Los Túneles: La Historia Jamás Contada De La Huida Bajo El Muro De Berlín — Greg Mitchell / The Tunnels: Escapes Under the Berlin Wall and the Historic Films the JFK White House Tried to Kill By Greg Mitchell

Greg Mitchell ha escrito una historia emocionante e informativa de una pieza olvidada de la Guerra Fría. Este libro narra la historia de los intentos de escapar de debajo del Muro de Berlín mediante la construcción de túneles de escape, algunos de los cuales fueron subvencionados o ayudados por las redes de televisión estadounidenses. En cierto modo, este libro es más relevante que un trabajo sobre la Guerra Fría de la década de 1960; como la Stasi eran las herramientas dispuestas y ansiosas de la KGB, que bajo el nombre de la FSB sigue siendo el agente de una tiranía autocrática.
Esta no es solo la historia de los túneles de escape; también es la historia de espías, agentes dobles, informantes, infiltrados y héroes; y, por supuesto, la historia de las noticias manufacturadas. También es la historia de cómo el gobierno de los Estados Unidos durante el período más peligroso de la Guerra Fría (piense en la crisis de los misiles cubanos) intentó deliberadamente evitar que NBC transmitiera los especiales de televisión sobre la construcción de los túneles de escape que habían subvencionado; finalmente fue televisado, respaldado por Edward R. Murrow y en mayo de 1963 ganó tres premios Emmy. Ese fue un período de tiempo en el que las redes como NBC no se adueñaron del Departamento de Estado de un presidente popular como JFK, pero se mantuvieron firmes; Curiosamente, el New York Times tomó la línea del establecimiento del Departamento de Estado. Esta historia sería una gran serie de televisión moderna.
Si bien el libro tiene excelentes notas, bibliografía y mapas, las fotos apenas hacen una referencia de las fotos ‘por venir’.

La era de la Guerra Fría es un período de la historia del que sé muy poco. He leído extensamente en períodos anteriores del siglo XX, y viví gran parte de la última parte de este. Pero ese período que abarca los años 1950, 1960 y en la década de 1970 siempre ha sido de menor interés para mí.
Eso cambió un poco cuando pude leer The Tunnels, una historia de los primeros años del Muro de Berlín. Los Túneles se centran en los escapes de Berlín Este hacia el Oeste, y los que se logran principalmente mediante el uso de túneles excavados bajo el Muro y la franja de la muerte que lo amortiguaba en el Este.
Si bien se hicieron muchos intentos, solo unos pocos tuvieron éxito, y solo un par realmente tuvo éxito. Uno de ellos fue un túnel que fue financiado y filmado por NBC, con el fin de producir un documental que elevaría la conciencia estadounidense de los juicios que los berlineses orientales enfrentaron bajo un régimen opresivo. Con la crisis cubana inminente en el Caribe, lo último que la Administración Kennedy necesitaba era otra crisis en Europa. Como resultado, los medios fueron presionados para retrasar, o incluso para silenciar este documental y otros similares.
The Tunnels es una mirada fascinante a los primeros días del Muro de Berlín, los valientes berlineses orientales que intentaron escapar de ella, y los dedicados berlineses occidentales que trabajaron incansablemente para ayudarlos. Es una mirada increíble a un período de la historia que muchos han ignorado, y muchos más deseos serían olvidados. Pero no podemos ignorarlo sin ignorar una parte crítica de la búsqueda humana de libertad y libertad.
Te sugiero que leas Los túneles. Imagine el dolor y el miedo que muchos experimentaron como ellos amaron a través de este difícil período de la historia. Y se inspirado.

El primer ministro Nikita Jruschov consideraba Berlín Oeste como «una espina clavada en mi garganta», aunque también lo comparaba con unos testículos que podía apretar si quería que Occidente chillase. Jruschov había emitido un ultimátum en noviembre de 1958 dando a las tres naciones occidentales seis meses para ponerse de acuerdo y convertir Berlín Oeste en una zona «libre» desmilitarizada, y luego retirarse. Los aliados lo rechazaron. Sostenían que la división antinatural de la ciudad tenía que concluir con unas elecciones libres en todos los sectores y, finalmente, con la reunificación. Jruschov se retiró, por el momento. Al presentarse para la presidencia en 1960, John F. Kennedy predijo que Berlín continuaría siendo «una prueba para nuestros nervios y nuestra voluntad».
La primera cumbre Kennedy-Jruschov tuvo lugar a principios de junio de 1961 en Viena. El líder soviético, de sesenta y siete años, empezó diciendo que Berlín era «el lugar más peligroso del mundo». Poniendo a prueba al inexperto JFK, amenazó con firmar al fin el «tratado de paz» largamente prometido con Alemania del Este.
El 14 de agosto Kennedy dijo a sus colaboradores: «No es una solución bonita, pero un muro es muchísimo mejor que una guerra». En la misma conversación añadió también: «Este es el fin de la crisis de Berlín. Al otro bando le ha entrado miedo… no a nosotros. No vamos a hacer nada ahora porque no hay alternativa alguna excepto la guerra. Todo ha terminado, no van a invadir Berlín». Los servicios secretos norteamericanos casi se mostraban optimistas. La CIA de Kennedy, en un informe del 14 de agosto, se refería escuetamente a «limitaciones de viaje» y «restricciones» en Berlín. Al día siguiente, la CIA aseguraba que la población de Alemania del Este y de Berlín Este estaba «reaccionando con cautela, en general», y que solo había «expresiones aisladas de crítica abierta y algunos casos de incidentes antirrégimen».
Entre los nuevos artistas de la fuga se encontraban tres estudiantes que planeaban excavar muy hacia el norte de los lugares favoritos de Seidel, en Kiefholz y Heidelberger. Los meses que siguieron pondrían a prueba su resistencia y dedicación, la capacidad de la policía del este para descubrirlos y el temor de Occidente (en el punto álgido de la guerra fría) de que solo consiguieran prender la llama de un enfrentamiento entre las superpotencias. Para su gran sorpresa, dos canales de televisión norteamericanos se acabaron implicando profundamente en los túneles que ellos iban a construir, incluyendo un atrevido proyecto que, al cabo de unos meses, llevaría a Seidel y a los estudiantes, junto con un intrépido agente de la Stasi, a un terreno común… aunque subterráneo.
Las noticias del proyecto del túnel de Harry Seidel conmocionaron a la comunidad cerrada de los fluchthelfer, provocando tanto miedo como esperanzas. El tiroteo y la muerte de Heinz Jercha habían sido espantosos, desde luego, pero ocurrieron después de varias noches de huidas libres de incidentes, y del rescate de docenas de personas. Desde la construcción del Muro solo se habían excavado dos túneles con un éxito total, cada uno de ellos con una entrada o una salida arriesgada al exterior. El túnel de Heidelberger demostraba que se podía hacer de sótano a sótano.

Wagner afirmaba que estaba previsto que al menos cuarenta y cinco refugiados pasaran reptando por el túnel hacia la libertad en pocos días. Pedía 100 000 marcos (25000 dólares) por los derechos para filmar los preparativos finales y la huida. Schorr se burló de esa petición, y a cambio ofreció 5000 marcos. En una segunda reunión aquel mismo día, se ablandó un poco cuando Wagner le dijo que uno de los refugiados proporcionaría una filmación exclusiva del 13 de agosto del año anterior, perfecta para la ambientación que necesitaba el periodista para un programa especial de primer aniversario. Schorr fue a consultarlo con su cámara alemán.
Si los diplomáticos de Estados Unidos ignoraban todavía la fuga masiva a través de un túnel en Kiefholz Strasse, esa situación acabó el 3 de agosto. Aquella mañana, Jim O’Donnell llegó a la enorme estructura en forma de L que albergaba la embajada de Estados Unidos y las oficinas de la Brigada Berlín de los militares norteamericanos. El complejo de Clay Allee (llamado así por el general Lucius Clay, héroe del puente aéreo de Berlín) había servido previamente como cuartel general para la Luftwaffe de Hitler.

La mañana siguiente a la fuga masiva, los excavadores de túneles se concentraron en ver si podían pasar a unos cuantos más desde Berlín Este antes de que el túnel quedase completamente inundado. Para algunos, sobre todo Hasso Herschel y los dos italianos, ya era misión cumplida. Contra toda expectativa, habían sacado a sus amigos y seres queridos del este sin un solo arresto y sin que se disparase un solo tiro. La mayoría de los excavadores querían ayudar a escapar a otros en los días sucesivos, pero el túnel estaba ya gravemente inundado, y el riesgo de derrumbe (para no mencionar que alguno de los residentes o un agente de la Stasi los descubriera) era mayor aún. De modo que proclamaron la victoria y se retiraron.
Otros, tras una rápida inspección del túnel, querían explotarlo al menos un día más. Lo discutieron en una reunión celebrada a las once. Joachim Neumann tenía amigos que sabía que huirían sin pensarlo. Algunos excavadores creían que era un error no intentar ayudar a más compatriotas alemanes. Desde luego, su túnel tenía más de veinte centímetros de agua en algunos puntos, pero todo aquel trabajo que se habían tomado serrando y colocando puntales de madera había producido un hueco bastante resistente. Era demasiado sólido para abandonarlo sin más. Hombres y mujeres jóvenes, frustrados por el gobierno comunista, podrían soportar un palmo de agua, aunque tuvieran que pasar el túnel hasta Occidente nadando.
Se tomó una decisión: ver si funcionaba un día más. La osada correo sueca estaba dispuesta a pasar al este de nuevo. El plan era que ella se lo notificara a cinco personas de una lista elaborada por los excavadores. Aquellos cinco podían invitar a otros cinco, y así sucesivamente.
Habían estado filmando un documental en Berlín sobre los alemanes del este que huyen a Occidente por un túnel. Y los tenemos a todos. —El uso de la primera persona del plural por parte del periodista era revelador.
Mientras Anderton y la mayor parte de los excavadores intentaban relajarse, Reuven Frank estaba preparándose para su misión, que en realidad acababa de empezar. En torno a mediodía, en la sede de la NBC en Berlín, la descarnada y silenciosa filmación en blanco y negro que hicieron los Dehmel la noche anterior acababa de llegar del laboratorio, y estaba a punto de ser proyectada en la única «pantalla» que tenían a mano: un enorme cartón blanco lleno de manchas. Frank se preguntaba si estaría a la altura del resumen que le habían hecho los Dehmel diez horas antes.
No tuvo que esperar mucho para averiguarlo. Al cabo de unos pocos minutos apareció en la pantalla Eveline Schmidt subiendo por la escala, y nada menos que Klaus Dehmel corría hacia delante para ayudarla. Frank sintió que aquel era el momento más emocionante de toda su carrera.
Frank estaba anonadado. Llamó a su jefe, Bill McAndrew, en Nueva York, para decirle que se olvidara del plan de un especial de sesenta minutos sobre una amplia gama de intentos de fuga de Berlín: necesitaría noventa minutos solo para contar la historia de ese túnel. No tenía ni idea de cómo montar, con el editor Polikoff, algo potente y coherente a partir de los tres mil quinientos metros de película filmada en muchas semanas y en intervalos cortos, sin audio y con unos personajes completamente desconocidos para el público americano. El resultado final, sin embargo, no estaba ya en duda. Lo único que tenía que hacer Frank era empezar a editar.
No podía imaginar que para la NBC había terminado la parte más fácil.

Harry Seidel fue sometido a juicio en Berlín Este, justo cuando las tensiones en el Muro surgían de nuevo. La tercera bomba que estallaba aquel mes produjo un agujero de seis metros en la barrera y destrozó al menos seiscientas ventanas del sector norteamericano. Otro guardia de Alemania del Este escapó a través del alambre de espinos. Un autobús con planchas de acero que llevaba a dos familias de Berlín Este embistió el Muro bajo un nutrido fuego, y al final ocho adultos y niños llegaron al oeste con total seguridad.
Setenta y dos horas después del inicio de su juicio, Seidel fue condenado por múltiples delitos y se le sentenció a cadena perpetua, escapando a duras penas a la sentencia de muerte que prefería el fiscal superior de la RDA. «El enorme alcance y la peligrosidad de sus delitos —dictaminaron los jueces— requieren un aislamiento permanente». Compararon sus crímenes a los cometidos por los nazis juzgados en Núremberg. El alcalde de Berlín Occidental, Willy Brandt, por otra parte, dijo que no había palabras lo suficientemente fuertes para condenar aquella «inquisición» moderna contra Seidel.
-La orden del presidente Kennedy a la CIA de que empezaran a recoger informaciones nacionales sobre periodistas norteamericanos, vulnerando así sus propias leyes, pronto se formalizó como Proyecto Sinsonte. En la primavera de 1963, el resultado fue que pincharon los teléfonos de dos columnistas, Robert S. Allen y Paul Scott, después de que supuestamente revelaran secretos clasificados. La fuente de la filtración nunca se llegó a identificar. También controlaron a otros periodistas en ese mismo programa hasta que acabó en 1965. Cuando se desclasificaron los documentos que revelaban la existencia de Sinsonte, en 2007, el periodista del New York Times Tim Weiner observó: «Así que ahora está claro: mucho antes de que el presidente Nixon creara su unidad de “fontanería” con veteranos de la CIA para impedir nuevas filtraciones, el presidente Kennedy intentó usar la agencia para el mismo objetivo».
-La Stasi realizó una de sus jugarretas más crueles en la persona del antiguo correo Hartmut Stachowitz, dos años después de su arresto (su mujer, Gerda, ya había sido liberada). Se le dijo que podía conseguir su libertad si firmaba un formulario renunciando a su ciudadanía de Alemania Occidental. Desesperado, accedió, pero después descubrió que ya habían comprado su libertad en Occidente.
-Harry Seidel volvió al ciclismo después de salir de la cárcel, y en 1973 ganó un título nacional con tres compañeros de equipo más. También ocupó un cargo oficial en el gobierno de Alemania Occidental como responsable de los programas que ayudaban a los perseguidos por los nazis.
-Joachim Neumann trabajó como ingeniero civil en varias docenas de túneles importantes en todo el mundo, incluido el paso bajo el Canal de la Mancha que conecta Francia y Gran Bretaña.
Tras el fracaso de su último túnel en 1971, Hasso Herschel se apartó de la menguante comunidad de los fluchthelfer y se dedicó a la propiedad compartida de clubes, discotecas y restaurantes. Cuando todos estos negocios fracasaron, se retiró a una granja de ovejas a una hora al norte de Berlín. Fue consultor jefe de un importante drama televisivo alemán basado en el túnel 29, y recibía cheques ocasionalmente por la venta de fotos y película de la NBC.
-En una ceremonia en octubre de 2012, Harry Seidel y otros trece antiguos excavadores de túneles y correos recibieron finalmente una de las mayores condecoraciones de Alemania, la Cruz Federal al Mérito. Dos de ellos, Joachim Rudolph y Hasso Herschel, ahora organizan visitas a los lugares de los túneles para el Unterwelten de Berlín.

Greg Mitchell has written an exciting and informative story of a forgotten piece of the Cold War. This book recounts the story of attempts to escape from under the Berlin Wall by the construction of escape tunnels, some of which were subsidized or otherwise aided by American television networks. In some ways this book is more relevant than a work on the Cold War of the 1960’s; as the Stasi were the willing and eager tools of the KGB, which under the name of the FSB is still the agent of an autocratic tyranny.
This is not just the story of escape tunnels; it is also the story of spies, double-agents, informants, infiltrators and heroes; and of course, the story of manufactured news. It is also the story of how the United States government during the most dangerous period of the Cold War (think Cuban Missile Crisis) deliberately tried to suppress NBC from broadcasting the TV specials on the construction of the escape tunnels which they had subsidized; eventually it was televised, endorsed by Edward R Murrow and in May of 1963 won three Emmys. That was a time period in which networks like NBC didn’t toady up to the State Department of a popular president like JFK, but stood its ground; interestingly the New York Times took the line of the State Department establishment. This story would make a great modern TV series.
While the book has excellent notes, bibliography and maps, the examination copy merely made a reference of photos ‘to come’.

The Cold War era is a period of history I know very little about. I have read extensively on earlier periods of the twentieth century, and lived through much of the latter portion of it. But that period covering the 1950s, 1960s and into the 1970s has always been of lesser interest to me.
That changed somewhat when I was able to read The Tunnels, a history of the earliest years of the Berlin Wall. The Tunnels focuses on the escapes from East Berlin to the West, and those primarily achieved by using tunnels dug under the Wall and the death strip that buffered it in the East.
While many attempts were made, only a few succeeded, and only a couple really succeeded well. One such was a tunnel that was financed and filmed by NBC, in order to produce a documentary that would raise American awareness of the trials that East Berliners faced under oppressive rule. With the Cuban crisis looming in the Caribbean, the last thing the Kennedy Administration needed was another crisis in Europe. As a result, the media was pressured to hold off, or even to squelch this documentary and others like it.
The Tunnels is a fascinating look into the earliest days of the Berlin Wall, the brave East Berliners who tried to escape it, and the dedicated West Berliners who worked tirelessly to help them. It is an incredible look into a period of history that many have ignored, and many more wish would be forgotten. But we cannot ignore it without ignoring a critical piece of the human quest for freedom and liberty.
I suggest you read The Tunnels. Imagine the pain and the fear that many experienced as they loved through this difficult period of history. And be inspired.

Prime Minister Nikita Khrushchev considered West Berlin to be “a thorn in my throat,” but he also compared it to testicles he could squeeze if he wanted the West to shriek. Khrushchev had issued an ultimatum in November 1958 giving the three Western nations six months to agree and turn West Berlin into a demilitarized “free” zone, and then withdraw. The allies rejected it. They argued that the unnatural division of the city had to conclude with free elections in all sectors and, finally, with reunification. Khrushchev withdrew, for the moment. When he came to the presidency in 1960, John F. Kennedy predicted that Berlin would continue to be “a test for our nerves and our will.”
The first Kennedy-Khrushchev summit took place in early June 1961 in Vienna. The Soviet leader, sixty-seven years old, started by saying that Berlin was “the most dangerous place in the world”. Putting the inexperienced JFK to the test, he threatened to finally sign the long-promised “peace treaty” with East Germany.
On August 14, Kennedy told his collaborators: “It’s not a pretty solution, but a wall is much better than a war.” In the same conversation he added: “This is the end of the Berlin crisis. The other side has been afraid … not us. We are not going to do anything now because there is no alternative except war. Everything is over, they are not going to invade Berlin ». The American secret services were almost optimistic. The Kennedy CIA, in a report dated August 14, referred briefly to “travel limitations” and “restrictions” in Berlin. The next day, the CIA claimed that the people of East Germany and East Berlin were “reacting cautiously, in general,” and that there were only “isolated expressions of open criticism and some cases of anti-regime incidents”.
Among the new escape artists were three students who planned to dig very north of Seidel’s favorite places, in Kiefholz and Heidelberger. The months that followed would test their resilience and dedication, the ability of the Eastern police to uncover them, and the fear of the West (at the height of the cold war) that they only managed to ignite the flame of a confrontation between the superpowers. To their great surprise, two American television channels ended up deeply involved in the tunnels they were going to build, including a daring project that, after a few months, would lead Seidel and the students, along with an intrepid Stasi agent. , to a common ground … although underground.
The news of the Harry Seidel tunnel project shocked the closed community of the fluchthelfer, provoking both fear and hope. The shooting and the death of Heinz Jercha had been appalling, of course, but they occurred after several nights of incident-free flight, and the rescue of dozens of people. Since the construction of the Wall only two tunnels had been excavated with total success, each with a risky entrance or exit to the outside. The Heidelberger tunnel showed that it could be done from basement to basement.

Wagner claimed that it was expected that at least forty-five refugees would crawl through the tunnel to freedom in a few days. He asked for 100,000 marks ($ 25,000) for the rights to film the final preparations and flight. Schorr scoffed at that request, and in exchange offered 5,000 marks. At a second meeting that same day, he softened a bit when Wagner told him that one of the refugees would provide an exclusive film from August 13 of the previous year, perfect for the setting the journalist needed for a special first anniversary program. Schorr went to consult him with his German camera.
If the US diplomats were still ignoring the massive escape through a tunnel in Kiefholz Strasse, that situation ended on August 3. That morning, Jim O’Donnell arrived at the huge L-shaped structure that housed the US embassy and the offices of the Berlin Brigade of the US military. The Clay Allee complex (named after General Lucius Clay, hero of the Berlin airlift) had previously served as the headquarters for Hitler’s Luftwaffe.

The morning after the massive flight, the tunnel diggers concentrated on seeing if they could pass a few more from East Berlin before the tunnel was completely flooded. For some, especially Hasso Herschel and the two Italians, it was a mission accomplished. Against all expectations, they had taken their friends and loved ones out of the east without a single arrest and without a single shot being fired. Most of the diggers wanted to help others escape in the following days, but the tunnel was already badly flooded, and the risk of collapse (not to mention that one of the residents or an Stasi agent discovered them) was even greater. . So they proclaimed victory and withdrew.
Others, after a quick inspection of the tunnel, wanted to exploit it at least another day. They discussed it in a meeting held at eleven o’clock. Joachim Neumann had friends he knew would run away without thinking. Some excavators believed that it was a mistake not to try to help more German compatriots. Of course, his tunnel had more than twenty centimeters of water at some points, but all that work that had been taken sawing and placing wooden struts had produced a fairly strong hole. He was too solid to abandon him. Young men and women, frustrated by the communist government, could endure a handful of water, even if they had to pass the tunnel to the West while swimming.
A decision was made: see if it worked another day. The daring Swedish mail was willing to move east again. The plan was for her to notify five people of a list drawn up by the diggers. Those five could invite five others, and so on.
They had been filming a documentary in Berlin about the East Germans fleeing to the West through a tunnel. And we have them all. -The use of the first person of the plural by the journalist was revealing.
While Anderton and most of the diggers tried to relax, Reuven Frank was preparing for his mission, which had actually just begun. Around midday, at the NBC headquarters in Berlin, the stark and silent black-and-white footage the Dehmels had made the night before had just arrived from the lab, and was about to be projected onto the only “screen” that They had on hand: a huge white cardboard full of stains. Frank wondered if he would live up to the summary the Dehmel had given him ten hours earlier.
He did not have to wait long to find out. After a few minutes, Eveline Schmidt appeared on the screen, climbing the ladder, and none other than Klaus Dehmel running forward to help her. Frank felt that this was the most exciting moment of his entire career.
Frank was stunned. He called his boss, Bill McAndrew, in New York, to tell him to forget the plan for a sixty-minute special over a wide range of Berlin escape attempts: it would take ninety minutes just to tell the story of that tunnel. I had no idea how to mount, with the Polikoff editor, something powerful and coherent from the three thousand five hundred meters of film filmed in many weeks and at short intervals, without audio and with characters completely unknown to the American public. The final result, however, was no longer in doubt. All Frank had to do was start editing.
I could not imagine that for NBC the easiest part was over.

Harry Seidel was put on trial in East Berlin, just as tensions on the Wall surfaced again. The third bomb that exploded that month produced a six-meter hole in the barrier and destroyed at least six hundred windows in the American sector. Another guard from East Germany escaped through the barbed wire. A bus with steel plates carrying two families from East Berlin rammed the Wall under a heavy fire, and in the end eight adults and children arrived safely in the west.
Seidel and two hours after the start of his trial, Seidel was convicted of multiple crimes and sentenced to life imprisonment, barely escaping the death sentence preferred by the superior prosecutor of the GDR. “The enormous scope and dangerousness of their crimes,” the judges said, “require permanent isolation.” They compared their crimes to those committed by the Nazis tried in Nuremberg. The mayor of West Berlin, Willy Brandt, on the other hand, said there were no words strong enough to condemn that modern “inquisition” against Seidel.
– President Kennedy’s order to the CIA to start collecting national information about American journalists, thus violating their own laws, was soon formalized as Project Sinsonte. In the spring of 1963, the result was that they clicked the phones of two columnists, Robert S. Allen and Paul Scott, after allegedly revealing classified secrets. The source of the leak was never identified. They also controlled other journalists on that same program until it ended in 1965. When the documents revealing the existence of Sinsonte were declassified, in 2007, New York Times journalist Tim Weiner observed: “So now it’s clear: long before that President Nixon created his unit of “plumbing” with CIA veterans to prevent further leaks, President Kennedy tried to use the agency for the same purpose ».
-The Stasi performed one of his cruelest tricks on the person of the old mail Hartmut Stachowitz, two years after his arrest (his wife, Gerda, had already been released). He was told that he could get his freedom if he signed a form renouncing his citizenship of West Germany. Desperate, he agreed, but later discovered that they had already bought their freedom in the West.
-Harry Seidel returned to cycling after leaving prison, and in 1973 he won a national title with three other teammates. He also held an official position in the government of West Germany as responsible for programs that helped those persecuted by the Nazis.
-Joachim Neumann worked as a civil engineer in several dozen major tunnels around the world, including the passage under the English Channel that connects France and Great Britain.
After the failure of its last tunnel in 1971, Hasso Herschel moved away from the dwindling community of the fluchthelfer and devoted himself to shared ownership of clubs, clubs and restaurants. When all these businesses failed, he retired to a sheep farm an hour north of Berlin. He was the chief consultant for a major German television drama based on tunnel 29, and occasionally received checks for the sale of photos and an NBC movie.
-In a ceremony in October 2012, Harry Seidel and thirteen other former excavators of tunnels and post offices finally received one of the greatest decorations in Germany, the Federal Cross of Merit. Two of them, Joachim Rudolph and Hasso Herschel, now organize visits to the tunnel sites for the Unterwelten in Berlin.

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