Valquirias. Mujeres Del Tercer Reich — Carlos Canales & Miguel Del Rey / Valkyries. Women In The Third Reich by Carlos Canales & Miguel Del Rey (spanish book edition)

Sin duda los libros de estos autores me parecen magníficos y este es otra clara prueba de ello, donde nos adentra en un tema quizás no muy conocido en exceso y que se degustar con una información exhaustiva además de didáctico.

En la mitología germánica las Valkirias son doce hermosas divinidades femeninas que habitan el Walhalla —el paraíso—, donde recompensan a los héroes por sus hazañas terrenas. Audaces diosas de la guerra que cabalgan por el aire, presencian los combates que ellas mismas arbitran y escogen a los combatientes que mueren en las batallas. Aunque siempre subordinadas a Odín, el dios supremo. No cabe ninguna duda de que las mujeres alemanas, como las Valkirias, desempeñaron un papel importante en el Tercer Reich, mucho mayor que el que su «führer» les había preparado, mezcla de diosa de la fecundidad y ama de casa.
Mientras Berlín, marcado por la recuperación económica, se convertía en la década de 1920 en un referente mundial del arte, la ciencia y la cultura, en el que triunfaba la emancipación femenina, el cabaret y las nuevas modas en el vestir, las mujeres bávaras, ajenas a esa forma de vida que consideraban decadente y socialmente perjudicial, continuaban en su gran mayoría ocupándose de campos y granjas ataviadas con su Dirndl salpicado de dibujos florales, que tanto se repite en las imágenes en que se las ve aclamar embelesadas a su führer.
No es un detalle intrascendente, si no la quinta esencia de la imagen de la mujer que quería el nacionalsocialismo. El Dirndl —del sajón deern, jovencita—, con su delantal y sus bordados tradicionales, idéntico para bávaras y austriacas, no solo representaba las labores de la mujer como esposa y ama de casa ocupada del hogar y los niños, incluso hasta la Segunda Guerra Mundial simbolizó el estado civil de la portadora: Si se ataba el lazo al lado derecho, significaba que estaba casada o comprometida; al lado izquierdo, que era soltera. Solo las viudas lo usaban con el lazo atado atrás.

La guerra no solo había dado a las mujeres el voto, sino que también las había alejado de algunos de los puntos de vista tradicionales que el imperio tenía de ellas. Les había dado la posibilidad de trabajar en puestos hasta entonces masculinos como conductores, obreros o mineros y se encontraban cómodas, pero ahora, con la derrota militar y el regreso de los hombres del frente, heridos, traumatizados y humillados, la república intentaba que volver a los roles tradicionales de género se convirtiera cada vez más en algo vinculado tanto al proceso de curación de los recién llegados como al de regeneración de la nación. Para ello fomentaba lo máximo posible que abandonaran los empleos que habían ocupado.
Aun así, las leyes de desmovilización que exigieron a las mujeres dejar de trabajar en favor de los hombres fracasaron, ya que ellas comenzaron a posponer en sus vidas el momento de contraer matrimonio y rechazaron el trabajo exclusivamente doméstico. Una actitud que puede comprobarse, por ejemplo, en 1925, cuando las mujeres alemanas eran todavía el 36% de la mano de obra en áreas tales como la industria o el trabajo agrícola.
Se vieron obligadas a abandonar sus empleos con el fin de que nada las distrajera de lo que el gobierno, pese a todo, también pensaba que, en el fondo, era su misión tradicional: ser esposa y madre.
La llegada de Hitler al poder estaba claro que significaría la pérdida de los logros en materia de derechos que las mujeres habían conseguido durante la República de Weimar. Quedó demostrado cuando, en noviembre de 1933, una vez controlado el parlamento por el partido nacionalsocialista no hubo mujer alguna en los escaños del Reichstag, dado que en el seno del Partido seguían siendo consideradas como un elemento auxiliar, a modo de soporte pasivo, que permitiera al varón una mayor dedicación a sus deberes para con el Movimiento.

Las tareas que se le asignaban a la mujer en el nuevo Reich solo tenían que ver con el hogar en su sentido estricto. Debían ser buenas madres que criaran a sus hijos en casa mientras sus maridos trabajaban. Tras la Primera Guerra Mundial se contabilizaban unas 100 000 profesoras, más de 3000 doctoras y cerca de 13 000 músicos femeninos, muchas de ellas en puestos públicos. La gran mayoría fueron despedidas en 1933, meses después de la llegada de Hitler al poder, seguidas de las administrativas y abogadas.
Una de las primeras leyes que el Reichstag aprobó ese año fue la del fomento del matrimonio. Establecía que todas las parejas de recién casados obtendrían un préstamo del gobierno de 1000 marcos a muy bajo interés. Si concebían un hijo en el primer año de matrimonio estarían exentos de devolver el 25%, con dos en dos años, el 50% y así sucesivamente hasta cuatro. En ese caso no tenían que devolver ninguna cantidad. Más de 800 000 recién casados se comprometieron a cumplir con la ley.
El objetivo de la medida era tan simple como perturbador. Si se iba a llevar a cabo la ampliación del espacio vital se necesitaba poblarlo. Los varones servirían como soldados y colonizarían las nuevas tierras. Las jóvenes madres engendrarían a su vez más niños y niñas, que podrían continuar el proceso hasta que se hubiera completado el nuevo orden en los inmensos terrenos ganados en el Este de Europa.

Brigitte Homey o Sybille Schmitz también fallaron en cumplir con el estándar exigido por el partido. Homey era «intensa, expresiva y sin pretensiones», como se decía por entonces; Schmitz se caracterizaba por su «enigmático y un tanto problemático aspecto». Igual que la chilena Rosita Serrano —una de las musas de Goebbels—, o Ilse Werner, nacida en Holanda, que tenía 18 años en 1939 cuando triunfó con Bel Ami y se hizo famosa por Ja, das ist meine melodie, su canción silbada en la película, que la convirtió en una de las cantantes y actrices preferidas del público durante todo el Tercer Reich
Para asegurarse, de que todas estas reinas del cine de entretenimiento influyeran de la forma correcta en su público, Goebbels y sus funcionarios del Ministerio de Propaganda —el Promi—, introdujeron en febrero de 1934 la figura del precensor, un empleado público perteneciente al Reichsfilmdramaturg dedicado a la revisión de manuscritos y guiones para «evitar a tiempo» que se trataran temas contrarios al espíritu de la época. Además, las películas del Reich incorporaron también desde ese momento la figura del «dramaturgo», que debía supervisar la ejecución real de la producción y solucionar cualquier posible conflicto, desde el momento que se iniciara la filmación.
A pesar de que la prensa afín señalara que se había realizado un número importante de modificaciones en la cultura de las estrellas de Ufa, basta una mirada más detenida a sus trabajos para ver que esos supuestos cambios se aplicaron muy raramente para evitar que el público huyera de las salas de cine. En casi todos los casos se presentó una especie de doble cara de las estrellas: una faceta glamurosa y otra que pudiera estar conforme al modelo nacionalsocialista y, por lo tanto, no pudiera decirse que fuera artificial o superficial.

Los años previos a la guerra surgieron numerosas tensiones entre la industria cinematográfica alemana y los guardianes ideológicos de la nación, por que los productos que salían en pantalla y más fácilmente se popularizaban y vendían no cumplían con los requisitos que exigía el Partido. Es un error pensar debido a la influencia del cine de los últimos años del siglo XX que la Alemania de Hitler era un lugar oscuro y tenebroso. Lo sería ideológicamente, pero nada más. En 1936 se bebía Coca Cola en las calles de Berlín —era uno de los tres patrocinadores oficiales de las olimpiadas—, se es trenaban películas de Walt Disney —Blancanieves y los siete enanitos, por ejemplo, en 1937—, y se vendían electrodomésticos, ropa de moda y objetos de lujo que la ideología del Partido calificaba como decadentes. Todo eso permitía a los alemanes llevar esa «doble vida» de la que hablamos, en la que cuidadosamente se separaban los imperativos ideológicos que dominaban la organización del trabajo y la vida política, de un tiempo de ocio que gozaba de cierto grado de diversidad cultural.

Dentro de las numerosas Organizaciones Sociales del Tercer Reich, probablemente una de las más complejas, oscuras y desconocidas sea la National-Sozialistische Frauenschaft —Organización Femenina nacionalsocialista—, fundada en 1931 por Gregor Strasser tras encargarse este de disolver todas las organizaciones similares con connotaciones políticas y unificarlas en una única organización reconocida y controlada por el NSDAP para acercar a las mujeres y niñas alemanas al ideario político.
Se pretendía que esa organización abarcara a todos los grupos de mujeres, como el BDM, Bund Deutscher Mädel, —la Liga de Muchachas Alemanas— y la JM, Jungmädelbund, —la Liga de Niñas Alemanas—. Ampliadas en 1938 con la Frauenwerk Deutsches —Organización Alemana del Bienestar de la Mujer—, aunque a esta última, por ser más una organización civil, se le permitió permanecer en cierto modo independiente.
La afiliación era obligatoria para todas las mujeres de entre 21 y 30 años de edad. Destaca la Escuela de Novias. El curso costaba 135 reichsmarks —el equivalente a 470 euros actuales—, y se impartían una gran variedad de habilidades domésticas. Desde cocinar, planchar, o cómo cuidar a los niños, hasta conceptos de jardinería, agricultura y ganadería. Incluso diseño de interiores. Un artículo publicado en la revista Das schöne Heim —Las casas más bellas—, describió cómo se las animaba a adoptar un estilo «claro y limpio» en el que se utilizaran los «tradicionales y hermosos muebles obtenidos de los bosques alemanes».
Además se les enseñaban modales, normas para saber mantener una conversación adecuada, conocimientos básicos sobre la raza y la genética o la mejor manera de limpiar el uniforme de su marido, abrillantar sus botas o pulir los metales de sus accesorios de gala. Todo aderezado con canciones populares alemanas, leyendas y cuentos de hadas que pudieran infundirlas un sentido de «comunidad nacional», el ya comentado Volksgemeinschaft.
Diez, eran los mandamientos básicos para la elección de un cónyuge:
Recuerda que eres alemana.
Si eres genéticamente sana, tu deber es casarte.
Mantén tu cuerpo puro.
Mantén tu mente y espíritu puro.
Como alemana elige solo un cónyuge de tu país o de países con sangre nórdica.
Cuando elijas a tu cónyuge pregúntale acerca de sus antepasados.
La salud es también una condición previa para la belleza física.
Cásate solo por amor.
No busques un compañero de juegos, sino un compañero para el matrimonio.
Debes querer tener tantos hijos como sea posible.

Durante la Guerra Mundial. El Decreto también permitía «un tratamiento especial» —la pena de muerte—, para los polacos que tuvieran relaciones sexuales con alemanas.
El problema de las relaciones sexuales, que parecía quitar el sueño a los ideólogos del partido, se vio corroborado por otra ley del 20 de febrero de 1942, que trataba de impedir definitivamente cualquier contacto de ese tipo con las alemanas, aunque en realidad, la forma de aplicarla dependía mucho de la nacionalidad del trabajador, o del prisionero de guerra.
En general, no se prohibió el contacto social entre los alemanes y los trabajadores civiles del oeste de Europa, principalmente franceses, holandeses y belgas. Tampoco se le impuso ninguna pena si las autoridades consideraban que el varón era trabajador y digno de germanización; incluso si la mujer estaba sola la pareja podía ser autorizada a casarse. En el caso de los prisioneros de guerra que tuvieran relaciones con mujeres alemanas, a los franceses o británicos se los enviaba a las cortes militares y, generalmente, eran condenados a tres años en un campo de concentración, pero no fue así para los originarios del Este. Tanto los trabajadores como los prisioneros de guerra que tuvieron contacto con mujeres alemanes acabaron entregados mujeres alemanes acabaron entregados a la Gestapo y terminaron en campos de concentración o fueron directamente ejecutados.
Enseguida, el castigo se amplió también a las mujeres culpables de tener relaciones sexuales con un extranjero. Para el Ministerio de Justicia del Reich, un desprestigio que deshonraba a la nación y dañaba su reputación de cara al exterior.
Los rusos, como hemos dicho, eran los únicos que practicaban las violaciones con entusiasmo. Los días 17 y 18 de abril de 1945, soldados franceses de las unidades marroquíes, tunecinas y argelinas violaron por lo menos a 500 mujeres en la pequeña población de Freudenstadt, en la Selva Negra; 600 en Bruschal y 385 en la zona del lago Constanza. Antes de pasar por Stuttgart, donde hicieron los mismo con otras 1198 mujeres —de entre 14 y 74 años según los informes de la policía—, y ocho hombres. Con el consentimiento de sus oficiales europeos.
La mayoría fueron atacadas en sus propias casas en incursiones dedicadas al saqueo. Cuatro murieron a manos de sus agresores, y otras cuatro se suicidaron.
Las fuerzas estadounidenses prohibieron las violaciones, lo que llevó a más de 700 de sus soldados ante una corte marcial. Solo los británicos se mostraron ajenos a toda esa violencia, preferían el intercambio, mucho mejor cuanto menos tuviera la elegida: un poco de comida, una pastilla de jabón, cigarrillos o una tableta de chocolate, por relaciones sexuales.
Ni siquiera acabada la guerra se terminó con las violaciones, aunque no se consideraran así técnicamente. En la parte bajo control estadounidense, entre 1945 y 1948 miles de alemanas tuvieron que prostituirse con los soldados para poder dar de comer a sus hijos. Las tropas de ocupación eran las únicas que tenían acceso a los alimentos en las grandes ciudades y a menudo los cambiaban por favores sexuales. Lo publicó la revista Time el 12 de noviembre de 1945: «Más de una familia norteamericana en su sano juicio retrocedería horrorizada si supieran con que insensibilidad realizan por aquí sus niños las relaciones humanas».

Cuando los hombres comenzaron a ser liberados de los campos de prisioneros y regresaron a casa se encontraron con unas mujeres muy distintas a las que recordaban. Habían sufrido y reconstruido las ciudades salvajemente bombardeadas, mientras cuidaban y alimentaban a sus hijos, sin ni siquiera abandonar del todo el cuidado de sus miserables hogares. La imagen tradicional del papel de la mujer había cambiado totalmente, hasta alcanzar la absoluta independencia por pura necesidad. Las consecuencias se vieron enseguida, a finales de la década de los cuarenta, se registraron altísimas cifras de demandas de divorcio.
Política y socialmente, comenzaba un nuevo orden.

Mujeres del Reich
Andresen, Ingeborg: Escritora, miembro del círculo de poesía Eutiner fundado en 1936, uno de los grupos literarios más importantes de la Alemania nacionalsocialista.

Aufsberg, Lala: Una de los más famosas fotógrafas de arte del Tercer Reich y la posguerra en la República Federal de Alemania. En 1937 y 1938 documentó las reuniones del Partido en Núremberg.

Baarová, Lida: Actriz checoslovaca. Una de las amantes de Joseph Goebbels.

Barrelet, Sophie: Profesora alemana de la Universidad de Hamburgo, en la que se ocupó principalmente de la enseñanza de idiomas extranjeros. Miembro del NSDAP, ocupó varios puestos directivos en el sistema educativo del Tercer Reich. Se jubiló de su puesto docente en 1962. Falleció en 1987, a los 95 años.

Bechstein, Helene: Una de las mecenas de Hitler.

Buch, Eva-Marie: Joven miembro del grupo antinazi Orquesta Roja. Trabajaba en una librería cuando fue arrestada en el invierno de 1942, a los 21 años. La ejecutaron en agosto de 1943 porque se le encontró un panfleto en contra del Partido que era evidente que ella no había escrito, pero que valientemente Eva se lo atribuyó para proteger al resto de su compañeros del movimiento clandestino.

Chejova, Olga: actriz rusa de origen alemán que frecuentaba y era admirada en los círculos nacionalsocialistas, en especial en los de Goebbels y Hitler, a los que gustaba su porte aristocrático. Tras la guerra se especuló con que podía haber sido una espía soviética.

Gerda, Christian: Una de las cuatro secretarias privados de Adolf Hitler entre 1932 y 1945.

Gillars, Mildred: Ciudadana estadounidense. Conocida por los aliados como «Axis Sally», fue la locutora de los programas de noticias de Radio Berlín durante la Segunda Guerra Mundial. Detenida después de la guerra fue condenada a doce años de cárcel en prisión federal femenina de Alderson, Virginia Occidental.

Goebbels, Magda: esposa del ministro de propaganda Joseph Goebbels. Una figura respetada del Reich.

Goering, Carin: primera esposa de Hermann Goering. De origen sueco, simbolizó durante un tiempo el ideal de mujer nórdica y convencida nacionalsocialista, cuando todavía el NSDAP no había llegado al poder.

Goering, Emmy: Actriz alemana. Segunda esposa de Hermann Goering.

Haarer, Johanna: Médico austriaca, autora de guías educativas para madres que se inspiraban en la ideología del nacionalsocialismo. Haarer fue miembro del NSDAP y, en 1937, temporalmente, gausachbearbeiterin —responsable—, para cuestiones raciales de las mujeres nacionalsocialistas de Múnich.

Hamel, Ilse: Nacida en 1874. Periodista y escritora. Defensora de que solo se podrían conseguir los objetivos pangermánicos con un líder fuerte fue una de las firmantes del manifiesto Lealtad, el voto más fiel. En 1934 la nombraron gerente del «arte popular y las tareas indígenas» en el Departamento de la Mujer Nacional Socialista y al año siguiente fue comisionada para los Asuntos de la Mujer en la Cámara del Reich.

Harder, Agnes: Profesora y escritora alemana. Firmó el manifiesto Lealtad, el voto más fiel.

Hess, Ilse: Esposa de Rudolf Hess. La más discreta de las mujeres de los líderes del Partido cayó en desgracia tras la huida de su marido a Gran Bretaña en 1941. Se dio a conocer después de la Segunda Guerra Mundial como escritora.

Heydrich, Lina: esposa de SS obergruppenführer Reinhard Heydrich.

Hitler, Eva: nacida Braun, novia eterna y luego esposa de Adolf Hitler.

Hollenstein, Stephanie: Pintora expresionista austríaca. Su apoyo al nacionalsocialismo le permitió alcanzar un puesto de alta funcionaria.

Junge, Traudl: La más conocida y joven de las secretarias de Hitler —tenía 22 años cuando se incorporó a su equipo en 1942—, fue detenida en 1945 por los rusos y luego cedida a los estadounidenses. Exonerada de cualquier cargo por la comisión alemana de desnazificación, trabajó como secretaria y periodista para varias editoriales.

Orschitsch, María: célebre médium nacida en Viena, hija de una austriaca y un emigrante croata, que se convirtió en líder de la Sociedad del Vril, supuestamente ligada a la Sociedad Thule de Dietrich Eckart, uno de los ideólogos del nacionalsocialismo.

Potthast, Hedwig: Secretaria. Amante de Himmler, con que tenía un hijo y una hija nacidos en 1942 y 1944, respectivamente.

Rehborn, Anni. Nadadora olímpica. Contrajo matrimonio con el doctor Karl Brandt, uno de los médicos personales de Hitler el 17 de marzo de 1934. Tanto ella como su marido formaban parte del círculo íntimo de Hitler y mantuvieron una estrecha amistad con Eva Braun y Margarete Speer.

Reicke, Ilse: Escritora y periodista. Al igual que su marido, firmó el manifiesto Lealtad, el voto más fiel.

Reiter, Maria: también conocida como «Mizzi», protagonista de un hipotético romance con Adolf Hitler durante la década de 1920.

Reitsch, Hanna: Una de las pilotos alemanas más famosas del siglo XX.

Rüdiger, Jutta: Psicóloga alemana. Líder de la Liga de Muchachas Alemanas de 1937 a 1945.

Scholtz-Klink, Gertrud: Líder de las Mujeres de Reich en el Partido Nacionalsocialista.

Schroeder, Christa: Secretaria de Adolf Hitler de 1933 a 1945.

Schulze-Boysen, Libertas: Nacida en 1913, se afilió al partido nacionalsocialista en 1933. Trabajó en el Ministerio de Propaganda, de donde sacó información para el movimiento clandestino antinazi Orquesta Roja. Detenida por la Gestapo fue ejecutada junto a su marido días antes de la Navidad de 1942.

Seele, Gertrud: Enfermera berlinesa del servicio de auxilio social. Ayudó a salvarse de la deportación a muchos judíos. Finalmente descubierta, en 1944 fue arrestada por la Gestapo. Acusada de derrotista y de minar la moral del pueblo, un tribunal la condenó a muerte en enero de 1945.

Seidel, Ina: Poeta alemana, novelista y ferviente admiradora de Hitler.

Von Schirach, Henriette: hija de Henrich Hoffman, fotógrafo de Hitler. Escritora y esposa de Baldur von Schirach, Líder de las Juventudes del Reich y gauleiter de Viena.

Wagner, Winifred: Directora del Festival de Bayreuth hasta 1944.

Wohlauf, Vera: Prototipo de las mujeres que acompañaron al frente a sus maridos y fueron testigos de las atrocidades realizadas por los batallones de exterminio que actuaban en retaguardia. Vera era la esposa del capitán Julius Wohlauf, del batallón 101, responsable entre otros crímenes de los asesinatos en masa de Józefów, al este de Polonia.

Wolf, Johanna: Secretaria de Adolf Hitler de 1933 a 1945.

Wolf, Lucie: Secretaria personal de Hermann Goering, llevaba la relación de los tesoros artísticos que robaba el mariscal del aire. Internada al acabar la guerra en un campo de prisioneros, escapó con la ayuda de un guardia estadounidense. Logró emigrar a Australia y se convirtió en ciudadana de ese país.

No doubt about the books of these authors are magnificent to me and this is another clear proof of it, where we enter into a topic that is perhaps not very well known and that can be tasted with exhaustive information as well as didactic.

In Germanic mythology the Valkyries are twelve beautiful female divinities that inhabit the Walhalla – paradise – where they reward heroes for their earthly deeds. Audacious goddesses of war who ride through the air, witness the combats that they arbitrate and choose the fighters who die in battles. Although always subordinate to Odin, the supreme god. There is no doubt that German women, like the Valkyries, played an important role in the Third Reich, much greater than the one their führer had prepared for them, a mixture of fertility goddess and housewife.
While Berlin, marked by economic recovery, became in the 1920s a world reference in art, science and culture, in which female emancipation, cabaret and new fashions in dress triumphed, Bavarian women , alien to that way of life that they considered decadent and socially damaging, they continued in their great majority taking care of fields and farms adorned with their Dirndl dotted with floral drawings, that so much is repeated in the images in which they are seen enthralled to their führer .
It is not an inconsequential detail, if not the quintessence of the image of the woman who wanted National Socialism. The Dirndl -the Saxon deern, young girl-, with her apron and her traditional embroideries, identical for Bavarian and Austrian, not only represented the work of the wife as wife and housewife occupied with the home and children, even until the Second World War World symbolized the marital status of the carrier: If the tie was tied to the right side, it meant that she was married or engaged; On the left side, I was single. Only the widows used it with the bow tied back.

The war had not only given women the vote, but had also alienated them from some of the traditional views that the empire had of them. He had given them the possibility of working in positions until then male as drivers, workers or miners and they were comfortable, but now, with the military defeat and the return of the front men, wounded, traumatized and humiliated, the republic was trying to return Traditional gender roles became increasingly linked to both the healing process of newcomers and the regeneration of the nation. To do this, they encouraged as much as possible to leave the jobs they had occupied.
Even so, the demobilization laws that required women to stop working in favor of men failed, since they began to postpone in their lives the moment of contracting marriage and rejected exclusively domestic work. An attitude that can be proven, for example, in 1925, when German women were still 36% of the workforce in areas such as industry or agricultural work.
They were forced to leave their jobs so that nothing would distract them from what the government, despite everything, also thought that, deep down, it was their traditional mission: to be a wife and a mother.
The arrival of Hitler to power was clear that it would mean the loss of the achievements in terms of rights that women had achieved during the Weimar Republic. It was demonstrated when, in November 1933, once the parliament was controlled by the National Socialist Party, there were no women in the Reichstag seats, given that within the Party they were still considered as an auxiliary element, as a passive support, that allow the man a greater dedication to his duties to the Movement.

The tasks that were assigned to the woman in the new Reich only had to do with the home in its strict sense. They should be good mothers to raise their children at home while their husbands worked. After the First World War, there were about 100,000 teachers, more than 3000 female doctors and about 13,000 female musicians, many of them in public positions. The great majority were dismissed in 1933, months after the arrival of Hitler to power, followed by administrative and lawyers.
One of the first laws that the Reichstag passed that year was the promotion of marriage. It established that all newly married couples would get a government loan of 1000 marks at very low interest. If they conceived a child in the first year of marriage they would be exempt from returning 25%, with two in two years, 50% and so on up to four. In that case they did not have to return any amount. More than 800,000 newlyweds pledged to comply with the law.
The purpose of the measure was as simple as disturbing. If the expansion of the living space were to be carried out, it was necessary to populate it. The males would serve as soldiers and colonize the new lands. The young mothers would in turn generate more boys and girls, who could continue the process until the new order had been completed in the immense land gained in Eastern Europe.

Brigitte Homey or Sybille Schmitz also failed to meet the standard demanded by the party. Homey was “intense, expressive and unpretentious,” as it was said at the time; Schmitz was characterized by his “enigmatic and somewhat problematic aspect”. Like the Chilean Rosita Serrano -one of Goebbels muses-, or Ilse Werner, born in Holland, who was 18 years old in 1939 when she triumphed with Bel Ami and became famous for Ja, das ist meine melodie, her song whistled in the film, which made her one of the favorite singers and actresses of the public throughout the Third Reich.
To make sure that all these entertainment film queens had the right influence on their audience, Goebbels and his Ministry of Propaganda officials – the Promi – introduced in February 1934 the figure of the precensor, a public employee belonging to the Reichsfilmdramaturg dedicated to the revision of manuscripts and scripts to “avoid in time” that were topics contrary to the spirit of the time. In addition, the films of the Reich also incorporated from that moment the figure of the “dramatist”, who had to supervise the real execution of the production and to solve any possible conflict, from the moment that the filming began.
Although the related press pointed out that there had been a significant number of changes in the culture of the stars of Ufa, a closer look at their work is enough to see that these supposed changes were applied very rarely to prevent the public from fleeing of movie theaters. In almost all cases there was a kind of double face of the stars: a glamorous facet and another that could be conformed to the National Socialist model and, therefore, could not be said to be artificial or superficial.

In the years leading up to the war, numerous tensions arose between the German film industry and the nation’s ideological guardians, because the products that came out on screen and more easily popularized and sold did not meet the requirements demanded by the Party. It is a mistake to think because of the influence of the cinema of the last years of the 20th century that Hitler’s Germany was a dark and gloomy place. It would be ideologically, but nothing more. In 1936 he drank Coca Cola in the streets of Berlin – he was one of the three official sponsors of the Olympics – Walt Disney films were being shot – Snow White and the Seven Dwarfs, for example, in 1937 – and electrical appliances were sold, fashionable clothes and luxury objects that the ideology of the Party qualified as decadent. All this allowed the Germans to lead the “double life” of which we speak, in which the ideological imperatives that dominated the organization of work and political life were carefully separated from a leisure time that enjoyed a certain degree of cultural diversity. .

Among the numerous Social Organizations of the Third Reich, probably one of the most complex, obscure and unknown is the National-Sozialistische Frauenschaft – National Socialist Feminine Organization – founded in 1931 by Gregor Strasser after being responsible for dissolving all similar organizations with political connotations and unify them in a single organization recognized and controlled by the NSDAP to bring the German women and girls closer to the political ideology.
The organization was intended to cover all women’s groups, such as the BDM, Bund Deutscher Mädel, the League of German Girls, and the JM, Jungmädelbund, the League of German Girls. Expanded in 1938 with the Frauenwerk Deutsches – German Women’s Welfare Organization – although the latter, being more of a civil organization, was allowed to remain somewhat independent.
Membership was mandatory for all women between 21 and 30 years of age. Highlights the Bridal School. The course cost 135 reichsmarks – the equivalent of 470 euros today – and a wide variety of domestic skills were taught. From cooking, ironing, or how to take care of children, to concepts of gardening, agriculture and livestock. Even interior design. An article published in the magazine Das schöne Heim -The most beautiful houses-, described how they were encouraged to adopt a “clear and clean” style in which the “traditional and beautiful furniture obtained from the German forests” were used.
In addition they were taught manners, rules to know how to maintain a proper conversation, basic knowledge about race and genetics or the best way to clean the uniform of her husband, polish their boots or polish the metals of their gala accessories. All seasoned with German folk songs, legends and fairy tales that could instill a sense of “national community”, the aforementioned Volksgemeinschaft.
Ten, were the basic commandments for choosing a spouse:
Remember that you are German.
If you are genetically healthy, your duty is to marry.
Keep your body pure.
Keep your mind and spirit pure.
As a German, choose only one spouse from your country or countries with Nordic blood.
When you choose your spouse, ask him about his ancestors.
Health is also a precondition for physical beauty.
Marry just for love.
Do not look for a playmate, but a partner for marriage.
You must want to have as many children as possible.

During the World War. The Decree also allowed for “special treatment” – the death penalty – for Poles who had sex with Germans.
The problem of sexual relations, which seemed to take away the sleep of party ideologues, was corroborated by another law of February 20, 1942, which tried to definitively prevent any such contact with the Germans, although in reality, the How to apply it depended a lot on the nationality of the worker, or the prisoner of war.
In general, social contact between the Germans and the civil workers of Western Europe, mainly French, Dutch and Belgians, was not forbidden. Nor was any penalty imposed on him if the authorities considered that the man was a worker and worthy of Germanization; Even if the woman was alone, the couple could be authorized to marry. In the case of prisoners of war who had relations with German women, the French or British were sent to the military courts and, generally, they were sentenced to three years in a concentration camp, but this was not the case for the natives of the country. East. Both the workers and prisoners of war who had contact with German women ended up delivering German women ended up delivered to the Gestapo and ended up in concentration camps or were directly executed.
Then, the punishment was extended also to women guilty of having sex with a foreigner. For the Reich Ministry of Justice, a loss of prestige that dishonors the nation and damaged its reputation abroad.
The Russians, as we have said, were the only ones who practiced the violations with enthusiasm. On April 17 and 18, 1945, French soldiers from the Moroccan, Tunisian and Algerian units raped at least 500 women in the small town of Freudenstadt, in the Black Forest; 600 in Bruschal and 385 in the area of ​​Lake Constance. Before going through Stuttgart, where they did the same with another 1198 women – between 14 and 74 years old according to police reports – and eight men. With the consent of its European officials.
Most were attacked in their own homes in raids dedicated to looting. Four died at the hands of their aggressors, and another four committed suicide.
US forces banned the rapes, which led to more than 700 of his soldiers facing a court martial. Only the British were oblivious to all that violence, preferred the exchange, much better the less the chosen one had: a little food, a bar of soap, cigarettes or a chocolate bar, for sexual intercourse.
Even the war was not over, the violations ended, even if they were not considered technically like that. In the part under American control, between 1945 and 1948 thousands of Germans had to prostitute themselves with the soldiers to be able to feed their children. The occupation troops were the only ones that had access to food in the big cities and often exchanged them for sexual favors. It was published by Time magazine on November 12, 1945: “More than one American family in its right mind would recoil in horror if they knew with what callousness their children make human relationships here.”

When the men began to be freed from the prison camps and returned home, they encountered women very different from the ones they remembered. They had suffered and rebuilt the wildly bombed cities, while caring for and feeding their children, without even abandoning the care of their miserable homes altogether. The traditional image of the role of women had changed completely, until reaching absolute independence out of sheer necessity. The consequences were seen immediately, at the end of the decade of the forties, very high figures of divorce lawsuits were registered.
Politically and socially, a new order began.

Women of the Reich
Andresen, Ingeborg: Writer, member of the Eutiner poetry circle founded in 1936, one of the most important literary groups in National Socialist Germany.

Aufsberg, Lala: One of the most famous art photographers of the Third Reich and the post-war period in the Federal Republic of Germany. In 1937 and 1938 he documented the meetings of the Party in Nuremberg.

Baarová, Lida: Czechoslovak actress. One of the lovers of Joseph Goebbels.

Barrelet, Sophie: German professor at the University of Hamburg, where she was mainly involved in the teaching of foreign languages. Member of the NSDAP, he held several management positions in the educational system of the Third Reich. He retired from his teaching position in 1962. He died in 1987, at the age of 95.

Bechstein, Helene: One of Hitler’s patrons.

Buch, Eva-Marie: Young member of the anti-Nazi Red Orchestra group. She worked in a bookstore when she was arrested in the winter of 1942, at 21 years old. They executed her in August 1943 because she was found to have a pamphlet against the Party that she obviously had not written, but Eva courageously attributed it to her to protect the rest of her comrades from the underground movement.

Chejova, Olga: Russian actress of German origin who frequented and was admired in National Socialist circles, especially those of Goebbels and Hitler, who liked her aristocratic demeanor. After the war it was speculated that she could have been a Soviet spy.

Gerda, Christian: One of the four private secretaries of Adolf Hitler between 1932 and 1945.

Gillars, Mildred: American citizen. Known by the allies as “Axis Sally”, she was the announcer of the news programs of Radio Berlin during the Second World War. Arrested after the war, she was sentenced to 12 years in federal prison in Alderson, West Virginia.

Goebbels, Magda: wife of propaganda minister Joseph Goebbels. A respected figure of the Reich.

Goering, Carin: first wife of Hermann Goering. Of Swedish origin, it symbolized for a time the ideal of Nordic woman and convinced National Socialist, when still the NSDAP had not come to power.

Goering, Emmy: German actress. Second wife of Hermann Goering.

Haarer, Johanna: Austrian doctor, author of educational guides for mothers who were inspired by the ideology of National Socialism. Haarer was a member of the NSDAP and, in 1937, temporarily, gausachbearbeiterin -responsible-, for racial issues of the National Socialist women of Munich.

Hamel, Ilse: Born in 1874. Journalist and writer. Defender that only the pan-Germanic objectives could be achieved with a strong leader was one of the signers of the manifesto Loyalty, the most faithful vote. In 1934 she was appointed manager of “folk art and indigenous tasks” in the Department of National Socialist Women and the following year was commissioned for Women’s Affairs in the Reich Chamber.

Harder, Agnes: German teacher and writer. He signed the manifesto Loyalty, the most faithful vote.

Hess, Ilse: Wife of Rudolf Hess. The most discreet of the women leaders of the Party fell into disgrace after the flight of her husband to Britain in 1941. It became known after the Second World War as a writer.

Heydrich, Lina: wife of SS obergruppenführer Reinhard Heydrich.

Hitler, Eva: born Braun, eternal bride and then wife of Adolf Hitler.

Hollenstein, Stephanie: Austrian expressionist painter. His support for National Socialism allowed him to reach a position of high official.

Junge, Traudl: The best-known and youngest of Hitler’s secretaries-she was 22 years old when she joined her team in 1942-she was arrested in 1945 by the Russians and then ceded to the Americans. Exonerated from any position by the German denazification commission, she worked as a secretary and journalist for several publishers.

Orschitsch, Maria: famous medium born in Vienna, daughter of an Austrian and a Croatian emigrant, who became leader of the Vril Society, supposedly linked to the Thule Society of Dietrich Eckart, one of the ideologues of National Socialism.

Potthast, Hedwig: Secretary. Lover of Himmler, with whom he had a son and a daughter born in 1942 and 1944, respectively.

Rehborn, Anni. Olimpic swimmer. He married Dr. Karl Brandt, one of Hitler’s personal doctors on March 17, 1934. Both she and her husband were part of Hitler’s inner circle and maintained a close friendship with Eva Braun and Margarete Speer.

Reicke, Ilse: Writer and journalist. Like her husband, she signed the manifesto Loyalty, the most faithful vote.

Reiter, Maria: also known as «Mizzi», protagonist of a hypothetical romance with Adolf Hitler during the 1920s.

Reitsch, Hanna: One of the most famous German pilots of the twentieth century.

Rüdiger, Jutta: German psychologist. Leader of the League of German Girls from 1937 to 1945.

Scholtz-Klink, Gertrud: Leader of the Reich Women in the National Socialist Party.

Schroeder, Christa: Secretary of Adolf Hitler from 1933 to 1945.

Schulze-Boysen, Libertas: Born in 1913, she joined the National Socialist Party in 1933. She worked in the Ministry of Propaganda, from which she obtained information for the clandestine anti-Nazi movement Red Orchestra. Arrested by the Gestapo, she was executed together with her husband days before Christmas 1942.

Seele, Gertrud: Berlin nurse of the social service. He helped save many Jews from deportation. Finally discovered, in 1944 she was arrested by the Gestapo. Accused of defeating and undermining the people’s morale, a court sentenced her to death in January 1945.

Seidel, Ina: German poet, novelist and fervent admirer of Hitler.

Von Schirach, Henriette: daughter of Henrich Hoffman, photographer of Hitler. Writer and wife of Baldur von Schirach, Leader of the Reich Youth and gauleiter of Vienna.

Wagner, Winifred: Director of the Bayreuth Festival until 1944.

Wohlauf, Vera: Prototype of the women who accompanied their husbands to the front and witnessed the atrocities carried out by the extermination battalions that acted in the rear. Vera was the wife of Captain Julius Wohlauf, of battalion 101, responsible among other crimes of the mass murders of Józefów, in the east of Poland.

Wolf, Johanna: Secretary of Adolf Hitler from 1933 to 1945.

Wolf, Lucie: Personal secretary of Hermann Goering, he carried the relation of the artistic treasures that the marshal of the air stole. He interned at the end of the war in a prison camp, escaped with the help of an American guard. She managed to emigrate to Australia and became a citizen of that country.

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