Todos Deberíamos Ser Feministas — Adichie Ngozi / We Should All Be Feminists by Adichie Ngozi

Esta breve conferencia de la autora en África. Corto y ameno, con lenguaje sencillo pero directo, sin rodeos. Irónico, tierno y pedagógico. Lo tiene todo.

El feminismo no era nuestra cultura, que el feminismo era antiafricano, y que yo solo me consideraba feminista porque estaba influida por los libros occidentales.
El feminismo era antiafricano, decidí que empezaría a presentarme como «feminista feliz africana». Luego una amiga íntima me dijo que presentarme como feminista significaba que odiaba a los hombres. Así que decidí que iba a ser una «feminista feliz africana que no odia a los hombres». En un momento dado llegué incluso a ser una «feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres».
Por supuesto, gran parte de todo esto era irónico, pero lo que demuestra es que la palabra «feminista» está sobrecargada de connotaciones, connotaciones negativas.

Hombres y mujeres somos distintos. Hormonas distintas, órganos sexuales distintos y capacidades biológicas distintas: las mujeres pueden tener bebés y los hombres no. Los hombres tienen más testosterona y por lo general más fuerza física que las mujeres. La población femenina del mundo es ligeramente mayor —un 52 por ciento de la población mundial son mujeres—, y sin embargo la mayoría de los cargos de poder y prestigio están ocupados por hombres. La difunta premio Nobel keniana Wangari Maathai lo explicó muy bien y de forma muy concisa diciendo que, cuanto más arriba llegas, menos mujeres hay.
Pasamos demasiado tiempo enseñando a las niñas a preocuparse por lo que piensen de ellas los chicos. Y, sin embargo, al revés no lo hacemos. No enseñamos a los niños a preocuparse por caer bien. Pasamos demasiado tiempo diciéndoles a las niñas que no pueden ser rabiosas ni agresivas ni duras, lo cual ya es malo de por sí, pero es que luego nos damos la vuelta y nos dedicamos a elogiar o a justificar a los hombres por las mismas razones.

Enseñamos a las chicas que, en sus relaciones, lo que hace más a menudo la mujer es renunciar.
Criamos a las mujeres para que se vean las unas a las otras como competidoras, y no por puestos de trabajo ni logros personales, que es algo que en mi opinión podría ser bueno, sino por la atención de los hombres.
Enseñamos a las chicas que no pueden ser seres sexuales de la misma forma que los chicos. Si tenemos hijos, no nos importa saber que tienen novias. Pero ¿que nuestras hijas tengan novios? Dios no lo quiera. (Aunque, por supuesto, esperamos que cuando sea el momento indicado nos traigan a casa al hombre perfecto para casarse con él).
A las chicas les hacemos de policía. A ellas las elogiamos por su virginidad, pero a los chicos no (y me pregunto cómo debe de funcionar eso, porque la pérdida de virginidad es un proceso que suele requerir dos personas de género distinto).
El problema del género es que prescribe cómo tenemos que ser, en vez de reconocer cómo somos realmente. Imagínense lo felices que seríamos, lo libres que seríamos siendo quienes somos en realidad, sin sufrir la carga de las expectativas de género.

La cultura no hace a la gente. La gente hace la cultura. Si es verdad que no forma parte de nuestra cultura el hecho de que las mujeres sean seres humanos de pleno derecho, entonces podemos y debemos cambiar nuestra cultura.
La definición que doy yo es que feminista es todo aquel hombre o mujer que dice: «Sí, hay un problema con la situación de género hoy en día y tenemos que solucionarlo, tenemos que mejorar las cosas».
Y tenemos que mejorarlas entre todos, hombres y mujeres.

Sin duda una gran charla le diría su amigo el vaquero Okoloma allí donde este.

This short lecture by the author in Africa. Short and enjoyable, with simple but direct language, without detours. Ironic, tender and pedagogical. Has it all.

Feminism was not our culture, feminism was anti-African, and I only considered myself a feminist because I was influenced by Western books.
Feminism was anti-African, I decided that I would begin to present myself as a «happy African feminist.» Then an intimate friend told me that presenting myself as a feminist meant that I hated men. So I decided that I was going to be a «happy African feminist who does not hate men.» At one point I even became a «happy African feminist who does not hate men and who likes to wear lipstick and high heels for herself and not for men.»
Of course, much of this was ironic, but what it shows is that the word «feminist» is overloaded with connotations, negative connotations.

Men and women are different. Different hormones, different sex organs and different biological capacities: women can have babies and men can not. Men have more testosterone and usually more physical strength than women. The female population of the world is slightly larger – 52 percent of the world population are women – and yet most of the positions of power and prestige are occupied by men. The late Kenyan Nobel laureate Wangari Maathai explained it very well and in a very concise way by saying that the higher you get, the fewer women there are.
We spend too much time teaching the girls to worry about what the boys think of them. And, however, the other way around we do not do it. We do not teach children to worry about falling well. We spend too much time telling the girls that they can not be rabid or aggressive or harsh, which is bad enough, but then we turn around and dedicate ourselves to praising or justifying men for the same reasons.

We teach girls that, in their relationships, what women do most often is to give up.
We raise women so that they see each other as competitors, and not for jobs or personal achievements, which is something that in my opinion could be good, but for the attention of men.
We teach girls that they can not be sexual beings in the same way as boys. If we have children, we do not mind knowing they have girlfriends. But that our daughters have boyfriends? God forbid. (Although, of course, we hope that when the time is right they will bring us home the perfect man to marry him).
We girls act as police. We praise them for their virginity, but not the boys (and I wonder how that should work, because the loss of virginity is a process that usually requires two people of different gender).
The problem of gender is that it prescribes how we have to be, instead of recognizing how we really are. Imagine how happy we would be, how free we would be being who we really are, without suffering the burden of gender expectations.

Culture does not make people. People make culture. If it is true that the fact that women are fully human beings is not part of our culture, then we can and must change our culture.
The definition that I give is that feminist is all that man or woman who says: «Yes, there is a problem with the gender situation nowadays and we have to solve it, we have to improve things».
And we have to improve them all, men and women.

No doubt a great talk would tell his friend the cowboy Okoloma wherever he is.

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