Mi Dieta Cojea: Los Mitos Sobre Nutrición Que Te Han Hecho Creer — Aitor Sánchez García / My Diet No Perfect: Myths About Nutrition That Have Made You Believe by Aitor Sánchez García (spanish book edition)

Interesante libro sobre la nutrición. El libro desmonta mitos sobre la nutrición, lo cual es algo necesario porque hay mucha gente desinformada y en ocasiones no sabe uno de quién fiarse. Encontrar información fiable no es fácil. En este sentido, el libro cumple su cometido sin resultar sesgado.
También estoy de acuerdo con la opinión de quienes afirman que el contenido es bastante básico y a ratos superficial. A alguien con un interés serio en nutrición, el libro le vale de poco. Pero, como he dicho, para aquellos que no tengan muchas nociones sobre el tema o estén perdidos, el libro resulta útil.

Hay personas que se asombran de lo mal que comemos. Yo me asombro de que queden personas que coman bien, dada la confusión reinante en los asuntos relacionados con la alimentación en los sobreinformados a la par que desinformados principios del siglo XXI.
Los mensajes nutricionales, groseramente simplificados, se multiplican en unos medios de comunicación más preocupados por el impacto que por la difusión de la verdad: la mantequilla puede obturarte las arterias un día, y al siguiente, ser buena para el corazón, alargarte la vida.
Buena parte de la gran industria alimentaria promueve activamente la oscuridad en su propio beneficio. Unos ocultan los perjuicios de sus elaboraciones promoviendo pintorescos estudios que prueban cosas loquísimas como que la cerveza y el vino rejuvenecen (de la toxicidad del alcohol ya hablamos otro día) o que el chocolate es la vía para alcanzar la felicidad (está comprobado que si te inflas como un zepelín por abusar de él, te sube la autoestima). Otros etiquetan su mercancía con reclamos saludables engañosos, cuando no les ponen adjetivos directamente absurdos como «natural» o «casero». La guinda del pastel la pone el ataque publicitario por tierra, mar y aire del negocio del adelgazamiento, con sus elixires milagrosos y sus dietas descerebradas.

A día de hoy podemos decir que las grasas no se merecían el mal trato recibido en los ochenta y noventa. Actualmente, el consumo de azúcar añadido y el abuso de alimentos ultraprocesados constituyen la verdadera amenaza para la obesidad y, por tanto, la prioridad a combatir desde la salud pública.
Hay que tener mucho cuidado antes de demonizar un alimento o un nutriente, no solo porque no debemos hacer esto a la ligera, sino porque desconocemos las consecuencias de este escarnio público. En el caso de las grasas condujo a un doble error. Por un lado, se dejaron de consumir alimentos que no era necesario reducir y, por otro, se fomentó indirectamente una colección de opciones «sin grasa» que no es precisamente saludables.

No existen alimentos buenos ni malos, sino formas de alimentarse o dietas adecuadas o inadecuadas. Además, la dieta será adecuada o no dependiendo de la persona a la que esté dirigida.

Es una de las pautas dietéticas más extendidas que conoce la gente y uno de esos mensajes inocentes que ha calado enormemente en la ciudadanía.
El «Hay que hacer cinco comidas al día» es un ejemplo de cómo los mensajes claros y contundentes pueden ser muy eficaces para que la población los tenga de guía en su rutina diaria. Parece ser que el número cinco está íntimamente ligado al mundo de la nutrición casi sin pretenderlo, también por aquello de las cinco raciones de frutas y verduras diarias.
Pero hasta los mensajes más sencillos tienen matizaciones y dudas que surgen a su alrededor:
¿Pasa algo si no como cinco veces al día?
¿Es más sano que tomar solo tres comidas?
¿Hay alguna de esas cinco que deba ser mayor en volumen?
¿Existe una de esas ingestas que sea imprescindible?
¿Por qué nos centramos tanto en el número de comidas en lugar de lo que contienen?.

Compramos alimentos que no necesitamos porque nos prometen que tomándolos tendremos un cuerpo irreal, al que nos fuerzan a llegar cada día. Crean consumismo a partir de la frustración de nuestra imagen y concepto propios.
UN ETIQUETADO QUE ES UN OBSTÁCULO
Este supuesto aliado se convierte muchas veces en un arma de doble filo. En nuestro intento de lograr información nos encontramos con que esta no es accesible ni fácilmente entendible para el consumidor.
¿La información está ahí? Sí, pero parcialmente. No es justificable que para entender los datos dirigidos al consumidor tengamos que adiestrarnos y formarnos de manera específica.
Actualmente, el etiquetado resalta y llama la atención sobre lo que el productor quiere. La información nutricional o los ingredientes que aparecen son anecdóticos, un mero requisito que, por norma general, se ignora, como el libro de instrucciones de muchos aparatos que adquirimos día a día.

No podemos tener un entorno saludable si no hay políticas que promuevan un entorno saludable.
Todos estos mitos malnutren a la población y es comprensible que perduren si no se hace nada para cambiarlo:
 
Si no hay presencia de profesionales formados específicamente.
Si no se toman medidas suficientes de promoción de la salud ni de prevención.
Si se actúa conforme a los conocimientos e ideas de hace décadas.
Si nadie le pone cerco ni límites a la publicidad.
Si el etiquetado es un falso aliado que nos confunde.
Si los medios de comunicación no están a nuestro servicio.
Si la industria alimentaria es la que marca las normas legales del juego.
 
¿A quién le sorprende que la gente esté desinformada con estas condiciones? ¿A quién le sorprende que tengamos una conducta alimentaria irresponsable?
No se puede modificar nuestro mundo si no hay voluntad de cambio. Y este cambio tiene que venir de todos estos sectores, de manera planificada y coordinada. Consiste simplemente en invertir la situación actual de la misma manera que la industria de los alimentos superfluos se ha posicionado en el mercado.
Las acciones aisladas tienden a diluirse si no están acompañadas por otras que las refuercen, por lo que es necesario actuar desde todos los frentes.

UNA GUÍA RÁPIDA SOBRE QUÉ COMPRAR
 Si no tiene etiqueta, mejor. Compre materias primas en un mercado.
En caso de ser envasado, cuantos menos ingredientes, mejor. Suelen estar menos procesados algunos congelados, botes, latas o conservas.
Ignore el nombre comercial y los anuncios. Enfréntese al producto sin condicionarse.
Ignore las declaraciones de salud.
Entienda que las declaraciones nutricionales son útiles, pero no una garantía.
No compre alimentos con un exceso de azúcar o de sal.
Preste atención a los ingredientes más representativos del listado.
Compre local y de temporada (consulte el origen).
Por supuesto, considere otra información práctica no relativa a nutrición: alérgenos, fecha de consumo preferente/caducidad, peso escurrido, raciones…
 Y en resumen, busque que su dieta sea abundante en alimentos de origen vegetal y acompáñelos de proteína y grasas de calidad. En definitiva, materias primas saludables y sin procesar en exceso. Esto se traduce en una pauta tan sencilla como:
 
¿QUÉ DEBO COMER EN ABUNDANCIA?
Verduras y hortalizas.
Frutas.

¿QUÉ ES GRASA DE CALIDAD?
Frutos secos.
Aceites saludables.
 
¿QUÉ ES PROTEÍNA DE CALIDAD?
Legumbres.
Huevos.
Carne sin procesar (limitar).
Pescado sin procesar.
Lácteos (limitar).
 
¿CON QUÉ PUEDO COMPLEMENTAR Y ALTERNAR?
Cereales integrales.
Tubérculos.
 
¿QUÉ BEBO?
Agua en abundancia.
Acompañe con infusiones si lo desea.
 
¿QUÉ DEBO EVITAR?
Productos alimentarios que aunque sean comestibles no sean materias primas.

Interesting book on nutrition. The book dismantles myths about nutrition, which is necessary because there are many people who are uninformed and sometimes do not know who to trust. Finding reliable information is not easy. In this sense, the book fulfills its purpose without being biased.
I also agree with the opinion of those who say that the content is quite basic and at times superficial. To someone with a serious interest in nutrition, the book is worth little. But, as I said, for those who do not have many notions on the subject or are lost, the book is useful.

There are people who are amazed at how bad we eat. I am astonished that there are people who eat well, given the confusion that reigns in matters related to food in the overinformed at the same time as uninformed principles of the 21st century.
The nutrition messages, grossly simplified, multiply in a mass media more concerned with impact than by spreading the truth: butter can clog your arteries one day, and the next, be good for the heart, lengthen your life.
A large part of the large food industry actively promotes darkness for its own benefit. Some hide the damages of their elaborations promoting picturesque studies that prove crazy things like beer and wine rejuvenate (from the toxicity of alcohol we already talked about another day) or that chocolate is the way to achieve happiness (it is proven that if you you inflate like a zeppelin for abusing it, your self-esteem goes up). Others label their merchandise with deceptive healthy claims, when they do not give them directly absurd adjectives such as “natural” or “homemade.” The icing on the cake is placed by the advertising attack on land, sea and air of the thinning business, with its miraculous elixirs and their unraveled diets.

Today we can say that fats did not deserve the bad treatment received in the eighties and nineties. Currently, the consumption of added sugar and the abuse of ultra-processed foods are the real threat to obesity and, therefore, the priority to fight from public health.
One must be very careful before demonizing a food or a nutrient, not only because we should not do this lightly, but because we do not know the consequences of this public derision. In the case of fats it led to a double error. On the one hand, they stopped consuming food that did not need to be reduced and, on the other hand, they indirectly promoted a collection of “fat-free” options that are not exactly healthy.

There are no good or bad foods, but ways of feeding or adequate or inadequate diets. In addition, the diet will be adequate or not depending on the person to whom it is directed.

It is one of the most widespread dietary guidelines that people know and one of those innocent messages that has permeated greatly in citizenship.
The “You have to make five meals a day” is an example of how clear and forceful messages can be very effective for the population to guide them in their daily routine. It seems that the number five is intimately linked to the world of nutrition almost without intending it, also for that of the five servings of fruits and vegetables daily.
But even the simplest messages have nuances and doubts that arise around them:
Is something wrong if I do not eat five times a day?
Is it healthier than taking only three meals?
Is there any of those five that should be greater in volume?
Is there one of those intakes that is essential?
Why do we focus so much on the number of meals instead of what they contain?

We buy foods that we do not need because they promise us that by taking them we will have an unreal body, which we are forced to reach every day. They create consumerism based on the frustration of our own image and concept.
A LABEL THAT IS AN OBSTACLE
This supposed ally often becomes a double-edged sword. In our attempt to obtain information we find that it is not accessible or easily understood by the consumer.
Is the information there? Yes, but partially. It is not justifiable that to understand the data aimed at the consumer, we have to train and train ourselves in a specific way.
Currently, the labeling highlights and draws attention to what the producer wants. The nutritional information or the ingredients that appear are anecdotal, a mere requirement that, as a general rule, is ignored, such as the instruction book of many devices that we acquire day by day.

We can not have a healthy environment if there are no policies that promote a healthy environment.
All these myths malnutren the population and it is understandable that they endure if nothing is done to change it:

If there is no presence of specifically trained professionals.
If sufficient measures of health promotion or prevention are not taken.
If you act according to the knowledge and ideas of decades ago.
If nobody puts fencing or limits on advertising.
If the labeling is a false ally that confuses us.
If the media are not at our service.
If the food industry is what sets the legal rules of the game.

Who is surprised that people are uninformed with these conditions? Who is surprised that we have irresponsible eating behavior?
You can not change our world if there is no will to change. And this change has to come from all these sectors, in a planned and coordinated manner. It is simply to reverse the current situation in the same way that the superfluous food industry has positioned itself in the market.
Isolated actions tend to be diluted if they are not accompanied by others that reinforce them, so it is necessary to act from all fronts.

A QUICK GUIDE ABOUT WHAT TO BUY
If it has no label, better. Buy raw materials in a market.
In case of being packaged, the fewer ingredients, the better. They tend to be less processed some frozen, cans, cans or preserves.
Ignore the commercial name and ads. Confront the product without being conditioned.
Ignore health statements.
Understand that nutritional statements are useful, but not a guarantee.
Do not buy foods with an excess of sugar or salt.
Pay attention to the most representative ingredients in the list.
Buy local and seasonal (check the origin).
Of course, consider other practical information not related to nutrition: allergens, date of preferential consumption / expiration, drained weight, rations …
And in summary, look for your diet to be abundant in foods of vegetable origin and accompany them with protein and quality fats. In short, healthy raw materials and unprocessed excess. This translates into a pattern as simple as:

WHAT SHOULD I EAT IN ABUNDANCE?
Vegetables and vegetables
Fruits.

WHAT IS QUALITY FAT?
Nuts.
Healthy oils

WHAT IS QUALITY PROTEIN?
Vegetables.
Eggs
Raw meat (limit).
Raw fish
Dairy (limit).

WITH WHAT CAN I COMPLEMENT AND ALTERNATE?
Whole grains
Tubers

WHAT DO I DRINK?
Water in abundance.
Accompany with infusions if you wish.

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