¿Dónde Vas Europa? — Miquel Seguró & Daniel Innerarity / Where Are You Going Europe? by Miquel Seguró & Daniel Innerarity

Un libro muy interesante y sugerente, tanto por los contenidos de cada capítulo como por el conjunto de la obra, que es muy sólida. recomendable para iniciados y para interesados en ciencias humanas (filosofía, sociología, política).

¿Qué es Europa? ¿Un continente? ¿Una idea? ¿Una cultura? ¿O la historia común de muchos seres humanos? Tal vez sea el gran Leviatán. ¿O es un poco de todo? Sobre todo, Europa parece haberse convertido en una obviedad.
Nos asalta la angustia de que podríamos frustrarlo todo, de que podríamos no estar a la altura de los logros y de los sacrificios de nuestros antepasados, y no mostrarnos dignos de ellos. De esas consideraciones surge la pregunta: ¿Quo vadis? ¿A dónde vas, Europa? Y surge la idea de este libro. Brota del deseo de hacer una aportación a la discusión en torno a Europa, cuyo futuro nos preocupa tanto.
¿Qué es, pues, Europa? ¿Un continente, una tradición cultural o algo diferente ? ¿Acaso una federación de estados soberanos que libremente participan de un proyecto común de convivencia llamado Unión Europea?
La idea de una unión supraestatal libremente asumida es, para muchos, un proyecto de lo más atrayente, pero es, en efecto, lo que está más en duda ahora mismo. La credibilidad del proyecto en común de la Unión Europea se ha visto fuertemente zarandeada por el Brexit y la crisis de la deuda en Grecia. En ambos casos se ha puesto de manifiesto la poca consistencia ideológica del proyecto común. Sobre todo en lo que atañe a la gestión de la crisis griega, que ha hecho popular el concepto de troika, triunvirato que conforman la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional.
Ni tremendismo ni triunfalismo, pues. El justo medio, como diría Aristóteles; ese es el arte de la prudencia. Y si, como relata el mito, la belleza de Europa hechizó al mismísimo dios de dioses, ¿por qué el atractivo de lo que evoca no puede volver a arrebatarnos?.

Vivimos en un mundo común, pero no pensamos en común. A pesar de ello, surgen dentro y fuera de Europa formas de pensamiento que han empezado a descolonizar la filosofía. Descolonizar la filosofía es lo contrario de exportarla como producto acabado al circuito del mercado académico global. No se trata de que haya departamentos de filosofía en cada rincón del planeta, sino de afrontar el reto de pensarnos juntos en un mundo interdependiente. Que la vida es un problema común se ha hecho hoy radicalmente verdad. Vivimos en manos de los otros a un nivel que no hubiésemos llegado nunca a imaginar, porque no solo compartimos vínculos de necesidad, sino que estamos expuestos, todos a la vez, a la posibilidad real de nuestra propia destrucción como especie. Esta es la situación filosófica de nuestro tiempo, que nos exige abrirnos a una nueva experiencia de la totalidad para la que el universalismo europeo, como proyecto difusionista, ha quedado desfasado.
No es la de Europa sobre otros países, imperios y territorios. Es la de una especie hecha una, que ha convertido al planeta en un solo ecosistema en peligro. Desde esta situación, la libertad como posibilidad de valorar y decidir su propia acción coincide paradójicamente con la necesidad. Con la necesidad más fundamental, que es la de la supervivencia o, dicho de manera más precisa, la de gozar aún de una vida vivible. El ejercicio de esta libertad ya no necesita un sujeto que se constituya en la distancia o una conciencia reflexiva capaz de separarse de la realidad objetiva. Todo lo contrario: precisa una subjetividad capaz de redefinirse desde los vínculos de vida o de muerte que lo atan al destino de los otros y del planeta entero. El acto libre más importante, el del compromiso, depende, entonces, hoy, de una conciencia colectiva de esta necesidad. Esta es la paradoja de nuestro tiempo. Este es el desafío de nuestra época y necesita una ontología política capaz de pensar en relación, sin oponerlos, el ser y el no-ser, en las fronteras porosas entre la filosofía y la no filosofía, Europa y todo lo que no es Europa.

Desde la época del humanismo italiano a la del iluminismo francés o a la del idealismo alemán, el pensamiento europeo siempre ha contenido un elemento de emancipación que evocaba la igualdad entre todos los seres humanos y todos los pueblos. ¿Por qué renunciar a esta vocación justo ahora, cuando todos los hombres y todos los pueblos están unificados en un mismo destino tanto por los medios de destrucción masiva como por los medios de construcción de nuevas posibilidades para todo el género humano? Retomamos la cuestión, a la que aludimos antes, sobre lo que puede ser y, sobre todo, cómo puede formarse un pueblo europeo. En la actualidad no existe, como quizá tampoco existe un único pueblo en el interior de cada Estado. En cada uno de ellos se enfrentan dos pueblos desiguales por sus recursos y oportunidades, que con frecuencia no se encuentran. El pueblo futuro de Europa solo puede nacer de este encuentro. Es decir, del cambio de las relaciones de fuerza entre los que retienen para sí buena parte de la riqueza y los que deben contentarse con las migajas. Volver a interrogarse sobre la vía de salida a esta situación, imaginar un continente distinto e intentar realizarlo puede ser la tarea futura del pueblo europeo.

Europa ha sido territorio de migraciones a lo largo de los siglos. De emigraciones e inmigraciones. Hay países europeos que llevan siglos trasterrando a sus poblaciones por los motivos que sean, generalmente económicos, políticos y a veces religiosos. Otros, en cambio, sobre todo los que han sido metrópolis de imperios, aunque no solo ellos, se han configurado como países receptores o de acogida de poblaciones ajenas. Como hizo Roma a raíz del edicto de Caracalla, las antiguas metrópolis acabaron extendiendo la ciudadanía a todos los habitantes de los imperios. No en balde se lo habían ganado estos, combatiendo en guerras que afectaban a las metrópolis. Los contingentes canadiense y australiano del ejército británico en las guerras europeas, los cuerpos de combatientes hindúes o los de las unidades africanas en el lado francés prepararon el camino para que, en aplicación de teorías políticas tan europeas como lo era el marxismo (por ejemplo, el nacionalismo), aquellos habitantes procedieran a sus respectivas emancipaciones nacionales, pero conservando en gran medida su condición de ciudadanos del imperio.
En los estudios sobre la evolución política del continente no suele considerarse que haya alguna relación entre esta extrema derecha latente, que asomaba de forma esporádica, y el auge de las políticas conservadoras y neoliberales y de los movimientos ideológicos de la derecha. Esto es, que haya algún tipo de relación entre los triunfos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher y el auge de la nueva derecha en todo el mundo pero especialmente en Francia.
Sin embargo, esta hipotética coyunda ayudaría a explicar un cambio de mentalidad en las relaciones entre las antiguas metrópolis y las excolonias.
La idea de Europa está marcada por esa referencia al otro. No ha lugar aquí a dilucidar si esa preocupación con el otro dice más o menos de nuestra capacidad para llegar a una comprensión satisfactoria de la otredad.
Es difícil configurar a los actuales refugiados como un enemigo exterior y verlos como una amenaza en términos militares, si bien determinadas formaciones de índole religioso-política que llevan una guerra santa contra los infieles coadyuvan mucho a ello. La amenaza del terrorismo contemporáneo está lejos de ser una fantasía o una especulación teórica. Al contrario, es una realidad material de muy difícil detección y combate. Además, los procedimientos antiterroristas se complican por la enorme variedad de relaciones entre terrorismo e integrismo islamista, cosa que se echa de ver considerando las relaciones entre los países europeos y un régimen aliado como Arabia Saudí.
La tipificación como enemigo y amenaza de este otro de los refugiados ha de buscarse en actividades distintas a las militares o de terrorismo (si bien este ayuda), en concreto en las sociales y económicas. Los inmigrantes, los refugiados no son atacantes ni representan amenaza alguna en lo militar, pero su presencia en sociedades muy azotadas por la crisis, en las que aumenta el índice de paro, es considerada negativamente en cuanto esas masas de refugiados vienen a diluir nuestra cultura, a deprimir los salarios y copar los puestos de trabajo.
Hay dos modos de enfrentarse a los fenómenos de tensiones territoriales que se dan actualmente en el continente en varios de sus Estados (como España, Italia, Bélgica, Gran Bretaña) y después de que las alteraciones producidas por la caída de los regímenes comunistas se hayan calmado: como una vía hacia la desintegración europea (mentalidad de la Europa de los Estados) o como otra de reorganización territorial del continente con la mutación de las regiones en entidades políticas capaces de llevar, a su vez, adelante esa unidad europea (mentalidad de la Europa de las regiones). Los dos resultados serán probablemente muy diferentes. Uno lo conocemos; el otro, no. Hacia ese hay que tender porque es el que apunta a la dinámica de la innovación, la reforma, el progreso, los ideales típicamente europeos.
Porque en Europa anida el principio esperanza, el gran motor del continente, el que localiza su ideal de futuro en ninguna parte, en Utopía. Porque la Europa realmente existente será siempre la que los europeos nos inventemos.

Fuera de la Unión Europea, Gran Bretaña no recuperaría de forma mágica su soberanía, dado que el término carece de significado si no se puede definir como el control real de una nación sobre sus propios asuntos, y no simplemente como derechos sobre el papel. En un mundo que es cada vez más interdependiente, Gran Bretaña tiene más influencia como miembro de la UE de lo que tendría en cualquier otro caso, incluso si actuara en solitario. Si Gran Bretaña queda fuera de la UE, Estados Unidos empezará a pasarla por alto, al igual que otros estados relevantes del mundo.
La capacidad negociadora del Reino Unido no es fuerte, sobre todo si la economía empieza a hundirse o a entrar en una recesión total, mientras los inversores posponen sus inversiones o se llevan su dinero a otra parte. En una caricatura que se ha hecho célebre en todo el mundo aparece un hombre con un sombrero hongo saltando de un avión mientras agita la bandera del Reino unido, solo que va sin paracaídas.
Precisamente por el hecho de que no hay ningún plan debería producirse un compromiso público renovado y amplio en caso de que se llegue a un acuerdo con el resto de la UE. Una posibilidad sería celebrar un segundo referéndum cuando se sepa con exactitud qué significa la mencionada «salida». Los votantes podrían decidir así sobre la base de una oferta concreta. La presión para que ello suceda puede llegar a ser insostenible. La otra vía, quizá la más probable, es celebrar unas elecciones generales.
A pesar de sus evidentes peligros, sin una u otra de estas posibilidades, el caos que se ha producido podría ser una nimiedad comparado con el que nos espera.

Quienes se obstinan en reclamar a los federalistas que expliquen hasta el último detalle qué significaría en concreto que nuestro país asumiera una lógica federal (es curioso que no suelan reclamar esa misma explicación respecto a Europa, como si ahí la cosa sí estuviera meridianamente clara) parecen confundir un modelo de edificio, un tipo de construcción, con un piso-muestra decorado hasta el más mínimo detalle. Ahora que lo pienso, quizá necesitan saber tanto porque les dé miedo dudar. Pues qué quieren que les diga: considero mucho más sexy, por volver a los términos del principio del presente texto, avanzar en la construcción de una cultura federal. O, tal vez mejor dicho, de un ethos federal.
Seguir adelante en política exterior confirma que la Unión Europea es necesaria, para los europeos y para el resto del mundo. Como actor responsable, comprometido con la multilateralidad y con las capacidades suficientes para poder lograr seguridad, dentro y fuera de los límites fronterizos. El euroescepticismo de muchos ciudadanos se vería desafiado con una actuación decidida de la UE en política exterior y seguridad, confirmando que no es tiempo de replegarse, sino de unirnos para hacer valer nuestros intereses.

Europa está en buenas condiciones para proteger a sus ciudadanos frente a los efectos de la globalización económica, para lo que se requiere una coordinación de aquellas áreas de política social en las que pueden identificarse efectos de escala positivos. Miguel Maduro ha propuesto un modelo de Europa social en el que la función de la UE en relación con las políticas redistributivas no consistiría en establecer o ejercer una función redistributiva, sino solamente en servir como una norma o estándar (yardstick) para la protección de los sistemas sociales a nivel nacional. Más aún: es muy posible que la supervivencia del estado de bienestar a nivel nacional dependa de algún tipo de régimen de bienestar transnacional en el futuro.
Decir esto en estos momentos tiene un tono intempestivo porque hay multitud de evidencias del deterioro de nuestros procedimientos democráticos y nuestros sistemas de protección social debido a la chapuza constitucional europea, pero es rigurosamente cierto si situamos las cosas en su contexto espacial y temporal: ni los valores democráticos ni las exigencias de cohesión social son realizables fuera de esa comunidad de riesgos que es la Unión Europea.

¿Qué diferencia hay entre una crisis de esperanza y una crisis de miedo? La respuesta es sencilla. Una crisis de esperanza fue la que generó en Europa la conquista colonial y la sensación de que iba a dominar el mundo. La crisis de miedo, en cambio, es la que surge de la conciencia de que este dominio está declinando y de que Europa debe compartir el mundo con otros. El miedo de Europa es, sobre todo, el miedo a que los nuevos actores de la historia la dejen en un segundo plano. Irónicamente, este miedo surge cuando se ha convertido en el mayor mercado mundial y cuando sigue siendo la institución política más atractiva del mundo.

En una pregunta a Chomsky se le expone la crisis europea de los refugiados ha obligado a varios países europeos, como Austria, Suecia, Dinamarca y Holanda, a suspender el acuerdo de Schengen. ¿Cree que estamos siendo testigos del derrumbamiento del proyecto de integración europeo e incluso, quizá, de la moneda única?
Creo que debemos distinguir entre la moneda única, cuyas circunstancias no fueron apropiadas, y el proyecto de integración de la UE, que, en mi opinión, ha sido un importante avance. Basta recordar que Europa se dedicó durante siglos a la masacre mutua en una escala terrorífica. La superación de las hostilidades nacionales y la reducción de las fronteras es un logro fundamental. Sería una gran vergüenza que el acuerdo de Schengen se colapsara debido a la percepción de una amenaza que debería ser fácil de resolver de manera humana y que, incluso, podría favorecer la salud económica y cultural de la sociedad europea.

A very interesting and suggestive book, both for the contents of each chapter and for the whole work, which is very solid. recommendable for initiates and for interested in human sciences (philosophy, sociology, politics).

What is Europe? A continent? An idea? A culture? Or the common history of many human beings? Maybe it’s the great Leviathan. Or is it a bit of everything? Above all, Europe seems to have become a truism.
We are assailed by the anguish that we could frustrate everything, that we might not live up to the achievements and sacrifices of our ancestors, and not be worthy of them. From these considerations arises the question: Quo vadis? Where are you going, Europe? And the idea of ​​this book arises. It springs from the desire to make a contribution to the discussion around Europe, whose future worries us so much.
What, then, is Europe? A continent, a cultural tradition or something different? Is it a federation of sovereign states that freely participate in a common project of coexistence called the European Union?
The idea of ​​a freely assumed supra-state union is, for many, a most attractive project, but it is, in fact, what is most in doubt right now. The credibility of the joint project of the European Union has been strongly shaken by the Brexit and the debt crisis in Greece. In both cases the little ideological consistency of the common project has been revealed. Especially as regards the management of the Greek crisis, which has made popular the troika, triumvirate concept that make up the European Commission, the European Central Bank and the International Monetary Fund.
Neither tremendismo nor triumphalism, then. The fair mean, as Aristotle would say; that is the art of prudence. And if, as the myth relates, the beauty of Europe bewitched the god of gods himself, why can not the attractiveness of what he evokes take us away again?

We live in a common world, but we do not think in common. In spite of this, forms of thought that have begun to decolonize philosophy emerge within and outside Europe. Decolonizing philosophy is the opposite of exporting it as a finished product to the circuit of the global academic market. It is not that there are departments of philosophy in every corner of the planet, but to face the challenge of thinking together in an interdependent world. That life is a common problem has become radically true today. We live in the hands of others at a level that we would never have imagined, because we not only share bonds of necessity, but we are exposed, all at the same time, to the real possibility of our own destruction as a species. This is the philosophical situation of our time, which requires us to open ourselves to a new experience of the totality for which European universalism, as a diffusionist project, has been outdated.
It is not Europe’s about other countries, empires and territories. It is that of a species made one, which has turned the planet into a single ecosystem in danger. From this situation, freedom as a possibility of valuing and deciding its own action coincides paradoxically with necessity. With the most fundamental need, which is that of survival or, more precisely, that of still enjoying a livable life. The exercise of this freedom no longer needs a subject that is constituted in distance or a reflective consciousness capable of separating from objective reality. Quite the opposite: it requires a subjectivity capable of redefining itself from the bonds of life or death that bind it to the destiny of others and of the entire planet. The most important free act, that of commitment, depends, then, today, on a collective awareness of this need. This is the paradox of our time. This is the challenge of our time and needs a political ontology capable of thinking in relation, without opposing them, being and non-being, in the porous borders between philosophy and non-philosophy, Europe and everything that is not Europe.

From the time of Italian humanism to that of French illuminism or German idealism, European thought has always contained an element of emancipation that evoked equality between all human beings and all peoples. Why renounce this vocation right now, when all men and all peoples are unified in the same destiny both by the means of mass destruction and by the means of building new possibilities for the whole human race? We return to the question, to which we alluded before, about what it can be and, above all, how a European people can be formed. At present it does not exist, as perhaps there is not a single people inside each State. In each one of them two unequal towns face by their resources and opportunities, that frequently are not. The future people of Europe can only be born of this encounter. That is to say, of the change of the relations of force between those that retain for themselves a good part of the wealth and those that must be content with the crumbs. To question again the way out of this situation, imagine a different continent and try to realize it can be the future task of the European people.

Europe has been a territory of migrations over the centuries. Of emigrations and immigration. There are European countries that have been trampling their populations for centuries for whatever reasons, usually economic, political and sometimes religious. Others, on the other hand, especially those that have been metropolises of empires, although not only they, have been configured as host countries or host of other populations. As Rome did in the wake of the edict of Caracalla, the old metropolises ended up extending citizenship to all the inhabitants of the empires. Not in vain had these won, fighting in wars that affected the metropolises. The Canadian and Australian contingents of the British army in the European wars, the bodies of Hindu fighters or those of the African units on the French side paved the way for, in application of political theories as European as was Marxism (for example, nationalism), those inhabitants proceeded to their respective national emancipations, but retaining to a large extent their status as citizens of the empire.
In the studies on the political evolution of the continent it is not usually considered that there is any relationship between this latent extreme right, which appeared sporadically, and the rise of conservative and neoliberal policies and the ideological movements of the right. That is, there is some kind of relationship between the triumphs of Ronald Reagan and Margaret Thatcher and the rise of the new right around the world but especially in France.
However, this hypothetical coyunda would help explain a change of mentality in the relations between the old metropolis and the former colonies.
The idea of ​​Europe is marked by that reference to the other. There is no point here in elucidating whether that concern with the other tells more or less of our capacity to arrive at a satisfactory understanding of otherness.
It is difficult to configure the current refugees as an external enemy and to see them as a threat in military terms, although certain formations of a religious-political nature that carry out a holy war against the infidels contribute much to this. The threat of contemporary terrorism is far from being a fantasy or a theoretical speculation. On the contrary, it is a material reality of very difficult detection and combat. In addition, the anti-terrorist procedures are complicated by the enormous variety of relations between terrorism and Islamist fundamentalism, something that can be seen considering the relations between European countries and an allied regime like Saudi Arabia.
The typing as an enemy and threat of this other of the refugees must be sought in activities other than military or terrorism (although this help), particularly in social and economic. The immigrants, the refugees are not attackers nor represent any threat in the military, but their presence in societies very hit by the crisis, in which the unemployment rate increases, is considered negatively as those masses of refugees come to dilute our culture , to depress wages and take jobs.
There are two ways of dealing with the phenomena of territorial tensions that are currently occurring in the continent in several of its states (such as Spain, Italy, Belgium, Great Britain) and after the alterations produced by the fall of communist regimes have been Calm: as a way to European disintegration (Europe’s mentality of the States) or as another territorial reorganization of the continent with the mutation of the regions into political entities able to carry, in turn, that European unity (mentality of the Europe of the regions). The two results will probably be very different. One we know; the other, no. Towards this we must aim because it is the one that points to the dynamics of innovation, reform, progress, typically European ideals.
Because in Europe lies the principle of hope, the great engine of the continent, which locates its ideal of the future nowhere, in Utopia. Because the really existing Europe will always be what we Europeans invent.

Outside the European Union, Britain would not magically regain its sovereignty, since the term has no meaning if it can not be defined as the real control of a nation over its own affairs, and not simply as rights on paper. In a world that is increasingly interdependent, Britain has more influence as a member of the EU than it would in any other case, even if it were acting alone. If Britain is outside the EU, the United States will begin to ignore it, as will other relevant states of the world.
The UK’s negotiating capacity is not strong, especially if the economy begins to sink or enter a total recession, while investors postpone their investments or take their money elsewhere. In a caricature that has become famous all over the world, a man with a bowler hat jumps out of an airplane while waving the flag of the United Kingdom, only he goes without a parachute.
Precisely because there is no plan, there should be a renewed and broad public commitment in case of an agreement with the rest of the EU. One possibility would be to hold a second referendum when it is known exactly what the aforementioned “exit” means. Voters could then decide on the basis of a concrete offer. The pressure to make this happen can become untenable. The other, perhaps the most likely, way is to hold a general election.
Despite its obvious dangers, without one or another of these possibilities, the chaos that has occurred could be a trifle compared to what awaits us.

Those who insist on claiming the federalists to explain to the last detail what it would mean in particular for our country to assume a federal logic (it is curious that they do not usually claim that same explanation with respect to Europe, as if there the thing was clearly clear) confusing a building model, a type of construction, with a floor-sample decorated to the smallest detail. Now that I think about it, maybe they need to know so much because they’re afraid to doubt. Well, what do you want me to say: I consider it much sexier, to go back to the terms of the beginning of this text, to advance in the construction of a federal culture. Or, perhaps better said, of a federal ethos.
Going forward in foreign policy confirms that the European Union is necessary, for Europeans and for the rest of the world. As a responsible actor, committed to multilateralism and with sufficient capabilities to achieve security, inside and outside the border. The Euroscepticism of many citizens would be challenged with a determined action by the EU in foreign policy and security, confirming that it is not time to retreat, but to unite to assert our interests.

Europe is in good condition to protect its citizens against the effects of economic globalization, for which coordination of those areas of social policy is required in which positive scale effects can be identified. Miguel Maduro has proposed a social Europe model in which the role of the EU in relation to redistributive policies would not be to establish or exercise a redistributive function, but only to serve as a standard or standard (yardstick) for the protection of social systems at the national level. Furthermore, it is very possible that the survival of the welfare state at the national level depends on some type of transnational welfare regime in the future.
To say this at the moment has an untimely tone because there are many evidences of the deterioration of our democratic procedures and our social protection systems due to the European constitutional fudge, but it is strictly true if we put things in their spatial and temporal context: neither democratic values ​​nor the demands of social cohesion are realizable outside that community of risks that is the European Union.

What is the difference between a crisis of hope and a crisis of fear? The answer is simple. A crisis of hope was the one that generated in Europe the colonial conquest and the sensation that it was going to dominate the world. The fear crisis, however, is the one that arises from the awareness that this domain is declining and that Europe must share the world with others. The fear of Europe is, above all, the fear that new actors in history will leave it in the background. Ironically, this fear arises when it has become the world’s largest market and when it remains the most attractive political institution in the world.

In a question to Chomsky he is exposed the European crisis of the refugees has forced several European countries, like Austria, Sweden, Denmark and Holland, to suspend the Schengen agreement. Do you think we are witnessing the collapse of the European integration project and even, perhaps, the single currency?
I believe that we must distinguish between the single currency, whose circumstances were not appropriate, and the EU integration project, which, in my opinion, has been an important step forward. It is enough to remember that Europe devoted itself for centuries to mutual massacre on a terrifying scale. The overcoming of national hostilities and the reduction of borders is a fundamental achievement. It would be a great shame if the Schengen agreement collapsed due to the perception of a threat that should be easy to resolve in a human way and that could even favor the economic and cultural health of European society.

4 pensamientos en “¿Dónde Vas Europa? — Miquel Seguró & Daniel Innerarity / Where Are You Going Europe? by Miquel Seguró & Daniel Innerarity

  1. Muy buena reseña . Es un tema interesante y complejo que me apasiona. Durante 3 siglos la inmigración se dio en sentido contrario especialmente de Europa a América y en menor medida de Europa a África, Asia y Oriente en donde países europeos mantenían colonias o territorios de ultramar. Muchos nativos de las colonias o criollos ( hijos o nietos de inmigrantes europeos ) absorbieron la cultura, religión, idioma , costumbres etc etc etc .de sus ancestros.En ultimas 2 décadas del siglo XX , el fenómeno se revirtió ( sentido contrario ) y se convirtió en un serio problema para Europa ( problema muy difícil de resolver ) . Interesante el tema del libro . Un abrazo .

    • Este te lo paso en breve la verdad es que me gusta tocar temas espinosos como pronto el tema de traficante de inmigrantes… mañana te lo envío al correo… por cierto coincido con lo que explicas 👍👍👍👍

      • Gracias David . Es verdad que el tema es espinoso y polémico.Cuando vives en América siendo hija de inmigrantes europeos , notas de manera increíble la influencia , la mezcla de culturas, las contradicciones, etc . Un abrazo

      • Lo entiendo perfectamente y lo que te digo siempre lo que yo leo y tengas interés pídemelo sin problemas y eso si espinoso cada día lo es todo más … te entiendo perfectamente.

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