Twist — Harkaitz Cano Jauregui (spanish book edition)

Esta es una gran obra, una novela que representa con riqueza y complejidad a víctimas del entorno abertzale. Esta novela plantea cuestiones fundamentales sobre la representación de la violencia, aquellos que la ejercen, y sus víctimas. También reflexiona sobre qué hacer con la herencia de una violencia sin resolver. Twist toma como base narrativa la historia de los dos militantes de ETA, Lasa y Zabala, que fueron secuestrados, torturados, asesinados y desaparecidos en octubre de 1983 a manos de los GAL. Desde que se conoció la desaparición de los dos jóvenes, éste se convirtió en uno de los casos más sonados de la «guerra sucia» del Estado español contra ETA, aunque hasta 1995 no se identificaron sus restos y se hizo el análisis forense, probando las torturas que sufrieron.
La rabia y la indignación ante lo que se sabía que eran crímenes del Estado —fuera uno abertzale o no— se manifestó violentamente en las calles de Euskadi, pero no se dio sólo en territorio vasco; muchos intelectuales y escritores españoles reaccionaron con fuerza contra la evidencia de que, en plena democracia española, se cometieran semejante aberraciones.
Twist es una novela compleja por varios motivos. La trama principal de la vida de Diego desde sus diecinueve hasta sus cincuenta y tantos años se entreteje, de forma intricada y con constantes saltos temporales, con la complicada historia de la formación de los GAL, del asesinato de Soto y Zeberio y de los juicios contra sus asesinos. También existe una trama secundaria que emerge intermitentemente, centrada en la desaparición del padre de Diego, una desaparición que hacia el final de la novela entendemos es provocada por el mismo padre en un intento de dejar atrás una vida que no le satisface. El subtítulo de la obra, «Seres intermitentes», anuncia el juego de apariciones y desapariciones de toda la novela; «la desaparición es el eje de su vida», nos dice el narrador sobre Diego. A través de sus más de cuatrocientas páginas, emergen los fantasmas de los dos muchachos asesinados, el fantasma del padre de Diego, los fantasmas de sus torturadores, el fantasma del ingeniero asesinado por ETA y, con ellos, la culpa y el remordimiento que también de forma espectral marcan el tempo de la vida de Diego. A través de la aparición de estos espectros se presentan una serie de ambigüedades relacionadas con la representación de la víctima y el perpetrador, el ejercicio de la violencia, la culpa y el silencio en torno a ciertos tipos de violencia muy a propósito de lo discutido hasta ahora en este ensayo.
El fantasma es una presencia del pasado que nos recuerda que hay violencias irresueltas, cuentas pendientes, instantes de dolor suspendidos en el tiempo que se repiten y nos persiguen obstinadamente, sin permitir que nos olvidemos de ellos.

En el inicio de Twist se pregunta: «¿Cómo son los fantasmas vascos?». Para responder a esta pregunta hay que saber el contexto en el que se aparece el fantasma, el contexto en el que nos aterrorizamos ante su presencia. El fantasma causa terror porque hay algo reconocible de nosotros en él, algo abyecto que reconocemos como propio y al mismo tiempo aborrecemos. Nos parece aberrante porque tal vez nos recuerda hechos vergonzosos del pasado o porque significa señalar y reconocer una violencia sin resolver. Atender al fantasma significa reconocer el pasado y, en esa respuesta ética, tal vez haya lugar para restaurar el presente.
Estos «nuevos silencios» son aquellos a los que me he venido refiriendo en este ensayo, aquellos con los que evitamos afrontar en el ahora lo que nos incomoda de nuestro pasado, aquellos con los que intentamos pasar página sin hacer un ejercicio crítico, aquellos donde nos escudamos para no reconocer nuestra participación en violencias pasadas. Pero la violencia irresuelta, sea cual sea su origen, desquicia posibles narrativas acomodaticias en el presente. Encarnado en el fantasma, el signo de la violencia se hace visible. Tal vez por esto, el narrador de Twist comienza la historia en el momento en que se abre la herida, ese momento en el que, atados de pies y manos, vendados, moribundos ya por las torturas recibidas, Soto y Zeberio son llevados al lugar donde reciben el tiro de gracia, donde sus verdugos cavan la fosa que cubrirán después con cal.
Si entendemos que la figura del fantasma representa a la víctima que reclama justicia y que nos exige una revisión del pasado, en Twist Soto y Zeberio representarán a la víctima por excelencia debido a la descompensación entre su inocencia y su muerte, extremadamente violenta e injusta. Soto y Zeberio son dos jóvenes que, a que, a pesar de formar parte de ETA, su único delito ha sido atracar un banco con pistolas de juguete; el narrador los muestra en todo momento desde la memoria de Diego como dos muchachos un poco alocados pero bondadosos, que todavía no han tenido tiempo de pervertirse ni, por supuesto, convertirse en asesinos.

La representación de Soto y Zeberio está completamente idealizada y no es casualidad que en este último capítulo, el narrador hable de «las presuntas ventajas de morir joven», que evita al fin y al cabo corrupciones, desvaríos, violencias anunciadas. A pesar de esta idealización, que se hace a través de una representación íntima de los dos jóvenes, el narrador critica ya desde el inicio de la obra la manipulación política que se ha hecho de estos «mártires» por parte de la izquierda abertzale.
Este tipo de matización, de aclaración sutil entre lo íntimo de la desgracia que supone la pérdida de Soto y Zeberio y el uso político que se da a las víctimas, es uno de los aciertos de la novela.
Otro fantasma, también víctima de una violencia injusta que acompaña en menor medida la existencia de Diego es el del ingeniero asesinado por ETA mientras estaba a su cargo. También aparece representado como una víctima inocente, aunque tiene mucho menos peso en la narrativa que la relación de Diego con Soto y Zeberio. En Diego sólo queda una memoria subterránea —que aparece en pocas ocasiones— de su responsabilidad en el secuestro del ingeniero que acabó siendo asesinado por ETA.
El lector ha establecido una relación empática con el protagonista, el narrador da una nueva vuelta de tuerca. Descubrimos que Diego, tras la desaparición de Soto, se ha quedado con todos sus escritos, los cuales plagia para ir construyendo su propia obra literaria, que resulta un éxito. Este plagio constituye una segunda traición. Cuando es descubierto, su editor le acusa, tal vez demasiado solemnemente: «Soto ha sido un mártir para tu gente, y eso que tú has hecho, eso es lo peor que puedes hacerle a un mártir: has profanado su tumba» a lo que Diego responde con su propia victimización: «Me torturaron, ésa es la verdad. Y mis torturadores siguen impunes, quién sabe dónde». Pero lo peor no acaba aquí. Cuando Diego es llamado a declarar en el juicio contra los asesinos de Soto y Zeberio (el juicio que inicia él mismo), uno de los implicados le amenaza con revelar la verdad sobre el plagio y Diego decide no declarar. Tercera traición. Queda claro que Diego no es un personaje ejemplar, pero después de este momento en que parece haberlo perdido todo, «a Diego solamente le quedaría un camino: empezar a escribir por una vez desde su propia piel, contar cómo conoció a Soto y a Zeberio, narrar todo lo que sucedió durante los momentos que compartieron y todo lo que sucedió en los momentos que no pudieron compartir.

El narrador de Twist, un narrador omnisciente focalizado en Diego, no señala en ningún momento que éste se haya olvidado de la muerte del ingeniero o prefiera no pensar en ella. En realidad, según avanza la narración, la presencia de ese evento se hace cada vez más tenue hasta llegar a desaparecer por completo. El propio narrador silencia esta parte del pasado de Diego, centrando su sentimiento de culpa exclusivamente en su traición a Soto y Zeberio. Tal vez la fidelidad a Soto es la que justifica su propia mezquindad y por eso la verdadera culpa, que es la muerte del ingeniero, está soterrada. Hay momentos en que una conexión sería obvia, y el lector —por lo menos esta lectora— se sorprende de que no ocurra. Por ejemplo, hacia el final de la novela cuando Diego intenta imaginar cómo fue el momento del secuestro de Soto y Zeberio no establece ninguna relación con el secuestro del ingeniero, cuando la correlación no es ya obvia, sino casi diría necesaria.

Nuestros fantasmas y los fantasmas que hemos de heredar. Los que nos hacen culpables y los que nos hacen nacer culpables». Todos estos fantasmas habitan Twist y son los fantasmas que la generación de Harkaitz Cano, mi generación, hemos heredado. Con ellos convivimos. La pregunta es: ¿qué hacer ahora? ¿Cómo aceptamos y hacemos productiva esa herencia?.
El marco afectivo, ambiguo y complejo, en el que se inscribe esa memoria del terror en Euskadi. Es un marco afectivo que, a través de Diego Lazkano, presenta la herida abierta de la violencia, la complicidad, el silencio, la cobardía, la impunidad. Es un protagonista que no nos despierta simpatía ni ganas de identificarnos con él, pero a través de sus traiciones, desequilibrios y cobardías nos hace pensar en nuestra responsabilidad, en nuestra relación con las víctimas de la violencia, en cómo dirimimos nuestra complicidad con la misma, nuestra propia jerarquización de las víctimas, nuestra concepción de quién es el perpetrador. Y aquí es donde estriba la importancia —se esté de acuerdo o no con el proyecto de cada autor— de las obras que vengo comentando en esta parte: en romper el tabú de representación, presentarnos los afectos escondidos del conflicto, y obligarnos a explorar la duda, la interrogación y la incertidumbre. Y a los lectores nos toca lidiar con la ambigüedad que este mundo afectivo trae.

Además te transporta a México desde las primeras páginas sin estar allí o la Argentina cambalache… Esta novela no defrauda.

This is a great work, a novel that represents with richness and complexity to victims of the abertzale environment. This novel raises fundamental questions about the representation of violence, those who exercise it, and its victims. It also reflects on what to do with the legacy of unresolved violence. Twist takes as a narrative basis the story of two ETA militants, Lasa and Zabala, who were kidnapped, tortured, killed and disappeared in October 1983 by the LAGs. Since the disappearance of the two young people, it became one of the most famous cases of the “dirty war” of the Spanish State against ETA, although until 1995 their remains were not identified and the forensic analysis was done, proving the tortures they suffered.
The rage and indignation at what was known to be state crimes – whether one of the Basque people or not – manifested itself violently in the streets of Euskadi, but it was not only in Basque territory; many Spanish intellectuals and writers reacted strongly against the evidence that, in the midst of Spanish democracy, such aberrations were committed.
Twist is a complex novel for several reasons. The main plot of Diego’s life from his nineteen to his fifties is intertwined, intricate and with constant time jumps, with the complicated history of the formation of the LAGs, the murder of Soto and Zeberio and the trials against their killers. There is also a secondary plot that emerges intermittently, centered on the disappearance of Diego’s father, a disappearance that towards the end of the novel we understand is provoked by the same father in an attempt to leave behind a life that does not satisfy him. The subtitle of the work, “Intermittent Beings”, announces the game of appearances and disappearances of the whole novel; “Disappearance is the axis of his life,” tells the narrator about Diego. Through its more than four hundred pages, the ghosts of the two murdered boys, the ghost of Diego’s father, the ghosts of his torturers, the ghost of the engineer killed by ETA and, with them, the guilt and remorse of spectral form mark the time of the life of Diego. Through the appearance of these spectra are presented a series of ambiguities related to the representation of the victim and the perpetrator, the exercise of violence, guilt and silence around certain types of violence very much with regard to what was discussed until now in this essay.
The ghost is a presence of the past that reminds us that there are unresolved violence, unresolved accounts, moments of pain suspended in time that are repeated and persecute us stubbornly, without allowing us to forget them.

At the beginning of Twist he asks: “What are the Basque ghosts like?” To answer this question we must know the context in which the ghost appears, the context in which we are terrified by its presence. The ghost causes terror because there is something recognizable of us in it, something abject that we recognize as own and at the same time we hate. It seems aberrant because it may remind us of embarrassing events in the past or because it means pointing out and recognizing unresolved violence. Serving the ghost means recognizing the past, and in that ethical response, there may be room to restore the present.
These “new silences” are those that I have been referring to in this essay, those with which we avoid facing in the now what bothers us of our past, those with which we try to turn page without doing a critical exercise, those where we shield ourselves from recognizing our participation in past violence. But unresolved violence, whatever its origin, detracts from accommodative narratives in the present. Incarnated in the ghost, the sign of violence becomes visible. Perhaps because of this, the narrator of Twist begins the story at the moment when the wound is opened, that moment in which, tied hands and feet, bandaged, dying already by the tortures received, Soto and Zeberio are taken to the place where they receive the shot of grace, where their executioners dig the pit that will cover later with lime.
If we understand that the figure of the ghost represents the victim who demands justice and demands a review of the past, in Twist Soto and Zeberio will represent the victim par excellence due to the decompensation between his innocence and his death, extremely violent and unjust. Soto and Zeberio are two young people who, despite being part of ETA, their only crime has been to dock a bank with toy pistols; the narrator shows them at all times from Diego’s memory as two boys, a little crazy but kind, who have not yet had the time to pervert or, of course, become murderers.

The representation of Soto and Zeberio is completely idealized and it is no coincidence that in this last chapter, the narrator speaks of “the alleged advantages of dying young”, which at last avoids corruption, riots, announced violence. Despite this idealization, which is made through an intimate representation of the two young people, the narrator criticizes the political manipulation that has been made of these “martyrs” on the part of the abertzale left since the beginning of the work.
This kind of qualification, of subtle clarification between the intimacy of the misfortune of the loss of Soto and Zeberio and the political use that is given to the victims, is one of the successes of the novel.
Another ghost, also victim of an unjust violence that accompanies to a lesser extent the existence of Diego is the one of the engineer assassinated by ETA while in its charge. He is also represented as an innocent victim, although he has much less weight in the narrative than Diego’s relationship with Soto and Zeberio. In Diego only remains an underground memory – that appears in few occasions – of its responsibility in the kidnapping of the engineer who ended up being assassinated by ETA.
The reader has established an empathic relationship with the protagonist, the narrator gives a new twist. We discover that Diego, after Soto’s disappearance, has kept all his writings, which he plagiarized to build his own literary work, which is a success. This plagiarism constitutes a second betrayal. When he is discovered, his editor accuses him, perhaps too solemnly: “Soto has been a martyr for your people, and what you have done, that is the worst thing you can do to a martyr: you have desecrated his tomb” Diego responds with his own victimization: “They tortured me, that’s the truth. And my torturers go unpunished, who knows where. ” But the worst does not end here. When Diego is called to testify in the trial against the murderers of Soto and Zeberio (the trial that initiates himself), one of the implicated threatens him with revealing the truth about the plagiarism and Diego decides not to declare. Third betrayal. It is clear that Diego is not an exemplary character, but after this moment when he seems to have lost everything, “Diego would only have one way: to start writing for once from his own skin, to tell how he met Soto and Zeberio, to tell everything that happened during the moments they shared and everything that happened in the moments that they could not share.

The narrator of Twist, an omniscient narrator focused on Diego, does not at any time point out that he has forgotten the engineer’s death or prefers not to think about it. In fact, as the narrative progresses, the presence of that event becomes increasingly tenuous until it disappears completely. The narrator himself silences this part of Diego’s past, focusing his sense of guilt exclusively on his betrayal of Soto and Zeberio. Maybe fidelity to Soto is what justifies his own pettiness and that is why the real fault, which is the death of the engineer, is buried. There are times when a connection would be obvious, and the reader – at least this reader – is surprised that it does not happen. For example, towards the end of the novel when Diego tries to imagine how the time of the kidnapping of Soto and Zeberio establishes any relation to the engineer’s kidnapping, when the correlation is not already obvious, but would almost seem necessary.

Our ghosts and the ghosts that we have to inherit. Those who make us guilty and those who make us born guilty. ” All these ghosts inhabit Twist and are the ghosts that the generation of Harkaitz Cano, my generation, have inherited. With them we live together. The question is: what to do now? How do we accept and make that heritage productive?.
The affective, ambiguous and complex framework, in which this memory of terror is inscribed in Euskadi. It is an affective framework that, through Diego Lazkano, presents the open wound of violence, complicity, silence, cowardice, impunity. He is a protagonist who does not arouse us sympathy or desire to identify with him, but through his betrayals, imbalances and cowardice makes us think about our responsibility, our relationship with the victims of violence, how we dissolve our complicity with it , our own hierarchy of victims, our conception of who the perpetrator is. And this is where the importance of the works that I comment on in this part is based on whether or not I agree with the project of each author: to break the taboo of representation, to present the hidden affects of the conflict, and to force ourselves to explore doubt, questioning and uncertainty. And the readers have to deal with the ambiguity that this affective world brings.

Reading this novel imagine you to Mexico from the first pages without being there or Argentina cambalache … This novel does not disappoint.

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