Manifiesto De Isaac Peral Al Público — Isaac Peral Y Caballero / Isaac Peral’s Manifesto To The Public (spanish book edition)

Magnífica exposición del creador del submarino y que como desgraciadamente ocurre en nuestro país, el enemigo suele estar dentro de nuestro organigrama intentando desprestigiarlo cuando al menos se debería una alabanza.
En 1891 Isaac Peral renunció a su condición de militar y pagó de su bolsillo la publicación en el periódico El Matute de un manifiesto en donde el inventor trataba de lavar su reputación, se defendía de las acusaciones vertidas contra él por las autoridades de Marina y explicaba a los españoles su versión de las vicisitudes y problemas que habían tenido lugar durante la construcción y pruebas de su submarino.

Peral no hablaba porque pertenecía al Ejército, y los que pertenecen al Ejército no pueden hablar sin licencia de sus jefes, ni discutir los actos de sus superiores, ni menos contender con ellos en una ardiente polémica como la que exigen la historia y vicisitudes del submarino. Necesitaba despojarse de su uniforme militar para ascender, de humilde subalterno de la Armada, a la altura de sus generales, ante quienes es preciso hablar con la mano en la gorra, actitud poco conveniente para el que necesita rebatir datos falsos, juicios erróneos e infundadas acusaciones.
Acusaciones, sí, y de las más terribles.
La Gaceta ha dicho que me he llamado inventor sin inventar nada; que he burlado al país ofreciéndole lo que no podía darle; que he casi malversado los fondos públicos en la construcción de una especie de juguete; que mi vanidad y altanería contrastan con la pequeñez de los medios de que dispongo; ha dicho, en fin, lo que todos han leído con extrañeza, y lo que yo he devorado con amargura en mi forzoso silencio.
La ceguedad de la ira les ha llevado a hacer que las cañas que quisieron clavarme se vuelvan lanzas contra ellos, como les voy a probar. Si esos señores creen que mi conducta es impropia de un militar por querer sostener mis ideas contra ellos en el lenguaje sumiso y cortés que empleé en mis comunicaciones (documentos 38 y 40 de la Gaceta), díganme esos señores si es propio de sus respetables canas y de las elevadas jerarquías de que disfrutan en la milicia, el entretenerse en propinarme la notable colección de escogidas frases que dejo subrayadas en el párrafo anterior; ¿creen acaso esos señores que el Estado les paga sus sueldos para entretenerse horas enteras en rebuscar denuestos con que mortificar a Peral por el delito de sostener un criterio fijo en sus ideas, o es que la Marina está tan sobrada de bienandanzas que no tienen cosa más importante en que ocuparse? Yo deseo que se me diga, en vista de todo esto, qué conducta es la que resulta aquí más correcta, si la de los generales del Consejo estampando en la Gaceta todos los calificativos que ya he citado, o la de Peral.

Acabado de demostrar cual fue el verdadero origen de todos, absolutamente todos los aplausos que yo he recibido en España, que como hemos visto, son los discursos del Senado, cabe preguntar si esos aplausos originales estaban o no justificados, prescindiendo de que fueran expresados con más o menos vehemencia, que esto es cuestión de temperamento, y no era yo el que regulaba esas vehemencias.
Claro está que si les preguntase a los que los pronunciaron dirían: «Yo me expresé así, porque el ministro de Marina dio lugar a ello y las noticias particulares de Cádiz que publicaron todos los periódicos estaban también conformes en que había motivo bastante para entusiasmarse»; y si se le pregunta al que era ministro entonces, si hubo razón para producir tal excitación en el Senado y en la nación entera, se disculpará con el telegrama del Capitán general de Cádiz, que era a la vez presidente de la Junta técnica que asistió a las pruebas oficiales; luego venimos por lo tanto a parar en que lo que importa esclarecer es si el citado telegrama que leyó el ministro en el Senado tenía o no real y efectivamente un fundamento serio.
No quiero entrar en más detalles de otros importantes perfeccionamientos que hay en el Peral, pues por desgracia ya se ha dado por el ministro mucha más publicidad de la que conviene a la nación, a todos estos asuntos, como ha ocurrido con mi Memoria reservada de 1890, cuya publicidad no reclamaba la opinión pública.
Por lo que toca a si las pruebas hechas eran o no suficientes, dicen los señores del Consejo que el programa de pruebas se había limitado todo lo posible, atendiendo a los defectos del barco. Valor se necesita para llamar limitado a un programa de pruebas, que contenía lo siguiente: pruebas de velocidad en el mar, no como se hace con lodos los barcos de vapor, en que sólo se prueba la máxima velocidad, sino con todas las velocidades de que el barco es susceptible; pruebas de radio de acción, también más exageradas que en los barcos de vapor, en que dicho radio se calcula por su velocidad y la capacidad de carboneras; pruebas de inmersión a distintas profundidades; prueba de navegación de una hora a un rumbo fijo a diez metros de profundidad; prueba de un simulacro de día; prueba de un simulacro en condiciones adversas… de modo que, si esto era un programa limitado gracias a los defectos del barco, me asusta el pensar el diabólico plan de pruebas que hubieran ideado si llego a hacer un barbo sin defectos.

Las finezas oficiales que son de ritual, sino que lo que hay es una constante y marcada prevención contra mí por parte de los generales que han intervenido en este asunto, y una sensibilidad tan exquisita, que cuando me gano contra ellos una discusión científica lo achacan a falta de subordinación. Se ve también por los párrafos que he subrayado en esas comunicaciones, que yo no opuse, ni indiqué siquiera, falta de conformidad a ejecutar todas las pruebas, salvo en la primera, cuya imposibilidad quedó demostrada, sin que hasta ahora se me haya dicho nada en contrario. Se ve igualmente que se ha tomado el simulacro como prueba, cuando en rigor no era sino un ejercicio, primero y único en su especie desde que el mundo es mundo.
A propósito del título de sumergible, que yo no sé quién ha inventado para sustituir el nombre de submarino (que hasta el nombre les quieren quitar a estos desdichados barcos desde que yo me he metido en ello), debo decirle al inventor de la palabreja, suponiendo que sea el propio señor general, puesto que dedica sendos párrafos de su dictamen a tan interesante asunto, que ha estado desdichadísimo en la elección de un nombre característico para esta clase de embarcaciones, por la sencilla razón de que sumergibles son, para desdicha de la humanidad, todos los barcos existentes hoy en el mundo, y el que encontrase la panacea de un barco no sumergible hacía pronto un soberbio negocio, pues nadie viajaría más que en ese barco. El Consejo Superior de la Marina, en vista de la invención del vocablo, le llama unas veces sumergible y otras submarino, y tal vez por este laberinto que han armado esos señores entre submarinos y sumergibles, es por lo que aseguran que el submarino no es invento, y que los arsenales están llenos de submarinos; pues si bien es verdad que no lo están, según les viene probando el Sr. Echegaray, en lo que no cabe duda es en que los mares se hallan llenos de sumergibles y en los profundos abismos de esos mares hay más muestras de las que quisiéramos de esos sumergibles, desdichadamente sumergidos. Dejen pues, las cosas como son y no se contagien ellos también con el pícaro vicio de inventar.

Importa el total de la cuenta de gastos en construir y habilitar el submarino según el Estado, 931.154 pesetas, o sea tres veces lo presupuestado, que como se ha dicho, eran 300.000 pesetas; y no es extraño que aparezca esto así, dado el modo de contar que han usado conmigo los que presentan estas cuentas. Voy a hacer aún más aclaraciones para tratar de buscar de dónde proviene esta diferencia tan desproporcionada; pero paro proceder con método, conviene ver antes con documento comprobatorio, cuánto es lo que real y efectivamente ha costado el submarino.
Como usted puede ver por lo que anteriormente le demuestro, lo que hace ascender la obra a más de 90.000 duros, son las 129.468 pesetas que importa el 40 por 100, a mi pobre criterio algo exagerado; pero desglosando la susodicha partida, queda reducido el importe total de la obra a 327.404,07 pesetas, o sean poco más de 65.000 duros; que unidos a unos 3.000 escasos, que se han satisfecho por derechos de aduana de todo lo que ha venido del extranjero, alcanzan los obras a 68.000 próximamente.
¿No es absurdo admitir como gastos de su construcción lo que se invierte en esas experiencias y las reparaciones consiguientes?
Conste, pues, que si las experiencias han costado alguna cantidad que deba figurar en el presupuesto de Marina como gastos del submarino, esto nada tiene que ver con lo que el submarino ha costado, y que a reserva de hacer en su día, cuando pueda exigirlo yo u otra persona, una revisión concienzuda y detallada de las cuentas que ha presentado el ministro de Marina, revisión que ha de dar mucha luz a la cuestión de por qué son improductivos los gastos en Marina, es para mí inexplicable que estas cuentas sean tan alzadas, a pesar de los tres trimestres de gastos que figuran antes del decreto de construcción y en otros tres trimestres después de empezadas las pruebas.

Algo he hecho yo más que ellos al presentar el primer submarino eléctrico, y ese algo es inventarlo.
Todo el mundo sabe el interés general que inspira el problema de la navegación aérea; ¿por qué no está aún resuelto este problema? Pues simplemente porque el estado actual de las ciencias y la industria no permiten aún almacenar en pequeño espacio y con poco peso las grandes cantidades de energía que son necesarias para vencer las corrientes atmosféricas; y el día que esto se consiga y se aplique a un globo o aparato volador, ¿habrá quien pretenda negar al primero que la haga prácticamente el título de inventor? Seguramente que no; por la misma razón que sería estúpido negar que la primera máquina de coser era un invento, a pesar de que en ella, y en las actuales, nadie puede encontrar más que ruedas, ejes, palancas, muelles y agujas, cosas todas tan antiguas, como que datan nada menos que del principio de la civilización del hombre.

En conclusión:
1.º Que en el año 1886, mientras me dedicaba a las experiencias preliminares que se me habían ordenado sobre las aplicaciones eléctricas a la navegación submarina, concebí la idea que va antes subrayada y traté de ponerla en práctica construyendo, como lo hice, en el arsenal de la Carraca un giróscopo eléctrico de movimiento permanente, cosa que pueden atestiguar los mismos maestros y operarios que intervinieron en su construcción.
2.º Que no habiendo obtenido en ese primer ensayo todo el resultado apetecido, por requerirse en un aparato tan delicado herramientas más perfectas de las que el arsenal dispone, abandoné temporalmente el asunto, sin desistir nunca de ejecutar tan útil proyecto para cuando dispusiera de medios, y en Marzo de 1889 mandé ejecutar en Londres un aparato más perfecto, que puedo mostrar a quien quiera.
3.º Que en Marzo de 1890, esto es, un año justo después de la fecha que acabo de citar, apareció en La Lumière électrique la descripción de un aparato de este género, que, ya sea por una simple coincidencia de inventores, o ya por una indiscreción de alguien, da la rara y extraordinaria casualidad que el aparato de La Lumière électrique es una copia casi exacta de las disposiciones que yo había adoptado un año antes, y sin embargo, no ha faltado alguno de mis imparciales jueces que me eche en cara que yo traté de apropiarme una idea que no me pertenece. Dejo al público los comentarios de esta justicia que se me hace.
4.º Que el Consejo de la Marina, como todos los que para desvirtuar el mérito o la originalidad de esta parte de mis trabajos (sin exceptuar en parte a la misma Junta técnica), todos los que con tal objeto citan las experiencias de Dubois de 1884, o no me tratan con justicia o no han estudiado la cuestión. El aparato de Dubois era, con pequeñas diferencias de detalle, y según consta en publicaciones francesas, una repetición del antiguo aparato de Foucaul, puesto que su rotación se obtenía sólo temporalmente y a mano como en aquel, mientras que mi aparato era y es de movimiento permanente, y este movimiento permanente se obtiene por medios eléctricos. Véase, pues, si es o no perfectamente original.
Y por ultimo, y aquí viene la principal base de originalidad de mis ideas en este punto concreto: el aparato de Dubois y el de La Lumière électrique, y todos los que han aparecido en el año ultimo (al menos que yo sepa), todos fundan su utilidad en la “çinvariabilidad de un plano indeterminado de rotación, mientras que los resultados de mi aparato consisten en que este marque precisamente el plano del meridiano verdadero.

Alegato final pues, reflexionad, os repito, españoles, y cumplid con vuestros patrióticos deberes; yo os excito a ello con el mayor respeto y acatamientos, pero con la autoridad que me da el haber cumplido sobradamente con los míos; ya no puedo yo hacer más de lo que he hecho; esto es, poner a contribución todas mis energías y todas mis facultades, sacrificar mi salud, mi tranquilidad y la de mi familia; y por último, sacrificar también lo que constituía mi fortuna, las ilusiones de mi vida y el seguro porvenir de mis hijos; esto es, sacrificar mi carrera para poderos decir lo que os he dicho.
ISAAC PERAL

Magnificent exhibition of the creator of the submarine and as unfortunately happens in our country, the enemy is usually within our organizational chart trying to discredit when at least we should a praise.
In 1891 Isaac Peral renounced his military status and paid out of pocket the publication in the newspaper El Matute of a manifesto where the inventor tried to wash his reputation, defended himself against the accusations leveled against him by the Marina authorities and explained to the Spaniards his version of the vicissitudes and problems that had taken place during the construction and testing of his submarine.

Peral did not speak because he belonged to the Army, and those who belong to the Army can not speak without permission of their bosses, nor discuss the acts of their superiors, much less contend with them in an ardent controversy such as that demanded by the history and vicissitudes of the submarine. . He needed to get rid of his military uniform to ascend, humble subaltern of the Navy, at the height of his generals, before whom it is necessary to speak with his hand on the cap, unfavorable attitude for which he needs to refute false data, erroneous and unfounded judgments accusations
Accusations, yes, and the most terrible.
The Gazette has said that I have called myself inventor without inventing anything; that I have mocked the country by offering what I could not give it; that I have almost embezzled public funds in the construction of a kind of toy; that my vanity and arrogance contrast with the smallness of the means at my disposal; he has said, in short, what everyone has read with strangeness, and what I have devoured with bitterness in my forced silence.
The blindness of the anger has led them to make the reeds that wanted to nail me become spears against them, as I will prove them. If those gentlemen believe that my conduct is unfit for a soldier to want to hold my ideas against them in the submissive and courteous language I used in my communications (documents 38 and 40 of the Gazette), tell me those gentlemen if it is their respectable gray and of the high hierarchies that they enjoy in the militia, to entertain themselves in giving me the remarkable collection of chosen phrases that I leave underlined in the previous paragraph; Do those gentlemen believe that the State pays their salaries to entertain themselves for hours in searching for insults with which to mortify Peral for the crime of maintaining a fixed criterion in their ideas, or is that the Navy is so overflowing with good things that do not have anything more important to deal with? I wish to be told, in view of all this, what conduct is the most correct here, if that of the council’s generals stamping in the Gazette all the qualifiers that I have already quoted, or that of Peral.

Finished demonstrating what was the true origin of all, absolutely all the applause that I have received in Spain, which as we have seen, are the speeches of the Senate, we can ask whether these original applauses were or were not justified, regardless of whether they were expressed with more or less vehemence, that this is a matter of temperament, and it was not I who regulated those vehemences.
Of course, if I asked those who said them, they would say: “I expressed myself in this way, because the Minister of the Navy gave rise to it and the particular news of Cádiz published by all the newspapers was also in agreement that there was enough reason to be enthusiastic” ; and if it is asked who was minister then, if there was reason to produce such excitement in the Senate and in the whole nation, he will apologize with the telegram of the Captain General of Cádiz, who was at the same time president of the Technical Board that attended to official tests; Then we come to the conclusion that what matters to clarify is whether or not the aforementioned telegram read by the minister in the Senate had a real and serious foundation.
I do not want to go into more details of other important improvements that are in the Peral, because unfortunately has been given by the Minister much more publicity than is appropriate to the nation, to all these issues, as has happened with my reserved report of 1890, whose publicity did not demand public opinion.
As to whether the tests done were sufficient or not, the councilors say that the test program had been limited as much as possible, taking into account the defects of the ship. Value is needed to call limited to a test program, which contained the following: speed tests at sea, not as done with steam-powered muds, where only the maximum speed is tested, but at all speeds of that the ship is susceptible; radio-action tests, also more exaggerated than on steamships, in which said radio is calculated by its speed and the capacity of coal bunkers; immersion tests at different depths; navigation test from one hour to a fixed course to ten meters deep; proof of a day drill; proof of a drill in adverse conditions … so that, if this was a limited program thanks to the defects of the ship, I am afraid to think the diabolical plan of tests that they would have devised if I came to make a barbo without defects.

The official subtleties that are ritual, but what there is a constant and marked prevention against me by the generals who have intervened in this matter, and a sensitivity so exquisite, that when I win against them a scientific discussion blame it in the absence of subordination. It is also seen by the paragraphs that I have emphasized in these communications, that I did not oppose, nor even indicated, lack of conformity to execute all the tests, except in the first, whose impossibility was demonstrated, without that until now I have been told nothing otherwise. It is also seen that the simulation has been taken as proof, when strictly speaking it was but an exercise, first and only in its kind since the world is world.
With regard to the title of submersible, which I do not know who has invented to replace the name of submarine (which even the name they want to remove these unfortunate boats since I got into it), I must tell the inventor of the word, supposing that it is the General himself, since he dedicates two paragraphs of his opinion to such an interesting subject, which has been unhappy in choosing a characteristic name for this class of vessels, for the simple reason that submersibles are, to the misfortune of mankind, all the ships existing today in the world, and the one who found the panacea of ​​a non-submersible ship soon made a superb business, because no one would travel except on that ship. The Superior Council of the Navy, in view of the invention of the word, sometimes calls it submersible and other submarines, and perhaps for this labyrinth that these gentlemen have armed between submarines and submersibles, it is for what they say that the submarine is not invention, and that the arsenals are full of submarines; although it is true that they are not, as Mr. Echegaray has been testing them, in what there is no doubt is that the seas are full of submersibles and in the deep abysses of those seas there are more samples than we would like of those submersibles, unfortunately submerged. So, leave things as they are and do not get infected with the roguish vice of inventing.

It imports the total of the account of expenses in constructing and to qualify the submarine according to the State, 931,154 pesetas, that is to say three times the budgeted thing, that as it has been said, they were 300,000 pesetas; and it is not strange that this appears like this, given the way of telling that those who present these accounts have used with me. I will make even more clarifications to try to find where this disproportionate difference comes from; but to proceed with the method, it is convenient to see beforehand with a documentary document, how much the submarine has actually and effectively cost.
As you can see from what I have shown you before, what makes the work ascend to more than 90,000 dollars, is the 129,468 pesetas that is worth 40%, to my poor somewhat exaggerated criteria; but by breaking down the aforementioned item, the total amount of the work is reduced to 327,404.07 pesetas, or a little more than 65,000 dollars; that together with some 3,000 scarce, that have been satisfied by customs duties of everything that has come from abroad, reach the works to 68,000 soon.
Is not it absurd to admit as expenses of its construction what is invested in those experiences and the consequent reparations?
Consist, then, that if the experiences have cost some amount that should be included in Marina’s budget as expenses of the submarine, this has nothing to do with what the submarine has cost, and that it reserves the right to do in its day, when it can I or another person, a thorough and detailed review of the accounts that the Minister of the Navy has presented, a review that should shed a lot of light on the question of why the expenses in Marina are unproductive, it is inexplicable to me that these accounts are So raised, despite the three quarters of expenses listed before the construction decree and in three more quarters after the tests began.

Something I have done more than them when presenting the first electric submarine, and that something is inventing it.
Everyone knows the general interest that inspires the problem of air navigation; Why is not this problem still solved? Well simply because the current state of science and industry do not yet allow to store in small space and with little weight the large amounts of energy that are necessary to overcome atmospheric currents; and the day this is achieved and applied to a balloon or flying device, will there be anyone who intends to deny the former practically the title of inventor? Surely not; for the same reason that it would be stupid to deny that the first sewing machine was an invention, even though in it, and in the current ones, nobody can find more than wheels, shafts, levers, springs and needles, all things so old, as they date nothing less than the beginning of the civilization of man.

In conclusion:
1. That in the year 1886, while I was engaged in the preliminary experiences that I had been instructed on electrical applications to underwater navigation, I conceived the idea that has been underlined before and tried to put it into practice by building, as I did, in the arsenal of the Carraca an electric gyroscope of permanent movement, something that can be witnessed by the same masters and workers who intervened in its construction.
2. That not having obtained in that first trial all the desired result, because in such a delicate apparatus more perfect tools are required than the arsenal available, I temporarily abandoned the matter, never giving up on executing such a useful project for when I had means, and in March 1889 I ordered a more perfect apparatus to be executed in London, which I can show to whomever I want.
3. That in March 1890, that is, a year just after the date I have just mentioned, the description of an apparatus of this kind appeared in La Lumière électrique, which, either by a simple coincidence of inventors, or already by someone’s indiscretion, it gives the rare and extraordinary coincidence that the apparatus of La Lumière électrique is an almost exact copy of the dispositions that I had adopted a year before, and yet, it has not been missing some of my impartial judges that tell me that I tried to appropriate an idea that does not belong to me. I leave to the public the comments of this justice that is done to me.
4. That the Navy Council, like all those that distort the merit or originality of this part of my work (not excepting in part to the same Technical Board), all those who for that purpose cite the experiences of Dubois of 1884, either they do not treat me with justice or they have not studied the question. Dubois’s apparatus was, with small differences in detail, and as recorded in French publications, a repetition of the old Foucaul apparatus, since its rotation was obtained only temporarily and by hand as in that, while my device was and is of movement permanent, and this permanent movement is obtained by electrical means. See, then, whether or not it is perfectly original.
And finally, and here comes the main basis of originality of my ideas in this specific point: the Dubois apparatus and the Lumière electrique, and all those that have appeared in the last year (at least that I know), all they base their usefulness on the “variability of an indeterminate plane of rotation, while the results of my apparatus consist in its marking precisely the plane of the true meridian.

Final argument then, reflect, I repeat, Spaniards, and comply with your patriotic duties; I encourage you to do it with the greatest respect and compliance, but with the authority that gives me having fulfilled sobradamente with mine; I can not do more than what I’ve done; that is, to contribute all my energies and all my faculties, to sacrifice my health, my tranquility and that of my family; and finally, to sacrifice also what constituted my fortune, the illusions of my life and the future insurance of my children; that is, sacrifice my career to be able to say what I have told you.
ISAAC PERAL

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