Por Qué Creemos En Cosas Raras — Michael Shermer / Why People Believe Weird Things by Michael Shermer

Sin duda me ha parecido una buena lectura y recomendable. Las ideas más peregrinas tienen hoy que adoptar una vestidura «científica» para obtener credibilidad.
La actitud escéptica es objeto de las críticas que reservamos para actividades que, como la limpieza de basuras, resultan imprescindibles para que la vida resulte sana y segura, pero o bien carecen del más mínimo encanto o bien no merecen la menor de las celebraciones. Y, sin embargo, el escepticismo es, por tradición, una actividad noble, como demuestran la etimología del término (es de origen griego y, en griego clásico, significa «reflexión»).
Las críticas al escepticismo se derivan de que, pese a que se trata de una actitud necesaria, no puede considerarse más que como una supresión negativa de afirmaciones falsas. El descrédito de una fe sólo se hace en interés de un modelo de explicación alternativo y no como un mero ejercicio de nihilismo.

La vida es contingente y está poblada de incertidumbres: la más temible de ellas es la forma, el momento y el lugar de nuestra muerte. Para un padre, un miedo mayor es la muerte de su hijo, lo que hace que quienes han sufrido esa pérdida sean especialmente vulnerables a lo que los profesionales de lo paranormal tienen que ofrecer. Bajo la presión de la realidad, nos volvemos crédulos. En echadores de cartas, quirománticos, astrólogos y videntes, buscamos certidumbres tranquilizadoras. Nuestras facultades críticas quedan suspendidas bajo el ataque de promesas y esperanzas que apacigüen las grandes angustias de la vida. ¿No sería maravilloso que, en realidad, no llegáramos a morir? Por supuesto. Los escépticos no somos distintos a los crédulos en lo que respecta a estos deseos. Es un antiguo anhelo humano.
Esa esperanza nos impulsa a todos —a escépticos y a crédulos por igual— hacia los misterios sin resolver, a buscar significado espiritual en un universo físico, a desear la inmortalidad y a querer que nuestro deseo de eternidad pueda realizarse. Es lo que lleva a tantas personas a acercarse a los profesionales de lo espiritual, a los gurús de la New Age y a los médiums que aparecen en televisión y que ofrecen un pacto propio de Fausto: eternidad a cambio de la suspensión de nuestras capacidades críticas (y, normalmente, una aportación a sus arcas privadas).
Pero de la esperanza nace lo eterno también para científicos y escépticos. Nos fascinan los misterios y nos asombra el universo…

El escepticismo moderno se identifica con el método científico, que requiere la recogida de datos para comprobar la validez de algunas explicaciones naturales de fenómenos naturales. Una teoría se confirma cuando existe un consenso generalizado, razonable y relativamente duradero sobre su validez. Pero para la ciencia todos los hechos son provisionales y se pueden poner en tela de juicio. Así pues, el escepticismo es un método que conduce a conclusiones provisionales. Algunas cosas, como los zahoríes, la percepción extrasensorial y el creacionismo, han tenido que pasar un examen y han suspendido con la suficiente frecuencia para que, provisionalmente, podamos llegar a la conclusión de que son falsas. Otras cosas como la hipnosis, los detectores de mentiras y la vitamina C también se han sometido a examen, pero sin resultados concluyentes, así que debemos seguir formulando hipótesis hasta llegar a una conclusión profesional. La clave del escepticismo consiste en navegar por los traicioneros estrechos que discurren entre ese escepticismo que dice «no sé nada» y la credulidad del «todo vale» aplicando el método científico continuada y vigorosamente.
El problema del escepticismo puro es que, cuando lo llevamos al extremo, no se sostiene. Si somos escépticos con todo, tenemos que ser escépticos también con nuestro propio escepticismo. Igual que una partícula subatómica, el escepticismo puro se desintegra poco después de empezar a existir.
Con el método científico buscamos objetividad: conclusiones basadas en la validación externa. Y evitamos el misticismo: conclusiones basadas en intuiciones personales que eluden la validación externa.
La intuición no tiene nada de malo si se utiliza como punto de partida. Muchos científicos han atribuido sus importantes ideas a la intuición y a otros saltos mentales difíciles de explicar.

Las ciencias históricas hunden sus raíces en la profusa colección de datos del pasado que, aunque no se repiten, constituyen fuentes válidas de información para establecer relaciones entre acontecimientos concretos y para confirmar hipótesis generales. La imposibilidad de observar los sucesos del pasado o de realizar experimentos controlados no es óbice para la existencia de las ciencias de la paleontología y de la geología, de modo que ¿por qué va a serlo para una ciencia de la experiencia humana? La clave está en la capacidad para comprobar las hipótesis. Basándose en los datos del pasado, el historiador elabora una hipótesis que luego contrasta con nuevos datos de otras fuentes históricas.

La ciencia no es como la pseudociencia y la historia no es como la pseudohistoria, y no sólo por pruebas y la plausibilidad, sino por cómo cambian. La ciencia y la historia son acumulativas y progresivas porque continúan mejorando y perfeccionando el conocimiento del mundo y de nuestro pasado basándose en nuevas observaciones e interpretaciones. La pseudohistoria y la pseudociencia, si es que llegan a hacerlo, cambian sobre todo por razones personales, políticas o ideológicas.

La conciencia tiene dos características:
1. Observamos y observar nuestro entorno de modo que las percepciones, recuerdos y pensamientos se representan con precisión y conscientemente.
2. Controlamos y controlar nuestro entorno para que podamos iniciar y dar por concluidas nuestras actividades cognitivas y conductuales». Por lo tanto, un estado alterado de conciencia tendría que interferir con nuestra observación precisa de percepciones, recuerdos y pensamientos, y también perturbar el control de nuestra conducta y conocimiento del entorno.

Una de las fuerzas que impulsan las religiones, el misticismo, el espiritualismo, el movimiento New Age y la fe en la percepción extrasensorial y en los poderes mentales es el deseo de trascender el mundo material, de dar un paso más allá del aquí y del ahora, atravesar lo invisible y entrar en otro mundo que queda más allá de los sentidos. Pero ¿dónde está ese otro mundo y cómo se llega a él? ¿Qué atractivo tiene ese lugar del que no sabemos nada? ¿Acaso la muerte no es más que una transición a ese otro lado?.
La muerte, o al menos el fin de la vida, parece ser el límite de nuestra conciencia y la frontera de lo posible. La muerte es el último estado de conciencia alterado. ¿Es el final, o no es más que el final del principio? Job hizo la misma pregunta: «Si un hombre muere, ¿puede volver a vivir?». Evidentemente, nadie puede saberlo, pero muchas personas que piensan que sí, que lo saben, y buen número de ellas tratan de convencer a los demás de que tienen razón. Esa pregunta es una de las razones de que haya, literalmente, miles de religiones organizadas en el mundo y de que todas ellas reclamen para sí el conocimiento de la respuesta.

El sistema de creencias de la abducción de John Mack opera en cierta manera como una religión y otras creencias basadas en la fe, porque, quienes creen no necesitan pruebas y quienes no creen no pueden aportar ninguna prueba. Dicho de otra manera, la creencia en los ovnis y en las abducciones extraterrestres, como otras creencias raras, es ortogonal e independiente de las evidencias que existan en su favor o en su contra y de la inteligencia de quienes la defienden.

I’ve certainly found it a good read and recommended. Today’s pilgrim ideas have to adopt a “scientific” garb for credibility.
The skeptical attitude is the object of criticism that we reserve for activities that, like the cleaning of garbage, are essential for a healthy and safe life, but either lack the slightest charm or do not deserve the least of the celebrations. And yet, skepticism is traditionally a noble activity, as the etymology of the term demonstrates (it is of Greek origin and, in classical Greek, it means “reflection”).
The criticisms of skepticism stem from the fact that, although it is a necessary attitude, it can only be considered as a negative suppression of false statements. The discrediting of a faith is only done in the interest of an alternative model of explanation and not as a mere exercise of nihilism.
Life is contingent and is full of uncertainties: the most formidable of them is the form, the moment and the place of our death. For a father, a greater fear is the death of his son, which makes those who have suffered that loss are especially vulnerable to what professionals of the paranormal have to offer. Under the pressure of reality, we become gullible. In letter-writers, palmists, astrologers and seers, we seek reassuring certainties. Our critical faculties are suspended under the attack of promises and hopes that appease the great anguish of life. Would not it be wonderful if we did not actually die? Of course. Skeptics are no different from the gullible when it comes to these desires. It is an old human yearning.
That hope impels us all – skeptical and credulous alike – to unresolved mysteries, to seek spiritual meaning in a physical universe, to desire immortality and to want our desire for eternity to be realized. It is what leads so many people to approach the professionals of the spiritual, the gurus of the New Age and the mediums that appear in television and that offer a pact of Faust own: eternity in exchange for the suspension of our critical capacities ( and usually a contribution to their private coffers).
But from the hope is born the eternal also for scientists and skeptics. We are fascinated by mysteries and we are amazed by the universe …
Modern skepticism is identified with the scientific method, which requires the collection of data to verify the validity of some natural explanations of natural phenomena. A theory is confirmed when there is a generalized, reasonable and relatively durable consensus on its validity. But for science all facts are provisional and can be called into question. Thus, skepticism is a method that leads to tentative conclusions. Some things, such as the goshawks, extrasensory perception, and creationism, have had to pass an examination and have been suspended often enough so that we may tentatively conclude that they are false. Other things like hypnosis, lie detectors and vitamin C have also been tested, but without conclusive results, so we must continue to formulate hypotheses until we reach a professional conclusion. The key to skepticism is to navigate the treacherous narrows that run between that skepticism that says “I know nothing” and the credulity of “anything goes” applying the scientific method continuously and vigorously.
The problem of pure skepticism is that, when we take it to the extreme, it does not hold. If we are skeptical of everything, we have to be skeptical too with our own skepticism. Like a subatomic particle, pure skepticism disintegrates shortly after it begins to exist.
With the scientific method, we seek objectivity: conclusions based on external validation. And we avoid mysticism: conclusions based on personal intuitions that elude external validation.
Intuition is not a bad thing if it is used as a starting point. Many scientists have attributed their important ideas to intuition and to other mental leaps difficult to explain.

The historical sciences are rooted in the profuse collection of data from the past which, although they are not repeated, are valid sources of information for establishing relationships between specific events and for confirming general hypotheses. The impossibility of observing the events of the past or conducting controlled experiments is not an obstacle to the existence of the paleontology and geology sciences, so why should it be for a science of human experience? The key is in the ability to test hypotheses. Based on past data, the historian constructs a hypothesis that then contrasts with new data from other historical sources.
Science is not like pseudoscience and history is not like pseudohistory, and not just by tests and plausibility, but by how they change. Science and history are cumulative and progressive because they continue to improve and perfect the knowledge of the world and our past based on new observations and interpretations. Pseudohistory and pseudoscience, if they do so, change primarily for personal, political, or ideological reasons.
Consciousness has two characteristics:
1. We observe and observe our surroundings so that perceptions, memories and thoughts are represented accurately and consciously.
2. We control and control our environment so that we can initiate and conclude our cognitive and behavioral activities. Therefore, an altered state of consciousness would have to interfere with our precise observation of perceptions, memories and thoughts, and also disrupt the control of our behavior and knowledge of the environment.

One of the forces driving religions, mysticism, spiritualism, the New Age movement and faith in extrasensory perception and mental powers is the desire to transcend the material world, to take a step beyond the here and the now, to cross the invisible and enter into another world that is beyond the senses. But where is that other world and how is it reached? What is the attraction of this place of which we know nothing? Is death just a transition to that other side?
Death, or at least the end of life, seems to be the limit of our consciousness and the border of the possible. Death is the last state of altered consciousness. Is it the end, or is it just the end of the beginning? Job asked the same question: “If a man dies, can he live again?” Obviously, no one can know, but many people who think they do, who know, and a good number of them try to convince others that they are right. That question is one of the reasons that there are literally thousands of organized religions in the world and that all of them claim for themselves the knowledge of the answer.
John Mack’s Abduction Belief System operates in a certain way as a religion and other beliefs based on faith, because those who believe do not need proof and those who do not believe can not provide any proof. Put another way, belief in UFOs and extraterrestrial abductions, like other rare beliefs, is orthogonal and independent of the evidence that exists in their favor or against and the intelligence of those who defend it.

2 pensamientos en “Por Qué Creemos En Cosas Raras — Michael Shermer / Why People Believe Weird Things by Michael Shermer

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