Maratón. El Origen De La Leyenda — Richard A. Billows / Marathon. How One Battle Changed Western Civilization by Richard A. Billows

La mayor parte del libro está dedicada a la historia de Grecia y de Persia antes de la Batalla de Maratón. Es decir, las causas de la batalla. Luego también explica con bastante detenimiento -y de forma muy convincente, por cierto- por qué cree el autor que la Batalla de Maratón cambió no sólo el curso de la historia de Grecia, sino de todo el mundo occidental. Es decir, las consecuencias de la batalla. Sin embargo, explica muy por encima el desarrollo de la propia batalla e, igualmente, pasa también muy rápido por las batallas del paso de las Termópilas y la de Salamina. De ahí que me haya dejado un poco decepcionado.
En definitiva, es un buen libro para conocer la enorme relevancia histórica de la Batalla de Maratón, pero no para conocer cómo se desarrolló.

La palabra o el nombre de «Maratón» nos resulta familiar en la sociedad contemporánea, pero en la mentalidad popular se encuentra asociado sobre todo con una competición deportiva, con una carrera, más que con una batalla de la Antigüedad. Algunos de los seguidores de la carrera del maratón tienen una vaga idea de la legendaria «maratón» del antiguo mensajero ateniense enviado de Maratón a Atenas para anunciar la victoria en la gran batalla contra los persas; pero sospecho que muy pocos saben que dicha carrera es en cualquier caso una leyenda y, de hecho, una leyenda bastante tardía, y que la realidad histórica es mucho más impresionante que esta única carrera cubriendo una distancia de poco más de cuarenta y un kilómetros.
Hace dos mil quinientos años, a principios de agosto del año 490 a. C., un ejército diminuto de unos 10 000 guerreros griegos fuertemente blindados —todos ellos atenienses a excepción de unos 600— se encontraba acampado al pie de las colinas meridionales que dominaban la amplia bahía y la llanura costera de Maratón al noreste del Ática. Los atenienses, y sus alrededor de 600 aliados plateos, estaban allí para defender su patria del Ática contra una fuerza invasora persa. Desde su campamento alrededor de un santuario del héroe Heracles, protegían del avance persa las carreteras que unían Maratón con Atenas, y dominaban el campamento persa que se encontraba a un nivel algo inferior en la parte septentrional de la llanura costera.
Maratón se convirtió en una batalla legendaria tanto en la Antigüedad como en la época moderna, pero de formas muy diferentes. La noción de la batalla de Maratón como un «punto de inflexión» decisivo en la historia griega y «occidental» es moderna. La batalla tuvo un significado bastante diferente para los antiguos, de manera que quizá sería más correcto referirnos a las «leyendas» de Maratón: Maratón fue una batalla legendaria para los antiguos atenienses, y después de ellos para los griegos y para el mundo antiguo en general, como la expresión última de la excelencia ateniense. La visión de Maratón como un punto de inflexión en la historia de Occidente fue una idea que se originó en la atmósfera filohelénica del romanticismo de la Europa del siglo XIX. En Inglaterra, ese filohelenismo romántico fue estimulado sobre todo por la decoración escultórica del Partenón que fue llevada a Inglaterra en 1806 y expuesta en Londres —los llamados Mármoles de Elgin— y por el levantamiento griego contra el gobierno turco otomano en 1821.
La carrera de 40 kilómetros después de la batalla, a la que se refieren las personas en la actualidad cuando utilizan la palabra «maratón». Esta leyenda entró a formar parte de la cultura occidental con la fundación de los Juegos Olímpicos modernos en 1896 por parte del barón Pierre de Coubertin.

Grecia en vísperas del conflicto persa: una sociedad vibrante y en desarrollo de ciudades-estado y otras comunidades, creciendo económicamente, expandiéndose desde el punto de vista demográfico, dando nuevos pasos adelante en logros políticos y culturales. Pero también una sociedad que seguía siendo profundamente frágil por la desunión endémica que sufría, una desunión entre ciudades rivales y dentro de ellas entre líderes y facciones rivales. La fortaleza más importante de los griegos radicaba en su sistema militar formado por hoplitas, que se basaba en el compromiso y la disciplina de miles de ciudadanos guerreros griegos que estaban dispuestos, en principio, a salir al campo de batalla y poner su vida en juego para defender su forma de vida libre. Pero ¿realmente serían capaces de hacerlo? Casi todo dependía de lo que decidieran hacer los espartanos, los guerreros hoplitas más diestros y líderes del sistema de alianza más fuerte en Grecia. ¿Presentarían batalla? Los ojos y las esperanzas de todos los griegos que querían evitar la sumisión a Persia se centraban en ellos, pero después de todo, la batalla decisiva no la acabarían librando los espartanos.

Fuera de Irán lo más probable es que muy poca gente sepa que en su momento los persas crearon y gobernaron el imperio más grande y poderoso que había visto el mundo. La fama del Imperio persa se ha visto oscurecido por el imperio de los romanos, que fue más grande y perduró durante más tiempo, y el hecho más conocido sobre el Imperio persa es probablemente el aspecto más bien negativo que fue derrotado y conquistado por Alejandro Magno. Pero entre mediados del siglo VI a. C. y la llegada de Alejandro en 334, el Imperio persa fue durante dos siglos el estado más grande, más rico y más poderoso del mundo antiguo, mucho más grande y poderoso que los imperios anteriores de los egipcios, los babilonios y los asirios. Y a pesar de la insistencia de los griegos en que los persas eran crueles y corruptos, el gobierno persa parece ser que en su conjunto fue bastante suave y justo a ojos de la mayoría de los pueblos sometidos, aunque sólo fuera en comparación con imperios anteriores.
En víspera del estallido del conflicto abierto entre Persia y los griegos, Atenas aparecía como una sociedad reformada con un sistema político nuevo y que no había sido sometido a prueba. Empezando por las reformas de Solón a principios del siglo VI, y culminando con las reformas de Clístenes a finales de siglo, Atenas se había transformado de una comunidad que no estaba completamente unida y parecía bastante retrasada, sin gran importancia militar, cultural o política, en un estado que se encontraba en la avanzadilla del desarrollo político y con un gran poder militar que iba unido a él. La gran prueba de la democracia ateniense aún estaba por llegar: ¿este sistema político y social, nuevo y destacable, podría generar la fortaleza, la resiliencia, la determinación y el liderazgo necesario para oponerse a la potencia del poderoso Imperio persa? Las circunstancias parecían decididamente en su contra, pero confiados en sus nuevas libertades, cohesión comunitaria y aumento de poder, los atenienses estaban dispuestos a pasar la prueba.
Los persas tenían una larga historia de explotar con éxito la desunión griega, y tenían razones para creer que si los atenienses, como parecía lo más probable, pretendían defender sus murallas, su desunión o las máquinas de asedio persas los de Trotarían. E incluso si los atenienses salían a campo abierto a luchar, los persas los superaban ampliamente en número y confiaban en el entrenamiento y la disciplina de sus fuerzas, que en esa época tenían a sus espaldas una larga historia de triunfos imperiales, y en particular creían que la caballería y los arqueros les proporcionaban una gran ventaja frente a los movimientos lentos y torpes de la fuerza hoplita que los atenienses podían formar para oponerse a ellos. Así que lo más probable era que los persas volvieran a embarcar en los barcos de guerra y de transporte para la corta travesía entre Eubea y el Ática en un estado de ánimo de optimismo efervescente de que la tarea quedaría completada con cierta rapidez.

Más allá de cualquier duda razonable, el impacto de una derrota ateniense en Maratón, no sólo en la historia ateniense, ni sólo en la historia de la Grecia clásica, sino en la historia y en la cultura de toda la civilización occidental, habría sido enorme: todo sería diferente. Por supuesto, se puede argumentar que incluso sin la Atenas clásica y sin las contribuciones de los grandes atenienses, los griegos habrían conseguido de alguna forma contener a los persas bajo el liderazgo espartano, y que alguna forma de cultura clásica griega podría haber surgido bajo el liderazgo y la inspiración de otros griegos. Quizá los griegos de Occidente, de Sicilia e Italia, habrían jugado un papel más importante.
La batalla de Maratón fue realmente un punto de inflexión decisivo en la civilización occidental; los 10 000 atenienses que resistieron ese día, en un sentido muy significativo, realmente «salvaron la civilización occidental».

Most of the book is dedicated to the history of Greece and Persia before the Battle of Marathon. That is, the causes of the battle. Then he also explains quite carefully – and quite convincingly, of course – why the author believes that the Battle of Marathon changed not only the course of Greek history but the entire Western world. That is, the consequences of the battle. However, it explains very well the development of the battle itself, and likewise also passes very quickly by the battles of the passage of Thermopylae and that of Salamis. That’s why I was a bit disappointed.
Foregone, it is a good book to know the enormous historical relevance of the Battle of Marathon, but not to know how it developed.

The word or the name of “Marathon” is familiar to us in contemporary society, but in the popular mind it is associated above all with a sporting competition, with a career, rather than with a battle of antiquity. Some of the followers of the marathon race have a vague idea of ​​the legendary “marathon” of the ancient Athenian messenger sent from Marathon to Athens to announce victory in the great battle against the Persians; but I suspect that very few know that such a race is in any case a legend and, indeed, a rather late legend, and that the historical reality is much more impressive than this single race covering a distance of just over forty-one kilometers.
Two thousand five hundred years ago, at the beginning of August of the year 490 a. C., a tiny army of some 10,000 heavily armored Greek warriors – all of them Athenians except for about 600 – was camped at the foot of the southern hills that dominated the wide bay and the coastal plain of Marathon to the north-east of Attica. The Athenians, and their around 600 platoon allies, were there to defend their homeland from Attica against a Persian invading force. From their camp around a shrine of the hero Heracles, they protected from the Persian advance the roads linking Marathon with Athens, and dominated the Persian camp which was somewhat lower in the northern part of the coastal plain.
Marathon became a legendary battle both in antiquity and modern times, but in very different ways. The notion of the Battle of Marathon as a decisive “turning point” in Greek and “Western” history is modern. The battle had a rather different meaning for the ancients, so perhaps it would be more correct to refer to the “legends” of Marathon: Marathon was a legendary battle for the ancient Athenians, and after them for the Greeks and for the ancient world in general, as the ultimate expression of Athenian excellence. The vision of Marathon as a turning point in the history of the West was an idea that originated in the phyllohelenic atmosphere of the romanticism of nineteenth-century Europe. In England, this Romantic phylloenenism was stimulated above all by the sculptural decoration of the Parthenon which was brought to England in 1806 and exhibited in London – the so-called Marbles of Elgin – and by the Greek uprising against the Ottoman Turkish government in 1821.
The race of 40 kilometers after the battle, to which the people today refer when they use the word “marathon”. This legend became part of Western culture with the foundation of the modern Olympic Games in 1896 by the Baron Pierre de Coubertin.

Greece on the eve of the Persian conflict: a vibrant and developing society of city-states and other communities, growing economically, expanding from the demographic point of view, taking new steps forward in political and cultural achievements. But also a society that remained deeply fragile by the endemic disunity it suffered, a disunity between rival cities and within rival leaders and factions. The most important strength of the Greeks lay in their hoplite military system, which was based on the commitment and discipline of thousands of Greek warrior citizens who were willing, in principle, to go out on the battlefield and put their lives at stake to defend their free way of life. But would they really be able to do it? Almost everything depended on what the Spartans, the most skilled hoplite warriors and leaders of the strongest alliance system in Greece decided to do. Would they fight? The eyes and hopes of all the Greeks who wanted to avoid submission to Persia were centered on them, but after all, the decisive battle would not be waged by the Spartans.

Outside Iran it is likely that very few people know that at the time the Persians created and ruled the greatest and most powerful empire the world had ever seen. The fame of the Persian Empire has been obscured by the empire of the Romans, which was larger and lasted longer, and the best known fact about the Persian Empire is probably the rather negative aspect that was defeated and conquered by Alexander the Great . But between the middle of the VI century a. And the arrival of Alexander in 334, the Persian Empire was for two centuries the largest, richest and most powerful state of the ancient world, much larger and more powerful than the earlier empires of the Egyptians, the Babylonians and the Assyrians. And in spite of the insistence of the Greeks that the Persians were cruel and corrupt, the Persian government seems to have been quite smooth and fair in the eyes of most of the peoples subdued, if only in comparison with previous empires .
On the eve of the outbreak of the open conflict between Persia and the Greeks, Athens appeared as a reformed society with a new political system that had not been tested. Beginning with the reforms of Solon at the beginning of the sixth century, and culminating with the reforms of Cleisthenes at the turn of the century, Athens had transformed itself from a community that was not completely united and seemed rather backward, without great military, cultural or political importance, in a state that was in the advance of the political development and with a great military power that was united to him. The great test of Athenian democracy was yet to come: could this new and remarkable political and social system generate the strength, resilience, determination and leadership necessary to oppose the might of the powerful Persian Empire? The circumstances seemed decidedly against him, but confident in their new freedoms, community cohesion, and increased power, the Athenians were willing to pass the test.
The Persians had a long history of successfully exploiting Greek disunity, and they had reason to believe that if the Athenians, as it seemed most likely, sought to defend their walls, their disunity, or the Persian siege machines, those of Trotarian. And even if the Athenians went out in the open to fight, the Persians greatly outnumbered them and trusted in the training and discipline of their forces, which at that time had behind them a long history of imperial triumphs, and in particular believed that the cavalry and the archers gave them a great advantage in the slow and awkward movements of the hoplite force which the Athenians could form to oppose them. So the Persians were likely to return to the warships and transport for the short crossing between Euboea and Attica in a state of bubbly optimism that the task would be completed with some speed.

Beyond any reasonable doubt, the impact of an Athenian defeat on Marathon, not only in Athenian history, not only in the history of classical Greece, but in the history and culture of all Western civilization, would have been enormous : everything would be different. Of course, it could be argued that even without classical Athens and without the contributions of the great Athenians, the Greeks would have somehow managed to contain the Persians under the Spartan leadership, and that some form of Greek classical culture might have arisen under leadership and inspiration of other Greeks. Perhaps the Greeks of the West, of Sicily and Italy, would have played a more important role.
The Battle of Marathon was indeed a turning point in Western civilization; the 10,000 Athenians who resisted that day, in a very significant sense, really “saved Western civilization”.

4 pensamientos en “Maratón. El Origen De La Leyenda — Richard A. Billows / Marathon. How One Battle Changed Western Civilization by Richard A. Billows

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .