Antes Del Amanecer, Una Autobiografía — Gerry Adams / Before the Dawn: An Autobiography by Gerry Adams

Es difícil escribir una reseña de este libro sin tomar partido. Cuando volví de un viaje a Irlanda, comencé a leer mucho sobre la política del norte. Este fue uno de los libros que leí. “Before the Dawn” es una lectura relativamente rápida, pero no proporcionará una con los antecedentes históricos generales detrás de los problemas (el conflicto se remonta cientos de años a partir de la hambruna de la papa de 1845-49, e incluso antes). Sin embargo, Adams describe con gran detalle las incursiones del ejército británico durante los tiempos de internamiento, la tortura que los internos tuvieron que soportar (¿cómo te gustaría si alguien te vendara los ojos, te hiciera caminar sobre vidrio y uñas y te pegara y luego usted en un helicóptero, y luego lo empujó, sin saber si estaba a solo 8 pies del suelo o varios cazadores?). Para una visión más equilibrada de los problemas, intente leer el “Diario de Belfast” de John Conroy. Conroy es un periodista estadounidense que pasó 1977-82 en West Belfast. También es una cuenta muy peligrosa, de nivel Steet. En cuanto a las rótulas del IRA, debe notarse que la mayoría de los locales sí las aprobaron, porque los católicos sentían que no podían ir a la RUC británica.

La historia profundamente arraigada de Irlanda y su manifestación en los “problemas” hace que sea imposible para cualquiera escribir un análisis puramente objetivo de causa y efecto. En cambio, aquellos con un interés genuino deben leer una selección de cuentas, cada una con un sesgo diferente. Antes de The Dawn definitivamente es uno para incluir. Es tanto una justificación política para el republicanismo activo como la explicación del crecimiento del republicanismo en la corriente principal de la política. Gerry Adams es articulado y muy inteligente. Él es muy tímido acerca de las actividades del IRA (no es así, acerca de la “Corona” – el RUC, el Ejército británico, los Leales) pero no se esconde el deseo de resolver el conflicto. A veces, el libro es confuso, ya que hay muchos nombres arrojados al lector. Adams cubre la huelga de hambre con una profunda perspectiva emocional. Es obviamente un evento que ha tenido un impacto significativo en la configuración de su dirección. Lo disfruté y aprendí de él, ¡pero no es el libro definitivo!

En palabras de Adams “no es necesario que experimentemos la amargura del pasado para descubrir su significado en el presente y el futuro”. Debemos ser capaces de perdonarnos mutuamente como parte de un necesario proceso de curación; debemos ponernos de acuerdo para dejar a un lado las insidiosas fidelidades al dolor que nos impiden avanzar para crear los cimientos de justicia que hagan posible este movimiento.

Sus inicios, Ballymurphy era otro mundo, un lugar único donde crecer. Al tratarse de una especie de urbanización completamente nueva carecía de las raíces que caracterizaban a los Falls, donde la gente había vivido en las mismas calles toda la vida y todos se conocían, donde había verdaderas redes familiares, con primos que vivían en la misma calle o en las calles adyacentes. Tampoco disponía de la seguridad de contar con escuela, iglesia, biblioteca o tiendas propias. Estaba mal construido, mal planifica do y carecía de instalaciones y facilidades, pero, sin embargo, situado como estaba el nuevo barrio en las laderas de la montaña, la sensación de amplitud era maravillosa.
Éramos pobres, pero no tenía importancia, al menos no para los niños. No conocíamos otra cosa y estábamos demasiado ocupados para notar la diferencia. Además, toda la gente que conocíamos también era pobre. Las calles y los campos circundantes, el río, el almacén de ladrillos y la montaña —especialmente la montaña— eran nuestros campos de juegos. Todas las familias que vivían en Divismore Park tenían un montón de hijos y rápidamente nos hicimos amigos.

En aquellos días comenzaba a percibir la forma política de mi mundo. Los unionistas tenían el control y el Gobierno británico parecía muy feliz con la situación. Era un Estado de un único partido, «un parlamento protestante para un pueblo protestante». Los intentos de cambiar esa situación por la fuerza física, mediante la difusión de las injusticias cometidas o a través del desarrollo de un partido político alternativo habían fracasado rotundamente. La campaña del IRA en la frontera, que se había iniciado en 1956, había demostrado ser pólvora mojada.
Las perspectivas de futuro para cualquiera que se comprometiera políticamente en el lado republicano no eran buenas Aunque el imperio británico estaba en un claro declive en sus antiguas posesiones coloniales…
El movimiento feniano, o Hermandad Republicana Irlandesa (IRB), de finales del siglo XIX y principios del presente siglo, había fomentado un progresivo nacionalismo que expresaba una creencia en la cultura y la identidad, así como también en la independencia política. Su influencia estaba asociada a un importante renacimiento nacional y a la fundación de organizaciones deportivas y culturales como la Asociación Atlética Gaélica y la Liga Gaélica/Conradh na Gaeilge.
El republicanismo había sido siempre una ideología viva y dinámica y, en los primeros años de este siglo, los escritos revolucionarios radicales de James Connolly tuvieron un profundo efecto sobre el movimiento. Todos los elementos e influencias que habían intervenido en la formación del republicanismo cristalizaron en la época del Levantamiento de Pascua de 1916 en la más exacta declaración de sus elementos principales, la Proclamación de la República, que establecía en uno de sus apartados:
«Declaramos el derecho del pueblo de Irlanda a la propiedad de Irlanda y al incuestionable control de los destinos irlandeses, a ser soberano e inquebrantable. La prolongada usurpación de ese derecho por parte de un pueblo y un gobierno extranjeros no ha extinguido tal derecho, y tampoco puede ser extinguible excepto mediante la destrucción del pueblo irlandés…

La República de Irlanda está autorizada para reclamar y reclama la lealtad de todos los irlandeses. La República garantiza la libertad civil y religiosa, igualdad de derechos y de oportunidades para todos los ciudadanos, y declara su decisión de buscar la felicidad y la prosperidad de toda la nación y de todas sus partes, protegiendo por igual a todos los hijos de la nación, y olvidando las diferencias, cuidadosamente alentadas por un gobierno foráneo, que han dividido a una minoría de la mayoría en el pasado».
En las elecciones generales celebradas en 1918, el Sinn Féin había defendido una república independiente, prometiendo abstenerse de ocupar sus escaños en el Parlamento británico en Westminster y establecer, en cambio, un parlamento independiente en Irlanda. De los 105 escaños irlandeses en Westminster, el Sinn Féin obtuvo 73, lo que significó un respaldo abrumador a su política. En enero de 1919 se celebró la primera reunión del Dáil Eireann, un parlamento independiente, en Mansión House en Dublín, adoptándose una Declaración de Independencia.
El Sinn Féin era una organización muy endogámica, unida en torno a unas pocas familias republicanas vertebrales. Algunas de estas familias, como ocurría con ambas ramas de mi propia familia, podían rastrear su compromiso nacionalista hasta la época de los fenianos y de la Hermandad Republicana Irlandesa en el siglo pasado. En Belfast, como sucedía en el resto de los seis condados nororientales, los republicanos habían sido aislados por la partición del territorio y traumatizados por las matanzas que habían anunciado el nuevo «parlamento protestante para un pueblo protestante». A pesar de la indudable debilidad del Sinn Féin y del IRA en las décadas de 1930, 1940 y 1950, los republicanos sufrieron períodos de internación por el gobierno unionista en cada una de esas décadas.
La década de los sesenta estuvo caracterizada por la agitación del debate, cuyo impulso deliberado procedía de la dirección nacional establecida en Dublín. El énfasis ya se había desplazado de forma concluyente de la prioridad de la lucha armada, como un medio de oponerse al imperialismo británico, hacia la búsqueda de reformas a través de la acción política. Al mismo tiempo se desarrollaba un debate más amplio que la discusión interna del partido, estableciéndose en 1963 un punto de coincidencia para republicanos y socialistas, para partidarios del idioma irlandés, comunistas y otros en la forma de las sociedades Wolfe Tone, que organizaban seminarios en Dublín, Cork y Belfast.
En las décadas precedentes, los republicanos habían supeditado el terreno de la representación política en favor de la actividad militar y conspirativa. La opinión nacionalista en el norte estaba representada por el Partido Nacionalista, conservador e ineficaz, que fracasó en su intento de satisfacer las necesidades de una emergente clase media católica mejor educada.
El Sinn Féin no era realmente una organización, al menos no en Belfast. Malachy McGurran era el único activista republicano a tiempo completo que actuaba en los Seis Condados, y quizá en todo el Ulster. Todos los demás sólo teníamos una dedicación parcial al activismo político. Muchos republicanos que habían estado enrolados en el IRA en calidad de voluntarios habían pasado largos períodos en prisión y les resultaba muy difícil ganarse la vida. Habían actuado como soldados y por esa razón, aunque seguían siendo republicanos.

El 8 de julio de 1971, el Ejército británico mato a Seamus Cusak y Desmond Beattie en Derry; ambos eran católicos y estaban desarmados. Las muertes de estas primeras víctimas de disparos «con resultado» señalaron un punto de inflexión. El Sinn Féin convocó una concentración masiva en Derry en la cual hablaron Ruairí Ó Bradaigh, su presidente, y Maire Drumm, su vicepresidenta. La Derry nacionalista estaba en plena revuelta mientras se formaban colas para unirse al IRA. El SDLP se había asociado al régimen al haber aceptado participar en su sistema de comités, y ahora sus constituyentes se arriesgaban a perder toda credibilidad. El 15 de julio el SDLP se retiró del Gobierno de Stormont. Lo que había sido fundamentalmente una batalla entre nacionalistas sitiados y la Administración de Stormont por la igualdad de derechos era ahora una batalla entre nacionalistas sitiados y el establishment británico.
El 9 de marzo de 1972, poco antes de la caída del Gobierno de Stormont, cuatro jóvenes voluntarios del IRA resultaron muertos al estallar prematuramente la bomba que estaban preparando en una casa de Clonard Street: Tom McCann tenía 20 años, Tony Lewis, 17, Gerry Crossen y Seán Johnson, 19. Toda la casa quedó destruida a causa de la terrible explosión y la gente buscaba desesperadamente entre los escombros, ignorando al principio cuántas personas habían muerto. Luego comenzó a circular el rumor de que Tom McCann no se encontraba en la casa, junto con algunos compañeros recorrimos los lugares que Tom solía frecuentar, pero después de que hubieran transcurrido varias horas sin que Tom diese señales de vida comprendí que la historia no era más que una expresión de deseos y que Tom había muerto. No obstante, fue una conmoción terrible cuando, después de una intensa búsqueda, alguien encontró el cuero cabelludo de Tom entre los escombros de la casa. Tenía el pelo oscuro con un trozo blanco en la parte posterior de la cabeza, y ahora este detalle serviría para identificarle.

Los británicos, aprovechando la ocasión, publicaron y distribuyeron en tiempo récord 250.000 ejemplares de un panfleto acerca del «Viernes Sangriento» llamado El terror y las lágrimas. La comparación que intentaban establecer entre el Domingo Sangriento de Derry con las bombas colocadas en Belfast el 21 de julio era absolutamente engañosa. En Derry, los paracaidistas habían matado de forma deliberada a 14 civiles desarmados. En Belfast, el IRA había tratado de provocar daños económicos y de evitar las bajas entre la población civil avisando con media hora de antelación la situación de cada una de las 21 bombas. Es un punto discutible si las operaciones del IRA hicieron que el Ejército británico se sintiera desbordado y no fuese capaz de manejar la situación, o si deliberadamente dejaron de actuar en el caso de las dos bombas, pero está claro que el IRA cometió un error al colocar tantas bombas, y murieron civiles que no tendrían que haber muerto bajo ninguna circunstancia. La responsabilidad fue del IRA y un motivo de profundo pesar. A causa de las explosiones resultaron muertos siete civiles y dos soldados británicos, mientras que numerosas personas resultaron heridas de diversa consideración.
Los hechos acaecidos aquel día y la escalada de las operaciones del IRA dieron el pretexto perfecto a los británicos para lanzar la llamada Operación Motorman. El 27 de julio, llegaron 4.000 soldados británicos más, acompañados de equipo pesado. Cuatro días más tarde, 21.000 soldados apoyados por tanques Centurión, helicópteros y cientos de carros blindados invadieron las zonas prohibidas de Belfast y Derry. Habían avisado de su llegada ya que era evidente que no querían sufrir bajas, y el IRA tampoco intentó atacarles.
La Operación Motorman no consiguió acabar con el IRA; de hecho, el reclutamiento se intensificó, pero le obligó a cambiar de tácticas. La diferencia que se había producido en la situación era más evidente en Derry, porque en Belfast el Ejército británico ya había estado patrullando en extensas zonas, especialmente en las arterias principales, como Falls Road, y en otros distritos habían practicado incursiones y allanamientos. Pero en Derry no habían conseguido superar las barricadas. Ahora, la población de Derry no ofreció ninguna resistencia cuando el Ejército británico comenzó a desmantelarlas.
La Operación Motorman marcó el comienzo de un nuevo nivel de agresividad por parte de los británicos. Entre 1969 y 1971 habían estado examinando la situación; en 1972 exploraron y evaluaron la posición republicana a través de las conversaciones de Whitelaw, llegando a la conclusión de que las conversaciones eran inútiles. Para entonces ya tenían su aparato de inteligencia lo suficientemente organizado como para lanzar una ofensiva generalizada. Después de Motorman, el Ejército británico incrementó los allanamientos y registros, montando una gran ofensiva contra las áreas nacionalistas, tomando parques, escuelas, edificios comunitarios y otros…

En el Republican News me despedí de mi hogar de los últimos años.
«De modo que la cárcel es un lugar donde eres vigilado, registrado, espiado, dirigido, legislado, encerrado, enjaulado, uniformado, sermoneado, controlado, evaluado, inspeccionado, esposado, obstaculizado, desnudado, extorsionado, presionado, robado, golpeado, disparado, censurado, dirigido, fotografiado, todo ello por criaturas que no tienen ni el derecho ni la sabiduría ni la virtud para hacerlo.
«Y lo peor de todo es que afuera las cosas no funcionan mejor. Es la misma diferencia. Sólo un poco más sutil y un poco menos flagrante».
Fui puesto en libertad en la primavera de 1977.

Las huelgas de hambre que culminaron con las muertes de Bobby Sands y otros nueve presos republicanos se produjeron en un momento en que mi prioridad política era desarrollar la capacidad política del Sinn Féin de una manera planificada, que pudiera incluir una nueva estrategia electoral. Yo me opuse a la opción de la huelga de hambre cuando fue expuesta por los presos porque estaba convencido de que desviaría atención y energía de las tareas inherentes al desarrollo político; también sería para los republicanos una experiencia extremadamente penosa; y podría muy bien culminar en una derrota sustancial y profundamente desmoralizadora.
Tal como se desarrollaron los acontecimientos, los efectos de las huelgas de hambre fueron contradictorios.
La atención fue efectivamente desviada de los esfuerzos planificados para construir una intervención electoral; sin embargo, encontramos que conseguíamos, más por accidente que por una acción calculada, una serie de notables victorias electorales. Las huelgas de hambre supusieron un profundo desgaste en términos físicos, emocionales y espirituales; sin embargo, obtuvimos una inmensa nueva energía, compromiso y dirección de aquel extraordinario período durante el cual nuestros 10 camaradas sacrificaron sus vidas en un proceso horriblemente lento y doloroso.”
Yo conocía muy bien a Bobby Sands de nuestra época en el barracón 11. Había salido en libertad de Long Kesh en abril de 1976; estaba casado y tenía un hijo, pero reanudó de inmediato sus actividades en el IRA. Bobby también había estado comprometido con el Sinn Féin, contribuyendo a formar una rama local y, como activista comunitario, escribiendo y editando un periódico comunitario local llamado Liberty, sin dejar por ello de cantar y tocar la guitarra en los conciertos. Sin embargo, había sido arrestado nuevamente cuando él y otros tres compañeros circulaban en un coche en el que los británicos encontraron un arma. Durante seis días fue sometido al clásico tratamiento que infligían en Castlereagh pero se negó a firmar cualquier confesión. Por posesión compartida con las otras tres personas de un único revólver, Bobby fue condenado a 14 años de prisión.
Al recibir su condena se unió de inmediato a la protesta de las «mantas» en los Bloques H, negándose a llevar el uniforme de la prisión. No era un medio de lucha desconocido; de hecho, mi padre también se había cubierto sólo con una manta cuando estuvo en prisión, pero ninguna protesta carcelaria había durado tanto.
La huelga de hambre era un forma de lucha absolutamente diferente de cualquier otra. Los voluntarios del IRA no salían a la calle para que los mataran, si bien arriesgaban sus vidas en cada una de sus acciones. Pero los presos que participaban en las huelgas de hambre se embarcaban en un proceso cuya intención era, si no había otra alternativa, provocarles la muerte. En 1972 yo había podido experimentar brevemente los efectos de una huelga de hambre y sabía muy bien lo difícil que era.
La muerte de Bobby Sands en huelga de hambre tuvo un impacto internacional mucho mayor que cualquier otro acontecimiento producido en Irlanda en mi vida, aunque para mí en aquellos momentos, fue algo que estaba más relacionado con mis sentimientos acerca de camaradas y amigos.
En Estados Unidos se organizaron marchas en Nueva York, Boston, Chicago…

A finales de junio el Parlamento británico aprobó la «ley Sands», una nueva ley destinada a impedir que criminales condenados pudieran presentarse a las elecciones para el Parlamento de Westminster. Durante muchos años habían exigido que los republicanos se sometieran a la decisión de las urnas, pero cuando lo hicimos y obtuvimos un éxito espectacular, su respuesta consistió en negarse a reconocer al parlamentario elegido y a los votantes que representaba, y en cambiar las reglas para impedir que un candidato similar pudiera ser elegido nuevamente.
Nuestra respuesta fue presentar a Owen Carron, el agente electoral de Bobby, como candidato para la nueva elección complementaria en el distrito de Fermanagh/Tyrone Sur y nuestros compañeros se lanzaron a trabajar con ahínco en la campaña electoral.

El camino que nos espera será difícil y peligroso y arriesgado para todos nosotros, pero si trabajamos juntos estoy convencido de que podemos conseguirlo. Estoy persuadido de que tendremos un acuerdo de paz en Irlanda. Un acuerdo que nacerá de un proceso inclusivo de negociación, encabezado por los dos gobiernos e incluyendo al Sinn Féin y a los otros partidos. En mi opinión, el pueblo de Gran Bretaña también apoya este objetivo. Ellos también quieren una paz duradera.
Y esto llegará cuando las estrategias y los procesos de paz se conviertan en un nuevo comienzo tanto para unionistas como para nacionalistas, y cuando se alcance un acuerdo, basado en el respeto por nuestra mutua independencia, entre el pueblo de Gran Bretaña y el pueblo de la isla de Irlanda.
Estoy convencido de que si somos flexibles, si cavamos profundamente, seremos capaces de superar todos los obstáculos.
El Premio Nobel de Literatura, Seamus Heaney, lo expresó perfectamente: «Sólo una vez en la vida puede crecer el anhelo por una marejada de justicia y hacer que rimen esperanza e historia».

Ignoremos a los derrotistas y a los que escatiman todo en la vida.
Abominemos de escépticos y cínicos.
Hagamos que rimen esperanza e historia».
Ignoremos a los derrotistas y a los que escatiman todo en la vida.
Abominemos de escépticos y cínicos.
Hagamos que rimen esperanza e historia.

It’s hard to write a review of this book without taking sides. When I got back from a trip to Ireland, I started to read a lot about the politics of the North. This was one of the books I read. “Before the Dawn” is a relatively quick read, but it will not provide one with the overall historical background behind the Troubles (the conflict goes back hundreds of years starting with the Potato Famine of 1845-49, and even earlier than that). However, Adams does describe in great detail the British Army raids during times of Internment, the torture that internees had to endure (how would you like it if someone blindfolded you, made you walk across glass and nails and such while beating you and then put you on a helicopter, and then pushed you off, not knowing if you were a mere 8 feet off the ground or several hundered?). For a more balanced view of the Troubles, try reading John Conroy’s “Belfast Diary”. Conroy is an American journalist who spent 1977-82 in West Belfast. It’s also a very gritty, steet-level account. As for the IRA’s kneecappings, it should be noted that most locals did approve of them, because Catholics felt they couln’t go to the British RUC.

The deeply rooted history of Ireland and its manifestation in the “troubles” makes it impossible for anyone to write a purely objective analysis of cause and effect. Instead, those with genuine interest must read a selection of accounts, each with a different bias. Before The Dawn is definitely one to include. It is both a political justification for active republicanism and the account of the growth of republicanism into main stream politics. Gerry Adams is articulate and very intelligent. He is very coy about the IRA activities (not so, about the “Crown” – the RUC, British Army, Loyalists) but there is no hiding of desire for resolution of the conflict. At times the book is confusing as there are so many names thrown at you. Adams covers the Hunger strike with a deep emotional perspective. Its obviously an event which has had a significant impact on shaping his direction. I enjoyed it and learnt from it, but its not the definitive book!.

In the words of Adams “it is not necessary that we experience the bitterness of the past to discover its meaning in the present and the future”. We must be able to forgive each other as part of a necessary healing process; we must agree to put aside the insidious allegiance to pain that prevents us from moving forward to create the foundations of justice that make this movement possible.

Its beginnings, Ballymurphy was another world, a unique place to grow. Being a completely new urbanization, it lacked the roots that characterized the Falls, where people had lived in the same streets all their lives and everyone knew each other, where there were real family networks, with cousins ​​who lived on the same street. or in the adjacent streets. Neither did he have the security of having a school, church, library or own stores. It was badly built, poorly planned and lacked facilities and facilities, but nevertheless, located as it was the new neighborhood on the slopes of the mountain, the sense of spaciousness was wonderful.
We were poor, but it did not matter, at least not for children. We did not know anything else and we were too busy to notice the difference. In addition, all the people we knew were also poor. The streets and surrounding fields, the river, the brick warehouse and the mountain-especially the mountain-were our playgrounds. All the families who lived in Divismore Park had a lot of children and we quickly became friends.

In those days I began to perceive the political form of my world. The unionists were in control and the British Government seemed very happy with the situation. It was a one-party state, “a Protestant parliament for a Protestant people.” Attempts to change that situation by physical force, by disseminating the injustices committed or through the development of an alternative political party had failed miserably. The IRA campaign on the border, which had begun in 1956, had proved to be wet gunpowder.
The prospects for the future for anyone who politically compromised on the Republican side were not good Although the British Empire was in a clear decline in its former colonial possessions …
The Fenian movement, or Irish Republican Brotherhood (IRB), of the late nineteenth and early twentieth centuries, had fostered a progressive nationalism that expressed a belief in culture and identity, as well as in political independence. Its influence was associated with a major national renaissance and the founding of sports and cultural organizations such as the Galean Athletic Association and the Gaelic League / Conradh na Gaeilge.
Republicanism had always been a living and dynamic ideology and, in the first years of this century, the radical revolutionary writings of James Connolly had a profound effect on the movement. All the elements and influences that had intervened in the formation of republicanism crystallized at the time of the Easter Rising of 1916 in the most accurate declaration of its main elements, the Proclamation of the Republic, which established in one of its sections:
“We declare the right of the people of Ireland to the property of Ireland and the unquestionable control of Irish destiny, to be sovereign and unbreakable. The prolonged usurpation of that right by a foreign people and government has not extinguished that right, nor can it be extinguished except by the destruction of the Irish people …

The Republic of Ireland is authorized to claim and claims the loyalty of all Irish people. The Republic guarantees civil and religious freedom, equal rights and opportunities for all citizens, and declares its decision to seek the happiness and prosperity of the entire nation and all its parts, protecting equally all the children of the nation. nation, and forgetting the differences, carefully encouraged by a foreign government, that have divided a minority of the majority in the past ».
In the general elections held in 1918, Sinn Féin had defended an independent republic, promising to refrain from occupying its seats in the British Parliament in Westminster and establishing, instead, an independent parliament in Ireland. Of the 105 Irish seats in Westminster, Sinn Féin scored 73, which meant overwhelming support for its policy. In January 1919 the first meeting of Dáil Eireann, an independent parliament, was held at House Mansion in Dublin, adopting a Declaration of Independence.
Sinn Féin was a very inbred organization, united around a few vertebral republican families. Some of these families, as with both branches of my own family, could trace their nationalist commitment to the time of the Fenians and the Irish Republican Brotherhood in the last century. In Belfast, as in the rest of the six northeastern counties, the republicans had been isolated by the partition of the territory and traumatized by the massacres that had announced the new “Protestant parliament for a Protestant people.” Despite the undoubted weakness of Sinn Féin and the IRA in the 1930s, 1940s and 1950s, Republicans suffered periods of internment by the unionist government in each of those decades.
The sixties were characterized by the agitation of the debate, whose deliberate impulse came from the national leadership established in Dublin. The emphasis had already shifted conclusively from the priority of the armed struggle, as a means of opposing British imperialism, to seeking reforms through political action. At the same time a broader debate developed than the internal discussion of the party, establishing in 1963 a point of coincidence for republicans and socialists, for supporters of the Irish language, communists and others in the form of the Wolfe Tone societies, which organized seminars in Dublin, Cork and Belfast.
In the preceding decades, the Republicans had subordinated the terrain of political representation in favor of military and conspiratorial activity. Nationalist opinion in the north was represented by the conservative and ineffective Nationalist Party, which failed to meet the needs of an emerging, better educated Catholic middle class.
Sinn Féin was not really an organization, at least not in Belfast. Malachy McGurran was the only full-time Republican activist in the Six Counties, and perhaps in all of Ulster. All the rest of us had only a partial dedication to political activism. Many Republicans who had been enrolled in the IRA as volunteers had spent long periods in prison and found it very difficult to make a living. They had acted as soldiers and for that reason, although they were still Republicans.

On July 8, 1971, the British Army killed Seamus Cusak and Desmond Beattie in Derry; both were Catholics and were unarmed. The deaths of these first victims of shots “with result” signaled a point of inflection. Sinn Féin convened a massive rally in Derry in which Ruairí Ó Bradaigh, its president, and Maire Drumm, its vice president, spoke. The nationalist Derry was in full revolt while queuing up to join the IRA. The SDLP had joined the regime by agreeing to participate in its committee system, and now its constituents risked losing all credibility. On July 15, the SDLP withdrew from the Government of Stormont. What had been fundamentally a battle between beleaguered nationalists and the Stormont Administration for equal rights was now a battle between beleaguered nationalists and the British establishment.
On March 9, 1972, shortly before the fall of the Stormont Government, four young IRA volunteers were killed by prematurely blowing up the bomb they were preparing in a Clonard Street house: Tom McCann was 20, Tony Lewis, 17, Gerry Crossen and Seán Johnson, 19. The entire house was destroyed by the terrible explosion and people were desperately searching through the rubble, ignoring at first how many people had died. Then the rumor began to circulate that Tom McCann was not in the house, along with some companions we went through the places that Tom used to frequent, but after several hours had passed without Tom giving signs of life I understood that the story was not more than an expression of wishes and that Tom had died. However, it was a terrible shock when, after an intense search, someone found Tom’s scalp in the rubble of the house. He had dark hair with a white piece on the back of his head, and now this detail would serve to identify him.

The British, taking advantage of the occasion, published and distributed in record time 250,000 copies of a pamphlet about the “Bloody Friday” called The terror and tears. The comparison they were trying to establish between Bloody Sunday in Derry and the bombs placed in Belfast on July 21 was absolutely misleading. In Derry, the paratroopers had deliberately killed 14 unarmed civilians. In Belfast, the IRA had tried to cause economic damage and to avoid casualties among the civilian population by giving half an hour notice of the situation of each of the 21 bombs. It is a moot point if the operations of the IRA made the British Army feel overwhelmed and unable to handle the situation, or if they deliberately stopped acting in the case of the two bombs, but it is clear that the IRA made an error to the place so many bombs, and civilians died that they should not have died under any circumstances. The responsibility was of the IRA and a reason for deep regret. Seven civilians and two British soldiers were killed as a result of the explosions, while numerous people were injured in various ways.
The events that took place that day and the escalating operations of the IRA gave the perfect pretext to the British to launch the so-called Operation Motorman. On July 27, 4,000 more British soldiers arrived, accompanied by heavy equipment. Four days later, 21,000 soldiers supported by Centurion tanks, helicopters and hundreds of armored cars invaded the forbidden areas of Belfast and Derry. They had warned of their arrival since it was evident that they did not want to suffer casualties, and the IRA did not attempt to attack them either.
The Motorman Operation did not manage to finish with the IRA; in fact, the recruitment intensified, but forced him to change tactics. The difference that had occurred in the situation was more evident in Derry, because in Belfast the British Army had already been patrolling in large areas, especially in the main arteries, such as Falls Road, and in other districts they had practiced raids and raids. But in Derry they had not managed to overcome the barricades. Now, the population of Derry offered no resistance when the British Army began to dismantle them.
The Motorman Operation marked the beginning of a new level of aggressiveness on the part of the British. Between 1969 and 1971 they had been examining the situation; in 1972 they explored and evaluated the republican position through Whitelaw’s conversations, concluding that the talks were useless. By then they had their intelligence apparatus organized enough to launch a generalized offensive. After Motorman, the British Army increased the raids and searches, mounting a major offensive against nationalist areas, taking parks, schools, community buildings and other …

In the Republican News, I said goodbye to my home in recent years.
«So the jail is a place where you are guarded, searched, spied, directed, legislated, locked up, caged, uniformed, lectured, controlled, evaluated, inspected, handcuffed, hampered, stripped, extorted, pressed, stolen, beaten, shot , censored, directed, photographed, all by creatures that have neither the right nor the wisdom nor the virtue to do it.
“And the worst of all is that outside things do not work better. It is the same difference. Just a little more subtle and a little less flagrant. ”
I was released in the spring of 1977.

The hunger strikes that culminated in the deaths of Bobby Sands and nine other Republican prisoners came at a time when my political priority was to develop the political capacity of Sinn Féin in a planned manner, which could include a new electoral strategy. I opposed the option of the hunger strike when it was exposed by the prisoners because I was convinced that it would divert attention and energy from the tasks inherent in political development; it would also be an extremely painful experience for the republicans; and it could very well culminate in a substantial and deeply demoralizing defeat.
As the events developed, the effects of the hunger strikes were contradictory.
The attention was effectively diverted from the planned efforts to build an electoral intervention; however, we found that we achieved, more by accident than by calculated action, a series of notable electoral victories. The hunger strikes supposed a deep wear in physical, emotional and spiritual terms; however, we gained immense new energy, commitment and direction from that extraordinary period during which our 10 comrades sacrificed their lives in a horribly slow and painful process. ”
I knew Bobby Sands very well from our time in barracks 11. He had been released from Long Kesh in April 1976; He was married and had a son, but immediately resumed his activities in the IRA. Bobby had also been committed to Sinn Féin, helping to form a local branch and, as a community activist, writing and editing a local community newspaper called Liberty, while still singing and playing the guitar at concerts. However, he had been arrested again when he and three other comrades were driving in a car in which the British found a weapon. For six days he was subjected to the classic treatment they inflicted on Castlereagh but refused to sign any confession. By possession shared with the other three people of a single revolver, Bobby was sentenced to 14 years in prison.
Upon receiving his conviction he immediately joined the protest of the “blankets” in Blocks H, refusing to wear the uniform of the prison. It was not an unknown means of struggle; In fact, my father had also only covered himself with a blanket when he was in prison, but no prison protest had lasted so long.
The hunger strike was a form of struggle absolutely different from any other. The IRA volunteers did not go out into the street to be killed, although they risked their lives in each of their actions. But the prisoners who participated in the hunger strikes embarked on a process whose intention was, if there was no other alternative, to bring them to death. In 1972 I had been able to experience briefly the effects of a hunger strike and I knew very well how difficult it was.
The death of Bobby Sands on hunger strike had an international impact far greater than any other event in Ireland in my life, although for me at that time, it was something that was more related to my feelings about comrades and friends.
In the United States marches were organized in New York, Boston, Chicago …

At the end of June, the British Parliament approved the “Sands Act”, a new law designed to prevent convicted criminals from running for the Westminster Parliament. For many years they had demanded that the Republicans submit to the decision of the polls, but when we did and we achieved spectacular success, their response was to refuse to recognize the elected parliamentarian and the voters he represented, and to change the rules to prevent that a similar candidate could be elected again.
Our response was to present Owen Carron, Bobby’s electoral agent, as a candidate for the new complementary election in the district of Fermanagh / Tyrone Sur, and our comrades went to work hard on the election campaign.

The path that awaits us will be difficult and dangerous and risky for all of us, but if we work together I am convinced that we can achieve it. I am persuaded that we will have a peace agreement in Ireland. An agreement that will be born of an inclusive negotiation process, headed by the two governments and including Sinn Féin and the other parties. In my opinion, the people of Great Britain also support this goal. They also want a lasting peace.
And this will come when the strategies and peace processes become a new beginning for both unionists and nationalists, and when an agreement is reached, based on respect for our mutual independence, between the people of Great Britain and the people of the island of Ireland.
I am convinced that if we are flexible, if we dig deeply, we will be able to overcome all the obstacles.
The Nobel Prize for Literature, Seamus Heaney, expressed it perfectly: “Only once in a lifetime can the longing for a tidal wave of justice grow and cause them to ruminate hope and history.”

Ignore the defeatists and those who skimp on everything in life.
Let’s abhor skeptics and cynics.
Let us rhyme hope and history ».
Ignore the defeatists and those who skimp on everything in life.
Let’s abhor skeptics and cynics.
Let’s rhyme hope and history.

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