Manipulando La Historia — Eric Frattini / History Manipulations by Eric Frattini (spanish book edition)

Eric expone 24 casos algunos muy claros y documentados, otros por probar de operaciones de falsa bandera, y lo hace esta vez de una manera más clara y sin tanta profusión de datos, lo que lleva a leer el libro de una tacada, dejando claro que cualquier excusa es buena, para lograr los objetivos propuestos por los gobiernos.
El lector hará un grato recorrido por diversos episodios, desde algunos conocidos desde antaño, Katyn, Pearl Harbour, El Maine, Aldo moro, o los más recientes e interesantes, como los ataques cibernéticos del FSB, realizados como si fuera el Daesh.
Una obra muy recomendable.

Esquilo de Eleusis ya avisaba de que «en la guerra, la primera víctima es la verdad». En realidad, esta idea se puede hacer extensiva a cualquier situación de conflicto, crisis o tensión, ya sea en el ámbito político-estratégico o en el táctico, pues el afán de los hombres por imponer su voluntad sobre otros nunca ha conocido límites, impulsándoles a cometer cualquier tropelía con tal de lograr sus objetivos, por muy cuestionables que estos sean. De ahí que nunca hayan dudado en recurrir a la mentira, la astucia, la añagaza, la trampa y la traición.
La triste realidad es que las debilidades humanas han sido —y siguen siéndolo— una constante, y son precisamente ellas las que conducen a organizar y llevar a la práctica tretas y ardides de todo tipo y a la menor ocasión. De hecho, los avances tecnológicos en realidad sirven para hallar nuevos medios y procedimientos de engañar; casi nunca para refrenar o encauzar los sentimientos.
Las acciones de falsa bandera son muy variadas, desde un atentado terrorista, hasta un ataque efectuado por fuerzas militares, pasando por actos de sabotaje (incendios, destrucción de fábricas, etc.) y subversión, y pueden realizarse tanto «físicamente» como «virtualmente», es decir, en el espacio cibernético, a raíz de una decisión política o en el mismísimo campo de batalla.
Puesto que son operaciones encubiertas, los encargados de realizarlas suelen ser personal cualificado y, por lo general, son los servicios de inteligencia los encargados de planificarlas o, al menos, coordinarlas. Estos servicios emplearán a sus propios agentes —con apoyo de técnicos especialistas—, a miembros de las fuerzas especiales de los ejércitos o a personal contratado específicamente para la operación.

Tras el hundimiento del buque, la administración McKinley creó una comisión naval de investigación para averiguar la causa de la explosión. El 21 de marzo de 1898 el comité concluyó que la destrucción de la nave fue debida solo «a la explosión de una mina situada debajo de la parte inferior de la nave y colocada alrededor de la cuadrícula 18 del casco, un tanto en el lado de babor de la nave». El informe agregaba que habían sido «incapaces de obtener evidencia alguna de la persona o personas responsables de la destrucción del Maine». En cuanto a la posibilidad de que el hundimiento se hubiera debido a una explosión interna en una santabárbara —donde se almacenaba munición—, la comisión concluía que «de ningún modo se había tratado de una combustión espontánea de carbón». Asimismo se afirmaba que ningún barco de la Armada estadounidense había sufrido una combustión espontánea del carbón que se almacenaba en sus calderas.
Puesto que la conclusión era que la causante del desastre había sido una mina externa, la comisión no entendía cómo una explosión masiva hubiera podido lanzar hacia arriba una plancha del fondo —todavía unida a la nave—.
El Gobierno español, presidido entonces por el liberal Práxedes Mateo Sagasta, ordenó una investigación a los ingenieros Del Peral y De Salas, que detectaron en los restos del buque que el carbón almacenado en las calderas, separadas del depósito de municiones tan solo por una fina mampara, había sufrido una combustión espontánea, lo que causó la explosión en cadena de todo el navío. Del Peral incluyó varias anotaciones a mano al final del informe:
— Si hubiera sido una mina la causa de la explosión, se habría observado una columna de agua.
— El viento y las aguas se encontraban en calma, por lo que una mina no podría haber sido detonada por contacto; solo habría sido posible por electricidad, pero no se encontraron cables de ningún tipo.
— No se encontraron peces muertos en el agua, como habría sucedido con una explosión subacuática.
— Los almacenes de munición por lo general no explotan cuando un buque se hunde tras impactar con una mina.
A pesar de que el informe de los españoles se hizo público, la prensa estadounidense no informó, o no quiso informar, de las conclusiones a las que estos llegaron.
Los periódicos de los magnates William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer se culpó a España del hundimiento. De hecho, el 17 de febrero, el New York Journal, propiedad de Hearst, decía lo siguiente: «El buque de guerra Maine fue partido en dos por la máquina infernal de un enemigo». Un dibujo mostraba el barco anclado sobre una mina conectada con cables a un fuerte español. La prensa ayudó a promover el grito de batalla: «¡Recuerden el Maine! ¡Al diablo con España!.
En realidad, el Departamento de la Armada omitió que entre 1894 y 1908 se habían registrado más de veinte incendios en los depósitos de carbón de varios buques de guerra estadounidenses causados por combustión espontánea.
Numerosos historiadores, tanto españoles como estadounidenses, coinciden en afirmar que, aunque la explosión del USS Maine fue un accidente, el Gobierno de William McKinley, con la ayuda de la prensa que controlaban los magnates Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst, manipuló a la opinión pública estadounidense para que apoyase la guerra contra España; es decir, una clara operación de falsa bandera que supuso que España perdiese sus últimas posesiones de ultramar.

(Reichstag en llamas) El rojo de las llamas simbolizó el fin del sistema democrático alemán, y el humo gris, el ascenso del partido nazi, que se impondría en las elecciones anticipadas del 5 de marzo, dando paso a la instauración de un Estado totalitario represivo y cruel. Las promesas de llevar a una Alemania al máximo poder de Europa hicieron que el NSDAP consiguiese incrementar el número de votos de 5,5 millones a 17.750.000, aunque tan solo suponía el 44 % de los votos emitidos. Con la ayuda de los tres millones de votos del Partido Nacional Popular Alemán (DNVP) de Alfred Hugenberg, el Gobierno del canciller Hitler consiguió una mayoría simple en el Reichstag. Puesto que la mayor parte de los diputados comunistas y socialdemócratas estaban bajo detención preventiva, Hitler consiguió el apoyo de los dos tercios de la Cámara necesarios para que se aprobase la llamada «Ley de autorización», que permitía a los nazis gobernar y regir los destinos de Alemania sin ningún tipo de control parlamentario. De ese modo Hitler enterró la democracia alemana mediante un acto de aparente legalidad.
En 1981, un Tribunal de Berlín, a instancias de Jan van der Lubbe, hermano de Marinus, revocó la sentencia de 1933 y le declaró «no culpable», con el argumento de que se había tratado de una operación de «falsa bandera» del Gobierno nazi y de que Van der Lubbe había sido una marioneta. La anulación legal de la condena quedó ratificada definitivamente en el año 2008, en virtud de una ley aprobada en 1998 por el Bundestag, que permitía la revisión de sus condenas, así como la rehabilitación de condenados por los tribunales nazis entre 1933 y 1945.
Cuarenta y siete años después del incendio que allanó a Adolf Hitler el camino hacia el poder absoluto, una comisión de historiadores logró reunir suficientes pruebas documentales que demostraban que fueron los propios nazis quienes prendieron fuego al Reichstag con el único fin de desatar una amplia operación de represión contra sus verdaderos rivales políticos, los comunistas.

En los juicios de Núremberg, Alfred Naujocks confirmó que el ataque a la estación de radio de Gleiwitz había sido ordenado por Heinrich Müller, jefe de la Gestapo, y por su superior, Reinhard Heydrich. Al final de la guerra, Naujocks consiguió escapar de un centro de detención aliado y se convirtió en un próspero hombre de negocios en la ciudad de Hamburgo. Su tranquilidad se vio alterada cuando dos periodistas descubrieron su historia y publicaron un amplio reportaje titulado «El hombre que inició la guerra». Naujocks murió de un ataque cardiaco el 4 de abril de 1966, a los 54 años de edad, en la ciudad de Hamburgo, llevándose consigo un buen número de secretos que cambiaron el rumbo de la historia.
La estación de radio de Gleiwitz aún se conserva en buen estado y está situada en un terreno situado al norte de la ciudad, entre las avenidas Tarnogorska y Lubliniecka, junto al enlace de la circunvalación. Sobre la torre se han instalado cincuenta antenas para redes de telefonía móvil, radio-taxis y la emisora de radio de la ciudad. En 2002, el Ayuntamiento de Gleiwitz adquirió las instalaciones a la compañía TPSA (Telecomunicaciones Polacas), que había sido la propietaria de la emisora desde 1945, e instaló una placa para que los visitantes supieran lo que allí había sucedido. Inicialmente, la torre se usó para emitir los programas de Radio Katowice, y más tarde, hasta 1956, para interferir la emisora propagandística estadounidense Radio Free Europe, o Radio Liberty, financiada por la CIA durante la Guerra Fría.

La matanza de Katyn sigue siendo en la actualidad objeto de controversias y tensiones entre Polonia y Rusia. «Los aliados lo sabían, pero con la guerra la verdad no convenía», destacó la presidenta de la Federación de Familias de Katyn, que expresó su deseo de que, una vez que Estados Unidos ha desclasificado sus archivos, Rusia haga lo mismo.
A día de hoy, el Partido Comunista de la Federación Rusa, así como otros políticos e historiadores prosoviéticos siguen negando la culpa soviética en las matanzas de Katyn, e insisten en afirmar que «los prisioneros polacos fueron fusilados por los alemanes en agosto de 1941». Incluso la historiadora del KGB Slava Katamidze, en su libro titulado KGB. Leales camaradas, asesinos implacables, se dedica en cuerpo y alma a defender, sin prueba alguna, la inocencia del NKVD en la masacre de Katyn. Según Katamidze, las fuerzas del NKVD «supervisaban a los prisioneros que trabajaban construyendo carreteras. […] Muchos respetables historiadores occidentales [Katamidze no da sus nombres] aceptaron el hecho de la autoría rusa de las matanzas de Katyn […]. En 1944 se publicó un informe especial en Moscú que contenía declaraciones sobre atrocidades nazis, que incluía la masacre de Katyn, lo que demostraba que los asesinatos de los oficiales polacos los habían realizado los alemanes, que en 1943, en vísperas de la batalla de Kursk, habían montado esta representación para poder acusar a los rusos de los asesinatos».
No existe la menor duda de la autoría soviética de la matanza en Katyn, y tampoco de que los rusos, por orden de Stalin y Beria, realizaron una operación de falsa bandera para señalar a los alemanes como autores de la masacre con el fin de no romper la alianza con sus aliados de Washington y Londres en la lucha contra los ejércitos de Hitler.

Roosevelt ordena la inmediata ejecución de un plan de ocho pasos claros que incluye el despliegue de buques de guerra de Estados Unidos en aguas territoriales japonesas y la imposición de un embargo total destinado a estrangular la economía de Japón. Y todas estas medidas debían culminar en un ataque japonés. El teniente Arthur McCollum, jefe de la sección del Lejano Oriente en la Oficina de Inteligencia Naval, los destaca en un memorando en octubre de 1940:
1. Concluir con el Reino Unido un acuerdo para la utilización de las bases británicas en el Pacífico, sobre todo en Singapur.
2. Concluir con Holanda un acuerdo para la utilización de sus bases y el aprovisionamiento en materias primas en las Indias Holandesas.
3. Ayudar por todos los medios posibles al Gobierno chino de Chiang Kai-shek.
4. Enviar al este (Filipinas o Singapur) una división de cruceros de gran tonelaje.
5. Enviar al este dos divisiones de submarinos.
6. Mantener el grueso de las fuerzas de la flota estadounidense actualmente destacada en el Pacífico alrededor de las islas hawaianas.
7. Insistir para que los holandeses se nieguen a satisfacer los pedidos japoneses de concesiones económicas indebidas, sobre todo en lo tocante al petróleo.
8. Establecer un embargo total que evite todo comercio de Estados Unidos con Japón, en colaboración con un embargo similar impuesto por el Imperio británico.
Robert Stinnett, historiador militar y veterano naval condecorado en la Segunda Guerra Mundial (sirvió bajo las órdenes del entonces teniente George Bush), corrobora esta versión con una gran cantidad de documentos en su ensayo Day Of Deceit: The Truth About FDR and Pearl Harbor. Asimismo, los últimos documentos desclasificados contribuyen a derrumbar el falso mito de que la flota nipona mantuvo un estricto silencio y muestran que varias transmisiones navales japonesas, durante los días anteriores al ataque del 7 de diciembre, fueron interceptadas por los criptógrafos estadounidenses. Estos mismos documentos demuestran que la plana mayor de Estados Unidos en Hawai —el almirante Husband Kimmel, comandante de la flota del Pacífico, y el teniente general Walter Short— se mantuvo apartado del círculo de inteligencia sobre las órdenes dadas expresamente desde Washington. Posteriormente fueron las cabezas de turco, ya que no supieron anticiparse al ataque japonés. Los dos militares cayeron y tuvieron que esperar 58 años hasta que el Senado de Estados Unidos rehabilitara sus nombres.
La evidencia de que el propio Roosevelt provocó deliberadamente el ataque es circunstancial, pero lo suficientemente convincente como para preguntarnos, 76 años después de la tragedia, si lo sucedido en Pearl Harbor fue una operación de falsa bandera.

Tras las investigaciones judiciales realizadas por el juez Casson se descubrió que el explosivo C4 (el más potente en aquellos años) que se utilizó en el atentado de Peteano en 1972 provenía de un depósito controlado por la Red Gladio que estaba situado debajo de un cementerio cerca de Verona. La existencia de este «almacén» fue revelada por los jueces Felice Casson y Carlo Mastelloni a Giulio Andreotti, exprimer ministro de Italia y exministro de Defensa. Las investigaciones del juez Casson revelaron también que Marco Morin, experto en explosivos que trabajaba para la policía italiana y miembro de Ordine Nuovo, había mentido al afirmar que los explosivos utilizados eran los mismos que utilizaban las Brigadas Rojas en sus atentados. Casson demostró que los explosivos C4 eran, de hecho, los que utilizaba la OTAN.
El 2 de agosto de 1980, a las 10:25 horas, un potente explosivo colocado en la Estación Central de Bolonia provocó la muerte de ochenta personas y dejó más de doscientos heridos de diversa gravedad. La autoría del atentado se dirigió a la organización de extrema derecha Nuclei Armati Rivoluzionari (Núcleo Armado Revolucionario), liderado Valerio Fioravanti, un antiguo actor de telenovelas de la RAI…
Se cree que la Red Gladio fue desmantelada por la OTAN en 1990, pero se ha sabido que los altos cargos del ACC se reunieron en secreto en su cuartel general de Bruselas los días 23 y 24 de octubre de 1990. La reunión tuvo lugar bajo la presidencia del general Raymond Van Calster, jefe del Servicio General de Inteligencia belga (SGR). Van Calster montó en cólera cuando varios periodistas consiguieron localizarle. El general mintió cuando negó haber presidido la reunión del ACC y cuando afirmó que «Gladio era una cuestión estrictamente italiana». Posteriormente sí admitió que una red secreta se había establecido en Bélgica después de la Segunda Guerra Mundial «con el fin de recoger datos de inteligencia ante la hipótesis de una invasión soviética». Van Calster desmintió todo «vínculo de esa red con la OTAN», aunque después afirmó solemnemente: «No tenemos nada que ocultar». Si no había nada, ¿qué se supone que debían esconder?.
En Portugal, cuando la prensa internacional anunció que «se había descubierto que células de la red asociada a la Operación Gladio fueron utilizadas durante los años cincuenta en la defensa de la dictadura de Salazar», el ministro portugués de Defensa, Fernando Nogueira, declaró el 16 de noviembre de 1990 que «nunca he tenido conocimiento de la presencia de una Red Gladio de ningún tipo en Portugal y no se dispone en el Ministerio de Defensa ni en la Comandancia de las Fuerzas Armadas de ninguna información sobre la existencia o las actividades de una estructura Gladio en Portugal».
En España, Alberto Oliart, ministro de Defensa entre 1981 y 1982, calificó de «pueril» el hecho de preguntarse si en la España franquista había tenido cabida un ejército secreto de extrema derecha, ya que «aquí [en España], Gladio era el Gobierno mismo.
La última acción de importancia que se encuadra dentro de aquella «estrategia de la tensión» fue el atentado en Bolonia, tras el cual los llamados «años de plomo» y las operaciones de falsa bandera comenzaron a decaer, sobre todo porque los Estados eran incapaces de controlar la situación y porque las opiniones públicas y la prensa de los países miembros de la Red Gladio rechazaban con contundencia la violencia. Sin embargo, las consecuencias sociales de la década de los setenta en Italia fueron tremendamente dolorosas, tal y como constató la comisión de investigación del Senado en su informe final, que señaló que, entre 1969 y 1987, los atentados de la Red Gladio provocaron, solo en Italia, 491 muertos y 1181 heridos. Lo cierto es que los largos tentáculos de Gladio y de la CIA llegaron a catorce países durante tres décadas, en plena Guerra Fría, con el único fin de eliminar las políticas izquierdistas de esos Gobiernos y evitar el avance hacia el poder de los partidos comunistas a través de medios democráticos.

A principios de la década de los sesenta, durante la administración del presidente Eisenhower, los principales líderes militares de Estados Unidos planearon matar a personas inocentes y cometer actos de terrorismo en ciudades estadounidenses con el objetivo de modelar la opinión de la población y hacer que esta apoyara una guerra contra Cuba. El nombre en código del plan era «Operación Northwoods», y su origen se remonta al 13 de marzo de 1960, cuando, en una sala de juntas del Pentágono, se reunieron altos mandos militares y miembros de la DIA (Agencia de Inteligencia de la Defensa) con el fin de concebir una acción de falsa bandera contra Cuba (Fidel Castro llevaba poco más de un año en el poder). El grupo estaba presidido por el general Lyman L. Lemnitzer, presidente de la poderosa Junta de Jefes del Estado Mayor, pero el informe que salió de la reunión, titulado «Justificación para una Intervención Militar Estadounidense en Cuba», iba dirigido a la CIA y a las agencias de inteligencia.
La «Operación Northwoods» apareció en un momento de absoluta desconfianza por parte del Pentágono hacia la Casa Blanca. Los líderes de la administración Kennedy eran vistos por el sector militar como demasiado liberales, inexpertos y blandos con el comunismo. Por otro lado, a la sociedad estadounidense no le preocupaba en exceso que sus militares traspasaran los límites constitucionales, y la tendencia ultraconservadora del ejército estadounidense era bien conocida por todos. Hay informes secretos militares que muestran cómo altos mandos del Pentágono instaron a sus subordinados a votar al republicano Richard Nixon durante las elecciones de 1960, en las que ganó por muy poco el joven candidato demócrata Kennedy. Y el propio general Lemnitzer se vio obligado a informar en el Comité de Asuntos Exteriores del Senado sobre la campaña dirigida por el general ultraconservador Edwin Walker para convencer a otros militares de alto rango de la necesidad de recurrir a operaciones encubiertas para combatir el comunismo. Walker fue cesado de todos sus cargos por el presidente Kennedy.

Por más que el «caso Moro» sea un tema judicialmente cerrado, son muchos los italianos que todavía se preguntan por qué, durante los 55 días que duró el secuestro, la Democracia Cristiana no fue capaz de tomarse en serio la amenaza que pesaba sobre la vida de Moro. Algunos, como el exsenador comunista y escritor Sergio Flamigni, tienen su propia teoría. Para Flamigni, el «caso Moro» no puede comprenderse sin la concurrencia de estrategias ocultas, servicios de espionaje y logias masónicas: «Muchos deseaban que Moro desapareciera de la primera línea política, y nada como organizar un secuestro en nombre de las Brigadas Rojas».
Eleonora Chiavarelli, viuda de Aldo Moro, contó durante el juicio a los terroristas de las Brigadas Rojas que, tras una reunión en 1977 con el aún secretario de Estado de la administración Ford, Henry Kissinger, su marido tuvo que ser atendido por el médico por una grave taquicardia. El propio Moro le contó después a su esposa que Kissinger le dijo que «Estados Unidos no estaba de acuerdo con su disposición a gobernar con los comunistas, y que el propio Kissinger le advirtió gravemente: O deja usted de cortejar a los comunistas o lo pagará caro.
El asesinato de Aldo Moro, realizado por las Brigadas Rojas en 1978, se ha relacionado con la oposición de la Red Gladio a su política de «compromiso histórico» y a la necesidad de incluir en su Gobierno a miembros del Partido Comunista Italiano (PCI). La investigación del asesinato se convirtió en una estrategia de ocultación de pruebas por parte de los organismos de seguridad e inteligencia del Estado, llevando al juez Felice Casson a declarar que descubrió la existencia de la Red Gladio leyendo las cartas que Aldo Moro envió desde su lugar de detención. Un informe parlamentario del año 2000 redactado por El Olivo concluyó que la strategia della tensione tenía como objetivo impedir a toda costa que tanto el PCI como el PSI accedieran al poder ejecutivo de la mano de Moro. Muchos italianos, aún hoy en día, piensan que tras el asesinato del primer ministro democristiano estuvo la poderosa mano de Gladio.
El secuestro y ejecución de Aldo Moro siguen rodeados de misterios. El principal interrogante es si la CIA, los servicios secretos italianos o la Red Gladio tuvieron algo que ver. Según el periodista italiano Carmine Pecorelli, detrás de la muerte de Moro no estaban las Brigadas Rojas, sino la CIA y la estructura Gladio. Pecorelli fue asesinado el 20 de marzo de 1979, y entre los imputados se encontraba el entonces primer ministro Giulio Andreotti, que fue declarado inocente junto al resto de acusados en 1999.
La Comisión del Senado que investigó a la Red Gladio en la primera mitad de la década de 1990 sospechaba que la CIA, los servicios secretos italianos y la estructura de Gladio estaban detrás del asesinato de Moro. Sin embargo, cuando se decidieron a investigar, descubrieron que la mayor parte de los documentos relacionados con el secuestro y asesinato del líder democristiano había desaparecido.

(Baden-Meinhoff) Los documentos secretos sobre la «Operación Fuego Mágico» fueron revelados en 1986, durante el Gobierno del canciller Helmut Kohl, para vergüenza de la propia cancillería y de sus servicios secretos, que tuvieron que reconocer que el BfV había realizado una operación de falsa bandera contra la RAF, orquestada por el Gobierno de Helmut Schmidt y por sus servicios de inteligencia y seguridad.

(Amerithrax) Los ataques mediante el envío de cartas con ántrax por parte de un científico estadounidense fueron utilizados para una operación de falsa bandera por la administración del presidente George W. Bush, como parte de la campaña para convencer al Congreso y a la opinión pública de Estados Unidos de la necesidad de ir a la guerra contra Irak. La invasión de Irak, ocurrida entre el 20 de marzo y el 1 de mayo de 2003, provocó la muerte de 139 soldados estadounidenses. La guerra de Irak, iniciada con la invasión y finalizada en 2011, causó la muerte de 4497 militares estadounidenses. Las pérdidas iraquíes, tanto militares como civiles, durante esos ocho años de conflicto se cuentan por cientos de miles. Y la cifra sigue creciendo a día de hoy.

El 12 de agosto de 2016, la grieta se abrió en los sistemas de seguridad de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Unos hackers aseguraban en Twitter que habían logrado acceder a las redes de la NSA y habían penetrado en numerosos archivos del Grupo de Ecuaciones, la división más potente de la agencia, conocida como «The Cube», que cuenta con las más sofisticadas técnicas de ciberespionaje. El grupo que estaba detrás del hackeo se hacía llamar «Shadow Brokers». Tras hacerse con toda esta información, decidieron poner a la venta las herramientas de hackeo en la plataforma web Github y en su página de Tumblr. Los hackers pedían 570 millones de dólares por los archivos: «Encontramos muchísimas armas cibernéticas del Grupo de Ecuación. Vean las imágenes. Les ofrecemos algunos de sus archivos gratis, es una buena prueba, ¿no es así? ¡Disfrútenlos! […] Estamos subastando los mejores archivos», dijeron los piratas informáticos en una cuenta de Twitter. Esos documentos contenían, según la publicación especializada The Hacker News, «scripts de instalación, configuraciones para servidores de comando y control y exploits [fragmentos de software] diseñados para atacar cortafuegos de empresas estadounidenses como Cisco Systems, Juniper y Fortinet».
Edward Snowden, que trabajó en la NSA, señaló que «fue un ataque real, y todo indica que hay responsabilidad rusa». Nuevamente la larga mano del Kremlin aparecía detrás de un ataque informático contra una agencia de inteligencia estadounidense.

Las verdaderas causas de la intentona golpista turca van a ser difíciles de precisar. Una cosa sí parece segura, y es que el presidente utilizará lo sucedido en su favor. Tendremos que acordarnos de todo esto cuando Recep Tayyip Erdogan comience a hablar de la necesidad de que Turquía adopte un modelo presidencialista mediante la convocatoria de un referéndum. El referéndum será, sin duda, el sexto acto. Su proclamación y su elevación al poder absoluto de la República serán el acto final. La moderna Turquía, tal y como la ideó en 1924 el gran Kemal Atatürk, parece estar a punto de morir.
21.000 profesores; 3000 miembros de la judicatura, incluidos 2 de los 17 miembros del Tribunal Constitucional, 10 del Tribunal de Apelaciones, 11 de la Corte de Casación y 10 del Consejo Supremo de Jueces y Fiscales; 393 funcionarios del Ministerio de Política Social; 15.211 funcionarios del Ministerio de Educación; 1577 decanos de la universidad; 257 miembros de la Oficina del Primer Ministro; 8000 policías (1000 de ellos han sido detenidos); 1523 funcionarios del Ministerio de Finanzas; 109 oficiales de inteligencia; 7536 militares, incluidos 85 generales y almirantes, y el coronel Ali Yazici, asesor jefe militar de Erdogan, y Erkan Kivrak, un asesor militar del presidente de rango inferior. Asimismo, 492 clérigos y profesores de religión han sido expulsados de mezquitas y escuelas, y un gobernador provincial, 29 exgobernadores y 52 gobernadores de distritos sufrieron «depuraciones». En cuanto a los medios de comunicación, 89 periodistas han sido detenidos acusados de pertenecer a la rama de comunicación del Movimiento Gülen, así como 187 medianos y grandes empresarios.

Eric exposes 24 cases, some very clear and documented, others to try false flag operations, and he does it this time in a clearer way and without so much data, which leads to reading the book in one go, making it clear that Any excuse is good, to achieve the objectives proposed by governments.
The reader will make a pleasant tour of various episodes, from some known from long ago, Katyn, Pearl Harbor, The Maine, Aldo Moor, or the most recent and interesting, as the cybernetic attacks of the FSB, performed as if it were the Daesh.
A highly recommended work.

Aeschylus of Eleusis already warned that “in war, the first victim is the truth.” In fact, this idea can be extended to any situation of conflict, crisis or tension, whether in the political-strategic or tactical, because the desire of men to impose their will on others has never known limits, driving them to commit any outrage in order to achieve their objectives, however questionable they may be. Hence, they have never hesitated to resort to lies, cunning, trickery, cheating and betrayal.
The sad reality is that human weaknesses have been – and still are – a constant, and it is precisely they that lead to organize and carry out tricks and schemes of all kinds and at the slightest opportunity. In fact, technological advances actually serve to find new means and procedures to deceive; almost never to restrain or channel feelings.
The false flag actions are very varied, from a terrorist attack, to an attack carried out by military forces, through acts of sabotage (fire, destruction of factories, etc.) and subversion, and can be carried out both “physically” and “virtually” », That is, in the cybernetic space, as a result of a political decision or in the battlefield itself.
Since they are covert operations, those responsible for carrying them out are usually qualified personnel and, in general, the intelligence services are responsible for planning them or, at least, coordinating them. These services will employ their own agents – with the support of specialized technicians -, members of special forces of the armies or personnel hired specifically for the operation.

After the sinking of the ship, the McKinley administration created a naval research commission to find out the cause of the explosion. On March 21, 1898, the committee concluded that the destruction of the ship was due only “to the explosion of a mine located below the bottom of the ship and placed around grid 18 of the hull, somewhat on the port side of the ship ». The report added that they had been “unable to obtain any evidence of the person or persons responsible for the destruction of the Maine.” As for the possibility that the collapse had been due to an internal explosion in a magazine (where ammunition was stored), the commission concluded that “in no way had it been a spontaneous combustion of coal.” It was also stated that no ship of the US Navy had suffered a spontaneous combustion of the coal that was stored in its boilers.
Since the conclusion was that the cause of the disaster had been an external mine, the commission did not understand how a massive explosion could have thrown up a bottom plate-still attached to the ship.
The Spanish government, chaired then by the liberal Práxedes Mateo Sagasta, ordered an investigation to the Del Peral and De Salas engineers, who detected in the remains of the ship that the coal stored in the boilers, separated from the ammunition tank by only a fine screen, had suffered a spontaneous combustion, which caused the chain explosion of the entire ship. Del Peral included several handwritten notes at the end of the report:
– If a mine had been the cause of the explosion, a column of water would have been observed.
– The wind and waters were calm, so a mine could not have been detonated by contact; it would only have been possible for electricity, but no cables of any kind were found.
– No dead fish were found in the water, as would have been the case with an underwater explosion.
– Ammunition stores do not usually explode when a ship sinks after impact with a mine.
Although the report of the Spaniards was made public, the US press did not report, or did not want to inform, of the conclusions reached by them.
The newspapers of the magnates William Randolph Hearst and Joseph Pulitzer blamed Spain for the sinking. In fact, on February 17, the New York Journal, owned by Hearst, read as follows: “The warship Maine was split in two by the infernal machine of an enemy.” A drawing showed the ship anchored on a mine connected with cables to a Spanish fort. The press helped promote the battle cry: “Remember the Maine! To hell with Spain!
In fact, the Navy Department omitted that between 1894 and 1908 there had been more than twenty fires in the coal deposits of several American warships caused by spontaneous combustion.
Numerous historians, both Spaniards and Americans, agree that, although the explosion of the USS Maine was an accident, the government of William McKinley, with the help of the press controlled by magnates Joseph Pulitzer and William Randolph Hearst, manipulated the opinion American public to support the war against Spain; that is, a clear operation of false flag that supposed that Spain lost its last overseas possessions.

(Reichstag in flames) The red of the flames symbolized the end of the German democratic system, and the gray smoke, the rise of the Nazi party, which would prevail in the early elections of March 5, giving way to the establishment of a totalitarian state repressive and cruel. The promises to take a Germany to the maximum power of Europe made the NSDAP managed to increase the number of votes from 5.5 million to 17,750,000, although it only accounted for 44% of the votes cast. With the help of the three million votes of the German National People’s Party (DNVP) of Alfred Hugenberg, Chancellor Hitler’s government achieved a simple majority in the Reichstag. Since most of the communist and social democratic deputies were under preventive detention, Hitler secured the support of two-thirds of the House necessary for the approval of the so-called “Authorization Law”, which allowed the Nazis to govern and govern the destinies. of Germany without any kind of parliamentary control. In this way Hitler buried German democracy through an act of apparent legality.
In 1981, a Berlin court, at the behest of Jan van der Lubbe, brother of Marinus, revoked the 1933 ruling and declared him “not guilty”, arguing that it had been a “false flag” operation of the Nazi government and that Van der Lubbe had been a puppet. The legal annulment of the sentence was finally ratified in 2008, by virtue of a law passed in 1998 by the Bundestag, which allowed the review of their sentences, as well as the rehabilitation of convicts by the Nazi courts between 1933 and 1945.
Forty-seven years after the fire that raided Adolf Hitler on the road to absolute power, a commission of historians managed to gather enough documentary proof that it was the Nazis themselves who set fire to the Reichstag with the sole purpose of unleashing a broad-based operation. repression against their true political rivals, the communists.

At the Nuremberg trials, Alfred Naujocks confirmed that the attack on the Gleiwitz radio station had been ordered by Heinrich Müller, head of the Gestapo, and by his superior, Reinhard Heydrich. At the end of the war, Naujocks managed to escape from an Allied detention center and became a prosperous businessman in the city of Hamburg. His tranquility was altered when two journalists discovered his story and published an extensive report titled “The man who started the war.” Naujocks died of a heart attack on April 4, 1966, at 54 years of age, in the city of Hamburg, taking with himself a number of secrets that changed the course of history.
The Gleiwitz radio station is still in good condition and is located on land north of the city, between Tarnogorska and Lubliniecka avenues, next to the ring road. Over the tower fifty antennas have been installed for mobile telephone networks, radio-taxis and the city’s radio station. In 2002, the City Council of Gleiwitz acquired the facilities from the company TPSA (Polish Telecommunications), which had been the owner of the station since 1945, and installed a plaque so that visitors knew what had happened there. Initially, the tower was used to broadcast Radio Katowice programs, and later, until 1956, to interfere with the US propaganda station Radio Free Europe, or Radio Liberty, financed by the CIA during the Cold War.

The Katyn massacre is still the subject of controversy and tensions between Poland and Russia. “The allies knew it, but with war the truth did not suit,” said the president of the Katyn Family Federation, who expressed her hope that, once the United States has declassified its archives, Russia will do the same.
To this day, the Communist Party of the Russian Federation, as well as other pro-Soviet politicians and historians continue to deny the Soviet guilt in the Katyn massacres, and insist that “the Polish prisoners were shot by the Germans in August 1941” . Even the KGB historian Slava Katamidze, in her book entitled KGB. Loyal comrades, relentless murderers, he devotes himself body and soul to defending, without any proof, the innocence of the NKVD in the Katyn massacre. According to Katamidze, the NKVD forces “supervised the prisoners who worked constructing roads. […] Many respectable Western historians [Katamidze does not give their names] accepted the fact of the Russian authorship of the Katyn massacres […]. In 1944 a special report was published in Moscow containing statements on Nazi atrocities, which included the Katyn massacre, which showed that the murders of Polish officers had been carried out by the Germans, which in 1943, on the eve of the Battle of Kursk , they had mounted this representation to be able to accuse the Russians of the murders ».
There is no doubt about the Soviet authorship of the slaughter in Katyn, nor that the Russians, by order of Stalin and Beria, carried out a false flag operation to point out the Germans as authors of the massacre in order not to break the alliance with its allies of Washington and London in the fight against the armies of Hitler.

Roosevelt orders the immediate execution of a plan of eight clear steps that includes the deployment of US warships in Japanese territorial waters and the imposition of a total embargo designed to strangle Japan’s economy. And all these measures were to culminate in a Japanese attack. Lieutenant Arthur McCollum, head of the Far East section of the Office of Naval Intelligence, highlights them in a memorandum in October 1940:
1. Conclude with the United Kingdom an agreement for the use of British bases in the Pacific, especially in Singapore.
2. Conclude with Holland an agreement for the use of its bases and the supply of raw materials in the Netherlands Indies.
3. Help Chiang Kai-shek’s Chinese government by all possible means.
4. Send a large-tonnage cruise division to the east (Philippines or Singapore).
5. Send two divisions of submarines to the east.
6. Maintain the bulk of the forces of the US fleet currently outstanding in the Pacific around the Hawaiian Islands.
7. Insist that the Dutch refuse to comply with Japanese requests for undue economic concessions, especially with regard to oil.
8. Establish a total embargo that prevents all United States trade with Japan, in collaboration with a similar embargo imposed by the British Empire.
Robert Stinnett, military historian and naval veteran decorated in World War II (he served under the then lieutenant George Bush), corroborates this version with a large number of documents in his essay Day Of Deceit: The Truth About FDR and Pearl Harbor. Also, the latest declassified documents contribute to demolish the false myth that the Japanese fleet kept a strict silence and show that several Japanese naval transmissions, during the days before the attack on December 7, were intercepted by US cryptographers. These same documents show that the United States staff in Hawaii – Admiral Husband Kimmel, commander of the Pacific Fleet, and Lieutenant General Walter Short – stayed out of the circle of intelligence about the orders given expressly from Washington. Later they were the scapegoats, since they did not know how to anticipate the Japanese attack. The two soldiers fell and had to wait 58 years until the United States Senate reinstated their names.
The evidence that Roosevelt himself deliberately provoked the attack is circumstantial, but convincing enough to ask us, 76 years after the tragedy, if what happened at Pearl Harbor was a false flag operation.

After the judicial investigations conducted by Judge Casson it was discovered that the explosive C4 (the most powerful in those years) that was used in the attack of Peteano in 1972 came from a deposit controlled by the Red Gladio that was located under a nearby cemetery of Verona. The existence of this “warehouse” was revealed by Judges Felice Casson and Carlo Mastelloni to Giulio Andreotti, former Prime Minister of Italy and former Minister of Defense. Judge Casson’s investigations also revealed that Marco Morin, an explosives expert who worked for the Italian police and a member of Ordine Nuovo, had lied when he claimed that the explosives used were the same as those used by the Red Brigades in their attacks. Casson showed that the C4 explosives were, in fact, the ones used by NATO.
On August 2, 1980, at 10:25 am, a powerful explosive placed in the Central Station of Bologna caused the death of eighty people and left more than two hundred injured of varying severity. The author of the attack went to the far-right organization Nuclei Armati Rivoluzionari (Armed Revolutionary Nucleus), led by Valerio Fioravanti, a former telenovela actor of the RAI …
It is believed that the Red Gladio was dismantled by NATO in 1990, but it has been known that ACC senior officials met in secret at their headquarters in Brussels on October 23 and 24, 1990. The meeting took place under the presidency of General Raymond Van Calster, head of the Belgian General Intelligence Service (SGR). Van Calster was enraged when several journalists managed to locate him. The general lied when he denied presiding over the ACC meeting and when he said that “Gladio was a strictly Italian matter.” Later he did admit that a secret network had been established in Belgium after the Second World War “in order to collect intelligence data before the hypothesis of a Soviet invasion”. Van Calster denied any “link of this network with NATO”, but then solemnly said: “We have nothing to hide.” If there was nothing, what were they supposed to hide?
In Portugal, when the international press announced that “it had been discovered that cells of the network associated with Operation Gladio were used during the 1950s in defense of the Salazar dictatorship,” Portuguese Defense Minister Fernando Nogueira declared the November 16, 1990 that “I have never been aware of the presence of a Red Gladio of any kind in Portugal and there is no information in the Ministry of Defense or in the Command of the Armed Forces regarding the existence or activities of a Gladio structure in Portugal ».
In Spain, Alberto Oliart, Minister of Defense between 1981 and 1982, described as “puerile” the question of whether Franco’s Spain had had a secret army of the extreme right, since “here [in Spain], Gladio was the Government itself.
The last important action that falls within that “strategy of tension” was the attack in Bologna, after which the so-called “years of lead” and false flag operations began to decline, especially because the States were unable to control the situation and because the public opinions and the press of the member countries of the Red Gladio strongly rejected the violence. However, the social consequences of the seventies in Italy were tremendously painful, as the Senate’s commission of inquiry found in its final report, which pointed out that, between 1969 and 1987, the Red Gladio attacks provoked, alone in Italy, 491 dead and 1181 injured. The truth is that the long tentacles of Gladio and the CIA reached fourteen countries during three decades, in the middle of the Cold War, with the sole purpose of eliminating the leftist policies of those governments and preventing the advance towards the power of the communist parties to through democratic means.

In the early 1960s, during the administration of President Eisenhower, the main military leaders of the United States planned to kill innocent people and commit acts of terrorism in American cities with the aim of modeling the opinion of the population and making it support a war against Cuba. The coded name of the plan was “Operation Northwoods,” and its origin dates back to March 13, 1960, when, in a Pentagon boardroom, senior military commanders and members of the DIA met. Defense) in order to conceive a false flag action against Cuba (Fidel Castro had just over a year in power). The group was chaired by General Lyman L. Lemnitzer, president of the powerful Joint Chiefs of Staff, but the report that came out of the meeting, entitled “Justification for a US Military Intervention in Cuba,” was addressed to the CIA and the intelligence agencies.
“Operation Northwoods” appeared at a moment of absolute distrust on the part of the Pentagon towards the White House. The leaders of the Kennedy administration were seen by the military sector as too liberal, inexperienced and soft with communism. On the other hand, American society was not overly concerned that its military transcended constitutional limits, and the ultraconservative tendency of the US military was well known to all. There are secret military reports that show how top Pentagon commanders urged their subordinates to vote for Republican Richard Nixon during the 1960 election, in which the young Democratic candidate Kennedy won very little. And General Lemnitzer himself was forced to report to the Senate Foreign Affairs Committee about the campaign led by ultraconservative General Edwin Walker to convince other high-ranking military officers of the need to resort to covert operations to combat communism. Walker was dismissed from all charges by President Kennedy.

As much as the “Moro case” is a judicially closed issue, many Italians still wonder why, during the 55 days of the kidnapping, the Christian Democracy was not able to take seriously the threat that the Moro’s life. Some, like the communist ex-senator and writer Sergio Flamigni, have their own theory. For Flamigni, the “Moro case” can not be understood without the concurrence of hidden strategies, espionage services and Masonic lodges: “Many wanted Moro to disappear from the political front line, and nothing like organizing a kidnapping in the name of the Red Brigades” .
Eleonora Chiavarelli, widow of Aldo Moro, told the terrorists of the Red Brigades during the trial that after a meeting in 1977 with Henry Kissinger, still secretary of state for the Ford administration, her husband had to be seen by the doctor. a severe tachycardia. Moro himself later told his wife that Kissinger told him that “the United States did not agree with his willingness to govern with the Communists, and that Kissinger himself warned him gravely: Either you stop courting the Communists or you will pay for it. expensive.
The murder of Aldo Moro, carried out by the Red Brigades in 1978, has been linked to the opposition of the Red Gladio to its policy of “historical commitment” and to the need to include in its Government members of the Italian Communist Party (PCI). The investigation of the murder became a strategy of concealment of evidence by the security and intelligence agencies of the State, leading Judge Felice Casson to declare that he discovered the existence of the Red Gladio reading the letters that Aldo Moro sent from his place of detention. A parliamentary report of the year 2000 drafted by El Olivo concluded that the strategy of the tension was aimed at preventing at all costs that both the PCI and the PSI acceded to the executive power in the hands of Moro. Many Italians, even today, think that after the murder of the Christian Democrat prime minister was the powerful hand of Gladio.
The abduction and execution of Aldo Moro are still surrounded by mysteries. The main question is whether the CIA, the Italian secret services or the Red Gladio had something to do with it. According to the Italian journalist Carmine Pecorelli, behind the death of Moro were not the Red Brigades, but the CIA and the Gladio structure. Pecorelli was murdered on March 20, 1979, and among the accused was the then Prime Minister Giulio Andreotti, who was declared innocent along with the rest of the accused in 1999.
The Senate Commission that investigated the Red Gladio in the first half of the 1990s suspected that the CIA, the Italian secret services, and Gladio’s structure were behind Moro’s assassination. However, when they decided to investigate, they discovered that most of the documents related to the kidnapping and murder of the Christian Democrat leader had disappeared.

(Baden-Meinhoff) The secret documents about “Operation Magic Fire” were revealed in 1986, during the government of Chancellor Helmut Kohl, to the shame of the Foreign Ministry itself and its secret services, which had to recognize that the BfV had made a operation of false flag against the RAF, orchestrated by the Government of Helmut Schmidt and for its intelligence and security services.

(Amerithrax) The attacks by sending anthrax letters by a US scientist were used for a false flag operation by the administration of President George W. Bush, as part of the campaign to convince Congress and the public opinion of United States of the need to go to war against Iraq. The invasion of Iraq, which took place between March 20 and May 1, 2003, killed 139 US soldiers. The war in Iraq, which began with the invasion and ended in 2011, caused the death of 4497 ​​US military personnel. The Iraqi losses, both military and civilian, during those eight years of conflict are counted in hundreds of thousands. And the figure continues to grow today.

On August 12, 2016, the crack was opened in the security systems of the National Security Agency of the United States. Hackers claimed on Twitter that they had gained access to the NSA networks and had penetrated numerous files of the Equation Group, the agency’s most powerful division, known as “The Cube,” which has the most sophisticated cyber-espionage techniques. . The group behind the hack called “Shadow Brokers.” After getting all this information, they decided to put the hacking tools on sale on the Github web platform and on their Tumblr page. The hackers asked for $ 570 million for the files: “We found a lot of cybernetic weapons from the Equation Group. See the images. We offer some of your files for free, it’s a good test, is not it? Enjoy them! […] We are auctioning the best files », said the hackers in a Twitter account. These documents contained, according to the specialized publication The Hacker News, “installation scripts, configurations for command and control servers and exploits [software fragments] designed to attack firewalls from US companies such as Cisco Systems, Juniper and Fortinet.”
Edward Snowden, who worked at the NSA, said that “it was a real attack, and everything indicates that there is Russian responsibility.” Again, the Kremlin’s long hand appeared behind a computer attack on a US intelligence agency.

The real causes of the Turkish coup attempt are going to be difficult to pin down. One thing seems certain, and that is that the president will use what happened in his favor. We will have to remember all this when Recep Tayyip Erdogan starts talking about the need for Turkey to adopt a presidential model through the convening of a referendum. The referendum will undoubtedly be the sixth act. Its proclamation and its elevation to the absolute power of the Republic will be the final act. The modern Turkey, as it was conceived in 1924 by the great Kemal Atatürk, seems to be about to die.
21,000 teachers; 3000 members of the judiciary, including 2 of the 17 members of the Constitutional Court, 10 of the Court of Appeals, 11 of the Court of Cassation and 10 of the Supreme Council of Judges and Prosecutors; 393 officials of the Ministry of Social Policy; 15,211 officials of the Ministry of Education; 1577 deans of the university; 257 members of the Office of the Prime Minister; 8000 policemen (1000 of them have been arrested); 1523 officials of the Ministry of Finance; 109 intelligence officers; 7536 soldiers, including 85 generals and admirals, and Colonel Ali Yazici, Erdogan’s military chief advisor, and Erkan Kivrak, a military adviser to the lower-ranking president. Likewise, 492 religious clergy and professors have been expelled from mosques and schools, and a provincial governor, 29 ex-governors and 52 district governors suffered “purges”. As for the media, 89 journalists have been arrested accused of belonging to the communication branch of the Gülen Movement, as well as 187 medium and large businessmen.

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