La Venganza De La Tierra — James Lovelock / The Revenge of Gaia: Earth’s Climate Crisis & The Fate of Humanity by James Lovelock

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La venganza de la Tierra es quizás un buen libro de divulgación sobre la ciencia que trata a la Tierra todo un sistema viviente, que en este momento se encuentra a las puertas de un drástico cambio climático que amenaza nuestra civilización, según la política de acoso y derribo por los mass media otra cosa es discutir muchos de estos postulados y ver el negocio que detrás se mueve. Está escrito en un lenguaje ameno y comprensible, para crear conciencia pública, para, en palabras de James Lovelock, producir el miedo y la reacción visceral necesaria para impulsar los compromisos de los países para frenar las emisiones de gases de invernadero. Es recomendable para todo el mundo y lo interesante son sus teorías, escrito en 2006 sin duda no se deben coincidir con sus postulados pero de especial interés son cuestiones espinosas como la energía nuclear. Interesante sin duda.

Creo que el empeoramiento de la salud de la Tierra debe ser nuestra mayor preocupación, pues nuestras vidas dependen de que el planeta que habitamos se mantenga sano. Su salud debe importarnos más que ninguna otra cosa, porque garantizar el bienestar del cada vez mayor número de habitantes requiere que el lugar donde vivimos esté fuerte.
Sólo si pensamos en nuestro hogar planetario como si estuviera vivo podremos ver, quizá por vez primera, por qué los cultivos erosionan el tejido vivo de su piel y por qué la contaminación es tan venenosa para la Tierra como para nosotros. Los crecientes niveles de dióxido de carbono y metano en la atmósfera tienen para nuestro planeta consecuencias muy distintas de las que tendrían para un planeta muerto como, por ejemplo, Marte. La respuesta de la Tierra viva a lo que hacemos no depende solamente de la cantidad de suelo que explotemos y de la contaminación que generemos, sino también de su estado actual de salud. Cuando la Tierra era joven y fuerte resistió cambios adversos y superó los fallos de su sistema de regulación de temperatura. Quizá ahora nuestro planeta sea más viejo y menos resistente.

La humanidad se enfrenta a su reto más difícil. Un desafío para el que la tradición humanista no la ha preparado. La aceleración del cambio climático acabará con el confortable entorno al que estamos adaptados. El cambio es una parte normal de la historia geológica. El más reciente fue la transición de la Tierra de un largo período de glaciación a su actual estado templado interglaciar. Lo inusual de la crisis venidera es que nosotros somos su causa; nada tan drástico había pasado desde el largo período cálido de principios del Eoceno, hace cincuenta y cinco millones de años, el cambio más profundo que ha habido entre la época glacial y el siglo XIX y que duró doscientos mil años.
Debemos vencer el miedo y aceptar la energía nuclear como una fuente de energía segura y probada que causa perjuicios mínimos a escala global. Hoy es tan fiable como pueda serlo cualquier otro sistema en el que intervenga la ingeniería humana, y tiene las mejores estadísticas de seguridad de todas las fuentes de energía a gran escala. Francia ha demostrado que puede convertirse en la principal fuente de energía de una nación, pero a pesar de ello los gobiernos siguen temiendo aferrarse al único salvavidas hoy disponible. Necesitamos una cartera diversificada de fuentes de energía, entre las cuales la nuclear será predominante, al menos hasta que la fusión se convierta en una opción viable.

Es cierto que el nivel del mar no puede subir más que otros ochenta metros, que es el impacto que tendría el deshielo de Groenlandia y la Antártida. Pero las condiciones de abrasador calor que afectarían a todo el planeta reducirían la productividad tanto de la tierra restante como de los océanos, y la pérdida de vegetación reduciría el ritmo de consumo de dióxido de carbono, lo que contribuiría a mantener esa edad cálida durante cien mil años o más. Los cambios más notables que se han podido observar hasta la fecha han tenido lugar en el Ártico.
Otro cambio probable debatido a menudo por los climatólogos se refiere a las grandes corrientes que mueven las aguas de los océanos del mundo. El distinguido científico norteamericano Wally Broecker fue el primero en advertirnos de que las corrientes que atraviesan el Atlántico norte dependen de la presencia de condiciones árticas cerca de Groenlandia. Las aguas que fluyen hacia el norte por la superficie del Atlántico son templadas y se vuelven más saladas debido a la evaporación; el agua salada es más densa que la dulce y se hundiría de no ser porque las aguas de debajo de ella son más frías y densas todavía. Cuando esta agua salada densa y templada se enfría al entrar en contacto con el hielo ártico, se hunde allí hasta el fondo del océano. Ese hundimiento es la fuerza motriz que pone en marcha las corrientes y hace que el agua salada templada que avanza hacia el noreste por el Atlántico, lo que conocemos como Corriente del Golfo, no se detenga. Broecker advirtió que si cesara el hundimiento de agua salada, el norte de Europa ya no recibiría los beneficios de esa corriente de agua templada.
Cuando hablamos de cambio climático, pensamos más en la temperatura que en los cambios en otras características del medio físico. Kangsheng Wu se ha dedicado a estudiar el equilibrio del agua dulce del planeta y ha descubierto que se está produciendo un incremento persistente del flujo de agua dulce a los océanos.

La energía nuclear era la más segura de todas las fuentes de energía a gran escala. Las cifras de los suizos la dan como unas cuarenta veces más segura que la quema de combustibles fósiles e incluso más segura que la energía hidroeléctrica. Y, sin embargo, las mentiras sobre la energía nuclear han calado tan hondo que todavía creemos que producir energía en un reactor de uranio es más peligroso que quemar combustibles fósiles en el oxígeno del aire.
La constante distorsión de la verdad sobre los riesgos que representa para la salud la energía nuclear nos obliga a preguntarnos si no será también falso todo lo demás que nos han contado sobre ella.
Otra idea errónea que circula es que en el planeta queda tan poco uranio que sólo nos durará unos pocos años. Es cierto que si rodo el mundo optara por el uranio como su único combustible las reservas de uranio de fácil extracción se agotarían pronto, pero el uranio de bajo grado es extremadamente abundante. El granito, por ejemplo, contiene bastante uranio como para hacer que su potencia como combustible sea cinco veces superior a la de una masa equivalente de carbón. La India ya está preparándose para utilizar sus grandes yacimientos de torio, un combustible nuclear alternativo, en lugar del uranio.
La principal consideración debe ser el tiempo. La energía nuclear está disponible de forma inmediata, y tendríamos que empezar a construir nuevas centrales sin más demora. Todas las alternativas posibles, incluida la energía de fusión, necesitan todavía décadas de investigación y desarrollo antes de poder ser empleadas a escala suficiente como para que su uso se traduzca en una reducción de las emisiones. En unos pocos años, las energías renovables nos proporcionarán mayor cantidad de energía libre de emisiones, en su mayor parte gracias a la energía eólica, pero hablamos de una cantidad de energía insignificante comparada con el potencial de la energía nuclear.

Pocos somos conscientes de que el oxígeno del aire es el principal elemento cancerígeno de nuestro entorno, pero muchos están convencidos, equivocadamente, de que la mayoría de los cánceres son evitables y consecuencia de la polución ambiental, y existe una incesante serie de artículos que sostienen y alimentan esa patraña.
¿Cómo puede ser, se preguntará usted, que algo tan bueno, tan inofensivo como la energía nuclear haya sido demonizado hasta el punto de que la gente y los gobiernos prudentes temen utilizarlo? Creo que es consecuencia de la vulnerabilidad de la gente ante el asombroso poder de una mentira repetida incesantemente. La publicidad, la propaganda y la ficción bien escrita ion muy eficaces y hacen que la mayoría siga creyendo que «nuclear» es sinónimo de «letal». Pero usted debería preguntarse cómo es posible que, a pesar de que estamos absorbiendo toda esa radioactividad y productos químicos, la incidencia del cáncer un haya aumentado perceptiblemente.
Sea cual sea la forma futura que tome la sociedad, será tribal, por lo que seguirá habiendo pobres y privilegiados. En ese mundo ultratecnológico estará de moda pues entre los ricos comer comida real: verduras cultivadas en la tierra y cocinadas con carne y pescado. Nos hemos metido en el presente lío porque lujos como la calefacción en todas las estancias de la casa y el desplazamiento en coche privado se han convertido en necesidades cuya cobertura queda mucho más allá de la capacidad de la Tierra. Hará falta vigilancia para restringir el consumo de lujos que amenacen a Gaia. Debo insistir de nuevo en que su bienestar es lo primero y es más importante que nuestro propio bienestar, porque sin Gaia, simplemente, no podemos existir.

El concepto de Gaia, un planeta vivo, es la base de cualquier ecologismo coherente y práctico. Contradice la extendida creencia de que la Tierra es una propiedad, una finca, que existe sólo para ser explotada por la humanidad. Esa falsa convicción de que somos propietarios del planeta, o tan siquiera sus administradores, nos permite seguir hablando de políticas ecologistas con la boca pequeña mientras continuamos nuestras actividades como si nada.
A través de Gaia veo la ciencia y la tecnología como rasgos humanos que tienen un gran potencial para el bien y para el mal. Puesto que formamos parte de Gaia y no somos algo ajeno a ella, nuestra inteligencia es una nueva habilidad con la que ella cuenta, además de un nuevo peligro. La evolución es reiterativa y comete errores, pero con el tiempo ese gran corrector, la selección natural, mantiene el mundo limpio y ordenado. Quizá la equivocación más grande de Gaia y nuestra haya sido el abuso consciente del fuego. Puede que cocinar la carne en una hoguera fuera aceptable, pero la destrucción deliberada de ecosistemas enteros mediante incendios con el único objetivo de hacer salir a los animales que contenían fue sin duda nuestro primer pecado contra la Tierra viva. Nos ha perseguido desde entonces y la combustión podría ser hoy nuestro auto de fe y la causa de nuestra extinción.

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The Revenge of Gaia is perhaps a good book about the science that treats the Earth a whole living system, which at this moment is at the door of a drastic climate change that threatens our civilization, according to the policy of harassment and demolition by the mass media another thing is to discuss many of these postulates and see the business behind it moves. It is written in a pleasant and understandable language, to create public awareness, to, in the words of James Lovelock, produce the fear and the visceral reaction necessary to boost the commitments of countries to curb greenhouse gas emissions. It is recommended for everyone and interesting are their theories, written in 2006 certainly should not coincide with their postulates but of special interest are thorny issues such as nuclear energy. Interesting without doubt.

I believe that the deterioration of the health of the Earth should be our main concern, because our lives depend on the planet we inhabit to stay healthy. Your health should matter more than anything else, because ensuring the welfare of the growing number of people requires that the place where we live is strong.
Only if we think of our planetary home as if it were alive can we see, perhaps for the first time, why crops erode the living tissue of their skin and why pollution is as poisonous to Earth as it is to us. The increasing levels of carbon dioxide and methane in the atmosphere have very different consequences for our planet than they would for a dead planet, such as Mars. The response of the living Earth to what we do does not only depend on the amount of soil we exploit and the pollution we generate, but also on the current state of health. When the Earth was young and strong, it resisted adverse changes and overcame the failures of its temperature regulation system. Maybe now our planet is older and less resistant.

Humanity faces its most difficult challenge. A challenge for which the humanist tradition has not prepared it. The acceleration of climate change will end the comfortable environment to which we are adapted. Change is a normal part of geological history. The most recent was the transition of the Earth from a long period of glaciation to its current temperate interglacial state. The unusual thing about the coming crisis is that we are its cause; nothing so drastic had happened since the long warm period of the early Eocene, fifty-five million years ago, the deepest change that has existed between the glacial and the nineteenth centuries and lasted two hundred thousand years.
We must overcome fear and accept nuclear energy as a safe and proven source of energy that causes minimal damage on a global scale. Today, it is as reliable as any other system involving human engineering, and it has the best safety statistics of all large-scale energy sources. France has shown that it can become the main source of energy for a nation, but despite this, governments are still afraid to hang on to the only life preserver available today. We need a diversified portfolio of energy sources, among which the nuclear one will be predominant, at least until the merger becomes a viable option.

It is true that the level of the sea can not rise more than another eighty meters, which is the impact that the melting of Greenland and Antarctica would have. But the scorching heat conditions that would affect the entire planet would reduce the productivity of both the remaining land and the oceans, and the loss of vegetation would reduce the rate of carbon dioxide consumption, which would help maintain that warm age for a hundred years. a thousand years or more. The most notable changes that have been observed to date have taken place in the Arctic.
Another probable change often debated by climatologists refers to the great currents that move the waters of the world’s oceans. The distinguished American scientist Wally Broecker was the first to warn us that the currents that cross the North Atlantic depend on the presence of Arctic conditions near Greenland. The waters that flow northward over the surface of the Atlantic are temperate and become more salty due to evaporation; salt water is denser than sweet water and would sink unless the waters below it are colder and denser still. When this dense, warm salt water cools when it comes in contact with the Arctic ice, it sinks there to the bottom of the ocean. This sinking is the driving force that sets the currents in motion and makes the temperate salty water that moves towards the northeast across the Atlantic, what we know as the Gulf Stream, do not stop. Broecker warned that if the sinking of salt water ceased, northern Europe would no longer receive the benefits of that stream of warm water.
When we talk about climate change, we think more about temperature than changes in other characteristics of the physical environment. Kangsheng Wu has been studying the balance of fresh water on the planet and has discovered that there is a persistent increase in the flow of fresh water to the oceans.

Nuclear power was the safest of all large-scale energy sources. The Swiss figures give it about forty times more secure than burning fossil fuels and even safer than hydroelectric power. And yet, the lies about nuclear power have penetrated so deep that we still believe that producing energy in a uranium reactor is more dangerous than burning fossil fuels in the oxygen of the air.
The constant distortion of the truth about the health risks posed by nuclear energy forces us to ask ourselves if everything else that has been told about it is not also false.
Another misconception that circulates is that there is so little uranium left on the planet that it will only last a few years. It is true that if the world opted for uranium as its only fuel, the reserves of easily extracted uranium would soon be exhausted, but low-grade uranium is extremely abundant. Granite, for example, contains enough uranium to make its power as a fuel five times that of an equivalent mass of coal. India is already preparing to use its large deposits of thorium, an alternative nuclear fuel, instead of uranium.
The main consideration must be time. Nuclear power is available immediately, and we would have to start building new plants without further delay. All possible alternatives, including fusion energy, still need decades of research and development before they can be used on a sufficient scale so that their use translates into a reduction of emissions. In a few years, renewable energies will provide us with a greater amount of emission-free energy, mostly thanks to wind energy, but we speak of a negligible amount of energy compared to the potential of nuclear energy.

Few are aware that oxygen from the air is the main carcinogenic element of our environment, but many are convinced, wrongly, that most cancers are avoidable and a consequence of environmental pollution, and there is an incessant series of articles that sustain and feed that hoax.
How can it be, you may ask, that something as good, as harmless as nuclear energy has been demonized to the point that prudent people and governments fear to use it? I think it is a consequence of the vulnerability of people to the amazing power of a lie repeated incessantly. Advertising, propaganda and well-written fiction are very effective and make most people believe that «nuclear» is synonymous with «lethal». But you should ask how it is possible that, even though we are absorbing all that radioactivity and chemicals, the incidence of cancer has increased significantly.
Whatever future form society takes, it will be tribal, so there will still be poor and privileged. In this ultra-technological world, it will be fashionable for the rich to eat real food: vegetables grown on land and cooked with meat and fish. We have gotten into this mess because luxuries such as heating in all rooms of the house and private car travel have become needs whose coverage is far beyond the capacity of the Earth. It will take vigilance to restrict the consumption of luxuries that threaten Gaia. I must insist again that your well-being comes first and is more important than our own well-being, because without Gaia, we simply can not exist.

The concept of Gaia, a living planet, is the basis of any coherent and practical environmentalism. It contradicts the widespread belief that the Earth is a property, a property, that exists only to be exploited by humanity. That false conviction that we own the planet, or even its administrators, allows us to continue talking about environmental policies with a small mouth while we continue our activities as if nothing.
Through Gaia I see science and technology as human traits that have great potential for good and for evil. Since we are part of Gaia and we are not something alien to her, our intelligence is a new skill with which she counts, as well as a new danger. Evolution is repetitive and makes mistakes, but over time that great corrector, natural selection, keeps the world clean and orderly. Perhaps the biggest mistake of Gaia and ours was the conscious abuse of fire. The cooking of meat in a bonfire might be acceptable, but the deliberate destruction of entire ecosystems by fire with the sole purpose of releasing the animals they contained was without doubt our first sin against the living Earth. It has persecuted us since then and combustion could be today our auto of faith and the cause of our extinction.

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