La Vuelta Al Mundo De Un Forro Polar Rojo — Wolfgang Korn / Made On Earth by Wolfgang Korn

Me ha parecido muy didáctico, ofrece un sinfín de datos desconocidos sobre el comercio internacional y la globalización. Describe la vida un forro polar, desde la extracción del petróleo, su fabricación en Bandladesh, su comercialización en Occidente y cómo vuelve con el tiempo a revenderse en el Tercer Mundo. Sin excluir las condiciones laborales en cada una de estas fases, así como la complejidad del transporte marítimo y las condiciones de vida de los trabajadores. Es un libro de verdad muy recomendable e interesante.

El término «globalización» deriva de «globo», una esfera que muestra nuestro planeta y en el que están representados todos los países y mares. En 1983, el profesor de economía Theodore Levitt, americano pero nacido en Alemania, buscó una palabra para describir hasta qué punto toda la actividad económica de las personas en nuestra Tierra es interdependiente hoy en día. Nunca antes había habido tanta gente intercambiando tantas cosas en todas las direcciones del planeta. Y no sólo objetos, sino también ideas, moda, música… y, sobre todo, dinero. Ya nadie se dedica a afanarse para él solo, pensaba Levitt; ni siquiera un pequeño campesino de África. La manera en que nos relacionamos, lo que producimos y compramos tiene efectos en todas las demás personas del mundo. La economía ya no se limita a un pueblo, a una ciudad o a un país, sino que está extendida por todo el planeta, es decir, «globalizada»: se había dado nombre a la «globalización».

Dubai es uno de los siete pequeños principados que se encuentran en medio del golfo Pérsico y forman juntos los Emiratos Árabes Unidos (en abreviatura, EAU).
Se considera a este país como el «milagro del golfo Pérsico». Mientras a su alrededor se desencadenan sangrientos conflictos, Dubai es un oasis de crecimiento económico y de paz, donde gente de los pueblos y religiones más variados conviven en un espacio reducidísimo.
Gracias a su riqueza petrolera y a una inteligente política económica, Dubai figura entre los ganadores de la globalización. La renta per cápita lo sitúa como uno de los países más ricos del mundo. Para mostrar esto al mundo entero, los dubaitíes están construyendo el rascacielos más alto del mundo, el parque temático más grande del mundo (Dubailandia) y las islas artificiales más grandes del mundo.
Pero más de tres cuartas partes de las personas que viven en los Emiratos Árabes Unidos no son ciudadanos de estos países. Son trabajadores inmigrantes, mal pagados y a los que sólo se concede un permiso temporal de trabajo.
Lo que no tienen los EAU es agua. A pesar de ello, gastan más de un millón de metros cúbicos al día. Después de Estados Unidos y Canadá.

Bangladesh, con sus 144 000 kilómetros cuadrados de extensión, no es ni la mitad de grande que Alemania (357 000 kilómetros cuadrados) pero tiene 140 millones de habitantes (Alemania tiene 82 millones). Es el país más densamente poblado de la Tierra, unos 1000 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que en Alemania la densidad de población es de 232 habitantes por kilómetro cuadrado.
A pesar de todo, más del 70% de la población de Bangladesh vive de la agricultura. Por eso sólo se pueden cultivar productos que den el máximo rendimiento en una superficie pequeña. Así pues, no se cultiva algodón, sino sobre todo arroz.
Las fibras sintéticas tienen una importancia particular. El 75% de las exportaciones del país consiste en tejidos, sin embargo Bangladesh no tiene algodón. Si hay que importar algodón los beneficios disminuyen. Pero, por suerte para la industria textil de Bangladesh, en las últimas décadas se ha impuesto un nuevo producto: las fibras sintéticas, especialmente el poliéster. En todo el mundo, el 40% de los tejidos se produce ya utilizando estas fibras sintéticas. Bangladesh dispone de crudo propio y por tanto tiene la posibilidad de producir fibras sintéticas como el forro polar para el chaleco.

La cifra de víctimas es tan alta también porque en las fábricas no hay salidas de emergencia. La mayoría de las aproximadamente 3000 fábricas que producen para el extranjero no cumplen las normas legales de seguridad. La única entrada que hay suele estar cerrada durante las horas de trabajo para que nadie pueda colarse dentro ni salir sin ser visto.
Espacios atestados de gente, mala iluminación, medidas de seguridad casi inexistentes. ¿Podemos sorprendernos de que haya graves accidentes con frecuencia? Desde 1990 han muerto 356 trabajadores y trabajadoras en las fábricas de tejidos, y 2500 resultaron gravemente heridos. Los heridos leves no los cuenta nadie aquí.
En la industria textil trabajan unos dos millones de personas; el 90% son mujeres jóvenes de menos de 25 años. Tienen que trabajar hasta 100 horas a la semana (en Alemania la semana es de 38,5 horas). El salario medio del país se fijó en 1994: una ayudante cobra 930 takas al mes (al cambio, 12,40 euros); una buena costurera, 1710 takas (19 euros); una costurera experimentada, 2100 (23 euros). Pero una habitación para una costurera cuesta 800 takas (9 euros).
Sólo haciendo muchas horas extraordinarias pueden las costureras ayudar a sus familias. Pero muchas veces no les pagan las horas extraordinarias, o les pagan sólo parte de ellas. Además, los vigilantes las insultan y les pegan. Por eso las trabajadoras piden que se les trate con corrección. Y luchan para que se suba el salario medio de modo que puedan vivir ellas y sus familias.
Sin embargo, los propietarios de las fábricas aducen que la competencia mundial se ha intensificado y piden lo imposible: que las trabajadoras suministren mejor calidad y reciban salarios aún más bajos.

Muchas personas se creen que entregan su ropa usada a los servicios de recogida y así sirve para un buen fin. Pero ¿es así en realidad? La organización humanitaria cuyo nombre figura en el contenedor no ha hecho más que prestarlo a cambio de un pequeño alquiler; no tiene nada más que ver con la ropa. Entonces, ¿quién está detrás del negocio de nuestra ropa usada?.
El negocio de los productos textiles reciclados funciona de una manera totalmente profesional. La ropa usada se descarga, se desembala y luego se clasifica en la gran nave. Más de cuarenta empleados trabajan en ella. Tienen delante una enorme montaña de ropa sin clasificar. Desde por la mañana hasta media tarde se dedican a coger una prenda detrás de otra, examinarla y echarla en uno de los hasta diez carritos que tienen alrededor.
Hay tres niveles de calidad: las cosas que están bien conservadas se limpian y se venden a tiendas de segunda mano de la ciudad. Las cosas que aún se pueden usar se limpian también y se revenden a mayoristas de todo el mundo. Con los trapos se obtiene materia prima para fabricar papel.
Por otra parte, la ropa se distribuye según zonas concretas: para África se recogen sobre todo camisas, camisetas, pantalones, ropa de niño y para la casa. Para Europa del Este, naturalmente, prendas de abrigo, es decir, jerseys, abrigos y pantalones gruesos.

I found it very didactic, it offers endless unknown data about international trade and globalization. Life describes a polar fleece, from the extraction of oil, its manufacture in Bandladesh, its commercialization in the West and how it eventually returns to resell in the Third World. Without excluding the working conditions in each of these phases, as well as the complexity of maritime transport and the living conditions of the workers. It is a really recommended and interesting book.

The term “globalization” derives from “globe”, a sphere that shows our planet and in which all countries and seas are represented. In 1983, economics professor Theodore Levitt, American but born in Germany, sought a word to describe to what extent all the economic activity of people on our Earth is interdependent today. Never before have there been so many people exchanging so many things in all directions of the planet. And not only objects, but also ideas, fashion, music … and, above all, money. No one is busy working for him alone, thought Levitt; not even a small peasant from Africa. The way we relate, what we produce and buy has effects on everyone else in the world. The economy is no longer limited to a town, a city or a country, but is spread throughout the planet, ie, “globalized”: the name “globalization” had been given.

Dubai is one of the seven small principalities found in the middle of the Persian Gulf and together form the United Arab Emirates (abbreviated, UAE).
This country is considered the “miracle of the Persian Gulf”. While bloody conflicts are unleashed around it, Dubai is an oasis of economic growth and peace, where people of the most varied peoples and religions coexist in a very small space.
Thanks to its oil wealth and an intelligent economic policy, Dubai is among the winners of globalization. Per capita income places it as one of the richest countries in the world. To show this to the entire world, the dubaiti are building the tallest skyscraper in the world, the largest theme park in the world (Dubailand) and the largest artificial islands in the world.
But more than three-quarters of the people living in the UAE are not citizens of these countries. They are immigrant workers, poorly paid and only granted a temporary work permit.
What the UAE does not have is water. Despite this, they spend more than one million cubic meters a day. After the United States and Canada.

Bangladesh, with its 144,000 square kilometers, is not half as big as Germany (357,000 square kilometers) but has 140 million inhabitants (Germany has 82 million). It is the most densely populated country on Earth, about 1000 inhabitants per square kilometer, while in Germany the population density is 232 inhabitants per square kilometer.
In spite of everything, more than 70% of the population of Bangladesh lives off agriculture. That is why only products that give the maximum performance on a small surface can be grown. Thus, cotton is not grown, but mostly rice.
Synthetic fibers have a particular importance. 75% of the country’s exports consist of fabrics, however Bangladesh does not have cotton. If you have to import cotton, the benefits decrease. But, luckily for the Bangladeshi textile industry, in recent decades a new product has been imposed: synthetic fibers, especially polyester. Throughout the world, 40% of fabrics are already produced using these synthetic fibers. Bangladesh has its own oil and therefore has the possibility of producing synthetic fibers such as the fleece lining for the vest.

The number of victims is so high also because in the factories there are no emergency exits. The majority of the approximately 3000 factories that produce abroad do not meet the legal safety standards. The only entrance that is usually closed during work hours so that no one can sneak in or leave without being seen.
Spaces crowded with people, poor lighting, security measures almost nonexistent. Can we be surprised that there are serious accidents frequently? Since 1990, 356 workers and workers have died in the textile factories, and 2,500 have been seriously injured. The slight wounded do not tell anyone here.
Approximately two million people work in the textile industry; 90% are young women under 25 years old. They have to work up to 100 hours a week (in Germany the week is 38.5 hours). The average salary of the country was fixed in 1994: an assistant charges 930 takas per month (at the exchange, 12.40 euros); a good seamstress, 1710 takas (19 euros); an experienced seamstress, 2100 (23 euros). But a room for a seamstress costs 800 takas (9 euros).
Only by doing a lot of overtime can the seamstresses help their families. But many times they are not paid overtime, or pay only part of them. In addition, the guards insult them and beat them. That’s why the workers ask to be treated correctly. And they fight to raise the average wage so that they and their families can live.
However, factory owners argue that global competition has intensified and they are asking for the impossible: for women workers to provide better quality and receive even lower wages.

Many people believe that they give their used clothes to collection services and thus serve a good purpose. But is it really like that? The humanitarian organization whose name appears on the container has done nothing but lend it in exchange for a small rent; It has nothing more to do with clothes. So, who is behind the business of our used clothes?
The business of recycled textiles works in a completely professional way. Used clothing is unloaded, unpacked and then classified into the large ship. More than forty employees work in it. They have before them a huge mountain of unclassified clothing. From morning to mid-afternoon, they take one garment after another, examine it and throw it into one of the up to ten trolleys around it.
There are three levels of quality: things that are well preserved are cleaned and sold to second-hand shops in the city. Things that can still be used are also cleaned and resold to wholesalers around the world. With the rags, raw material is obtained to make paper.
On the other hand, clothes are distributed according to specific areas: for Africa, shirts, t-shirts, trousers, children’s clothes and house clothes are collected. For Eastern Europe, of course, warm clothes, that is, sweaters, coats and thick pants.

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