¡Cómo Puedes Comer Eso! Un Juicio Sumarísimo A La Industria Alimentaria — Christophe Brusset / Vous Êtes Fous D’avaler Ca ! Un Industriel De L’agroalimentaire Dénonce by Christophe Brusset (spanish book edition).

Me ha parecido un gran libro. Te abre los ojos a la realidad de las empresas de alimentación, que no dejan de ser negocios donde abaratar costes y maximizar ganancias son regla de oro. También te da algunos trucos muy prácticos para evitar caer en las trampas del negocio. Desde su experiencia más directa, el autor cuenta anécdotas que no dejan impasible a nadie.
Increíble, didáctico, ameno, divertido y profundamente esclarecedor. Cómo la industria de la alimentación utiliza cualquier factor a su alcance para obtener el mayor beneficio económico posible a costa de nuestra salud. Después de leerlo te plantearás cómo te alimentas tú y cómo alimentas a los tuyos. No apto para mentes dóciles y pasotas.
Alerta sobre lo que todos ya sabemos: las prácticas nada éticas de la industria alimenticia y sobre todo del hecho de que como.consumidores nos engañan en el.etiquetado obviando información importarte sobre lo que esta en alimentos envasados. Lo mejor siempre será comprar lo que no ha sido modificado.

Hipócrates afirmaba: «Que tu alimento sea tu medicina, y tu medicina, tu alimento». Más cercano a nosotros, el doctor Linus Pauling, premio Nobel de Química en 1954, repetía que «una alimentación óptima es la medicina del futuro».
La comida jamás había sido tan abundante y barata como ahora. Según las cifras del INSEE, el instituto oficial de estadística francés, por término medio hoy en día apenas gastamos un 15 % de nuestros ingresos en la alimentación, es decir, menos de la mitad que en la década de 1950. Nuestro planeta alimenta a siete mil millones de personas, y se calcula que en el año 2050 seremos diez mil millones. El hambre y la desnutrición ya no son una epidemia como en siglos anteriores e incluso podrían erradicarse por completo con una distribución óptima de los recursos alimentarios disponibles.
Sin embargo, esos progresos tienen efectos adversos. La utilización en elevadas dosis de moléculas químicas (pesticidas, fungicidas y otros tratamientos agrícolas, antibióticos que favorecen el crecimiento y hormonas de síntesis para el ganado, aditivos alimentarios, etc.) contamina el medioambiente e intoxica a los trabajadores y a los consumidores. Las gigantescas superficies de monocultivo (olivos en España, palmas aceiteras en Malasia o almendros en California) destruyen los ecosistemas y reducen la biodiversidad.
La estandarización de los gustos y la comida basura han desencadenado una verdadera epidemia mundial de enfermedades cardíacas, de cánceres, de obesidad, de diabetes y de alergias. El número de personas que padecen sobrepeso en el mundo se ha multiplicado, pasando de 850 millones en 1980 a más de dos mil millones en 2013, es decir, casi un tercio de la población mundial.
En 1820, el químico alemán Friedrich Accum publicó en Londres un Tratado sobre la adulteración de la comida, en el que describía los fraudes más extendidos en la capital inglesa en los albores de la revolución industrial: guisantes molidos mezclados con el café, aceite de oliva con una gran cantidad de plomo, caramelos teñidos con óxidos de cobre, vinagre mezclado con ácido sulfúrico para que fuera más ácido…
Valiéndose de análisis como prueba, denunció sobre todo a aquellos que cometían un fraude muy extendido por aquel entonces, que consistía en sustituir el lúpulo por estricnina o ácido pícrico en la cerveza, una práctica que cada año causaba numerosas muertes.
Al dar la alarma, Accum se granjeó tantos enemigos por el hecho de denunciar esas estafas que se vio obligado a abandonar Inglaterra.
Sin duda China esta en el paraíso de la corrupción y de su corolario: el fraude. Los ejemplos abundan y la retahíla que sigue no es más que un pequeñísimo panorama de la parte que sobresale del iceberg. Las autoridades de Pekín tratan de imponer cierto orden, pero van a necesitar mucho tiempo para conseguirlo. Y la globalización nos obliga a permanecer vigilantes.
En septiembre de 2008, en China, estalló el enorme escándalo de la leche contaminada con melamina, uno de los principales componentes de la formica. Esa sustancia química tóxica, rica en nitrógeno, se añadía fraudulentamente a la leche para aumentar de manera artificial el índice de proteínas, que suele estimarse midiendo la cantidad de nitrógeno presente en el producto. Así, los defraudadores lograban que el producto pareciera más rico y de mejor calidad de lo que era en realidad.

Es facilísimo engañar al consumidor y, además, ¡es legal! Incluso creo que se incita a la industria agroalimentaria a ello. También conviene decir que el consumidor no es demasiado razonable, por no decir que es un absoluto cretino, lo que facilita aún más las cosas. Por ejemplo, basta con presentarle, en el caso de un producto como una crema de chocolate con avellanas para untar, que sobre todo contiene aceite y azúcar (obesidad asegurada), un anuncio en el que salga un vaso de leche y unas cuantas avellanas, que son ingredientes menores, para hacerle creer que el producto es sano. Sin embargo, todo figura claramente en la lista de ingredientes.
Algunas compañías no dudan en dar un paso más jugando con un nombre «castizo» para atraer a la clientela. Compren zapatos (made in China) de la marca Cosas de Francia o fruta (de Chile o de Sudáfrica) de Pitanza Francesa. Aunque su nombre evoque la tradición francesa, se trata de simples productos importados de calidad muy inferior.

Al igual que los políticos, los envases raras veces cumplen sus promesas. Desconfía de los packagings pomposos, de los nombres inventados a propósito, de las fórmulas que no significan nada, de los colores chillones, de las imágenes apetecibles, de los materiales falsamente naturales o artesanales; todo eso no es más que una cortina de humo. Lo único que cuenta es el producto.
Gracias a los seguros, que reembolsan el valor de la mercancía estropeada, por supuesto. ¡Porque el transporte siempre está asegurado! En caso de que durante el transporte se produzca una avería que no se detecte hasta la llegada del contenedor o del camión, un «experto» de la compañía de seguros acude a constatar los daños. Cuando abre el contenedor y desembala algunas cajas, únicamente puede verificar con el representante del comprador (es importante estar presente, para explicarle bien la magnitud de la tragedia) que el lote es inutilizable, que hay que tirarlo a la basura. Entonces solo queda aceptar el cheque del seguro, prometiendo, desde luego, que se destruirá el lote en cuestión…

El timo del azafrán más elaborado consiste en colorear un filamento, que puede ser de seda, de algodón, de barba de maíz o de otra fibra vegetal, con cúrcuma y/o un colorante artificial. Difícilmente se puede engañar así a un comprador experto, pero algunos falsificadores tienen mucho talento y siempre pica algún novato. Ni siquiera me refiero al consumidor de a pie.
Una variante más sofisticada consiste en colorear «blanco de azafrán». En efecto, los filamentos de azafrán naturales son blancos en la base, luego de un amarillo claro, de un amarillo anaranjado y, en el extremo, rojos. Tan solo la parte roja de los filamentos, rica en pigmentos y en aromas, se puede llamar «azafrán». Técnicamente, el blanco de azafrán forma parte de la planta de azafrán, pero carece de su color y su sabor, de ahí que no pueda englobarse en esa denominación. Si el fraude está bien hecho, resulta difícil de detectar, ya que nada se parece más a un filamento de azafrán… que otro filamento de azafrán.
Por último, están los artistas, los magos del timo. Incluso yo, un profesional de las especias con una larga experiencia, me he dejado seducir por la belleza y no he descubierto ciertos fraudes hasta al cabo de una serie de análisis detallados, es decir, mucho tiempo después de que el azafrán se hubiera vendido y consumido. Los defraudadores más astutos mezclan azafrán falso y auténtico, además de utilizar colorantes artificiales que, en los análisis, se comportan igual que los colorantes naturales del azafrán. Eso vuelve la superchería más difícil de reconocer, dado que los análisis rutinarios no detectan nada raro.
Salvo que compren una marca conocida, les aconsejo que eviten el azafrán molido. Un comprador profesional de azafrán únicamente adquiere filamentos, por la simple razón de que así es más fácil descubrir los fraudes.

Es necesario consumir fructosa natural, en la fruta, no supone ningún problema para la salud. La razón es que una fruta madura contiene muy poca (por ejemplo, un melocotón apenas contiene un 1 % de fructosa) y también aporta agua, fibras, antioxidantes y otros componentes beneficiosos para la salud que no se encuentran en la comida industrial. Ese es el problema. De hecho, la OMS (la Organización Mundial de la Salud) aconseja sin ambages limitar la energía que aportan los azúcares añadidos a menos del 10 % del aporte calórico diario, e incluso reducirlo a un 5 % para gozar de una salud óptima.

Lo importante es respetar algunas reglas elementales, como la que impone guardar las apariencias. El liberalismo no es la ausencia de reglas, sino la aplicación de la ley de la selva. El liberalismo no es anarquía. Existen reglas, establecidas por los poderosos, para favorecer… ¡a los poderosos!
La verdadera cuestión no es preguntarse si resulta moral o no, sino saber por qué es interesante deslocalizar. Pues simplemente para reducir los costes al mínimo estricto y obtener el máximo de beneficios. El abecé del capitalismo.
A fin de seguir siendo competitivas, las empresas deben ahorrar por fuerza en los costes de producción y acabar deslocalizando los talleres, las oficinas de estudio, la contabilidad, etc., a países donde los costes son más bajos. Deslocalizar responde a una necesidad vital para la empresa que se encuentra en una situación imposible a causa de políticas inadaptadas. Una empresa demasiado ingenua o poco ágil a la hora de reaccionar está condenada al fracaso.
Además si continúas pensando que los productos de marca blanca de los distribuidores, algunas de las cuales ni siquiera citan al fabricante para no empañar su imagen, son equivalentes a los productos de las grandes marcas, allá tú. Puedo asegurarte que la diferencia de precios suele explicarse por una diferencia de calidad, a pesar de lo que les digan los distribuidores o aquellos que nunca han pisado una fábrica.

Nuestras empresas, como muchas otras, solo buscan la «calidad de fachada». Proclaman grandes y nobles discursos, alardean de sus compromisos éticos, de sus certificados, de sus procedimientos… Todo eso llena docenas de archivadores, armarios enteros de documentos. Se escribe todo hasta el menor detalle, desde las características del jabón líquido que se utiliza en los servicios hasta el color del papel para secarse las manos en los talleres. Cada cual guarda sus correos electrónicos como oro en paño, para tener pruebas de lo que le pidieron o de lo que envió, por si acaso. Pero todo eso no es más que la parte que sobresale del iceberg, la parte presentable, la coartada de un trabajo serio y responsable.
Y es que no existe ningún rastro escrito de las dudas que tenemos sobre la calidad de las especias, de la miel o del buey…
No existe una voluntad real ni medios para cambiar las cosas, pese a que se producen centenares de muertes.

Seamos francos y directos: lo único que les interesa de ti a los industriales, al igual que a las cadenas de grandes superficies, es tu dinero, no tu felicidad ni tu salud. Recuérdalo siempre. No te dejes engañar por las fanfarronadas de esos farsantes. He aquí el decálogo:

PRIMER CONSEJO: CUIDADO CON LOS ORÍGENES
SEGUNDO CONSEJO: EVITA LOS PRECIOS MÁS BARATOS
TERCER CONSEJO: APUESTA POR LAS GRANDES MARCAS
CUARTO CONSEJO: EVITA LOS POLVOS Y LOS PURÉS
QUINTO CONSEJO: CONTROLA BIEN LAS LISTAS DE INGREDIENTES
En primer lugar, evita a toda costa los productos universalmente reconocidos como nocivos para la salud:
— los aceites hidrogenados (utilizados como conservante y agente que aporta textura, y que contienen ácidos grasos trans artificiales muy nocivos para el organismo; se encuentran sobre todo en la bollería, las quiches, las galletas…);
— los colorantes químicos (familia de aditivos E100), algunos de los cuales deben etiquetarse con la mención «puede tener efectos indeseables en la actividad y la atención de los niños» (sic);
— los conservantes químicos (sobre todo, la familia E200);
— y el aluminio en todas sus formas. Se trata de un neurotóxico, aunque se utilice como colorante (E173) o como espesante en forma de sulfatos de aluminio (del E520 al E523).
Asimismo, intenta prescindir de los productos que no te aportan nada y que pueden causar molestias a medio o largo plazo:
— el glutamato monosódico (también conocido como glutamato de sodio) y sus derivados, del E620 al E625;
— los edulcorantes intensos, como el aspartamo y el ciclamato, E951 y E952;
— y todos los productos agotados, como las vainas de vainilla, que contienen trazas de disolventes orgánicos cancerígenos.
SEXTO CONSEJO: COMPRUEBA LOS ENVASES
SÉPTIMO CONSEJO: CONTROLA LAS FECHAS DE CADUCIDAD
OCTAVO CONSEJO: DESCONFÍA DE LOS SELLOS DE CALIDAD
El comercio justo es difícil de aplicar, aunque su principio sea excelente. Por desgracia, muchos intermediarios lo conciben como una manera fácil de subir los precios y aumentar así el margen de beneficio. El más conocido y el más serio en este ámbito es Max Havelaar, aunque muchos proveedores que no cuentan con este sello de calidad lo merecerían. Te corresponde a ti juzgar si comprando productos que lo lleven tienes la conciencia más tranquila.
Cuidado con los sellos «de comercio justo» copiados de Max Havelaar y gestionados por grandes multinacionales con el único fin de hacerse propaganda. Se trata de una auténtica estafa, de lo más lamentable: un sello de calidad casero, creado a medida, del todo opaco, para evitar las obligaciones ligadas a un sello de calidad mínimamente serio e independiente.
NOVENO CONSEJO: COMPRUEBA LAS ETIQUETAS
DÉCIMO CONSEJO: CONVIERTE A TU PEOR ENEMIGO EN TU MEJOR ALIADO.

I thought it was a great book. It opens your eyes to the reality of food companies, which are still businesses where lower costs and maximize profits are the golden rule. It also gives you some very practical tricks to avoid falling into the trap of the business. From his most direct experience, the author tells anecdotes that do not leave anyone impassive.
Incredible, didactic, entertaining, fun and deeply enlightening. How the food industry uses any factor within its reach to obtain the greatest possible economic benefit at the expense of our health. After reading it you will consider how you feed yourself and how you feed your family. Not suitable for docile minds and pasotas.
Alert about what we all already know: the unethical practices of the food industry and especially the fact that as consumers deceive us in the labeling, ignoring information about what is in packaged foods. The best will always be to buy what has not been modified.

Hippocrates affirmed: «Let your food be your medicine, and your medicine, your food». Closer to us, Dr. Linus Pauling, Nobel Prize in Chemistry in 1954, repeated that “an optimal diet is the medicine of the future.”
The food had never been as plentiful and cheap as it is now. According to figures from the INSEE, the official French statistical institute, on average today we barely spend 15% of our income on food, that is, less than half that of the 1950s. Our planet feeds seven billion people, and it is estimated that in the year 2050 we will be ten billion. Hunger and malnutrition are no longer an epidemic as in previous centuries and could even be eradicated completely with an optimal distribution of available food resources.
However, these developments have adverse effects. The use in high doses of chemical molecules (pesticides, fungicides and other agricultural treatments, antibiotics that favor growth and synthesis hormones for livestock, food additives, etc.) pollutes the environment and intoxicates workers and consumers. The gigantic areas of monoculture (olive trees in Spain, oil palms in Malaysia or almonds in California) destroy ecosystems and reduce biodiversity.
The standardization of tastes and junk food have triggered a true global epidemic of heart disease, cancers, obesity, diabetes and allergies. The number of overweight people in the world has multiplied, going from 850 million in 1980 to more than two billion in 2013, that is, almost a third of the world’s population.
In 1820, the German chemist Friedrich Accum published in London a Treaty on the adulteration of food, in which he described the most widespread frauds in the English capital at the dawn of the industrial revolution: ground peas mixed with coffee, olive oil with a lot of lead, candies dyed with copper oxides, vinegar mixed with sulfuric acid to make it more acidic …
Using analysis as evidence, denounced especially those who committed a widespread fraud at the time, which consisted of replacing hops with strychnine or picric acid in beer, a practice that caused many deaths each year.
By raising the alarm, Accum earned so many enemies by denouncing these scams that he was forced to leave England.
No doubt China is in the paradise of corruption and its corollary: fraud. The examples abound and the string that follows is nothing more than a tiny panorama of the part that protrudes from the iceberg. The authorities in Beijing try to impose a certain order, but they will need a lot of time to achieve it. And globalization forces us to remain vigilant.
In September 2008, in China, the huge scandal of milk contaminated with melamine, one of the main components of formica, broke out. That toxic chemical, rich in nitrogen, was fraudulently added to milk to artificially increase the protein index, which is usually estimated by measuring the amount of nitrogen present in the product. Thus, fraudsters made the product look richer and of better quality than it really was.

It is very easy to deceive the consumer and, in addition, it is legal! I even think that the agrifood industry is encouraged to do so. It is also convenient to say that the consumer is not too reasonable, not to say that he is an absolute cretin, which makes things even easier. For example, it is enough to introduce you, in the case of a product such as a chocolate cream with hazelnuts to spread, that mainly contains oil and sugar (assured obesity), an advertisement in which a glass of milk and a few hazelnuts come out, which are minor ingredients, to make you believe that the product is healthy. However, everything clearly appears in the list of ingredients.
Some companies do not hesitate to go a step further by playing with a “castizo” name to attract customers. Buy shoes (made in China) from the brand Cosas de Francia or fruit (from Chile or South Africa) from Pitanza Francesa. Although its name evokes the French tradition, it is simply imported products of very inferior quality.

Like politicians, packaging rarely delivers on its promises. He mistrusts the pompous packagings, the names invented on purpose, the formulas that mean nothing, the garish colors, the appealing images, the falsely natural or handmade materials; all that is just a smoke screen. The only thing that counts is the product.
Thanks to insurance, which reimburse the value of the damaged goods, of course. Because transport is always guaranteed! If during the transport there is a fault that is not detected until the arrival of the container or the truck, an “expert” of the insurance company goes to verify the damage. When you open the container and unpack some boxes, you can only check with the buyer’s representative (it is important to be present, to explain well the magnitude of the tragedy) that the lot is unusable, that you have to throw it away. Then all that remains is to accept the insurance check, promising, of course, that the lot in question will be destroyed …

The most elaborate saffron thymus consists of coloring a filament, which may be silk, cotton, corn beard or other vegetable fiber, with turmeric and / or an artificial coloring. It is difficult to deceive an expert buyer like that, but some counterfeiters are very talented and always a rookie. I do not even mean the consumer on foot.
A more sophisticated variant is to color “saffron white”. Indeed, the natural saffron filaments are white at the base, then light yellow, orange yellow and, at the end, red. Only the red part of the filaments, rich in pigments and aromas, can be called “saffron”. Technically, the white saffron is part of the saffron plant, but it lacks its color and flavor, hence it can not be included in that denomination. If the fraud is well done, it is difficult to detect, since nothing is more like a strand of saffron … than another strand of saffron.
Finally, there are the artists, the magicians of the thymus. Even I, a spice professional with a long experience, have been seduced by beauty and I have not discovered certain frauds until after a series of detailed analyzes, that is, long after the saffron had been sold and consumed The most astute fraudsters mix fake and authentic saffron, in addition to using artificial colors that, in the analyzes, behave just like the natural colors of saffron. That makes the trickery more difficult to recognize, since routine analysis does not detect anything strange.
Unless you buy a well-known brand, I advise you to avoid ground saffron. A professional saffron buyer only acquires filaments, for the simple reason that it is easier to discover frauds.

It is necessary to consume natural fructose, in the fruit, it does not suppose any problem for the health. The reason is that a ripe fruit contains very little (for example, a peach barely contains 1% fructose) and also provides water, fibers, antioxidants and other health-beneficial components that are not found in industrial foods. That’s the problem. In fact, the WHO (the World Health Organization) clearly advises to limit the energy provided by added sugars to less than 10% of the daily caloric intake, and even reduce it to 5% to enjoy optimum health.

The more important thing is to respect some elementary rules, such as the one that requires keeping up appearances. Liberalism is not the absence of rules, but the application of the law of the jungle. Liberalism is not anarchy. There are rules, established by the powerful, to favor … the powerful!
The real question is not to ask if it is moral or not, but to know why it is interesting to delocalize. Well, simply to reduce costs to the strict minimum and obtain the maximum benefits. The alphabet of capitalism.
In order to remain competitive, companies must save heavily on production costs and end up relocating workshops, study offices, accounting, etc., to countries where costs are lower. Relocating responds to a vital need for the company that is in an impossible situation due to maladapted policies. A company that is too naïve or inelegant to react is doomed to failure.
Also, if you continue thinking that the white label products of the distributors, some of which do not even mention the manufacturer to avoid tarnishing their image, are equivalent to the products of the big brands, there you. I can assure you that the price difference is usually explained by a difference in quality, despite what the distributors tell them or those who have never set foot in a factory.

Our companies, like many others, only look for “facade quality”. They proclaim great and noble speeches, they boast of their ethical commitments, their certificates, their procedures … All that fills dozens of filing cabinets, entire cabinets of documents. Everything is written down to the smallest detail, from the characteristics of the liquid soap used in the services to the color of the paper to dry hands in the workshops. Each one keeps their emails as gold in cloth, to have proof of what they asked for or of what they sent, just in case. But all that is just the part that stands out from the iceberg, the presentable part, the alibi of a serious and responsible work.
And there is no written trace of the doubts we have about the quality of spices, honey or ox …
There is no real will or means to change things, despite the fact that there are hundreds of deaths.

Let’s be frank and direct: the only thing that interests you industrialists, like the chains of large surfaces, is your money, not your happiness or your health. Always remember it. Do not be fooled by the bluffs of those phonies. Here is the decalogue:

FIRST ADVICE: CARING FOR THE ORIGINS
SECOND TIP: AVOID THE CHEAPER PRICES
THIRD COUNCIL: BET ON LARGE BRANDS
FOURTH TIP: AVOID POWDERS AND PUREES
FIFTH TIP: CONTROLS WELL THE INGREDIENT LISTS
First of all, avoid at all costs products universally recognized as harmful to health:
– hydrogenated oils (used as a preservative and agent that provides texture, and containing artificial trans fatty acids that are very harmful to the body, are found mainly in pastries, quiches, cookies …);
– chemical dyes (E100 additive family), some of which must be labeled “may have undesirable effects on the activity and care of children” (sic);
– chemical preservatives (especially, the E200 family);
– and aluminum in all its forms. It is a neurotoxic, although it is used as a dye (E173) or as a thickener in the form of aluminum sulfates (from E520 to E523).
Also, try to dispense with products that do not give you anything and that can cause discomfort in the medium or long term:
– monosodium glutamate (also known as sodium glutamate) and its derivatives, from E620 to E625;
– intense sweeteners, such as aspartame and cyclamate, E951 and E952;
– and all depleted products, such as vanilla pods, which contain traces of carcinogenic organic solvents.
SIXTH COUNCIL: CHECK THE CONTAINERS
SEVENTH COUNCIL: CONTROLS EXPIRY DATES
EIGHTH COUNCIL: DISCUSSION OF QUALITY STAMPS
Fair trade is difficult to apply, although its principle is excellent. Unfortunately, many intermediaries conceive it as an easy way to raise prices and thus increase the profit margin. The most known and most serious in this area is Max Havelaar, although many suppliers that do not have this seal of quality would deserve it. It is up to you to judge whether buying products that carry it you have the quietest conscience.
Beware of “fair trade” stamps copied from Max Havelaar and managed by large multinationals for the sole purpose of advertising. It is an authentic scam, the most unfortunate: a seal of homemade quality, created to measure, completely opaque, to avoid obligations linked to a seal of quality that is minimally serious and independent.
NINTH COUNCIL: CHECK THE LABELS
TENTH COUNCIL: TURN YOUR WORST ENEMY INTO YOUR BEST ALLY.

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