¿Para Qué Sirven Realmente… Los Mercados Financieros? — Vicente Varó Rocamora / What Are The Financial Markets Really For? by Vicente Varó Rocamora (spanish book edition)

El libro de Vicente parte de una idea sencilla y por ello potente: si sabemos, todos, algo más sobre los mercados, si asumimos que todos, de una forma u otra, participamos en ellos, somos ellos, lograremos mejorar su funcionamiento.
Hay diversidad de libros o manuales en el mercado: atendiendo a su público objetivo los hay para iniciados o expertos y, atendiendo a su materia, los hay sectoriales o generalistas. Y luego hay algunos que tienen la virtud de aglutinar diferentes enfoques.
Considero que el libro “¿Para qué sirven realmente los mercados financieros?” de Vicente Varó forma parte de esta última categoría siendo útil para aquellos lectores iniciados y también para los que ya están fuertemente familiarizados con los mercados. Desde una perspectiva general y amplia Vicente Varó es capaz de llamar la atención sobre determinados aspectos particulares que rigen los mercados para dejar claro que todo está íntimamente relacionado. De ahí que considere que es un libro “transversal” sobre los mercados financieros. Creo que esta obra debería ser de obligada lectura en colegios y Universidades.
La actualidad financiera está tan imbricada en nuestras vidas que se hace imprescindible conocer su funcionamiento para poder llevar a cabo una adecuada planificación financiera que nos evite desagradables sorpresas.
El intentar desentenderse de este tema, como aquellas personas que en su momento se negaban a tener un teléfono móvil, no es una opción en un mundo globalizado donde continuamente aparecen nuevos productos y servicios.
Vicente nos explica detalladamente quienes son los intervinientes en este juego y nos proporciona, de manera comprensible, toda la información necesaria para que juguemos nuestras mejores cartas. Muy didáctico.

El negocio tradicional de los bancos, junto con las comisiones de mantenimiento o por transferencias, es cobrar por los intereses de los préstamos que concede más de lo que debe pagar para obtener ese dinero. Los euros que captan a través de las nóminas les salen muy baratos, sólo el coste de la promoción, ya que normalmente van a cuentas corrientes que abonan unos escasos intereses. Les costaría mucho más caro si tuvieran que ofrecer un depósito o si se vieran obligados a pedírselo a otros bancos o inversores.
Y una vez que lo tienen pueden trabajar con ese dinero de las nóminas. El banco sólo tiene que dejar «quieto» un porcentaje del total para cubrir las necesidades de los clientes.
Este dinero los bancos se lo prestan a terceros. ¿A quién? Quizá a un emprendedor que quiere abrir una nueva tienda… O quizá a un promotor inmobiliario que quiere comprar suelo para iniciar una promoción. También puede que lo pongan a trabajar en la propia tesorería del banco, de tal manera que pueden acabar invirtiéndolo en cualquier activo del mundo, desde materias primas a un hedge fund, los considerados fondos especulativos o de alto riesgo.
El dinero en el cajón es totalmente improductivo, estanca la economía. Y, por lo tanto, lo lógico es que financieramente quede penalizado. El dinero paralizado acaba generando crisis. Un país donde la mayor parte de los ahorros está en los productos más conservadores ofrece poca esperanza: es un país miedoso, temeroso, desconfiado, al que cuesta apostar por nuevas ideas, por la innovación.
Los mercados financieros ofrecen casi cualquier opción al ciudadano para ponerlo a producir, para obtener una rentabilidad extra para ese dinero. Decenas de vías, todas con sus correspondientes riesgos, para evitar que la inflación se lo coma.
Además de pedir dinero a otros o al BCE, los bancos tienen otra forma de conseguir financiación para concedernos una hipoteca. ¿Cómo? A través de una vía que ha sido clave en el desarrollo de la crisis de las hipotecas basura o subprime en Estados Unidos.
Cuando una entidad concede una hipoteca, se genera un compromiso de pago mensual por parte del cliente, que cada mes está obligado a abonar la cuota, más los intereses. El banco asume el riesgo de que en un momento dado el cliente no pueda pagar, a cambio de los beneficios que ingresa por los intereses.

Un caso especial ha sido el de Islandia. El país, una pequeña isla con menos habitantes que la ciudad de Alicante, y con una economía menor que las ventas de Inditex en un año, se vio envuelto en la locura expansiva de sus tres principales bancos, los cuales, cuando llegó la crisis, quebraron y no pudieron devolver el principal ni los intereses. Islandia nacionalizó las entidades, su moneda se devaluó y solicitó ayudas del FMI.
Al nacionalizar los bancos, protegió los ahorros de los ciudadanos locales, pero no de los extranjeros. En particular, de Inglaterra y Holanda. Y resulta que en estos dos países, Icesave, una filial de uno de sus mayores bancos, había captado 300.000 y 100.000 depositantes, respectivamente, que sufrieron un corralito y no pudieron retirar su dinero.
En el Reino Unido fue el Tesoro británico quien se hizo cargo de los 2.350 millones de libras (cerca de 3.000 millones de euros) que los islandeses en referéndum se han negado a pagar a más de 300.000 ciudadanos que habían contratado los depósitos on line que ofrecía Icesave. El Reino Unido y Holanda han demandado a Islandia.
El Banco Santander es el que más beneficios genera, aunque se ha caído del Top 10 global por las provisiones (disponer de un fondo para hacer frente a créditos de dudosa recuperación) que ha tenido que hacer ante el deterioro del negocio en España.
Dejando al margen los chinos, los mayores bancos por beneficios son los estadounidenses JPMorgan y Wells Fargo, el británico HSBC y el francés BNP Paribas.
En teoría, el negocio de los bancos podría ser relativamente aburrido: guardar el dinero de los clientes y ser puros intermediarios entre quienes tienen dinero para prestar y quienes necesitan dinero prestado. De hecho, se llaman así porque el término procede de una palabra italiana, banca, que era una especie de escritorio, donde en el Renacimiento los banqueros contaban el dinero delante de sus clientes, sobre un mantel.
Pero hay una actividad que cambió para siempre el papel en la economía de las entidades financieras: la banca de inversión.
Su negocio es buscar y levantar el dinero que las empresas, instituciones o gobiernos necesitan para sus proyectos, y para ello cobran comisiones, en función del capital que consiguen para su cliente.

Si a Blackrock se le considera el rey de las acciones, la también estadounidense Pimco se sitúa como el gigante de la renta fija. Si sus gestores dicen que confían en la capacidad de un país para pagar sus deudas, pueden influir directamente en la percepción del mercado.
Pimco gestiona casi 2 billones de dólares, sólo un poco menos que el conjunto de la economía italiana. Y tiene un fondo, que se llama Pimco Total Return Bond Fund, con 284.000 millones de dólares (en septiembre de 2012) de sus clientes. Es decir, que sólo en este fondo hay casi el doble que en todos los fondos de inversión en España.
Los mercados financieros no son precisamente simples. Los participantes en los mercados son de lo más diverso, de lo más complejo, con dimensiones muy distintas, con metas opuestas aunque a veces complementarias.
Cada uno acude al mercado para buscar el cumplimiento de muy diversos objetivos. Por eso, el mercado financiero es tan variable, tan inabarcable, tan versátil. Pero a la vez tan necesario.
La industria financiera, que tradicionalmente ha ido reinventándose para ofrecer soluciones a los problemas que se plantean, tiene un reto importante ante las metas que aparecen en el horizonte para las generaciones que se acercan a la jubilación. Quizá el mayor desafío que se avecina en los próximos años.
Si el banco es quien «fabrica» los productos financieros que nos ofrece y sabe con cuáles gana más dinero, como mínimo hay un potencial conflicto de interés. Querrá promocionar aquello que le deje más beneficios, aunque a veces no sea lo que más rentabilidad va a dejar a los clientes. Como mínimo, antes de contratar, el cliente debería buscar una segunda opinión.

Las emociones nos juegan muy malas pasadas en nuestra relación con los mercados financieros y los ahorros. La avaricia y la codicia, junto al temor y el miedo, provocan que tomemos decisiones que nos pueden llevar al destino diametralmente opuesto al que pretendíamos llegar.
Los sentimientos están en la base de las burbujas, de las crisis, de las mayores subidas en la Bolsa y también de los mayores crashes. Nos llevan a contratar productos que deberíamos evitar en base a la ilusión que nos hemos hecho con una rentabilidad que nos han metido por los ojos.
Resulta complejo que el ser humano cambie su naturaleza y deje de llevarse por sus impulsos, conseguir aplicar siempre la máxima racionalidad y frialdad a cada una de nuestras decisiones. Pero si somos conscientes de nuestras debilidades, si somos conscientes de que somos más emocionales que racionales, estaremos más preparados para afrontar nuestra relación con los mercados.

Debemos tener cinco ideas básicas:
1. Tener un plan.
Si no sabes dónde quieres ir, da igual el camino que elijas. ¿Qué necesidades o aspiraciones tenemos?.
2. Todo tiene riesgo… Y tienes que saber cuál es.
Los bancos no regalan dinero. Si nos ofrecen mucha rentabilidad en un producto conservador, cuidado.
3. El tiempo importa más que la cantidad.
Otro error común es pensar: «Todavía no tengo suficiente dinero para empezar a invertir…». El problema es precisamente que pensando así los ahorradores suelen tardar mucho en tener el dinero suficiente.
4. Tu primer gasto mensual, tu futuro.
Una vez pensado el plan y analizado el objetivo, y las circunstancias, conviene dedicar un porcentaje de los ingresos a ahorrar o invertir. Puede ser un 10 %, un 15 %, un 5 %… Dependerá de las circunstancias de cada persona.
5. Aprende, pregunta y compara.
Pasaron los tiempos en los que estaba mal visto hablar de dinero. Hay infinidad de particulares y profesionales en las redes de los que puedes aprender y a quienes puedes preguntar.

Evitar siempre los regalos. Nunca debemos elegir un producto de inversión por el regalo que nos ofrecen en la entidad. De un modo u otro, lo acabaremos pagando. Normalmente, con mayores comisiones en el producto que estamos contratando o con menor rentabilidad.

Vicente’s book is based on a simple and therefore powerful idea: if we know, all, something more about the markets, if we assume that everyone, in one way or another, participates in them, we are them, we will improve their functioning.
There is a diversity of books or manuals in the market: depending on their target audience, there are those for insiders or experts and, depending on their subject, there are sectoral or generalist ones. And then there are some who have the virtue of agglutinate different approaches.
I believe that the book “What are the financial markets really for?” Vicente Varó is part of this last category being useful for those readers who are initiated and also for those who are already strongly familiar with the markets. From a general and wide perspective, Vicente Varó is able to draw attention to certain particular aspects that govern the markets to make it clear that everything is closely related. Hence, consider that it is a “transversal” book about financial markets. I think that this work should be compulsory reading in schools and universities.
Financial news is so imbricated in our lives that it is essential to know its operation in order to carry out an adequate financial planning that will avoid unpleasant surprises.
The attempt to ignore this issue, as those people who at the time refused to have a mobile phone, is not an option in a globalized world where new products and services are constantly appearing.
Vicente explains to us in detail who are the participants in this game and provides us, in an understandable way, all the information necessary for us to play our best cards. Very didactic

The traditional business of banks, along with maintenance fees or transfers, is to charge for the interests of the loans that you grant more than what you must pay to obtain that money. The euros that they receive through the payroll are very cheap, only the cost of the promotion, since they usually go to current accounts that pay a few interest. It would cost them much more expensive if they had to offer a deposit or if they were forced to ask other banks or investors.
And once they have it, they can work with that money from the payroll. The bank only has to leave “quiet” a percentage of the total to cover the needs of customers.
This money the banks lend it to third parties. To who? Maybe an entrepreneur who wants to open a new store … Or maybe a real estate developer who wants to buy land to start a promotion. They may also put it to work in the bank’s own treasury, so that they can end up investing it in any asset in the world, from raw materials to a hedge fund, considered as speculative or high-risk funds.
The money in the drawer is totally unproductive, the economy stagnates. And, therefore, the logical thing is that financially be penalized. The paralyzed money ends up generating crisis. A country where most of the savings are in the most conservative products offers little hope: it is a fearful, fearful, distrustful country, which costs to bet for new ideas, for innovation.
The financial markets offer almost any option to the citizen to put it to produce, to obtain an extra profitability for that money. Dozens of roads, all with their corresponding risks, to prevent inflation from eating it.
In addition to asking for money from others or the ECB, banks have another way of getting financing to grant us a mortgage. How? Through a channel that has been key in the development of the crisis of subprime or junk mortgages in the United States.
When an entity grants a mortgage, a monthly payment commitment is generated by the client, who is obliged to pay the monthly payment plus interest. The bank assumes the risk that at a given moment the client can not pay, in exchange for the benefits that he receives for the interest.

A special case has been Iceland. The country, a small island with fewer inhabitants than the city of Alicante, and with an economy lower than Inditex’s sales in a year, was involved in the expansive madness of its three main banks, which, when the crisis came, They went bankrupt and could not return the principal or interest. Iceland nationalized the entities, its currency was devalued and it requested aid from the IMF.
By nationalizing banks, he protected the savings of local citizens, but not foreigners. In particular, from England and Holland. And it turns out that in these two countries, Icesave, a subsidiary of one of its largest banks, had captured 300,000 and 100,000 depositors, respectively, who suffered a corralito and could not withdraw their money.
In the United Kingdom it was the British Treasury who took care of the 2,350 million pounds (about 3,000 million euros) that the Icelanders in referendum have refused to pay to more than 300,000 citizens who had contracted the online deposits that offered Icesave. The United Kingdom and the Netherlands have sued Iceland.
Banco Santander is the one that generates more profits, although it has fallen from the global Top 10 because of the provisions (having a fund to deal with loans of doubtful recovery) that it had to do in the face of the deterioration of the business in Spain.
Leaving aside the Chinese, the biggest banks for profits are the Americans JPMorgan and Wells Fargo, the British HSBC and the French BNP Paribas.
In theory, the business of banks could be relatively boring: save customers’ money and be pure intermediaries between those who have money to lend and those who need money. In fact, they are called that because the term comes from an Italian word, banking, which was a kind of desk, where in the Renaissance the bankers counted the money in front of their clients, on a tablecloth.
But there is an activity that changed forever the role in the economy of financial institutions: investment banking.
Their business is to find and raise the money that companies, institutions or governments need for their projects, and for that they charge commissions, depending on the capital they get for their client.

If Blackrock is considered the king of the shares, the also American Pimco is positioned as the giant of fixed income. If their managers say that they trust a country’s capacity to pay their debts, they can directly influence the perception of the market.
Pimco manages almost 2 trillion dollars, just a little less than the whole of the Italian economy. And he has a fund, which is called Pimco Total Return Bond Fund, with 284,000 million dollars (in September 2012) from his clients. That is, only in this fund there is almost double that in all investment funds in Spain.
Financial markets are not exactly simple. The participants in the markets are the most diverse, the most complex, with very different dimensions, with opposite but sometimes complementary goals.
Each one goes to the market to seek the fulfillment of very diverse objectives. For that reason, the financial market is so variable, so immeasurable, so versatile. But at the same time so necessary.
The financial industry, which has traditionally been reinventing itself to offer solutions to the problems that arise, has a significant challenge to the goals that appear on the horizon for generations approaching retirement. Perhaps the biggest challenge that lies ahead in the coming years.
If the bank is the one that “manufactures” the financial products that it offers us and knows with which it earns more money, at least there is a potential conflict of interest. You will want to promote what gives you more benefits, although sometimes it is not what you are going to leave the most profitability to the clients. At a minimum, before hiring, the client should seek a second opinion.

Emotions play us very badly in our relationship with financial markets and savings. Greed and greed, along with fear and fear, cause us to make decisions that can lead us to the destination diametrically opposed to the one we intended to reach.
The feelings are at the base of the bubbles, of the crises, of the biggest increases in the Stock Exchange and also of the biggest crashes. They lead us to hire products that we should avoid based on the illusion that we have made with a profitability that we have gotten through our eyes.
It is complex that human beings change their nature and stop taking their impulses, always apply the maximum rationality and coldness to each of our decisions. But if we are aware of our weaknesses, if we are aware that we are more emotional than rational, we will be more prepared to face our relationship with the markets.

We must have five basic ideas:
1. Have a plan.
If you do not know where you want to go, it does not matter which way you choose. What needs or aspirations do we have?
2. Everything has a risk … And you have to know what it is.
Banks do not give money. If they offer us a lot of profitability in a conservative product, be careful.
3. Time matters more than quantity.
Another common mistake is to think: “I still do not have enough money to start investing …”. The problem is precisely that thinking that savers usually take a long time to have enough money.
4. Your first monthly expense, your future.
Once the plan has been designed and the objective and circumstances analyzed, it is advisable to dedicate a percentage of the income to saving or investing. It can be 10%, 15%, 5% … It will depend on the circumstances of each person.
5. Learn, ask and compare.
The times went by when it was frowned upon to talk about money. There are countless individuals and professionals in the networks from which you can learn and whom you can ask.

Always avoid gifts. We should never choose an investment product for the gift they offer us in the entity. In one way or another, we will end up paying. Normally, with higher commissions on the product that we are hiring or with lower profitability.

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