Elon Musk: El Empresario Que Anticipa El Futuro — Ashlee Vance / Elon Musk: Tesla, SpaceX, and the Quest for a Fantastic Future by Ashlee Vance

Este libro nos acerca al personaje de Elon Musk, gran emprendedor y visionario. En el libro nos explica la vida desde niño hasta el empresario que dirige dos de las empresas con más recorrido de las últimas décadas: TESLA y SpaceX. Ambicioso y persistente, hay que leer el libro con detalle para entender la personalidad de este genio. Su obsesión por cambiar las cosas, le ha llevado a liderar el sector de los automóviles eléctricos y a revolucionar la industria espacial con sus cohete reutilizables. Es uno de los iconos empresariales de esta década, que incluso ya eclipsa al propio Steve Jobs.
Me ha gustado mucho la lectura, muy ameno y lleno de detalles. No es la típica biografía que se escribe en base a las experiencias de uno mismo, ya que contiene un apéndice con entrevistas y comentarios a exempleados, familia, amigos e incluso, enemigos.
Libro sólido, bien investigado sobre los primeros años de vida de Musk, compañías tempranas (Zip2 y PayPal) y compañías actuales (Tesla, SpaceX y SolarCity). A lo largo del libro, Vance no solo permite que una afirmación o una cita sorprendente se detenga, sino que investiga los eventos para darle al lector una visión equilibrada de lo que ocurrió. Esto es especialmente importante ya que hay más de unos pocos eventos emocionales muy cargados en la vida de Musk y hubiera sido demasiado fácil para un biógrafo resaltar lo sensacional a expensas de proporcionar información sobre eventos complejos.
Vance comienza la biografía profundizando lo suficiente en la vida temprana de Musk para ayudar a entender en quién se ha convertido. A continuación, inicia relatos bastante detallados de sus primeras compañías (Zip2 y PayPal). Estas cuentas son invaluables ya que hay poco más disponible sobre estas compañías que sea confiable y no genere informes basados ​​en la agenda.
SpaceX obtiene la mayor cobertura en el libro, acorde con la pasión y el tiempo de Musk, aunque hay una cantidad de tiempo razonable dedicada a Tesla y una descripción relativamente rápida de SolarCity.
Curiosamente para un libro de 400 páginas, a veces deseé dar una cuenta más por golpe, por ejemplo, no había ninguna idea de ninguna reunión de la junta en ninguna de las compañías. Además, Vance no profundiza en la compleja tecnología que ha creado Musk, relegando las pocas explicaciones literales de Musk a notas al pie. Hubo mucho entusiasmo por las compañías, y aunque Vance sí intentó describir una línea de tiempo, al final el libro tenía muchas viñetas e historias sin conexión.
Dicho todo esto, es un libro muy ameno y muy interesante. La fusión triple de almizcle 2008 (vida personal, SpaceX y Tesla) fue apasionante. La mayoría de las personas que no han estado observando todos los movimientos de Musk durante los últimos 20 años encontrarán aquí mucha información nueva, presentada de una manera muy equilibrada y entretenida.

Cualquier estudio sobre Musk debe comenzar en las oficinas centrales de SpaceX, en Hawthorne (California), en las afueras de Los Ángeles, a pocos kilómetros del Aeropuerto Internacional de Los Ángeles. Al acercarse al cubículo de Musk, los visitantes se encuentran con dos gigantescos carteles de Marte colgados uno junto al otro. En el cartel de la izquierda se ve Marte tal como es en la actualidad, una esfera fría y estéril de color rojo; en el de la derecha aparece una enorme masa terrestre de color verde rodeada de océanos. El planeta se ha calentado y ha sido transformado para acoger a seres humanos. Musk está empeñado en hacer realidad ese sueño. Convertir a la especie humana en colonizadores del espacio es el objetivo declarado de su vida. «Me gustaría morirme convencido de que a la humanidad la espera un futuro brillante», me dijo. «Si pudiéramos resolver el problema de la producción sostenible de energía y sentar las bases para convertirnos en una especie multiplanetaria, capaz de crear una civilización autosostenible en otro planeta, para hacer frente a la posibilidad de que ocurriera lo peor y la conciencia humana se extinguiera, entonces…», planteó antes de detenerse un breve instante y concluir «Creo que eso sería fantástico».

Musk me parecía un soñador bienintencionado, un miembro del club tecnoutópico de Silicon Valley, en el que los devotos de las teorías de Ayn Rand y los absolutistas tecnológicos consideran que sus ideas hiperlógicas son la Respuesta para todo el mundo. Bastaría con que nos apartáramos de su camino para que solucionaran todos nuestros problemas. Dentro de poco podremos descargar la información de nuestros cerebros a un ordenador, relajarnos y dejar que los algoritmos se ocupen de todo. Muchas de sus ambiciones resultan inspiradoras; muchas de sus obras, valiosas. Pero los utopistas de la tecnología nos aburren con sus clichés y con su capacidad de hablar durante horas sin decir nada sustancioso. Más desconcertante todavía resulta el mensaje subyacente de que los seres humanos somos imperfectos y de que nuestra humanidad es una carga y habrá que tomar medidas al respecto. En algún que otro acto celebrado en Silicon Valley al que asistí, los pomposos discursos de Musk parecían salidos directamente del manual estratégico de los utopistas tecnológicos. Y lo peor de todo era que esas empresas con las que iba a salvar el mundo no parecían ir nada bien.
Sin embargo, a principios de 2012, los cínicos como los cínicos tuvimos que darnos por enterados de los logros de Musk. Sus empresas cosechaban éxitos sin precedentes. SpaceX lanzó una cápsula de carga a la Estación Espacial Internacional y logró traerla de vuelta a la Tierra. Tesla Motors presentó el Modelo S.
Con SolarCity, Musk ha fundado la mayor compañía de instalación y financiación de paneles solares para clientes individuales y empresas. Musk contribuyó a idear el concepto del que surgió SolarCity y es el presidente de la empresa, dirigida por sus primos Lyndon y Peter Rive. SolarCity ha logrado abaratar el coste de docenas de servicios y, de hecho, se ha transformado en una gran empresa de servicios por sí misma. En una época en que los negocios dedicados a las tecnologías limpias han quebrado con regularidad alarmante, Musk ha creado dos de las compañías más productivas del ramo.

El público tuvo noticias de Elon Reeve Musk por primera vez en 1984. La revista sudafricana PC and Office Technology publicó el código fuente de un videojuego que Musk había diseñado. Blastar, un juego espacial de ciencia ficción, funcionaba con 167 líneas de instrucciones. Corrían los tiempos en que los usuarios de los primeros ordenadores estaban obligados a escribir comandos para todo. En aquel contexto, el juego de Musk no era una maravilla de la ciencia informática, pero sin duda superaba lo que era capaz de hacer la mayoría de los niños de doce años. Su publicación en la revista le granjeó a Musk quinientos dólares y proporcionó algunas señales tempranas sobre su carácter.
La idea de la que surgió Zip2 era brillante. En 1995 había muy pocas pequeñas empresas que entendieran las implicaciones de internet. No sabían cómo acceder a ella y no acababan de ver que sirviera para algo tener una página web para su negocio o incluso disponer de un listado en la red al estilo de las Páginas Amarillas. Musk y su hermano esperaban convencer a restaurantes, tiendas de ropa, peluquerías y negocios similares de que había llegado el momento de darse a conocer al público que navegaba en internet. Zip2 crearía un directorio de búsqueda de negocios y lo enlazaría a mapas. Musk solía explicar el concepto recurriendo a las pizzas: todo el mundo tenía derecho a conocer la ubicación de su pizzería más cercana y el camino exacto para llegar hasta ella. En la actualidad, la idea puede resultar obvia —una mezcla de Yelp y Google Maps—, pero en aquel entonces, a nadie se le había ocurrido nada parecido.
En abril de 1998, Zip2 anunció una medida extraordinaria para sacar más partido a su estrategia: la fusión con su principal competidor, CitySearch, en un acuerdo valorado en unos 300 millones de dólares. La nueva sociedad conservaría el nombre de CitySearch, y Sorkin estaría al mando. Sobre el papel, la unión se parecía mucho a una fusión entre iguales. CitySearch había construido un extenso conjunto de directorios de ciudades repartidas por todo el país. También parecía contar con excelentes equipos de ventas y marketing.
En mayo de 1998 se canceló la fusión de las dos empresas, y la prensa no perdió la oportunidad de informar con todo lujo de detalles sobre la caótica disputa. Musk instó a la junta directiva de Zip2 a destituir a Sorkin y a volver a nombrarle director general de la empresa a él. La junta se negó. Al final, Musk perdió su cargo de presidente y Sorkin fue reemplazado por Derek Proudian, un inversor de capital riesgo que trabajaba con Mohr Davidow.
Musk, el pionero de internet, demostró su valía y al mismo tiempo tuvo suerte. Se le ocurrió una buena idea, la convirtió en un servicio real y salió de la burbuja de internet con dinero en el bolsillo, lo que era más de lo que podían decir muchos otros. Pero fue un proceso doloroso. Musk había querido ser un líder, pero a la gente que lo rodeaba le costaba verlo como director general. Por lo que a Musk respectaba, todos estaban errados, y se dispuso a demostrarlo con unos resultados todavía más espectaculares.

Quería crear una institución financiera que operase en internet, donde los clientes tuvieran cuentas corrientes y guardasen sus ahorros, y donde se ofrecieran servicios de seguros e inversión. La tecnología para lograrlo estaba al alcance de la mano, pero superar la maraña de regulaciones para crear desde cero un banco de esas características era un problema sumamente complicado para los más optimistas, y sencillamente irresoluble para los más juiciosos. No se trataba de indicar cómo llegar a una pizzería o de recopilar una lista de direcciones, sino de manejar el dinero de la gente. Y si el servicio no funcionaba como debía, las consecuencias serían graves.
Lejos de amilanarse, Musk puso en marcha su nuevo proyecto incluso antes de vender Zip2.
Aquella carrera por los pagos a través de internet ofreció a Musk la oportunidad de demostrar su rapidez mental y su ética de trabajo. No dejó de idear planes para contrarrestar la ventaja que PayPal había adquirido en relación con páginas de subastas como eBay, y exigió a los empleados de X.com que pusieran en práctica sus medidas tan rápido como pudieran, azuzando su naturaleza competitiva sin darles tregua.
PayPal tenía unos ingresos de unos doscientos cuarenta millones de dólares anuales: todo indicaba que saldría adelante como empresa independiente y que empezaría a cotizar en bolsa. La capacidad de resistencia de Musk y Moritz acabó dando sus frutos. En julio de 2002, eBay ofreció mil quinientos millones de dólares por PayPal, y el consejo de administración aceptó. Musk ganó unos doscientos cincuenta millones de dólares con la operación, que se quedaron en ciento ochenta millones después de pagar los impuestos, una cifra más que suficiente para materializar sus sueños más audaces.
Con todo, el episodio de PayPal no dejó de ser problemático para Musk. Su reputación como líder quedó menoscabada tras el acuerdo, y los medios lo atacaron con dureza por primera vez.

Los fracasos no parecían afectar a las ideas que Musk acariciaba de cara al futuro ni despertar dudas sobre sus capacidades. En medio del caos, hizo un viaje por las islas en compañía de Worden. Musk empezó a hablar de la posibilidad de unir las islas para que formaran una masa terrestre. Se podían construir muros en los pequeños canales entre las islas, y el agua se podía bombear como en los canales de los Países Bajos. A Worden, también conocido por sus excéntricas ideas, le atrajo la audacia de Musk. «Me encantaba oírle decir aquellas cosas —comenta Worden—. A partir de entonces empezamos a hablar de la posibilidad de instalarnos en Marte. Me impresionaba mucho que aquel tipo pensara a lo grande.
Las grandes firmas automovilísticas de Estados Unidos luchaban para no caer en quiebra mientras afrontaban la peor crisis económica desde la Gran Depresión. En medio de aquel panorama, Musk tenía que convencer a los inversores de Tesla para que aportaran varias decenas más de millones de dólares, y los inversores tenían que acudir a sus financiadores para explicarles que la operación tenía sentido. Como ha dicho Musk: «Imagínate que tienes que explicar que estás invirtiendo en una empresa de automóviles eléctricos, y todo lo que se publica sobre ella indica que no funciona, que parece condenada al fracaso, que vivimos una recesión y que nadie se compra un automóvil». Todo lo que Musk tenía que hacer para sacar a Tesla de aquel atolladero era perder hasta el último centavo de su fortuna y ponerse al borde de sufrir un colapso.
Zip2, PayPal, Tesla, SolarCity… Todas estas empresas son manifestaciones de Musk. SpaceX es Musk es su Falcón 9. Sus puntos débiles emanan directamente de él, así como su éxito. Esto se deriva en parte de la maniática atención al detalle de Musk y de su implicación en cada uno de los aspectos de SpaceX. Es práctico hasta un extremo que haría que Hugh Hefner, el millonario dueño de Playboy, se sintiera un inepto. Y parte de ello se explica porque SpaceX es la apoteosis del culto a Musk. Los empleados temen a Musk. Adoran a Musk. Entregan sus vidas a Musk. Y, habitualmente, hacen todo eso a la vez.
Su exigente estilo de gestión solo puede dar resultados porque la empresa no es —literalmente— de este mundo. Mientras que el resto de la industria aeroespacial tiene bastante con seguir enviando al espacio lo que parecen reliquias de la década de 1960, SpaceX se ha propuesto hacer justo lo contrario. Sus cohetes y sus naves reutilizables parecen auténticas máquinas del siglo XXI. La modernización del equipo no es solo una cuestión de imagen; refleja el constante empeño de la empresa para mejorar su tecnología y transformar los factores económicos de esta industria. Musk no quiere simplemente reducir el coste de enviar satélites y llevar suministros a la estación espacial. Quiere reducir el coste de los lanzamientos hasta el punto de que resulte económico y práctico enviar miles y miles de vuelos de suministros a Marte y poner en marcha una colonia.

Musk se había propuesto construir un automóvil eléctrico que no estuviera lastrado por concesiones. Lo hizo. Entonces, aplicando una especie de yudo empresarial, acabó con décadas de críticas a los automóviles eléctricos. El Modelo S no solo era el mejor coche eléctrico; era el mejor coche, y punto. Y, además, el coche que deseaba la gente. Estados Unidos no había visto una empresa automovilística con tanto éxito desde que apareció Chrysler en 1925. El precio originario de $92.000 pasó a $109.000
Tesla se ha convertido en la estrella de la industria estadounidense moderna, y sus rivales han sido aniquilados. Fisker Automotive se declaró en bancarrota y en 2014 la compró un fabricante de piezas de automóviles chino. Uno de sus inversores principales era Ray Lane, un especialista en capital riesgo en Kleiner Perkins Caufield & Byers. Por culpa de Lane, Kleiner Perkins perdió la oportunidad de invertir en Tesla y después apoyó a Fisker, una jugada desastrosa que manchó su imagen de marca y la reputación de Lane.
Aquellos que han estado en Tesla desde el principio se apresuran a recordar a la gente que la posibilidad de fabricar un automóvil eléctrico formidable había estado siempre ahí. «No es que la idea acabara de surgir y nosotros nos adelantáramos a los demás —señala Straubel—. A posteriori se suele olvidar que la gente pensaba que se trataba de la oportunidad de negocio más espantosa del mundo. Los inversores de capital riesgo salieron por pies.» Lo que distingue a Tesla de sus rivales ha sido su voluntad de hacer realidad aquella visión sin hacer concesiones, su dedicación absoluta a alcanzar el nivel exigido por Musk.

SolarCity, al igual que las otras empresas de Musk, no representaba tanto una oportunidad de negocio como una visión del mundo. Musk había decidido mucho antes —a su manera completamente racional— que lo solar tenía sentido. En una hora, la superficie de la Tierra recibe una cantidad de energía solar equivalente al consumo mundial procedente de todas las demás fuentes juntas. La eficiencia de las placas solares había ido mejorando a un ritmo constante. Si la energía solar estaba destinada a ser la fuente de energía preferida por la humanidad en el futuro, entonces ese futuro tenía que hacerse realidad lo antes posible.
En 2014, SolarCity empezó a mostrar sin recato la auténtica extensión de sus ambiciones. Primero, la empresa empezó a vender sistemas de almacenamiento de energía. Aquellas unidades se fabricaron en asociación con Tesla Motors. Los paquetes de baterías se manufacturaban en Tesla y se almacenaban en cajas metálicas del tamaño de un frigorífico. Los clientes individuales y las empresas podían adquirir aquellos sistemas de almacenamiento para mejorar sus matrices de placas solares. Una vez cargadas, las baterías se podían usar para mantener el suministro de los grandes consumidores durante la noche o en caso de apagones inesperados. Los clientes también podían usar las baterías en vez de la red eléctrica en los horarios punta, cuando el suministro tiende a ser más caro. Aunque SolarCity distribuyó las unidades de almacenamiento de forma discreta, a título experimental, la empresa esperaba que la mayoría de los clientes que adquirían el sistema se fuera pasando poco a poco a la energía solar, lo que ayudaría a que el público y las empresas fuesen abandonando la red eléctrica.
SolarCity es un elemento clave en lo que se podría llamar la teoría del campo unificado de Musk. Todas y cada una de sus empresas están interconectadas a corto y a largo plazo. Tesla fabrica paquetes de baterías que SolarCity vende a los consumidores. SolarCity proporciona a Tesla estaciones de carga con paneles solares, ayudando a esta última a proporcionar recargas gratis a los conductores. Los propietarios de Modelos S recién salidos de fábrica optan frecuentemente por adherirse al estilo de vida de Musk e instalan placas solares en sus casas. Tesla y SpaceX también se ayudan mutuamente. Intercambian conocimientos sobre materiales, técnicas de fabricación y las complejidades de la explotación de factorías que construyen tantas cosas partiendo de cero.

Este futuro, por supuesto, no está garantizado. Las tres empresas de Musk se enfrentan a desafíos tecnológicos inmensos. Musk ha apostado por la inventiva del hombre y por que las capacidades de las tecnologías solar, aeroespacial y energética cumplan las predicciones en cuanto a precios y rendimiento. E incluso si las apuestas se decantan como Musk espera, Tesla puede tener que enfrentarse a una retirada de vehículos inesperada. Un cohete de SpaceX que transporte viajeros puede estallar (un accidente así muy bien puede hundir a la empresa de inmediato). Cualquiera de las cosas que hace Musk conlleva riesgos espectaculares.

This book brings us closer to the character of Elon Musk, a great entrepreneur and visionary. In the book he explains life from childhood to the entrepreneur who runs two of the companies with the most travel of the last decades: TESLA and SpaceX. Ambitious and persistent, you have to read the book in detail to understand the personality of this genius. His obsession to change things, has led him to lead the electric car industry and to revolutionize the space industry with its reusable rocket. It is one of the business icons of this decade, which even eclipses Steve Jobs himself.
I liked reading, very pleasant and full of details. It is not the typical biography that is written based on the experiences of oneself, since it contains an appendix with interviews and comments to former employees, family, friends and even enemies.
Solid, well researched book about Musk’s early life, early companies (Zip2 and PayPal), and current companies (Tesla, SpaceX and SolarCity). Throughout the book, Vance doesn’t just let a startling assertion or quote stand still, he researches events to give the reader a balanced view of what transpired. This is especially important as there have more than a few highly charged emotional events in Musk’s life and it would have been all too easy for a biographer to highlight the sensational at the expense of providing insight about complex events.
Vance starts the biography by delving just enough into Musk’s early life to help understand who he has become.He then launches into fairly detailed accounts of his early companies (Zip2 and PayPal). These accounts are invaluable as there is little else available about these companies that is reliable and not agenda driven reporting.

SpaceX gets the most coverage in the book, befitting Musk’s passion and time spent, although there is a reasonable amount of time devoted to Tesla and a relatively quick overview of SolarCity.
Oddly enough for a 400 page book, I sometimes wished he would provide a more blow by blow account – for instance there was no insight at all into any board meetings in any of the companies. In addition, Vance does not delve in any real depth into the complex technology that Musk has created, relegating the very few verbatim explanations from Musk to footnotes. There was a lot of boosterism about the companies, and while Vance did try to describe a timeline, in the end the book had a lot of unconnected vignettes and stories.
Having said all this, it is a very readable, very interesting book. The 2008 triple Musk meltdown (personal life, SpaceX and Tesla) was gripping. Most people who have not been watching Musk’s every move for the past 20 years will find lots of new information here, presented in a very balanced and entertaining way.

Any research of Musk should begin at the SpaceX headquarters in Hawthorne, California, just outside of Los Angeles, a few miles from the Los Angeles International Airport. As they approach Musk’s cubicle, visitors encounter two giant Mars signs hanging side by side. In the poster on the left you see Mars as it is today, a cold and sterile red sphere; in the one on the right, there is a huge land mass of green color surrounded by oceans. The planet has warmed up and has been transformed to welcome human beings. Musk is committed to making that dream come true. Converting the human species into colonizers of space is the declared objective of his life. “I would like to die convinced that a bright future awaits humanity,” he told me. “If we could solve the problem of sustainable energy production and lay the foundations to become a multiplanetary species, capable of creating a self-sustaining civilization on another planet, to face the possibility that the worst would happen and the human conscience would become extinct , then … “, he said before stopping a brief moment and concluding” I think that would be fantastic “.

Musk seemed like a well-meaning dreamer, a member of the Silicon Valley techno-tech club, in which devotees of Ayn Rand’s theories and technological absolutists consider their hyperlogical ideas to be the Answer for the whole world. It would be enough for us to get out of their way to solve all our problems. Soon we can download the information from our brains to a computer, relax and let the algorithms take care of everything. Many of his ambitions are inspiring; many of his works, valuable. But tech utopians bore us with their clichés and their ability to talk for hours without saying anything substantial. Even more disconcerting is the underlying message that human beings are imperfect and that our humanity is a burden and action will have to be taken. In some other event held in Silicon Valley that I attended, the pompous speeches of Musk seemed straight out of the strategic manual of technological utopians. And the worst of all was that those companies with which he was going to save the world did not seem to go well at all.
However, in early 2012, cynics and cynics had to acknowledge Musk’s achievements. Their companies reaped unprecedented successes. SpaceX launched a cargo capsule to the International Space Station and managed to bring it back to Earth. Tesla Motors introduced the Model S.
With SolarCity, Musk has founded the largest solar panel installation and financing company for individual customers and companies. Musk helped to devise the concept from which SolarCity emerged and is the president of the company, led by his cousins ​​Lyndon and Peter Rive. SolarCity has managed to lower the cost of dozens of services and, in fact, has transformed itself into a large service company by itself. In an age when businesses dedicated to clean technologies have broken with alarming regularity, Musk has created two of the most productive companies in the industry.

The public heard from Elon Reeve Musk for the first time in 1984. The South African magazine PC and Office Technology published the source code of a video game that Musk had designed. Blastar, a science fiction space game, worked with 167 lines of instructions. There were times when the users of the first computers were forced to write commands for everything. In that context, Musk’s game was not a marvel of computer science, but it certainly surpassed what most twelve-year-olds were capable of doing. His publication in the magazine earned Musk five hundred dollars and provided some early signs of his character.
The idea that Zip2 came from was brilliant. In 1995 there were very few small businesses that understood the implications of the internet. They did not know how to access it and did not quite see what it would do to have a website for their business or even have a list on the network in the style of the Yellow Pages. Musk and his brother hoped to convince restaurants, clothing stores, hairdressers and similar businesses that the time had come to make themselves known to the public that surfed the Internet. Zip2 would create a business search directory and link it to maps. Musk used to explain the concept by resorting to pizzas: everyone had the right to know the location of their nearest pizzeria and the exact way to get there. Currently, the idea may be obvious – a mix of Yelp and Google Maps – but back then, nobody had thought of anything like that.
In April 1998, Zip2 announced an extraordinary measure to take more advantage of its strategy: the merger with its main competitor, CitySearch, in an agreement valued at around 300 million dollars. The new company would retain the name of CitySearch, and Sorkin would be in charge. On paper, the union was very much like a fusion between equals. CitySearch had built an extensive set of city directories spread across the country. He also seemed to have excellent sales and marketing teams.
In May 1998, the merger of the two companies was canceled, and the press did not miss the opportunity to report with great detail on the chaotic dispute. Musk urged the Zip2 board to dismiss Sorkin and reappoint him as CEO of the company. The board refused. In the end, Musk lost his position as president and Sorkin was replaced by Derek Proudian, a venture capitalist who worked with Mohr Davidow.
Musk, the internet pioneer, proved his worth and at the same time he was lucky. He came up with a good idea, turned it into a real service and left the internet bubble with money in his pocket, which was more than many others could say. But it was a painful process. Musk had wanted to be a leader, but it was hard for the people around him to see him as CEO. As far as Musk was concerned, they were all wrong, and he set out to prove it with even more spectacular results.

He wanted to create a financial institution that would operate on the internet, where clients would have current accounts and save their savings, and where insurance and investment services would be offered. The technology to achieve it was within reach, but overcoming the tangle of regulations to create a bank of these characteristics from scratch was a very complicated problem for the most optimistic, and simply irresolvable for the more judicious. It was not about indicating how to get to a pizzeria or to collect a list of addresses, but about managing people’s money. And if the service did not work as it should, the consequences would be serious.
Far from being daunted, Musk launched his new project even before selling Zip2.
That race for online payments offered Musk the opportunity to demonstrate his mental quickness and his work ethic. He did not stop devising plans to counter the advantage that PayPal had acquired in relation to auction sites such as eBay, and he demanded that X.com employees put their measures into practice as quickly as they could, igniting their competitive nature without giving them a truce.
PayPal had an income of some two hundred and forty million dollars a year: everything indicated that it would go ahead as an independent company and that it would start trading on the stock market. The resilience of Musk and Moritz ended up bearing fruit. In July 2002, eBay offered 1.5 billion dollars for PayPal, and the board of directors accepted. Musk earned some two hundred and fifty million dollars with the operation, which remained at one hundred and eighty million after paying taxes, a figure more than enough to materialize his boldest dreams.
All in all, the PayPal episode did not stop being problematic for Musk. His reputation as a leader was undermined after the agreement, and the media attacked him harshly for the first time.

The failures did not seem to affect the ideas that Musk caressed in the future or arouse doubts about his abilities. In the middle of the chaos, he made a trip through the islands in the company of Worden. Musk began to talk about the possibility of uniting the islands to form a landmass. Walls could be built on the small channels between the islands, and the water could be pumped as in the channels of the Netherlands. Worden, also known for his eccentric ideas, was attracted by Musk’s audacity. “I loved hearing him say those things,” says Worden. From then on we started talking about the possibility of setting up on Mars. I was very impressed that this guy thought big.
The big US car companies struggled to avoid falling into bankruptcy while facing the worst economic crisis since the Great Depression. In the middle of that panorama, Musk had to convince Tesla investors to contribute several tens of millions of dollars, and investors had to go to their financiers to explain that the operation made sense. As Musk has said: “Imagine you have to explain that you are investing in an electric car company, and everything that is published about it indicates that it does not work, that it seems doomed to failure, that we are experiencing a recession and that nobody is buying a car”. All Musk had to do to get Tesla out of that quagmire was to lose every last penny of his fortune and get on the verge of collapse.
Zip2, PayPal, Tesla, SolarCity … All these companies are manifestations of Musk. SpaceX is Musk is his Falcon 9. His weak points emanate directly from him, as well as his success. This stems in part from Musk’s manic attention to detail and his involvement in every aspect of SpaceX. It is practical to an extent that would make Hugh Hefner, the millionaire Playboy owner, feel inept. And part of it is explained because SpaceX is the apotheosis of the Musk cult. The employees fear Musk. They worship Musk. They give their lives to Musk. And, usually, they do all that at the same time.
Your demanding management style can only give results because the company is not-literally-of this world. While the rest of the aerospace industry has enough to keep sending what appear to be relics of the 1960s into space, SpaceX has set out to do just the opposite. Their rockets and their reusable ships look like authentic 21st century machines. The modernization of the equipment is not just a matter of image; reflects the constant commitment of the company to improve its technology and transform the economic factors of this industry. Musk does not want to simply reduce the cost of sending satellites and carrying supplies to the space station. He wants to reduce the cost of launches to the point that it is economical and practical to send thousands and thousands of supply flights to Mars and start a colony.

Musk had set out to build an electric car that was not burdened by concessions. Did. Then, applying a kind of business judo, ended decades of criticism of electric cars. The Model S was not only the best electric car; It was the best car, period. And, in addition, the car that people wanted. The United States had not seen a car company so successful since Chrysler appeared in 1925. The original price of $ 92,000 raising up to $ 109,000
Tesla has become the star of modern American industry, and his rivals have been annihilated. Fisker Automotive filed for bankruptcy and in 2014 it was purchased by a Chinese auto parts manufacturer. One of its main investors was Ray Lane, a venture capitalist at Kleiner Perkins Caufield & amp; Byers. Because of Lane, Kleiner Perkins lost the opportunity to invest in Tesla and later supported Fisker, a disastrous move that tarnished his brand image and Lane’s reputation.
Those who have been at Tesla from the beginning are quick to remind people that the possibility of making a formidable electric car had always been there. “It’s not that the idea just came up and we got ahead of the others,” says Straubel. A posteriori is usually forgotten that people thought it was the most frightening business opportunity in the world. Venture capitalists came out on foot. “What distinguishes Tesla from its rivals has been its willingness to make that vision a reality without compromising, its absolute dedication to reaching the level demanded by Musk.

SolarCity, like the other Musk companies, did not represent as much a business opportunity as a world view. Musk had decided much earlier – in his completely rational way – that solar had meaning. In one hour, the surface of the Earth receives an amount of solar energy equivalent to the world consumption coming from all the other sources put together. The efficiency of the solar panels had been improving at a constant rate. If solar energy was destined to be the preferred source of energy for humanity in the future, then that future had to come true as soon as possible.
In 2014, SolarCity began to show without restraint the true extension of its ambitions. First, the company began selling energy storage systems. Those units were manufactured in partnership with Tesla Motors. The battery packs were manufactured in Tesla and stored in metal boxes the size of a refrigerator. Individual customers and companies could acquire those storage systems to improve their arrays of solar panels. Once charged, the batteries could be used to maintain the supply of large consumers at night or in case of unexpected blackouts. Customers could also use the batteries instead of the power grid at peak times, when the supply tends to be more expensive. Although SolarCity distributed the storage units discreetly, on an experimental basis, the company expected that most of the customers who purchased the system would gradually move to solar energy, which would help the public and companies to be leaving the electricity network.
SolarCity is a key element in what could be called the unified field theory of Musk. Each and every one of its companies are interconnected in the short and long term. Tesla manufactures battery packs that SolarCity sells to consumers. SolarCity provides Tesla charging stations with solar panels, helping the latter to provide free recharges to drivers. Owners of S-models just out of the factory often choose to adhere to the Musk lifestyle and install solar panels in their homes. Tesla and SpaceX also help each other. They exchange knowledge about materials, manufacturing techniques and the complexities of operating factories that build so many things from scratch.

This future, of course, is not guaranteed. The three Musk companies face immense technological challenges. Musk has opted for the inventiveness of man and for the capabilities of solar, aerospace and energy technologies meet the predictions in terms of prices and performance. And even if bets are settled as Musk expects, Tesla may have to face unexpected vehicle withdrawal. A SpaceX rocket that carries passengers can explode (an accident like this can very well sink the company immediately). Any of the things Musk does carries spectacular risks.

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