Breve Historia De Turquía — Norman Stone/ Turkey. A Short History by Norman Stone

No soy un historiador, sino un ciudadano humilde. Sin embargo, mi pasión en los últimos 40 años es historia y, como tal, tengo un amplio conocimiento de la historia. Después de leer solo unas pocas páginas me quedó claro que el libro ha sido escrito con mucha emoción. Emoción positiva a Turquía. Pero también una emoción negativa hacia los enemigos clásicos de Turquía. En resumen, los actos positivos de los turcos se mejoran y los negativos se reducen sistemáticamente. Soy un admirador de Turquía y de Mustafa Kemal, pero al mismo tiempo solo me interesa lo que conocemos por los hechos, no las emociones positivas o negativas de uno u otro autor. Por lo tanto, el libro simplemente no es confiable.
Los ejemplos del autor que es profesor de historia en Ankara Turquía son numerosos:
NS: Los jenízaros eran jóvenes de las partes ocupadas del imperio otomano que fueron elevados a través de una gran educación.
Consenso normal: Los jenízaros eran pequeños muchachos cristianos (griegos, pero también serbios, etc.) de 6 años que fueron separados de sus madres por la fuerza y ​​enviados a Estambul para convertirse en soldados de élite. Sus familias nunca más los vieron. La mera aflicción humana en este hecho nunca se menciona.
NS: La masacre de Chios fue un error cometido por los turcos que confundieron la Isla con otra isla que de hecho merecía ser castigada.
Consenso: la masacre de Chios comprendió a toda la población griega que fue asesinada, y miles de mujeres y niños fueron vendidos como esclavos (y nunca recuperaron su libertad). La masacre fue ordenada como represalia por el levantamiento en la Grecia continental (Morea).
El autor también tiene una visión dividida e inconsistente sobre muchas cosas. P.ej. los persas (hoy iraníes). En algunas páginas se los describe casi como tontos sin entender la cultura turca, en otras páginas son geniales, por el hecho de que son musulmanes y culturalmente vinculados al turco. La gran historia de la cultura persa es menospreciada de manera poco profesional, eso es impropio.
El autor claramente no es aficionado a los griegos y la historia de los griegos disminuyó, y los griegos y los bizantinos se mezclan para dar una impresión de las acciones positivas de los griegos siendo bizantinos y las acciones negativas siendo griegas. La historia es, sin embargo, no tan simple.
La matanza de un gran número de armenios (en los cientos de miles) en el comienzo del siglo 20 se ve disminuida en un grado que es simplemente inexcusable para un historiador, lo mismo ocurre con el asesinato (consenso) de entre 250000 y 370000 Los griegos en Asia menor, que en la actualidad son vistos como hechos históricos, así como la muerte de 10 millones de judíos y 6 millones de otros por parte de Hitler. Cuando los historiadores intentan menospreciar las acciones negativas de Hitler, se les llama revisionistas.

En resumen, el libro carece de artesanía. Un libro de historia escrito por un historiador debe ser científico, es decir, lo que conocemos como hechos científicos. Las discusiones especulativas deben estar claramente marcadas como una discusión y no entremezcladas con hechos históricos, como es el caso en este libro. Además, el libro no tiene notas al pie, por lo que es imposible verificar las fuentes de los numerosos postulados.
Finalmente, el autor está escribiendo en un tono muy humorístico, del cual al menos pronto me cansé. El autor, sin duda, tiene un vasto conocimiento de Turquía. Sin embargo, él no es fiel a la ciencia y su libro de historia es demasiado tendencioso para ser confiable, desafortunadamente. Hay una serie de libros de historia sobre Turquía que son mucho mejores y muy superiores en cuanto a contar los hechos históricos. No puedo recomendar el libro.

Los antiguos turcos procedían de la región de Altai en Asia central, sobre la frontera occidental de la Mongolia actual, e incluso es posible que tuvieran algunos lazos distantes al otro lado de los estrechos con Alaska (la palabra esquimal para «oso» es el turco ayı). La primera referencia escrita es el chino tyu-kyu del siglo II a. C., un término que posteriormente aparece de vez en cuando en fuentes chinas del siglo VI. Se refiere a tribus nómadas de guerreros, que se dedican a saquear a otras civilizaciones superiores: la palabra «turco» era el nombre de la tribu dominante, y significa «hombre fuerte». Estos nómadas, relacionados con los mongoles, y quizá también con los hunos, se extendieron por las vastas llanuras de Asia central y provocaron muchos problemas a los chinos, estableciendo de vez en cuando imperios esteparios que duraban una o dos generaciones antes de quedar absorbidos por los nativos mucho más sedentarios.

La llamada a la guerra santa desunió a la Europa cristiana. Los venecianos, que debían pensar en el comercio del Mediterráneo oriental, animaron a todo el mundo, pero en secreto informaron a Bayaceto de lo que estaba ocurriendo. Nadie confiaba en los húngaros, que perdieron la mayor parte de su riqueza en las apariencias, con una embajada a Francia formada por decenas de personas todas vestidas igual y portando regalos muy elaborados. Los fanáticos españoles estaban entusiasmados, pero estaban muy ocupados en el norte de África. Cada soberano, como en los días de la Guerra Fría, estaba librando su propia versión de la guerra santa, y en el caso de Francia con frecuencia no se estaba luchando en absoluto. El Papa convocó una gran conferencia en Roma en 1490, y, de nuevo como durante la Guerra Fría, atrajo a todo tipo de pesados, aventureros y fanfarrones: al pobre Cem, a una serie de pretendientes bizantinos, a uno o dos príncipes georgianos falsos, hombres que buscaban dinero para publicar tratados ilegibles, portugueses que hablaban mucho sin decir nada, húngaros explicando sus congojas, ingleses intentando ser comprensivos. Al final se acabó formando una Liga Santa atacó Venecia en 1508, espoleada por el Papa, que con gran rapidez se cambió de chaqueta, se alió con Venecia y atacó a los demás. La cruzada en potencia se hundió por sí misma.

Un dicho turco afirma que un desastre vale más que mil consejos. La guerra de seis años contra Rusia iniciada en 1768 fue ese desastre y terminó con el Tratado de Küçük Kaynarca en 1774. En él el elemento esencial no fue tanto la pérdida de territorios como de prestigio y dinero; el mito del imperio implosionó. El mar Negro había sido más o menos un lago otomano desde 1453, y se cobraban tasas de los mercaderes que movían sus bienes por el Danubio desde Europa central o por el Dniester y el Dnieper desde Rusia. Crimea, con una población muy mezclada, era el corazón del Estado tártaro, bajo la dinastía Giray que, a pesar de la pretensión de ser los herederos legítimos de Gengis Kan, habían aceptado la soberanía otomana; hubo otros tártaros que abrazaron el bando ruso, en especial los Nogay en el norte del Cáucaso (que posteriormente fueron utilizados para controlar las masas revolucionarias rusas y sus largos látigos, los nagayka, recuerdan su existencia en la iconografía revolucionaria). El norte del Cáucaso era, en teoría, turco, donde los circasianos de su región occidental eran, en teoría, musulmanes y desde luego duras tribus montañesas. En el Cáucaso los turcos y sus aliados lucharon con dureza, pero en los Balcanes y en el delta del Danubio los resultados fueron descorazonadores.
Pero fue especialmente en el mar donde el imperio vivió su momento más desastroso. En el Mediterráneo apareció una flota rusa, que incorporaba algunos oficiales navales británicos, ejemplo característico de cómo usaban los rusos a sus extranjeros.

La Turquía moderna da comienzo con su caída en 1909. No se trata, por supuesto, de que los Jóvenes Turcos estuvieran de acuerdo con un programa radical; intentaron controlar a los grandes visires desde bambalinas, pero ellos mismos se dividieron: cualquier comentarista británico podría haber dicho que de «Comité», «Unión» y «Progreso» sólo se podían tener dos de los tres. Había islamistas en distinto grado; había liberales; había nacionalistas turcos; había secularistas, hombres habitualmente con un trasfondo médico que, como hacen tan a menudo los médicos, contemplaban la religión y a los religiosos con un ligero desdén y con más que una ligera sorpresa.
En 1923 se firmó un tratado de paz en Lausanne y en él se establecieron las fronteras actuales de Turquía, aunque se ampliaron en 1939 cuando los franceses entregaron la zona de Antalya, la antigua Antioquía, que en un principio se había asignado a la colonia siria. Después, en 1923 y 1924, llegó la culminación y la consecuencia descorazonadora de todo esto. El odio entre turcos y griegos había ido creciendo y la coexistencia era casi imposible. Se produjo un intercambio de población: casi medio millón de musulmanes, algunos de ellos de lengua griega, de Grecia, y cerca de un millón de griegos, muchos de lengua turca, de Anatolia. A esto siguió la miseria y ambos países volvieron varias generaciones atrás, aunque en Constantinopla se permitió que cerca de un cuarto de millón de griegos siguieran residiendo con su patriarca en el antiguo distrito de Fener. Pero ahora ya se había establecido un Estado nacional turco, y Mustafá Kemal lo proclamó una república el 29 de octubre de 1923.

Kemal Atatürk se convirtió en objeto de culto, con su estatua en todos los pueblos —como Lenin— y no parece que pusiera muchas objeciones. Esta situación continúa hasta la actualidad, para sorpresa de los extranjeros. Pero Atatürk se ha convertido en una especie de código para una Turquía moderna, apartada de los vecinos más primitivos, en la que las mujeres tienen igualdad y el objetivo es la occidentalización. En las décadas de 1920 y 1930, las reformas siguieron adelante. La más importante se centró en la lengua, su desguace, en un mes a finales de 1928, el viejo alfabeto otomano persa-árabe
En esa época el islam fue simplemente rechazado como una carga: analfabetismo, conservadurismo irracional y un malgasto interminable de dinero en regalos a las tumbas de los santos y otras cosas por el estilo. Esas extravagancias fueron prohibidas, junto con las diversas hermandades (tarikat) que las respaldaban, excepto en parte por los Mevlevi, que históricamente eran mucho más tolerantes y abiertos…

En 2010, en Turquía existían dificultades serias entre las antiguas autoridades seculares y las nuevas autoridades semirreligiosas, al producirse el arresto de jueces y militares con uno u otro pretexto. Había problemas en el sudeste con el separatismo kurdo (que no afectaba al voto de millones de kurdos que viven fuera de estas provincias). Pero estas cosas, o cualquier equivalente identificable, están presentes en la historia turca desde el Tanzimat y, en cierta forma, incluso antes: hay que vivir con estas contradicciones y no es necesario que provoquen orgías de sangre, como ha ocasionado el mismo fenómeno en España, ya fuera bajo la ocupación napoleónica o en la guerra civil de la década de 1930. Y el factor nuevo es, sencillamente, la prosperidad. Turquía se ha convertido de nuevo en un lugar importante y, hay que decirlo, es el único país entre Atenas y Singapur en el que, a juzgar por los refugiados, la gente quiere vivir.

I’m not a historian. However my passion through the last 40 years is history and as such I have extensive knowledge of history. After reading only a few pages it stood clear to me that the book has been written with a great deal of emotion. Positive emotion to Turkey. But also negative emotion towards Turkey’s classical enemies. In short the positive deeds of turks are enhanced and the negative ones are systematically diminished. I am my self an admirer of Turkey and of Mustafa Kemal, but at the same time only what we know for facts interests me, not the positive or negative emotions of the one or the other author. Therefore the book is simply not trustworthy.
The examples from the author who is a professor of history in Ankara Turkey are numerous:
NS: The Janissaries were young men from the occupied parts of the Ottoman empire who were lifted up through a great education.
Normal consensus: The Janissaries, were small christian (maninly Greek, but also Serbian etc) boys of the age of 6 who were taken away from their mothers by force, and sent to Istanbul to become elite-soldiers. Their families never saw them again. The mere human grief in this fact is never mentioned.
NS: The massacre of Chios was a mistake done by the Turks who mistook the Island for another Island who had in fact deserved to be punished.
Consensus: The massacre of Chios comprised the entire Greek population which was killed, and thousand of women and children were sold as slaves (and never got their freedom back). The massacre was ordered as a reprisal to the uprising in mainland Greece (Morea).
The author also has a divided and inconsistent view on many things. E.g. the Persians (today Iranians). In some pages they are described almost as fools not understanding the Turkish culture, in other pages they are great, because of the fact that thay are muslims and culturally linked to the Turkish. The great history of the Persian culture is being unprofessionally belittled, that is unbecoming.
The author is clearly not fond of the Greeks and the history of the Greeks diminished, and the Greeks and Byzantines are mixed together so as to give an impression of the positive deeds of the Greeks being Byzantine and the negative deeds being Greek. History is, however, not so simple.
The killing of a very large number of Armenians (in the hundreds of thousands) in the beginning of the 20th century is diminished to a degree which is simply inexcusable to a historian, the same goes for the killing (consensus) of between 250000 and 370000 Greeks in Asia minor, which are nowadays normally viewed as historical facts, just as Hitler’s killing of 10 million jews and 6 million others. When historians attempt to belittle Hitlers negative deeds they are called revisionists.

In short, the book is lacking craftsmanship. A history-book written by a historian should be scientific i.e. what do we know as scientific facts. The speculative discussions should be clearly marked as a discussion and not intermingled with historical facts, as is the case in this book. Also the book has no footnotes so checking the sources of the numerous postulates is impossible.
Finally the author is writing in a very humoristic tone, which I at least soon became very tired of. The author undoubtedly has a vast knowledge of Turkey. However, he is not faithful to science and his history-book is far too biased to be trustworthy, unfortunately. There are a number of history books on Turkey which are far better and far superior as to telling the historical facts. I cannot recommend the book.

The ancient Turks came from the Altai region of central Asia, on the western border of today’s Mongolia, and it is even possible that they had some distant ties across the straits with Alaska (the Eskimo word for “bear” is Turkish ayı). The first written reference is the Chinese tyu-kyu of the 2nd century BC. C., a term that subsequently appears from time to time in Chinese sources of the sixth century. It refers to nomadic tribes of warriors, who are dedicated to plundering other superior civilizations: the word “Turk” was the name of the dominant tribe, and means “strong man”. These nomads, related to the Mongols, and perhaps also to the Huns, spread across the vast plains of central Asia and caused many problems for the Chinese, establishing from time to time steppe empires that lasted a generation or two before being absorbed by the natives much more sedentary.

The call to holy war disunited Christian Europe. The Venetians, who had to think about trade in the eastern Mediterranean, encouraged everyone, but secretly informed Bayezid of what was happening. Nobody trusted the Hungarians, who lost most of their wealth in appearances, with an embassy to France made up of dozens of people all dressed alike and carrying elaborate gifts. The Spanish fans were enthusiastic, but they were very busy in North Africa. Each sovereign, as in the days of the Cold War, was waging its own version of the holy war, and in the case of France often was not fighting at all. The Pope convened a great conference in Rome in 1490, and, again as during the Cold War, he attracted all kinds of heavy, adventurous and swaggering: poor Cem, a series of Byzantine suitors, one or two false Georgian princes , men who were looking for money to publish illegible treatises, Portuguese who talked a lot without saying anything, Hungarians explaining their anguish, English trying to be understanding. In the end it was formed a Holy League attacked Venice in 1508, spurred by the Pope, who quickly changed his opinion, allied with Venice and attacked the others. The crusade in power sank by itself.

A Turkish saying states that a disaster is worth more than a thousand tips. The six year war against Russia started in 1768 was that disaster and ended with the Treaty of Küçük Kaynarca in 1774. In it the essential element was not so much the loss of territories as of prestige and money; the myth of the empire imploded. The Black Sea had been more or less an Ottoman lake since 1453, and fees were charged by merchants who moved their goods through the Danube from central Europe or by the Dniester and the Dnieper from Russia. Crimea, with a very mixed population, was the heart of the Tatar state, under the Giray dynasty which, despite claiming to be the legitimate heirs of Genghis Khan, had accepted Ottoman sovereignty; there were other Tatars who embraced the Russian side, especially the Nogay in the North Caucasus (which were later used to control the Russian revolutionary masses and their long whips, the Nagayka, remember their existence in revolutionary iconography). The North Caucasus was, in theory, Turkish, where the Circassians of their western region were, in theory, Muslims and of course hard mountain tribes. In the Caucasus the Turks and their allies fought harshly, but in the Balkans and the Danube delta the results were disheartening.
But it was especially in the sea where the empire lived its most disastrous moment. In the Mediterranean a Russian fleet appeared, which incorporated some British naval officers, a characteristic example of how the Russians used their foreigners.

Modern Turkey begins with its fall in 1909. It is not, of course, that the Young Turks were in agreement with a radical program; They tried to control the grand viziers from behind the scenes, but they divided themselves: any British commentator could have said that “Committee”, “Union” and “Progress” could only have two of the three. There were Islamists in different degrees; there were liberals; There were Turkish nationalists; there were secularists, men usually with a medical background who, as physicians so often do, viewed religion and religion with a slight disdain and with more than a slight surprise.
In 1923 a peace treaty was signed in Lausanne and it established the current borders of Turkey, although they were extended in 1939 when the French handed over the area of ​​Antalya, the old Antioch, which at first had been assigned to the Syrian colony . Then, in 1923 and 1924, the culmination and disheartening consequence of all this came. Hatred between Turks and Greeks had grown and coexistence was almost impossible. There was a population exchange: almost half a million Muslims, some of them from the Greek language, from Greece, and about one million Greeks, many from the Turkish language, from Anatolia. This was followed by misery and both countries returned several generations ago, although in Constantinople about a quarter of a million Greeks were allowed to remain with their patriarch in the old Fener district. But now a Turkish national state had been established, and Mustafa Kemal proclaimed it a republic on October 29, 1923.

Kemal Atatürk became an object of worship, with his statue in all the towns – like Lenin – and it does not seem that he raised many objections. This situation continues to this day, to the surprise of foreigners. But Atatürk has become a kind of code for a modern Turkey, away from the most primitive neighbors, in which women have equality and the goal is Westernization. In the 1920s and 1930s, reforms went ahead. The most important one focused on the language, its scrapping, in a month at the end of 1928, the old Persian-Arabic Ottoman alphabet
At that time Islam was simply rejected as a burden: illiteracy, irrational conservatism and an endless waste of money in gifts to the tombs of the saints and other things like that. These extravagances were banned, along with the various sororities (tarikat) that supported them, except in part for the Mevlevi, who historically were much more tolerant and open …

In 2010, there were serious difficulties in Turkey between the old secular authorities and the new semirreligious authorities, when the arrest of judges and the military took place with one or another pretext. There were problems in the southeast with Kurdish separatism (which did not affect the vote of millions of Kurds living outside these provinces). But these things, or any identifiable equivalent, are present in Turkish history since the Tanzimat and, in a way, even before: you have to live with these contradictions and it is not necessary that they cause orgies of blood, as the same phenomenon has caused in Spain, either under the Napoleonic occupation or in the civil war of the 1930s. And the new factor is, simply, prosperity. Turkey has once again become an important place and, it must be said, it is the only country between Athens and Singapore where, judging by the refugees, people want to live.

Un pensamiento en “Breve Historia De Turquía — Norman Stone/ Turkey. A Short History by Norman Stone

  1. Leí este libro hace mucho tiempo. Siempre me pareció algo confuso, la verdad…

    Sin duda por eso lo he querido exponer te lleva a varios lados y por momentos te quedas en ascuas, es un interesante libro pero intenta abarcar demasiado

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