Cosmología Gozosa — Alan W. Watts / The Joyous Cosmology: Adventures in the Chemistry of Consciousness by Alan W. Watts

Los libros de este autor no son fáciles de leer pero si interesantes. Me di cuenta de que mi realidad espiritual siempre se caracteriza por la desolación; imágenes mentales de calles desoladas, habitaciones vacías, ruinas desiertas, paisajes aislados, etc. Mi alma habita un universo desolado que carece del deseo de comunicarse porque no puede haber otro. Mi realidad espiritual también es irreal ya que alienta una completa aceptación de su carácter misterioso y de otro mundo. Es una ensoñación sobrenatural que nunca se convierte en un estado disociativo. Siempre he encontrado que es así y lo he descrito constantemente de esta manera.
Sin embargo, esta no es la realidad espiritual descrita en “The Joyous Cosmology”. Lo que Alan Watts describe es una realidad espiritual que no es irreal. Más bien es una realidad espiritual que es una conciencia muy intensa de la realidad física plenamente presente en la conciencia. También describe un maravilloso sentido de comunión con sus compañeros psicópatas y esto es definitivamente contrario a mi sensación de aislamiento espiritual.
Por lo tanto, he llegado a la conclusión de que no experimento la realidad espiritual definitiva sino más bien mi realidad espiritual particular. Para conocer la cosmología alegre necesitaría la ayuda de un enteógeno, pero incluso eso podría simplemente proporcionar una confirmación de mi realidad espiritual porque los enteógenos permiten que se exprese la naturaleza esencial de uno. No proporcionan una experiencia consistente para todos los usuarios. No producen la misma realización para todos los usuarios. Por la misma razón, el Zen puede resultar inútil frente a mi realidad espiritual. Puede parecer que el zen señala con el dedo en otra parte, pero sus prácticas, conceptos, preceptos, koans y comunidad me llevarán simplemente a mi destino habitual, que asumiré es hacia dónde debía conducirme el camino. Zen no es una religión dogmática. Simplemente te pide que vayas más allá del pensamiento y la experiencia para ti el aspecto esencial de tu verdadera naturaleza. El Zen es resbaladizo y ni siquiera se atreve a saber hacia dónde apunta su dedo.
Tenga en cuenta que solo estoy haciendo algunas observaciones. Yo no me comprometo con la verdad absoluta. No juzgo mi desolada irrealidad. No lo acuso de estar delirando. No juzgo el uso de enteógenos o la gozosa cosmología de Watts, aunque claramente contradice mi experiencia interna. No juzgo el Zen y sus prácticas.

1) Estas sustancias alteran la conciencia. No hay duda alguna sobre esta afirmación.
2) Carece de sentido hablar específicamente sobre “el efecto de la droga”. El ambiente y la situación, las expectativas y la atmósfera reinante explican toda la complejidad de la reacción. No existe una “reacción de la droga” sino que siempre tendremos la droga-y-el-ambiente. 3) Al hablar de potencialidades es útil considerar no solamente la droga-y- el-ambiente sino las potencialidades del córtex humano para crear imágenes y experiencias que van mucho más lejos que las estrechas limitaciones de las palabras y los conceptos.

La ciencia occidental está delineando ahora un nuevo concepto de hombre, no como un ego solitario dentro de una pared carnosa sino como un organismo que es lo que es en virtud de su inseparabilidad con el resto del mundo. Pero, aparte de rarísimas excepciones, ni incluso los científicos sienten que existen de esta manera. Ellos, y casi todos nosotros, conservamos un sentido de personalidad independiente, aislado, insular y apartado de las cosas que nos rodean. De alguna manera esta brecha ha de cerrarse y, entre los varios medios por donde se puede iniciar el cierre existen medicinas que la misma ciencia ha descubierto y que se puede demostrar que son los sacramentos de su religión.
Siglos de confusión semántica y prejuicios psicológicos han bloqueado el hecho clarísimo de que la mente y el cuerpo, la materia y la forma son una sola cosa. Creemos entonces que la mente controla el cuerpo y no que el cuerpo se controla a sí mismo a través de la mente. De ahí proviene aquel prejuicio tan arraigado de que la mente debe independizarse de todas las ayudas físicas que contribuyan a su funcionamiento, y ello a pesar de los microscopios, telescopios, fotografías, escalas, computadoras, libros, obras de arte, alfabetos y todos aquellos instrumentos físicos sin los cuales sería difícil saber si existe alguna vida mental.

A primera vista el miedo general y oficial a las drogas psicodélicas se basa en la ignorante asociación con venenos adictivos como la heroína, las anfetaminas y los barbitúricos. Beber café o whisky también es “usar drogas” y ello se permite aun cuando los efectos sean dañinos y los resultados creativos sean nulos. Se teme a las drogas psicodélicas por la misma razón que las ortodoxias católica, protestante e islámica han desaprobado e incluso condenado la experiencia mística. Conducen a un desencanto y apatía hacia las recompensas socialmente reconocidas de estatus y éxito, hacen que te rías con pretensión y pomposidad, y peor, te llevan a no creer en el dogma de la Iglesia-y-el-Estado según el cual todos somos huérfanos adoptados por Dios o pequeños gérmenes afortunados en un universo mecánico y estúpido.

La conciencia, el sentido de la percepción es siempre una sensación de contrastes. Es una especialización en diferencias en ver, y nada es definible, clasificable, o visible, si no es por contraste con otra cosa. Pero el hombre no vive sólo de la percepción, ya que el linear, el paso a paso, el procedimiento de atención contraste es totalmente inadecuado para organizar nada tan complejo como un cuerpo viviente. El mismo cuerpo tiene una “omnisciencia” que es inconsciente o supra consciente, ya que trata con relaciones en vez de contrastes, con harmonías más que discordias. El ‘‘piensa” organiza como crece una planta, no como un botánico descubre su crecimiento.
Esa es la razón de que Shiva tenga diez brazos, puesto que él representa la danza de la vida, la omnipotencia de ser capaz de hacer innumerables cosas a la vez.
Lo que la consciencia reconoce, es el hecho de que todos los límites y divisiones se apoyan en sus lados y áreas opuestos, así pues cuando un límite cambia su forma los dos lados se mueven juntos. Es como el símbolo chino del ying-yang los peces blancos y negros divididos por una S-curva inscritos en un círculo.
En este mundo de contrastes de conciencias ordinarias el hombre se siente a su gusto, por ser algo en la naturaleza, pero no algo perteneciente a ella. Le gusta o le disgusta. Lo acepta o lo resiste. La transforma o es transformado por ella. Pero en la base de la supraconsciencia esta división no existe. El organismo y el mundo a su alrededor son un único patrón de acción donde no hay ni sujeto ni objeto, realizador ni realizado. A este nivel no existe una cosa llamada dolor y otra llamada yo y que aborrece el dolor. El dolor y la “respuesta” al dolor son la misma cosa. Cuando uno se da cuenta de esto, se siente como si todo lo que pasa fuera por su gusto.
Actividad y pasividad son dos fases de un mismo acto.

La letra de una antigua escritura tántrica: “Al igual que las olas vienen con el agua y las llamas con el fuego, las olas universales con nosotros”.
Hemos de pensar que en el cerebro hay ecos e imágenes reflejadas por cada sentido, pensamiento y sentimiento, parloteando sin cesar en los túneles de la memoria. La dificultad está en que confundimos este almacén de información
con un comentario inteligente sobre lo que estamos haciendo en la presente, tomando equivocadamente por inteligencia la materia prima de la data con la que funciona.

Nos encontramos en una situación donde el hombre está hecho para el Sabbath, en vez del Sabbath para el hombre. Pero antes de que las acciones espontáneas puedan ser expresadas en pautas controladas, la corriente debe ponerse en marcha. Es decir, que debemos adquirir mucha más sensibilidad para ver qué quiere hacer el organismo, y aprender respuestas para sus movimientos interiores.
Nuestra lengua casi nos obliga a expresar esta idea de forma errónea —como si el “nosotros” que debe ser sensible al organismo y responsable, fueran dos cosas diferentes.
La experiencia mística tanto si es provocada por productos químicos o por otras cosas, hace posible que el individuo sea tan peculiarmente abierto y sensible a la realidad orgánica que se puede ver el ego a través de una transparente abstracción. Así surge (especialmente en los últimos efectos de la experiencia de las drogas) una fuerte sensación de uno mismo con los otros, muy parecido a la sensibilidad que le permite ver una bandada de pájaros convertirse en un cuerpo. Una sensación de este tipo parece llevar consigo una base mejor para el amor y orden social que la ficción de la voluntad separada del organismo.
El efecto general de las drogas es al parecer que disminuye las actitudes defensivas sin una percepción borrosa, como en el caso del alcohol. Damos cuenta de cosas contra las que normalmente nos protegemos, y esto pasa, siento, por la alta susceptibilidad a la ansiedad en las primeras fases de la experiencia. Pero sin las defensas empezamos a ver, no alucinaciones, sino aspectos normalmente ignorados de la realidad.
Estas curiosas medicinas que disuelven temporalmente nuestras defensas y nos permiten ver lo que una consciencia aisladora, normalmente ignora —el mundo como un todo interrelacionado. Esta visión está sin duda alguna más allá de cualquier alucinación producida por las drogas o de una fantasía supersticiosa. Muestra un parecido chocante al universo tan poco familiar que los físicos y biólogos están intentando descubrir de vez en cuando. Ya que la dirección clave de su pensamiento va hacia la revelación de un cosmos unido que ya no está dividido por los viejos tópicos irreconciliables de la mente y la materia, sustancia y propiedad, cosa y suceso, agente y acto, materia y energía. Y si así se convirtiera el universo en el que el hombre no es concebido para ser un sujeto solitario enfrentado a objetos ajenos y amenazadores, tendremos un cosmos no sólo unido sino también regocijante.

The books of this author are not easy to read but if interesting. I realized that my spiritual reality is always characterized by desolation; mental imagery of desolate streets, empty rooms, deserted ruins, isolated landscapes, etc. My soul inhabits a desolate universe which lacks the desire to communicate itself because there can be no other. My spiritual reality is also unreal in that it encourages a complete acceptance of its mystifying, otherworldly character. It is a supernatural reverie that never becomes a dissociative state. I have always found it to be thus and I have consistently described it thusly.
However, this is not the spiritual reality described in “The Joyous Cosmology”. What Alan Watts describes is a spiritual reality that is not unreal. Rather it is a spiritual reality that is a very intense awareness of physical reality fully present to consciousness. He also describes a wonderful sense of communion with his fellow psychonauts and this is definitely contrary to my sense of spiritual isolation.
Therefore I have come to the conclusion that I do not experience the definitive spiritual reality but rather my particular spiritual reality. In order to know the joyous cosmology I would need the assistance of an entheogen but even that might merely provide a confirmation of my spiritual reality because entheogens allow one’s essential nature to be expressed. They do not provide a consistent experience to all users. They do not bring about the same realization for all users. For the same reason Zen may prove to be useless in the face of my spiritual reality. Zen may seem to point the finger elsewhere but its practices, concepts, precepts, koans, and community will merely lead me to my usual destination which I will assume is where the path was meant to lead me. Zen is not a dogmatic religion. It merely asks you to go beyond thought and experience for yourself the essential aspect of your true nature. Zen is slippery and does not even presume to know where its finger is pointing.
Please note that I am only making some observations. I am noncommittal on absolute truth. I do not judge my desolate unreality. I do not accuse it of being delusional. I do not judge the use of entheogens or Watts’ joyous cosmology, although it clearly contradicts my inner experience. I do not judge Zen and its practices.

1) These substances alter consciousness. There is no doubt about this statement.
2) It makes no sense to talk specifically about “the effect of the drug”. The environment and the situation, the expectations and the prevailing atmosphere explain all the complexity of the reaction. There is no “drug reaction” but we will always have the drug-and-the-environment. 3) When talking about potentialities it is useful to consider not only the drug-and-the-environment but the potentialities of the human cortex to create images and experiences that go much further than the narrow limitations of words and concepts.

Western science is now delineating a new concept of man, not as a solitary ego within a fleshy wall but as an organism that is what it is by virtue of its inseparability with the rest of the world. But, apart from rare exceptions, not even scientists feel that they exist in this way. They, and almost all of us, maintain a sense of independent, isolated, insular personality and separated from the things that surround us. In some way this gap has to be closed and, among the various means by which the closure can be initiated, there are medicines that science itself has discovered and which can be demonstrated to be the sacraments of its religion.
Centuries of semantic confusion and psychological prejudices have blocked the very clear fact that mind and body, matter and form are one and the same. We believe then that the mind controls the body and not that the body controls itself through the mind. This is where the prejudice is so deeply rooted that the mind must become independent of all the physical aids that contribute to its functioning, despite microscopes, telescopes, photographs, scales, computers, books, works of art, alphabets and all those physical instruments without which it would be difficult to know if there is any mental life.

At first sight the general and official fear of psychedelic drugs is based on the ignorant association with addictive poisons such as heroin, amphetamines and barbiturates. Drinking coffee or whiskey is also “using drugs” and this is allowed even when the effects are harmful and the creative results are null and void Psychedelic drugs are feared for the same reason that Catholic, Protestant and Islamic orthodoxies have disapproved and even condemned Mystical experience leads to disenchantment and apathy towards the socially recognized rewards of status and success, make you laugh with pretension and pomposity, and worse, lead you to not believe in the Church-and-the-State dogma which we are all orphans adopted by God or lucky little germs in a mechanical and stupid universe.

Consciousness, the sense of perception is always a sensation of contrasts. It is a specialization in differences in seeing, and nothing is definable, classifiable, or visible, if it is not in contrast to something else. But man does not live only from perception, since the linear, the step by step, contrast attention procedure is totally inadequate to organize anything as complex as a living body. The same body has an “omniscience” that is unconscious or supra-conscious, since it deals with relationships instead of contrasts, with harmonies rather than discords. The ” thinks’ organizes as a plant grows, not as a botanist discovers its growth.
That is the reason that Shiva has ten arms, since he represents the dance of life, the omnipotence of being able to do innumerable things at once.
What consciousness recognizes, is the fact that all boundaries and divisions are supported by their opposite sides and areas, so when a limit changes its shape the two sides move together. It is like the Chinese symbol of the ying-yang black and white fish divided by an S-curve inscribed in a circle.
In this world of contrasts of ordinary consciences man feels at his pleasure, because he is something in nature, but not something belonging to it. He likes it or dislikes it. He accepts it or resists it. Transforms it or is transformed by it. But at the base of the supraconscience this division does not exist. The organism and the world around it are a single pattern of action where there is neither subject nor object, maker or realized. At this level there is no thing called pain and another thing called me and that abhors pain. Pain and the “response” to pain are the same thing. When you realize this, you feel as if everything that happens is out of your liking.
Activity and passivity are two phases of the same act.

The lyrics of an ancient Tantric script: “Like waves come with water and flames with fire, universal waves with us”.
We must think that in the brain there are echoes and images reflected by every sense, thought and feeling, chattering without ceasing in the tunnels of memory. The difficulty is that we confuse this information store
with an intelligent comment about what we are doing in the present, mistakenly taking for intelligence the raw material of the data with which it works.

We are in a situation where man is made for the Sabbath, instead of the Sabbath for man. But before spontaneous actions can be expressed in controlled patterns, the current must get going. That is, we must acquire much more sensitivity to see what the organism wants to do, and learn answers for its internal movements.
Our language almost forces us to express this idea in a wrong way -as if the “we” that must be sensitive to the organism and responsible, were two different things.
The mystical experience, whether caused by chemical products or by other things, makes it possible for the individual to be so peculiarly open and sensitive to the organic reality that the ego can be seen through a transparent abstraction. Thus it arises (especially in the last effects of the drug experience) a strong feeling of oneself with others, very similar to the sensitivity that allows you to see a flock of birds become a body. A sensation of this kind seems to carry with it a better basis for love and social order than the fiction of the will separated from the organism.
The general effect of drugs is apparently that it diminishes defensive attitudes without a blurred perception, as in the case of alcohol. We give account of things against which we normally protect ourselves, and this happens, I feel, because of the high susceptibility to anxiety in the first phases of the experience. But without the defenses we begin to see, not hallucinations, but normally ignored aspects of reality.
These curious medicines that temporarily dissolve our defenses and allow us to see what an isolated consciousness normally ignores – the world as an interrelated whole. This vision is undoubtedly beyond any hallucination produced by drugs or a superstitious fantasy. It shows a striking resemblance to the unfamiliar universe that physicists and biologists are trying to discover from time to time. For the key direction of his thinking is towards the revelation of a united cosmos that is no longer divided by the old irreconcilable platitudes of mind and matter, substance and property, thing and event, agent and act, matter and energy. And if that were to become the universe in which man is not conceived to be a solitary subject faced with foreign and threatening objects, we will have a cosmos not only united but also rejoicing.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .