La Mente No Escolarizada — Howard Gardner / The Unscholed Mind. How Children Think And How Schools Should Teach by Howard Gardner

Sus libros me parecen interesantes. Todo parte de una premisa. ¿Cómo podemos conseguir que los estudiantes se alejen del aprendizaje memorístico y alcancen una verdadera comprensión de aquello que se les intenta transmitir? La solución al problema que presenta Howard Gardner en este libro pasa, evidentemente, por la reestructuración de nuestras escuelas, pero en ningún momento desde un punto de vista teórico o alejado de la realidad, sino entendida como una consecuencia lógica de la práctica educativa.
Los estudiantes de todas las edades suelen ignorar los temas que se les enseñan en las aulas por la sencilla razón de que ellos ya disponen de teorías plenamente acabadas que les ayudan a dar un sentido al mundo, pero que a la vez nadie se ocupa de fomentar o alimentar.

El lenguaje resulta ser algo no excepcional entre las capacidades humanas. Es sencillamente el ejemplo más espectacular de uno de los enigmas del aprendizaje humano: la facilidad con la que los seres humanos más jóvenes aprenden a llevar a cabo determinados comportamientos aún no se ha llegado a comprender.
Los niños pequeños que muy pronto dominan los sistemas de símbolos, como el lenguaje y las formas artísticas, como la música, los mismos niños que desarrollan teorías complejas del universo o intrincadas teorías acerca de la mente, suelen experimentar las mayores dificultades cuando empiezan a ir a la escuela. No parece que hablar y entender el lenguaje sea problemático, pero leer y escribir puede plantear serios desafíos; el cálculo y los juegos numéricos son divertidos, pero aprender las operaciones matemáticas puede resultar engorroso, y las metas superiores de las matemáticas pueden resultar temibles. De todos modos el aprendizaje natural, universal o intuitivo, que tiene lugar en casa o en los entornos inmediatos durante los primeros años de la vida, parece ser de un orden completamente diferente en relación con el aprendizaje escolar que ahora es necesario en todo el mundo alfabetizado.
En primer lugar, los niños llegan a dominar con facilidad muchos ámbitos, en apariencia complejos, pero no aquellas cosas en función de las cuales se han diseñado las escuelas. En segundo lugar, y lo que quizá sea aún más inquietante, incluso aquellos estudiantes que en apariencia tienen éxito en la escuela suelen no comprender en un sentido profundo los auténticos principios y conceptos en torno a los que se ha diseñado su currículo.
Complicando este cuadro aún más, he puesto en tela de juicio la suposición de que todos los niños aprenden del mismo modo. Los estudios de la cognición sugieren que hay distintos modos de adquirir y representar el saber; es necesario tomar en consideración estas diferencias individuales tanto en nuestra pedagogía como en nuestras evaluaciones.

Cuando los niños crecen, sus vidas quedan por completo enredadas en las instituciones culturales. Aunque estas instituciones no están ausentes al nacer, su presencia es menos sobresaliente. A través de una detallada mirada al niño pequeño, por lo tanto, nos podemos situar en una posición mejor para apreciar aquellas limitaciones y oportunidades que están incorporadas en los genes humanos: Unos factores de predisposición como estos ponen los límites y disponen las posibilidades de la sociedad que tendrá que educar a sus hijos.
Casi todas las culturas han desarrollado ideas específicas acerca de la educación, aunque sólo en los tiempos modernos la educación demuestra que comparte prácticamente el mismo límite que la escolarización formal. Finalmente, los caminos y formas de desarrollo colocan a muchos niños en una situación difícil, cuando los alumnos empiezan a aplicarse a un temario de la clase bastante diferente y a la particular estructura de los ámbitos escolares. Antes de que podamos apreciar la tensión que a menudo envuelve al niño en la escuela, sin embargo, es necesario considerar en sus propios términos la naturaleza de la educación y el lugar peculiar que ocupa dentro de esas instituciones llamadas escuelas.

En una sociedad laica moderna, las pruebas han adquirido una profunda importancia. A menudo son el principal vehículo para determinar quién recibirá los premios que la sociedad puede repartir. Los exámenes, como los que se realizan por ejemplo al final de la enseñanza media, despiertan en realidad mucho interés y están envueltos frecuentemente por preocupaciones y trampas. Durante años, las pruebas han sufrido ataques feroces desde muchas posiciones, y, con todo, parecen sobrevivir e incluso ganar importancia. En parte como respuesta a las críticas, en la actualidad se han hecho notables esfuerzos para garantizar que los exámenes son justos, en algunos sentidos: que las preguntas representan una muestra razonable de lo que se quiere que sepan los alumnos; que ningún alumno puede disponer de las preguntas (o de las respuestas) de antemano; y que los puntos del examen no están inclinados a favor o en contra de ningún grupo social o ético particular.
En los Estados Unidos, las llamadas «pruebas estandarizadas» se han desarrollado al máximo. No hay muchas dudas de que, cuando la formación es de buena calidad y se ha llevado a cabo durante un período de tiempo prolongado, las escuelas forjan una clase específica de personas: un joven adulto que piensa en muchos aspectos del mundo de modo esencialmente diferente a la mayoría de personas que no han tenido la oportunidad de asistir a la escuela.

El tejedor en una sociedad anterior a la alfabetización sólo modela y añade unas pocas palabras de explicación; el tejedor en una sociedad ya alfabetizada tiene que utilizar gráficos, diagramas, ecuaciones matemáticas y libros. A diferencia de un maestro de escuela, sin embargo, el tejedor que enseña para la comprensión aprovecha estas formas epistémicas cuando surgen en el curso de un problema genuino, un proyecto desafiante, un producto valioso. Una juiciosa introducción e integración de los métodos del aprendizaje del aprendiz en el interior de un marco escolar producirá estudiantes cuyo potencial de comprensión se intensifique.
El desarrollo no puede producirse en un día, ni tan sólo en un año. Pero no podemos caer de nuevo en la afirmación de que estas comprensiones son algo imposible de lograr, ni tampoco en la fe en que se producirán literalmente por sí mismas. Los buenos educadores, los buenos materiales y una atmósfera educativa correcta pueden tener muchísima importancia. Que escojamos seguir este camino y educar para la comprensión, se trata de una cuestión política, y no científica o pedagógica.

Igor Stravinski, una vez declaró, «cuantas más limitaciones se imponen, más se libera uno mismo de las cadenas que sujetan el espíritu». Quizás ha llegado el momento de sacar provecho de este principio en nuestros intentos para educar a la mente humana.

All books are interesting to me. All part of a premise. How can we get students away from rote learning and achieve a true understanding of what they are trying to convey? The solution to Howard Gardner’s problem in this book is evidently due to the restructuring of our schools, but at no time from a theoretical point of view or far from reality, but understood as a logical consequence of educational practice. Students of all ages often ignore the topics taught to them in the classroom for the simple reason that they already have fully finished theories that help them make sense of the world, but at the same time no one cares the food.

Language is not exceptional among human capacities. It is simply the most spectacular example of one of the riddles of human learning: the ease with which younger humans learn to perform certain behaviors has not yet been understood. Young children who soon dominate systems of symbols, such as language and artistic forms, such as music, children who develop complex theories of the universe or intricate theories about the mind, often experience the greatest difficulties when they begin to go to school. Speaking and understanding language does not seem to be problematic, but reading and writing can pose serious challenges; calculus and numerical games are fun, but learning mathematical operations can be cumbersome, and the higher goals of mathematics can be fearsome. In any case, natural or universal or intuitive learning, which takes place at home or in the immediate surroundings during the first years of life, seems to be of a completely different order in relation to the school learning that is now necessary around the world literate. In the first place, children easily master many areas, apparently complex, but not those things on the basis of which schools have been designed. Second, and perhaps even more disquieting, even those students who appear to be successful in school tend not to understand in a deep sense the true principles and concepts around which their curriculum has been designed. Complicating this picture even more, I have questioned the assumption that all children learn the same way. Studies of cognition suggest that there are different ways of acquiring and representing knowledge; it is necessary to take into account these individual differences both in our pedagogy and in our assessments.

When children’s growin’ up, their lives are completely entangled in cultural institutions. Although these institutions are not absent at birth, their presence is less salient. Through a detailed look at the young child, therefore, we can place ourselves in a better position to appreciate those limitations and opportunities that are incorporated in the human genes: A predisposing factors such as these set the limits and dispose the possibilities of the society that will have to educate their children. Almost all cultures have developed specific ideas about education, although only in modern times education shows that it shares practically the same limit as formal schooling. Finally, the ways and forms of development place many children in a difficult situation, when the students begin to apply to a quite different class of subjects and to the particular structure of the school settings. Before we can appreciate the tension that often surrounds the child in school, however, it is necessary to consider on its own terms the nature of education and the peculiar place it occupies within such institutions called schools.

In a modern secular society, the evidence has acquired a profound importance. They are often the main vehicle for determining who will receive the prizes that society can distribute. Examinations, such as those for example at the end of secondary school, are in fact very interesting and often involved in concerns and pitfalls. For years, the evidence has been ferociously attacked from many positions, yet they seem to survive and even gain in importance. Partly in response to the criticisms, there have been notable efforts to ensure that exams are fair in some respects: that questions represent a reasonable sign of what students want to know; that no student can have the questions (or the answers) in advance; and that the points of the examination are not inclined for or against any particular social or ethical group. In the United States, the so-called “standardized tests” have been developed to the maximum. There is little doubt that when training is of good quality and has been carried out over an extended period of time, schools forge a specific class of people: a young adult who thinks of many aspects of the world in an essentially different way to the majority of people who have not had the opportunity to attend school.

The weaver in a society prior to literacy only models and adds a few words of explanation; the weaver in an already literate society has to use graphs, diagrams, mathematical equations, and books. Unlike a schoolteacher, however, the weaver who teaches for understanding takes advantage of these epistemic forms when they arise in the course of a genuine problem, a challenging project, a valuable product. A judicious introduction and integration of apprentice learning methods into a school setting will produce students whose comprehension potential is intensified. Development can not take place in a day, not even in a year. But we can not fall back on the assertion that these understandings are impossible to achieve, nor in the faith that they will literally produce themselves. Good educators, good materials, and a right educational atmosphere can be very important. That we choose to follow this path and educate for understanding, it is a political issue, not a scientific or pedagogical one.

Finally and quoting to Igor Stravinsky, once declared, “the more limitations are imposed, the more one releases oneself from the chains that hold the spirit.” Perhaps the time has come to take advantage of this principle in our attempts to educate the human mind.

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