with a superlative degree: a “Lope” diamond, a “Lope” dinner, a “Lope” woman, a “Lope” dress, was the expression used to express the perfection of something. All this could compensate for the attacks received, but since these were based on the truth and as he sometimes had to fear that there was a reaction against his popularity, sometimes Lope felt harassed and insecure. However, many adhered passionately to his side.
His works are more numerous than you can imagine. Every year he gave the press a new poem; every month, and sometimes every week, he produced a new comedy; and at least these were of recent invoice, although the former were commonly works of their youth, then corrected and finished. He tried all kinds of writing and became famous in all of them. His hymns and sacred poems earned him the respect of clerics and showed his zeal in the state he had adopted. When Felipe IV ascended the throne, he immediately filled Lope with honors.

Among these it is affirmed that he printed eighteen hundred comedies and four hundred sacramental cars, an opinion that for a long time was considered true. Lord Holland detected his fallacy and the author of the article in the Quarterly Review adopts his calculations and demonstrates the absurdity of that number. Lope himself affirms in the preface to the New Art of making comedies that until that moment had produced four hundred and eighty-three. Of these, four hundred and ninety-seven remain. Some, certainly, have been lost, but not as many as the number mentioned above supposes. Many of his plays, in fact, are loas and hors d’oeuvres, small works of an act that could have been used to reach that number, but that do not deserve to be counted among the comedies.
As for the number of verses he wrote, there is also some exaggeration here. He says that he wrote five sheets a day and this has been done with the most extravagant calculations, as if he could have written at this rate from the day of his birth until a month or two before his death. However, it is obvious that the period in which he wrote five sheets a day and a comedy in twenty-four hours is limited a few years. With all this, Lope is, without a doubt, and even in the prolific Spain, the most prolific writer and the most fertile.

It is easy to discover the causes of this success. The Spaniards until then lacked national literature. His poetry and his eclogues did not express the heroism, the fanaticism, the tenacious honor and the violent prejudices that formed his character. The romances did, as well as the chivalric novels, but these had degenerated into mere imitations and although they echoed some of the feelings they professed, they did not imitate their customs. It was like a new creation when the poetic genius of Spain was embodied in the theater, and under the guise of tragedy and comedy, both romantic, they made the audience see the ideal of their prejudices and passions, their virtues and vices, and these yarns in a plot that aroused their interest and lit their hearts with empathy.
The comedies of Lope were, already romantic tragedies, and swashbuckling comedies, sometimes tragic, sometimes comical, but always based on the customs of the moment. Of course there are scenes of death and slavery, but none of the horrors that scare readers.
Lope, of course, totally ignores the units of time and place. The incongruities of his comedies are multiple. Success, or rather popular success, was what he intended, and he succeeded. But he was aware of the barbarity of many of his works and strongly criticized his comedies.

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