Afrodita Desenmascarada — María Blanco González / Unmasked Aphrodite by María Blanco González (spanish book edition)

Este libro es de gran lucidez y valentía. Sin estridencias, y con buenas argumentaciones desmonta muchas de las falacias que tenemos que soportar, tanto a nivel informativo como educativo desde la “ideología de género”.
Dada la importante inversión con que cuenta los diferentes lobbys de la ideología de género, y su uso de términos y generalizaciones fuera de la objetividad, que pretenden condenar a cualquier persona que no piense igual, la autora aporta argumentaciones sobrias y sin inquina para desmontarlas.
Una valiente defensa de la independencia de la mujer no sólo del machismo casi desaparecido en Occidente sino de las garras del Estado y los movimientos feministas salvadores de izquierda financiados por este, con la patente de corso que les permite “excomulgar” a los disidentes.
Una obra muy documentada que visibiliza a grandes activistas y pensadores norteamercanas, europeas, egipcias e iraníes.

El uso de la violencia no esté legitimado para el liberalismo no significa, como decíamos, que el liberalismo deba tener una visión neutral con respecto a tan problemáticas instituciones. Al contrario, entroncará perfectamente con el liberalismo el combatirlas a través de un activismo social de carácter voluntario —visibilizando, informando o financiando— que permita acelerar su transformación hacia otras que dejen de encorsetar irracionalmente a las mujeres. Frente al dirigismo estatal coactivo top-down del feminismo antiliberal, el feminismo liberal optará por el activismo social voluntario bottom-up como vía para denunciar y regenerar aquellas instituciones que el Estado contribuyó directa o indirectamente a crear y que todavía hoy hipotecan los proyectos vitales de muchas mujeres.
En definitiva, el feminismo que reivindica igualdad jurídica entre hombres y mujeres será absolutamente consustancial al liberalismo. El feminismo que promueve el cambio de las estructuras sociales no sólo podrá compatibilizarse con el liberalismo siempre que no emplee medios violentos para ello, sino que también cabrá considerarlo como una manifestación más de esta filosofía política en tanto que busque acabar con aquellas estructuras sociales extremadamente opresivas con la mujer o que hayan nacido bajo el amparo de la coacción estatal.

Afrodita es la diosa griega que emerge de la espuma del mar de Chipre. Es la diosa del amor que no fue concebida por amor, sino porque su padre, Urano, fue castrado y sus genitales fueron arrojados al mar. Es la diosa que no tiene niñez, porque surge de las aguas ya como una hermosa doncella, que es intrigante, caprichosa, infiel, poderosa y, por encima de todo, bella e irresistible. Tanto su versión griega (Afrodita) como la romana (Venus), la sumeria (Inanna) y todas las demás diosas equivalentes, representan para la cultura mediterránea la femineidad, el deseo y la fertilidad. Sus sacerdotisas, las heteras (o hetarias), ejercían la prostitución sagrada en el templo, algo que sería un escándalo para la mentalidad occidental moderna, pero que entonces expresaba el control de las mujeres sobre su propio comportamiento sexual, por encima del de los hombres.
Esta diosa de diosas tiene infinitas caras y atributos y, representa el poder de las mujeres y su rol en el mundo.
Pero la historia real de las mujeres y de su relación con el poder en Occidente no es el fruto de la imaginación. Para los griegos, las mujeres no teníamos alma; para las religiones cristianas, en cambio, somos la tentación que llevó a Adán a desobedecer a Dios; y la mujer en el islam aún está peor considerada. A lo largo de la historia se nos ha negado la educación, el voto, la autonomía económica. Y, a la vez, esta mentalidad que presupone la superioridad masculina ha sido enseñada por mujeres, que han dejado en herencia a sus hijos y a sus hijas una tradición que esclaviza a ambos al atarlos a sus roles respectivos. Ellos, fuertes y dominantes, se encargan del sustento de la familia, y son padres de hijos fuertes y de hijas fértiles. Ellas, sumisas y necesitadas, son devotas de los hijos y del hogar, reproductoras de los mismos esquemas heredados y, sobre todo, capaces de engendrar.
Detrás de la mujer de apariencia frágil que emerge del océano sobre una concha marina, como la representa Botticelli en su cuadro El nacimiento de Venus, hay algo muy distinto a lo evidente. Más allá del atractivo, la belleza y la debilidad que se suelen destacar, está la mujer capaz, con carácter y asertiva.
A lo largo de la literatura universal nos encontramos con algunas mujeres dominantes y poderosas y otras sumisas y acomodaticias. En Shakespeare tenemos, por ejemplo, a la cruel lady Macbeth que incita a su marido al asesinato por ambición, y también a la Katherina de La fierecilla domada, que es sometida tras sufrir mucho tiempo bajo la presión psicológica por parte de Petruchio. Desde Nefertiti, Isabel de Inglaterra, Teresa de Jesús, Juana de Arco hasta Agustina de Aragón, incluso en los ambientes menos propicios para el desarrollo de la mujer, encontramos ejemplos de damas poderosas, no siempre a la sombra del hombre fuerte.
Sin embargo, hoy en día, precisamente en las sociedades en las que la mujer tiene garantizadas por ley una mayor libertad y una más amplia autonomía, parece que delegamos nuestros propios intereses en manos ajenas.

Para nuestra desgracia, la Afrodita del siglo XXI se ha cubierto con velos, máscaras, mentiras políticas y excusas que más bien confunden que aclaran. Estas máscaras no son exclusivas de la mujer, sino que son propias de una mentalidad que empobrece al ser humano, porque le enseña a vivir de los demás, a poner todo tipo de excusas y a no hacerse cargo de las circunstancias de su propia vida, con el argumento de que no es responsable. Culpabilizar al otro, especialmente si es un prójimo sin rostro o que habita en el pasado, es un recurso fácil y eficiente, y suele funcionar. El extranjero, el diferente, los paganos, los infieles, los hombres, los melenudos, las mujeres…, los colectivos que borran la cara del de enfrente permiten culpar y dormir con la conciencia tranquila. Y a eso hay que añadir todo tipo de excusas colectivas: la casta…
La apariencia es lo que cuenta. Las maneras, la sonrisa, el postureo sea en su versión amable o en su versión cafre, son aspectos exaltados hasta la histeria. No es tan importante lo que hagas, lo relevante de verdad es lo que parezcas. El ejemplo es el expresidente Obama, el presidente de las formas elegantes, siempre cortés con su esposa, derrochando muestras de cariño hacia sus hijas, amabilidad y cercanía con todo el mundo, aunque no dejó muy buena herencia si nos atenemos a los hechos económicos.
Paralelamente a este fenómeno, por si no fuera suficiente, el emergente poder de la extrema derecha ha retomado el discurso opuesto y, apoyándose en la extrema radicalidad del feminismo de ultraizquierda, defiende el negacionismo más barato imaginable. Y así, por ejemplo, cuando se habla de la trata de blancas en nuestros días, te cuentan que antiguamente eran los hombres los que se vendían; o cuando se habla de racismo, te dicen que los blancos fueron esclavizados por los musulmanes en la Edad Media, y que aquí estamos. Afrontar los problemas de hoy aludiendo a la Edad Media es una forma de no afrontarlos. Para encontrar una solución, negar los problemas es tan inútil como magnificarlos y manipularlos.

La discriminación —no solamente hacia la mujer, sino en general— existe desde que existe el ser humano. La palabra discriminación no tiene en sí misma una connotación negativa. Por ejemplo, la fidelidad en la pareja implica discriminación en el afecto y en la actividad sexual: solamente contigo. La propiedad privada implica la discriminación respecto al uso y disfrute de un bien, accesible sólo a quienes el propietario decida. La pertenencia a un club supone una discriminación de quienes no son miembros. Y lo mismo sucede en aquellos simples locales donde está reservado el derecho de admisión. La discriminación, en este sentido amplio, sea positiva o negativa, puede darse por muchas razones, que se resumen, en general, en dos: control y prevención. Así que podemos fechar la existencia de la discriminación a la mujer en el momento en que el hombre entendió que la fecundidad era, por un lado, un instrumento de poder frente al pueblo vecino (amigo o enemigo) y, por otro, un medio de control del propio pueblo.
El otro punto de partida es entender la fertilidad como un instrumento de control económico y social del pueblo. Y ahí tiene mucho que ver la religión.

En España se dan dos fenómenos. Por un lado, se insiste en hablar de «terrorismo machista», cuando la realidad nos dice que somos el país de Europa con menor número de muertes de mujeres por este motivo. En efecto, una sola muerte es terrible, pero no solamente la de una mujer; una sola muerte violenta resulta inaceptable, sea cual sea el sexo de la víctima. Y ¿por qué se mata a la mujer? Porque es más débil. En España, la tenencia y el uso de armas de fuego están muy limitados, así que la fuerza bruta lo determina todo: el fuerte mata al débil. Por otro lado, se da el fenómeno de que la mala gestión política del problema ha llevado a la perversión de la solución: se ha dado la vuelta a la tortilla, y de nuevo no somos iguales ante la ley, el hombre es presunto culpable.
1) España está a la cola en cuanto a violencia de género en Europa; 2) la Ley contra la Violencia de Género, de 2004, no ha resuelto el tema, ya que la violencia es estable; y 3) existen incentivos para presentar denuncias falsas.
Forzar la representación igualitaria es una estupenda manera de perpetuar esa sensación de inferioridad.

A lo largo de la historia, el feminismo original ha intentado lograr un fin noble en múltiples cuestiones, como, por ejemplo, en la igualdad de la mujer ante la ley, el acceso a la enseñanza o la visibilidad de los problemas de las mujeres; no de las mujeres como un colectivo, sino de las mujeres como grupo de personas individuales. De esta forma, la defensa de las mujeres, al ser a la par la defensa de cada una de ellas (de manera que cada una responde de su propia defensa), no sería otra cosa que autodefensa; es decir, no estaríamos en ese colectivismo que tanto rechazo le produce a María Marty.
Otra cosa es que este tema se haya politizado, como efectivamente ha sucedido. Hoy día se ha secuestrado el término y se ha pervertido su sentido, y, por desgracia, el feminismo se asocia, en el mejor de los casos, al gasto de dinero público, a las listas cremallera y a estudios de género que a veces dejan mucho que desear.
No es un problema exclusivo del feminismo. Mucho antes de que se politizara la defensa de la mujer, se politizó lo sagrado, la religión, cuando a los papas y a los emperadores se les ocurrió que sería una buena idea compartir poder civil en vez de disputárselo.
El mal del feminismo de izquierdas, en poner los intereses políticos por delante de la ética de la libertad.
A pesar de la diferenciación entre las feministas radicales y las libertarias, tan necesaria hoy en día, en el continente europeo, de manera más acusada que en Estados Unidos, la lucha por la igualdad ante la ley fue común a libertarias y socialistas durante mucho tiempo.
Lo terrible es que, en el siglo XXI, el «dios» al que elevan sus ojos las mujeres que se sienten injustamente tratadas en sus empresas o fuera de ellas es el Estado, una abstracción que, en la realidad, se materializa en las personas que componen el Gobierno y el Parlamento. Es en ese dios todopoderoso, con cargo a los impuestos de los ciudadanos, en el que delegan su respuesta a lo que ellas, subjetivamente, consideran una injusticia y una afrenta. Subjetivamente, porque no es igual para todas. Yo conozco mujeres que se molestan cuando se hacen diferencias, pero su ofensa no es lo suficientemente intensa como para hacer algo, porque prefieren la estabilidad de lo conocido al cambio incierto. Y, finalmente, se acomodan a la situación. Yo no las juzgo, pero otras muchas sí sienten que tienen la superioridad moral de decir algo a las mujeres acomodaticias.
Es decir, la mujer toma las riendas de su propia vida. Y eso no quiere decir que tenga que hacer algo que vaya en contra de su moral o que sea censurable la opción de la mujer conservadora, sino al revés, lo que significa es que las mujeres no conservadoras también son libres de tomar otro tipo de decisiones. No es la moral conservadora particular lo que me parece dañino. Cada persona tiene sus fines, y, mientras nadie intente imponer a los demás su moral por vía legal, allá cada cual. Lo que creo que está acabando con nuestra sociedad es otro tema que aparece tanto entre los conservadores como entre los progresistas: la doble moral.

Es verdad que, durante siglos, los estándares eran masculinos, y, cuando no lo eran, los que había eran discriminatorios hacia la mujer. Por ejemplo, en España, no había servicio militar femenino, a diferencia de en otros países en los que sí se entrenaba a la mujer para la guerra. Por supuesto, si las mujeres somos físicamente más débiles, no podemos rendir igual que un hombre en la guerra, pero nadie dijo que tuviéramos peor puntería. Hay multitud de servicios que una mujer puede realizar más allá de ser «cuidadora». Mientras la mayoría de los hombres veía interrumpida su vida laboral por el tema del servicio militar, la contrapartida que te presentaban era que nosotras paríamos. Como si tener hijos fuera una imposición gubernamental similar.
Mucho más polémica y compleja es la relación entre la mujer y el islam, donde lo que se visibiliza es la opresión mediante símbolos impuestos a sus mujeres y a las mujeres que vayan como turistas.
La autora del artículo, Ana Soage, comienza relatando los agravios hacia la mujer en el mundo islámico:
[el islam] pone a la mujer bajo la tutela de su pariente masculino más cercano: padre, hermano, esposo o hijo. Cuando se casa, su marido está autorizado a golpearla en caso de desobediencia, repudiarla en cualquier momento o casarse con hasta tres mujeres más. Cuando hereda, recibe la mitad que sus hermanos. Cuando testifica ante un juez, su palabra vale la mitad de la de un hombre. Fuera del entorno doméstico inmediato debe cubrirse, para proteger su reputación.

Como afirma la autora, la lista de agravios es larga. Y, sin embargo, hay una historia del feminismo musulmán, y son varias las mujeres que han intentado que las cosas cambiaran. Desde el siglo XIX, el acceso a la educación de la mujer y su participación en la vida pública han sido dos de las reclamaciones
La frustración lleva a esta persona a expresar un deseo en negativo, casi una maldición trapera; viene a decir: «Ojalá no te veas en esta situación porque tendrías que tragarte tus palabras». Y lo dice sin saber nada de lo que he podido investigar o conocer del tema del maltrato. La falta de argumentos la lleva a asumir que repito la lección que, por supuesto, el hombre machista me ha dictado. Ninguna mujer que no piense como «ellas» es inteligente, alguien tiene que haberle dicho qué decir, no puede ser que ella solita opine, porque, si fuera inteligente y válida, pensaría como yo. Ésta es sólo una muestra; pero esta crítica es muy representativa. No me ofende nada de lo que dice, pero sí revela el tipo de mentalidad de quienes se han creído todo el argumentario de las políticas de género.
La radicalización del feminismo no es un fenómeno sólo español, ni único del feminismo. La derecha también se ha radicalizado, y se ha difundido por internet.
La cuestión es que se han igualado unos y otros. Barbijaputa se encuentra al mismo nivel que los conservadores cristianos que se refieren despectivamente a los homosexuales como sodomitas. Ella, de izquierda radical —como ya he dicho, ha expresado varias veces su simpatía hacia Izquierda Unida (IU)—, señala al hombre blanco y heterosexual…
Feministas de izquierda radical, como Barbijaputa, y a los nuevos conservadores quintacolumnistas. Se trata de la idea de que todos los que no piensan como ellos: a) son impuros; y b) están contra ellos. Ambas características impregnan la siguiente frase de Nicolás Márquez, en cuyo muro se encuentran las perlas expuestas más arriba y que es autor de un controvertido libro en el que se mezcla un poco de todo para seguir reclamando el liberalismo, el conservadurismo, la derecha dura y el frente antimarxista:
La lucha en el mundo se divide entre reacción conservadora o marxismo cultural: el resto de las posturas constituyen divague [sic] «oenegeísta» o «chiquitaje» de red social.

¿Cuál es la lógica del poder que hay detrás del machismo? La misma que la que rige el poder político: la obediencia. El Estado responde a la desobediencia civil con represión. Y, por tanto, la manera de acabar con el abuso de poder (estatal o no) es hallar la manera de esquivar el mandato, desobedecer, a pesar de la represión. Pero, claro, para esto hace falta mucha imaginación y aguante. Y este tipo de soluciones no se toman en una asamblea, sino que normalmente son emprendidas por quienes se encuentran en el ojo del huracán, quienes son víctimas de la represión.
La lógica del poder machista que se encierra en esta definición: superioridad, obediencia, violencia, miedo. ¿Cómo escapar a esa lógica? En primer lugar, no aceptando que todas las mujeres somos iguales: ni igualmente fuertes ni igualmente débiles. No todas queremos lo mismo, ni tenemos el mismo instinto maternal, ni las mismas creencias respecto a la trascendencia. Muchas mujeres son machistas y educan en el machismo a sus hijos. Por tanto, no valen las soluciones que nos tratan como agregados de piezas homogéneas.
En segundo lugar, no admitamos la superioridad. Y, para ello, en vez de empeñarnos en gritarlo o en lanzar mensajes y vídeos virales en las redes (o bien, además de ello), actuemos como iguales.
En tercer lugar, ante el terrorismo o la manipulación psicológica, hay que reforzar la autoestima, el no sentirse avergonzada si, cuando te defiendes verbalmente, te llaman antipática, o si te miran mal por tener ambición laboral o precisamente por no tenerla. Nadie te puede afear la conducta si tú no te sientes avergonzada de tus decisiones y tus actos. Eso sí, para emprender este camino hay que estar dispuestas a asumir las consecuencias de nuestras elecciones.
Y, en cuarto y último lugar, ante la violencia, defiéndete. Enseña a tus hijos a defenderse adecuadamente. Recomienda a tus amigas que aprendan a defenderse, también físicamente, elimina de tu mente el tabú de la autodefensa, no escuches a quien te diga cosas como «qué agresiva» en situaciones en las que eres tú quien se está defendiendo de una agresión.

This book is of great lucidity and courage. Without stridencies, and with good arguments dismantles many of the fallacies that we have to endure, both informational and educational from the “gender ideology.”
Given the important investment that the different lobbies of the gender ideology have, and their use of terms and generalizations outside of objectivity, which aim to condemn any person who does not think the same, the author contributes sober arguments and no inquina to dismantle them.
A courageous defense of women’s independence, not only of machismo almost disappeared in the West, but also from the grip of the state and the feminist left-wing movements financed by the latter, with the private license that allows them to “excommunicate” dissidents.
A highly documented work that makes visible great activists and thinkers from North America, Europe, Egypt and Iran.

The use of violence is not legitimized for liberalism does not mean, as we said, that liberalism should have a neutral vision regarding such problematic institutions. On the contrary, it will perfectly link with liberalism to combat them through a voluntary social activism -visiting, informing or financing- that will allow its transformation to be accelerated towards others that irrationally cease to encorse women. Faced with the coercive top-down state interventionism of antiliberal feminism, liberal feminism will opt for bottom-up voluntary social activism as a way to denounce and regenerate those institutions that the State directly or indirectly contributed to create and that still mortgages the vital projects of a lot of women.
In short, feminism that claims legal equality between men and women will be absolutely consubstantial with liberalism. Feminism that promotes the change of social structures can not only be compatible with liberalism as long as it does not use violent means to do so, but it can also be considered as another manifestation of this political philosophy insofar as it seeks to put an end to those extremely oppressive social structures. with the woman or who were born under the protection of state coercion.

Aphrodite is the Greek goddess who emerges from the foam of the sea of ​​Cyprus. She is the goddess of love who was not conceived out of love, but because her father, Uranus, was castrated and his genitals were thrown into the sea. She is the goddess who has no childhood, because she emerges from the waters as a beautiful maiden, who is intriguing, capricious, unfaithful, powerful and, above all, beautiful and irresistible. Both the Greek version (Aphrodite) and the Roman version (Venus), the Sumerian version (Inanna) and all other equivalent goddesses represent femininity, desire and fertility for the Mediterranean culture. Their priestesses, the heteras (or hetarias), practiced sacred prostitution in the temple, something that would be a scandal for the modern western mentality, but that then expressed the control of women over their own sexual behavior, over that of men .
This goddess goddess has endless faces and attributes and represents the power of women and their role in the world.
But the real history of women and their relationship to power in the West is not the fruit of imagination. For the Greeks, women did not have a soul; for Christian religions, on the other hand, we are the temptation that led Adam to disobey God; and the woman in Islam is still worse off. Throughout history we have been denied education, voting, economic autonomy. And, at the same time, this mentality that presupposes male superiority has been taught by women, who have left their children and their daughters a tradition that enslaves both by tying them to their respective roles. They, strong and dominant, are responsible for the sustenance of the family, and are parents of strong children and fertile daughters. They, submissive and needy, are devotees of children and home, reproducers of the same inherited schemes and, above all, capable of generating.
Behind the fragile-looking woman who emerges from the ocean on a seashell, as represented by Botticelli in his painting The Birth of Venus, there is something very different from the obvious. Beyond the attractive, the beauty and the weakness that are usually emphasized, is the capable woman, with character and assertive.
Throughout the universal literature we find some dominant and powerful women and others submissive and accommodating. In Shakespeare we have, for example, the cruel Lady Macbeth who incites her husband to murder for ambition, and also the Katherina of The Taming of the Shrew, which is subjected after suffering a long time under psychological pressure from Petruchio. From Nefertiti, Elizabeth of England, Teresa of Jesus, Joan of Arc to Agustina of Aragon, even in the least favorable environments for the development of women, we find examples of powerful ladies, not always in the shadow of the strong man.
However, today, precisely in societies where women are guaranteed by law greater freedom and more broad autonomy, we seem to delegate our own interests to others.

For our misfortune, the Aphrodite of the 21st century has been covered with veils, masks, political lies and excuses that confuse rather than clarify. These masks are not exclusive to women, but are characteristic of a mentality that impoverishes the human being, because it teaches him to live from others, to make all kinds of excuses and not to take charge of the circumstances of his own life, with the argument that he is not responsible. To blame the other, especially if he is a faceless neighbor or who lives in the past, is an easy and efficient resource, and it usually works. The foreigner, the different, the pagans, the infidels, the men, the long hair, the women …, the groups that erase the face of the opposite allow to blame and sleep with a clear conscience. And to that we must add all kinds of collective excuses: the caste …
Appearance is what counts. The manners, the smile, the posturing, whether in its friendly version or in its glossy version, are aspects that are exalted to hysteria. It is not so important what you do, what is really relevant is what you see. The example is the former president Obama, the president of elegant forms, always courteous to his wife, wasting samples of affection for his daughters, kindness and closeness to everyone, although he did not leave a very good inheritance if we stick to the economic facts.
Parallel to this phenomenon, if that were not enough, the emerging power of the extreme right has taken up the opposite discourse and, relying on the extreme radicalism of ultra-left feminism, defends the cheapest denialism imaginable. And so, for example, when people talk about the white slave trade in our days, they tell you that formerly it was men who sold themselves; or when you talk about racism, they tell you that the whites were enslaved by the Muslims in the Middle Ages, and that we are here. Facing the problems of today alluding to the Middle Ages is a way of not facing them. To find a solution, denying problems is as useless as magnifying and manipulating them.

Discrimination – not only towards women, but in general – exists since the human being exists. The word discrimination does not have a negative connotation in itself. For example, fidelity in a couple implies discrimination in affection and in sexual activity: only with you. Private property implies discrimination regarding the use and enjoyment of a property, accessible only to those who the owner decides. Membership in a club involves discrimination against those who are not members. And the same happens in those simple premises where the right of admission is reserved. Discrimination, in this broad sense, whether positive or negative, can occur for many reasons, which are summarized, in general, in two: control and prevention. So we can date the existence of discrimination to women at the time when man understood that fertility was, on the one hand, an instrument of power against the neighboring people (friend or enemy) and, on the other, a means of control of the people themselves.
The other point of departure is to understand fertility as an instrument of economic and social control of the people. And there religion has a lot to do with it.

In Spain there are two phenomena. On the one hand, insists on talking about “macho terrorism”, when reality tells us that we are the country in Europe with the lowest number of deaths of women for this reason. In effect, a single death is terrible, but not only that of a woman; a single violent death is unacceptable, regardless of the sex of the victim. And why is the woman killed? Because it is weaker. In Spain, the possession and use of firearms are very limited, so brute force determines everything: the strong kills the weak. On the other hand, there is the phenomenon that the political mismanagement of the problem has led to the perversion of the solution: the tortilla has been turned around, and again we are not equal before the law, the man is presumed guilty.
1) Spain is in the queue regarding gender violence in Europe; 2) the Law against Gender Violence, 2004, has not resolved the issue, since the violence is stable; and 3) there are incentives to file false complaints.
Forcing equal representation is a great way to perpetuate that sense of inferiority.

Throughout history, original feminism has tried to achieve a noble end in many issues, such as, for example, women’s equality before the law, access to education or the visibility of women’s problems; not of women as a collective, but of women as a group of individuals. In this way, the defense of women, to be equal to the defense of each of them (so that each responds to their own defense), would be nothing but self-defense; that is to say, we would not be in that collectivism that rejects Maria Marty so much.
Another thing is that this issue has been politicized, as indeed it has happened. Today the term has been hijacked and its meaning has been perverted, and, unfortunately, feminism is associated, at best, with the expenditure of public money, with zipper lists and gender studies that sometimes leave a lot be desired.
It is not an exclusive problem of feminism. Long before the defense of women was politicized, the sacred was politicized, religion, when it came to the popes and the emperors that it would be a good idea to share civil power instead of contesting it.
The evil of leftist feminism, in putting political interests ahead of the ethics of freedom.
Despite the differentiation between radical feminists and libertarians, so necessary today in the European continent, more sharply than in the United States, the struggle for equality before the law was common to libertarians and socialists for a long time .
The terrible thing is that, in the 21st century, the “god” to whom women who feel unfairly treated in their companies or outside them raise their eyes is the State, an abstraction that, in reality, materializes in people. that make up the Government and Parliament. It is in that almighty god, charged to the taxes of the citizens, that they delegate their response to what they, subjectively, consider an injustice and an affront. Subjectively, because it is not the same for all. I know women who get upset when differences are made, but their offense is not intense enough to do something, because they prefer the stability of the known to the uncertain change. And, finally, they adapt to the situation. I do not judge them, but many others do feel that they have the moral superiority to say something to accommodating women.
That is, the woman takes the reins of her own life. And that does not mean that he has to do something that goes against his moral or that the option of the conservative woman is reprehensible, but the other way around, which means that non-conservative women are also free to make other decisions. . It is not the particular conservative moral that seems harmful to me. Each person has their ends, and, as long as no one tries to impose their morals on others by legal means, there each one. What I think is destroying our society is another issue that appears both among conservatives and among progressives: double standards.

As the author states, the list of grievances is long. And yet, there is a history of Muslim feminism, and there are several women who have tried to change things. Since the nineteenth century, access to the education of women and their participation in public life have been two of the claims
Frustration leads this person to express a negative wish, almost a traitorous curse; he says, “I hope you do not see yourself in this situation because you would have to swallow your words.” And he says it without knowing anything about what I have been able to investigate or know about the subject of abuse. The lack of arguments leads her to assume that I repeat the lesson that, of course, the macho man has dictated to me. No woman who does not think like “they” is intelligent, someone must have told her what to say, it can not be that she only thinks, because if she were intelligent and valid, she would think like me. This is just a sample; but this criticism is very representative. I am not offended by anything he says, but it does reveal the kind of mentality of those who have believed all the argumentation of gender politics.
The radicalization of feminism is not a phenomenon that is only Spanish, nor unique to feminism. The right has also been radicalized, and it has spread over the internet.
The point is that they have equaled each other. Barbijaputa (spanish Twitter) is at the same level as Christian conservatives who refer disparagingly to homosexuals as sodomites. She, of radical left -as I have said, has expressed her sympathy several times to Izquierda Unida (IU) -, points to the white and heterosexual man …
Feminists of the radical left, such as Barbijaputa, and the new Fifth Columnist conservatives. It is the idea that all those who do not think like them: a) are impure; and b) they are against them. Both characteristics permeate the following sentence of Nicolás Márquez, whose wall is the pearls exposed above and who is the author of a controversial book in which mixed a bit of everything to continue claiming liberalism, conservatism, hard right and the anti-Marxist front:
The fight in the world is divided between conservative reaction or cultural Marxism: the rest of the positions constitute divague [sic] «oenegeist» of social network.

What is the logic of the power behind machismo? The same as the one that governs political power: obedience. The State responds to civil disobedience with repression. And, therefore, the way to end the abuse of power (state or not) is to find a way to avoid the mandate, to disobey, despite the repression. But, of course, this requires a lot of imagination and endurance. And these kinds of solutions are not taken in an assembly, but are usually undertaken by those who are in the eye of the hurricane, who are victims of repression.
The logic of male power that is contained in this definition: superiority, obedience, violence, fear. How to escape this logic? In the first place, not accepting that all women are equal: neither equally strong nor equally weak. We do not all want the same, nor do we have the same maternal instinct, nor the same beliefs regarding transcendence. Many women are sexist and educate their children in machismo. Therefore, the solutions that treat us as aggregates of homogeneous pieces are not valid.
Second, we do not admit superiority. And, for that, instead of trying to shout it or launch viral messages and videos on the networks (or, in addition to that), we act as equals.
Thirdly, in the face of terrorism or psychological manipulation, you have to reinforce your self-esteem, not feel ashamed if, when you defend yourself verbally, they call you unfriendly, or if they look at you badly for having ambition or just for not having it. Nobody can disfigure your behavior if you do not feel ashamed of your decisions and your actions. Of course, to undertake this path we must be willing to assume the consequences of our choices.
And, fourth and last, in the face of violence, defend yourself. Teach your children to defend themselves properly. Recommend to your friends that they learn to defend themselves, also physically, eliminate from your mind the taboo of self-defense, do not listen to someone who tells you things like “how aggressive” in situations in which you are defending yourself from an aggression.

2 pensamientos en “Afrodita Desenmascarada — María Blanco González / Unmasked Aphrodite by María Blanco González (spanish book edition)

  1. María Blanco, además de ser una persona encantadora, siempre razona con educación y con argumentos impecables. Su libro está en mi lista de “próximas lecturas”.
    Un saludo!

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