El Eco De Los Disparos — Edurne Portela / The Echo Of The Shots by Edurne Portela (spanish book edition)

Me ha gustado bastante este ensayo. El silencio es la reacción más natural ante el miedo. A nadie le gusta hablar más de la cuenta, que le etiqueten, que le comprometan. Cada cual va a lo suyo y bastante tenemos con la que nos cae encima. Pero el silencio puede ser cómplice de la tragedia, tanto durante como después de la misma. Y Edurne Portela, de la generación que nació en los 70 y creció en los 80 en el País Vasco, nos trae referencias históricas, culturales y sociales que nos dan a todos una medida exacta de nuestro silencio, para darnos cuenta de que es posible y saludable romperlo.
La autora pone a la sociedad vasca, a la española también, ante sus monstruos; ante una verdad muy incómoda; te presenta la gran pregunta que toda sociedad tiene que hacerse para seguir evolucionando hacia una comunidad sana. Pero para que no haya resquicios de duda sobre su imparcialidad, lo hace desde un minucioso análisis de la realidad vasca, sus familias, sus dirigentes actuales y anteriores, sus cuadrillas, … Son sus gestos, sus miradas, sus conversaciones cotidianas los que ponen de manifiesto que la sociedad vasca, ante el terrorismo de ETA, no sólo no se ha curado, sino que ha se ha creado un traje a medida para auto perdonarse. Como el chico de Bayona, la sociedad vasca, más tarde o más temprano, tendrá que asumir su error y hacerse su pregunta ante el espejo. Sólo entonces podrá comenzar a evolucionar.

El problema vasco, como cualquier problema en que ha habido una división social profunda, no es dirimible en la zona de los blancos y negros, de las certezas y verdades absolutas, sobre todo si entramos en el mundo de la imaginación y los afectos, del conflicto y su representación: la visión de una persona que ha vivido la experiencia y después de poner tierra, años y una formación académica por medio, ha vuelto a ella con una perspectiva crítica en la que lo personal juega un papel fundamental.
A lo largo de este proyecto tenemos dos conceptos básicos relacionados con el lenguaje creativo que ha tratado el tema vasco, el de imaginación contaminada y el de imaginación ética.
La incapacidad de hablar de política por miedo a posibles enfrentamientos a nivel social (entre amigos, familiares o conocidos), ha dañado profundamente la cultura política en el País Vasco y la capacidad de comunicar puntos de vista divergentes. La práctica de silencio en nuestra sociedad tiene que ver más con la imposición del discurso unívoco de los violentos, que con la represión por parte del Estado español, por más que reconozcamos lo problemático del punto de vista garzoniano de «todo es ETA».
En una sociedad como la vasca, en la que la mayoría ha guardado silencio ante la violencia, se podría decir que la fuerza con la que el fanatismo se apropia del lenguaje estriba precisamente en que aísla a los «no fanáticos» a mantenerse en silencio. Tal vez porque están demasiado agotados de violencia, porque no desean generar más, ni contra sí mismos ni contra otros, porque a veces callar resulta más saludable y sobre todo más seguro. Es decir, el fanático para quien su idea es más importante que los sentimientos de los otros, que el bienestar, la paz, la ausencia de dolor, aquél siempre acaba imponiendo su discurso totalitario, sustentado con una amenaza de violencia, ya sea ésta física o verbal. Entonces, para conseguir la concordia es necesario que los demás callen, que no señalen la agresión ni su amenaza, porque hacerlo podría producir una escalada.

A destacar la importancia de diferenciar entre la categoría de víctima real, de carne y hueso y su representación en la ficción. El territorio de la víctima real es intricado, ya que en él se mezclan cuestiones tan difíciles y sensibles como el resentimiento y la venganza, el dolor y la política, la reivindicación a través del sufrimiento personal del derecho a la reparación.
Ha existido en nuestra sociedad lo que se puede denominar una «economía de los afectos»; con esta expresión me refiero a esa práctica tan común en toda sociedad en conflicto de valorar quién merece compasión y quién no; qué causas despiertan nuestra solidaridad y cuáles nuestro desprecio; quién entendemos que trae la alegría y quién la tristeza a nuestro entorno; quién supone una amenaza y quién creemos que asegura nuestro bienestar e incluso nuestra supervivencia. En nuestra sociedad se ha visto con bastante normalidad que algunas personas, debido a sus cargos políticos, su ocupación profesional o su ideología y/o clase social, hayan sido el objetivo de ETA y de sus colaboradores. También significa aceptar que, debido a sus vínculos con la izquierda abertzale, sospechosos de pertenecer al entramado de ETA sean torturados, encarcelados con largas sentencias lejos de sus familias, o que los asesinatos del GAL estuvieran justificados en su momento.

Tanto exigir una petición de perdón como esperar que la víctima algún día lo conceda es no sólo poner, al inicio de la conversación, una condición que pertenece al universo personal de los que han sido directamente afectados por la violencia, sino que también demanda un acto que en algunas ocasiones resulta además de imposible, indeseable.

I really liked this essay. Silence is the most natural reaction to fear. No one likes to talk more about the account, that they label him, that they commit him. Each one goes to his own and we have enough with which we fall on top. But silence can be an accomplice of tragedy, both during and after it. And Edurne Portela, of the generation that was born in the 70’s and grew up in the 80’s in the Basque Country, brings us historical, cultural and social references that give us an exact measure of our silence, to realize that it is possible and healthy break it.
The author puts the Basque society, the Spanish also, before its monsters; before a very uncomfortable truth; presents to you the great question that every society has to make in order to continue to evolve towards a healthy community. But for there to be no doubt about his impartiality, he does so from a thorough analysis of Basque reality, his families, his current and former leaders, his crews … It is his gestures, his looks, his daily conversations that show that Basque society, in the face of ETA terrorism, has not only not been cured, but has created a custom-made suit for self-forgiveness. Like the boy from Bayonne, Basque society, sooner or later, will have to assume its error and ask its question in the mirror. Only then can you begin to evolve.

The Basque problem, like any problem in which there has been a deep social division, is not reducible in the area of ​​whites and blacks, of certainties and absolute truths, especially if we enter the world of imagination and affections, of conflict and its representation: the vision of a person who has lived the experience and after putting land, years and an academic training through, has returned to it with a critical perspective in which the personal plays a fundamental role.
Throughout this project we have two basic concepts related to the creative language that has dealt with the Basque theme, the contaminated imagination and the ethical imagination.
The inability to talk about politics for fear of possible social confrontations (among friends, relatives or acquaintances) has deeply damaged the political culture in the Basque Country and the ability to communicate divergent views. The practice of silence in our society has to do more with the imposition of the univocal discourse of the violent, than with repression by the Spanish State, even if we recognize the problematic of the Garzonian view of “everything is ETA”.
In a society like the Basque, where most have been silent about violence, one could say that the force with which fanaticism appropriates language is precisely that it isolates non-fanatics to remain silent. Perhaps because they are too exhausted from violence, because they do not want to generate more, neither against themselves nor against others, because sometimes silence is healthier and, above all, safer. That is, the fanatic for whom his idea is more important than the feelings of others, that well-being, peace, the absence of pain, always ends up imposing his totalitarian discourse, sustained by a threat of violence, whether physical or verbal. To achieve harmony, then, it is necessary for the others to remain silent, not to point out the aggression or its threat, because doing so could lead to an escalation.

To emphasize the importance of differentiating between the category of real victim, flesh and bone and their representation in fiction. The territory of the real victim is intricate, since it mixes such difficult and sensitive issues as resentment and revenge, pain and politics, the claim through personal suffering of the right to reparation.
There has been in our society what may be termed an “economy of affection”; with this expression I mean that practice so common in any society in conflict to assess who deserves compassion and who does not; what causes our solidarity and what our contempt; who we understand brings joy and who brings sadness to our surroundings; who is a threat and who we believe ensures our well-being and even our survival. In our society it has been quite normal for some people, because of their political positions, their professional occupation or their ideology and / or social class, to have been the objective of ETA and its collaborators. It also means accepting that, because of their links with the abertzale left, suspected of belonging to the ETA network are tortured, imprisoned with long sentences away from their families, or that the LAG murders were justified at the time.

Demandin’ a request for forgiveness, or to expect the victim to grant it, is not only to place at the beginning of the conversation a condition that belongs to the personal universe of those who have been directly affected by the violence, but also demand an act which in some cases is also impossible, undesirable.

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