La Emperatriz De Los Helados — Anthony Capella / The Empress of Ice Cream by Anthony Capella

Interesante novela que pese a sus vaivenes me ha parecido una grata novela más allá de los amantes del helado, didáctica y gratificante. La acción nos sitúa en el siglo XVII. La aventura comienza cuando Ahmad un heladero persa llega a Italia y allí conoce a Carlo Demirco un niño de ocho años que entrará a trabajar a su servicio. Se dirigen a Florencia para trabajar en la corte de los Médici y alcanzar la gloria.
Los comienzos serán duros y Carlo trabajará sin descanso, hasta que un francés Lucian Audiger le ofrece la posibilidad de irse a París y trabajar en la corte de Luis XIV oportunidad que aceptará sin dudarlo ni un instante.
Allí conocerá a Louise de Keroualle, la hija mayor de la familia más antigua de la bretaña francesa, a quién sus padres enviaron a la corte para encontrar un marido y reverdecer viejos laureles.
El libro narra una parte importante de la historia de Europa con el intento de alianza entre Inglaterra y Francia, por lo que asistiremos a las intrigas y traiciones que surgirán por ambos bandos.
Por otro lado conoceremos la historia del helado, como fue surgiendo y los diferentes progresos que se hicieron en aquella época. Cada capítulo de Carlo irá encabezado de una nota extraída de: “El libro de los helados” que te hará desear degustarlos.
Así en la novela se irán intercalando las historias contadas por Carlo y Louise, sus vivencias en la corte del rey de Francia y después en la del rey de Inglaterra.
Me ha parecido muy interesante como el escritor a través de la comida ha hecho esa distinción de culturas entre ingleses y franceses, como asemeja su forma de ser, de actuar y de pensar a la forma que tienen de comer y de presentar los platos. También veremos como los helados van unidos al lujo y a la exclusividad, propia de reyes, ya que era algo costoso y que estaban al alcance de muy pocos en aquella época.
Todas las descripciones sobre los alimentos, las transformaciones, los maridajes y los diferentes sabores que destilan esos platos son recreados con gran detalle por lo que en muchos momentos casi podrás sentir el sabor o el aroma de lo que allí te presentan.
Me ha gustado mucho, lo mejor sin duda, el personaje de Carlo, ha tenido una evolución, al igual que sus helados, vemos como va perfeccionándose y madurando, llegándose a convertir en un hombre muy interesante.
En cambio, lo peor sin duda, el de Louise no me ha llegado tanto, puede ser porque en cierto momento no he visto esa evolución de lo que más adelante sucede, simplemente su terquedad le hará alcanzar su objetivo por el que luchará hasta el final sin importar lo que deba sacrificar para lograrlo.
Además habrá otros personajes muy interesantes, que se cruzarán en las vidas de los protagonistas enriqueciendo la trama. Todos ellos serán descritos con sus virtudes y sus defectos por lo que los sentirás aún más reales y creíbles. Al finalizar el libro se incluye una nota histórica que te ampliará otros detalles de los más importantes.
He disfrutado mucho con la historia pero sobre todo con la parte de Carlo Demirco, me he dejado llevar por las exquisiteces que nos presenta y por su historia.

La diferencia entre las cuatro clases de preparados con hielo que se podían elaborar: cordiale o licores, mezclados con nieve finísima para enfriarlos; granite, hielo picado sobre el que se vertían siropes hechos con agua de rosas o naranjas; sorbetti, más complicados, en los que eran los propios siropes los que se congelaban, mientras la mezcla se endurecía para que los fragmentos parecieran una montaña de zafiros, y finalmente otra clase de sorbetes, los más difíciles de todos, preparados con leche en la que se había disuelto una infusión de lentisco o cardamomo, que parecía nieve que se hubiera vuelto a congelar durante la noche. Aprendí a construir obeliscos helados de gelatina, a utilizar moldes de plata para conseguir fantásticos platos y cuencos helados.

En 1685, cuando murió Carlos II, Louise de Keroualle tenía treinta cuatro años. Regresó a Francia siendo una mujer muy rica y se retiró en su feudo ducal de Aubigny, donde llevó una vida tranquila hasta que murió, a los ochenta y cinco años de edad. Voltaire la conoció cuando tenía setenta años y dijo de ella que aún tenía «un rostro noble y agradable que los años no habían marchitado». Nunca contrajo matrimonio, dedicándose a hacer buenas obras y a apostar grandes sumas de dinero en el juego.
La «bella e ingeniosa Nell», como la definió Pepys, falleció en 1687, a la edad de treinta y siete años. En el momento de su muerte, había acumulado un número considerable de deudas.

La técnica persa para preparar sorbetes ya se conocía en Florencia hacia 1660, aunque el proceso exacto era un secreto que estaba a buen recaudo. Un francés que estaba de visita en la ciudad, un tal Audiger, se las arregló para llevarla a París hacia 1665. Se convirtió en limonadier de Luis XIV, después de haber ofrecido al rey guisantes fuera de temporada como carta de presentación. No se sabe, en cambio, cómo llegó dicha técnica a Inglaterra ni cómo nació el verdadero helado, presentado en la gran fiesta que dio Carlos II en honor de la Orden de la Jarretera en 1671, ni se conoce el nombre del pastelero que, según decía el menú, sirvió «un plato de fresas blancas y un plato de helado» sólo en la mesa del rey. El nombre de Demirco, sin embargo, se ha asociado anecdóticamente al del hombre que decidió que los helados dejaran de ser un privilegio real. Según algunas fuentes, trabajó para Carlos I, pero no existen documentos que den fe de su presencia en la corte real de la época, y teniendo en cuenta que en aquellos tiempos aún no se había inventado el helado, parece probable que, en el curso de los siglos, se confundieran los nombres de los dos soberanos.
Durante las décadas que siguieron a la muerte de Carlos II, la técnica de preparación de helados se difundió lentamente por toda Europa. Uno de los primeros libros de recetas fue un manuscrito anónimo de ochenta y cuatro páginas titulado The Art of Making Ices; las filigranas de sus páginas han permitido datarlo poco antes de 1700. Incluye recetas de helados de violetas, rosas, chocolate y caramelo, unos sabores que en aquella época debieron de parecer tan extraordinarios como las actuales recetas creadas por los gastrónomos moleculares. En 1718, una mujer llamada Mary Eales, que afirmaba haber sido pastelera en la corte inglesa, publicó una receta «para congelar la crema…, al natural o azucarada, o con fruta». También hay una receta de helado en el libro The Art of Cookery made Plain and Easy, escrito por la inglesa Hannah Glasse en 1751, que resulta admirable por su sencillez.

La Royal Society, conocida entonces como Royal Society of London for the Improvement of Natural Knowledge, fue creada por Carlos II en 1660. Entre sus miembros e invitados figuraban Robert Boyle, Isaac Newton, Christopher Wren, Samuel Pepys, John Hooke, Gottfried Leibniz, Nicholas Mercator, John Locke y Edmond Halley, por citar sólo a unos pocos. Boyle estaba especialmente interesado en la congelación, y su ensayo Observaciones sobre el frío fue uno de los primeros textos dedicados a investigar científicamente los métodos de congelación artificial. Puede que le influyera el hecho de que, en aquellos tiempos, Europa estaba atravesando la «pequeña edad de hielo», que indujo a organizar ferias de hielo en el río Támesis. Los intereses de los otros miembros iban desde la fabricación de botellas de champán a las leyes de la luz y el movimiento. En general, se los considera los primeros pensadores de la Ilustración.

Interesting novel that despite its swings I found a pleasant novel beyond the lovers of ice cream, didactic and rewarding. The action places us in the seventeenth century. The adventure begins when Ahmad a Persian ice-cream man arrives in Italy and there he meets Carlo Demirco, an eight-year-old boy who will enter to work at his service. They go to Florence to work in the court of the Medici and achieve glory.
The beginnings will be hard and Carlo will work tirelessly, until a Frenchman Lucian Audiger offers him the possibility of going to Paris and working at the court of Louis XIV, an opportunity that he will accept without hesitation.
There he will meet Louise de Keroualle, the eldest daughter of the oldest family of French Brittany, whom her parents sent to court to find a husband and greening old laurels.
The book tells an important part of the history of Europe with the attempt of alliance between England and France, so we will attend to the intrigues and betrayals that will arise on both sides.
On the other hand we will know the history of the ice cream, as it was emerging and the different progresses that were made at that time. Each chapter of Carlo will be headed by a note taken from: “The book of ice cream” that will make you want to taste them.
Thus in the novel will be interspersed the stories told by Carlo and Louise, their experiences in the court of the King of France and then in the King of England.
I found it very interesting how the writer through food has made that distinction of cultures between English and French, as it resembles his way of being, acting and thinking to the way they eat and present the dishes. We will also see how ice cream go hand in hand with luxury and exclusivity, typical of kings, since it was something expensive and that they were available to very few at that time.
All the descriptions about the food, the transformations, the pairings and the different flavors that distil those dishes are recreated in great detail so that in many moments you can almost feel the flavor or aroma of what they present to you there.
I liked it a lot, the best without a doubt, the character of Carlo, has had an evolution, like his ice creams, we see how he is perfecting and maturing, becoming a very interesting man.
On the other hand, the worst thing without a doubt, Louise’s has not reached me so much, it may be because at a certain moment I have not seen that evolution of what happens later, simply her stubbornness will make her reach her goal for which she will fight until the end no matter what I must sacrifice to achieve it.
In addition there will be other very interesting characters, who will cross in the lives of the protagonists enriching the plot. All of them will be described with their virtues and their defects so you will feel them even more real and credible. At the end of the book a historical note is included that will expand other details of the most important ones.
I have really enjoyed the story but especially with the part of Carlo Demirco, I have been carried away by the delicacies that he presents us and his history.

The difference between the four classes of preparations with ice that could be made: cordiale or liquors, mixed with fine snow to cool them; granite, crushed ice on which syrups made with rose or orange water were poured; sorbetti, more complicated, in which were the syrups themselves that froze, while the mixture hardened so that the fragments looked like a mountain of sapphires, and finally another kind of sorbets, the most difficult of all, prepared with milk in the that an infusion of mastic or cardamom had dissolved, resembling snow that had refrozen overnight. I learned to build frozen gelatin obelisks, to use silver molds to get fantastic dishes and ice cream bowls.

In 1685, when Charles II died, Louise de Keroualle was thirty four years old. She returned to France as a very wealthy woman and retired in her ducal feud of Aubigny, where she led a quiet life until she died, at eighty-five years of age. Voltaire met her when she was seventy years old and said of her that he still had “a noble and pleasant face that the years had not withered.” He never married, dedicating himself to doing good deeds and gambling large sums of money in the game.
The “beautiful and ingenious Nell,” as defined by Pepys, died in 1687, at the age of thirty-seven. At the time of his death, he had accumulated a considerable number of debts.

The Persian technique to prepare sorbets was already known in Florence around 1660, although the exact process was a secret that was safe. A Frenchman who was visiting the city, a certain Audiger, managed to take her to Paris around 1665. He became limonadier of Louis XIV, after having offered the king pea off-season as a letter of introduction. It is not known, however, how this technique came to England or how the real ice cream was born, presented at the great party that Charles II gave in honor of the Order of the Garter in 1671, and the name of the pastry chef is not known. The menu said, served “a plate of white strawberries and a plate of ice cream” only on the king’s table. The name of Demirco, however, has been anecdotally associated with the man who decided that ice cream ceased to be a real privilege. According to some sources, he worked for Carlos I, but there are no documents that attest to his presence in the royal court of the time, and taking into account that ice cream had not been invented in those days, it seems likely that, in the course Over the centuries, the names of the two sovereigns were confused.
During the decades that followed the death of Charles II, the technique of ice cream preparation spread slowly throughout Europe. One of the first recipe books was an anonymous eighty-four-page manuscript entitled The Art of Making Ices; the watermarks of its pages have allowed it to be dated shortly before 1700. It includes ice cream recipes of violets, roses, chocolate and caramel, flavors that at that time must have seemed as extraordinary as the current recipes created by molecular gastronomes. In 1718, a woman named Mary Eales, who claimed to have been a baker in the English court, published a recipe “to freeze the cream …, natural or sweetened, or with fruit.” There is also a recipe for ice cream in the book The Art of Cookery made Plain and Easy, written by the English Hannah Glasse in 1751, which is admirable for its simplicity.

The Royal Society, then known as the Royal Society of London for the Improvement of Natural Knowledge, was created by Charles II in 1660. Its members and guests included Robert Boyle, Isaac Newton, Christopher Wren, Samuel Pepys, John Hooke, Gottfried Leibniz, Nicholas Mercator, John Locke and Edmond Halley, to name only a few. Boyle was especially interested in freezing, and his essay Observations on the Cold was one of the first texts devoted to scientifically investigate the methods of artificial freezing. It may have been influenced by the fact that, at that time, Europe was going through the “little ice age”, which led to the organization of ice fairs on the River Thames. The interests of the other members ranged from making champagne bottles to the laws of light and movement. In general, they are considered the first thinkers of the Enlightenment.

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