Madrid. El Advenimiento De La República — Josep Pla / Madrid. The Advent Of The Republic by Josep Pla (spanish book edition)

Este libro me parece muy interesante, las visiones de Madrid por el autor son interesantes y sarcásticas en relación con las relaciones entre Madrid y Cataluña, no pasa de moda.
-A Madrid se va por algún motivo relacionado con los negocios del Estado o para satisfacer alguna ambición política. Ahora bien: yo no he tenido nunca obsesión comercial alguna ni capacidad alguna para realizarla. Por otra parte, mi ambición es nula, tanto la política como la literaria. Por lo tanto, ¿qué voy a hacer, yo, en Madrid? Nada.
-Es una ciudad donde se come pésimamente. El restaurante Lhardy ha perdido mucho. Hoy, excepto el Nuevo Club —inasequible para las personas con mi presupuesto—, que ofrece una cocina francesa de un indudable nivel, la cocina más común de esta importante ciudad es de una monótona vulgaridad. Los garbanzos no me han gustado nunca. Los huevos fritos y el bistec con patatas, menos aún. Los vinos nacionales son de una pretensión grotesca, son demasiado fuertes y todos son pastosos.
-El teatro que se hace hoy en Madrid es cuando menos tan malo como la literatura que hacen los jóvenes. En general, la vida intelectual de esta ciudad no tiene el menor interés: es una cosa vacua e hiperbólica, pasada de moda, como la mayor parte de la cultura profesional europea: un enorme fracaso. Hay vida periodística, que es infinitamente más intensa que en Barcelona —donde casi no existe— y tiene cierto interés.
-Madrid parece una ciudad muy cerrada e inaccesible. Ahora bien, si uno dispone de cierta simpatía, de una pizca de picante candor no es tan cerrada como parece. En cambio, Barcelona, que de entrada parece tan abierta, es mucho más difícil de penetrar. En Madrid, si uno dispone de suficiente simpatía, puede entrar en una u otra sociedad, aunque no tenga dinero. En Barcelona, al que no tenga dinero, por muy atractivo que sea, le va a resultar mucho más difícil.
-En el Hotel del Príncipe de Asturias, Carrera de San Jerónimo, veo una bandera republicana sobre la palabra «Príncipe» del letrero de la calle. El establecimiento se ha convertido, de forma instantánea, en Hotel de Asturias. Esto me ayuda a comprender un poco más Madrid. No es solamente una ciudad de la gran aristocracia andaluza, de los funcionarios, de los albañiles y peones del sindicato de la construcción, afiliados a la Casa del Pueblo; también es una ciudad de pequeños comerciantes, muy vivarachos.

En Madrid, las cosas de Cataluña se aceptan hoy por hoy mucho más en la calle que en las esferas gubernamentales.
—Macià es un hombre muy idealista, muy interesante —oigo decir de forma voluble, más en los cafés que en las antesalas de los Ministerios.
En este momento de gran entusiasmo, el aspecto que presentan los acontecimientos de Barcelona puede entrar, poco o mucho, en contradicción con las ideas de la opinión pública española. Los representantes del Estado son más bien partidarios de que las cosas se expandan a través de su proceso biológico natural.
Lo que ha cambiado sobre todo en Madrid es la vida. Era una ciudad de aspecto marcadamente provinciano, con poco confort, amplias y bajas casonas, con una vida familiar muy intensa y modesta, con señoras púdicas y beatas, una gran frecuentación de la iglesia, con un gran sentimiento de admiración por la Casa Real —un auténtico misticismo monárquico— y la aristocracia, un espeso entramado de relaciones de vecindad y una vida popular sentimental, ingeniosa y algo empapada en vino. Una de las cosas más agradables del viejo Madrid tal vez fuera que los suelos de las casas y de los pisos estaban entarimados, es decir, que eran de madera. Ahora las casas nuevas tienen mosaicos en el suelo y son glaciales.
En resumen, pues, hay algo en Madrid que ha progresado mucho: el hedonismo individual. Ahora bien: a mi modo de ver, este hedonismo creciente, el considerable paso adelante dado durante la Dictadura, ha contribuido poderosamente, en tanto que factor activo, al cambio de régimen. Toda época de inmovilidad política hace ganar dinero. En España el dinero es dictatorial, inseparable del orden público. En cambio, las revoluciones empobrecen. Si el capitalismo no gana dinero, las inversiones son imposibles. El dinero lleva a aumentar el hedonismo personal, los cuartos de baño, los bidets, la buena mesa, los viajes, las costumbres de la vida fácil y ligera, que han hecho mucho más por la instauración del nuevo régimen que todos los comités revolucionarios juntos y sus brillantes y vacuas proclamas.

Ha habido un gobierno dictatorial que ha puesto todos los medios al servicio de esta obsesión de Madrid. Madrid, tal vez la ciudad mejor administrada del país, pudo dar, con esta ayuda, un paso considerable, desde el punto de vista hedonístico y progresivo. El centro se transformó. Se modernizó. Tomó un aire absolutamente distinto de aquella ciudad residencial, burocrática y popular de trece años atrás, con señoras con mantilla y mujeres del pueblo con mantón de Manila. «Ya verán los catalanes de lo que somos capaces también nosotros», dijo la clase dirigente.

Los países del mundo donde hay más caciquismo son Inglaterra y Francia. En España había un caciquismo encarnado en la nobleza y en la burguesía. Todo lo que se ha hecho, mucho o poco, en España, lo han hecho los caciques —suponiendo que hayan hecho algo, se entiende, porque en muchos casos no han ido más allá de la pura inmovilidad—. Estos caciques, cuando han tenido un poco de vanidad y de gusto por la acción, han dejado fortunas considerables al interés general.
Ahora nace el nuevo caciquismo. «¡Todo el poder para los comités!», dicen los socialistas. No obstante, el caciquismo de los comités será mucho más ineficaz y más deliberante que el tradicional. En Rusia, el caciquismo está organizado y es intocable, absoluto.

Rusiñol fue un gran conservador, un hombre rico, trabajador, siempre dispuesto a desempeñar, ante las llamaradas de la vida, los papeles más variopintos. Todo cuanto hizo es distinguido, personal, y tiene cierta gracia. Sin embargo, no llegó nunca al fondo de las cosas, y, como a todos los románticos, se lo llevó la melodía de la vida engañosa y fácil. En Francia, país de jerarquías establecidas, Rusiñol habría sido apreciado. Aquí, en cambio, no pasó de ser un hombre legendario. Afortunadamente para él, en esta tierra de pasiones africanas que logran enturbiar las cosas más auténticas de la vida social, Rusiñol pudo vivir en un plano superior, algo lejano, elegante, disimulando con su espíritu irónico, bondadoso, de una chabacanería barcelonesa de buena ley dulcificada por la vida de París, un fondo de amargura y de desencanto vital.

¿Es el Prado el que ahoga las posibilidades artísticas que se dan hoy en Madrid?¿Es el peso abrumador del museo? Si ésta fuera la causa, significaría que un punto de fresca rusticidad y de lo que podríamos llamar la divina ignorancia no le viene mal a la obra artística. ¡Aunque vaya usted a saber si esto es verdad!
-Tras la corrida —o, simplemente, a la hora del aperitivo—, el madrileño come marisco y bebe cerveza: come el percebe, el langostino, las cigalas, el cangrejo de río, las gambas y la mojama. Todo esto lo come relativamente fresco —más fresco que en Barcelona—, y ello se debe a las excelentes comunicaciones de Madrid con el norte de España. En Barcelona, el pescado del norte acostumbra a llegar a pie y a estar frigorificado. Me refiero al pescado de piso. En Barcelona hay dos o tres restaurantes de pescado muy respetables.
La cerveza a presión se sirve en forma de cañitas, cañas, tercios y medias. Da la impresión de que estas palabras tienen reminiscencias taurinas y forman parte del léxico de la tauromaquia. Pero también podría ser que estas reminiscencias no existieran.
La manzanilla pierde peso —mucho más que en Andalucía—. Este líquido horrible y endemoniado tal vez pida otro clima y otra manera de vivir.

Azaña —dice la gente— es un hombre antipático. No es verdad. En el trato personal, Azaña gana mucho por su enorme simplicidad real o ficticia, da igual. Conozco a muy pocos políticos a los que les ocurra lo mismo. Lo que pasa es que es un hombre que va a crearse grandes enemigos por el mero hecho de haber triunfado en un momento de la vida que puede molestar a mucha gente. En España sólo se toleran los triunfos de las criaturas o de los gagás. La gente ya empieza a decir que Azaña tiene la piel de la cara como el queso de Burgos… Y lo que dirán.

En la vida social y política de Madrid, la simpatía juega siempre un papel importante, mucho más importante que en otras ciudades. En Madrid, los catalanes tenemos fama de antipáticos. Somos unos desaboríos, como se dice por estos lares. Sin embargo, cuando un catalán sale del gusto de esta tierra, su éxito es fulminante, definitivo. Ha habido catalanes que han hecho en Madrid lo que han querido: Junoy, Rusiñol, Bagaría. Salvatella, que acaba de morir, tenía también una gran simpatía. Era una figura popular, que la gente consideraba, respetaba y seguía.

This book is very interesting, the visions of Madrid by the author are ironic as sarcastic. The axe of the narration is the relationship between Madrid and Catalonia.
-Madrid is going for some reason related to the affairs of the State or to satisfy some political ambition. Now, I have never had any commercial obsession or capacity to carry it out. On the other hand, my ambition is null, both political and literary. So, what am I going to do, me, in Madrid? Nothing.
“It is a city where one eats badly. The Lhardy restaurant has lost a lot. Today, except the New Club – unavailable to people with my budget – which offers French cuisine of a certain level, the most common cuisine of this important city is a monotonous vulgarity. The chickpeas I have never liked. The fried eggs and the steak with potatoes, even less. The national wines are of a grotesque pretension, they are too strong and all are pasty.
-The theater that is made today in Madrid is at least as bad as the literature that young people do. In general, the intellectual life of this city has no interest whatsoever: it is a vacuous, hyperbolic, old-fashioned thing, like most of the European professional culture: a huge failure. There is journalistic life, which is infinitely more intense than in Barcelona – where it almost does not exist – and has some interest.
-Madrid seems a very closed and inaccessible city. Now, if you have some sympathy, a pinch of spicy candor is not as closed as it seems. On the other hand, Barcelona, ​​which at first seems so open, is much more difficult to penetrate. In Madrid, if you have enough sympathy, you can enter one or another society, even if you do not have money. In Barcelona, ​​who does not have money, however attractive, it will be much more difficult.
“At the Hotel del Príncipe de Asturias, Carrera de San Jerónimo, I see a Republican flag on the word” Prince “on the street sign. The establishment has become, instantly, Hotel de Asturias. This helps me understand a little more Madrid. It is not only a city of the great Andalusian aristocracy, the civil servants, the masons and laborers of the construction union, affiliated to the House of the People; it is also a city of small merchants, very vivacious.

In Madrid, the things of Catalonia are accepted today much more in the street than in the governmental spheres.
“Macià is a very idealistic man, very interesting”, I say fiddly, more in the cafes than in the lobby of the Ministries.
In this moment of great enthusiasm, the appearance of the events of Barcelona may, little or very much, contradict the ideas of Spanish public opinion. State representatives are more in favor of expanding things through their natural biological process.
What has changed especially in Madrid is life. It was a city of marked provinciality, with little comfort, large and small houses, with a very intense and modest family life, with pious and beatiful ladies, a great frequentation of the church, with a great feeling of admiration for the Royal House – an authentic monarchist mysticism, and the aristocracy, a thick network of neighborhood relations and a sentimental, ingenious and somewhat wine-drenched popular life. One of the most pleasant things about old Madrid might have been that the floors of the houses and the floors were parquet, that is, they were made of wood. Now new homes have mosaics on the ground and are glacial.
In short, then, there is something in Madrid that has made much progress: individual hedonism. Now, in my opinion, this growing hedonism, the considerable step forward given during the dictatorship, has contributed powerfully, as an active factor, to regime change. Every era of political immobility makes money. In Spain money is dictatorial, inseparable from public order. On the other hand, revolutions are impoverished. If capitalism does not make money, investments are impossible. Money leads to increase personal hedonism, bathrooms, bidets, good table, travel, easy and light life customs, which have done much more by the establishment of the new regime than all revolutionary committees together and their bright and empty proclamations.

There has been a dictatorial government that has put all the means to the service of this obsession of Madrid. Madrid, perhaps the best managed city in the country, was able to give a considerable step, from a hedonistic and progressive point of view, with this help. The center was transformed. It was modernized. It took an air quite different from that residential, bureaucratic and popular city of thirteen years ago, with ladies with mantilla and women of the town with shawl of Manila. “The Catalans will see what we are capable of,” said the ruling class.

The countries of the world where there is more caciquismo are England and France. In Spain there was a caciquismo embodied in the nobility and in the bourgeoisie. All that has been done, much or little, in Spain, have done caciques – assuming they have done something, it is understood, because in many cases have not gone beyond pure immobility. These caciques, when they have had a bit of vanity and a taste for action, have left considerable fortunes to the general interest.
Now the new caciquismo is born. “All the power for the committees!” Say the Socialists. However, the caciquismo of the committees will be much more ineffective and more deliberate than the traditional one. In Russia, caciquismo is organized and untouchable, absolute.

Rusiñol was a great conservative, a rich man, hardworking, always ready to play, in the flames of life, the most varied roles. Everything he did is distinguished, personal, and has a certain grace. However, he never got to the bottom of things, and, like all the romantics, he took away the melody of deceptive and easy life. In France, a country of established hierarchies, Rusiñol would have been appreciated. Here, however, he was nothing but a legendary man. Fortunately for him, in this land of African passions that managed to muddy the most authentic things of social life, Rusiñol was able to live on a higher plane, something distant, elegant, concealing with his ironic, kind spirit, a good-natured bark of Barcelona sweetened by the life of Paris, a background of bitterness and vital disenchantment.

Is it the Prado Museum that stifles the artistic possibilities that are happening today in Madrid? Is it the overwhelming weight of the museum? If this were the cause, it would mean that a point of fresh rusticity and what we might call divine ignorance does not harm the artistic work. Although you will know if this is true!
– After the bullfight – or, simply, at the time of the aperitif -, the Madrilenian eats seafood and drinks beer: he eats the percebe, the prawn, the crayfish, the crab, the prawns and the mojama. All this he eats relatively fresh – more fresh than in Barcelona – and this is due to the excellent communications of Madrid with the north of Spain. In Barcelona, ​​the fish of the north is accustomed to arrive on foot and to be refrigerated. I mean fish on the floor. In Barcelona there are two or three very respectable fish restaurants.
Pressed beer is served in the form of cañitas, cañas, tercios and medias. (Drink measure of beer) It seems that these words have bullish reminiscences and are part of the lexicon of bullfighting. But it could also be that these reminiscences did not exist.
Chamomile loses weight – much more than in Andalusia. This horrid, devilish liquid may ask for another climate and another way of life.

Azaña, says the people, is an unfriendly man. Is not true. In personal treatment, Azaña earns a lot for its enormous real or fictitious simplicity, it does not matter. I know very few politicians to whom the same thing happens to them. What happens is that he is a man who is going to create great enemies for the mere fact of having triumphed in a moment of life that can annoy many people. In Spain only the triumphs of creatures or gagás are tolerated. People are already starting to say that Azaña has the skin of his face like Burgos cheese … And what they will say.

In the social and political life of Madrid, sympathy always plays an important role, much more important than in other cities. In Madrid, we Catalans have a reputation for being unfriendly. We are a few disagreements, as it is said in these parts. However, when a Catalan comes out of the taste of this land, his success is fulminating, definitive. There have been Catalans who have done what they wanted in Madrid: Junoy, Rusiñol, Bagaría. Salvatella, who has just died, also had great sympathy. He was a popular figure, one that people considered, respected and followed.

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