Sic Semper Tyrannis — Fernando Díaz Villanueva (spanish book edition)

Es un breve libro interesante, Sic Semper Tyrannis (Así siempre con los tiranos) fue el desgarrador grito del asesino de Lincoln, John Wilkes Booth, tras perpetrar el crimen. Lincoln fue el primero de los cuatro presidentes de los EE. UU. asesinados mientras se encontraban en la Casa Blanca. Idéntico destino tuvieron otros líderes de todo el mundo. El magnicidio ha sido, de hecho, una constante a lo largo del siglo XX, aunque matar al que manda no es algo nuevo. Este libro recrea los principales magnicidios desde Julio César a Isaac Rabin. Ameno y rápido de leer, Sic Semper Tyrannis es un recorrido por algunos de los asesinatos más célebres de la Historia.

El origen, Tucídides que, en el año 514 antes de Cristo, dos griegos llamados Harmodio y Aristogitón apuñalaron hasta la muerte al tirano Hiparco de Atenas. Este asesinato, el primer magnicidio del que se tiene constancia histórica, disfrutó de una puesta en escena muy cuidada. Los asesinos, que eran además amantes, querían que su hazaña pasase a la posteridad. Lo planearon todo con esmero para enviar al tirano al otro lado de la laguna Estigia.
Hoy tirano —en español y en casi cualquier lengua europea— tiene un significado muy preciso. En nuestro idioma la Real Academia lo define como aquel «que obtiene contra derecho el Gobierno de un Estado, especialmente si lo rige sin justicia y a medida de su voluntad». Hiparco e Hipías cualifican como tiranos actuales, pero en la antigua Grecia un tirano, un τύραννος (tirannos), era un gobernante que había llegado al poder por la fuerza.
No es casual que Estados como Virginia tengan en su escudo una alegoría de la virtud que aplasta con sus pies a la tiranía bajo la leyenda «Sic Semper Tyrannis», o que en el sello que Benjamin Franklin dibujó para que sirviese como escudo de armas para la nueva nación figure la leyenda: «Rebellion to Tyrants is Obedience to God». (La rebelión contra los tiranos es obediencia a Dios). Los padres fundadores de Estados Unidos tenían muy presente las teorías de Juan de Mariana, cuyos libros, difíciles de encontrar y en exquisito latín, se intercambiaban mutuamente.
Con o sin los mimbres teóricos anteriores, los siglos XIX y XX fueron los del tiranicidio.

El libro versa sobre:
-Julio César, Roma (44 a. C.)
-Abraham Lincoln, Washington DC (1865)
-Juan Prim, Madrid (1870)
-Humberto I de Italia, Monza (1900)
-William McKinley, Búfalo (1901)
-José Canalejas, Madrid (1912)
-Francisco Fernando de Habsburgo, Sarajevo (1914)
-Eduardo Dato, Madrid (1921)
-Alejandro I de Yugoslavia, Marsella (1934)
-Anastasio Somoza García, León (1956)
-John Fitzgerald Kennedy, Dallas (1963)
-Luis Carrero Blanco, Madrid (1973)
-Anuar el-Sadat, El Cairo (1981)
-Indira Gandhi, Nueva Delhi (1984)
-Olof Palme, Estocolmo (1986)
-Isaac Rabin, Tel Aviv (1995)

It is a brief interesting book, Sic Semper Tyrannis (The Way It Always Was with Tyrants) was the heartbreaking scream of Lincoln’s assassin, John Wilkes Booth, after perpetrating the crime. Lincoln was the first of the four presidents of the USA. UU. killed while in the White House. Identical destination had other leaders from all over the world. The assassination has been, in fact, a constant throughout the twentieth century, although killing the boss is not something new. This book recreates the principal magnicides from Julius Caesar to Isaac Rabin. Friendly and quick to read, Sic Semper Tyrannis is a tour of some of the most famous murders in history.

The origin, Thucydides, that in the year 514 BC, two Greeks called Harmodius and Aristogiton stabbed to death the tyrant Hipparchus of Athens. This murder, the first assassination of which historical record has been enjoyed, enjoyed a very careful staging. The murderers, who were also lovers, wanted their feat to pass to posterity. They planned everything carefully to send the tyrant across the pond Styx.
Today tyrant-in Spanish and almost any European language-has a very precise meaning. In our language, the Royal Academy defines it as that “which obtains against the law the Government of a State, especially if it governs it without justice and to measure of its will”. Hipparchus and Hippias qualify as current tyrants, but in ancient Greece a tyrant, a τύραννος (tirannos), was a ruler who had come to power by force.
It is no coincidence that States like Virginia have in their shield an allegory of virtue that crushes their tyranny under the legend “Sic Semper Tyrannis,” or that on the seal that Benjamin Franklin drew to serve as a coat of arms for the new nation bears the legend: “Rebellion to Tyrants is Obedience to God.” (Rebellion against tyrants is obedience to God). The founding fathers of the United States were keenly aware of the theories of Juan de Mariana, whose hard-to-find books and exquisite Latin exchanged each other.
With or without the previous theoretical frameworks, the nineteenth and twentieth centuries were those of tyrannicide.

The book veers about (Annex):
– Julius Caesar, Rome (44 BC)
-Abraham Lincoln, Washington DC (1865)
-Juan Prim, Madrid (1870)
-Humberto I of Italy, Monza (1900)
-William McKinley, Buffalo (1901)
-José Canalejas, Madrid (1912)
-Francisco Ferdinand of Habsburg, Sarajevo (1914)
-Eduardo Dato, Madrid (1921)
-Alejandro I of Yugoslavia, Marseille (1934)
-Anastasio Somoza García, León (1956)
-John Fitzgerald Kennedy, Dallas (1963)
-Luis Carrero Blanco, Madrid (1973)
-Anuar el-Sadat, Cairo (1981)
-Indira Gandhi, New Delhi (1984)
-Olof Palme, Stockholm (1986)
-Isaac Rabin, Tel Aviv (1995)

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