La Verdad En La Ilusión o Madrid En El Siglo XXIV — Luis Antón Del Olmet / The Truth in the Illusion or Madrid in the XXIV Century by Luis Antón Del Olmet (spanish book edition)

Esta breve obra de alrededor de 1912, “La verdad en la ilusión”, tiene como punto de partida una situación espeluznante: retornar a la vida cuatrocientos años después de un cataclismo, despertar en la vitrina de un museo entregado a la curiosidad de unos hombres que apenas conservan trazas de su pretérita humanidad, descubrir un mundo hiperracional y ultracivilizado que no ha dudado en suprimir todo rasgo de individualidad por el beneficio del todo, sin emociones, sentimientos y en el que no existen nombres ni diferencias.
Luis Antón del Olmet imaginó ‘Un mundo feliz’ casi veinte años antes que Aldous Huxley. Es sin duda un magnífico ejemplo de ciencia ficción a la española.

—¿Por qué no bajan las nubes hasta el suelo?
—Porque no queremos los hombres. Ustedes, los que vivían en la época bárbara estaban expuestos a las veleidades meteorológicas. Si tenían ustedes gana de calentarse lo huesos, llovía. Si sentían en cambio la necesidad de que lloviese, lucía el sol calenturiento, anonadante. Eran ustedes, como las bestezuelas, esclavos del capricho terrestre. Nosotros hemos dominado a la naturaleza. El sol y las nubes son nuestros servidores leales. Luce cuando queremos. Llueve cuando nos da la gana.
No existen nombres para hombres y mujeres son números simplemente.

—La historia de los cuatro siglos que usted permaneció trocado en momia, es la más interesante del orbe. La humanidad avanzó durante su trascurso más que logró adelantar desde que surgiera en la tierra el primer hombre hasta la fecha en que usted quedóse dormido. Yo, sin decidirme por entero a las especulaciones históricas, pues mi profesión es la de arquitecto, he dedicado mis ocios a su cultivo, y tengo una idea bastante profunda y exacta de los grandes acontecimientos humanos. Por lo demás, nosotros, los ultracivilizados, como no hacemos el amor, ni comemos, ni jugamos, ni somos académicos, ni escritores, tenemos grande acción hacia todo lo que significa estudio y cultura.
Mire usted, naciones ya no las hay. La nación era una abstracción egoísta, sentida por los hombres de corazón mezquino. Ya no hay más que humanidad. Dentro de algún tiempo la humanidad también será un concepto muy chiquillo. Pronto habrá universo. Hoy, los seres que habitamos en los satélites del sol…
—No hay propiedad. Sólo tenemos el uso de las cosas fungibles y el usufructo de las cosas duraderas que ganamos con nuestro esfuerzo. ¡Ah, pero de las cosas necesarias nada más! Lo superfluo no existe.
No hay derecho a hacer culpable al idiota de su idiotismo y al inepto de su ineptitud. Somos iguales. Todos vamos hacia el mismo fin. Unos trabajan con las manos. Otros con la cabeza. Unos realizan obras menudas. Otros grandes. Pero unos y otros, al dar lo que pueden, deben exigir que se les recompense con lo que necesiten. ¡Bastante premio tiene el inteligente con su propia inteligencia! ¿Le parece a usted justo que yo, encima de tener más talento que usted, verbigracia, le obligue a que me sirva teniéndole además hambriento?.
—¡Música! ¡Pintura! ¡Arte! El arte ha sido una engañifa con la que algunos vividores se llenaban el buche sin trabajar. Hacer ruido, embadurnar lienzos… ¿Qué utilidad reportan esas andróminas, esas supercherías? Las sinfonías más armoniosas y los lienzos más expresivos no eran sino frivolidad. El arte es bárbaro por lo mismo que significa exaltación.

El hombre no era sino una ridícula miniatura embebecida, retraída en una ciencia sin finalidad, un pobre árbol desnudo, sin las hojas ni las flores del sueño y del encanto, puntiagudo, seco, árido, señalando con sus ramas desesperadas la nimiedad mentecata del caos…
—Si al fin —pensé—, todo esto hiciera felices a los hombres…

—Pregúntele usted si son felices. Hablaron. Se oía mi pulsación. Creí volverme loco esperando la solución de aquel enigma.
—¡No, hermano, no! Dice que no… Dice que su semejantes padecen la horrible dolencia del hastío. Dice que habiéndolo descubierto y gozado ya todo, les pesa la inmortalidad como una carga estúpida. Dice que se suicidan a millares con un gesto impávido. Dice que su tristeza, una tristeza honda, absoluta, insospechada por nosotros, la tristeza de verlo todo y verlo vacío, estéril, sin principio y sin fin, les anonada, dice que son los seres más tristes, más sombríos del pobre universo cansado, que su melancolía insospechada por nosotros, una melancolía absoluta, melancolía suprema de semidioses que se saben mezquinos, les pesa como un infortunio brutal.

Queremos dormir sin ser despertados.

This brief work of around 1912, “The truth in the illusion”, has as its starting point a spooky situation: to return to life four hundred years after a cataclysm, to wake up in the showcase of a museum dedicated to the curiosity of some men that barely retain traces of their past humanity, discover a hyper-rational and ultra-civilized world that has not hesitated to suppress all traits of individuality for the benefit of the whole, without emotions, feelings and in which there are no names or differences.
Luis Antón del Olmet imagined ‘A happy world’ almost twenty years before Aldous Huxley. It is undoubtedly a magnificent example of science fiction to the Spanish.

-Why do not the clouds come down to the ground?
-Because we do not want men. You, those who lived in the barbarian era were exposed to the meteorological vagaries. If you had the desire to warm your bones, it was raining. If they felt the need to rain instead, the sun was hot, boisterous. It was you, like the little beasts, slaves of the earthly caprice. We have dominated nature. The sun and the clouds are our loyal servants. It looks when we want. It rains when we feel like it.
There are no names for men and women are simply numbers.

-The history of the four centuries that you remained changed into a mummy is the most interesting in the world. Humanity advanced during its course more than it managed to advance since the first man appeared on earth until the date when you fell asleep. I, without deciding entirely to the historical speculations, because my profession is that of architect, I have dedicated my leisure to its cultivation, and I have a quite deep and exact idea of ​​the great human events. For the rest, we, the ultracivilized, as we do not make love, nor eat, nor play, nor are we academics, nor writers, we have great action towards everything that means study and culture.
Look, nations are no longer there. The nation was a selfish abstraction, felt by men with petty hearts. There is no more than humanity. Within some time humanity will also be a very small concept. Soon there will be a universe. Today, the beings that inhabit the satellites of the sun …
-There is no property. We only have the use of the fungible things and the usufruct of the lasting things that we gain with our effort. Oh, but of the necessary things, nothing more! The superfluous does not exist.
There is no right to make the idiot guilty of his idiocy and his inept ineptness. We are equal. We are all going towards the same end. Some work with their hands. Others with their heads. Some make small works. Other big ones But both, by giving what they can, must demand that they be rewarded with whatever they need. Pretty prize has the smart one with his own intelligence! Does it seem fair to you that I, on top of having more talent than you, for example, forces you to serve me by having you also hungry?
-Music! Painting! Art! Art has been a trick with which some people filled their crop without working. Making noise, smearing canvases … What use are these andróminas, those tricks? The most harmonious symphonies and the most expressive canvases were nothing but frivolity. Art is barbaric because it means exaltation.

The man was but a ridiculous miniature imbibed, withdrawn into a science without purpose, a poor tree naked, without the leaves or the flowers of sleep and charm, pointed, dry, arid, pointing with its desperate branches the foolish nimity of chaos …
“If at last,” I thought, “all this would make men happy …

– Ask him if they are happy. They talked. You could hear my pulse. I thought I was going crazy waiting for the solution of that enigma.
-No, brother, no! He says no … He says that his fellow sufferers suffer from the horrible disease of boredom. He says that having discovered and enjoyed it all, immortality weighs on them like a stupid burden. He says that they kill themselves by the thousands with an impassive gesture. He says that his sadness, a deep sadness, absolute, unsuspected by us, the sadness of seeing everything and seeing it empty, sterile, without beginning and without end, annihilates them, he says that they are the saddest, shadiest beings of the poor tired universe, that his melancholy unsuspected by us, an absolute melancholy, the supreme melancholy of demigods who know they are petty, weighs on them like a brutal misfortune.

We want to sleep without being awakened.

Un pensamiento en “La Verdad En La Ilusión o Madrid En El Siglo XXIV — Luis Antón Del Olmet / The Truth in the Illusion or Madrid in the XXIV Century by Luis Antón Del Olmet (spanish book edition)

  1. No me acaba de convencer el concepto de absoluto individualismo, la falta de sentimientos, el egoismo por bandera… sería un mundo hueco y vacío. Se que no estamos en la época más afectiva que haya visto el mundo, pero creo que aún queda un pelin de humanidad. Creo que es lo único que nos separa de sacarnos los ojos entre nosotros. Un abrazo David¡¡¡

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .