Stephen Hawking: Una Vida Para La Ciencia — John Gribbin & Michael White / Stephen Hawking: A Life in Science by John Gribbin & Michael White

El libro se basa en el aspecto como físico eso si me plantea sensación agridulce aunque varías preguntas se pueden responder en otros libros posteriores sobre Hawking, una gran fuente y estilo de escritura. Un libro de biografía muy bien escrito. Fue muy fácil para mí leer / seguir desde el principio / fin y nunca hasta el momento aburrido. No hubo errores de gramática / error tipográfico ni ninguna frase de secuencia repetitiva o fuera de línea. Muchos escenarios emocionantes, con varios giros / vueltas y un gran conjunto de personajes únicos para realizar un seguimiento. Esto también podría ser una gran película, una presentación universitaria o una mini serie de televisión (A & E, canal de historia).
Una biografía llena de declaraciones contradictorias, dejando muchas preguntas sin explorar, incluidas las más básicas, como “¿cuándo descubrió Hawking que su enfermedad era potencialmente mortal?” y “¿Qué papel jugó su familia en su vida durante sus días de estudiante?”. Las explicaciones del desarrollo de las principales teorías (relatividad, mecánica cuántica, “big bang”, etc.) son accesibles para la mayoría de los lectores, aunque no están dadas por otros libros. Gran parte de este material está poco relacionado con la biografía misma. A nivel de estilista, el texto es comparable a las biografías sensacionalistas de la realeza, y está salpicado de triviales comentarios que no contribuyen en nada a la comprensión de Hawking como persona (“A menudo se ha dicho que hay cierta luz en Oxford …”, ” Los años sesenta fueron un buen momento para estar vivos y jóvenes … “). Con suerte, alguien escribirá una biografía correctamente investigada un día.

Su interés por el cristianismo duró la mayor parte del año. El grupo de amigos se reunía en la casa de alguno de ellos como lo había hecho para jugar a los juegos de tablero. Seguían bebiendo zumo de naranja, e incluso jugaban ocasionalmente a algún juego, pero la mayor parte del tiempo lo pasaban sumidos en intensas discusiones sobre materias de fe, Dios y sus propios sentimientos. Fue una época de crecimiento interior, una lucha por hallar significado al amontonamiento de hechos y estímulos que les rodeaban, pero también fue una importante actividad de grupo. Uno de los miembros del grupo insinuó más tarde que había un indudable matiz de homosexualidad escolar en torno a todo el asunto.
Aquélla fue una época difícil para Stephen. Deseaba involucrarse, formar parte del grupo, pero su racionalismo no aceptaba, ni siquiera entonces, que sus emociones comprometieran su intelecto. De todos modos, consiguió conservar a sus amigos, permanecer aparte y aprender un cierto número de habilidades sociales que le serían de mucha utilidad en el futuro. La ironía es que al final del tercer año, en plena cúspide de la euforia, Stephen ganó el premio en divinidad de la escuela.
Tras el cristianismo llegó el ocultismo. El grupo empezó a desviar su atención hacia la percepción extrasensorial (PES), que por aquel entonces empezaba a capturar la imaginación del público. Juntos y en la intimidad de sus propios cuartos privados, empezaron a realizar experimentos durante los cuales intentaban influenciar el lanzamiento de un dado por el poder de sus mentes. Stephen se mostró mucho más interesado en esto: era algo cuantificable, un auténtico trabajo experimental, y había una posibilidad de que la idea pudiera ser demostrada o desechada. No se trataba simplemente de un asunto de fe y esperanza.

Cuando los científicos se refieren a las ideas «clásicas» de la física, no se refieren a los pensamientos de los antiguos griegos. Estrictamente hablando, la física clásica es la física de Isaac Newton, que sentó las bases del método científico para investigar el mundo, allá en el siglo XVII. La física newtoniana reinó suprema hasta finales del siglo XIX, cuando fue arrollada por dos revoluciones, la primera impulsada por la teoría de la relatividad general de Einstein y la segunda por la teoría cuántica. La primera es la mejor teoría que tenemos sobre cómo funciona la gravedad; la segunda explica cómo funciona todo lo demás en el mundo material. Juntos, esos dos temas, la teoría de la relatividad y la mecánica, forman los pilares gemelos de la moderna ciencia del siglo XX.
Pero, para la moderna generación de buscadores del Grial de los años noventa, incluso esos dos pilares gemelos de la física, en su forma original, son cosa antigua. Hay otra forma, mucho más coloquial, con la que los científicos emplean el término «física clásica»: esencialmente para referirse a todo lo desarrollado por las generaciones anteriores de investigadores y que, en consecuencia, tiene más de unos veinticinco años de antigüedad. De hecho, retroceder veinticinco años desde hoy nos conduce a un acontecimiento que fue un hito en las ciencias: el descubrimiento de los púlsares en 1967, el año que Stephen Hawking celebró su propio veinticinco aniversario. Hoy se sabe que esos objetos son estrellas de neutrones, los núcleos colapsados de estrellas masivas que han terminado sus vidas con enormes estallidos conocidos como supernovas. Fue el descubrimiento de los púlsares, objetos colapsados a punto de convertirse en agujeros negros, lo que revivió el interés en las implicaciones extremas de la teoría de la gravedad de Einstein; y fue el estudio de los agujeros negros lo que condujo a Hawking a lograr el primer matrimonio exitoso entre la teoría cuántica y la relatividad.

A principios de los años sesenta, los astrónomos ya sabían que cualquier estrella que contenga más de aproximadamente tres veces tanta materia como nuestro Sol, terminará su vida colapsándose sobre sí misma para formar lo que hoy se conoce como un agujero negro. Hace más de veinte años, los investigadores usaban las ecuaciones de Einstein de la relatividad general para calcular que un objeto así curvaría completamente el espaciotiempo a su alrededor sobre sí mismo, aislando la masa central del resto del universo. Los rayos de luz que pasaran cerca de un objeto así se verían tan desviados que incluso los fotones orbitarían en torno a la «estrella» central en bucles cerrados, y nunca podrían escapar al universo exterior. Evidentemente, puesto que no podía emitir luz, un objeto así sería negro, y es por eso que el relativista norteamericano John Wheeler los apodó «agujeros negros» en 1969.
Pero; aunque era bien sabido que la teoría general había hecho esta predicción, en la época en la que Hawking completaba sus estudios para graduarse y avanzaba en su investigación, nadie se tomaba en serio la idea de los agujeros negros. La razón era que había muchas estrellas conocidas que tenían más de tres veces la masa de nuestro Sol. No se colapsaban porque las reacciones nucleares que se producían dentro de las estrellas las hacían muy calientes. El calor creaba una presión hacia fuera que mantenía la estrella firmemente contra el tirón de la gravedad. Iba a convertirse en un actor clave en hacer que la cosmología diera en los años setenta ese paso adelante, directo al propio principio, estaba experimentando también profundos trastornos, tanto personales como profesionales.
Para ser honestos con Stephen Hawking, según sus amigos y colegas, éste nunca ha dejado de resaltar la contribución de Jane a su éxito y su bienestar. Aprovecha todas las oportunidades para hablar de los grandes esfuerzos y sacrificios que ella ha hecho a fin de permitirles a los dos vivir una vida tan normal como fuera posible. Uno de sus grandes pesares es haber sido incapaz de representar un papel más importante en ayudar a criar a los niños, y le encantaría poder jugar a algo más que a carreras por el jardín y al ajedrez con ellos.

Hawking trabaja en un campo que empuja hacia la religión. Su trabajo se ocupa de los orígenes y de la primera vida del Universo. ¿Puede algún tema ser más religioso? En una ocasión afirmó:
Es difícil discutir el origen del Universo sin mencionar el concepto de Dios. Mi trabajo sobre el origen del Universo se halla en la frontera entre ciencia y religión, pero intento permanecer en el lado científico de la frontera. Es completamente posible que Dios actúe de formas que no pueden ser descritas por las leyes físicas. Pero, en ese caso, uno tiene que recurrir a las creencias personales.
Y ése no ha sido nunca el estilo de Hawking.
Cuando se le pregunta si hay algún conflicto entre religión y ciencia, Hawking tiende a volver a la misma argumentación sobre creencias personales, y no ve ningún auténtico conflicto. «Si uno toma esa actitud —respondió cuando se le preguntó si creía que ciencia y religión eran filosofías contrapuestas—, entonces Newton no hubiera descubierto la ley de la gravedad». ¿Y qué opinar, a la luz del dilema de Stephen y Jane, del famoso último párrafo de Historia del tiempo?
Sin embargo, si descubrimos una teoría completa, debería ser comprensible a su debido tiempo, en líneas generales, para todo el mundo, no sólo para unos pocos científicos. Entonces todos, filósofos, científicos y gente de la calle, deberíamos poder tomar parte en la discusión de la pregunta de por qué existimos nosotros y el Universo. Si hallamos la respuesta a eso, será el triunfo definitivo de la razón humana…, porque entonces conoceremos la mente De Dios.

Hawking y sus colegas han descubierto que el universo debe empezar con la máxima cantidad de irregularidad permitida por la incertidumbre cuántica, y que la inflación y la subsiguiente expansión más relajada del universo hicieron luego que esas irregularidades crecieran hasta convertirse en las nubes de gases que luego se contrajeron para convertirse en galaxias de estrellas dentro del universo en expansión.
Todo esto es investigación en la avanzada más extrema de la ciencia de hoy. La elección de diferentes variaciones sobre el tema —burbujas en un falso vacío en inflación continua, universos bebés, una selección de historias cuánticas— refleja no una incapacidad de los físicos de llegar a una conclusión, sino un intento de avanzar en muchos frentes distintos, sin saber todavía cuál (si hay alguno) resultará contener las mayores promesas a largo plazo. Pero ya resulta claro que en los años noventa las premisas básicas subyacentes al pensamiento cosmológico han cambiado espectacularmente de aquellas que podemos calificar de la época «pre-Hawking». Hace treinta años, se aceptaba de forma general que nuestro universo era único. Hoy, parece aceptarse generalmente que, de una u otra forma, es sólo uno entre muchos.
Así pues, ¿quién es Stephen Hawking, el hombre? Es una fuerza a tener en cuenta, de ello hay pocas dudas. La fuerza de su personalidad es formidable: dadas sus condiciones físicas, ¿de qué otro modo hubiera sobrevivido y conseguido la grandeza en más de una arena? Puede ser despiadado; mantiene un duro combate con la vida y se lanza de cabeza a él. Halla difícil comprometerse; su fuerza de voluntad puede a veces actuar contra él. Mucha gente le encuentra abrasivo, pero por otra parte es famoso por su sentido del humor. Tiene muchos amigos y admiradores cercanos, y ha demostrado ser un padre amante y afectuoso. Es imposible conocer los pensamientos internos del hombre, tan íntimamente se halla ligado a las máquinas, un conjunto de fríos dispositivos que le permiten moverse, hablar y respirar.
Yendo más al fondo que su enorme y exitosa aventura en la literatura, más allá incluso de sus logros científicos, sigue estando el triunfo humano de su propia supervivencia, la fuerza de su espíritu en conseguir más de lo que la mayoría de nosotros soñaríamos siquiera. Algunos afirman que Stephen Hawking ha tenido éxito tan sólo debido a las desafortunadas circunstancias en las que se halló metido, pero esa ligereza niega la auténtica esencia de la Humanidad. Otros se derrumban bajo mucha menos tensión. Es el Stephen Hawking de este mundo el que se encumbra, no importa lo demás. Para aquellos que intentan destruir la leyenda y denigrar sus logros, tienen una respuesta típicamente modesta, pero perfectamente adecuada. Sería perfecta también como su propio epitafio, y es una filosofía de la vida para que todos nosotros la sigamos:

Uno tiene que crecer lo suficiente para darse cuenta de que la vida no es justa. Lo único que te queda es hacer todo lo que puedas en la situación en que te hallas.

The book is based on the aspect as physical that if it poses a bittersweet feeling, although several questions can be answered in other later books about Hawking, great font & writing style. A very well written biography book. It was very easy for me to read/follow from start/finish & never a dull moment. There were no grammar/typo errors, nor any repetitive or out of line sequence sentences. Lots of exciting scenarios, with several twists/turns & a great set of unique characters to keep track of. This could also make another great movie, college PP presentation or mini TV series (A & E, History channel).
A biography full of inconsistent statements, leaving many questions unexplored, including basic ones such as “when did Hawking find out that his illness was life threatening?” and “What role did his family play in his life during his student days?”. The explanations of the development of the main theories (relativity, quantum mechanics, the “big bang”, etc.) are accessible to most readers, though no better than given by other books devoted entirely to the topic. Much of this material is poorly tied in to the biography itself. On a stylist level, the text is comparable to tabloid biographies of royalty, and is peppered with trite comments that contribute nothing to understanding Hawking as a person (“It has often been said there is a certain light in Oxford…”, “The sixties were a great time to be alive and young…”). Hopefully, someone will write a properly researched biography one day.

His interest in Christianity lasted most of the year. The group of friends met in the house of one of them as he had done to play board games. They continued to drink orange juice, and even occasionally played a game, but most of the time they spent in intense discussions about matters of faith, God and their own feelings. It was a time of inner growth, a struggle to find meaning by the accumulation of events and stimuli that surrounded them, but it was also an important group activity. One member of the group later suggested that there was an undoubted nuance of school homosexuality around the whole affair.
This was a difficult time for Stephen. He wanted to get involved, to be part of the group, but his rationalism did not accept, even then, that his emotions compromised his intellect. Anyway, he managed to keep his friends, stay apart and learn a certain number of social skills that would be very useful in the future. The irony is that at the end of the third year, at the height of the euphoria, Stephen won the prize in divinity of the school.
After occultism came occultism. The group began to divert their attention to extrasensory perception (ESP), which at that time began to capture the imagination of the public. Together and in the privacy of their own private rooms, they began to perform experiments during which they tried to influence the release of a die by the power of their minds. Stephen was much more interested in this: it was something quantifiable, a real experimental work, and there was a possibility that the idea could be proved or discarded. It was not simply a matter of faith and hope.

When scientists refer to the “classical” ideas of physics, they do not refer to the thoughts of the ancient Greeks. Strictly speaking, classical physics is the physics of Isaac Newton, who laid the foundations of the scientific method to investigate the world, back in the seventeenth century. Newtonian physics reigned supreme until the late nineteenth century, when it was overwhelmed by two revolutions, the first driven by the theory of general relativity by Einstein and the second by quantum theory. The first is the best theory we have about how gravity works; the second explains how everything else works in the material world. Together, these two themes, the theory of relativity and mechanics, form the twin pillars of twentieth-century modern science.
But, for the modern generation of Grail seekers of the nineties, even those twin pillars of physics, in their original form, are an old thing. There is another way, much colloquial, with which scientists use the term “classical physics”: essentially to refer to everything developed by previous generations of researchers and, consequently, is more than about twenty-five years old. In fact, going back twenty-five years from today leads us to an event that was a milestone in the sciences: the discovery of the pulsars in 1967, the year that Stephen Hawking celebrated his own twenty-fifth anniversary. Today we know that these objects are neutron stars, the collapsed nuclei of massive stars that have ended their lives with huge bursts known as supernovas. It was the discovery of pulsars, collapsed objects about to become black holes, which revived interest in the extreme implications of Einstein’s theory of gravity; and it was the study of black holes that led Hawking to achieve the first successful marriage between quantum theory and relativity.

In the early sixties, astronomers already knew that any star that contains more than about three times as much matter as our Sun, will end its life collapsing on itself to form what is now known as a black hole. More than twenty years ago, researchers used Einstein’s equations of general relativity to calculate that such an object would completely bend the spacetime around it on itself, isolating the central mass from the rest of the universe. The rays of light that passed near such an object would be so deviated that even photons would orbit around the central “star” in closed loops, and could never escape to the outer universe. Obviously, since he could not emit light, such an object would be black, and that is why the American relativist John Wheeler nicknamed them “black holes” in 1969.
But; although it was well known that the general theory had made this prediction, at the time when Hawking completed his studies to graduate and advanced in his research, no one took the idea of ​​black holes seriously. The reason was that there were many known stars that were more than three times the mass of our Sun. They did not collapse because the nuclear reactions that took place inside the stars made them very hot. The heat created an outward pressure that held the star firmly against the pull of gravity. He was to become a key player in making cosmology in the seventies that step forward, direct to the very beginning, was also experiencing deep disorders, both personal and professional.
To be honest with Stephen Hawking, according to his friends and colleagues, he has never failed to highlight Jane’s contribution to her success and well-being. Take every opportunity to talk about the great efforts and sacrifices she has made in order to allow the two to live a normal life as possible. One of his greatest sorrows is having been unable to play a more important role in helping raise children, and he would love to be able to play more than just running around the garden and chess with them.

Hawking works in a field that pushes towards religion. His work deals with the origins and the first life of the Universe. Can any topic be more religious? On one occasion he said:
It is difficult to discuss the origin of the Universe without mentioning the concept of God. My work on the origin of the Universe is on the border between science and religion, but I try to stay on the scientific side of the border. It is entirely possible that God acts in ways that can not be described by physical laws. But, in that case, one has to resort to personal beliefs.
And that has never been Hawking’s style.
When asked if there is any conflict between religion and science, Hawking tends to return to the same argument about personal beliefs, and sees no real conflict. “If one takes that attitude,” he answered when asked if he believed that science and religion were opposing philosophies, “then Newton would not have discovered the law of gravity.” And what to think, in light of the dilemma of Stephen and Jane, the famous last paragraph of History of Time?
However, if we discover a complete theory, it should be understandable in due time, broadly speaking, for everyone, not just a few scientists. Then all of us, philosophers, scientists and street people, should be able to take part in the discussion of the question of why we exist and the Universe. If we find the answer to that, it will be the definitive triumph of human reason … because then we will know the mind of God.

Hawking and his colleagues have discovered that the universe must start with the maximum amount of irregularity allowed by quantum uncertainty, and that the inflation and the subsequent more relaxed expansion of the universe made those irregularities grow until they became clouds of gases that later they contracted to become star galaxies within the expanding universe.
All this is research in the most extreme advance of science today. The choice of different variations on the subject – bubbles in a false vacuum in continuous inflation, baby universes, a selection of quantum stories – reflects not an inability of physicists to reach a conclusion, but an attempt to move forward on many different fronts, Without knowing yet which one (if any) will prove to contain the biggest long-term promises. But it is already clear that in the 1990s the basic premises underlying cosmological thinking have changed dramatically from those we can call the pre-Hawking era. Thirty years ago, it was generally accepted that our universe was unique. Today, it seems generally accepted that, in one way or another, it is only one among many.
So, who is Stephen Hawking, the man? It is a force to be taken into account, there is little doubt about it. The strength of his personality is formidable: given his physical conditions, how else would he have survived and achieved greatness in more than one arena? It can be ruthless; He keeps a hard fight with life and throws himself headlong at him. Find it difficult to commit; his willpower can sometimes act against him. Many people find him abrasive, but on the other hand he is famous for his sense of humor. He has many close friends and admirers, and has proven to be a loving and caring father. It is impossible to know the internal thoughts of man, so intimately linked to the machines, a set of cold devices that allow him to move, speak and breathe.
Going deeper than his enormous and successful adventure in literature, beyond even his scientific achievements, is still the human triumph of his own survival, the strength of his spirit in getting more than most of us would even dream of. Some claim that Stephen Hawking has succeeded only because of the unfortunate circumstances in which he found himself stuck, but that lightness negates the true essence of Humanity. Others collapse under much less stress. It is the Stephen Hawking of this world who rises up, no matter what else. For those who try to destroy the legend and denigrate their achievements, they have a typically modest but perfectly adequate response. It would be perfect also as its own epitaph, and it is a philosophy of life for all of us to follow:

One has to grow long enough to realize that life is not fair. The only thing you have left is to do everything you can in the situation in which you find yourself.

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