Edificios Mágicos — Ricardo Aroca / Magic Buildings by Ricardo Aroca (spanish book edition)

Libro de fácil lectura en la que R. Aroca analiza, con rigor constructivo, las dudas que origina el proceso de diseño y construcción de ciertos edificios históricos, con una prosa legible para el gran público, no exenta de pinceladas de la fina ironía. A título personal me gusta más el otro libro del autor comentado en mi blog “la historia secreta de Madrid”.
Lo descorazonador, a la vez que fascinante, es que según aumenta la esfera de nuestro saber, mayor también es la superficie de lo que ignoramos. Cuanto menos se sabe, menos se es consciente de lo muchísimo que se ignora. En cambio, cada nuevo saber abre la puerta a un ámbito de cuya existencia ni siquiera sospechábamos.
Cuantos más conocimientos acumulemos, mayor es el tamaño de nuestra ignoracia. Del sapere aude brota la docta ignorantia de la que hablaba el Cusano.
La arquitectura es el mayor aporte de Roma a la cultura universal. No en vano, la autoridad religiosa máxima, el Pontifex Maximus, deriva su nombre de la persona que posee los conocimientos básicos para construir y conservar los puentes. La mayor hazaña romana en la construcción tal vez la lleva a cabo, en el año 125, Apolodoro de Damasco con la cúpula del Panteón, que inicia la larga serie de grandes bóvedas.

La comunicación juega un papel esencial en la formación y transmisión del conocimiento. La capacidad de hablar está tan impresa en nuestra estructura cerebral como la de encontrar leyes que permitan predecir acontecimientos. Todo grupo humano ha desarrollado un lenguaje de forma natural, de manera que el número de idiomas se cuenta por decenas de miles. Solo en Nueva Guinea, cuya orografía da lugar a un hábitat muy fragmentado, se dice que hay alrededor de mil lenguas distintas. La transmisión oral tiene la desventaja de que la cadena de transmisión puede romperse con facilidad —estadísticamente, es casi seguro que se romperá—, por lo que la historia solo comienza a partir de la aparición de testimonios escritos.
Stonehenge o Göbekli Tepe constituyen buenos ejemplos de las insuficiencias de la transmisión oral.
Al menos tanto interés como el monumento tiene el relato que lo acompaña desde antiguo. Los romanos atribuyeron erróneamente la construcción y uso de Stonehenge a los druidas celtas, atribución que persistió hasta que las modernas excavaciones arqueológicas y los procedimientos de datación, basados en la desintegración del carbono 14, han llevado su fecha de construcción unos milenios atrás. Y nada sabemos de sus autores.
Después de siglos de olvido, el interés por Stonehenge resucitó, a comienzos del siglo XVIII, de la mano de los primeros teóricos de la masonería. La imaginería masónica se declara depositaria de las antiguas ciencias ocultas de los sacerdotes egipcios, que se transmitieron a través de Moisés, Salomón y Pitágoras, entre otros, con especial énfasis en la significación del Templo de Salomón y de su arquitecto, Hiram Abiff (de paso, recogen también secretos de los templarios y de los caldeos).
Uno de los primeros teóricos de la masonería, William Stukeley, por cierto, discípulo de Isaac Newton, incluye entre los orígenes de las ciencias ocultas a los druidas, «constructores de Stonehenge», a los que relaciona con Salomón y Pitágoras. Es una pena que, aparte de pequeños detalles, como el que Stonehenge nada tuvo nada que ver con los druidas, las fechas no encajen de ninguna manera. La fecha de construcción de Stonehenge es anterior a la de las pirámides, aunque la época de mayor actividad constructiva en el crómlech sí coincide sensiblemente con la de las grandes pirámides.

El origen de las ciencias ocultas está ligado al comienzo de la escritura, a los sacerdotes egipcios y los «magos» caldeos, aunque se sabe bastante más de los primeros que de los segundos.
No es fácil definir con precisión lo que llamamos ciencia oculta o conocimiento secreto. Unas veces es un conocimiento objetivo que se mantiene dentro de un círculo reducido, como las nociones de geometría y astronomía de los sacerdotes egipcios, o los conceptos constructivos y estructurales de las cofradías de canteros góticos… y en otros, un conjunto de creencias con poca o ninguna base científica que pretende conferir a los iniciados poderes adivinatorios, e incluso la capacidad de influir en los acontecimientos.
Con frecuencia se da una mezcla de conocimientos objetivos y creencias sin fundamento. La astronomía, por ejemplo, debe su origen a la astrología. Las minuciosas observaciones del curso de los planetas (estrellas que cambiaban de posición en el cielo), que han acabado desplazándonos del centro del universo, fueron financiadas por poderosos personajes que no tenían otro afán científico que el de que les pronosticaran el futuro.
La historia de la gran pirámide ha estado dominada por dos creencias: la de que enormes tesoros en la cámara mortuoria del faraón esperaban a quien fuera capaz de descubrirlos, y la de que los sacerdotes egipcios habían dejado cifradas en sus medidas las claves de conocimientos ocultos al común de los mortales.
La búsqueda eficaz del tesoro de la gran pirámide debió de producirse muy pronto, en los primeros siglos de existencia de la tumba, pese a las elaboradas precauciones tomadas por sus constructores, si es que alguna vez hubo tesoro, ya que, hasta el momento, no se han encontrado más que estrechas galerías que conducen a cámaras vacías dentro de la enorme mole. Curiosamente, ni siquiera la cámara principal de la supuesta tumba real está decorada con jeroglíficos, como sí sucede en otros enterramientos menos fastuosos.
La hipótesis del saqueo «temprano» de la tumba es inconsistente. Hay evidencias históricas de que existió de forma continuada, hasta la época romana, vigilancia o alguna forma de culto a cargo de unos guardianes o sacerdotes de la tumba. En esto algunos han querido ver el origen de sociedades secretas, como la masonería o los Illuminati, por lo que cabe la posibilidad de que el faraón Khufu esté enterrado en algún otro sitio y que el objeto de la pirámide no fuera exactamente el que suponemos.
Los zigurats, caldeos o babilonios, según se quiera denominar a la civilización de Mesopotamia, anteceden en el tiempo a las pirámides egipcias, con las que solo tienen en común cierto parentesco formal. Su construcción, de ladrillo cocido al exterior y adobe secado al sol en el núcleo central, ha resultado mucho menos duradera que la de las pirámides egipcias. Su función no era funeraria, sino de culto, e incluso cabe pensar que fueran concebidas originalmente como refugio en los casos de inundación o conflicto bélico. Los «diluvios» de Mesopotamia eran menos plácidos que las crecidas del Nilo y las invasiones eran frecuentes, por lo que la cima de la pirámide estaba truncada y era accesible mediante escaleras. Según Herodoto, que también estuvo allí, en ella había un templo.
Al parecer, los primeros zigurats fueron construidos unos 4.000 años antes de Cristo, es decir, antes que las pirámides, y seguían construyéndose o reparándose treinta y cinco siglos después. El zigurat Etemenanki, en la ciudad de Babilonia, parece que existía ya en el segundo milenio antes de Cristo, y se sabe que fue destruido en el año 689 a. C. por Senaquerib, que fue reconstruido por Nabucodonosor.
Las pirámides cuentan con escaleras que conducen a la plataforma superior. En una época algo anterior, en el siglo III d. C., se inicia en Cholula, cerca de Puebla, en medio de una extensa llanura, la construcción de una gigantesca pirámide de tierra que hasta el siglo VIII d. C., cuando fue abandonada tras un brusco descenso de la población de la ciudad, tuvo seis ampliaciones sucesivas. Llegó a tener una plataforma de base de 450 × 450 metros y una altura de 66 metros, con un volumen comparable, si no mayor, que el de la gran pirámide de Giza. En 1594, los conquistadores españoles construyeron en la cima del monte artificial una iglesia dedicada a Nuestra Señora de los Remedios.
De época más tardía, entre 900 y 1100 d. C., es la más conocida de las pirámides mayas, la de Chichén Itzá, en la península de Yucatán. Su tamaño no es grande, 55,5 × 55,5 metros de base y 24 metros de altura, pero tiene una forma nítida y está bien conservada. Sea por casualidad o por designio de los constructores, en algunos momentos del año se producen sugerentes juegos de luces y sombras en el escalonado de la construcción, donde algunos creen ver una serpiente que se mueve conforme lo hace el Sol. La orientación de la pirámide (el castillo, según la nomenclatura local) está relacionada con la posición de cenotes sagrados, en cuyo fondo se han encontrado objetos y restos humanos, seguramente relacionados con prácticas religiosas o mágicas.

El experimento griego parece, en principio, la antítesis de la magia. Los griegos se dotaron de un sistema de dioses, con complicadas relaciones de parentesco entre ellos, libertinos y tramposos, tan llenos de virtudes y defectos como cualquiera de los mortales. Pero esto no les impide tratar de explicar racionalmente el mundo como no se había hecho antes ni volvería a hacerse después. Así, por ejemplo, cada dios importante tenía como símbolo una de las brillantes estrellas que se mueven en el cielo nocturno sobre el fondo de estrellas fijas, y, sin embargo, el carácter divino de los planetas no impidió a los griegos especular sobre cuál es el modelo geométrico que rige su movimiento en el cielo.
Junto a la racionalidad de la filosofía y la complicada «religión oficial», los griegos mantenían una serie de cultos más o menos secretos —expresión de la parte irracional de la naturaleza humana—, como las ceremonias del dios Pan, de las que deriva la expresión miedo pánico, que ha acabado haciendo del adjetivo pánico un sustantivo que significa un miedo extremo. Los ritos órficos estaban relacionados con la muerte y el descenso al Hades (su infierno), eso sin contar los oráculos, pitonisas, etc, que tenían la importante función de predecir el futuro.
Los griegos hicieron dos contribuciones importantes a la escritura —no hay que olvidar el papel esencial del lenguaje escrito en la evolución del pensamiento—. La primera fue añadir las vocales a los símbolos que venían manejándose hasta entonces, con lo que el lenguaje escrito se convierte en una transcripción exacta del hablado, ya que escribir solo consonantes da a la transcripción un cierto carácter taquigráfico que fortalece su vertiente utilitaria. Y la segunda es esencial: usaron por primera vez, que se sepa, la escritura para algo distinto de los temas administrativos mercantiles o religiosos para los que se inventó. De hecho, en una jarra griega del siglo VIII a. C. ya aparece escrito un poema.
El lenguaje proporcional se mantiene, sin embargo, en otros campos, como, por ejemplo, el de las recetas de cocina. Una vez establecido el paradigma de la proporción, se plantea el interrogante de por qué unas proporciones y no otras. El rechazo instintivo a la arbitrariedad impulsa la búsqueda de la proporción perfecta; esto es, ¿cuál es la mejor proporción? No hay certeza de quién resuelve el problema, aunque parece que fue Eudoxos, discípulo de Platón, hacia 370 a. C. Aunque lo que es seguro es que, ya en el siglo III a. C., Euclides recogió en los Elementos la solución:
La proporción perfecta es la de un rectángulo de lados A y B tal que el lado grande A sea al pequeño B como la suma de ambos lados A+B sea al grande A.
Es decir: A : B = (A + B) : A
El Partenón se construyó en el período de máximo esplendor de la ciudad de Atenas, situación favorecida por una concatenación inusual de acontecimientos propicios que durante unos años proporcionaron a la ciudad un poder político, militar y económico desacostumbrado en el devenir habitual de las ciudades griegas. Esto permitió construir una expresión de su poder contenida en el tamaño, pero exquisita en la perfección.
A comienzos del siglo V a. C., la complicada relación de las ciudades griegas con el Imperio persa se tornó extremadamente favorable para los griegos, pues en el año 479, tras haber sufrido Atenas un saqueo por parte del ejército persa, una coalición de ciudades liderada por aquella derrotó al gran ejército persa del rey Jerjes en Platea, mientras la armada griega, también liderada por los atenienses, destruyó a la persa en la batalla de Salamina. La hegemonía ateniense, producto de haber apostado más que las otras ciudades en la contienda, le permitió obtener réditos económicos en forma de tributos, lo que dio lugar a una etapa de prosperidad, conocida como «la era de Pericles», que fue quien gobernó la próspera comunidad por el insólitamente largo período de treinta y dos años. Fue durante este tiempo cuando se construyó el portentoso edificio en la acrópolis que domina la ciudad.

No es extraño que el mausoleo se haya convertido en un icono de monumento funerario. Hay repartidas por el mundo anglosajón numerosas réplicas, en Escocia, Estados Unidos (la tumba de Ulysses Grant, en Nueva York), Australia, etc., amén de edificios no funerarios destinados a ritos masónicos. Algunos de ellos, como The House of the Temple, en Washington D. F., son una versión ampliada del mausoleo, un poco más chaparros y sin la cuadriga encima. Sin llegar a ese extremo, la referencia visual al Mausoleo de Halicarnaso se expresa de distintas maneras, desde formas prismáticas rotundas hasta techos piramidales o torres coronadas por versiones estilizadas del monumento, como ocurre en la iglesia de San Jorge de Bloomsbury.
Por obra y gracia de la conexión de las ciencias ocultas que, a juicio de los fundadores del movimiento masónico en los comienzos del siglo XVIII, relaciona al mausoleo con el Templo de Salomón, la imponente construcción funeraria, hoy desaparecida, ha tenido larga vida como icono masónico. No cabe duda de que a esto también ha ayudado el hecho de que, pese a no existir dibujos.

Cuando, a finales del siglo XVII, empiezan a reunirse en relativo secreto los caballeros ilustrados, que comparten la afición por las ciencias ocultas, arrinconadas por la revolución newtoniana, encuentran dos paralelos que los relacionan con los gremios de canteros medievales:
• La posesión de conocimientos secretos que solo se adquieren después de ritos iniciáticos y que no pueden ser revelados fuera del grupo.
• La construcción del Templo de Salomón como expresión máxima de las ciencias ocultas, heredadas de los sacerdotes egipcios y caldeos. Adoptan el nombre de logia masónica para sus organizaciones, aunque no hay noticia de que ningún cantero de verdad formara parte de ellas.
Volviendo a las numerosas catedrales construidas durante los siglos XII, XIII y XIV, todas suponen un desmedido esfuerzo social sin ninguna finalidad material directa. Ni siquiera eran lugares de reunión de los fieles, que ya tenían para ese fin las iglesias parroquiales. En las catedrales se celebraban algunos ritos solemnes y eran, sobre todo, una demostración del poder de la ciudad, que, como diríamos ahora, acometía el monumental esfuerzo durante, generalmente, más de un siglo para «ponerse en el mapa» mediante la construcción de una catedral más espléndida que la de sus vecinos.

Tenga o no una raíz egipcia el laberinto de Creta, que, gracias a la leyenda del Minotauro, ha pervivido en el imaginario occidental, no era del tipo de elección de caminos que parece sugerir la historia de Teseo, sino un camino único con siete circunvoluciones. De hecho, así aparece en las monedas cretenses. Los siete circuitos correspondían a días de la semana, planetas y algo así como estados de ánimo. El orden desde el exterior hacia el centro tiene las siguientes correspondencias:
1. Saturno, mente empírica, sábado.
2. Júpiter, autoidentidad, jueves.
3. Marte, deseo, martes.
4. Sol, vitalidad, domingo.
5. Venus, mente pura, viernes.
6. Mercurio, intuición, miércoles.
7. Luna, forma, lunes.
El camino del laberinto va saltando de uno a otro circuito hacia delante y hacia atrás hasta llegar al centro. La explicación anterior se debe a la «sociedad teosófica», fundada en 1875 por el coronel Henry’s Olcott y Helena P. Blavatsky, y dedicada al cultivo de las ciencias ocultas y de los fenómenos paranormales.

La raíz de las trazas del Monasterio de El Escorial en los textos bíblicos está fuera de duda para numerosos autores y Felipe II tenía una estrecha relación con un círculo esotérico, heredero más de Raimundo Lulio que de Hermes Trismegisto, al que, sin duda, pertenecían Juan de Herrera, matemático y consejero real, y Juan Bautista Villalpando, quien, ya muerto el monarca, publicó su tratado (la impresión fue financiada por el difunto rey). Herrera, que creía posible la «cuadratura del círculo», escribió El discurso de la figura cúbica, obra hermética que sigue los pasos de Raimundo Lulio.
Pero no es Juan de Herrera sino Juan Bautista de Toledo quien firma las trazas del monasterio e inicia las obras, aunque es indudable la influencia de Herrera.
El monasterio planteaba un problema radicalmente distinto al del Templo de Salomón, en el que la morada del Dios era un pequeño recinto con forma de cubo de 10 metros de arista, inaccesible a los fieles. El culto cristiano necesita, por el contrario, la presencia de los creyentes. Se ha especulado con que la solución adoptada en el monasterio fue duplicar el Templo de Herodes y colocar la basílica en el centro, lo que es, cuando menos, artificioso. Pienso que la semejanza con el auténtico Templo de Salomón, que Villalpando había dibujado siguiendo la visión de Ezequiel, es mucho más profunda: el Dios cristiano, a diferencia del de Israel, trata de acercarse a los fieles. Pero ¿cómo se consigue esa cercanía manteniendo el diseño general? La respuesta es sencilla: simplemente dando la vuelta al Sancta Sanctorum de Salomón y abriéndolo a los fieles, mientras la estancia menos sagrada y las periféricas siguen siendo dominio de los sacerdotes, convertidas en sacristía.

Durante los siglos XVI y XVII se publicaron numerosos tratados de magia, astrología y alquimia, y no parece haber una clara línea de separación entre la filosofía natural y las ciencias ocultas. De hecho, la astronomía era financiada por los poderosos porque, como ya se ha dicho, las observaciones cada vez más exactas permitían mejorar la predicción sobre la posición de los planetas y, en consecuencia, hacer mejores horóscopos. Merece la pena comentar que había tal fe en los horóscopos que en Inglaterra era un delito muy grave hacer el horóscopo de un personaje público sin que hubiera petición previa del interesado.
Mientras en el mundo anglosajón la masonería está considerada algo no muy distinto de otras empresas benéficas, en las que sus miembros, mientras hacen el bien, se ayudan mutuamente, pero sin pasarse, en otras culturas es vista con considerable recelo y a los masones se les achaca todo tipo de maldades. Estos jugaron un papel importante en la independencia de las colonias americanas, tanto de las inglesas del norte como posteriormente de las españolas del sur, así como en el inicio de la Revolución francesa, y se les atribuyen con mayor o menor fundamento no pocos procesos revolucionarios. Así, durante los siglos XIX y XX, las logias masónicas han mantenido la doble cara de sociedades de organizaciones de apoyos mutuos, patrocinadoras de causas benéficas en el mundo anglosajón, con templos más o menos reminiscentes del Mausoleo de Halicarnaso, mientras en el resto de Occidente han seguido asociándose, con mayor o menor dosis de injusticia, a procesos revolucionarios. La tradición ocultista ha estado en el origen de nuevos cultos religiosos, algunos de los cuales, como el de los mormones, han llegado a tener considerable éxito social.
(Cúpula San Pablo) Wren era masón, pero mientras que la simbología es evidente y manifiesta en la obra de Nicholas Hawksmoor, arquitecto de oficio y también masón, aunque de menor rango, Wren elude la referencia al imaginario de la logia en su obra, que sin embargo tiene una réplica evidente y buscada en el Capitolio de Washington, esta vez con una estructura de fundición.
El trazado de Washington y el Capitolio.
Los revolucionarios norteamericanos eran en su mayoría masones —no menos de dieciocho de los firmantes de la Declaración de Independencia—. Ello no es extraño, ya que la creencia en la construcción de un orden más justo basado en el conocimiento, que superaría los sistemas de poder tradicionales, subyace tanto en la proclamación de independencia como en la posterior Constitución de los Estados Unidos de América.
La colocación de la primera piedra del Capitolio fue una ceremonia masónica en la que George Washington y sus ocho acompañantes llevaban el delantal masónico y sostenían las escuadras simbólicas. El edificio acabó teniendo una réplica de la cúpula de San Pablo que no estaba en el proyecto inicial (como se ha dicho, Wren, el arquitecto de San Pablo, fue gran maestre de la francmasonería, aunque dimitió cuando, en un movimiento renovador, las cuatro logias francmasónicas de Londres se disolvieron para que se constituyera la gran logia). Asimismo, el trazado urbano de la ciudad de Washington, obra de L’Enfant —también masón—, es una cuadrícula básica de calles norte-sur y este-oeste sobre la que se superpone un profuso trazado de líneas oblicuas en la que pueden distinguirse símbolos masónicos. Concretamente, hay una estrella de cinco puntas, cuyo vértice sur está en la Casa Blanca, a la que solo le falta para ser completa unos cientos de metros de prolongación de la avenida Rhode Island, amén de otros símbolos y alineaciones que no parecen en absoluto casuales. El divertimento de L’Enfant no puede, desde luego, ser apreciado a la altura de la calle.

Walter P. Chrysler era masón, aunque no parece que ello tuviera mucho que ver con su actividad inmobiliaria. Pero hay dos posibles fuentes que relacionan el edificio Chrysler con el ocultismo:
• La numerología, ya que multiplicando el 666, número del anticristo del Apocalipsis, por 1,618, que es el número áureo de la proporción perfecta y del pentagrama, se obtiene 1.077, que es precisamente la altura en pies del rascacielos Chrysler (es una pena que, consultadas varias fuentes, todas dan la cifra de 1.046 pies, 319 metros, como altura de la construcción).
• La probable afiliación masónica de parte de los obreros irlandeses que intervinieron en la construcción. Esta es una cuestión dudosa, dada la manifiesta hostilidad de la Iglesia católica hacia la masonería, a no ser que fueran protestantes exiliados del católico sur de Irlanda.

Book of easy reading in which R. Aroca analyzes, with constructive rigor, the doubts that originates the process of design and construction of certain historical buildings, with a legible prose for the general public, not exempt from brushstrokes of fine irony. Personally I like more the other book of the author commented on my blog “the secret history of Madrid”.
The disheartening, as well as fascinating, is that as the sphere of our knowledge increases, so is the surface of what we ignore. The less you know, the less you are aware of how much you ignore. Instead, each new knowledge opens the door to an area whose existence we did not even suspect.
The more knowledge we accumulate, the greater the size of our ignorance. From the sapere aude springs the learned ignorance of which the Cusano spoke.
Architecture is Rome’s greatest contribution to universal culture. Not in vain, the maximum religious authority, the Pontifex Maximus, derives its name from the person who possesses the basic knowledge to build and preserve bridges. The greatest Roman feat in construction perhaps takes place, in the year 125, Apollodorus of Damascus with the dome of the Pantheon, which starts the long series of large vaults.

Communication plays an essential role in the formation and transmission of knowledge. The ability to speak is as imprinted in our brain structure as that of finding laws that allow us to predict events. Every human group has developed a language in a natural way, so that the number of languages ​​is counted by tens of thousands. Only in New Guinea, whose orography gives rise to a very fragmented habitat, it is said that there are around a thousand different languages. The oral transmission has the disadvantage that the chain of transmission can be easily broken -statistically, it is almost certain that it will break-, so that history only begins with the appearance of written testimonies.
Stonehenge or Göbekli Tepe are good examples of the inadequacies of oral transmission.
At least as much interest as the monument has the story that accompanies it since ancient times. The Romans wrongly attributed the construction and use of Stonehenge to the Celtic druids, an attribution that persisted until modern archaeological excavations and dating procedures, based on the disintegration of carbon 14, have taken their construction date a few millennia ago. And we know nothing of their authors.
After centuries of oblivion, the interest in Stonehenge was revived, at the beginning of the 18th century, by the hand of the first theorists of Freemasonry. Masonic imagery is declared depository of the ancient occult sciences of Egyptian priests, which were transmitted through Moses, Solomon and Pythagoras, among others, with special emphasis on the significance of the Temple of Solomon and its architect, Hiram Abiff (de step, also collect secrets of the Templars and the Chaldeans).
One of the first theorists of Freemasonry, William Stukeley, by the way, disciple of Isaac Newton, includes among the origins of the occult sciences the druids, “builders of Stonehenge”, which he relates to Solomon and Pythagoras. It is a pity that, apart from small details, such as that Stonehenge had nothing to do with the druids, the dates do not fit in any way. The date of construction of Stonehenge predates that of the pyramids, although the period of greatest constructive activity in the cromlech does coincide sensibly with that of the great pyramids.

The origin of the occult sciences is linked to the beginning of the writing, to the Egyptian priests and the Chaldean “magicians”, although much more is known of the first than of the second.
It is not easy to define precisely what we call occult science or secret knowledge. Sometimes it is an objective knowledge that remains within a reduced circle, such as the notions of geometry and astronomy of the Egyptian priests, or the constructive and structural concepts of the Gothic stonework brotherhoods … and in others, a set of beliefs with little or no scientific basis that aims to give the initiates divinatory powers, and even the ability to influence events.
There is often a mixture of objective knowledge and unfounded beliefs. Astronomy, for example, owes its origin to astrology. The detailed observations of the course of the planets (stars that changed their position in the sky), which have ended up displacing us from the center of the universe, were financed by powerful characters who had no other scientific desire than to predict the future.
The history of the great pyramid has been dominated by two beliefs: that huge treasures in the pharaoh’s death chamber awaited whoever was able to discover them, and that the Egyptian priests had left encrypted in their measures the keys of hidden knowledge to the common of mortals.
The effective search for the treasure of the great pyramid must have occurred very soon, in the first centuries of the tomb’s existence, despite the elaborate precautions taken by its builders, if there ever was any treasure, since, so far, they have not found more than narrow galleries that lead to empty chambers inside the enormous mass. Curiously, not even the main chamber of the supposed royal tomb is decorated with hieroglyphs, as it does in other less lavish burials.
The hypothesis of the “early” plundering of the tomb is inconsistent. There is historical evidence that continued, until the Roman era, surveillance or some form of worship by some guardians or priests of the tomb. In this some have wanted to see the origin of secret societies, such as Freemasonry or the Illuminati, so it is possible that Pharaoh Khufu is buried somewhere else and that the object of the pyramid was not exactly what we assume.
The ziggurats, Chaldeans or Babylonians, whatever may be called the civilization of Mesopotamia, antecedent in time the Egyptian pyramids, with which they only have in common a certain formal kinship. Its construction, brick baked to the outside and adobe sun dried in the central core, has been much less durable than that of the Egyptian pyramids. Their function was not funerary, but cult, and it is even conceivable that they were originally conceived as a refuge in cases of flood or war. The “floods” of Mesopotamia were less placid than the floods of the Nile and invasions were frequent, so the top of the pyramid was truncated and accessible by stairs. According to Herodotus, who was also there, there was a temple in it.
Apparently, the first ziggurats were built some 4,000 years before Christ, that is, before the pyramids, and were still being built or repaired thirty-five centuries later. The Etemenanki ziggurat, in the city of Babylon, seems to have existed in the second millennium BC, and it is known that it was destroyed in the year 689 BC. C. by Sennacherib, which was rebuilt by Nebuchadnezzar.
The pyramids have stairs that lead to the upper platform. In a somewhat earlier period, in the third century AD C., begins in Cholula, near Puebla, in the middle of an extensive plain, the construction of a gigantic pyramid of land that until the VIII century d. C., when it was abandoned after a sharp decline in the population of the city, had six successive extensions. It came to have a base platform of 450 × 450 meters and a height of 66 meters, with a volume comparable, if not greater, than that of the Great Pyramid of Giza. In 1594, the Spanish conquistadors built a church dedicated to Nuestra Señora de los Remedios on the top of the artificial mountain.
Of later time, between 900 and 1100 d. C., is the best known of the Mayan pyramids, that of Chichén Itzá, in the Yucatan peninsula. Its size is not large, 55.5 × 55.5 meters high and 24 meters high, but it has a sharp shape and is well preserved. Be it by chance or by design of the builders, at certain times of the year there are suggestive games of light and shadows in the stepped construction, where some believe they see a snake that moves as the sun does. The orientation of the pyramid (The castle, according to the local nomenclature) is related to the position of sacred cenotes, in whose background objects and human remains have been found, probably related to religious or magical practices.

The Greek experiment seems, in principle, the antithesis of magic. The Greeks endowed themselves with a system of gods, with complicated relations of kinship between them, libertines and cheaters, as full of virtues and defects as any of the mortals. But this does not prevent them from trying to rationally explain the world as it had not been done before and would not be done later. Thus, for example, each important god had as its symbol one of the bright stars that move in the night sky on the background of fixed stars, and yet, the divine character of the planets did not prevent the Greeks from speculating on what is the geometric model that governs its movement in the sky.
Along with the rationality of philosophy and the complicated “official religion,” the Greeks maintained a series of more or less secret cults – an expression of the irrational part of human nature – such as the ceremonies of the god Pan, from which the expression fear panic, which has ended up making the adjective panic a noun that means extreme fear. The Orphic rites were related to death and the descent to Hades (his hell), that without counting the oracles, fortune tellers, etc., which had the important function of predicting the future.
The Greeks made two important contributions to writing-we must not forget the essential role of written language in the evolution of thought. The first was to add the vowels to the symbols that had been handled until then, so that the written language becomes an exact transcription of the spoken word, since writing only consonants gives the transcription a certain shorthand character that strengthens its utilitarian side. And the second is essential: they used, for the first time, to be known, writing for something other than the mercantile or religious administrative issues for which it was invented. In fact, in a Greek jug from the 8th century BC. C. a poem is already written.
The proportional language is maintained, however, in other fields, such as, for example, that of cooking recipes. Once the paradigm of proportion is established, the question arises as to why some proportions and not others. The instinctive rejection of arbitrariness drives the search for the perfect proportion; that is, what is the best proportion? There is no certainty of who solves the problem, although it seems that it was Eudoxos, disciple of Plato, around 370 BC. C. Although what is certain is that, as early as the third century BC C., Euclid collected in the Elements the solution:
The perfect ratio is that of a rectangle of sides A and B such that the large side A is the small B as the sum of both sides A + B is the large A.
That is: A: B = (A + B): A
The Parthenon was built in the period of maximum splendor of the city of Athens, a situation favored by an unusual concatenation of propitious events that for a few years gave the city a political, military and economic power unaccustomed in the usual development of Greek cities. This allowed to build an expression of its power contained in the size, but exquisite in the perfection.
At the beginning of the V century a. C., the complicated relationship of the Greek cities with the Persian Empire became extremely favorable for the Greeks, because in the year 479, after Athens suffered a looting by the Persian army, a coalition of cities led by that defeated the great Persian army of King Xerxes in Plataea, while the Greek army, also led by the Athenians, destroyed the Persian in the battle of Salamis. The Athenian hegemony, product of having bet more than the other cities in the contest, allowed him to obtain economic returns in the form of tributes, which gave rise to a stage of prosperity, known as “the era of Pericles”, who was the one who governed the prosperous community for the unusually long period of thirty-two years. It was during this time that the portentous building was built on the acropolis that dominates the city.

It is not strange that the mausoleum has become an icon of a funerary monument. There are many replicas throughout the Anglo-Saxon world, in Scotland, the United States (the tomb of Ulysses Grant, in New York), Australia, etc., as well as non-funerary buildings destined for Masonic rites. Some of them, like The House of the Temple, in Washington D. F., are an enlarged version of the mausoleum, a little shorter and without the quadriga on top. Without reaching that extreme, the visual reference to the Mausoleum of Halicarnassus is expressed in different ways, from resounding prismatic forms to pyramidal ceilings or towers crowned by stylized versions of the monument, as in the Church of St. George of Bloomsbury.
By work and grace of the connection of the occult sciences that, according to the founders of the masonic movement at the beginning of the XVIII century, relates to the mausoleum with the Temple of Solomon, the imposing funeral construction, now disappeared, has had long life as Masonic icon. There is no doubt that this has also helped the fact that, despite the absence of drawings.

When, at the end of the seventeenth century, the learned knights began to gather in relative secrecy, sharing a love for the occult sciences, cornered by the Newtonian revolution, they found two parallels that relate them to the guilds of medieval stonemasons:
• The possession of secret knowledge that is only acquired after initiation rites and that can not be revealed outside the group.
• The construction of the Temple of Solomon as the maximum expression of the occult sciences, inherited from the Egyptian and Chaldean priests. They adopt the name of masonic lodge for their organizations, although there is no news that no true stonemason was part of them.
Returning to the many cathedrals built during the twelfth, thirteenth and fourteenth centuries, all involve an excessive social effort without any direct material purpose. They were not even meeting places for the faithful, who already had parish churches for that purpose. In the cathedrals some solemn rites were celebrated and they were, above all, a demonstration of the power of the city, which, as we would say now, undertook the monumental effort during, generally, more than a century to «put on the map» by means of the construction of a cathedral more splendid than that of its neighbors.

Whether or not an Egyptian root is found in the labyrinth of Crete, which, thanks to the legend of the Minotaur, has survived in the Western imagination, was not the kind of road choice that Theeseus’ history seems to suggest, but a unique path with seven convolutions . In fact, it appears in the Cretan coins. The seven circuits corresponded to days of the week, planets and something like moods. The order from outside to the center has the following correspondences:
1. Saturn, empirical mind, Saturday.
2. Jupiter, self-identity, Thursday.
3. Mars, I wish, Tuesday.
4. Sun, vitality, Sunday.
5. Venus, pure mind, Friday.
6. Mercury, intuition, Wednesday.
7. Moon, form, Monday.
The path of the labyrinth jumps from one circuit to another, back and forth until it reaches the center. The above explanation is due to the “theosophical society”, founded in 1875 by Colonel Henry’s Olcott and Helena P. Blavatsky, and dedicated to the cultivation of occult sciences and paranormal phenomena.

The root of the traces of the Monastery of El Escorial in biblical texts is beyond doubt for many authors and Philip II had a close relationship with an esoteric circle, heir more than Raimundo Lulio that of Hermes Trismegisto, which undoubtedly belonged Juan de Herrera, mathematician and royal adviser, and Juan Bautista Villalpando, who, having already died the monarch, published his treatise (the impression was financed by the late king). Herrera, who believed the “squaring of the circle” possible, wrote The Discourse of the Cubic Figure, a hermetic work that follows in the footsteps of Raymond Lulio.
But it is not Juan de Herrera but Juan Bautista de Toledo who signs the traces of the monastery and initiates the works, although the influence of Herrera is undoubted.
The monastery posed a problem radically different from that of the Temple of Solomon, in which the dwelling of God was a small cube-shaped enclosure 10 meters high, inaccessible to the faithful. Christian worship needs, on the contrary, the presence of believers. It has been speculated that the solution adopted in the monastery was to duplicate the Temple of Herod and place the basilica in the center, which is, at least, artificial. I think that the similarity with the authentic Temple of Solomon, which Villalpando had drawn according to the vision of Ezekiel, is much deeper: the Christian God, unlike that of Israel, tries to approach the faithful. But how is that closeness achieved by maintaining the overall design? The answer is simple: simply by going around the Sancta Sanctorum of Solomon and opening it to the faithful, while the less sacred stay and the peripheries remain the domain of the priests, converted into a sacristy.

During the sixteenth and seventeenth centuries numerous treatises on magic, astrology and alchemy were published, and there does not seem to be a clear line of separation between natural philosophy and occult sciences. In fact, astronomy was financed by the powerful because, as already said, the increasingly accurate observations allowed to improve the prediction about the position of the planets and, consequently, to make better horoscopes. It is worth mentioning that there was such faith in the horoscopes that in England it was a very serious crime to make the horoscope of a public figure without the prior request of the interested party.
While in the Anglo-Saxon world Freemasonry is considered something not very different from other charities, in which its members, while doing good, help each other, but without going over, in other cultures it is seen with considerable distrust and freemasons are blame all kinds of evil. These played an important role in the independence of the American colonies, both of the English of the North and later of the Spanish of the South, as well as in the beginning of the French Revolution, and they are attributed with more or less ground not a few revolutionary processes . Thus, during the nineteenth and twentieth centuries, masonic lodges have maintained the double face of mutual support organizations, sponsors of charitable causes in the Anglo-Saxon world, with temples more or less reminiscent of the Mausoleum of Halicarnassus, while in the rest of The West has continued to associate, with a greater or lesser degree of injustice, revolutionary processes. The occult tradition has been at the origin of new religious cults, some of which, like the Mormons, have achieved considerable social success.
(Cupola San Pablo) Wren was a Mason, but while the symbology is evident and manifested in the work of Nicholas Hawksmoor, architect of office and also Mason, although of lower rank, Wren eludes the reference to the imaginary of the lodge in his work, However, it has an obvious and sought after replica in the Washington Capitol, this time with a casting structure.
The layout of Washington and the Capitol.
The American revolutionaries were mostly Freemasons – no less than eighteen of the signers of the Declaration of Independence. This is not strange, since the belief in the construction of a more just order based on knowledge, which would surpass traditional power systems, underlies both the proclamation of independence and the subsequent Constitution of the United States of America.
The laying of the first stone of the Capitol was a Masonic ceremony in which George Washington and his eight companions wore the Masonic apron and held the symbolic squares. The building ended up having a replica of the dome of San Pablo that was not in the initial project (as it has been said, Wren, the architect of San Pablo, was grand master of the freemasonry, although he resigned when, in a renovating movement, the four Freemasonic Lodges of London were disbanded for the Grand Lodge to be established). Likewise, the urban layout of the city of Washington, the work of L’Enfant -also mason-, is a basic grid of north-south and east-west streets on which a profuse line of oblique lines is superimposed in which they can be distinguished Masonic symbols. Specifically, there is a five-pointed star, whose southern vertex is in the White House, which only needs to be completed a few hundred meters extension of Rhode Island Avenue, as well as other symbols and alignments that do not seem at all casual Of course, L’Enfant’s entertainment can not be appreciated at street level.

Walter P. Chrysler was a Mason, although it does not seem that this had much to do with his real estate activity. But there are two possible sources that relate the Chrysler building to the occult:
• Numerology, since by multiplying the 666 number of the Antichrist of the Apocalypse, by 1.618, which is the golden ratio of the perfect proportion and the staff, we get 1,077, which is precisely the height in feet of the Chrysler skyscraper (it’s a pity that, consulted several sources, all give the figure of 1,046 feet, 319 meters, as height of the construction).
• The probable masonic affiliation of the Irish workers who intervened in the construction. This is a dubious question, given the obvious hostility of the Catholic Church to Freemasonry, unless they were Protestants exiled from the Catholic South of Ireland.

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