Jagger — Marc Spitz / Jagger: Rebel, Rock Star, Rambler, Rogue by Marc Spitz

Este es un libro irregular del autor. Se trata de muchas cosas que sucedieron en las que Mick pudo o no haber estado involucrado. El autor no entrevistó a Mick para el libro. Él se basa en fuentes secundarias, citadas con liberalidad, y entrevistas más recientes con aquellas fuentes que no revelan nada nuevo. El resultado es un libro que se lee como una colección de ensayos. En realidad, puede comenzar a leer este libro en el medio y no perderse en la narración. La gracia salvadora es que la escritura es alegre y atractiva. Si abandonas la idea de que este libro trata sobre Mick, puedes disfrutar partes de él.
Hace tiempo que los fanáticos de los Stones no encontrarán nada nuevo aquí. Este libro no es lectura esencial en absoluto. Si nunca has leído un solo libro sobre Mick Jagger o The Rolling Stones, puedes disfrutarlo. Me gustó especialmente el capítulo sobre la apertura de Living Color para The Stones durante la gira de 1989 de Steel Wheels. El capítulo es un excelente ejemplo de cómo el libro coloca el tema del título en segundo plano. Camino en el fondo. Mick es apenas mencionado en el capítulo, pero la discusión del conflicto entre los miembros de Living Colour y Axl Rose durante los Stones LA muestra, cuando Guns N Roses fue presentada como un segundo acto de apertura. GNR acaba de lanzar Lies, y la controversia sobre el uso de Rose de la palabra N en el álbum era polémica en ese momento. El autor describe la ejecución de tres espectáculos de Los Ángeles como el comienzo del final de GNR. Es el capítulo más interesante del libro, y el autor admite que Mick y la banda probablemente no sabían nada sobre el conflicto y no estaban directamente involucrados de ninguna manera. Pero el autor toma un capítulo entero del libro para contar una historia que no se trata de Mick.
Al final, no aprenderá nada nuevo sobre Mick en absoluto de este libro. Al no arrojar ninguna nueva luz o perspectiva sobre Mick Jagger, el hombre, el autor no logra el propósito declarado del libro, que es revelar a Jagger “como nunca lo has visto antes”. De hecho, no lo verás en absoluto en este libro. Es tan enigmático y esquivo en estas páginas como lo es en la vida real.

Fuera el sonido acústico y pantanoso de Delta o el R&B eléctrico y sensacional de Chicago, el blues mataba el aburrimiento. A menudo líricamente hilarante y siempre hipnótico, tenía un ritmo que se podía reproducir con una sartén de cocina o con el dorso del libro de texto. «Fue el sonido lo que nos atrapó —dice Dick Taylor—. Cuando oyes por primera vez a Howlin’ Wolf o Chuck Berry, su sonido es impresionante. Y para Mick era el lenguaje. Chuck Berry era un poeta fascinante. Su lenguaje era muy rico. Mick se quedó con sus palabras. Escuchaba atentamente y las transcribía. Pasamos muchas horas poniendo aquellos discos y tratando de repoducir las palabras con precisión. Y sé que muchas no acabamos de entenderlas bien». El R&B era en esencia una jerga nueva, rápida e inteligente, una manera «mod» de comunicarse. Para algunos, en su mayoría niños blancos ingleses de principios de la década de 1960 que crecieron en casas dolorosamente silenciosas y fueron físicamente reprendidos por hablar cuando no tocaba en la escuela, fue finalmente (por extraño que parezca, dada su herencia africana) un lenguaje propio. «Es una lengua que expresa todo un espectro de emociones, desde la tristeza, el odio ciego, hasta la lujuria total y delirante —escribió el difunto músico Robert Palmer en su excelente análisis de la forma, Deep Blues—.

“As Tears Go By” es el comienzo de todo, un punto de serendipia, el instante en que los Stones se definen no sólo como cantautores, no sólo como rebeldes, sino como figuras románticas, para no volver a ser jamás despreciados o simplemente considerados unos matones. Mick Jagger, que ya era un objeto sexual, se hizo poeta en ese momento. Es una proeza increíble teniendo en cuenta que es algo básicamente escrito por encargo para Oldham. Oldham, que vio cuánto dinero ganaban los Beatles con las partituras y otros ingresos de publicaciones varias, tenía el dinero en la cabeza, y Mick y Keith pusieron el arte. «As Tears Go By» era una canción para una mujer, una canción de «chica», una canción que Mick y Keith no se atrevieron a enseñar a la banda como posible tema para ser grabado (el primero que los Stones consideraron aprovechable sería «The Last Time», escrito a principios de 1965).
Faithfull para la página de Vanity Fair, le pregunté si su relación con la canción había cambiado con los años. «Sí, ha cambiado —dijo ella—. Pero todavía me gusta mucho. En fin. Tuve suerte en recibir esa canción de los Stones. Porque es realmente buena. Mucha gente no obtenía canciones tan buenas de los Stones cuando los versionaban. Me tocó la mejor».

Los Rolling Stones de 1965 cultivaban éxitos, tenían sex-appeal, incluso tenían sensibilidad después de «As Tears Go By». Tenían todo excepto ese ingrediente único que haría de ellos algo más que una sensación pop de los años previos: una filosofía. Hacia 1965 eso era lo que se esperaba de los grupos de rock and roll. «Las estrellas pop de finales de la década de 1950 y principios de la década de 1960 eran chicos de clase trabajadora que se subían al carro de Elvis —dice Keith Altham—. Tenían dieciséis, o diecisiete. La mayoría tenía poca formación. Como los Beatles y los Stones, provenían de un ambiente ligeramente más cultivado. Te encontrabas hablando con chicos que se habían sacado el nivel A. Jagger era parte de aquello.
En cuanto a documentos de locura, deterioro, traición y lujuria, Performance es único. A Mick, todo labios, piel pálida y pelo negro, nunca se le ha visto tan guapo, con esos brazos musculosos desnudos y su chaleco. En una escena, baila empuñando un tubo de luz blanca y pura. «La única actuación realmente lograda es la que culmina en la locura», declara Jagger alcanzando el clímax de la película. Mientras que la carrera de cine de Jagger no volvió a alcanzar cotas semejantes

Mick simplemente absorbe la negatividad. «Un agujero negro sexy en el espacio», lo ha llamado el periodista Keith Altham. En consecuencia, debemos rellenar el vacío una vez más. Cualquier pulla contra Keith es un estentóreo «jódete» para todos aquellos que han estado escribiendo su necrológica desde 1973 (cuando el N.M.E. lo seleccionó como el siguiente icono del rock and roll que estiraría la pata). Hacerse mayor para Mick es un gran «Ya os lo decía» a todos los que se sentían amenazados por su belleza juvenil y la arrogancia que implicaba (y los que envidiaban su fortuna y sus mujeres, claro). Es como si una cierta facción de los medios de comunicación del pop hubiera estado esperando algo que lo humanizara.
Beaton vio la singularidad de Mick Jagger. Mick, «una panda encantadora de tipos diferentes», como ha sido definido por Keith, Nick Kent y muchos otros, todavía se está buscando. Así que este libro sólo puede terminar con predicciones fidedignas: hará un álbum en solitario con Dave Stewart. Se llevará bien con Keith, pasará de los comentarios mordaces y de las pullas publicados en Vida, y grabará un nuevo álbum de los Stones cuando toque, para su quincuagésimo aniversario; o tal vez finalmente hará su propia saga de los Stones. Dudo que esto ocurra, pues en términos absolutos él es parte del todo, los Stones no es solo él. Mick es, y probablemente seguirá siendo, nuestro rocanrolero más incomprendido, y no estoy seguro de que no sea deliberado. En tanto no lo cacemos, él es libre para sorprendernos, como hizo en los Grammys y como hará seguramente bien entrados los setenta.

An irregular book. It’s about a lot of things that went on that Mick may or may not have been involved in. The author did not interview Mick for the book. He relies on secondary sources, liberally quoted, and more recent interviews with those sources that reveal nothing new. The result is a book that reads like a collection of essays. You can actually start reading this book in the middle and not be lost in the narrative. The saving grace is that the writing is breezy and engaging. If you give up the idea that this book is about Mick, you might enjoy parts of it.
Long time Stones fans will find nothing new here. This book is not essential reading at all. If you’ve never read a single book about Mick Jagger or The Rolling Stones, you might enjoy this. I particularly liked the chapter about Living Colour opening for the Stones during the 1989 Steel Wheels tour. The chapter is an excellent example of how the book puts the title subject in the background. Way in the background. Mick is barely mentioned in the chapter, but the discussion of the conflict between the members of Living Colour and Axl Rose during the Stones LA shows, when Guns N Roses were brought in as a second opening act. GNR had just released Lies, and the controversy over Rose’s use of the N-word on the album was at the time controversial. The author depicts the run of three LA shows as the beginning of the end of GNR. It’s the most interesting chapter of the book, and the author admits that Mick nor the band likely didn’t know anything about the conflict and were not directly involved in any way. But the author takes up an entire chapter of the book to tell a story that isn’t about Mick.
In the end, you won’t learn anything new about Mick at all from this book. By not shedding any new light or perspective on Mick Jagger, the man, the author fails to achieve the stated purpose of the book, which is to reveal Jagger “as you’ve never seen him before.” In fact you won’t see him at all in this book. He’s just as enigmatic and elusive in these pages as he is in real life.

Outside the acoustic and swampy sound of Delta or the electric and sensational R & B of Chicago, the blues killed boredom. Often lyrically hilarious and always hypnotic, it had a rhythm that could be reproduced with a cooking pan or with the back of the textbook. “It was the sound that caught us,” says Dick Taylor. When you first hear Howlin ‘Wolf or Chuck Berry, their sound is impressive. And for Mick it was the language. Chuck Berry was a fascinating poet. His language was very rich. Mick stayed with his words. He listened carefully and transcribed them. We spent many hours putting those records and trying to repopulate the words with precision. And I know that many of us do not quite understand them well ». R & B was essentially a new, fast and intelligent jargon, a “mod” way of communicating. For some, mostly English white children of the early 1960s who grew up in painfully silent homes and were physically reprimanded for speaking when they did not play in school, it was finally (oddly enough, given their African heritage) a language own. “It is a language that expresses a whole spectrum of emotions, from sadness, blind hatred, to total and delirious lust,” the late musician Robert Palmer wrote in his excellent analysis of the form, Deep Blues.

“As Tears Go By” is the beginning of everything, a point of serendipity, the moment in which the Stones define themselves not only as singers, not only as rebels, but as romantic figures, never to be despised or simply considered some thugs. Mick Jagger, who was already a sexual object, became a poet at that time. It is an incredible feat considering that it is something basically written to order for Oldham. Oldham, who saw how much money the Beatles earned with scores and other income from various publications, had the money in his head, and Mick and Keith put the art. “As Tears Go By” was a song for a woman, a song for “girl”, a song that Mick and Keith did not dare to teach the band as a possible subject to be recorded (the first that the Stones considered profitable would be ” The Last Time “, written at the beginning of 1965).
Faithfull for the Vanity Fair page, I asked her if her relationship with the song had changed over the years. “Yes, it has changed,” she said. But I still like it a lot. Anyway. I was lucky to receive that song from the Stones. Because it’s really good. Many people did not get such good songs from the Stones when they were versioning them. I got the best one ».

The Rolling Stones of 1965 cultivated success, had sex appeal, even had sensitivity after “As Tears Go By”. They had everything except that unique ingredient that would make them more than a pop sensation of the previous years: a philosophy. By 1965 that was what was expected of the rock and roll groups. “The pop stars of the late 1950s and early 1960s were working-class kids who jumped on Elvis’s car,” says Keith Altham. They were sixteen, or seventeen. Most had little training. Like the Beatles and the Stones, they came from a slightly more cultivated environment. You were talking to guys who had taken level A. Jagger was part of that.
As for documents of madness, deterioration, betrayal and lust, Performance is unique. Mick, all lips, pale skin and black hair, has never looked so handsome, with those naked muscular arms and his vest. In one scene, dance holding a tube of white light and pure. “The only really successful performance is the one that culminates in madness,” says Jagger, reaching the climax of the film. While Jagger’s film career did not reach similar levels again

Mick simply absorbs negativity. “A sexy black hole in space,” journalist Keith Altham has called it. Consequently, we must fill in the gap once again. Any quarrel against Keith is a raucous “fuck you” to all those who have been writing their obituary since 1973 (when the N.M.E. selected him as the next icon of rock and roll that would stretch the leg). Growing up for Mick is a great “I already told you” to all those who felt threatened by their youthful beauty and the arrogance that implied (and those who envied their fortune and their women, of course). It is as if a certain faction of the pop media had been waiting for something that would humanize it.
Beaton saw the uniqueness of Mick Jagger. Mick, “a lovely panda of different types,” as defined by Keith, Nick Kent and many others, is still being sought. So this book can only end with reliable predictions: it will make a solo album with Dave Stewart. He’ll get along well with Keith, move on from the scathing comments and taunts posted on Vida, and record a new Stones album when he plays, for his fiftieth anniversary; or maybe he’ll finally make his own saga of the Stones. I doubt this happens, because in absolute terms he is part of the whole, the Stones are not just him. Mick is, and probably will continue to be, our most misunderstood rocketman, and I’m not sure it’s not deliberate. As long as we do not hunt him, he is free to surprise us, as he did in the Grammys and how he will surely do well into the seventies.

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