Así Se Domina El Mundo: Desvelando Las Claves Del Poder Mundial — Pedro Baños Bajo / The World Is Dominated: Revealing the Keys to World Power by Pedro Baños Bajo (spanish book edition)

El coronel Pedro Baños nos muestra las tácticas y estrategias que han seguido los diferentes países (sobre todo potencias) a través de la historia, y sobre todo en el siglo xx, para hacerse con el dominio del mundo, de sus áreas de influencia, o mantenerse en primera línea del poder mundial.
Las va desgranando sucesivamente, con un estiro claro, ameno y accesible, y proponiendo numerosos ejemplos de cada una de ellas, para ilustrar sus proposiciones, lo cual hace que esté estructurado de una forma muy clara, a modo casi de manual introductorio.
Por ello, que nadie busque un estudio profundo de complejas relaciones entre países; es muy sencillo y muy básico; de hecho, son cosas que ya se presuponen: el “todo vale”, el que los amigos de hoy al día siguiente son tus enemigos, que no hay ideologías, que se puede decir una cosa y la contraria sin empachos, hacer acciones infumables y justificarlas como algo bueno, etc.
Destaca la preponderancia actual del control de internet, la economía y los recursos, más que el de la mera fuerza bruta militar, que solo se usa ya para ocasiones puntuales. Hoy día se puede arrasar un país sin necesidad de enviar un solo soldado: basta con controlar su economía.
De esta manera el lector que no esté familiarizado con la historia o la política mundial podrá entender mejor algunos conflictos actuales que normalmente no son mencionados en las noticias o son narrados de otra manera.
Si antes de la lectura del libro alguien pensaba que las relaciones internacionales se sustentan en acuerdos de paz, democracia, justicia, libertad, etc., enseguida se le quitará la venda de los ojos.
Sin embargo se crea debate en El coronel Baños se rasga las vestiduras por la hipocresía y el cinismo de Occidente en general, y de los Estados Unidos en particular, a la hora de establecer estrategias de desinformación, contrainteligencia y dominación en la guerra ideológica, econoómica y política que ha sostenido y sostiene Occidente contra la antigua URSS, y hoy contra China, Rusia, el mundo árabe, Irán y tantos otros, que no son precisamente Santa Teresita del Niño Jesús. Es obligación de los Estados Unidos y de los paises occidentales, y concretamente de sus militares (y, por tanto, debería ser la obligación del señor Baños) desarrollar esas estrategias que nos protejan y mantengan nuestra superioridad militar, tecnológica y económica sobre nuestros adversarios, porque, de no ser así, nos harían picadillo, ya que no tienen ni por asomo los remilgos que tiene Occidente. El coronel Baños debería recordar que durante 4 años, Estados Unidos dispuso del monopolio absoluto de la bomba atómica, desde 1945 a 1949 y, si hubiera querido, podía haber convertido Rusia en un horno crematorio. Pero no lo hizo porque, aunque el coronel Baños no lo crea, un país occidental se comporta con menos salvajismo que un pais no occidental, porque todos no somos iguales. El libro es implacable contra Occidente y Estados Unidos en particular, mientras que es comprensivo con la posición de Rusia en Ucrania y el Cáucaso y laudatorio y admirativo hacia el mundo árabe y China, como si fuesen sociedades mejores y más sanas que las nuestras. Pues algo hará bien Occidente, a pesar de lo que opine o desee el coronel Baños, cuando llevamos 500 años a la cabeza del progreso de la Humanidad, a pesar de nuestros errores, nuestros defectos y nuestras miserias.

La innegable globalización y la creciente interdependencia de los países hacen que la geopolítica haya pasado de estar exclusivamente limitada a la tierra —el prefijo geo- la constreñía a un territorio dado, a un espacio físico muy concreto— a referirse a la Tierra, a todo el globo terráqueo. En consecuencia, hasta los países más pequeños están obligados hoy en día a establecer su geopolítica, pues poco habrá de lo que pase en el resto del mundo que no les afecte de un modo u otro. E incluso afecta ya al espacio exterior del planeta, pues la necesidad de buscar nuevas fuentes de recursos y energía.
No hay nada más hipócrita y cruel que la política internacional, pues todo lo que en ella se gesta y realiza está basado exclusivamente en los intereses de cada país, los cuales son siempre efímeros y cambiantes, y muy poco o nada tienen que ver con los de los demás Estados. La política nacional también es despiadada y cainita, sin ningún miramiento hacia el adversario político, pues cualquier medida que contra él se adopte se considera legítima mientras sirva para debilitarlo y expulsarlo del poder, con la única intención de ocupar su lugar. Aun así, es de suponer que todos los grupos políticos —incluso los más dispares— persiguen el mismo fin e interés, el bien de sus ciudadanos y de su nación, aunque cada uno lo interprete con una aproximación diferente según sus afinidades ideológicas.
Pero en el ámbito internacional en que se mueve la geopolítica no hay ningún fin común, al menos no permanente, que sirva para refrenar los más bajos instintos, ni siquiera un rescoldo que siempre se mantenga vivo y pueda servir de cohesionador. Los intereses comunes son tan perecederos que enseguida se pudren y pasan a ser sustituidos por otros, por lo que alianzas, amistades es algo baladí.
En este contexto mundial de violencia endémica, el político estadounidense Henry Kissinger —consejero de Seguridad Nacional (1969-1975) y secretario de Estado (1973-1977)— ha señalado que las superpotencias se comportan a veces como dos ciegos fuertemente armados buscando su camino dentro de una habitación, convencido cada uno de hallarse en peligro mortal frente al otro, al que supone con una visión perfecta. Con el tiempo, ambos pueden acabar por hacerse mutuamente un daño enorme, por no decir nada sobre la habitación que ocupan, es decir, el planeta Tierra. Esto ha sucedido y puede volver a suceder, convulsionando completamente a la humanidad habida cuenta del inmenso potencial destructor del que disponen en la actualidad las superpotencias, y no solo desde el punto de vista nuclear. Por este motivo, la solución sería el diálogo permanente entre los grandes, pero no deja de ser una utopía ante los eternos deseos de poder absoluto.

El Estado debe atender a sus necesidades vitales y existenciales, tanto las básicas de supervivencia y mantenimiento del statu quo como las de desarrollo y evolución. Para satisfacer estas prioridades «fisiológicas», debe atender a dos frentes diferentes aunque íntimamente relacionados entre sí: las necesidades básicas de la población, sobre todo centradas en la alimentación, y las de la industria, para las que precisará materias primas y recursos energéticos.
El acelerado desarrollo industrial que se está dando en todo el mundo, incluidos países que hasta hace no muchos años mostraban un amplio desfase, como China e India, consume cada vez mayores recursos naturales, entre los que destacan los hidrocarburos y los minerales. Para Thual, Estados Unidos comenzó su fuerte penetración en África durante la Administración Reagan con el propósito de controlar las riquezas del continente, desde las mineras y las energéticas, necesarias para la industria, hasta las agrícolas. Según este geopolítico francés, entre los principales factores del origen de los conflictos en el África contemporánea están los intereses de las grandes potencias, cuyos objetivos han derivado en una guerra económica por el control de las materias primas. También añade que la Ucrania actual se ha convertido en un escenario de rivalidad entre Estados Unidos y sus aliados, de una parte, y Rusia, de la otra. Los motivos se encuentran en tratar de impedir el acceso de Moscú al mar Negro —de ahí la pugna por Crimea— y por los importantes recursos naturales de todo tipo que tiene el suelo ucraniano y que pueden ser una despensa esencial para la economía occidental. Del mismo modo, Thual y Labévière no tienen reparo en afirmar que lo que está en juego en el Ártico es el reparto de las riquezas petrolíferas y minerales. Según ambos, Estados Unidos persigue en Groenlandia asegurar que la futura exploración de las riquezas naturales y de las sociedades industriales y comerciales sea efectuada por empresas norteamericanas. Actualmente el principal empleador groenlandés es la empresa estadounidense Alcoa, una de las grandes productoras mundiales de aluminio en bruto, muy activa en los sectores clave de la industria, como el armamento, el aeroespacial, la automoción o la construcción.

Según un informe publicado el 24 de mayo de 2016 en la página web Investopedia, las cinco familias más ricas del mundo son:

1)  Los Rothschild, establecidos desde sus orígenes en el siglo XVIII en algunas de las principales ciudades europeas (Frankfurt, Londres, Nápoles, París y Viena). Las ramificaciones de esta extensa dinastía, que ha hecho de la discreción una marca de identidad, siguen acumulando una inmensa fortuna que ciertos analistas financieros estiman en hasta dos billones de dólares (es decir, 2.000.000.000.000 millones).
2)  La Casa Saúd, de Arabia Saudí, cuya fortuna se calcula en unos 1,4 billones de dólares.
3)  La familia estadounidense Walton, dueña de los grandes almacenes Walmart y poseedora de unos 152.000 millones de dólares. Sus empleados superan los 2,2 millones, siendo el mayor empleador no estatal del mundo.
4)  La familia Koch, también estadounidense, que atesora unos 89.000 millones de dólares, invertidos en numerosos negocios.
5)  La familia Mars, igualmente estadounidense y propietaria de la mayor compañía privada de dulces diversos. Su fortuna se eleva a unos 80.000 millones de dólares.

Si hay un motor indiscutible que mueve al ser humano, ese es el dinero. Y no por el vil metal en sí mismo, sino por lo que con él se consigue: bienes, servicios y voluntades. Pues el dinero es un instrumento para satisfacer el fin supremo: el poder. Por eso, la lucha por conseguirlo, conservarlo y disponer de mayores sumas que los demás ha sido y será un combate eterno.

Las alianzas son muy arriesgadas para los países menos fuertes, que fácilmente se pueden ver arrastrados por los poderosos a acciones que en nada o poco los favorecen. Cierto es que no siempre es posible sustraerse al influjo de los grandes, pero los dirigentes de los Estados más débiles deben actuar con la suficiente valentía y dignidad para no ceder en todo lo que se les indique, si realmente quieren servir a sus ciudadanos en vez de pensar en sus propios intereses. Y sin olvidar que, en el momento en que pierdan su utilidad, serán apartados sin miramientos por los mismos que les prometían la gloria. Una de las lecciones que se pueden extraer de lo expuesto es, como decía Maquiavelo en El príncipe, que «las únicas defensas buenas, seguras y duraderas son las que dependen de ti mismo».

Desde la desaparición de la Unión Soviética, se ha intentado cercar a Rusia con un doble objetivo: impedir que este país vuelva a convertirse en una gran potencia e intentar que se mantenga en el papel de potencia regional. Para ello se ha llevado a cabo el proceso de «otanización» de su antiguo espacio imperial-soviético, así como el fomento de los conflictos identitarios en el Cáucaso y en Asia Central. Actualmente se podría añadir la situación que se vive en Ucrania, y que claramente ha sido dirigida para restar bazas geopolíticas a Moscú. El geopolítico francés es rotundo al afirmar que, para Moscú, no hay ninguna duda de que existe una voluntad de reducir a Rusia favoreciendo los separatismos y la imposición de una especie de cordon sanitaire entre ella y los antiguos territorios que controlaba durante la época de los zares o del comunismo soviético.
La República Popular de China es el país con más vecinos directos, pues comparte fronteras con catorce Estados diferentes (Corea del Norte, Rusia, Mongolia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Afganistán, Pakistán, India, Nepal, Bután, Myanmar, Laos y Vietnam) y bordes marítimos con Japón, Corea del Sur, Filipinas y Vietnam.
En la actualidad, China «simula y disimula». Deng Xiaoping fue uno de los dirigentes comunistas más importantes durante la época de Mao Zedong, impulsor del Gran Salto Adelante, la política que pretendía reformar la economía china. Apartado del partido durante la Revolución Cultural atizada por Mao frente a los reformistas, Deng volvió a la política en 1978, tras la muerte del Gran Timonel. Introdujo las reformas económicas de tipo capitalista, pero manteniendo el discurso comunista, lo que ha convertido a China en menos de cuarenta años en líder regional y gran potencia mundial. Sin embargo, si se piensa en la China de hace veinte o incluso diez años, nadie la consideraría hoy una digna competidora de Estados Unidos. Al menos no una tan importante como para que Washington pivote su política exterior desde Europa y Oriente Medio a Asia-Pacífico, como empezó a hacer la Administración Obama.
También pudiera ser que simplemente China esté llevando a cabo una estrategia mediante la cual puede actuar como una superpotencia mundial, pero sin tener que asumir las responsabilidades que conlleva. Una de las grandes inquietudes geopolíticas actuales es si el despertar de China será pacífico o agresivo, no olvidando que, en marzo de 2014, Xi Jinping comparó a China con un león que despertaba, aunque «pacífico, agradable y civilizado». Las dudas proceden de la desconfianza que produce que China oculte sus verdaderas intenciones tras el humo del desarrollo.

La legalidad internacional para China.
-Respeto mutuo de la soberanía y la integridad territorial. (La situación actual de Siria pone en duda la aplicación real de este principio.)
-No agresión contra los demás. (Cada vez se respeta menos, según se ve en los recientes conflictos.)
-No interferencia en los asuntos internos ajenos.
-Igualdad y beneficio mutuo. (Los países más débiles tienen menos probabilidades de ser respetados, sobre todo cuando hay intereses enfrentados.)
-Coexistencia pacífica. (Los intereses económicos y geopolíticos garantizan poca paz y mucha competencia.)
-No emplear la fuerza ni la amenaza de su empleo. (La amenaza del empleo de la fuerza es permanente, pues forma parte del juego geopolítico y es uno de los pilares de la disuasión.)
-Autodeterminación nacional. (Habría que comenzar por definir «nación», pues solo se la reconoce como tal cuando interesa a los poderosos.
-Respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales. (China es el primer país acusado de no cumplirlos. —Muchas veces son empleados como palanca geopolítica para intervenir allí donde se cree conveniente.)
-Cooperación internacional y honesto cumplimiento de las obligaciones internacionales. (Dependerá de los intereses del momento, pues abunda más la competencia que la cooperación.)
-Resolución pacífica de las disputas internacionales.

El fabuloso poder que tiene una religión. Pues imaginemos ahora cuando a ella se vincula una ideología liberalizadora, esperanzadora y basada en principios de igualdad y justicia social. Aunque luego, en la práctica, no se palpe en tantos campos, como el papel de la mujer y la imposibilidad de ejercer ciertas libertades consideradas básicas en el mundo occidental, como la sexual, la de conciencia o la mera oposición política. Pero, aun así, el atractivo para cierto tipo de personas, que se ven a sí mismas como marginadas y postergadas en las sociedades en las que viven, es muy fuerte. Si Marx aseguraba que «la religión es el opio del pueblo», se puede ir más lejos y concluir que la mezcla religión-ideología es la más potente de las drogas, dejando a las personas que la consumen totalmente inermes y a plena disposición de los que, con fines espurios, las quieran manejar.
El otro gran enemigo actual es el radicalismo islamista, que algunos quieren ver como el destructor de Occidente. Así, desde la desmembración de la Unión Soviética y el fin de la amenaza que suponía el comunismo tanto para los occidentales (por cuestiones ideológicas) como para el mundo musulmán (por aspectos religiosos, pues se enfrentaban fe y ateísmo), estos dos últimos parecen haber encontrado un nuevo adversario al que enfrentarse: ellos mismos. La pugna se prolongará largo tiempo. Por lo menos hasta que surja un nuevo enemigo que una a ambos contra este tercero o haga que estén tan entretenidos con el recién llegado al combate que olviden las actuales rencillas o bien estas queden latentes.

Según algunos estudios, hoy en día tan solo seis compañías poseerían, directa o indirectamente, el 95 % de los principales medios de comunicación del mundo (televisión, radio, medios escritos, productoras de películas, etc.), concentrando 1.500 periódicos, 1.100 revistas, 2.400 editoriales, 1.500 cadenas de televisión y 9.000 emisoras de radio. Para otras fuentes que aportan más detalles, los principales conglomerados de medios de comunicación, incluido el cine, son los siguientes (en un orden relativo, pues conocer su auténtico potencial económico es casi imposible dado el entramado de empresas y sociedades):

Comcast: estadounidense; primero del mundo.
The Walt Disney Company: estadounidense; segundo del mundo. Su presidente —desde 2000— y director ejecutivo —desde 2005— es Robert A. Iger, de origen judío.
Time Warner: estadounidense; tercero mundial. Dirigido por Gerald M. «Jerry» Levin, judío.
Twenty-First Century Fox: estadounidense; cuarto del mundo. El principal accionista es Keith Rupert Murdoch.
CBS Corporation: estadounidense. Summer Redstone (Rothstein), judío, es el dueño mayoritario y presidente de la junta directiva de National Amusements, lo que le permite controlar, junto con su familia, de modo mayoritario la CBS Corporation.
Viacom: estadounidense; una de las mayores corporaciones de Estados Unidos. Como en el caso anterior, Redstone es el dueño mayoritario y presidente de la junta directiva de National Amusements, por lo que controla Viacom.
Bertelsmann: alemán.
Grupo Globo: brasileño; primero de Iberoamérica.
Hearst Corporation: estadounidense.
Lagardère Group: francés.
News Corp: estadounidense. El principal accionista es Murdoch.
Grupo Televisa: mexicano.
Sony Corporation: japonés, aunque su negocio de comunicación está basado en Estados Unidos a través de su filial Sony Corporation of America, que incluye Sony Pictures Entertainment.
Vivendi: francés.

De ellas, se puede observar que diez son americanas (ocho estadounidenses —las principales—, una brasileña y una mexicana); tres, europeas (dos francesas y una alemana); y solo una, asiática, aunque su negocio de comunicación se localiza en Estados Unidos.

A pesar de las lecciones que ofrece la Historia, se han cometido una y otra vez los mismos errores en escenarios como Afganistán, Pakistán, Irak o Yemen, donde han proliferado en los últimos tiempos el uso de drones y los bombardeos sistemáticos. Esto, unido al principio de la venganza, tan arraigado en estas partes del mundo, solo ha conseguido enraizar los conflictos durante muchos decenios venideros.
Sin ir más lejos, existe una gran incomprensión hacia el mundo oriental, que se agudiza cuando se trata de seguidores de la fe predicada por Mahoma. Según Pedro Herranz, los orientales tienen un ángulo visual que no se acomoda al punto de vista que, en la mayor parte de las cuestiones, suelen tener los occidentales.
Uno de los errores clásicos, y no por ello menos repetido, ha sido el cometido con los pastunes, una nación sin Estado formada actualmente por más de cuarenta millones de personas (13,8 millones en suelo afgano y 26,6 millones en Pakistán). Los pastunes fueron divididos entre dos países cuando, en 1893, los británicos decidieron establecer la línea Durand como límite de separación de las áreas de influencia de Afganistán y la India británica.
Además de la multiplicidad étnica que se da en Afganistán entre pastunes, tayikos, hazaras, uzbekos y turcomanos, solo entre los primeros hay unas sesenta tribus identificadas y que se diferencian entre ellas, de las que surgen otras cuatrocientas subtribus, que también se ven diferentes. Con una estructura política que solo responde a la familia o el clan, este gran grupo humano siempre ha estado orgulloso de su independencia, por lo que nunca ha aceptado al gobernante de turno establecido en Kabul, que a lo largo de los últimos ciento cincuenta años ha sido mayoritariamente impuesto desde el exterior.
Las únicas leyes que imperan entre este legendario pueblo —con más de cinco siglos de historia, que algunos cifran en 2.500 años por estimar que el historiador griego Herodoto ya los situaba en esas tierras— son las que se desprenden de su propio código no escrito: el pastunwali. Este código recoge algunos de los principios que son el verdadero pilar de su sociedad: melmastia, el deber de hospitalidad y protección para con los huéspedes; nanawati, que implica proporcionar asilo y santuario al fugitivo; y badal, la venganza ante cualquier insulto, robo de propiedad, ofensa a la reputación personal o de la familia inmediata, así como por herir o matar a un familiar.
Este aspecto de la venganza sigue sin ser bien entendido por los occidentales, especialmente por aquellos de los países donde no es habitual su práctica. Concretamente, en los de tradición católica es casi imposible de comprender el significado de la venganza. En estas sociedades, cuando alguien es víctima de una afrenta, por grave que sea, la reacción que se ha inculcado es la del perdón, y no la búsqueda de una satisfacción por medio del desquite personal.
Este mundo árabe, en donde hasta la perspectiva del tiempo es diferente, es difícil de comprender para quienes proceden de sociedades y culturas más abiertas y condescendientes, donde a pocas cosas se les da valor, los principios sociales se diluyen, todo se puede cuestionar y muchas tradiciones se han banalizado o directamente perdido. Un mundo occidental donde cualquier actitud es permisible y está tolerada, estando por el contrario mal visto quien se atreve a poner límites o barreras incluso a los mayores excesos, es incapaz de entender que existan sociedades tan diferentes basadas en principios que pueden a ser radicalmente opuestos.

Disponer de abundante información puede llegar a generar un exceso de confianza que provoque falsa seguridad e impida que haya opiniones contrarias. Conviene recordar que, cuando se tienen demasiadas opciones, el mecanismo de pensamiento de una persona normal tiende a bloquearse.
Sin duda, la superabundancia de información puede servir al adversario para saturar la cadena de decisión y convertirse así en un arma poderosa.
John G. Stoessinger llega a la conclusión de que el factor más importante que precipita el inicio de una guerra es un conjunto de percepciones erróneas, las cuales se manifiestan principalmente de cuatro modos diferentes: la imagen que el líder tiene de sí mismo; la perspectiva del líder sobre el carácter de su adversario; la visión del líder de las intenciones del adversario hacia él; y la imagen del líder respecto a las capacidades y poder del enemigo. Como podemos observar, el líder va a ser el gran responsable de la entrada en guerra, principalmente por su visión distorsionada del poder y del carácter del adversario.
Uno de los mayores fallos que se pueden cometer es ir en contra de las religiones. Los que así lo han hecho, por lo general han terminado fracasando. La religión da a las personas que la profesan con pasión una fuerza que se convierte en imparable, que multiplica sus capacidades y su moral, impulsándolas a sacrificios inimaginables. No hay enemigo más temible, ni con el que sea más imposible cualquier tipo de negociación, que el combatiente fanatizado por sus creencias religiosas. Es el soldado perfecto, deseoso de entrar en guerra y morir en ella en defensa de sus credos. Por eso, los grandes líderes inteligentes han buscado la forma de alcanzar algún tipo de pacto con los guías religiosos. Mientras, los que se empeñaron en ir contra los dogmas de fe ajenos se vieron envueltos en largos y sangrientos enfrentamientos, resultando en muchos casos perdedores aun cuando teóricamente disponían de ventaja, fuera por calidad del armamento o por superior número de combatientes. Igualmente sucede en el ámbito político y geopolítico, en el que se siguen estrellando dirigentes que tienen una percepción errónea del significado de la religión por el simple hecho de no ser ellos mismos practicantes.
Si hay algo por lo que una persona, de modo absolutamente irracional, esté dispuesta a morir y matar, es por su fe, por sus creencias religiosas. No importa si posee un alto coeficiente intelectual o una amplia cultura, pues la inteligencia no excluye el fanatismo, ni este es propio únicamente de ignorantes.
En todas las religiones hay extremistas que, astutamente manipulados, pueden llegar a convertirse en verdaderos salvajes en defensa de sus dogmas. Fanáticos cuyas ideas, una vez que han permeado su mente, son prácticamente imposibles de extirpar y tampoco se pueden encerrar en una prisión. Por eso, cuando se trata con la religión, el cuidado ha de ser exquisito. De otro modo, puede ser la ruina de la sociedad que contra ella se enfrente.

Una nueva guerra mundial, que afecte a la mayoría de los países, es hoy por hoy improbable, aunque no imposible. Se viven momentos de enorme incertidumbre y volatilidad en un escenario mundial cada vez más complejo en el que los cambios se suceden con una rapidez inusitada, favorecidos por la tecnología, especialmente la de las comunicaciones. Por esto no debemos descartar que, en última instancia, la permanente tensión pueda desembocar en un choque militar a gran escala y de alta intensidad entre potencias, por más que por ahora la probabilidad sea baja.
De momento, la pugna solo se está librando a través de actores interpuestos y de las llamadas «guerras híbridas», en las que se combinan coacciones económicas, desinformación, terrorismo, actividad criminal y subversión para provocar desórdenes civiles y confrontaciones localizadas.
La solución pasa por la coexistencia pacífica, en la que cada actor, con independencia de su tamaño o poder, sea capaz de desarrollarse de acuerdo con su propio sistema político-ideológico, sus circunstancias (grado de desarrollo, historia, cultura, religión, tradiciones, etc.), sin pretender imponerlo a los demás.
En este mundo utópico de convivencia de las diferentes culturas, religiones, ideologías y sensibilidades, en el que el respeto mutuo debe impedir de modo eficaz el enfrentamiento entre ellas, no hay necesidad de alianzas. En las diferentes sociedades, para convivir en paz y armonía no se precisa la integración plena de todos los grupos e individuos que la componen, ni mucho menos la asimilación a la forma de vida de la mayoría. Basta con que todos estén incorporados a la sociedad, se sientan parte de ella, y compartan derechos y deberes, sin imposiciones y con absoluta tolerancia a las diferencias, con un límite común que siempre debe ser el exquisito respeto a la ley.
Así mismo, es preciso que impere una verdadera justicia que garantice una paz social universal, y que los recursos se repartan con equidad tanto dentro de los Estados como entre ellos, pues de otro modo siempre habrá profunda profunda inestabilidad que dé origen a episodios violentos.
Pero tristemente no es así, y se duda mucho de que algún día lo llegue a ser.
Las «armas de comunicación masiva» son empleadas sistemáticamente por las potencias con intereses en los actuales conflictos de Siria e Irak, siendo cada vez más complejo llegar a conocer la verdad de lo que acontece.
El «fervor religioso» se emplea para movilizar personas y sentimientos, cuyos fines últimos son ignorados, las más de las veces, por sus acólitos, que sin embargo, una vez exacerbado su fanatismo, no dudan en recurrir a los actos más bárbaros en defensa de su fe.
«Fomentar la división» puede ser una bien calculada estrategia de balcanización del planeta. Afecta a todos los continentes —comenzando por Europa—, y quizá esté dirigida por alguna gran potencia con la finalidad de controlar mejor el mundo.
La «dominación indirecta» también se puede estar ejerciendo mediante el control de la imprescindible energía, cuya demanda seguirá creciendo, desde los combustibles fósiles a la electricidad. Y lo mismo puede pasar con el agua, cuyo consumo, directo o virtual, irá en aumento, fruto del crecimiento de la población urbana y del incremento del nivel de vida.

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Colonel Pedro Baños shows us the tactics and strategies that have been followed by different countries (especially powers) throughout history, and especially in the twentieth century, to take control of the world, its areas of influence, or stay in the front line of world power.
It is shelled successively, with a clear, pleasant and accessible stretch, and proposing numerous examples of each of them, to illustrate their proposals, which makes it structured in a very clear, almost introductory manual.
For that reason, that nobody looks for a deep study of complex relations between countries; It is very simple and very basic; in fact, they are things that are already presupposed: the “anything goes”, that today’s friends the next day are your enemies, that there are no ideologies, that you can say one thing and the other without embarrassment, do infumable actions and justify them as something good, etc.
It emphasizes the current preponderance of the control of Internet, the economy and the resources, more than the mere brute military force, which is only used for specific occasions. Today a country can be razed without the need to send a single soldier: it is enough to control its economy.
In this way the reader who is not familiar with history or world politics will be able to better understand some current conflicts that are not normally mentioned in the news or are narrated in another way.
If before reading the book someone thought that international relations are based on agreements of peace, democracy, justice, freedom, etc., then the blindfold will be removed.
However, debate is created in Colonel Baños is ripped the clothes for the hypocrisy and cynicism of the West in general, and the United States in particular, when establishing strategies of disinformation, counterintelligence and domination in the ideological, economic war and politics that the West has maintained and maintains against the former USSR, and today against China, Russia, the Arab world, Iran and many others, who are not exactly Saint Therese of the Child Jesus. It is the obligation of the United States and the Western countries, and specifically of its military (and, therefore, should be the obligation of Mr. Baños) to develop those strategies that protect us and maintain our military, technological and economic superiority over our adversaries, because, if not, they would make us mincemeat, since they do not even have the remiggos that the West has. Colonel Baños should remember that for four years, the United States had an absolute monopoly on the atomic bomb, from 1945 to 1949 and, if he had wanted to, he could have turned Russia into a crematorium. But he did not do it because, although Colonel Baños does not believe it, a Western country behaves with less savagery than a non-Western country, because we are not all equal. The book is implacable against the West and the United States in particular, while being sympathetic to Russia’s position in Ukraine and the Caucasus and laudatory and admiring towards the Arab world and China, as if they were better and healthier societies than ours. Well, something will do well West, despite what Colonel Baños thinks or wishes, when we have been 500 years at the head of the progress of Humanity, despite our mistakes, our shortcomings and our miseries.

The undeniable globalization and the growing interdependence of the countries make geopolitics have gone from being exclusively limited to the earth – the geo-prefix constricted it to a given territory, to a very specific physical space – to refer to the Earth, to everything The earth globe. Consequently, even the smallest countries are forced today to establish their geopolitics, because there will be little of what happens in the rest of the world that does not affect them in one way or another. And even affects the outer space of the planet, because the need to find new sources of resources and energy.
There is nothing more hypocritical and cruel than international politics, because everything that is gestated and carried out in it is based exclusively on the interests of each country, which are always ephemeral and changing, and have very little or nothing to do with of the other States. The national policy is also ruthless and cainita, without any regard to the political adversary, because any action taken against him is considered legitimate while serving to weaken and remove him from power, with the sole intention of taking his place. Even so, it is to be assumed that all political groups – even the most disparate – pursue the same goal and interest, the good of their citizens and their nation, although each one interprets it with a different approach according to their ideological affinities.
But in the international sphere in which geopolitics moves, there is no common goal, at least not permanent, that serves to restrain the lowest instincts, not even a glow that always stays alive and can serve as a cohesive force. The common interests are so perishable that they immediately rot and become replaced by others, so alliances, friendships is trivial.
In this global context of endemic violence, the American politician Henry Kissinger – National Security Adviser (1969-1975) and Secretary of State (1973-1977) – has pointed out that the superpowers sometimes behave like two heavily armed blind men seeking their way inside a room, each one convinced of being in mortal danger in front of the other, which he supposes with a perfect vision. Over time, both can end up doing each other enormous damage, to say nothing about the room they occupy, that is, the planet Earth. This has happened and it can happen again, completely convulsing humanity in view of the immense destructive potential that superpowers have at present, and not only from the nuclear point of view. For this reason, the solution would be the permanent dialogue between the great, but it is still a utopia before the eternal desires of absolute power.

The State must attend to its vital and existential needs, both basic survival and maintenance of the status quo as well as development and evolution. In order to satisfy these “physiological” priorities, it must deal with two different but closely related fronts: the basic needs of the population, above all centered on food, and those of industry, for which it will need raw materials and energy resources.
The accelerated industrial development that is taking place all over the world, including countries that until many years ago showed a wide gap, such as China and India, consumes increasing natural resources, among which are hydrocarbons and minerals. For Thual, the United States began its strong penetration in Africa during the Reagan administration with the purpose of controlling the riches of the continent, from mining and energy, necessary for industry, to agricultural. According to this French geopolitical, among the main factors of the origin of conflicts in contemporary Africa are the interests of the great powers, whose objectives have led to an economic war for the control of raw materials. He also adds that the current Ukraine has become a scenario of rivalry between the United States and its allies, on the one hand, and Russia, on the other. The reasons are to try to prevent Moscow’s access to the Black Sea – hence the struggle for Crimea – and for the important natural resources of all kinds that Ukrainian soil has and that can be an essential pantry for the Western economy. Similarly, Thual and Labévière have no qualms about stating that what is at stake in the Arctic is the distribution of oil and mineral wealth. According to both, the United States is pursuing in Greenland to ensure that the future exploration of natural resources and industrial and commercial companies is carried out by North American companies. Currently, the main Greenlandic employer is the US company Alcoa, one of the world’s largest producers of raw aluminum, very active in key sectors of the industry, such as armament, aerospace, automotive or construction.

According to a report published on May 24, 2016 on the Investopedia website, the five richest families in the world are:

1) The Rothschilds, established since their origins in the eighteenth century in some of the major European cities (Frankfurt, London, Naples, Paris and Vienna). The ramifications of this extensive dynasty, which has made discretion a mark of identity, continue to accumulate an immense fortune that some financial analysts estimate at up to two trillion dollars (that is, 2,000,000,000,000 million).
2) La Casa Saúd, from Saudi Arabia, whose fortune is estimated at about 1.4 trillion dollars.
3) The American family Walton, owner of the Walmart department store and owns about 152,000 million dollars. Its employees exceed 2.2 million, being the largest non-state employer in the world.
4) The Koch family, also American, which holds some 89,000 million dollars, invested in numerous businesses.
5) The Mars family, also American and owner of the largest private company of various sweets. Its fortune rises to about 80,000 million dollars.

If there is an indisputable motor that moves the human being, that is the money. And not for the vile metal itself, but for what is achieved with it: goods, services and wills. For money is an instrument to satisfy the supreme purpose: power. Therefore, the struggle to achieve it, keep it and have greater sums than others has been and will be an eternal battle.

Alliances are very risky for the less strong countries, which can easily be dragged by the powerful into actions that favor them little or nothing. It is true that it is not always possible to avoid the influence of the big ones, but the leaders of the weakest states must act with enough courage and dignity not to give in to everything they are told, if they really want to serve their citizens instead. to think about their own interests. And without forgetting that, at the moment they lose their usefulness, they will be unceremoniously separated by the same ones who promised them glory. One of the lessons that can be drawn from the above is, as Machiavelli said in The Prince, that “the only good, safe and lasting defenses are those that depend on yourself”.

Since the demise of the Soviet Union, an attempt has been made to surround Russia with a twofold objective: to prevent Russia from once again becoming a great power and to try to keep it in the role of a regional power. To this end, the process of “nullization” of its former imperial-Soviet space has been carried out, as well as the promotion of identity conflicts in the Caucasus and Central Asia. Currently, one could add the situation that exists in Ukraine, and that has clearly been aimed at subtracting geopolitical assets from Moscow. The French geopolitics is resounding in stating that, for Moscow, there is no doubt that there is a will to reduce Russia by favoring separatism and the imposition of a kind of sanitary cord between it and the former territories it controlled during the time of the tsars or Soviet communism.
The People’s Republic of China is the country with the most direct neighbors, sharing borders with fourteen different states (North Korea, Russia, Mongolia, Kazakhstan, Kyrgyzstan, Tajikistan, Afghanistan, Pakistan, India, Nepal, Bhutan, Myanmar, Laos and Vietnam). ) and maritime borders with Japan, South Korea, the Philippines and Vietnam.
At present, China «simulates and conceals». Deng Xiaoping was one of the most important communist leaders during the time of Mao Zedong, promoter of the Great Leap Forward, the policy that sought to reform the Chinese economy. Apart from the party during the Cultural Revolution stirred up by Mao in front of the reformists, Deng returned to politics in 1978, after the death of the Great Helmsman. He introduced economic reforms of capitalist type, but maintaining the communist discourse, which has made China less than forty years as a regional leader and a great world power. However, if one thinks of China twenty or even ten years ago, nobody would consider it a worthy competitor of the United States today. At least not so important for Washington to pivot its foreign policy from Europe and the Middle East to Asia-Pacific, as the Obama Administration began to do.
It could also be that China is simply carrying out a strategy by which it can act as a world superpower, but without having to assume the responsibilities that it entails. One of the great geopolitical concerns today is whether the awakening of China will be peaceful or aggressive, not forgetting that in March 2014, Xi Jinping compared China with a lion that woke up, although “peaceful, pleasant and civilized.” The doubts come from the distrust that produces that China conceals its true intentions after the smoke of the development.

International legality for China.
-Respect mutual sovereignty and territorial integrity. (The current situation in Syria calls into question the actual application of this principle.)
-No aggression against others. (Less and less is respected, as seen in recent conflicts.)
-No interference in the internal affairs of others.
-Equality and mutual benefit. (The weaker countries are less likely to be respected, especially when there are competing interests.)
-Coexistence peaceful. (Economic and geopolitical interests guarantee little peace and much competition.)
-Do not use force or threat of employment. (The threat of the use of force is permanent, since it is part of the geopolitical game and is one of the pillars of deterrence.)
– National self-determination. (We should start by defining “nation”, because it is only recognized as such when it interests the powerful.
-Respect for human rights and fundamental freedoms. (China is the first country accused of not complying.) -Many times they are employed as a geopolitical lever to intervene where it is deemed convenient.
-International cooperation and honest compliance with international obligations. (It will depend on the interests of the moment, since there is more competition than cooperation.)
– Peaceful resolution of international disputes.

The fabulous power that a religion has. Well imagine now when a liberalizing, hopeful ideology based on principles of equality and social justice is linked to it. Although then, in practice, it is not palpable in so many fields, such as the role of women and the impossibility of exercising certain freedoms considered basic in the Western world, such as sexual, conscience or mere political opposition. But, even so, the attraction for certain types of people, who see themselves as marginalized and neglected in the societies in which they live, is very strong. If Marx claimed that “religion is the opium of the people,” one can go further and conclude that the mixture religion-ideology is the most potent of drugs, leaving the people who consume it totally helpless and fully available to those who They want to drive them for spurious purposes.
The other major current enemy is the Islamist radicalism, which some want to see as the destroyer of the West. Thus, since the dismemberment of the Soviet Union and the end of the threat posed by communism both to Westerners (for ideological reasons) and to the Muslim world (for religious aspects, as they faced faith and atheism), these last two seem have found a new adversary to face: themselves. The struggle will continue for a long time. At least until a new enemy arises that unites both against this third party or makes them so entertained with the newcomer to the battle that they forget the current quarrels or they remain latent.

According to some studies, today only six companies would own, directly or indirectly, 95% of the world’s main media (television, radio, written media, film producers, etc.), concentrating 1,500 newspapers, 1,100 journals , 2,400 publishers, 1,500 television channels and 9,000 radio stations. For other sources that provide more details, the main media conglomerates, including the cinema, are the following (in a relative order, since knowing their true economic potential is almost impossible given the network of companies and societies):

Comcast: American; first of the world.
The Walt Disney Company: American; second in the world. Its president – since 2000 – and its executive director – since 2005 – is Robert A. Iger, of Jewish origin.
Time Warner: American; third world. Directed by Gerald M. «Jerry» Levin, Jew.
Twenty-First Century Fox: American; fourth of the world. The main shareholder is Keith Rupert Murdoch.
CBS Corporation: American. Summer Redstone (Rothstein), a Jew, is the majority owner and chairman of the board of directors of National Amusements, which allows him to control, along with his family, the CBS Corporation.
Viacom: American; one of the largest corporations in the United States. As in the previous case, Redstone is the majority owner and chairman of the board of directors of National Amusements, for which Viacom controls.
Bertelsmann: German.
Globo Group: Brazilian; first of Latin America.
Hearst Corporation: American.
Lagardère Group: French.
News Corp: American The main shareholder is Murdoch.
Grupo Televisa: Mexican.
Sony Corporation: Japanese, although its communication business is based in the United States through its subsidiary Sony Corporation of America, which includes Sony Pictures Entertainment.
Vivendi: French.

Of these, it can be observed that ten are American (eight Americans -the main ones-, one Brazilian and one Mexican); three, European (two French and one German); and only one, Asian, although its communication business is located in the United States.

Despite the lessons offered by history, the same mistakes have been made again and again in scenarios such as Afghanistan, Pakistan, Iraq or Yemen, where the use of drones and systematic bombings have proliferated in recent times. This, together with the principle of revenge, so rooted in these parts of the world, has only succeeded in rooting the conflicts for many decades to come.
Without going any further, there is a great incomprehension towards the Eastern world, which becomes more acute when it comes to followers of the faith preached by Muhammad. According to Pedro Herranz, the Orientals have a visual angle that does not conform to the point of view that, in most of the questions, the Westerners usually have.
One of the classic mistakes, and no less repeated, has been the commitment with the Pashtuns, a stateless nation currently made up of more than forty million people (13.8 million on Afghan soil and 26.6 million in Pakistan). . The Pashtuns were divided between two countries when, in 1893, the British decided to establish the Durand line as the limit of separation from the areas of influence of Afghanistan and British India.
In addition to the ethnic multiplicity that occurs in Afghanistan among Pashtuns, Tajiks, Hazaras, Uzbeks and Turkmens, only among the first there are some sixty tribes identified and differentiated, from which arise another four hundred subtribes, which also look different . With a political structure that only responds to the family or the clan, this great human group has always been proud of its independence, so it has never accepted the ruling ruler established in Kabul, which over the last one hundred and fifty years It has been mostly imposed from abroad.
The only laws that prevail among this legendary people -with more than five centuries of history, which some estimate at 2,500 years for estimating that the Greek historian Herodotus already placed them in those lands- are those that come from their own unwritten code: the pastunwali This code collects some of the principles that are the true pillar of their society: melmastia, the duty of hospitality and protection for guests; nanawati, which implies providing asylum and sanctuary to the fugitive; and badal, revenge against any insult, theft of property, offense to the personal or immediate family reputation, as well as for hurting or killing a relative.
This aspect of revenge is still not well understood by Westerners, especially those from countries where it is not usual practice. Specifically, in those of Catholic tradition it is almost impossible to understand the meaning of revenge. In these societies, when someone is the victim of an affront, however serious, the reaction that has been inculcated is that of forgiveness, and not the search for satisfaction through personal retribution.
This Arab world, where even the perspective of time is different, is difficult to understand for those who come from societies and cultures more open and condescending, where few things are given value, social principles are diluted, everything can be questioned and many traditions have been banalized or directly lost. A Western world where any attitude is permissible and tolerated, being on the contrary frowned upon who dares to set limits or barriers even to the greatest excesses, is unable to understand that there are so different societies based on principles that can be radically opposed .

Having abundant information can generate an excess of confidence that causes false security and prevents contrary opinions. It is worth remembering that, when you have too many options, the thinking mechanism of a normal person tends to be blocked.
Without a doubt, the superabundance of information can serve the adversary to saturate the chain of decision and thus become a powerful weapon.
John G. Stoessinger concludes that the most important factor that precipitates the beginning of a war is a set of misperceptions, which are manifested mainly in four different ways: the image that the leader has of himself; the leader’s perspective on the character of his adversary; the leader’s vision of the adversary’s intentions towards him; and the image of the leader with respect to the capabilities and power of the enemy. As we can see, the leader is going to be the one responsible for entering the war, mainly because of his distorted vision of the power and character of the adversary.
One of the biggest failures that can be committed is to go against religions. Those who have done so, have usually ended up failing. Religion gives people who passionately profess a force that becomes unstoppable, multiplying their abilities and morals, driving them to unimaginable sacrifices. There is no more fearsome enemy, nor with whom any kind of negotiation is more impossible, than the fighter fanatized by his religious beliefs. He is the perfect soldier, eager to enter the war and die in it in defense of his creeds. For that reason, the great intelligent leaders have looked for the form to reach some type of pact with the religious guides. Meanwhile, those who insisted on going against the dogmas of faith of others were involved in long and bloody confrontations, resulting in many cases losers even when they theoretically had an advantage, either because of the quality of the armament or because of the higher number of combatants. It also happens in the political and geopolitical sphere, in which leaders who have an erroneous perception of the meaning of religion by the simple fact of not being practitioners continue to crash.
If there is something for which a person, in an absolutely irrational way, is willing to die and kill, it is because of their faith, because of their religious beliefs. It does not matter if you have a high IQ or a broad culture, because intelligence does not exclude fanaticism, nor is it only from ignorant people.
In all religions there are extremists who, astutely manipulated, can become true savages in defense of their dogmas. Fans whose ideas, once they have permeated their minds, are practically impossible to eradicate and can not be locked in a prison. Therefore, when dealing with religion, care must be exquisite. Otherwise, it can be the ruin of the society that confronts it.

A new world war, which affects most countries, is currently unlikely, although not impossible. There are moments of enormous uncertainty and volatility in an increasingly complex world scenario in which changes occur with an unusual speed, favored by technology, especially communications. This is why we should not rule out that, in the end, the permanent tension could lead to a large-scale, high-intensity military clash between powers, even if the probability is low for now.
At the moment, the struggle is only being waged through interposed actors and the so-called “hybrid wars”, which combine economic constraints, misinformation, terrorism, criminal activity and subversion to provoke civil unrest and localized confrontations.
The solution goes through peaceful coexistence, in which each actor, regardless of their size or power, is able to develop according to their own political-ideological system, their circumstances (degree of development, history, culture, religion, traditions , etc.), without trying to impose it on others.
In this utopian world of coexistence of different cultures, religions, ideologies and sensibilities, in which mutual respect must effectively prevent confrontation between them, there is no need for alliances. In different societies, to live together in peace and harmony does not require the full integration of all the groups and individuals that make it up, much less the assimilation to the way of life of the majority. It is enough that all are incorporated into society, feel part of it, and share rights and duties, without impositions and with absolute tolerance for differences, with a common limit that should always be the exquisite respect for the law.
Likewise, it is necessary that true justice prevails to guarantee a universal social peace, and that resources be distributed with equity both within and between States, otherwise there will always be profound deep instability that gives rise to violent episodes.
But sadly it is not like that, and there is a lot of doubt that it will ever be.
The “weapons of mass communication” are used systematically by the powers with interests in the current conflicts in Syria and Iraq, being increasingly complex to get to know the truth of what is happening.
The “religious fervor” is used to mobilize people and feelings, whose ultimate ends are ignored, most of the time, by their acolytes, who however, once exacerbated their fanaticism, do not hesitate to resort to the most barbaric acts in defense of your faith.
“Foment division” can be a well-calculated strategy of balkanization of the planet. It affects all continents – beginning in Europe – and may be directed by some great power in order to better control the world.
“Indirect domination” can also be exercised by controlling the essential energy, whose demand will continue to grow, from fossil fuels to electricity. And the same can happen with water, whose consumption, direct or virtual, will increase, as a result of the growth of the urban population and the increase in the standard of living.

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