Los Peces No Cierran Los Ojos — Erri De Luca / I Pesci Non Chiudono Gli Occhi by Erri De Luca

En esta breve obra sin ser la mejor sigue teniendo una calidad asombrosa, con su infancia rodeado de la pesca y los peces y además el amor por los libros también el amor femenino, seguramente transmitido por la familia. A la edad en la que los niños dejan de llorar, yo, por el contrario, empezaba. La infancia había sido una guerra, a mi alrededor morían más los niños que los viejos. Nada en su época era un juguete, por más que se la jugaran tenazmente. Yo me había librado, pero debía merecerme el tiempo.
Permanecía encerrado en la infancia, cual seca ama de cría tenía el cuartito donde dormía bajo los castillos de libros de mi padre.
Que decir de su lectura del Quijote y entre sus amores literarios también el amor femenino. En primero podía usarse bolígrafo. «Eshsh-cribid»: a la orden del maestro se empuñaba la plumilla y se sumergía. Si el ángulo de la punta sobre el papel era ancho, la gota de tinta se precipitaba sobre la hoja. Si el ángulo era estrecho, no corría y se rascaba en vano. El índice y el medio se impregnaban del pringue de aquel azul. Como instrumental, la hoja de papel secante: los escolares pobres no podían adquirirla, de modo que secaban con el aliento, pero soplando en la justa medida, en régimen de brisa, para no esparcir la tinta. Bajo el aliento ponderado, las letras temblaban relucientes, como lo hacen las lágrimas y las brasas.

La guerra me robó la mejor edad. A la guerra sí que le debe dar scuorno. —Lo pensó un poco—. Sí, de un chico, andaba detrás de mí, yo tenía diecisiete años. Había bastantes revoloteando a mi alrededor, yo era guapa, libre. Sí, la guerra permitía una extraña libertad. Los adultos estaban ocupados con asuntos serios, estaban menos encima de sus hijos. Los bombardeos aéreos nos volvían iguales e incluso útiles. Aquel chico me cortejaba. Era el cuarenta y dos, le tocó partir de marinero. Me pidió una cita el día anterior, no sé por qué no acudí, distraída por otras cosas. Me escribió una carta. Su nave fue hundida.
¿Estás enamorado de mí?
—¿Se dice así? Empezó por la mano, que se enamoró de la tuya. Después se enamoraron las heridas que se pusieron a curarse a toda prisa, la tarde que viniste a verme y me tocaste. Cuando saliste de la habitación, me sentía mejor, me levanté de la cama y al día siguiente estaba en la playa.
—Entonces ¿te gusta el amor?
—Es peligroso. Provoca heridas y después, a causa de la justicia, más heridas. No es una serenata en el balcón, se parece a una marejada de ábrego, revuelve el mar por encima y por debajo lo remueve. No sé si me gusta.
—El beso que te di, ¿eso te gustó por lo menos?
—Ése no me lo diste a mí, se lo restregaste en la cara a los dos que estaban por los suelos.

El narrador, desde su vida adulta, recuerda el verano en que cumplió 10 años, una edad señalada: por primera vez, se escribe con dos cifras y aunque él siente que su mente, su alma, en definitiva su vida, está cambiando, su frágil cuerpo parece no acompañarle en este crecimiento.
En una época complicada en la que ser italiano tras la guerra fascista no será fácil, y con unos orígenes de esos que imprimen carácter, ser napolitano, nuestro protagonista tiene una “peculiar” forma de conocer el mundo y a quiene lo habitan: los libros de su padre. A través de ellos entenderá a quiénes le rodean, pero hay algo que los libros no han conseguido explicarle, una palabra que aparece en la mayoría de novelas que lee y que le parece exagerada, desmedida: AMOR

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In this short work without being the best still has an amazing quality, with his childhood surrounded by fishing and fish and also the love for books also female love, surely transmitted by the family. At the age when children stop crying, I, on the contrary, started. Childhood had been a war, children around me died more than old people. Nothing in his time was a toy, no matter how hard they played it. I had been spared, but I should deserve the time.
He remained locked in childhood, as dry as a foster-mother had the little room where he slept under the castles of my father’s books.
What to speak of his reading of Quixote and among his literary loves also female love. In first could use pen. “Eshsh-cribid”: at the order of the teacher he held the pen and submerged himself. If the angle of the tip on the paper was wide, the drop of ink would fall on the sheet. If the angle was narrow, it would not run and scratch in vain. The index and the medium were impregnated with the pringue of that blue. As instrumental, the sheet of blotting paper: the poor schoolchildren could not acquire it, so that they dried with the breath, but blowing in the right measure, in a breeze, so as not to scatter the ink. Under the pondered breath, the letters trembled gleaming, as tears and embers do.

The war robbed me of the best age. To the war yes that must give him scuorno. He thought a little. Yes, of a boy, he was after me, I was seventeen years old. There were enough fluttering around me, I was beautiful, free. Yes, war allowed a strange freedom. The adults were busy with serious matters, they were less on top of their children. The aerial bombardments made us equal and even useful. That boy courted me. It was forty-two, he had to leave as a sailor. He asked me for an appointment the day before, I do not know why I did not go, distracted by other things. He wrote me a letter. Your ship was sunk.
Are you in love with me?
– Is it said like that? It started with the hand, which fell in love with yours. Then the wounds fell in love and they healed up in a hurry, the afternoon you came to see me and touched me. When you left the room, I felt better, I got out of bed and the next day I was on the beach.
-Then do you like love?
-It is dangerous. It causes wounds and then, because of justice, more wounds. It is not a serenade on the balcony, it resembles a swell of ábrego, it revolves the sea above and below it removes it. I do not know if I like it.
-The kiss I gave you, did you like that at least?
– You did not give it to me, you rubbed it in the face of the two who were on the floor.

The narrator, from his adult life, remembers the summer in which he turned 10 years old, a marked age: for the first time, he writes with two figures and although he feels that his mind, his soul, ultimately his life, is changing, his fragile body seems not to accompany him in this growth.
In a complicated time in which being Italian after the fascist war will not be easy, and with some origins of those that imprint character, being Neapolitan, our protagonist has a “peculiar” way of knowing the world and who inhabits it: the books of his father. Through them he will understand who is around him, but there is something that the books have not been able to explain to him, a word that appears in the majority of novels that he reads and that seems exaggerated, excessive: LOVE

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