El Rey Ante El Espejo — Ana Romero / A King In The Mirror by Ana Romero (spanish book edition)

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Es un interesante libro para conocer algo más sobre los acontecimientos de España, la dimisión del rey Juan Carlos, el desafío catalán , pero creo que existen muchas más sombras que luces…
La realidad es dura y hay que pelearla a diario. Desde 2011, la monarquía arrastra un suspenso (4,34) aunque menor que el que dejó Juan Carlos I (3,72 en 2013). Todas las encuestas antes del conflicto catalán indican que los españoles están satisfechos con la labor de Felipe VI, pero esa mayoría del 60 por ciento no incluye a los más jóvenes, auténtico campo de batalla del nuevo rey. Cualquier gran error bastaría para hacer bascular la opinión de los españoles y de esos «cuatro gatos» monárquicos.

La relación se deteriora. Corinna está convencida de que ella tiene un lugar en Zarzuela como miembro de la familia real, y se compara ante el rey con la infanta Cristina, a la que considera mejor tratada que ella a pesar del caso Nóos. «Nunca entendió cuál era su sitio», dice de ella una persona que la conoce desde hace años. En Abu Dabi la oyen hablar mal del monarca, de quien empieza a cuestionar su salud mental y del que dice que está «secuestrado» en Madrid por ese entorno de Zarzuela. Es el principio del fin, aunque el rey septuagenario sigue enamorado e ignora las evidencias que se empiezan a amontonar sobre su mesa acerca del lenguaje despectivo que Corinna utiliza para referirse a él. En agosto de 2013, el rey pasa unos días en Sussex, en casa de Adkins, el exmarido de Corinna, y allí discute con ella la posibilidad de casarse y de iniciar una vida juntos, pero a ella el plan no le convence.
El 13 de septiembre de 2013, el destino se adelanta en el Cuarto Azul, la estancia más privada del monarca junto a su dormitorio. Ocurre por la mañana, cuando el rey levantarse con la ayuda de una muleta y de Miguel Fernández Tapia-Ruano, el fiel médico militar que ha pasado media vida en la Casa y que ha reemplazo al histórico Avelino Barros, ascendido a coronel tras pedir su salida de Zarzuela en plena presión post-Botsuana. «Estoy muy mal», murmura el rey, la cara hinchada, el cuerpo vencido, incapaz de ponerse de pie. Una infección ha invadido la prótesis de la cadera izquierda que le implantó el año anterior el doctor Ángel Villamor. Unos «bichitos» que pueden pasarse a todas las partes del cuerpo donde el monarca tiene titanio, como la otra cadera o la rodilla. El resultado sería una septicemia y la muerte. Palabras mayores.
Esta vez, de nuevo contra Corinna, que quiere que el rey se opere en Estados Unidos. Alfredo Pérez Rubalcaba, entonces líder de la oposición, toma una iniciativa que acaba trastocando los planes de Corinna. Ha dormido mal esa noche, preocupado por la decisión del rey de ir a Estados Unidos. Cuando se levanta, agitado, llama por teléfono a Spottorno: «El rey no puede ir a Rochester». A continuación, llama al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y lo saca de la reunión del Consejo de Ministros. Rajoy está de acuerdo con Rubalcaba y ambos llaman por separado al rey para intentar convencerlo. A pesar de la presión política, Juan Carlos I se resiste.
En la Casa se decantan por La Paz, pero Juan Carlos I se niega en redondo. En La Paz agonizó Franco hasta morir, y él no va a ir al mismo sitio.
El acuerdo que satisface a todos es la clínica Quirón en Pozuelo de Alarcón. Aliviados, Spottorno y sus ayudantes terminan de hilar los pormenores de la histórica rueda de prensa adelantada ya a las cuatro de la tarde para frenar los rumores. Mientras tanto, al rey le toca bailar con la más fea: tiene que llamar a Corinna y confesarle que ha tirado la toalla, que se operará en Madrid. Ella lo interpreta como otra posición más perdida en su lucha por alcanzar el estatus que cree merecer en Zarzuela.

El segundo presidente socialista de la democracia (2004-2011) no vio, o no quiso ver, la decadencia de la Corona de la misma manera que ignoró la crisis económica hasta que fue una realidad tan grave que le acabó costando el puesto. Sólo in extremis, el 21 de diciembre de 2011, el día mismo que Mariano Rajoy fue investido en las Cortes, se decidió Zapatero a hablar sobre el problema de la monarquía. Tenía premura entonces por compartir con su sucesor lo que consideraba un grave problema de Estado: la familia real se había vuelto disfuncional, un reino de taifas dirigido por un monarca perdido en la niebla de un romance que le mantenía alejado de las cuestiones del país. La reina Sofía por un lado, los Príncipes de Asturias por otro y las infantas Elena y Cristina también. Las reuniones conjuntas de los seis miembros adultos de la Casa Real, una vez al mes, en esa época eran difíciles por no decir imposibles.
Felipe no puede controlar a su padre, que está en caída libre, según Zapatero. Moragas escucha. El PP, concentrado en ganar unas elecciones que se le habían escapado en dos ocasiones, no ha reparado en la evolución de la jefatura del Estado y tampoco lo hará al principio de la legislatura marcada por la crisis económica a la que Rajoy dedica toda su energía.
Hasta el viernes 13 de abril de 2012, cuando Spottorno irrumpe en Moncloa después del Consejo de Ministros, Rajoy no es consciente de la magnitud de la crisis que hay en Zarzuela. Juan Carlos I está volando hacia Madrid con una cadera rota y Rajoy no sabía que estaba en Botsuana, aunque sí le había llegado que estaba fuera de España. Todo lo demás lo ignora.

Juan Carlos fue el mejor rey para ese momento, y Felipe VI lo es para ahora», afirma una persona que ha servido a ambos. Un viejo conocido de Juan Carlos I, uno de los de verdad, de los que no se reconocen «en las francachelas y en las risas» del último periodo del juancarlismo, comenta: «Los años como pretendiente al trono —casi treinta— constituyen la mejor formación de don Juan Carlos. Lo que más ha hecho en su vida ha sido hablar por teléfono. Tiene un carné profesional de los más ricos de España y de Europa. Puede hablar con quien quiera. Todos esos años —veintisiete con Franco y otros dos que su padre le niega la legitimidad dinástica— don Juan Carlos tiene que pelear por el trono».
Y continúa: «Para mí está mejor preparado que su hijo. Durante todos los años que pretendió el trono bajo Franco buscó vericuetos a través de personas que a veces lo traicionaban por miedo al dictador. El poder daba mucho miedo. Ese tira y afloja es un entrenamiento que dura muchos años. Se fue formando de la manera más dura, él solo, buscando a gente en la que confiar…
Felipe VI quiere enterrar esos affaires del pasado, esa intriga palaciega vivida entre 2012 y 2014 y concentrarse en el futuro, el suyo y el del país, que depende de esa generación de españoles que ahora tienen entre dieciocho y treinta y cuatro años. Pero este primer trienio se presenta tozudo: el estancamiento político y la inestabilidad institucional serán sus señas de identidad. Su reinado no será el de las dos Españas de Machado, sino el de las «cuatro Españas» que describe Barreiro más tarde, en junio de 2017, también en El País: una sociedad cuádruple generada por el enfrentamiento de digitales y analógicos empobrecidos-acomodados, «fruto de la recesión y de la revolución tecnológica y que han configurado un nuevo mapa social en el que es fundamental tejer alianzas». Jóvenes, según Barreiro, más «antagonistas» que «precursores»: «Más que explorar nuevos recorridos, buscan transitar hacia destinos contrarios». No se definen en términos ideológicos como sus padres: no son conservadores o socialistas, sino liberales o progresistas.

Letizia Ortiz se ha sometido a un proceso de cambio «físico y espiritual» que ha durado trece años y que aún continúa. Hay cuatro etapas en su vida como miembro de la familia real, cuatro letizias en una misma persona.
Tiene un carácter muy complicado, pero es buena persona. Agradece mucho cuando alguien es amable con ella. Cuando va sola a los actos se muestra más natural, cuando va con el rey le cuesta más hacer el papel de florero. Su objetivo es el mismo que el del rey: hacer las cosas bien». Los que tienen o han tenido contacto directo con ella coinciden en que «le gusta ser provocadora», «le cuesta callarse y domar sus opiniones, siempre fuertes». Pero también añaden que la decisión final la toma siempre el rey: «Y entonces ella se calla, al menos públicamente».

El sobrenombre del Preparado, que se utiliza principalmente para denostarlo, obedece al hecho de que es el primer rey de España con título universitario y máster. Los que le rodean, sin embargo, dan más importancia al hecho de que ha sido «diseñado» para el puesto que ocupa desde niño, algo así como el hombre biónico. Una preparación artificial y cuidada que está detrás de ese toque de acero que algunos perciben en su carácter y que choca con la manera de ser española.
Pero es quizá su educación sentimental y personal la que más pistas ofrece sobre su perfil psicológico. Tuvo un padre superficial, distante con los hijos, hedonista, clasista e infiel.
Tras su discurso el 3 de octubre de 2017 sobre la cuestión catalana, incluso sus detractores, los que echan en falta más astucia política, han reconocido que Felipe VI se ha retratado como rey en su defensa de la unidad de España.
Pero no todo es preparación intelectual, militar y deportiva en la vida de Felipe de Borbón, como tampoco pasó Letizia Ortiz media vida escuchando a Wagner. Alguien que lo trató «en la cuadrilla de Palma», en las «copas de Madrid» y en las cacerías en casa de sus amigos Fuster o de Samuel Flores, el suegro de Adolfo Suárez Jr., habla de un hombre «normal, agradable, discreto, tranquilo» en toda esta vida fuera del trabajo: «Ni el más rápido ni el más simpático ni el que tiene que quedar por encima de todos. Un tipo sosegado al que, por supuesto, se le da todo hecho».
A Felipe VI no le pasan factura sus exnovias. A la reina Letizia los suyos sí. El sexismo no perdona, y a veces la reina Letizia se pregunta por qué los periodistas españoles (hombres) no tuvieron ni medio problema con la lista de amantes de Juan Carlos I, al que protegieron durante cuarenta años, y sin embargo la critican por sus relaciones con hombres cuando era una veinteañera y lo último que pensaba es que un día sería la reina de España.

Ese viernes 22 de enero 2015, el rey manejó más información que nadie y actuó incluso de enlace informando a Sánchez del plan que le va a ofrecer Iglesias. La semana siguiente, en la segunda ronda de consultas, Felipe VI le dio otra exclusiva a Alberto Garzón, el líder de IU, al adelantarle que Iglesias ha pensado en él como ministro de Trabajo en ese hipotético Gobierno que quiere formar con el PSOE y que Alfredo Pérez Rubalcaba apodó con gran éxito «de Frankenstein».
Ese viernes, 22 de enero, pasan más cosas. Juan Carlos I, que ha abdicado pero no ha dejado de sentir, reacciona furioso cuando conoce la noticia del desistimiento de Rajoy:
—¡A mí me iba a hacer esto!

El rey Felipe lo tiene claro: su cuñado Iñaki Urdangarin no puede volver nunca a la vida institucional de la familia real española. Nunca. La urdangarinóloga Taulés mantiene que fue Letizia Ortiz la primera en darse cuenta de la «catadura moral» de Urdangarin, quizá porque éste proviene de un nivel social no demasiado diferente al suyo. Esta teoría la corroboran en el entorno de la infanta, donde Iñaki Urdangarin va perdiendo puntos. Rebobinemos al vídeo de los premios Príncipe de Asturias de octubre de 2004: allí está Urdangarin que mira a Letizia, la princesa encogida, desde las alturas del palco con altivez en sus pupilas, la misma que algunos ven ahora en la reina Letizia.
El caso Nóos ha hecho mucho daño a la familia y a la institución. Políticamente, ha influido también en el distanciamiento de Cataluña, donde la infanta tenía su vida hecha. Los reyes Felipe y Letizia ven con horror el cartel de la CUP para hacer propaganda del referéndum del 1 de octubre bajo el lema «Autodeterminación, desobediencia, países catalanes: barrámoslos».

3 octubre 2017, Constitución, ley, unidad, Cataluña. He aquí la cuarta y última decisión que toma él solo para avanzar en la selva oscura por la que transita desde hace cuarenta meses. Para Zarzuela, el punto de inflexión, el breaking point del reinado. Lo que dice, y cómo lo dice, sorprende a defensores y críticos. Por el tono, por la contundencia, por la severidad. Se dirige a cámara un rey con canas, casi irritado, con las manos crispadas, en movimiento, el ceño fruncido, algunas palabras remarcadas —«inadmisible», «orgullosos»— y una chaqueta negra a juego con la atmósfera de «extrema gravedad» que denuncia.
La única concesión a la alegría es el rojo sangre de su corbata, una continuación visual de su estandarte bermellón imperial, símbolo de su poder residual.
El profesor Fuentes lo ve así: «El problema catalán es la prueba de fuego de la monarquía meritocrática que representa Felipe VI. Su papel es muy difícil porque no tiene una capacidad de intervención activa como la tuvo su padre en el 23-F. Juan Carlos I puso sobre la mesa sus credenciales como jefe supremo de las fuerzas armadas, paró el golpe y se dirigió a la nación para contarlo. Felipe VI no tiene una baza tan clara que jugar porque no tiene un poder concreto que aplicar. La medida del éxito vendrá dada si Cataluña no se independiza durante su reinado.
Pedro Sánchez, con el que el rey sí habla durante la crisis de otoño. Lo había recibido en verano durante casi tres horas tras su resurrección política al frente del PSOE, pero entonces no sospechó que su papel sería tan relevante. El entorno de Sánchez da mucha importancia a su relación con el rey, con el que se lleva bien. Según el nuevo PSOE, Sánchez ha hecho cosas muy importantes para el Estado que representa Felipe VI: evitar el sorpasso de Podemos en junio de 2016 y preservar así la posición del PSOE como espina dorsal del sistema bipartidista; parar a Miquel Iceta en su apoyo al derecho de autodeterminación antes del referéndum y aceptar la nominación del rey a pesar de no tener suficientes diputados para salir adelante. Por último, y a pesar del rechazo que sintió por la intervención policial del 1-O, sumarse al bando constitucionalista y mayoritario tras el discurso del monarca, aunque esto le haga parecer aliado de Rajoy y no del Estado, como los nuevos socialistas no se cansan de repetir.

Pase lo que pase en el futuro, Felipe VI se ha arriesgado a despertar el republicanismo durmiente en España porque estima que el precio de vivir con esa minoría en contra no es demasiado alto. Como el Gobierno del PP, cree que el problema catalán se puede «conllevar» a la manera orteguiana. Basta con recuperar la educación y los medios de comunicación, principales artífices de ese «adoctrinamiento» que, según los partidos constitucionalistas, está detrás del independentismo exacerbado de los últimos años.
La apuesta incluye riesgos. Las encuestas demuestran que los españoles siguen diferenciando entre la monarquía, a la que todavía suspende, y su titular, al que ven con buenos ojos sobre todo los votantes del PP y sobre todo después del 3-Octubre.
Defensores de Juan Carlos I y los críticos de Felipe VI insisten en que la Casa del Rey tiró por la borda ese día el ingente trabajo de rehabilitación mediática realizado a lo largo de todo el mes de mayo después de los escándalos rescatados de Bárbara Rey y Marta Gayá. En apenas diez días de mayo se produjo una especie de maratón real con Juan Carlos I y la reina Sofía como protagonistas, juntos, en cuatro grandes actos: entrega de la medalla de oro de la Real Academia de Medicina a su hermana, la infanta Margarita; cena ofrecida por la primera ministra de Noruega en honor del rey Harald en su ochenta cumpleaños; funeral por su tía, la infanta Margarita; comunión de su nieta, la infanta Sofía, y la traca final con el cuarenta aniversario de la Fundación Reina Sofía, en el que la reina emérita le agradece públicamente su labor.

En La Zarzuela lo que quieren es que esté por ahí con sus amigos millonetis, sin molestar y a ser posible sin salir en fotos o en redes sociales», afirman fuentes cercanas a Juan Carlos I. «Las cosas no han salido como estaban diseñadas. No le dan cariño. Él es una bomba de relojería, y hay que cuidarlo, hay que ocuparse de él».
En España tiene a muchos que el propio rey denomina la corte del teléfono. Son los que llaman tres o cuatro veces al año para ver cómo van las cosas. Alfredo Pérez Rubalcaba.

It is an interesting book to learn more about the events in Spain, the resignation of King Juan Carlos, the Catalan challenge, but I think there are many more shadows than lights …
Reality is hard and you have to fight it every day. Since 2011, the monarchy has dragged down a suspense (4.34), although less than that left by Juan Carlos I (3.72 in 2013). All the surveys before the Catalan conflict indicate that Spaniards are satisfied with the work of Philip VI, but that 60 percent majority does not include the younger ones, the real battlefield of the new king. Any great error would be enough to make the opinion of the Spaniards and those monarchical «four cats» change.

The relationship deteriorates. Corinna is convinced that she has a place in Zarzuela as a member of the royal family, and compares herself to the king with the infanta Cristina, whom she considers better treated than she despite the Nóos case. «He never understood what his place was,» says a person who has known her for years. In Abu Dhabi they hear her speak ill of the monarch, who begins to question her mental health and who says he is «kidnapped» in Madrid by that Zarzuela environment. It is the beginning of the end, although the septuagenarian king is still in love and ignores the evidence that begins to pile on his desk about the contemptuous language that Corinna uses to refer to him. In August 2013, the king spends a few days in Sussex, at the home of Adkins, the ex-husband of Corinna, and there discusses with her the possibility of getting married and starting a life together, but to her the plan does not convince him.
On September 13, 2013, the destination is advanced in the Blue Room, the monarch’s most private room next to his bedroom. It happens in the morning, when the king gets up with the help of a crutch and Miguel Fernández Tapia-Ruano, the faithful military doctor who has spent half his life in the House and who has replaced the historic Avelino Barros, promoted to Colonel after asking for his departure of Zarzuela in full post-Botswana pressure. «I’m very bad,» the king murmurs, his face swollen, his body defeated, unable to stand up. An infection has invaded the prosthesis of the left hip implanted last year by Dr. Ángel Villamor. A few «bugs» that can be passed to all parts of the body where the monarch has titanium, like the other hip or knee. The result would be a septicemia and death. Big words.
This time, again against Corinna, who wants the king to operate in the United States. Alfredo Pérez Rubalcaba, then leader of the opposition, takes an initiative that ends up disrupting Corinna’s plans. He has slept badly that night, worried about the king’s decision to go to the United States. When he gets up, agitated, he calls Spottorno: «The king can not go to Rochester.» Then he calls the Prime Minister, Mariano Rajoy, and takes it out of the meeting of the Council of Ministers. Rajoy agrees with Rubalcaba and both call the king separately to try to convince him. Despite political pressure, Juan Carlos I resists.
In the House they opt for La Paz, but Juan Carlos I refuses in the round. In La Paz, Franco died until death, and he will not go to the same place.
The agreement that satisfies everyone is the Quirón clinic in Pozuelo de Alarcón. Relieved, Spottorno and his assistants finish spinning the details of the historic press conference already advanced at four in the afternoon to stop the rumors. Meanwhile, the king has to dance with the ugliest: he has to call Corinna and confess that he has thrown in the towel, which will be operated in Madrid. She interprets it as another lost position in her struggle to achieve the status she believes she deserves in Zarzuela.

The second socialist president of democracy (2004-2011) did not see, or did not want to see, the decline of the Crown in the same way that he ignored the economic crisis until it was such a serious reality that it ended up costing him the job. Only in extremis, on December 21, 2011, the same day that Mariano Rajoy was invested in the Cortes, Zapatero decided to talk about the problem of the monarchy. He was in a hurry then to share with his successor what he considered a serious state problem: the royal family had become dysfunctional, a kingdom of taifas led by a monarch lost in the fog of a romance that kept him away from the issues of the country. Queen Sofía on the one hand, the Princes of Asturias on the other and the infantas Elena and Cristina as well. The joint meetings of the six adult members of the Royal House once a month at that time were difficult, if not impossible.
Felipe can not control his father, who is in free fall, according to Zapatero. Moragas listens. The PP, focused on winning elections that had escaped twice, has not noticed the evolution of the leadership of the State and will not do so at the beginning of the legislature marked by the economic crisis to which Rajoy devotes all his energy .
Until Friday April 13, 2012, when Spottorno breaks into Moncloa after the Council of Ministers, Rajoy is not aware of the magnitude of the crisis in Zarzuela. Juan Carlos I is flying to Madrid with a broken hip and Rajoy did not know he was in Botswana, although he had arrived outside of Spain. Everything else ignores it.

Juan Carlos was the best king at that time, and Felipe VI is for now, «says a person who has served both. An old acquaintance of Juan Carlos I, one of the real ones, of those who do not recognize themselves «in the frolics and laughter» of the last period of the juancarlismo, comments: «The years as pretender to the throne – almost thirty – constitute the better training of Don Juan Carlos. What he has done most in his life has been talking on the phone. It has a professional card of the richest in Spain and Europe. You can talk to whoever you want. All those years-twenty-seven with Franco and two others that his father denies his dynastic legitimacy-Don Juan Carlos has to fight for the throne. »
And he continues: «For me he is better prepared than his son. During all the years that Franco claimed the throne, he looked for twists and turns through people who sometimes betrayed him for fear of the dictator. The power was very scary. That tug of war is a training that lasts for many years. He was forming in the hardest way, he alone, looking for people to trust …
Felipe VI wants to bury those affaires of the past, that palace intrigue lived between 2012 and 2014 and focus on the future, his and the country, which depends on that generation of Spaniards who now have between eighteen and thirty-four years. But this first triennium appears stubborn: political stagnation and institutional instability will be its hallmarks. His reign will not be that of the two Spains of Machado, but that of the «four Spains» that Barreiro describes later, in June of 2017, also in El País: a fourfold society generated by the confrontation of impoverished-affluent digital and analogue , «Fruit of the recession and the technological revolution and that have shaped a new social map in which it is fundamental to weave alliances». Young people, according to Barreiro, more «antagonists» than «precursors»: «More than exploring new routes, they seek to move towards contrary destinations». They are not defined in ideological terms like their parents: they are not conservative or socialist, but liberal or progressive.

Letizia Ortiz has undergone a process of «physical and spiritual» change that has lasted thirteen years and continues. There are four stages in his life as a member of the royal family, four letizias in the same person.
He has a very complicated character, but he is a good person. Thanks a lot when someone is kind to her. When she goes alone to the acts, she appears more natural, when she goes with the king it is more difficult for her to play the role of vase. Its objective is the same as that of the king: to do things well ». Those who have or have had direct contact with her agree that «she likes to be provocative», «she finds it hard to shut up and tame her opinions, always strong». But they also add that the final decision is always taken by the king: «And then she is silent, at least publicly».

The nickname of the Prepared one, that is used mainly to insult it, obeys to the fact that it is the first king of Spain with university title and master’s degree. Those around him, however, give more importance to the fact that he has been «designed» for the position he occupies since childhood, something like the bionic man. An artificial and careful preparation that is behind that touch of steel that some perceive in its character and that clashes with the way of being Spanish.
But it is perhaps his sentimental and personal education that offers the most clues about his psychological profile. He had a superficial father, distant with the children, hedonist, classist and infidel.
After his speech on October 3, 2017 on the Catalan question, even his detractors, those who lack more political cunning, have recognized that Felipe VI has portrayed himself as king in his defense of the unity of Spain.
But not everything is intellectual, military and sports preparation in the life of Felipe de Borbón, just as Letizia Ortiz did not spend half her life listening to Wagner. Someone who treated him «in the squad of Palma», in the «glasses of Madrid» and in the hunts in the house of his friends Fuster or Samuel Flores, the father-in-law of Adolfo Suárez Jr., speaks of a «normal, pleasant man» , discreet, calm «in all this life outside of work:» Neither the fastest nor the most sympathetic nor the one that has to be above all. A calm guy who, of course, is given everything done ».
Philip VI does not take his ex-girlfriend’s bill. To Queen Letizia theirs yes. Sexism does not forgive, and sometimes Queen Letizia wonders why Spanish journalists (men) had no problem with the list of lovers of Juan Carlos I, who they protected for forty years, and yet criticize her for their relationships with men when I was in my twenties and the last thing I thought was that one day I would be the queen of Spain.

That Friday, January 22, 2015, the king handled more information than anyone and acted as a liaison informing Sánchez of the plan that Iglesias is going to offer him. The following week, in the second round of consultations, Felipe VI gave another exclusive to Alberto Garzón, the leader of IU, to advance him that Iglesias has thought of him as Minister of Labor in that hypothetical Government that wants to form with the PSOE and that Alfredo Pérez Rubalcaba nicknamed «Frankenstein» with great success.
That Friday, January 22, more things happen. Juan Carlos I, who has abdicated but has not stopped feeling, reacts furious when he knows the news of Rajoy’s withdrawal:
– I was going to do this!

King Felipe is clear: his brother-in-law Iñaki Urdangarin can never return to the institutional life of the Spanish royal family. Never. Urdangarinologist Taulés maintains that Letizia Ortiz was the first to realize the «moral character» of Urdangarin, perhaps because it comes from a social level not too different from his own. This theory is corroborated in the environment of the Infanta, where Iñaki Urdangarin is losing points. Rewind to the video of the Prince of Asturias awards of October 2004: there is Urdangarin looking at Letizia, the shrunken princess, from the heights of the box with haughtiness in her pupils, the same that some now see in Queen Letizia.
The Nóos case has done a lot of damage to the family and the institution. Politically, it has also influenced the distancing of Catalonia, where the Infanta had her life made. Kings Felipe and Letizia look with horror at the poster of the CUP to make propaganda of the referendum of October 1 under the slogan «Self-determination, disobedience, Catalan countries: strike down.»

October 3, 2017, Constitution, law, unity, Catalonia. Here is the fourth and final decision he takes alone to advance in the dark jungle through which he has been traveling for forty months. For Zarzuela, the turning point, the breaking point of the reign. What he says, and how he says it, surprises defenders and critics. For the tone, for the forcefulness, for the severity. A gray-haired king goes to the camera, almost irritated, with his hands clenched, in motion, his brow furrowed, some words highlighted – «inadmissible», «proud» – and a black jacket to match the atmosphere of «extreme gravity» who denounces
The only concession to joy is the blood red of his tie, a visual continuation of his imperial vermilion banner, a symbol of his residual power.
Professor Fuentes sees it this way: «The Catalan problem is the test of fire of the meritocratic monarchy that Felipe VI represents. His role is very difficult because he does not have an active intervention capacity as his father did on 23-F. Juan Carlos I put on the table his credentials as supreme head of the armed forces, stopped the coup and went to the nation to tell. Felipe VI does not have such a clear trump card to play because he has no concrete power to apply. The measure of success will be given if Catalonia does not become independent during his reign.
Pedro Sánchez, with whom the king speaks during the autumn crisis. He had received it in summer for almost three hours after his political residency at the head of the PSOE, but then he did not suspect that his role would be so relevant. The environment of Sanchez gives great importance to his relationship with the king, with which he gets along. According to the new PSOE, Sanchez has done very important things for the state that Felipe VI represents: avoiding the sorpasso of Podemos in June 2016 and preserving the position of the PSOE as a backbone of the bipartisan system; stop Miquel Iceta in his support for the right of self-determination before the referendum and accept the nomination of the king despite not having enough deputies to succeed. Finally, despite the rejection he felt for the police intervention of the 1-O, join the constitutionalist and majority camp after the speech of the monarch, although this makes him seem ally of Rajoy and not the State, as the new socialists do not get tired to repeat.

Whatever happens in the future, Felipe VI has risked awakening dormant republicanism in Spain because he estimates that the price of living with that minority against is not too high. Like the Government of the PP, he believes that the Catalan problem can be «carried» in the Orteguian way. It is enough to recover education and the media, the main architects of that «indoctrination» that, according to the constitutionalist parties, is behind the exacerbated independence movement of recent years.
The bet includes risks. Polls show that Spaniards are still differentiating between the monarchy, which still suspends, and its owner, which is favorably seen by all voters of the PP and especially after 3-October.
Defenders of Juan Carlos I and the critics of Felipe VI insist that the House of the King threw overboard that day the enormous work of media rehabilitation carried out throughout the month of May after the scandals rescued from Barbara Rey and Marta Gayá In just ten days of May there was a kind of real marathon with Juan Carlos I and Queen Sofia as protagonists, together, in four major events: delivery of the gold medal of the Royal Academy of Medicine to his sister, the Infanta Margarita ; dinner offered by the Norwegian Prime Minister in honor of King Harald on his eightieth birthday; funeral for his aunt, the Infanta Margarita; communion of his granddaughter, the Infanta Sofía, and the final strike with the fortieth anniversary of the Queen Sofia Foundation, in which the queen emeritus thanked her publicly for her work.

In Zarzuela (palace) what they want is to be out there with their friends Millonetis, without disturbing and if possible without taking pictures or social networks, «say sources close to Juan Carlos I.» Things have not gone as designed. They do not give him affection. He is a time bomb, and you have to take care of it, you have to take care of it ».
In Spain it has many that the king himself calls the telephone court. They are the ones who call three or four times a year to see how things are going. Alfredo Pérez Rubalcaba.

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