Travesías Históricas. Viajeros Andaluces Que Contaron El Mundo — Eva Díaz Pérez / Historical Crossings. Andalusian Travelers Who Counted The World by Eva Díaz Pérez (spanish book edition)

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Decir que esta autora me parece magnífica, me la recomendó hace tiempo Laura Tinajero, una buena escritora como afición, lo interesante de este libro es romper los clichés a lo largo del tiempo.
Una cosa es la historia oficial y otra la real. Después de muchos años de investigación y de rebeldía contra las narrativas oficiales, los clichés y los tópicos, decidió la autora buscar a personajes andaluces que en diversas épocas hubieran mostrado una curiosidad por los horizontes ajenos. Andaluces más allá de Andalucía. El resultado fue una amplia galería de ilustres observadores que no sólo habían contado el mundo sino que además habían sido los primeros en hacerlo. Porque no deberíamos olvidar que los viajeros andaluces fueron pioneros a la hora de describir cómo eran las tierras, los frutos o los animales jamás vistos en Europa.
En este libro se rescatan el testimonio de los hombres adelantados, de los intelectuales y creadores que recorren el mundo por curiosidad y para seguir ampliando los horizontes de sus paisajes mentales. Hombres que en un mundo de intolerancia quieren seguir leyendo y aprendiendo, como Hernando Colón con su viaje libresco por las grandes imprentas de Europa para reunir su biblioteca. O el heterodoxo erasmista Antonio del Corro, nuestro primer britanista. O el lúcido Blanco White y su búsqueda incansable de la libertad de pensamiento. O el sefardita Miguel de Barrios llevando una doble vida en Ámsterdam y escondiéndose en cuadros de Rembrandt. Otro judío andaluz, Joseph de la Vega, también en Ámsterdam se dedicaría al comercio y las finanzas y es célebre por ser quien escribió el primer tratado mundial sobre la Bolsa, pero con gracejo andaluz, pues se trata de una sátira.

Sin duda esa lucha contra la versión oficial nos demuestra primero que debemos ser rebeldes y aparte que es una gozada de disfrutar de libros como este y de su autora, una dicotomía perfecta.
No todo en América se debe asociar a el dorado, Naufragios apareció en 1542 en Zamora, y relata cómo los españoles recorrieron hasta 8.000 kilómetros, se convirtieron en esclavos y curanderos y anduvieron desnudos y sin ver a “otros cristianos” durante años. La narración es ejemplo de un viaje lleno de frustraciones, miseria, hambre, desolación y fracaso. Unas Indias sin Dorados. «De cuantas armadas a aquellas tierras han ido ninguna se viese en tan grandes peligros ni tuviese tan miserable y desastrado fin», escribe el explorador andaluz.

La aventura de Esteban Martínez en Nutka queda así truncada, pero no su ánimo de hombre visionario, ya que propone a la corona española nuevas exploraciones y establecimientos en las islas de Mesa o Sandwich para vender pieles de la costa californiana en Asia.
Sin embargo, su idea no es admitida, a pesar de que favorecía mucho el comercio español al ser la travesía con Asia más corta que la que ya tenían establecida los ingleses. Pero en ese momento, a España no le interesaba crear una nueva guerra comercial con Inglaterra.
Los últimos años de Esteban Martínez se pierden en la desmemoria. Poco se sabe del explorador andaluz de Alaska, sólo que durante algún tiempo fue oficial de escolta en convoyes de azogues. Así termina la brillante biografía de un personaje por encima de su tiempo, un marino al que le falló quizás la época y el país al que servía.

El botánico (Celestino Mutis) se lamenta de la desidia española, de la falta de interés, razones que tendrán que ver con la pérdida del imperio: «Mientras en España se iba perpetuando un profundo olvido sobre las empresas de esta naturaleza, todas las naciones, especialmente las que poseían algunos establecimientos en América, aspiraban a porfía a poseer igualmente el conocimiento de sus tesoros naturales y a la formación de gabinetes públicos y privados».

La obra de Antonio del Corro es la de un humanista reformista, un lúcido hombre de fe cuyos libros impactaron en la Europa agitada de las luchas de religión. Su obra no pasó desapercibida sino que fue traducida a varios idiomas e influye en los hombres de su tiempo. Sin embargo, su memoria ha sido secuestrada en su país natal. Sólo poco a poco su figura está siendo rescatada e incorporada a la Historia de España.
Antonio del Corro conoció la tragedia de sus compañeros y durante toda su vida en el exilio recordó lo sucedido en Sevilla antes de que se descubriera la herejía. Inglaterra fue su patria de acogida, el lugar donde ejerció con libertad su ministerio y su particular concepción del humanismo religioso en la intolerante Europa que le tocó vivir. La misma Inglaterra destino inevitable de ciertos personajes demasiado lúcidos, demasiado libres, demasiado osados como otros heterodoxos sevillanos, desde Blanco White al exiliado republicano Chaves Nogales. La tumba de Antonio del Corro se encuentra en Londres, en la iglesia de Saint Andrew’s by the Wardrobe.

Marchena no es el único español que vive la Revolución Francesa. Otro curioso personaje es Domingo de Iriarte –hermano del fabulista Tomás de Iriarte–, que desde la embajada española en París envía cartas a otro de sus hermanos, don Bernardo. O el granadino Andrés María de Guzmán, cuyo protagonismo en los sucesos, como amigo de Marat y dirigente del Club de los Cordeliers, le llevará desgraciadamente hasta el mismo cadalso. De hecho, el 31 de mayo de 1793 hizo tocar a rebato (tocsin) las campanas de las iglesias de París dando la señal clave para la rebelión contra los girondinos y pasando así a llamarse don Tocsin.
Pero ¿y Marchena? ¿Qué le ocurrió durante la revolución? ¿Logró sobrevivir a las intrigas y traiciones? José Marchena sufrirá en sus carnes el terror revolucionario. Robespierre se convierte en su enemigo y no duda en enviarlo a la celda número 13 de la Conciergerie donde con su amigo el poeta Riouffe se inventará un dios carcelario llamado Ibrascha…

Son célebres las Letters from Spain (Cartas de España) del reverendo Blanco White, una obra que gozó de fama entre los ingleses por servir como excepcional documento de las costumbres de los españoles. Un libro escrito por quien conocía bien la idiosincrasia de su país, sus defectos y sus virtudes. Una obra que publicó por entregas con el seudónimo de Leucadio Doblado en The New Monthly Magazine para el público inglés que adoraba esa moda de las crónicas al modo epistolar, de diálogos autobiográficos donde se relataban las cosas curiosas de países extranjeros. Sin embargo, mucho menos conocidas son sus Cartas de Inglaterra.
De Cartas de Inglaterra destaca la continua confrontación con España, desde el paisaje a la forma en la que se aborda la religión o se cuidan las costumbres sociales. La mirada de Blanco White al país observado es muy diferente a la descripción que solían hacer los extranjeros sobre España. Los viajeros que visitaban España contemplaban el país desde una posición de superioridad, de orgullo de quien cree estar por encima al llegar de un lugar más rico e industrializado. La mirada de Blanco White es lúcida y con la pretensión de que el lector español aprenda de una cultura civilizada. No se trata de admitir la inferioridad sino de admirar a quien ha descubierto las virtudes de la cultura, la libertad y la tolerancia.

Pero Tafur debió de nacer entre 1405 y 1410 y fue criado en la casa del maestre de la orden de Calatrava, Luis de Guzmán. Combatió en las guerras de Reconquista. Vivió en la collación de Santa María en Córdoba, casó con Juana de Horozco y tuvo tres hijos. Nombrado caballero veinticuatro tomó posesión de Fuenteovejuna en nombre de Córdoba tras la rebelión contra el comendador de Calatrava Fernán Pérez de Guzmán.
Y, más allá de la peregrinación a lugares sagrados, estaba la narración del hombre que había recorrido espacios legendarios, territorios aún poblados por historias fantásticas, pero que tenían los días contados porque comenzaba otra época, la era de los grandes descubrimientos. Tafur murió hacia 1484, apenas unos años antes de que llegaran a la misma Sevilla en la que vivió viajeros relatando cosas aún más sorprendentes que las que narró el caballero andaluz en sus Andanzas.

Emilio Castelar no es uno de esos viajeros bobos que se dejan fascinar por todo y que son incapaces de ver la parte negativa de los paisajes visitados. De hecho, no ahorra descripciones críticas: «El Tíber es verdaderamente el río de las cloacas. Sus amarillentas aguas le dan aspecto de gigantesco vómito de hiel». Pero cuando llega a las ruinas del pasado, el hombre leído y conocedor de la Historia queda fascinado: «Por muy católico que seáis (…) sentís dolor infinito por la muerte de la religión del arte y os dan tentaciones de pedir que se levanten de nuevo los antiguos templos y continúen los interrumpidos sacrificios para oír los cánticos de los coros».
Florencia, Nápoles, la isla de Capri o Venecia son otros destinos descritos en los recuerdos italianos de Castelar. Precisamente en Venecia rescata algunas evocaciones de Andalucía. Castelar viene de la Campiña de Padua y compara la visión de Venecia con la primera vez que vio la Alhambra, la misma sensación de fragilidad, de temor por su desaparición. Y evoca los relatos de invierno que le contaba su madre con misteriosas historias venecianas «a la usanza de principios del siglo: la decapitación de Marino Faliero, el destierro del joven Foscari, el heroísmo inmortal de Dandolo, la salvaje pasión de Otelo, el esplendor de sus banquetes inmortalizados por Pablo Veronés, los desposorios del Dux con las aguas de los mares».

Cristóbal de Castro se ha visto precisado a optar por dos soluciones: o convertirse en cantor de las glorias rusas, o regresar a España para publicar sensacionales artículos con los datos que ha podido adquirir. (…) Cristóbal de Castro, que llegará dentro de pocos días a Madrid, nos anuncia que trae sensacionales apuntes y grandes deseos de comenzar la serie de artículos que le ha sido imposible escribir desde San Petersburgo, a menos de hacer méritos para una plaza de deportado siberiano». Quizás esa escritura del conflicto ya lejos de Rusia hizo crear la leyenda de que en realidad nunca había estado allí.

Los viajeros visitan en Turín la capilla del Santo Sudario, luego llegan a Milán (recién liberada de los austriacos) y Venecia, donde Alarcón navega en góndola con capa española. «Nada más triste y pavoroso que el dédalo de estrechísimos canales que se adivinaba allá dentro… Ni un alma, ni un rumor, ni un punto de terreno en que desembarcar se percibían en aquellos barrios interiores, cuyo cielo apenas se alcanzaba a ver por encima de las altas y estrechísimas callejas, y cuyo pavimento era doquier el taciturno abismo… », explica narrando las contrapostales de otra Venecia. Más tarde alcanzarán Padua, Bolonia y la Toscana hasta Roma. «Después vendrá Nápoles, presa de la anarquía, Nápoles en plena guerra, la Nápoles de Garibaldi», apunta recordando en su memoria que los paisajes de las batallas son siempre los mismos.

El libro termina con un anexo de retratos y mapas sobre nuestros protagonistas en un libro recomendable.

To my way of thinking this author’s just magnificent, Laura Tinajero recommended me a long time ago, a good writer as a hobby, the interesting thing about this book is to break the clichés over time.
One thing is the official story and another the real one. After many years of investigation and rebellion against official narratives, clichés and clichés, I decided to look for Andalusian characters who at various times had shown a curiosity about other people’s horizons. Andalusians beyond Andalusia. The result was a wide gallery of illustrious observers who had not only told the world but had also been the first to do so. Because we should not forget that Andalusian travelers were pioneers when it came to describing what land, fruits or animals were like in Europe.
In this book the testimony of the advanced men, of the intellectuals and creators who travel the world out of curiosity and to continue expanding the horizons of their mental landscapes, are rescued. Men who in a world of intolerance want to continue reading and learning, like Hernando Colón with his bookish journey through the great printing presses of Europe to gather his library. Or the heterodox Eraser Antonio del Corro, our first British. Or the lucid White White and his tireless search for freedom of thought. Or the Sephardi Miguel de Barrios leading a double life in Amsterdam and hiding in paintings by Rembrandt. Another Andalusian Jew, Joseph de la Vega, also in Amsterdam would be dedicated to trade and finance and is famous for being the one who wrote the first world treaty on the stock market, but with Andalusian wit, because it is a satire.

No doubt that fight against the official version shows us first that we must be rebels and apart from that it is a joy to enjoy books like this and its author, a perfect dichotomy.
Not everything in America should be associated with the dorado, Naufragios appeared in 1542 in Zamora, and tells how the Spaniards traveled up to 8,000 kilometers, became slaves and healers and walked naked and without seeing «other Christians» for years. The narrative is an example of a trip full of frustrations, misery, hunger, desolation and failure. Some Indians without Dorados. «Of how many armed to those lands have gone none was seen in such great dangers or had such a miserable and disastrous end,» writes the Andalusian explorer.

The adventure of Esteban Martínez in Nutka is thus truncated, but not his spirit of visionary man, since he proposes to the Spanish crown new explorations and establishments in the islands of Mesa or Sandwich to sell skins from the Californian coast in Asia.
However, his idea is not admitted, although it greatly favored Spanish trade to be the crossing with Asia shorter than the English had already established. But at that time, Spain was not interested in creating a new trade war with England.
The last years of Esteban Martínez are lost in forgetfulness. Little is known of the Alaskan Andalucian explorer, only that for some time he was an escort officer in azogues convoys. Thus ends the brilliant biography of a character over his time, a sailor who failed perhaps the time and the country he served.

The botanist (Celestino Mutis) laments the Spanish neglect, the lack of interest, reasons that will have to do with the loss of the empire: «While in Spain was perpetuated a deep oblivion on companies of this nature, all nations , especially those that possessed some establishments in America, aspired to obstinacy to also possess the knowledge of their natural treasures and the formation of public and private cabinets.

The work of Antonio del Corro is that of a reformist humanist, a lucid man of faith whose books impacted the troubled Europe of the struggles of religion. His work did not go unnoticed but was translated into several languages ​​and influences the men of his time. However, his memory has been hijacked in his native country. Only little by little his figure is being rescued and incorporated into the History of Spain.
Antonio del Corro knew the tragedy of his companions and throughout his life in exile he remembered what happened in Seville before the heresy was discovered. England was his homeland, the place where he freely exercised his ministry and his particular conception of religious humanism in the intolerant Europe that he had to live. The same England inevitable fate of certain characters too lucid, too free, too bold as other heterodox Sevillians, from White White to the exiled Republican Chaves Nogales. The tomb of Antonio del Corro is located in London, in the church of Saint Andrew’s by the Wardrobe.

Marchena is not the only Spaniard who lives the French Revolution. Another curious character is Domingo de Iriarte – brother of the fabulist Tomás de Iriarte – who, from the Spanish embassy in Paris, sends letters to another of his brothers, Don Bernardo. Or the Grenadian Andrés María de Guzmán, whose protagonism in the events, as a friend of Marat and leader of the Club de los Cordeliers, will unfortunately lead him to the same scaffold. In fact, on May 31, 1793, he made the bells of the churches of Paris ring to the tocsin, giving the key signal for the rebellion against the Girondins and thus becoming known as Don Tocsin.
But what about Marchena? What happened to him during the revolution? Did he survive the intrigues and betrayals? José Marchena will suffer in his flesh the revolutionary terror. Robespierre becomes his enemy and does not hesitate to send him to cell number 13 of the Conciergerie where with his friend the poet Riouffe will invent a prison god called Ibrascha …

The Letters from Spain of the Reverend Blanco White are famous, a work that enjoyed fame among the English for serving as an exceptional document of the customs of the Spaniards. A book written by who knew well the idiosyncrasy of his country, its defects and its virtues. A work that he published in installments with the pseudonym of Leucadio Doblado in The New Monthly Magazine for the English public that adored that fashion of the chronicles in the epistolary way, of autobiographical dialogues where the curious things of foreign countries were related. However, much less known are their Letters of England.
Of Letters of England it emphasizes the continuous confrontation with Spain, from the landscape to the form in which the religion approaches or the social customs are taken care of. White White’s look at the observed country is very different from the description foreigners used to make about Spain. The travelers that visited Spain contemplated the country from a position of superiority, of pride of those who believe to be above when they arrive from a richer and industrialized place. White White’s look is lucid and with the pretense that the Spanish reader learns from a civilized culture. It is not a question of admitting inferiority but of admiring those who have discovered the virtues of culture, freedom and tolerance.

But Tafur must have been born between 1405 and 1410 and was raised in the house of the master of the order of Calatrava, Luis de Guzmán. He fought in the Reconquista wars. He lived in the colony of Santa María in Córdoba, married Juana de Horozco and had three children. Named knight twenty-four took possession of Fuenteovejuna in the name of Cordoba after the rebellion against the commander of Calatrava Fernán Pérez de Guzmán.
And, beyond the pilgrimage to sacred places, was the narrative of the man who had traveled through legendary spaces, territories still populated by fantastic stories, but whose days were numbered because another era began, the era of great discoveries. Tafur died around 1484, just a few years before they arrived at the same Seville in which he lived travelers relating things even more surprising than those narrated by the Andalusian gentleman in his Ananzas.

Emilio Castelar is not one of those dumb travelers who let themselves be fascinated by everything and who are unable to see the negative side of the landscapes visited. In fact, it does not save critical descriptions: «The Tiber is truly the river of the sewers. Its yellowish waters give it the appearance of gigantic vomit of gall ». But when he arrives at the ruins of the past, the man who is read and knows History is fascinated: «No matter how Catholic you may be (…) you feel infinite pain for the death of the religion of art and you are tempted to ask them to rise up from new the old temples and continue the interrupted sacrifices to hear the chants of the choirs ».
Florence, Naples, the island of Capri or Venice are other destinations described in the Italian memories of Castelar. Precisely in Venice rescues some evocations of Andalusia. Castelar comes from the Campiña de Padua and compares the vision of Venice with the first time he saw the Alhambra, the same feeling of fragility, of fear of his disappearance. And he evokes the tales of winter that his mother told him with mysterious Venetian stories «in the style of the beginning of the century: the decapitation of Marino Faliero, the exile of the young Foscari, the immortal heroism of Dandolo, the wild passion of Othello, the splendor of his banquets immortalized by Pablo Veronese, the betrothal of the Doge with the waters of the seas ».

Cristóbal de Castro has been forced to opt for two solutions: either become a singer of the Russian glories, or return to Spain to publish sensational articles with the data he has been able to acquire. (…) Cristóbal de Castro, who will arrive in Madrid in a few days, announces that he brings sensational notes and great desires to begin the series of articles that he has been unable to write from Saint Petersburg, unless he has merit for a position deported Siberian ». Perhaps that writing of the conflict and far from Russia did create the legend that in fact had never been there.

Travelers visit the chapel of the Holy Shroud in Turin, then arrive in Milan (recently freed from the Austrians) and Venice, where Alarcón navigates in a gondola with a Spanish cape. «Nothing more sad and terrifying than the maze of narrow channels that could be glimpsed in there … Not a soul, not a rumor, not a point of land to disembark were perceived in those inner neighborhoods, whose sky was barely visible above. of the tall and narrow streets, and whose pavement was everywhere the taciturn abyss … », explains narrating the contrapostals of another Venice. Later they will reach Padua, Bologna and Tuscany to Rome. «Then Naples will come, prey to anarchy, Naples in the middle of the war, Garibaldi’s Naples», he recalls in his memory that the landscapes of the battles are always the same.

The book ends with an annex of portraits and maps about our protagonists in a recommended book.

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