La Terapia Del Slow Shopping: Consume Menos, Consume Mejor — Valérie Halfon / Slow shopping thérapie : Consommez moins, vous irez mieux (Slow Shopping Therapy: Consume Less, Consume Better) by Valérie Halfon

Interesante libro seamos claros sobre la definición de este mundo consumista, citando a Virginie Megglé: “Vivimos bajo el reino del exceso hasta llegar a la náusea. Todo acaba confundiéndose: el gato, el hijo, el coche, la casa, el último smartphone, las necesidades accesorias y las vitales. Pero la profusión de bienes en sí misma no puede ser fuente de satisfacción».
El dinero es un medio y un fin en sí mismo, tal y como la sociedad de consumo querría que lo creyéramos. Reflexionar sobre cómo consumimos significa hacerlo sobre nosotros mismos, nuestros gustos, nuestros deseos, nuestros objetivos…

Vivimos una crisis económica grave que es, ante todo, una crisis de sentido. También es una oportunidad para cambiar. Si se ha llegado hasta ahí es que se han cometido errores; no siempre nuestros, además, pero eso no importa. Lo importante es saber qué se quiere hacer con esta crisis. Evidentemente, nos podemos quejar o sentir miedo, pero también nos podemos replantear muchas cosas, empezando por nuestra forma de consumir y de gestionar nuestro dinero.
Sin información, es imposible tomar decisiones; en cambio, ante unas cifras concretas, ya no podemos negar lo evidente. Y es mejor así. Ya que de esta manera podemos reflexionar y decidir lo mejor para nosotros. Podemos empezar a actuar y a beneficiarnos de ello. Pero, contrariamente a lo que podríamos creer, eso no siempre pasa por el hecho de consumir más, sino todo lo contrario.
Si no gestionamos nuestro dinero, si no lo dominamos, corremos el riesgo de que se nos escape. En efecto, sin dinero no se puede hacer nada. Imposible crear una empresa, formar una familia, hacer realidad los sueños. ¡También hay que decir que deben ser nuestros propios sueños y no aquellos que nos inspiran las multinacionales!.
Vivimos en una sociedad consumista que nos repite a lo largo de todo el día que necesitamos muchas cosas para ser felices. Sin ser conscientes de ello, somos el juguete de las multinacionales y de las grandes empresas, que llegan a analizar lo que pasa en nuestros cerebros (a eso se le llama neuromarketing) para vendernos mejor sus productos. Las consecuencias pueden ser desastrosas.

La sociedad de consumo nos desconecta de nosotros mismos. Sin ni siquiera darnos cuenta, somos juguetes en manos de la publicidad, de la presión social, de los medios de comunicación… Cada vez queremos más cosas sin saber ya si lo que deseamos comprar corresponde o no a nuestras ansias.
Uno de los principales problemas de la sociedad de consumo. Nos convierte en seres desconectados de nuestros propios deseos y ansias. En seres pasivos. Pero solo basta con aprender a dominar nuestros gastos y convertirnos en actores de nuestro consumo para volver a oír la vocecita interior y reconectar con nosotros mismos.
Evidentemente, si queremos consumir cada vez más, siempre podemos hacer de todo para ganar más: horas extraordinarias, formaciones, montar un negocio… La lista es larga. Y como nada es gratis, hay un precio que pagar. Siempre está el riesgo de que nuestro proyecto no funcione. Y todos esos ratos que no se compartirán con los hijos o la pareja… Si no se está listo para cambiar drásticamente de vida, es mejor acostumbrarse a la idea de que la vida con menos puede ser mucho más bonita. Es más fácil reducir el tren de vida que correr para ganar más dinero.

El dinero ocupa todo el espacio en nuestras vidas porque nosotros se lo damos. Cuando eso pasa, somos incapaces de estar satisfechos con lo que tenemos, de disfrutar de lo que hay. Cuando soñamos con ser ricos, nos pasamos el tiempo quejándonos de nuestra vida sin sabor, mientras que necesitamos muy poco para aprender a estar encantados de nuevo con nuestra vida. Además, aunque no otorguemos mucha importancia al dinero, vivimos en una sociedad que le da un lugar primordial.
El dinero nunca debería ocupar las primeras plazas de nuestra vida: el ser humano debe pasar por delante de los resultados y del dinero. Y cuando empezamos a consumir de forma diferente, toda nuestra visión de la vida cambia. En vez de centrarnos en el consumo para ser más felices, nos dirigimos hacia los demás, de forma totalmente gratuita. La ayuda mutua, la solidaridad, la amabilidad pueden, por fin, formar parte integrante de nuestra vida.
Cuanto más esperemos que un bien nos haga felices, menos momentos felices esperamos de los demás y de nosotros mismos. Por el contrario, cuantos menos vínculos creemos entre bien y placer más sitio tendrá nuestra capacidad para crear felicidad. Nos daremos cuenta de hasta qué punto somos esclavos de la sociedad de consumo.

El dinero que se tiene o que no se tiene a menudo se vincula con la autoestima. Hoy en día, en nuestras sociedades de consumo, quien posee (dinero, bienes…) puede «estar orgulloso de sí mismo». El otro, el que posee poco, está al margen de la sociedad.
Como demuestran varios estudios realizados en Estados Unidos, el pain of paying (el dolor por pagar) es muy elevado al pagar en metálico. Por el contrario, subraya el investigador en neuroeconomía George Loewenstein, la tarjeta de crédito «anestesia el dolor de pagar»… Otros estudios han demostrado que cuando se paga un producto con tarjeta, nos centramos en las ventajas y los beneficios que ese producto va a proporcionarnos, mientras que si se paga en metálico, nos fijamos en el precio y los costes.
Además, con Internet, ahora podemos consumir de forma compulsiva sin ni siquiera salir del salón o del dormitorio. Ya no necesitamos pasear por la calle ni ir a mirar escaparates; podemos consumir de modo frenético con una simple conexión a Internet y una tarjeta de crédito.
Hoy en día todo está montado para que perdamos el control de nuestro dinero. Las multinacionales, los organismos de crédito, todos quieren convertirnos en consumidores y solo en consumidores. Si queremos volver a controlar nuestra vida, necesitamos ante todo volver a aprender a gestionar nuestro dinero, y para ello, volver a apropiarnos de nuestros deseos y nuestras necesidades.
El uso de la tarjeta de crédito solo es la punta visible del iceberg. El problema es que no siempre reflexionamos antes de comprar. La tarjeta de crédito solo permite que eso sea más fácil, esto es todo. Algunas personas deciden tirar su tarjeta de crédito y comprarlo todo en metálico.

¿El concepto de obsolescencia programada? Es el conjunto de técnicas que pretenden reducir la vida o el uso de un producto para aumentar su tasa de sustitución. Así, las empresas de electrodomésticos crean productos con una duración reducida de forma premeditada (contratan a ingenieros solo para ello). Por ejemplo, si se sitúa un elemento que calienta al lado de una pieza que no aguanta el calor, al cabo de un cierto tiempo de uso, el producto se averiará. Hace unos quince años, la duración de una lavadora de buena calidad era de diez a doce años, hoy no pasa de seis a nueve años. Ya que el objetivo de los industriales es hacernos comprar una novedad en los años siguientes.
Mientras que antes se sentían orgullosos de vender unos productos fiables y robustos que duraban, hoy solo buscan hacer que compremos cada vez con mayor frecuencia. Ya no importa que la marca deje de considerarse fiable. Todo el mundo sabe que todo se produce en Asia, a un precio muy barato…
En cuanto a los electrodomésticos, a menudo nos hacemos esta pregunta: ¿es mejor hacerlo reparar o comprar uno nuevo? Depende. Hay que comparar el precio de la reparación con el precio de compra de un nuevo aparato. Con los comparadores de precio en Internet fácilmente se puede comprobar cuál es la mejor solución. Al final se puede optar por la reparación por una razón ecológica. No es solo el aspecto económico el que cuenta. Además, a menudo, reparar resulta más barato pero depende precios electrodomésticos.

Así pues, no se trata de consumir menos, sino de consumir mejor. Hay que vivir con poca cosa para llegar a hacer grandes cosas.

-Hoy en día los jóvenes son cada vez más dependientes económicamente de sus padres. Ello se debe a múltiples razones: la primera, es que cada vez se entra más tarde en el mundo laboral; la segunda, es que la vida cada vez es más cara. Además, hay muchos jóvenes que siguen viviendo en casa de sus padres aunque ya hayan recibido su primer salario.
Pero, también en la actualidad, los jóvenes están mucho más mimados que los de las generaciones anteriores. Nacidos en plena sociedad de consumo, a menudo están acostumbrados a un tren de vida que su primer salario no siempre les puede garantizar.
Enseñe a sus hijos a ser responsables de sus finanzas en cuanto vea que son capaces de ello. Así, hay muchas posibilidades de que no recurran a usted sistemáticamente en cuanto tengan necesidad de dinero al ser adultos. Una buena forma de hacerlo es abrirles una cuenta ahorro cuando son jóvenes, incluso desde su nacimiento. Para que entiendan la importancia de ahorrar y puedan contar con una pequeña (o gran) suma de dinero más adelante, si lo necesitan.
-El presupuesto de un soltero no es el de una familia con cuatro hijos. El soltero sin hijos no debe asumir varias partidas como la educación o la paga. Los importes difieren en la mayoría de las demás partidas (alimentación, alquiler…). Cuando se está solo, únicamente hay que ocuparse de uno mismo. Cuando se pasa por una mala situación económica, no se puede acusar al cónyuge ni a los hijos… A priori, debería ser más fácil controlar el presupuesto, ya que, justamente, solo nosotros gastamos. Sin embargo, hay muchos solteros con problemas económicos a pesar de que cuentan con un salario correcto.
-(parejas) La forma en la que cada uno gestiona (o no) su dinero, en la que cada uno gasta (o no) el dinero ganado puede hacer que una pareja se rompa. Según muchos estudios, es una de las principales razones por las que un matrimonio corre el riesgo de divorciarse. Y aún más si cada uno de ellos procede de horizontes diferentes: si cada uno ha recibido una educación concreta con relación al dinero y sus puntos de vista pueden llegar a enfrentarse en el seno de la pareja. Además, cuando hablo con parejas, noto hasta qué punto el dinero es un tema altamente sensible.

Resumiendo, las Díez reglas de oro.

  1. Vivir con poca cosa para llegar a hacer grandes cosas.
  2. Gastar en función de los ingresos.
  3. Dar valor a los placeres simples.
  4. El dinero es un medio y no un fin en sí mismo.
  5. Rechazar la pasividad.
  6. Tener las cifras en la cabeza: eso ayuda a tomar decisiones y mantener el rumbo.
  7. Intente, siempre que sea posible, no contratar préstamos al consumo.
  8. Decida usted solo sus gastos. No deje que nadie lo haga por usted. Ni los medios de comunicación, ni los amigos, ni los compañeros de trabajo…
  9. Antes de tomar una decisión, ponga en un lado de la balanza lo que pierde (los contras) y en el otro lo que gana (los pros). ¿A qué lado se inclina la balanza?
10. Vivir en la bondad, la ayuda mutua y la capacidad de compartir. Eso es lo esencial.

Interesting book let’s be clear about the definition of this consumer world, quoting Virginie Megglé: “We live under the reign of excess until we reach nausea. Everything ends up getting confused: the cat, the son, the car, the house, the last smartphone, the accessory and vital needs. But the profusion of goods in itself can not be a source of satisfaction. ”
Money is a means and an end in itself, just as the consumer society would want us to believe. Reflecting on how we consume means doing it about ourselves, our tastes, our desires, our goals …

We are experiencing a serious economic crisis that is, above all, a crisis of meaning. It is also an opportunity to change. If it has arrived until there is that mistakes have been made; not always ours, besides, but that does not matter. The important thing is to know what you want to do with this crisis. Obviously, we can complain or feel afraid, but we can also rethink many things, starting with our way of consuming and managing our money.
Without information, it is impossible to make decisions; On the other hand, in the face of concrete figures, we can no longer deny the obvious. And it’s better that way. Because in this way we can reflect and decide what is best for us. We can start to act and benefit from it. But, contrary to what we might believe, that does not always happen because of consuming more, but quite the opposite.
If we do not manage our money, if we do not control it, we run the risk of it slipping away. In effect, without money you can not do anything. Impossible to create a company, start a family, make dreams come true. We must also say that they must be our own dreams and not those that inspire us multinationals !.
We live in a consumer society that repeats throughout the day that we need many things to be happy. Without being aware of it, we are the toy of multinationals and big companies, who come to analyze what happens in our brains (this is called neuromarketing) to sell us better their products. The consequences can be disastrous.

The consumer society disconnects us from ourselves. Without even realizing it, we are toys in the hands of advertising, social pressure, the media … Every time we want more things without knowing whether or not what we want to buy corresponds to our desire.
One of the main problems of the consumer society. It makes us beings disconnected from our own desires and cravings. In passive beings. But just enough to learn to master our expenses and become actors of our consumption to hear the inner voice again and reconnect with ourselves.
Obviously, if we want to consume more and more, we can always do everything to earn more: overtime, training, start a business … The list is long. And since nothing is free, there is a price to pay. There is always the risk that our project will not work. And all those times that will not be shared with the children or the couple … If you are not ready to change life drastically, it is better to get used to the idea that life with less can be much prettier. It is easier to reduce the life train than to run to earn more money.

Money occupies all the space in our lives because we give it to them. When that happens, we are unable to be satisfied with what we have, to enjoy what is there. When we dream of being rich, we spend our time complaining about our life without flavor, while we need very little to learn to be enchanted again with our life. In addition, although we do not attach much importance to money, we live in a society that gives it a primordial place.
Money should never occupy the first squares of our life: the human being must pass in front of the results and the money. And when we start to consume differently, our whole vision of life changes. Instead of focusing on consumption to be happier, we turn to others, completely free of charge. Mutual aid, solidarity, kindness can, at last, be an integral part of our life.
The longer we wait for a good to make us happy, the less happy we expect from others and from ourselves. On the contrary, the fewer links we create between good and pleasure, the more room our capacity to create happiness will have. We will realize to what extent we are slaves of the consumer society.

Money that you have or do not have is often linked to self-esteem. Nowadays, in our consumer societies, whoever owns (money, goods …) can “be proud of himself”. The other, the one who has little, is on the margins of society.
As shown by several studies conducted in the United States, the pain of paying (pain to pay) is very high when paying in cash. On the contrary, stresses the researcher in neuroeconomics George Loewenstein, the credit card «anesthesia the pain of paying» … Other studies have shown that when a product is paid by card, we focus on the advantages and benefits that product will provide us, while if paid in cash, we look at the price and costs.
In addition, with the Internet, now we can consume compulsively without even leaving the room or the bedroom. We no longer need to walk in the street or go to look at shop windows; We can consume frantically with a simple Internet connection and a credit card.
Today everything is set up so that we lose control of our money. The multinationals, the credit agencies, all want to become consumers and only consumers. If we want to control our lives again, we need first of all to learn to manage our money again, and to do so, to regain our desires and our needs.
The use of the credit card is only the visible tip of the iceberg. The problem is that we do not always reflect before buying. The credit card only allows that to be easier, that’s all. Some people decide to throw away their credit card and buy everything in cash.

The concept of programmed obsolescence? It is the set of techniques that aim to reduce the life or use of a product to increase its replacement rate. Thus, appliance companies create products with a reduced duration in a premeditated way (they hire engineers only for this purpose). For example, if a heating element is placed next to a piece that can not withstand the heat, after a certain time of use, the product will break down. About fifteen years ago, the duration of a washing machine of good quality was ten to twelve years, today it does not exceed six to nine years. Since the objective of the industrialists is to make us buy a novelty in the following years.
Whereas before they were proud to sell reliable and robust products that lasted, today they only seek to make us buy more and more frequently. It no longer matters that the brand is no longer considered reliable. Everyone knows that everything is produced in Asia, at a very cheap price …
As for household appliances, we often ask ourselves this question: is it better to have it repaired or bought a new one? It depends. You have to compare the price of the repair with the purchase price of a new device. With the price comparators on the Internet you can easily check which is the best solution. In the end you can opt for the repair for an ecological reason. It is not only the economic aspect that counts. In addition, often, repair is cheaper but appliance prices depend.

Thus, it is not about consuming less, but about consuming better. You have to live with little to get to do great things.

-Today young people are increasingly dependent economically on their parents. This is due to multiple reasons: the first is that each time you enter the labor world later; the second is that life is becoming more expensive. In addition, there are many young people who still live in their parents’ house even though they have already received their first salary.
But, also at present, young people are much more pampered than those of previous generations. Born in the middle of the consumer society, they are often accustomed to a train of life that their first salary can not always guarantee.
Teach your children to be responsible for their finances as soon as they see that they are capable of it. Thus, there are many possibilities that they do not systematically resort to you as soon as they need money when they are adults. A good way to do this is to open a savings account when they are young, even from birth. So they understand the importance of saving and can have a small (or large) sum of money later, if they need it.
-The budget of a bachelor is not that of a family with four children. The single without children should not assume several items such as education or pay. The amounts differ in most other items (food, rent …). When you are alone, you only have to take care of yourself. When you go through a bad economic situation, you can not accuse the spouse or children … A priori, it should be easier to control the budget, because, just, only we spend. However, there are many singles with economic problems even though they have a good salary.
– (couples) The way in which each manages (or not) their money, in which each one spends (or not) the money earned can cause a couple to break. According to many studies, it is one of the main reasons why a marriage risks divorcing. And even more so if each of them comes from different horizons: if each one has received a concrete education in relation to money and their points of view can come to face in the bosom of the couple. Also, when I talk to couples, I notice how much money is a highly sensitive issue.

In short, the ten gold rules.

1. Live with little to get to do great things.
2. Spending according to income.
3. Give value to simple pleasures.
4. Money is a means and not an end in itself.
5. Reject passivity.
6. Having the numbers in your head: that helps you make decisions and stay on track.
7. Try, whenever possible, not to hire consumer loans.
8. Decide only your expenses. Do not let anyone do it for you. Neither the media, nor friends, nor co-workers …
9. Before making a decision, put on one side of the scale what you lose (the cons) and on the other what you earn (the pros). On which side is the balance tilted?
10. Live in kindness, mutual help and the ability to share. That is the essential.

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